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Democracias que mutan en dictaduras

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 8/5/17 en: http://economiaparatodos.net/democracias-que-mutan-en-dictaduras/

 

Por eso es importante insistir en limitar el poder del estado y no tanto en el voto para elegir autoridades

La dictadura chavista que hoy está cometiendo todo tipo de terrorismo de estado, encarcelando a opositores y asesinando a mansalva al pueblo venezolano surgió del voto popular. No es la primera vez que la democracia muta en dictadura. Hitler ganó las elecciones de noviembre de 1932 con el 33% de los votos. Sin embargo, por esas cosas de la historia, terminó siendo nombrado canciller estableciendo una de las dictaduras más sangrientas de la historia y sumergiendo a Europa en la Segunda Guerra Mundial.

Hay dos formas de llegar a una dictadura: 1) mediante las armas y 2) mediante el voto. En el caso 1) tenemos a Fidel Castro que bajo el argumento de luchar contra la dictadura de Batista, fue apoyado por el pueblo cubano y luego, una vez en el poder, estableció una dictadura mucho más feroz que la del sargento Fulgencio Batista. Castro se cuidó muy bien de no comunicar sus aspiraciones de establecer una dictadura comunista en Cuba y solo lo expresó abiertamente cuando tenía el control absoluto del poder armado.

Chávez primero intento llegar al poder por medio de un golpe de estado en febrero de 1992 y luego gana las elecciones presidenciales de 1998 pero escondiendo sus verdaderas intenciones de establecer una dictadura.

En nuestro país el kirchnerismo usó el voto para llegar al poder y luego, con recursos que le permitieron aplicar populismo en abundancia, quisieron “ir por todo” que no era otra cosa que establecer una dictadura simulando un sistema democrático.

Es claro que la democracia puede mutar en dictadura si los valores que imperan en una sociedad no son los de la libertad y el límite al poder del estado no es sólido. En una república democrática no solo es relevante la forma en que se eligen los gobernantes, el voto, sino que más importante aún es establecer límites al poder del estado. Es que en una democracia republicana el ciudadano se desarma y le entrega el monopolio de la fuerza al estado para que este defienda el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Si luego de asumido el poder mediante el voto, la persona elegida usa el monopolio de la fuerza contra los ciudadanos, la democracia republicana muta en dictadura y resulta muy difícil quitársela de encima sin derramar sangre.

En la década del 70 una ola terrorista impulsada, apoyada, entrenada y financiada por Cuba y la URSS intentaron, mediante el uso de las armas, establecer dictaduras marxistas en casi toda América Latina. Esos intentos no contaron con el apoyo de la población y fueron derrotadas por las fuerzas armadas de cada país. Unas veces manteniendo la democracia republicana y otras mediante golpes de estado. Latinoamérica fue objeto de una agresión externa bajo la forma de terrorismo. Es decir, fue un terrorismo de estado exportado por Cuba hacia los países latinoamericanos. Fidel Castro utilizó el poder del estado cubano para financiar, entrenar y apoyar el terrorismo de las diferentes bandas de terroristas. Por eso lo hecho por el ERP y Montoneros fue terrorismo de estado, pero un terrorismo de estado apátrida porque, incluso, esos terroristas traicionaron a su país para intentar tomar el poder y ponerlo bajo la órbita del poder de marxista de Fidel Castro. El objetivo subordinar la independencia Argentina a los caprichos autoritarios de Fidel.

La ola de dictaduras latinoamericanas de fines de los 90 y principios de los 2000 comprendió que el camino para conseguir el poder no pasaba tanto por las armas, sino por el apoyo del pueblo. Para eso usaron la democracia republicana para llegar al poder y una vez en el poder, con el beneficio de buenos precios internacionales de los precios de exportación, consiguieron el favor del votante repartiendo dinero a diestra y siniestra. El objetivo era: 1) ganarse el favor del votante mediante la distribución populista del ingreso y 2) ir controlando los resortes del poder usando el monopolio de la fuerza persiguiendo implacablemente a los opositores. Un verdadero terrorismo de estado surgido del voto.

Obsérvese que la mayoría de los dictadores surgidos del voto han buscado la reelección indefinida. En unos casos lo lograron y en otros el pueblo le puso un límite. Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Cristina Fernández en Argentina son tres ejemplos. El proyecto kirchnerista era muy similar al del chavismo pero Cristina Fernández se topó con una resistencia pacífica de la población que en 2013 le cerró las puertas a la reforma constitucional y a perpetuarse en el poder.

Es que una vez que estos gobiernos autoritarios surgidos del voto van ejerciendo el poder, terminan en la corrupción y en la violación de los derechos individuales que les impide dejar el poder. Saben que pueden ir presos por corrupción y abuso del poder, por lo tanto tratan de perpetuarse en el gobierno para su propia protección. Para alcanzar ese objetivo llega un punto en que tienen que ser cada vez más violentos con la oposición, más autoritarios en la política economíca que agoniza y más arbitrarios en el uso del monopolio de la fuerza.

Por eso es importante insistir en limitar el poder del estado y no tanto en el voto para elegir autoridades. En ser absolutamente intransigentes con la redistribución arbitraria de la riqueza y el ingreso, porque es esa redistribución arbitraria de la riqueza y el ingreso el arma que usan los gobierno autoritarios para perpetuarse en el poder. Necesitan robarle el fruto de su trabajo a unos pocos para luego repartirlo entre muchos que son los que les van a dar su voto para seguir en el poder. Cuando los recursos se acaban por la misma dinámica saqueadora del gobierno, entonces la represión se hace sentir sobre los sectores más humildes, como puede verse en Venezuela.

El huevo de la serpiente para que las democracias muten en dictadura está en ese poder que se le otorga a los gobernantes para repartir la riqueza a su gusto, comprando voluntades políticas. La democracia republicana puede ser atacada por su peor enemigo, las dictaduras, gracias al llamado estado benefactor que elimina el límite que debe tener el estado.

En definitiva, la socialdemocracia ha transformado la democracia en una competencia populista para terminar estableciendo dictaduras como la chavista. Ser absolutamente severos limitando el poder del estado es la única forma de evitar que democracias republicanas terminen en feroces dictaduras como la que está padeciendo el pueblo venezolano.

Recordemos, lo importante no es solo votar para elegir las autoridades, lo más importante es limitar el poder de esas autoridades surgidas del voto.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El corrupto progresismo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 20/6/16 en: http://economiaparatodos.net/el-corrupto-progresismo/

 

Si algo tenemos que aprender los argentinos de estos 12 oprobiosos años de kirchnerismo, es a desconfiar de todos aquellos que prometan utilizar el estado para implementar planes “sociales”

Seguramente los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández pasarán a la historia como uno de los más corruptos de la historia argentina. Es puro verso eso de que con Néstor hubiese sido diferente. Néstor Kirchner fue el que armó toda la arquitectura para transformar el aparato estatal en un sistema de represión y persecución de quienes pensaban diferentes, y también construyó un sistema de corrupción como nunca se había visto, al menos en la Argentina contemporánea.

Si algo tenemos que aprender los argentinos de estos 12 oprobiosos años de kirchnerismo, es a desconfiar de todos aquellos que prometan utilizar el estado para implementar planes “sociales”, y regular la economía en beneficio de la sociedad.

Tampoco es casualidad que el gasto público haya llegado a niveles récord. El gasto público fue la fuente de corrupción que permitió implementar el latrocinio más grande que pueda recordarse de la historia económica para que unos pocos jerarcas k engrosaran guarangamente sus bolsillos al tiempo que hundían a la población en uno de los períodos de pobreza más profundos.

Con el argumento de la solidaridad social se lograron varios objetivos simultáneamente: 1) manejar un monumental presupuesto “social” que dio lugar a los más variados actos de corrupción (sueños compartidos, Milagro Sala, etc.) 2) crear una gran base de clientelismo político para asegurarse un piso de votos. O me votás o perdés el subsidio. Como la democracia se transformó en una carrera populista, el reparto de subsidios sociales se transformó en una base electoral importante, 3) crear millones de puestos de “trabajo” a nivel nacional, provincial y municipal para tener otra base de votos cautivos. O me votas o perdés el trabajo y 4) una economía hiper regulada por la cual para poder realizar cualquier actividad el estado exige infinidad de formularios y aprobaciones de diferentes departamentos estatales. Estas regulaciones no tienen como función defender al consumidor como suele decirse, sino que el objetivo es poner barreras burocráticas a los que producen para forzarlos a pagar coimas para poder seguir avanzando produciendo. Un ejercicio al respecto lo hizo hace años Hernando de Soto, en Perú y se plasmó en el libro El Otro Sendero. La idea era ver cómo la burocracia peruana iba frenando toda iniciativa privada con el fin de coimear.

Manejar miles de millones de dólares en gasto público, encima manejarlos bajo la ley de emergencia económica que permite reasignar partidas presupuestarias por DNU sin que se discuta en el Congreso el uso de los fondos públicos, es el camino perfecto para disponer de abundantes fondos para el enriquecimiento ilícito.

La clave de todo el proceso de corrupción pasa, por un lado, por denostar la libre iniciativa privada y enaltecer a los “iluminados” políticos y burócratas que dicen saber elegir mejor que la misma gente qué le conviene a cada uno de nosotros. Ellos son seres superiores que tienen que decidir por nosotros.

Establecida esa supuesta superioridad del burócrata y del político en términos de qué, cuánto y a qué precios hay que producir y establecida la “superioridad” moral de los políticos sobre el resto de los humanos auto otorgándose el monopolio de la benevolencia, se arma el combo perfecto para regular la economía y coimear, llevar el gasto público con sentido progresista hasta niveles insospechados para construir el clientelismo político y la correspondiente caja y corrupción.

Quienes de buena fe dicen aplicar política progresistas no advierten que ese supuesto progresismo es el uso indiscriminado de fondos públicos que dan lugar a todo tipo de actos de corrupción. En el fondo es como si dijeran: no es malo el modelo kirchnerista, el problema no son las políticas sociales que aplicaron, que son buenas, sino que ellos son corruptos. Esto limita el debate a simplemente decir: el país no funciona porque los kirchneristas son corruptos y nosotros somos honestos.

Mi punto es que el debate no pasa por decir, ellos son malos y nosotros somos buenos, por lo tanto, haciendo lo mismo, nosotros vamos a tener éxito y ellos no porque nosotros somos honestos. El debate pasa por mostrar que el progresismo no solo es ineficiente como manera de administrar y construir un país, sino que además crea todas las condiciones necesarias para construir grandes bolsones de corrupción. El progresismo es el caldo de cultivo para la corrupción.

Por eso no me convence el argumento que el cambio viene con una mejor administración. Eso podría ocurrir si tuviésemos un estado que utiliza el monopolio de la fuerza solo para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. En ese caso, solo habría que administrar unos pocos recursos para cumplir con las funciones básicas del estado.

Ahora si el estado va usar el monopolio de la fuerza para redistribuir compulsivamente los ingresos, para declarar arbitrariamente ganadores y perdedores en la economía y para manejar monumentales presupuestos, entonces caemos en el error de creer que alguien puede administrar eficientemente un sistema corrupto e ineficiente.

En síntesis, el verdadero cambio no consiste en administrar mejor un sistema ineficiente y corrupto. El verdadero cambio pasa por terminar con ese “progresismo” con sentido “social” que es corrupto por definición y ensayar con la libertad, que al limitar el poder del estado, limita el campo de corrupción en el que pueden incurrir los políticos. Además de ser superior en términos de crecimiento económico, distribución el ingreso y calidad de vida de la población.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Plan solidario Adopte un Ñoqui

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 7/2/16 en: http://economiaparatodos.net/plan-solidario-adopte-un-noqui/

 

Ante la preocupación de los  “progres” por los ñoquis que ya no cobran más de nuestros impuestos, va mi propuesta

Se sabía que el kirchnerismo dejaba una herencia terrorífica en materia de política económica. Cualquier cosa que hayan encontrado las nuevas autoridades no debería sorprenderlos. Todo era previsible. Había que estar preparado para lo peor porque se sabía que el kirchnerismo estaba trabajando en dejar la peor herencia posible.

Uno de los temas que surge permanentemente es el de los ñoquis en el sector público. Se sabía que desde 2003 a 2015 los empleados a nivel nacional habían pasado de 203.400 a 390.000, un incremento del 92%. Casi el doble de empleados públicos, militantes viviendo de los impuestos que Ud. paga y sin producir nada que Ud. necesite. Lo del kirchnerismo fue la destrucción del estado que debe velar por defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. El kirchnerismo no se ocupó de eso pero sí se encargó de usar el estado como forma de financiar a sus militantes.

Aparecen ahora todos los “progres” sensibles a denunciar despidos y ajuste en el estado por los ñoquis que están dejando de vivir a costa del trabajo de la gente decente. Para esos progres propongo crear el plan Adopte un Ñoqui. Se hace un registro de los benefactores y toma a su cargo un ñoqui para mantenerlo. Por supuesto, podrá deducir de ganancias el costo de mantener a un ñoqui.

Dejando de lado las ironías, lo cierto es que el tema empleo y salarial va a ser un problema en los próximos meses fruto de la herencia k.

Nuevamente, he escuchado a algunos periodistas de esos que se suponen que tienen sensibilidad social, porque el resto somos unos salvajes que queremos ver a la gente muriéndose de hambre por la calle. Esos periodistas dicen que se entiende la herencia recibida de Cristina Fernández, pero que no puede ser que todo el ajuste recaiga sobre los más humildes, en este caso serían los que viven de un salario.

El argumento viene a cuento porque, por un  lado se discute los incrementos de tarifas de los servicios públicos, el impuesto a las ganancias y el incremento de salarios frente a un proceso inflacionario agudo. Dicen algunos periodistas que no puede hacerse todo el ajuste sobre el sector asalariado.

Veamos, tal vez lo que estamos descubriendo es que en realidad la situación extrema a la que llevó el populismo k hace que hoy sea infinanciable ese populismo y deje al descubierto la realidad: la gente no vivían bien en serio. Era un artificio. La realidad es que Argentina tiene tan pocas inversiones que la mayoría de la población es pobre.

Que durante años se hayan mantenido artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos a cambio de destruir la infraestructura del país (energía, transporte público, rutas, etc.) no hizo más rica a la gente. La empobreció pero la anestesió durante un tiempo haciéndole creer que no era magia. Que de la nada podía tener televisores plasma, celulares, comprarse autos, viajar al exterior, en fin, vivir como si tuvieses ingresos del primer mundo. La cruda realidad es que Argentina nunca salió de su decadencia en estos 12 años de kirchnerismo, por el contrario el famoso modelo nos hizo caer en la miseria más absoluta que ahora aflora con toda su fuerza. De manera que, guste o no, los aumentos de salarios reales, que dependen de la productividad de la economía no podrán crecer mientras no haya inversiones. Son las inversiones eficientes las que crean puestos de trabajo y generan mejoras en la productividad de la economía que permiten elevar el nivel de vida de la población.

En mi opinión no es cierto que los aumentos de salarios generen inflación. Se argumenta que si los sindicatos piden aumentos salariales desmedidos, entonces se acelera la inflación. Mi visión es otra. Esos aumentos de salarios solo pueden derivar en más inflación si el Banco Central convalida con emisión monetaria los aumentos de precios que hagan las empresas por los incrementos salariales.

Dicho de otra manera, si hay disciplina fiscal y monetaria, todo aumento de salarios por encima de la productividad de la economía derivará en una mayar tasa de desocupación y en menor tasa de rentabilidad de las empresas pero no necesariamente en mayor inflación.

Desde mi punto de vista, el punto anterior es muy relevante porque si queremos resolver el problema inflacionario vamos a desviar la atención del problema central que es el fiscal financiado con expansión monetaria y no los aumentos de salarios como suele sostenerse.

Lo que sí creo que es criticable al gobierno en su política económica es que anuncie incrementos de tarifas de servicios públicos pero no anuncie un esquema de incremento del mínimo no imponible, de las deducciones de ganancias y de los ajustes por inflación. No se le puede pedir a la gente que pague la tarifa plena de luz, gas, agua, lo cual está bien, pero sin decirle cuánto le van a reducir la carga impositiva.

Es más, veo la última factura de luz que pagué y el 52% del monto final son impuestos. A saber: IVA, contribución municipal, contribución Provincial, Impuesto Provincia de Buenos Aires Ley 7.290/87, Fondo Provincia de Buenos Aires Ley 9.038, Fondo Provincias de Santa Cruz,  etc. Es decir, una vez más, el problema no es que tengamos que pagar la tarifa de luz plena. Es lo que corresponde. El problema son todos los  impuestos que tenemos que pagar tanto en la boleta de luz, que con la suba de tarifa nos acaban de enchufar un impuestazo porque esos impuestos son un porcentaje del precio de la energía.

Creo que seguimos recargando sobre el sector privado el peso de un estado ineficiente que nos mata con impuestos. Bajen el gasto, reduzcan todos estos impuestos que tiene la boleta de luz más otros impuestos que andan dando vuelta y no habrá mayores problemas para negociar los salarios en marzo.

¿Qué habrá ñoquis que van a quedar desocupados? Obvio, en realidad son desocupados que viven del trabajo ajeno. De eso se trata y en eso tiene que trabajar el nuevo gobierno. Porque aquí no hay magia. El gasto público lo paga el sector privado con menor nivel de vida.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Economía: a su ritmo, el gobierno avanza

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 12/1/16 en: http://economiaparatodos.net/economia-a-su-ritmo-el-gobierno-avanza/

 

Con el intercambio de ideas que puede haber, el gobierno avanza en el tema clave del gasto público.

Gran parte de los economistas sabemos que la madre de todas las batallas para frenar la inflación consiste en bajar el gasto público. El déficit fiscal explica la totalidad de la expansión monetaria,  que no es menor, la cual impulsa el proceso inflacionario.

Frente al problema fiscal hay diferentes propuestas. Una consiste en recurrir al viejo mecanismo de licuar el gasto público vía un proceso inflacionario dejando intacta la ineficiente infraestructura del Estado. En efecto, si se licua el gasto público con una llamarada inflacionaria para que disminuya el peso de los salarios estatales en términos reales, la realidad es que el gasto baja en la nómina salarial pero sigue sobrando gente en el sector que entorpece el funcionamiento del sector privado. Digamos que la burocracia estatal tiene anticuerpos para defenderse de su reducción y tiende a inventarse tareas. Es decir, los burócratas se inventan funciones que no solo son innecesarias sino que, además, entorpecen al sector privado en su proceso de creación de riqueza. Por un lado hay menos riqueza de la que podría haber por el entorpecimiento estatal y, por otro lado, quienes entorpecen consumen pero no generan riqueza. La burocracia estatal se multiplica en defensa propia. Por eso, de existir plafón político, la mejor forma de solucionar el problema del gasto público es recurriendo a un presupuesto base cero, teniendo presente que las funciones del estado son defender el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad de las personas. El principio básico es que una vez definida la cantidad de recursos que se destinarán a cumplir estas tres funciones básicas del estado, ninguna otra función puede ser llevada a cabo por el estado afectando las tres primeras mencionadas. Ejemplo, si se quiere ver Fútbol Para Todos no puede hacerse a expensas de proteger el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. La gente tendrá que pagar impuestos adicionales para financiar el Fútbol Para Todos sin afectar la calidad en todo lo que hace a defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas.

Ahora que los k salen a hacerse los sensibleros porque no les renuevan los contratos a los ñoquis militantes, creo que sería bueno que desde el gobierno se le explicara a la gente que esas medidas se toman para reducir la carga impositiva que paga la gente decente que trabaja y para no restarle recursos a las funciones fundamentales del estado.

Otra opción para bajar el gasto público consiste en hacer lo que está haciendo el gobierno actualmente. En términos nominales va reduciendo los ñoquis militantes, aunque no parece querer tocar  por ahora el stock de burocracia no militante heredada, anunciar el aumento de las tarifas de los servicios públicos para reducir el gasto y, de esta manera, disminuir el déficit fiscal y la inflación correspondiente.

El mayor enfoque sobre el gasto que veo, por ahora, es la mencionada remoción de ñoquis militantes y la eliminación de subsidios a la energía que en poco tiempo más implementará el gobierno, en el camino correcto.

En mi opinión también debería implementarse y anunciarse un plan de reducción de los llamados planes “sociales”. No veo que sea moralmente aceptable sostener una batería de los llamados planes “sociales” como si una parte de la sociedad tuviera el derecho eterno a ser mantenida por el resto de la sociedad que todos los días se levanta para buscar la forma de cómo ganarse la vida trabajando. En otras palabras, el populismo ha generado esta nefasta idea que unos tienen derecho a ser mantenidos por otros, pero el kirchnerismo lo llevó a su máxima expresión en la búsqueda de poder político.

Habría cuatro grandes rubros para bajar el gasto público: 1) el exceso de personal, por lo menos empezar con los ñoquis militantes que dejó el kirchnersimo, 2) reducir el gasto en subsidios económicos (energía,  transporte, etc.), 3) un programa de reducción de gastos “sociales” en el cual los mismos no tengan un tiempo ilimitado sino que sean muy acotados en el tiempo y 4) avanzara en el rubro corrupción en obras públicas, rubro sobre el que insiste mi amigo Dardo Gasparré y que Guillermo Dietrich parace haber comenzado interviniendo Vialidad en la Provincia de Santa Cruz.

Considerando que es inevitable bajar en forma urgente la carga tributaria que es, como dice Antonio Margariti, una lápida que sepulta la actividad privada, no veo viable apostar a que el crecimiento de la economía disminuya el peso del estado sobre el gasto público.

Algunos colegas consideran que adoptando ciertas medidas que hagan crecer al sector privado, el peso relativo del sector público se irá reduciendo hasta niveles tolerables. Tengo mis dudas al respecto, porque no veo posible el crecimiento con inflación. A su vez, la inflación es fruto de la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal y todos sabemos que es indispensable para atraer inversiones, bajar la carga tributaria y la inflación. Esto obliga a bajar el gasto en términos reales en el plazo de unos pocos años. Por otro lado, aunque el crecimiento del sector privado pudiera licuar el peso del estado sobre él, la ineficiencia del sector público seguiría intacta. Sería como decir: como nos sobra la plata podemos despilfarrarla en burocracia innecesaria.

En síntesis, francamente no creo que haya mucho margen para bajar la inflación sin bajar la el gasto público. El kirchnerismo lo ha llevado a niveles tan insoportables y la carga tributaria a niveles tan asfixiantes que, me parece, no funcionaría la idea de apostar a un fuerte crecimiento de sector privado para licuar el peso del gasto público. Por el contrario, con este nivel de gasto público, lo más probable es que termine licuándose al sector privado y la cosa empeore.

No estoy diciendo que esto tiene que ser hecho mañana, pero presentar un plan de mediano y largo plazo de equilibrio fiscal es una pata que a mi entender habría que mostrar para generar confianza y empezar a mover el motor de la inversión.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Mueren esperando trasplantes de órganos y mientras tanto nos negamos a ponerles precios:

Por Martín Krause. Publicado el 12/2/15 en: http://bazar.ufm.edu/mueren-esperando-trasplantes-de-organos-y-mientras-tanto-nos-negamos-a-ponerles-precios/

 

Hay temas que son urticantes. Uno de ellos es la compra y venta de órganos humanos. Los economistas han señalado hace tiempo ya, que cuando un bien tiene un precio cero, es decir, es gratis, entonces tendrá una alta demanda y una restringida oferta. Esto parece suceder con los órganos, ya que en todos los países escasean al mismo tiempo que mucha gente se lleva órganos sanos a la tumba. Pero plantear la existencia de un mercado ofende a más de uno.

trasplante

Un trabajo de Julio Elías (Ucema), Nicola Lacetera (Universidad de Toronto) y Mario Macis (John Hopkins University) analiza este tema: “¿Valores sagrados? El efecto de la información sobre las actitudes hacia el pago por órganos humanos”, NBER Working Paper 20866, http://www.nber.org/papers/w20866.pdf

Aquí su resumen:

“Muchas transacciones económicas son prohibidas –aún en ausencia de preocupaciones sobre la salud o la seguridad o externalidades negativas- debido a las preocupaciones éticas que ocasionan estos intercambios, los que son percibidos como ‘repugnantes’ si se realizan a través del mercado. Establecer un sistema de pagos por órganos humanos es un ejemplo particularmente relevante dadas sus implicancias para la salud pública. En casi todos los países estos pagos están prohibidos porque con considerados moralmente inaceptables –una prohibición que las sociedades parecen aceptar a pesar de las largas listas de espera y las altas tasas de mortalidad para las personas que esperan un trasplante. Hemos investigado cuán profundamente se enraízan estas actitudes y, en particular, si proveer información sobre cómo un mecanismo de precios podría aliviar la escasez de órganos puede cambiar la opinión de la gente sobre la legalización de estas transacciones. Realizamos una consulta experimental con 3.147 personas en los Estados Unidos y encontramos que la provisión de información aumenta significativamente el apoyo en favor de pagos por órganos desde una base del 52 al 72%, y este aumento se aplica a los subgrupos más relevantes de la muestra analizada. Otros estudios sobre el apoyo a otras actividades moralmente controversiales muestra que el cambio de actitud en respuestas a la información depende del tipo de actividad en consideración y la interacción con otras creencias.”

Para quienes efectivamente repugnan estas posibles transacciones, el trabajo trae algunos datos:

“Solamente en los Estados Unidos hay más de 120.000 personas en listas de espera para trasplantes de órganos. Cada año se realizan solamente unos 29.000, y unas 10.000 personas mueren esperando un órgano o dejan la lista de espera porque están ya muy enfermos. El período promedio de espera para un trasplante de riñón es de 4,7 años, más de 2,9 más que hace una década. El costo de la escasez de oferta también se muestra en la carga financiera de procedimientos alternativos, tales como la diálisis en el caso de los riñones, que tiene en costo estimado de 250.000 dólares por paciente”.

Muchos se preguntarán cómo podría ser un mercado posible. ¿Acaso los pobres venderían sus órganos para salir de una urgencia económica? Nada de eso. Walter Block señalaba hace tiempo que muy probablemente existiría un sistema de seguros donde la compañía contrataría con sus clientes para que le entregaran sus órganos sanos al morir, sabiendo que también podrían recibirlos en caso de necesidad de otros clientes. Y la empresa no tendría incentivos para matar a sus clientes, la reputación al respecto sería de fundamental importancia para atraerlos en primer lugar. En fin, poco podemos saber sobre cómo desarrollarían los emprendedores un mercado de este tipo, asumiendo una estricta vigencia y respeto del derecho a la vida, la propiedad y los contratos.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El neoliberalismo, el enemigo:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 15/1/14 en:  http://www.lanacion.com.ar/1655278-el-neoliberalismo-el-enemigo

 

En una de sus recientes matinales conferencias de prensa, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, afirmó que “desde el neoliberalismo se pretende ajustar el salario de los trabajadores”. Vaya uno a saber qué significa neoliberalismo, lo que siempre estudié es la corriente liberal que, por cierto, no se concentra en la economía sino en una serie de principios en el que el monopolio de la fuerza que se le delega al Estado es para defender el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. El liberalismo se opone, justamente, a que los gobiernos utilicen ese monopolio de la fuerza contra los habitantes del país. En todo caso, Capitanich, que pasó por la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Eseade), debería saber que el primer libro de Adam Smith se titula Teoría de los Sentimientos Morales, que el tratado de economía de Ludwig von Mises tiene como título La Acción Humana porque la economía es la ciencia de la acción humana o que una monumental obra de Friedrich Hayek se titula Derecho, Legislación y Libertad y otra anterior Constitution of Liberty, por no citar el famoso Camino de Servidumbre. Cito estos tres autores porque todo parece indicar que Capitanich se limita a identificar el liberalismo con la curva de oferta y demanda, cuando, justamente, los autores liberales concentraron su análisis en el marco institucional que debe imperar para que la economía pueda crecer y mejorar la calidad de vida de los habitantes en forma sustentable.

Formulada la aclaración sobre el fantasma del liberalismo que parece ver el Gobierno, según las palabras de Capitanich, la realidad es que es el propio Gobierno el que quiere limitar los aumentos salariales marcando máximos de un 18 o 20 por ciento anual.

Pero el problema es que durante todos estos años, el Gobierno actuó al revés de lo que indica una sana política económica, olvidando la ley de Say, que dice que la oferta crea su propia demanda. ¿Qué quiso decir Jean Baptiste Say en su famoso Tratado de economía política? Simplemente que “los productos, en última instancia se intercambian por otros productos” o, puesto de otra manera, antes de poder demandar bienes hay que haber producido otros bienes para intercambiarlos por los bienes deseados. Ejemplo, el panadero le compra al zapatero los zapatos gracias a que primero generó ingresos produciendo pan que le vendió al pintor, que a su vez ganó dinero pintando casas y con eso le compró pan al panadero. Y el dueño de la casa le pagó al pintor con los ingresos que generó fabricando trajes, que se los vendió al abogado que le compró el traje gracias a los ingresos que generó vendiendo sus servicios de abogado. Lo que nos dice Say, es que para poder demandar, primero hay que producir.

Es más, cuanto mayor stock de capital tenga la economía, mayor será la productividad y más bienes y servicios estarán a disposición de la gente, lo que implica que a mayor inversión, más oferta de bienes, precios más reducidos y salarios reales que crecen gracias al aumento de la productividad. Es en este punto en que se relacionan calidad institucional con inversiones y mejora en la calidad de vida de la gente.

Pero el kirchnerismo tomó otro camino. Forzó un consumo artificialmente alto que nada tenía que ver con la productividad de la economía (el stock de capital existente). Más bien se limitó a consumir el stock de capital que había para financiar un nivel de consumo artificialmente alto.

Como ya no queda gran stock de capital que el Estado pueda confiscar para financiar el consumo artificialmente alto que impulsó en todos estos años, además la tasa de inflación es asfixiante y genera malestar en la población, la presión impositiva es insoportable y el acceso al crédito está cerrado, Capitanich no tiene mejor idea que inventar un nuevo enemigo: el neoliberalismo, que en palabras del jefe de Gabinete, quiere ajustar los salarios, cuando en rigor, es el Gobierno el que está ajustando los salarios reales licuándolos con el impuesto inflacionario y no encuentra más stocks de capital y flujos de ingresos para confiscar y repartirlos para que la gente sostenga un nivel de consumo artificialmente alto.

Puesto en términos más sencillos, las palabras del jefe de Gabinete parecen confirmar que el Gobierno tiene miedo a decirle la verdad a la gente, esto es, que durante la famosa década ganada lo que se hizo fue forzar el consumo por encima de los bienes y servicios que realmente podía generar la economía, y ahora, como no puede decir que estuvo engañando a la población, inventa un enemigo fantasma: el temido neoliberalismo que nadie conoce, pero por lo que cuentan las voces oficialistas, parece ser un monstruo muy malo cuyo mayor placer es que la gente se muera de hambre por la calle.

Recordará el lector cuando la Presidenta decía que era bueno que las tarifas de los servicios públicos fueran baratas porque de esa forma la gente disponía de más dinero para consumir. Claro que nunca les avisó que a cambio del televisor, del celular o del electrodoméstico iba a tener cortes de luz por crisis energética, trenes que generan tragedias y rutas que están destrozadas. Y, encima, no hay plata para financiar el arreglo de toda esa destrucción de stock de capital. Ahora no hay ni más electrodomésticos ni luz.

Mi impresión es que esa desafortunada frase de Capintanich, “desde el neoliberalismo se pretende ajustar el salario de los trabajadores”, esconde un problema mucho más profundo, que es que tienen miedo de decirle la verdad a la gente. ¿Cuál esa verdad que tiene miedo de decir? Que ya no hay más recursos para sostener la fiesta de consumo artificial. Tienen miedo de decirle a la gente que la engañaron durante un tiempo, pero ya no pueden engañar a todos todo el tiempo. No hay más plata para seguir con la borrachera de consumo que ellos mismos crearon.

Podrán inventar el enemigo del neoliberalismo, pero la realidad es que están por pagar el costo de haberse lanzado a un populismo desenfrenado. Simplemente llegó la hora de la verdad.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El principio de los derechos humanos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/12/13 en:

http://www.laprensa.com.ni/2013/12/09/voces/173644-principio-derechos-humanos#.UqWuDzvg6TU.facebook

Los derechos humanos empiezan, es una obviedad, en el derecho a la vida. Y la vida, ya lo sabían los clásicos griegos, se desarrolla de manera intrínseca, de adentro para afuera, como cuando los niños ganan altura no es cierto que suceda porque, durante las noches, las madres los cuelgan del perchero.

Pero dicen las malas lenguas que en la Casa Rosada hay vampiros de los que duermen colgados. Será por eso que el gobierno argentino provoca situaciones desopilantes como arrancarles dólares a los exportadores a precio vil, desalentando la producción, para ofrecerlos a viajeros por placer y compras superfluas. Pero en esto de desalentar la producción para alentar la vagancia el chavismo se lleva las palmas. Entre otras causas, debido a las súper rebajas socialistas decretadas por Maduro, decenas de miles de personas han esperado 10, 20, 40 horas o más en colas para comprar bienes prescindibles. Calcule las horas malgastadas en total.

Según estimaciones, 13 millones de personas han sido afectadas por el tifón Haiyan, en Filipinas. Las pérdidas globales relacionadas con el clima han aumentado desde los US$48,000 millones anuales durante los ochenta, hasta US$195,000 millones durante la última década, según el grupo asegurador Munich Re. El total de daños llega a US$3.7 billones entre 1980 y 2012. De ellos, el 74 por ciento se relaciona con las condiciones meteorológicas extremas. Según el Banco Mundial, invertir preventivamente antes de los desastres conllevaría un ahorro de hasta el cincuenta por ciento.

El huracán que inundó Nueva Orleáns, por caso, no hubiera tenido efectos tan desastrosos de no ser porque las defensas diseñadas en una oficina burocrática estatal no eran las adecuadas que hubieran podido construir las personas afectadas, a través de compañías aseguradoras, por ejemplo, si el Gobierno lo hubiera permitido. No es casual que 85 por ciento de las víctimas mortales por catástrofes ocurren en países con ingresos bajos o medios, según NacCatService. Es que, precisamente, el flojo crecimiento económico muestra que el desarrollo natural de esa sociedad está siendo coartado extrínsecamente.

En estos ejemplos se ve la ineficiencia cuando pretende desarrollarse la vida humana extrínsecamente. Lo más eficiente, finalmente, es aquello que hace que el hombre se desarrolle lo mejor posible, pero como el desarrollo natural es intrínseco la eficiencia también lo es, no puede ser impuesta desde afuera. “De cuántas acciones ejecuta el hombre, solo aquéllas pueden decirse propiamente humanas… (cuando) él es dueño de sus actos… Son, pues, en realidad humanas las acciones que provienen de voluntad deliberada, y si otras ejecuta, serán acciones del hombre, más no acciones humanas, ya que no obra en ellas como hombre en cuanto tal”, dice Santo Tomás en la Suma de Teología (I-II, q. 1, a. 1.).

 

Aristóteles distingue el ser humano en acto y en potencia (la posibilidad intrínseca de llegar a ser lo que aún no es). Consecuentemente, el movimiento, las acciones  —el desarrollo— es, precisamente, el paso de la potencia al acto, es decir, “el acto del ente en potencia en tanto está en potencia”, dice en la Física (III, 1). En definitiva, la verdadera autoridad existe cuando el obediente decide libremente, en cada acto, obedecer como cuando los niños van por la vida imitando a los padres o el aprendiz sigue al maestro para conseguir la excelencia. Así, la “autoridad” por imposición coactiva es inmoral, ineficiente.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El principio de los derechos humanos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 25/11/13 en:  http://www.elnuevoherald.com/2013/11/25/1623570/alejandro-a-tagliavini-el-principio.html

Los derechos humanos empiezan, es una obviedad, en el derecho a la vida. Y la vida, ya lo sabían los clásicos griegos, se desarrolla de manera intrínseca, de adentro para afuera, como cuando los niños ganan altura no es cierto que suceda porque, durante las noches, las madres los cuelgan del perchero.

Pero dicen las malas lenguas que en la Casa Rosada hay vampiros de los que duermen colgados. Será por eso que el gobierno argentino provoca situaciones desopilantes como arrancarles dólares a los exportadores a precio vil, desalentando la producción, para ofrecerlos a viajeros por placer y compras superfluas. Pero en esto de desalentar la producción para alentar la vagancia el chavismo se lleva las palmas. Entre otras causas, debido a las súper rebajas socialistas decretadas por Maduro, decenas de miles de personas han esperado 10, 20, 40 horas o más en colas para comprar bienes prescindibles. Calcule las horas malgastadas en total.

Según estimaciones, 13 millones de personas han sido afectadas por el tifón Haiyan, en Filipinas. Las pérdidas globales relacionadas con el clima han aumentado desde los US$8,000 millones anuales durante los 80, hasta US$195,000 millones durante la última década, según el grupo asegurador Munich Re. El total de daños llega a US$3.7 billones entre 1980 y 2012. De ellos, el 74% se relaciona con las condiciones meteorológicas extremas. Según el Banco Mundial, invertir preventivamente antes de los desastres conllevaría un ahorro de hasta el 50%.

El huracán que inundó Nueva Orleans, por caso, no hubiera tenido efectos tan desastrosos de no ser porque las defensas diseñadas en una oficina burocrática estatal no eran las adecuadas que hubieran podido construir las personas afectadas, a través de compañías aseguradoras, por ejemplo, si el gobierno lo hubiera permitido. No es casual que 85% de las víctimas mortales por catástrofes ocurren en países con ingresos bajos o medios, según NacCatService. Es que, precisamente, el flojo crecimiento económico muestra que el desarrollo natural de esa sociedad está siendo coartado extrínsecamente.

En estos ejemplos se ve la ineficiencia cuando pretende desarrollarse la vida humana extrínsecamente. Lo más eficiente, finalmente, es aquello que hace que el hombre se desarrolle lo mejor posible, pero como el desarrollo natural es intrínseco la eficiencia también lo es, no puede ser impuesta desde afuera. “De cuantas acciones ejecuta el hombre, sólo aquéllas pueden decirse propiamente humanas… (cuando) él es dueño de sus actos… Son, pues, en realidad humanas las acciones que provienen de voluntad deliberada, y si otras ejecuta, serán acciones del hombre, más no acciones humanas, ya que no obra en ellas como hombre en cuanto tal”, dice santo Tomás en la Suma de Teología (I-II, q. 1, a. 1.).

Aristóteles distingue el ser –humano– en acto y en potencia (la posibilidad intrínseca de llegar a ser lo que aún no es). Consecuentemente, el movimiento, las acciones –el desarrollo– es, precisamente, el paso de la potencia al acto, es decir, “el acto del ente en potencia en tanto está en potencia” dice en la Física (III, 1). En definitiva, la verdadera autoridad existe cuando el obediente decide libremente, en cada acto, obedecer como cuando los niños van por la vida imitando a los padres o el aprendiz sigue al maestro para conseguir la excelencia. Así, la “autoridad” por imposición coactiva es inmoral, ineficiente.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.