Liberalismo, derecha, izquierda y Hayek

Por Iván Carrino. Publicado el 16/5/19 en: https://www.ivancarrino.com/liberalismo-derecha-izquierda-y-hayek/

 

Si uno se guía por lo que dicen “en la tele”, el liberalismo es la derecha,  y los más liberales, la ultraderecha. Esto obviamente es problemático, ya que de ultraderecha también se cataloga a corrientes como el fascismo y el nazismo, y nada más alejado de las ideas de la libertad que eso.

Otras etiquetas que suelen utilizarse para dividir el espectro de las ideas es socialista y conservador. Para un socialista, un liberal es sin duda un conservador. Sin embargo, la mayoría de los liberales no aceptaría este mote. O, por lo menos, exigiría más precisiones. Si lo que se quiere “conservar” es un mercado libre, el liberal será conservador. Pero si se quiere “conservar” un statu quo que frene el progreso o restrinja la libertad, el liberal será un radical por el cambio.

Friedrich A. Hayek escribió en 1959 sobre esta cuestión y, como liberal que decía ser, sostuvo que su pensamiento estaba alejando tanto del socialismo como del conservadurismo.

El premio Nobel de economía sostenía que si bien “en el terreno político” los defensores de la libertad “no tienen más alternativa” que apoyar a los partidos conservadores, convenía “tra­zar una clara separación entre la filosofía que propugno y la que tradicional­mente defienden los conservadores.”

En este sentido, se preocupó por aclarar:

… los radicales y los socialistas americanos comenzaron a atribuirse el apelativo de liberales. Pese a ello, yo continúo calificando de liberal mi postura, que estimo difiere tanto del conservadurismo como del socialismo.

Se suele suponer que, sobre una hipotética línea, los socialistas ocupan la extrema izquierda y los conservadores la opuesta derecha, mientras los liberales quedan ubica­dos más o menos en el centro; pero tal representación encierra una grave equivocación. A este respecto, sería más exacto hablar de un triángulo, uno de cuyos vértices estaría ocupado por los conservadores, mientras socialistas y liberales, respectivamente, ocuparían los otros dos. 

La diferencia entre eagrarios

l liberal y el conservador es, para Hayek, la actitud de uno y otro frente al cambio. Como su nombre lo indica, el conservador es reacio a los cambios sociales, mientras que el liberal solo lo es en la medida que dicho cambio afecta las libertades individuales.

Por ejemplo, si se quiere imponer un control de precios en un mercado, liberales y conservadores estarán en contra del socialista partidario de la intervención. Ahora si el cambio es sobre la apertura de un determinado mercado a la competencia internacional, ¿qué ocurrirá?

Los conservadores aquí muestran una tendencia a ser nacionalistas que desprecian lo extranjero, por lo que aparece una tentación proteccionista, algo que podemos ver bien en la figura de Donald Trump. Según Hayek:

Los conservadores rechazan, por lo general, las medidas socializantes y dirigistas cuando del terreno industrial se trata, postura ésta a la que se suma el liberal. Ello no impide que al propio tiempo suelan ser proteccionistas en los sectores agrarios.

(…)

Esa repugnancia que el conservador siente por todo lo nuevo y desusa­do parece guardar cierta relación con su hostilidad hacia lo internacional y su tendencia al nacionalismo patriotero. (…) Sólo agregaré que esa predisposición nacionalista que nos ocupa es con frecuencia lo que induce al conservador a emprender la vía colecti­vista. Después de calificar como nuestra tal industria o tal riqueza, sólo falta un paso para demandar que dichos recursos sean puestos al servicio de los intereses nacionales.

Generalizando la cuestión:

He aquí la primera gran diferencia que separa a liberales y conservado­res. Lo típico del conservador, según una y otra vez se ha hecho notar, es el temor a la mutación, el miedo a lo nuevo simplemente por ser nuevo; la postura liberal, por el contrario, es abierta y confiada, atrayéndole, en prin­cipio, todo lo que sea libre transformación y evolución, aun constándole que, a veces, se procede un poco a ciegas (…)

Jamás, cuando [los conservadores] avizoran el futuro, piensan que puede haber fuerzas desco­nocidas que espontáneamente arreglen las cosas; mentalidad ésta en abierta contraposición con la filosofía de los liberales, quienes, sin complejos ni recelos, aceptan la libre evolución, aun ignorando a veces hasta dónde pue­de llevarles el proceso.

Estas palabras de Hayek son perfectamente compatibles con su idea del conocimiento disperso en la sociedad. El cambio no puede controlarse “desde arriba” porque los nuevos descubrimientos que dan lugar al progreso se encuentran dispersos en las millones de mentes y acciones individuales que conforman el planeta. La clave es ir hacia un sistema donde esas mentes y acciones puedan desarrollarse sin restricciones. En palabras de Hayek: “lo que hoy con mayor urgencia precisa el mundo es suprimir, sin respetar nada ni a nadie, esos innumerables obstáculos con que se impide el libre desarrollo.”

Esto aplica fácilmente a la economía y hace que los liberales siempre le demos la bienvenida al avance tecnológico o a la llegada de importaciones desde el exterior. Pero también puede extenderse a otras áreas, como a la no discriminación por raza, religión, nacionalidad u orientación sexual. Los liberales también le damos la bienvenida a la diversidad en esta materia, a diferencia de al menos algunos conservadores.

Conservadores, autoritarismo y educación pública

El texto de Hayek nos hace reflexionar también sobre dos cuestiones. En primer lugar, sugiere que los conservadores tienen afición por el autoritarismo, ya que confían en que alguien “desde arriba” monitoree permanentemente los cambios, sin dejarlos librados al azar:

Los conservadores sólo se sienten tranquilos si piensan que hay una mente superior que todo lo vigila y supervisa; ha de haber siempre alguna autoridad que vele por que los cambios y las muta­ciones se lleven a cabo “ordenadamente”.

 Ese temor a que operen unas fuerzas sociales aparentemente incontrola­das explica otras dos características del conservador: su afición al autorita­rismo y su incapacidad para comprender el mecanismo de las fuerzas que regulan el mercado. (…) Para el conservador el orden es, en todo caso, fruto de la permanente atención y vigilancia ejercida por las autoridades.

En la actualidad no se observan casos de autoritarismos o dictaduras de derecha o conservadoras, como sí los hubo en el pasado. Sin embargo, las críticas de Trump a los desequilibrios comerciales (resultado de acciones individuales no controladas por ningún gobierno) serían un ejemplo de lo que Hayek describe.

En otro orden de cosas, Hayek sugiere que los conservadores están siempre listos para criticar la coacción estatal si ella implica perseguir objetivos que no le son afines, pero que miran para otro lado si dicha intervención es compatible con sus juicios morales:

El conservador, por lo general, no se opone a la coacción ni a la arbitrariedad estatal cuando los gobernantes persiguen aquellos objetivos que él considera acertados. No se debe coartar –piensa– con normas rígidas y prefijadas la acción de quienes están en el poder, si son gentes honradas y rectas. (…) Al conservador, como al socialista, lo que le preocupa es quién gobierna,desentendiéndose del problema relativo a la limitación de las facultades atribuidas al gobernante; y, como el marxista, considera natural imponer a los demás sus valoraciones personales.

Esto tal vez sea patente en el caso argentino y en la polémica por la Educación Sexual Integral.

Parecería que a ciertos conservadores lo que molesta no es que se imparta un plan único de educación desde el gobierno,  sino cuál se imparte. Si es la ESI, se oponen, si es la NO educación sexual, entonces está todo bien. Pero en ambos casos se está eligiendo desde la poltrona oficial qué contenido se enseña a los alumnos.

El problema para los liberales es el uso del poder, más allá del contenido específico de ese poder. He ahí otra diferencia sustancial.

Contrapunto en Twitter

En Twitter Francisco Peláez hizo un divertido comentario acerca de este tema. Según él, el liberal que dice no ser de derecha ni de izquierda (Hayek, de alguna manera, en este artículo), es en realidad de izquierda.

El comentario me pareció divertido, pero le pasé el link al artículo de Hayek para que vea que es posible que haya un liberalismo equidistante de ambas corrientes. Rápidamente, el usuario “Juan Doe”, Juan Pablo Carreira, me contestó que el artículo no aplicaba a la situación porque Hayek:

… se refiere al conservador europeo. Conservador europeo en la década del ’50 era Franco y los vestigios fascistas. No el “conservative” de derecha yankee.

Ahora en realidad no es relevante para la discusión ese matiz.

En definitiva, Hayek se refiere a cualquier conservador que por oponerse al cambio vaya en contra de la libertad. No es un artículo específico para criticar a conservadores europeos, sino una reflexión general sobre lo que él entiende por conservadurismo. Así, por ejemplo, cuando habla del nacionalismo patriotero, da lo mismo si ese nacionalismo patriotero es defendido por un yankee, un europeo o un sudamericano. Cabe el mote de conservador nacionalista de cualquier manera.

De hecho, Hayek mismo lo aclara en el artículo:

No oscurece la diferencia entre liberalismo y conservadurismo el que en los Estados Unidos sea posible abogar por la libertad individual defendien­do tradicionales instituciones formadas hace tiempo. Tales instituciones, para el liberal, no resultan valiosas por ser antiguas o americanas, sino porque convienen y apuntan hacia aquellos objetivos que él desea conseguir.

Finalmente, hay puntos de contacto entre conservadores y liberales, cierto. Pero también hay enormes diferencias. Por eso a veces es necesario aclarar. Un liberal que dice no ser de derecha seguramente esté pensando en algo de esto.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Continuidad o cambio? Gobierno o Gobernanza?

Por Javier A. Cubillas. Publicado el 27/4/14 en http://recontextualizacionpolitica.blogspot.com.ar/2014/04/continuidad-o-cambio-gobierno-o.html

 

Transitamos por una época que nuevamente es un tobogán en materia de política económica. Desde fines del año pasado, de modo cíclico, ascendemos y descendemos en nuestras aspiraciones y consideraciones sin freno alguno. Venimos de la agudización en los problemas en lo económico y el impacto en los indicadores laborales y comerciales, los problemas con las policías locales y los actos de vandalismo y una navidad triste con múltiples cortes de luz.

Luego pasamos por un verano intenso, con el dólar devaluado por la política del nuevo gabinete económico de Cristina, el nuevo salto en la inflación, las duras negociaciones paritarias y paros sectoriales, y uno general, el retiro de subsidios a la clase media, los hechos de linchamiento, y una tenue calma que precede al mundial y después ( o peor, entre los partidos del mundial).

Y estamos, ahora, a la espera de las nuevas medidas en materia de política económica que buscarán un nuevo ajuste, sumado al lanzamiento de todas las candidaturas políticas en la búsqueda del desarrollo territorial y las negociaciones para coaliciones presidenciales, y nuevamente,  estaremos en un fin de año complejo, con la sumatoria de todas las problemáticas no resueltas o agravadas, conforme a la lógica k, del eterno redoble en la apuesta política.

Ante todo esto, la pregunta que se instaló en los últimos 10 días expresa la duda historia y genética de la política y sociedad argentina. ¿Continuidad o cambio? Y la verdad que pensar en continuidad o cambio? a esta altura de los acontecimientos ya debería ser una pregunta de fácil respuesta, y la misma seria (insisto, debería ser) análogamente ejemplificada como ¿barbarie o civilización? Pero lamentablemente no, esto no es así, todavía la duda histórica y genética de la argentina conservadora, tanto de derecha y de izquierda, o autoritaria y radicalizada, no nos ha dado lugar a un proceso civilizado de alternancia en el poder, en clave pluralista, conforme al régimen liberal repúblicano y democrático que consagra la constitución nacional de todos los argentinos.

Ergo, visto todo esto en términos cuasi modélicos y en comparativa para facilitar la comprensión,  correspondería proponer una visión sobre qué significa la continuidad y que significaría un cambio?:

  La continuidad supone:                                  El cambio aspira a:

1  Hobbes y/o Laclau Popper y Nozick
2 Dinámica populista Pluralismo liberal
3 Sectores clientelizados Ciudadanía
4 Retro-progresismo Progreso sin retrocesos
5 Racionalismo romántico Racionalismo critico
6 Visión cínica de la problemática social Visión clínica de la problemática social
7 Cultura estadocéntrica como herramienta de cambio social Innovación económica como herramienta de cambio social
8 Argentina centralista y portuaria Las Argentinas, de regiones y capitales portuarias,  mediterráneas y andinas.
9 La actividad política y el poder político como centro y motor de la vida y obra de la sociedad. Los estilos de vida y la creatividad emancipadora cómo motor de las libertades y el control al poder político.
10 Se mantiene la idea de Gobierno. Se avanza hacia la Gobernanza.

Este esquema, que bien puede ser una posible muestra rápida y ejemplificadora de las cosmovisiones en discusión, nos debe fortalecer el espíritu para comprender y activar un razonamiento tributario de la experiencia fallidas anteriores, pero con fines a emprender, el aprendizaje cívico más importante que implica dejar de lado las practicas medievales de lealtad, para actuar como ciudadanos con derechos y responsabilidades sociales, políticas y económicas, después de 30 años de vida democrática.

Así, es clave abandonar la mentalidad unidimensional de la política en la que el gobierno y la presidencia son el principio del sistema político para pasar definitivamente a la idea de poliarquías regionales que desarrollen las diferencias socioculturales de la Argentina, y así, de este modo, con varias capitales, una financiera, otra política, una cultural, y o histórica, y las que puedan surgir de una estrategia inteligente sobre la función del Estado, y un ejercicio efectivo de una dinámica de controles intrafuncionales en la administración pública, se pueda avanzar definitivamente hacia la idea de gobernanza, dejando de lado la de gobierno.

 

Javier A. Cubillas es alumno de grado de la Licenciatura en Ciencias Sociales y de la Maestría en Economía y Ciencias Sociales  en el Instituto Universitario ESEADE. Además, es Coordinador del Programa de Jóvenes Investigadores y Comunicadores Sociales de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.