Consumo: serán medidas contra el mercado

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 15/4/19 en:  https://www.ambito.com/consumo-seran-medidas-contra-el-mercado-n5026353

 

Consumo: serán medidas contra el mercado

En su soberbia los políticos creen que pueden potenciar, manejar el mercado, el sector privado, las personas. Pero al no tener el Estado la exigencia y el aliciente de la competencia -ya que con su monopolio de la violencia impone leyes y regulaciones a conveniencia- es ineficiente. Así, en tanto absorba recursos del sector privado y competitivo -eficiente- la economía caerá.

El Gobierno, y muchos gurús de la City, aseguran que el peso del Estado en la economía bajó con Macri porque lo estiman erróneamente: el Presupuesto sobre el PBI. Pero el peso del Estado no es ese, sino lo que retira del sector privado por vía de impuestos, inflación y endeudamiento/tasas altas -ítems que subieron mucho- y las regulaciones que impiden su libre expansión.

Por ejemplo, el consumo de combustibles, si en febrero subió 0,78% ia, probablemente debido al campo, venía registrando cinco meses consecutivos de caída del 5% promedio. En cualquier caso, disminuyó 5,5% respecto de enero. El Indicador sintético de servicios públicos (ISSP) mejoró 1% en enero respecto de diciembre, pero bajó 4% ia -menor demanda de gas, electricidad y agua- y van 9 meses seguidos de bajón, mientras que el transporte de pasajeros cayó 0,7% registrando caídas desde agosto.

Así, el Gobierno anunciará este miércoles medidas para “reactivar el consumo” que serán contrarias al mercado desde que, dado el marco del “modelo” macrista, implican directa o indirectamente un aumento del peso del Estado: lanzamiento de nuevos créditos de Anses y el “reforzamiento” de los “Precios Cuidados”.

Confunden inflación con suba de precios. La variación de precios es un indicador básico de la economía que transmite información para que el mercado funcione: cuando las personas demandan celulares, sube el precio para que los fabricantes se vean tentados a fabricar más.

La inflación es la depreciación de la moneda -que cumple con la curva de OD como cualquier producto- por un exceso de oferta sobre la demanda, en tiempo real. Obviamente, nada tiene que ver con la “reputación o credibilidad” del BCRA, en tanto que la “dolarización” -que ya fracasó, por razones políticas, y que en Ecuador no ha catapultado a la economía- es sólo un parche que no va al fondo de la cuestión.

Según un dirigente de la UIA, los tres drivers de “la inflación” de los costos empresariales son: los salarios, el tipo de cambio y el aumento de las tarifas. Además de la tasa de interés tan alta, que trasladan a los precios. De aquí surge que el dólar no provoca inflación -en todo caso, pass through- y las tasas sí, porque son generalizadas para toda la economía.

La tasa de plazos fijos de los depósitos mayoristas, en el último mes, aumentó 11 pp, de 37% a 48%. Entretanto, la que cobran los bancos por adelantos en c.c. -la financiación más usada por las empresas- pasó del 53,7% al 68,5%, a lo que hay que sumar gastos administrativos, ingresos brutos y otros costos internos llegando el CFT a más de 95%. Así es cómo el crédito a privados apenas alcanza al 14% del PBI.

Si se dolarizan portafolios, vendiendo bonos y acciones -que están en mínimos de la gestión Macri, y van para peor- haciendo subir el riesgo país -los CDS ya marcan una posibilidad de default de 50% en cinco años- se debe a que la economía del peso tiene rentabilidad negativa.

El pass through puede provocar la suba de precios directa o indirectamente relacionados con el exterior, pero es falso que la suba del dólar de más de 100% en 2018 haya dejado arrastre inflacionario para 2019. Ahora, el Gobierno intenta mantener el dólar “calmo” empeorando la situación al impedir que los precios en el mercado se acomoden naturalmente.

Según el Stand By Agreement (SBA) con el FMI, que delimita la zona de no intervención (ZNI), la autoridad monetaria vende cuando la supera y compra en la inversa. En el BCRA creían que el dólar iba a estar en la parte baja de la ZNI, como fue durante el verano permitiéndoles una buena emisión para comprar dólares cuando la demanda de pesos caía brutalmente.

El BCRA pretende controlar al dólar con las subastas que arrancan hoy -u$s 60 M diarios- y la oferta del agro. Escribió el presidente de la CRA que habrá una cosecha récord, “a pesar de la sequía del año anterior, las altas tasas de interés y la presión impositiva”. Pero aclara que es el exportador el que liquida divisas y no el productor que hoy está muy ahogado y vende rápido. En cambio, “el exportador tiene 9 años y medio para liquidar, un spread incomprensible” se queja la CRA aireando una desavenencia entre quienes deberían ser socios dejando explícita una crisis.

Finalmente, a cambio de tanto peso, el Estado debería mejorar la infraestructura, se queja la CRA, cosa que al contrario del discurso oficialista no ocurrió: “Donde antes salían 3 camiones hoy salen 20… (ese es) el esfuerzo del productor, pero se encuentra con los mismos caminos y en peor estado”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¿Por qué necesita el grupo Benetton, o cualquier otro, subsidios para plantar árboles en la Patagonia?

Por Martín Krause. Publicada el 28/2/16 en: http://bazar.ufm.edu/por-que-necesita-el-grupo-benetton-o-cualquier-otro-subsidios-para-plantar-arboles-en-la-patagonia/

 

El grupo Benetton es uno de los propietarios de tierras más grande en Argentina y es también el que más árboles ha plantado en la Patagonia: unas 8.600 hectáreas, con planes de llegar a las 16.000. Así lo comenta una nota en el diario La Nación titulada: “Los Benetton, de la moda al pino ponderosa”. http://www.lanacion.com.ar/1874419-los-benetton-de-la-moda-al-pino-ponderosa

campo-2163698w620

La producción de madera es un proceso a largo plazo. Así, comenta el administrador de este proyecto:

“En esos suelos magros en materia orgánica y con mucha piedra bocha, siempre en riesgo de volarse por el viento constante y con un clima que promedia en el año 9 C°, con un mínimo de -20 C° en invierno y un máximo de 35 C° en verano, los pinos ponderosa tardan entre 40 y 50 años en permitir un corte comercial. “No nos intimidan estos tiempos. Leleque tiene 104 años. La consistencia genética de nuestros rodeos se logró en 50 a 60 años. Y antes requirió implantación de alambrados, construcción de chacras, mucha preparación”, dice Mac Donald”.

El proyecto traerá una serie de beneficios: “La compañía considera muy importante este proyecto en el mediano y largo plazo, ya que en su momento va a generar un buen flujo de ingresos, y con gran cantidad de mano de obra de alta, media y baja calificación. Por eso se decidió mantenerlo pese a las trabas de los últimos años”, dice Perazzo.

Además, plantar los árboles algo más alejados entre sí ha permitido un mejor aprovechamiento del recurso: “No solo aumentó el rendimiento, sino que además, al pasar más la luz del sol y crecer más el pasto, pudo hacerse cría silvopastoril de ovinos. Cuando el árbol tiene 10 a 12 años, los ovinos ya no pueden dañarlo. En Leleque ya tienen entre 4500 a 5000 hectáreas silvopastoriles.”

Ahora bien, ¿por qué necesita éste, o cualquier otro proyecto forestal, recibir subsidios?

Además, en esta caso en particular, no los están cobrando: “Entre esas trabas, se cuentan unos u$s 750.000 que el Gobierno le adeuda en subsidios correspondientes a 2013, 2014 y 2015. La ley 25080/98, de Inversiones para Bosques Cultivados, promovió muchas forestaciones que ahora, con la falta de pago acumulada, se suspendieron. “Se hace cuesta arriba, muchos emprendimientos forestales más chicos en estas zonas han desistido. Nosotros estamos plantando por debajo de lo estipulado, ya que no puedo sacar recursos de la oveja y de la vaca. Si los subsidios se pagaran en tiempo y forma se plantaría mucho más y podríamos emplear mucha más gente”, dice Mac Donald, con esperanza de que la nueva administración actualice y agilice los pagos.”

Después de todo, si bien no hay números precisos, el negocio parece ser suficientemente rentable:

“En las plantaciones se llevan invertidos u$s 2,4 millones y en el mantenimiento u$s 4,2 millones, mientras que los subsidios permitieron recuperar u$s 2,6 millones. Y la valuación de los bosques implantados por la empresa al día de hoy, al precio actual de la madera prorrateado por los distintos estadios de crecimiento de los árboles -es decir, si se talara todo como está-, sería de u$s 17 millones. Ahí donde no había ni pasto para las ovejas.”

El verdadero problema del negocio forestal no es nada que tenga que ver con subsidios, sino con la constante depreciación de la moneda. El negocio parece rentable pero a 40 o 50 años es poco lo que se puede planificar en monedas que pierden poder adquisitivo en forma constante. Esto hace, además, que no exista crédito a esos plazos: ningún banco prestará a 50 años recibiendo préstamos a tres meses o un año. Sin embargo, en tiempos del patrón-oro, las empresas de ferrocarriles emitían bonos a 100 años!!

La emisión monetaria excesiva, en todo el mundo por supuesto, distorsiona el cálculo económico y perjudica, en particular, a los procesos productivos muy largos. Claro, éstos después requieren de subsidio para poder producir, pero no los necesitarían si contáramos con un patrón monetario estable.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Las retenciones a las exportaciones son móviles y ya aumentaron

Por Aldo Abram. Publicado el 15/9/12 en http://www.lanacion.com.ar/1508361-las-retenciones-a-las-exportaciones-son-moviles-y-ya-aumentaron

Los rumores sobre un proyecto oficial para incrementar los impuestos a las exportaciones de soja y otros productos agropecuarios conocidos hace unas semanas hicieron estallar las críticas de la dirigencia rural, recordando la famosa “Resolución 125” sobre retenciones móviles. Parecería que ni los chacareros ni el resto de los exportadores se dieron cuenta que, de hecho, el Gobierno ya aumentó las retenciones a las ventas externas y, además, las generalizó y son móviles.

El “corralito verde” que el Poder Ejecutivo instrumentó desde fines de 2011 no tiene otro fin que permitirle comprar más baratas las divisas extranjeras que necesita. O sea, alguien está recibiendo menos de lo que corresponde por los dólares que trae del exterior. Dado que no debe haber un gran ingreso de capitales, los perjudicados son principalmente los exportadores.

Sin embargo, son todos los productores de bienes que pueden colocarse en el exterior los perjudicados, independientemente de dónde los vendan. Para entenderlo, supongamos que no hubiera impuestos a la exportación, un comprador extranjero le debería pagar al productor el precio internacional. Por lo tanto, si algún argentino quisiera adquirir ese producto, sólo podría hacerlo a ese mismo valor multiplicado por el tipo de cambio.

Ahora supongamos que el gobierno coloca una retención a la exportación de dicho bien. Del exterior su productor recibirá el precio internacional menos lo que se quede el Estado por el nuevo impuesto. Entonces, si aparece un comprador local, sólo le podrá pedir lo que vale en el exterior, menos el comentado impuesto, a lo que cotice el tipo de cambio.

Es decir que los que producen ese bien estarán cediendo al Gobierno el tributo por lo que exporten y, además, por las ventas internas transferirán a los demandantes locales la diferencia entre los precios internos y los internacionales que generó la retención. Como consecuencia de esto, solamente por los tres principales productos del agro (soja, maíz y trigo) en el total que perdieron los productores, desde 2002 a 2011, supera los US$ 51.000 millones y menos de un tercio de ese monto terminó en las arcas oficiales.

Más quitas

Sin embargo, el control de cambios suma una quita más a la que ya venían percibiendo los productores. El Banco Central emite para comprar divisas para el Gobierno y, además, para hacerle transferencias en moneda nacional permitiéndole mantener un gasto público más alto que el sustentable con sus ingresos genuinos. Dado que la gente no demanda semejante oferta de pesos, éstos se desvalorizan, pero el Central no permite que esta baja en su precio se refleje completamente en el tipo de cambio controlado. En definitiva, para eso se ocupó de quitar la competencia de la demanda de la gente y las empresas de su exclusivo “coto de caza” de divisas. Así el exportador recibe un menor valor por la diferencia de lo que verdaderamente valen sus dólares y lo que le paga el Banco Central, lo que se transforma en una quita a sus ventas al exterior (al día de hoy, de no menos del 10% según nuestras estimaciones).

Como ya vimos, el productor de un bien que se puede colocar en el extranjero podrá cobrarle a un comprador local el precio internacional, menos la retención a la exportación que pague dicho producto, multiplicado por el tipo de cambio oficial. Dado que el control de cambios baja artificialmente el valor del dólar, el precio local se verá reducido en dicha medida, lo que se transforma en una transferencia adicional de sus ingresos que va directo al bolsillo de los demandantes internos. Cuanto más emita el Banco Central para financiar al Gobierno y menos reconozca la consecuente desvalorización del peso en el tipo de cambio oficial mayor será la quita que le estará haciendo a sus exportaciones y la transferencia de ingresos que le obligará a realizar a los compradores locales. Por lo tanto, ya está vigente una nueva “Resolución 125” de retenciones móviles, que no discrimina entre sectores agropecuarios y/o industriales.

Por último, la creciente depreciación del peso se reflejará plenamente en la inflación, es decir en los costos de producción, pero no en el tipo de cambio controlado, aunque sí en el paralelo. Si los productores se quejaban por la merma de competitividad cuando el mercado libre reconocía la pérdida de valor relativa de la moneda local respecto de la extranjera, dejo que el lector deduzca lo que se pude esperar a partir de ahora que no lo hará.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .