El tema no es solo ganancias, es el gasto público

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 11/12/16 en: http://economiaparatodos.net/el-tema-no-es-solo-ganancias-es-el-gasto-publico/

 

Lo que están buscando tanto el oficialismo como la oposición es simplemente buscar el máximo de la curva de Laffer

Francamente me parece patético el debate sobre ganancias. El oficialismo ofrece disminuir un poco la expoliación de los que pagan impuestos y la oposición propone expoliar menos que el oficialismo pero busca otras fuentes alternativas de aplicar impuestos. Todo se concentra en ver hasta dónde se puede exprimir al contribuyente, pero no se emitió una sola palabra sobre el gasto público, porque en definitiva, cada peso que se gaste tendrá que salir de impuestos, deuda pública (impuestos futuros) o consumo de stock de capital como ya ocurrió con el kirchnerismo que nos dejó con el sistema energético destrozado, nos consumimos 12 millones de cabeza de ganados, las rutas destruidas y sigue el listado.

El problema de la carga impositiva no se resuelve retocando las escalas de un impresentable impuesto a las ganancias. Además es demagógico de punta a punta en cualquiera de las propuestas porque no se permite el ajuste por inflación de los balances de las empresas, que son las que van a dar el trabajo del que tanto pide Macri en sus discursos, y a los autónomos nos siguen pisando la cabeza sin piedad, por no hablar de lo que hacen con  los monotributistas.

Por empezar, la carga impositiva siempre va a ser mayor en la medida que el gasto público crezca. Podrá suplantarse por un tiempo con el impuesto inflacionario, pero la pérdida de poder adquisitivo de la gente continuará.

Lo que están buscando tanto el oficialismo como la oposición es simplemente buscar el máximo de la curva de Laffer.

Cuadro 1

lafer

En el eje horizontal se muestran las tasas del impuesto y en el eje vertical cuánto se recauda a cada nivel de tasa de impuesto. En la medida que se va aumentando la tasa del impuesto, crece la recaudación. Pero llega un punto máximo, el C, a partir del cual el estado recauda menos porque las empresas dejan de producir dado que la carga impositiva es insostenible, la gente pasa al mercado informal o las empresas se van del país.

Viendo cómo evoluciona la recaudación impositiva, como el sector privado despide gente porque sufre el ajuste y se achica y la cantidad de gente que trabaja en negro, parece bastante claro que el gobierno actual y el anterior se fueron del otro lado de la curva de Laffer, digo pasaron del punto C hacia la derecha y por eso están intentando volver al punto C. El problema es a quién cobrarle más impuestos teniendo el menor costo político. Los políticos que siempre esgrimen argumento para no bajar el gasto público, buscan expoliar a un sector de la población que tenga un peso electoral menor para beneficiar a un sector de la población con un peso electoral mayor.

Estoy convencido que tratar de ponerle parches a este sistema impositivo es inconducente. Basta con recordar que para pagar impuestos hay que pagar el impuesto al cheque, un verdadero disparate, para advertir que el sistema impositivo argentino enloqueció.

Mientras la oposición y el oficialismo no se sienten a debatir la baja del gasto público, vamos a ver este debate ridículo en el que todos pretenden mostrarse como progresistas diciendo que hay que cobrarle más impuestos a los que más ganan. Es decir, se sigue castigando el éxito y por esa razón Argentina es un fracaso. La única idea que se les cae a los políticos es igualar hacia abajo. Al que más ganan hay que perseguirlo, por lo tanto, la inversión no llega y la pobreza sigue aumentando.

Se equivocan los políticos cuando pretenden usar el sistema impositivo para redistribuir el ingreso. Los impuestos deben ser lo menos distorsivos posibles y limitarse a generar ingresos para financiar el sector público. Si los políticos quieren redistribuir que lo hagan vía el gasto público, especificando a quién, por qué y el monto de lo que el resto de la sociedad le va a transferir.

En la medida que no se presente un plan económico global para liberar al sector privado del aplastante sector público, continuarán las discusiones superficiales que estamos viendo en las que el oficialismo acusa a la oposición de no ser responsable con su proyecto impositivo y la oposición acusa al oficialismo de no querer cumplir con sus promesas de campaña.

En la medida en que nadie se ocupe de proponer una baja del gasto público, todo va a limitarse a un debate muy parecido a una competencia populista para ver a quién se puede seguir expoliando impositivamente con el menor costo político.

En otras palabras, veo un debate en el que ambos bandos tratan de maximizar su conveniencia política, pero ninguno de los dos ofrece una solución en serio por la madre de todas las batallas: bajar el gasto público.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El “secreto” del peronismo para perdurar

Por Gabriel Boragina. Publicado el 8/2/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/02/el-secreto-del-peronismo-para-perdurar.html

 

¿Cuál ha sido el “secreto” del peronismo para mantenerse vigente desde su temprana fundación en 1945? La respuesta sugiere que se ha debido a distintos factores de orden filosófico, político y económico que influyeron sobre su líder Juan Domingo Perón.

En cuanto a su aspecto filosófico:

“La presencia de Perón en Italia, que coincidió con el advenimiento del Fascismo, fue decisiva para su evolución política. El Peronismo no es más que la traducción vernácula del fascismo italiano, sólo que Perón no habla de “Resurgimiento”. Habla de una categoría parecida: “Evolución”.”[1]

El peronismo, que como bien indica el autor citado, consiste en la versión criolla del fascismo italiano, no es sino una variante más del populismo. El peronismo filosóficamente se ha definido:

“Como un praxismo que anuló la categoría de Revolución propuesta por Gramsci. El Peronismo es un mundo sin valores donde lo que importa es el poder acumulado. Y a esto, los peronistas lo saben muy bien, porque tienen un olfato especial para el poder.”[2]

Dado que se trata precisamente de “un mundo sin valores” es que los peronistas son hábiles oportunistas para llenar ese vacío de valores con aquellos que sean más convenientes para lograr su objetivo final: hacerse del poder total por la mayor cantidad de tiempo posible. Por eso, necesariamente ha de ser demagógico. La adulación a las masas por medio de un líder que supuestamente estaría “representando” los “intereses” de las “clases populares” es un elemento esencial en la “lógica” populista y por consiguiente –desde luego- peronista.

“-¿Por qué el peronismo no asumió la categoría de Revolución?

-Porque fue conservador al estilo del “actualismo” de Gentile. Pero a mi juicio, así como Gramsci fue “más actualista que Gentile”, los Montoneros fueron más peronistas que Perón al pensar en la categoría “Revolución” y no en “Evolución”. Hace poco, me encontré con un viejo texto de Firmenich que me dio la razón. Decía “nosotros los Montoneros somos más peronistas que el propio Perón”.”[3]

Los Montoneros pretendían llevar la doctrina asumida por Perón hasta sus últimas consecuencias lógicas: la realización de la revolución marxista, disfrazada bajo las consignas de “nacional y popular”. Esa revolución incluía -desde luego- la insurrección armada y la toma del poder por medios violentos. Prueba de ello consiste en la gran cantidad de secuestros extorsivos y crímenes cometidos por la mencionada banda, que ejecutaba sus tropelías en nombre del “movimiento”. Es interesante señalar que -mas tarde en el tiempo- el matrimonio Kirchner se adjudicó la misma consigna, a la vez que reivindicaron la lucha armada por los criminales Montoneros a quienes rebautizaron como “jóvenes idealistas”, con lo que pretendieron “purificar” a los que no fueron más que feroces asesinos.

“-¿Firmenich le daba la razón a Gramsci?

-Totalmente. Y esa es mi tesis. Además, ese fascismo llamado Peronismo ¿qué ética ha generado en el país? La de un praxismo donde lo que importa es la acción para la acción que equivale a poder. Lo fundamental en el peronismo es el mantenimiento y la conquista del poder. Por eso se entiende que sea peronista un Perón, un Menem o un Kirchner. Todos diferentes pero todos unidos en esta lógica.”[4]

Profundamente cierta la anterior afirmación. Pero faltaría agregar que la estrategia del peronismo en sus planes permanentes de tomar el poder total y absoluto consiste en la elaboración de un discurso demagógico por el cual se intenta convencer a una masa de ignorantes que ese poder -en realidad- se arrebata para serle “devuelto” al pueblo cuando lo real es que sucede a la inversa: el peronismo despoja el poder para -en definitiva- consumar quitarle ese poder al pueblo en forma absoluta. Durante la dictadura de los Kirchner, ese discurso hipócrita y demagógico recibió el nombre de “El relato” por la permanente distorsión y falseamiento de la realidad por parte de la tenebrosa pareja gobernante. Esto refuta a quienes pretenden desconocer que Menem y Kirchner fueron peronistas:

“-¿Por qué?

-Porque en el momento de Menem convenía sostener la bandera de lo liberal, pero en la época actual conviene otro discurso. Y mañana vendrá otro peronista que reniegue de Kirchner. En la fiesta del primero de mayo, había peronistas que fueron ultramenemistas y que estaban aplaudiendo “el fin de la década infame del ´90”…Daba risa…”[5]

Cabe poner de relieve que la entrevista que nos encontramos comentando le fue realizada al entrevistado en el año 2012, cuando aun gobernaba la mujer de Kirchner y abrigaba pretensiones de perpetuarse en forma indefinida en el poder, al extremo de llegar a decir en una transmisión publica por la cadena nacional de radiodifusión y televisión que sólo se le debía temer a Dios y a ella misma (lo que denota con notoria claridad la enfermiza obsesión del imperio absoluto y completo). La estrategia del peronismo para perdurar consiste, pues, en negar que sus candidatos (ante sus fracasados gobiernos) hayan sido peronistas. Este artilugio ha servido para confundir a ignorantes e incautos que creyeron -y siguen creyendo- que Menem y los Kirchner no habrían sido peronistas. Esta negación de muchos (quizás una mayoría, incluyendo a muchos antiperonistas)) sirve plenamente a los fines del peronismo en su objetivo de lograr el poder hegemónico a perpetuidad.

“-Sobre el Kirchnerismo

-Este gobierno, ideológicamente, está cerca de los Montoneros. O sea que lo lógico sería que aplicara la categoría de “Revolución” a ultranza. Pero por cierto que no lo hace, ya que la mayoría de estos “ex revolucionarios” han devenido en burgueses; es decir, se han acomodado a la situación vigente. Del ideal que tenían en los ´70 habrán aplicado el uno por ciento. Además, el matrimonio gobernante tenía una fortuna ¿qué revolución van a hacer entonces?”[6]

Recordemos que a la fecha de la entrevista citada gobernaban los Kirchner. Por supuesto que el poder no es perseguido por el poder mismo, sino -fundamentalmente- porque el poder político es el puente más breve, cómodo y sencillo para obtener el poder económico a través de los instrumentos que otorga el gobierno a cualquiera que lo ocupe. Y esta siempre fue la meta del peronismo desde la época de su fundación por el tristemente célebre Juan Perón hasta nuestros días.

[1] Entrevista de Iván Wielikosielek a Daniel Lasa, especialista en Filosofía Política. Publicada en EL REGIONALhttp://www.elregionalvm.com.ar/?cat=11

[2] Entrevista a Daniel Lasa….cit. supra ídem.

[3] Entrevista a Daniel Lasa….cit. supra ídem,

[4] Entrevista a Daniel Lasa….cit. supra ídem.

[5] Entrevista a Daniel Lasa….cit. supra ídem

[6] Entrevista a Daniel Lasa….cit. supra ídem

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.