Aranguren revela una mirada sobre la Argentina

Por Yamil Santoro. Publicado el 5/4/18 en https://www.infobae.com/opinion/2018/04/05/aranguren-las-inversiones-y-la-vejez/

 

Coincidiremos en que si alguien ganó su dinero de forma legal, lo declaró y paga sus impuestos, es libre de hacer con lo suyo lo que quiera. Creo que no es este el problema en relación con el ministro Juan José Aranguren. Lo que hizo ruido fueron sus apreciaciones sobre el tema de la confianza en la Argentina, eso amerita alguna reflexión.

Aclaro que no me interesa defender la inteligencia política de esas declaraciones. No hay dudas, desde el inicio, de que el ministro va de frente y dice lo que piensa. Aunque pueda o no coincidir, eso tiene un enorme valor, ya que permite discutir de frente los temas en lugar de quedarnos enredados en las telarañas de la demagogia y en la oscuridad de las apariencias.

Los funcionarios son personas como usted o yo, que circunstancialmente ocupan un cargo. Pasado el mandato, vuelven a sus casas y siguen con sus vidas. Es lógico que administren sus bienes con los mismos criterios que lo hicieron antes de asumir, que apuesten a maximizar su bienestar. El límite es que maximicen a costa nuestra y para eso están las leyes de ética pública y el Código Penal.

Aranguren revela una mirada sobre la Argentina. Es fundamental entender que Aranguren representa a un perfil de inversor, hay muchos Aranguren en el mundo. Si queremos que nuestro país esté mejor, debemos comprender qué piensan y por qué todavía no invierten en nuestro país estos perfiles de inversores. Solo así vamos a mejorar. Enojarse con Aranguren es como enojarse con la persona que invitamos a salir y nos rechaza, de nada sirve para mejorar nuestra realidad.

Juan José Aranguren es un tipo que se hizo de abajo. Dedicó su vida a laburar, llegó a ser CEO en una de las compañías más importantes del mundo, cobró por ello y está próximo a la edad de jubilarse. Ahorró algo más de cinco millones de dólares. Está hecho, digamos. Desde el punto de vista financiero, tenemos dos datos relevantes: edad avanzada y capital significativo. Ambas cuestiones hacen que nos volvamos más conservadores, según diversos estudios. A medida que tenemos más capital y que somos más viejos, nos escapamos del riesgo y luego también entran en juego características particulares de cada persona. Puede haber excepciones, pero la mayoría de las personas nos comportamos de esta manera.

A mayor riesgo suele haber chances de un mayor retorno. Distintos perfiles de inversores estarán dispuestos a aceptar distintas relaciones de riesgo y recompensa para invertir su dinero. Sería insensato pedirle a alguien así que arriesgue su dinero porque sí. Pero además del riesgo que implican los activos donde invertir, también vale precisar que el lugar en que se tiene el dinero tiene asociados riesgos y costos.

La Argentina se encuentra en una situación ideal para muchos inversores, es un país que por años de malas políticas públicas se encuentra desfinanciado y hay un stock de capital menor que el que podría haber. Por este motivo los retornos de invertir en nuestro país, la tasa que se obtiene, está muy por encima de alternativas más seguras, con la ventaja de que es un país que está ganando credibilidad y seguridad día a día.

En pocos meses probablemente la calificadora MSCI cambie la categorización de riesgo de la Argentina de país fronterizo a país emergente. Este cambio responde a una mayor estabilidad política y económica, a distintas mejoras en el mercado financiero y al desempeño de nuestra economía. Es un indicador que sirve para medir el riesgo y la confianza que generamos y Argentina está lista para el ascenso. Vamos por buen camino en el proceso de generación de confianza.

Este cambio de categoría va a permitir que distintos inversores, especialmente institucionales, empiecen a invertir en la Argentina, ya que habrá una menor percepción de riesgo. Si bien este es un cambio claro y objetivo, permanentemente estamos ganando en confianza que ayuda a atraer a cada vez más inversores. Aunque seremos cada vez más atractivos, seguirán existiendo otros actores que todavía optarán por no invertir en activos de un país emergente y priorizarán los de un país desarrollado o que tengan miedos particulares en relación con nuestro país. C’est la vie.

El proceso natural de seducción en los mercados va de los inversores dispuestos a asumir mayores riesgos hacia los que toleran un riesgo bajísimo. Para construir confianza hay que mantener una conducta, honrar las deudas e ir tomando decisiones inteligentes. Argentina definitivamente está en este camino y la meta es terminar seduciendo a todos los inversores. Pero paso a paso.

Durante el 2017 la inversión creció arriba del 11% y seguirá aumentando porque estamos llevando adelante las reformas necesarias para que así sea. Se aprobaron leyes trascendentes como la de participación público-privada, que aumentará las inversiones en infraestructura y disminuirá la dependencia en la deuda pública, se está robusteciendo el mercado financiero, se están generando esquemas de promoción de emprendedores con capital público-privado, entre muchos otros aciertos.

Más pronto que tarde lograremos seducir a los Aranguren de este mundo. Pero me animo a decir que la Argentina es hoy un destino atractivo para otro perfil de inversores. Probablemente más joven, dispuesto a asumir un poco más de riesgo y a apostar por un país que está cambiando y que está haciendo lo que hay que hacer para cambiar su historia de hostilidad hacia los inversores. No pretendo que aquellos que vivieron los desastres de nuestra historia cambien su visión de un día para el otro. Generar confianza lleva tiempo, que los Aranguren se queden afuera permite que haya tasas de retorno más altas, que atraerán a nuevos inversores que no estén condicionados por nuestra historia y que apuesten a cosechar junto a todos nosotros los frutos del esfuerzo colectivo en el mediano plazo.

 

Yamil Santoro es Maestrando en Políticas Públicas (UTDT); Abogado (UBA); Subgerente Operativo de Comunicación Social (GCBA); Docente de Microeconomía (ESEADE); con diversos posgrados en dirección de proyectos y temas relacionados a discapacidad, Docente de Análisis económico del derecho (UBA y UP); Columnista en Infobae, Políticas y Públicas y otros medios digitales; Coordinador Académico del Instituto Maci; Conductor de “Hablemos con Libertad” por FM Cultura 97.9.

Financiación justa

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 10/9/17 en: https://www.libremercado.com/2017-09-10/carlos-rodriguez-braun-financiacion-justa-83131/

 

Desde que el entrañable Manuel Chaves reclamara sus minolles para Andasulía, la financiación autonómica ha dado reiteradas muestras de ser un campo fértil para la mayor demagogia posible en un Estado redistribuidor, es decir, la demagogia de quien sólo habla de lo mucho que va a hacer por el pueblo siempre que pague otro. Así, a finales del año pasado el presidente Ximo Puig auguró:

2017 será el principio del fin de la discriminación a los valencianos.

Pobres valencianos discriminados. Pero por suerte cuentan con don Ximo, que si obtiene una “financiación justa” va a acabar con la “invisibilidad” de los valencianos. Su retórica no pudo ser más dramática:

Los valencianos y las valencianas, si trabajamos juntos, atravesaremos las puertas que nos cierran el camino a la justicia.

Obviamente, no hablaba de trabajar, los políticos nunca hablan de trabajar, sino de obtener dinero de los trabajadores, que no es lo mismo. El ideal es que los trabajadores que pagan no sean votantes, o no se note. Y desde luego para el señor Puig no se notan nada, porque de hecho no los menciona jamás. Eso sí, con el dinero de estos trabajadores, que sí son invisibles de verdad, va a hacer milagros progresistas como la Ley de la Función Social de la Vivienda, la Ley de la Renta Mínima, la Agencia de la Innovación y el programa Generació Talent; va a apoyar servicios públicos como escuelas, universidades, hospitales o el sector de la dependencia, impulsará las infraestructuras en el territorio valenciano, así como una transformación basada en la economía productiva, y para combatir el desempleo, especialmente entre los más jóvenes. Uno, dos, tres… ¡será por dinero!

Claro que no, el dinero no importa, porque alguien lo pagará, para que los políticos progresistas valencianos cuenten por fin con una “financiación justa”. El lirismo de don Ximo alcanzó cumbres extremas cuando habló de sus retos, como el de “coser una tierra tan diversa como la Comunidad, demasiado fracturada por la desigualdad”. De la justicia fundamental, es decir, de coser los bolsillos de los contribuyentes, y que dejen de saquearlos, lógicamente, no dijo nada.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Edward Bellamy y el socialismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 6/4/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/edward-bellamy-socialismo/

 

En 1888, el socialista estadounidense Edward Bellamy publicó Mirando atrás: 2000–1887, una novela utópica de ciencia ficción que imagina cómo sería un mundo socialista a finales del siglo XX. Tuvo un éxito espectacular, y fue tercera en la lista de los best-sellers de la época, sólo detrás de dos fenómenos como La cabaña del Tío Tom y Ben-Hur. Un texto ingenuo, y escalofriante en su totalitarismo, fue muy influyente (puede verse https://goo.gl/zq0pX3). El codescubridor de la selección natural, Alfred Russel Wallace, dijo que esa novela lo convirtió en un socialista.

Al estilo de Rip van Wrinkle, el clásico de Washington Irving, en Looking Backward: 2000–1887 el protagonista, Julian West, se queda dormido y despierta más de un siglo después, pasando en una noche de 1887 a 2000. Un médico, el Dr. Leete, le explica que ha despertado en un mundo nuevo y maravilloso: el mundo del socialismo.

Ya no prevalecen los feos vicios del capitalismo, porque la desigualdad y la explotación han desaparecido. Ha quedado atrás “esa época donde el dinero mandaba”, y no hay contaminación: “Hace casi un siglo el rudo método de combustión del que ustedes dependían quedó obsoleto”.

El progreso económico ha sido enorme porque el mercado fue suprimido: “Extrañamente tarde en la historia del mundo se comprendió el hecho obvio que no hay actividad más esencial al interés público como la industria y el comercio del que depende la subsistencia del pueblo, y que confiarla a personas privadas, para que sea administrada en beneficio privado es una locura del mismo tipo, aunque vastamente mayor en magnitud, que el depositar las funciones del gobierno político en reyes y nobles, para que las ejerzan para su gratificación personal”.

Los Estados ya no son los letales del pasado, no hay guerras, y todas las necesidades físicas y mentales de los ciudadanos son satisfechas por el Estado, que organiza toda su actividad. Es un Estado honrado: “No tenemos partidos ni políticos. La demagogia y la corrupción son palabras que sólo tienen un interés histórico”.

No hay guerras, ni ejércitos, ni violencia, ni pobreza, ni enfermedad. Y hay educación y empleo para todos. Gracias a haber extirpado el individualismo y establecido por fin el socialismo se ha conseguido un paraíso donde no hay impuestos y los recursos abundan. De hecho, cuando llueve, las aceras se cubren con telas impermeables y nadie se moja. Explica el Dr. Leete: “La diferencia entre la era del individualismo y la era del concierto está bien ilustrada por el hecho de que, en el siglo XIX, cuando llovía, la gente en Boston ponía 300.000 paraguas sobre otras tantas cabezas, pero en el siglo XX ponen un solo paraguas sobre todas las cabezas”.

Ahora bien, de manera inadvertida, Bellamy nos ilustra sobre la característica fundamental del paraíso socialista: realmente, es un infierno. Yo que usted no me perdería este rincón el próximo lunes.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Macri en la Cueva de las Manos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 10/1/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/macri-la-cueva-las-manos/

 

La Cueva de las Manos es un sitio arqueológico y de pinturas rupestres que se encuentra en la Patagonia, al sur de mi Argentina natal. Evoco sus imágenes, que resultan tan conmovedoras hoy como cuando fueron pintadas, hace nueve mil años, para bosquejar un balance del primer año del gobierno de Mauricio Macri.

Cuando llegó a la Casa Rosada dije algo que mantengo ahora: estoy contento de que haya ganado Macri las elecciones, pero también lo estaría si las hubiera ganado el conde Drácula. En efecto, es muy difícil empeorar el desastre del populismo kirchnerista, su demagogia, su sectarismo, su desprecio a las instituciones democráticas y republicanas, sus alianzas internacionales con lo peor del planeta, su corrupción y su calamitosa gestión económica.

Conviene subrayar este último punto, porque el kirchnerismo insiste en sus buenos resultados, contrastándolos con los malos del macrismo. La verdad es doble: suerte y despilfarro. Tuvo suerte el matrimonio Kirchner con el ciclo alcista de las materias primas, en particular la soja. Pero además acometió una delirante carrera para descapitalizar el país y crear en los argentinos una falsa sensación de riqueza, producto de una “fiesta de consumo artificial”, como dice el economista Roberto Cachanosky. El patrón fue similar en todos los casos. Por ejemplo, el gobierno prohibió exportar carne vacuna y la sobreoferta local les abarató a los argentinos su famoso asado durante un tiempo. ¿Milagro? No: espejismo. Eso duró mientras se produjo una abrupta caída de millones de cabezas, sacrificadas por la falta de rentabilidad, y la reducción de la oferta hizo que el precio del asado finalmente se disparara.

Lo mismo sucedió con el control de las tarifas eléctricas, que abarató la luz a los argentinos pero descapitalizó a las empresas con el resultado, recuerda Cachanosky, de que “volvieron los cortes de luz como en la época de Alfonsín, el sistema energético está colapsado y se necesitan miles de millones de dólares para reconstruirlo”. Otro tanto vale para el transporte público, los ferrocarriles, las carreteras, el gas…y hasta el patrimonio del Banco Central y de los pensionistas privados, cuyos ahorros fueron confiscados. Las autoridades populistas se marcharon dejando un déficit público del 7 % del PIB. “Lo cierto es que el kirchernismo literalmente destruyó la economía”.

En ese difícil contexto llega Mauricio Macri. Su propósito, como escribió hace poco en El País era claro: “pasar página”. En el aspecto institucional el contraste con el siniestro kirchnerismo es patente. La Argentina ha reparado su posición política en el mundo: Macri no homenajea a los dictadores cubanos y ha tenido el honor de ser insultado por Nicolás Maduro.

Pero en economía los resultados han sido desalentadores. La Argentina ha recuperado la estanflación: en 2016 se estima que el PIB habrá caído un 2,5 %, con una inflación del 40 %.

El Gobierno argentino pronostica un crecimiento del 3,5 % en 2017, pero el economista José Luis Espert cree que será menor, de en torno al 2 %, a pesar del efecto estadístico de comparar con un año muy malo, y a pesar de la cosecha, que será buena, aunque también lo será en el resto de las potencias agrícolas, con lo que los precios no subirán demasiado. El Ejecutivo de Macri prevé una inflación del 12-17 % y un dólar a 18 pesos, pero tampoco muchos analistas lo acompañan en su optimismo.

Se dirá que la herencia recibida era terrible y que se necesita tiempo. Es verdad. Y también es verdad que en economía se hicieron cosas buenas, empezando por la salida del “cepo cambiario” sin un colapso financiero ni un default. Hablando de eso, también se arregló la situación con los holdouts y la Argentina regresó a los mercados de crédito.

Pero el sempiterno problema del gasto público, que supera el 40 % del PIB no se resuelve. El Gobierno de Macri no lo ha reducido, y en cambio ha subido los impuestos y la deuda, que se coloca en dólares por encima del 7 %. Se vuelve a recurrir al tipo de cambio para contener la inflación, como tantas veces en el pasado. El torrente de inversiones extranjeras que había sido pronosticado no se ha producido, y es una de las razones del despido de Alfonso Prat Gay. Pero, como bien dice el periodista Carlos Mira, el ya ex ministro “no es completamente culpable de que esos objetivos no se hayan alcanzado. Es el propio presidente el que ha boicoteado la tarea”. De momento, cuenta con el colchón de ingresos que ha generado la exitosa amnistía fiscal (que allí llaman “blanqueo”).

Mauricio Macri mantiene una aprobación popular bastante elevada, a pesar de la recesión y la inflación, incluidos los tarifazos, pero no está claro que su estrategia sea sostenible. En vez de atender a las explicaciones convencionales de los grupos de presión que sigue financiando, como los sindicatos y los piqueteros, con la manida y falaz excusa del “estallido social”, igual debería pensar en la historia de su país, con tantas crisis repetidas por el exceso de gasto público, el endeudamiento, y la falta de medidas liberalizadoras.

Es posible, por supuesto, que la situación cambie a mejor. El economista Iván Carrino ha destacado el liberalismo probado del nuevo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Y Martín Krause, catedrático de Economía de la Universidad de Buenos Aires, subrayó que Macri acaba de apuntar hace pocos días la necesidad de un cambio de valores, que deje atrás el intervencionismo populista, con brillantes promesas cortoplacistas que se tornan siempre en ruinas a medio plazo. Sería desde luego maravilloso superar la demagogia antiliberal y antirrepublicana de las consignas populistas como “los derechos se defienden en la calle”, y no en la Justicia, barbaridad típica de los piqueteros kirchneristas y de sus amigos españoles de Podemos. Sería magnífico dejar atrás su mensaje totalitario que busca la expansión de la política a expensas de la sociedad, y del Estado a expensas del mercado, en un ejercicio ilimitado del poder orientado sistemáticamente al recorte de derechos y libertades individuales. El problema, advierte el doctor Krause, es que nadie en el Gobierno argentino “se preocupa por las ideas y los valores”.

Si Macri empieza, bien iremos. Podría inspirarse el presidente en los mejores momentos de la historia argentina, cuando el liberalismo la convirtió en pocos años en un país rico y admirado. Por hablar de historia, podría remontarse hasta sus orígenes más remotos. Los primeros argentinos de la Cueva de las Manos parecen saludar, simpáticos. Pero ¿a que también parecen pedir que los dejen en paz?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

La envidia social

Por Gabriel Boragina. Publicado el 16/4/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/04/la-envidia-social.html

 

El discurso respecto de la “creciente desigualdad social”, es un problema que preocupa a pensadores, y también a la gente común desde muchísimo tiempo atrás. Por lo que será interesante hacer un somero análisis de los elementos que lo constituyen.

Entre los numerosos factores que influyen en el fenómeno por el cual se reclama una mayor igualdad social será de interés en esta oportunidad tratar algunos de los más importantes a nuestro juicio. Si rastreamos en la historia, podremos encontrar que conjuntos sociales fueron objeto de envidia por sus logros, a pesar de la gran contribución al progreso que dichos grupos representaron en el devenir histórico:

“Paul Johnson en su Historia de los judíos señala que “Ciertamente, en Europa los judíos representaron un papel importante en la era del oscurantismo […] En muchos aspectos, los judíos fueron el único nexo real entre las ciudades de la antigüedad romana y las nacientes comunas urbanas de principios de la Edad Media; […] La antigua religión israelita siempre había dado un fuerte impulso al trabajo esforzado […] Exigía que los aptos y los capaces se mostrasen industriosos y fecundos, entre otras cosas, porque así podían afrontar sus obligaciones filantrópicas. El enfoque intelectual se orientaba en la misma dirección”. Todos los logros de los judíos en las más diversas esferas han producido y siguen produciendo envidia y rencor entre sujetos acomplejados y taimados.”[1]

Pero hay que destacar que el sentimiento de envidia no solamente existe respecto de los judíos, sino que esta fuertemente extendido a nivel mundial, en virtud de haberse potenciado a partir de la arenga marxista, el que en sus fundamentos básicos, ha sido aceptado por una amplia mayoría de personas. De allí que, la condena a la desigual distribución de la riqueza sea constante en prácticamente todos los ámbitos, desde el familiar, social, pasando por el escolar, universitario, hasta terminar en los medios de comunicación masivos, para no decir nada de la enorme cantidad de obras literarias y científicas que se ocupan del tema. Entre los economistas del mainstream es casi un dogma que la meta a lograr a como sea, ha de ser la igualación social, lo que -en distintos términos- no significa otra cosa que la más completa igualdad económica. Lo que se conseguiría igualando ingresos:

“… el delta o el diferencial de ingresos es simplemente lo que el público consumidor decide a través del plebiscito diario del mercado con sus compras y abstenciones de comprar. Es del todo contraproducente que los políticos prefieran la situación donde el diferencial sea menor con ingresos también menores para todos respecto a la situación en la que el delta es más grande pero los ingresos de todos resultan mayores. La envidia y la demagogia empujan a la primera de las situaciones descriptas en perjuicio de todos, especialmente de los más necesitados. Lo importante es que el promedio ponderado se eleve.”[2]

Desde otro ángulo, un fenómeno digno de mención es la vinculación entre la corrupción política, la moral social y la envidia. En tal sentido, el componente más importante que determina el voto a candidatos corruptos es uno que muy pocas veces se alude. Y es el principio moral de la sociedad. La corrupción aparece cuando la moral se relaja, como sucede en muchos países del mundo, lamentablemente. Cuando el electorado percibe que puede obtener ventajas de un político corrupto en función de -precisamente- su condición de corrupto, entonces su voto estará asegurado. En una sociedad virtuosa ocurrirá todo lo contrario. A su turno, existen sistemas socio-políticos que se encargan de corromper los valores morales, entre los cuales destaca por antonomasia el socialismo, con su prédica basada en la envidia y la hipocresía en no pocos casos. Esto socava los valores morales, implanta un relativismo moral y ético y deja las puertas abiertas a la más rampante de las corrupciones. Estoy convencido que este es el constituyente dominante. Es por esta razón que, existe un vínculo muy fuerte entre corrupción política y anticapitalismo.

Y eso ocurre porque la base del anticapitalismo es moral (o habría que decir mejor, antimoral). Los anticapitalistas lo son porque están alimentados por la envidia y el resentimiento hacia los exitosos, hacia los talentosos, contra el que sobresale en algo, lo que sea, no importa. En definitiva, este es el sofisma que destilan sus escritos y sus libros. Note el lector que es una constante en ellos. El primero de todos quizás, el que inició esta cruzada sistemática de envidia y resentimiento fue el padre intelectual de todos ellos, el mismísimo K. Marx. Luego lo siguió el no menos nefasto Keynes, quien bajo el *inocente* pretexto de querer *salvar* al capitalismo, intentó destruirlo.

“Por sugerencia de un ex alumno del doctorado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires que me envió el tape, acabo de escuchar una conferencia de Miguel Ángel Cornejo trasmitida desde Lima en el Estadio Nacional del Perú (ahora veo que hay varias de su autoría en Youtube). En estas líneas quiero mencionar uno de los ejes centrales de aquella presentación que estriba en su vehemente preocupación de que en nuestro continente latinoamericano en general se ha insistido hasta el cansancio que es una virtud el ser pobre y que constituye un galardón el sufrimiento. El orador dice que de este modo no vamos a ningún lado ya que esa actitud conduce al estancamiento cuando no al retroceso. Expresa Cornejo que se necesita una visión radicalmente distinta para progresar, cual es la admiración a los exitosos que han logrado sus sueños en base a procedimientos legítimos, cualquiera sea el ámbito de su acción. Decimos nosotros que, además del sano consejo de la emulación, se estimulan las tasas de capitalización (no la sandez del “efecto derrame”). Sostuvo con razón el orador que el lamento, la victimización, la envidia y el reclamo para que el fruto del trabajo de otros se destine coactivamente a paliar problemas son características destinadas a perpetuar el fracaso.”[3]

[1] Alberto Benegas Lynch (h). LA LLAMADA “CLASE SOCIAL” Y LA IDEA DE “RAZA”. Fuente: http://bit.ly/benegaslynch

[2] Alberto Benegas Lynch (h) “CONCENTRACIÓN DE RIQUEZA”. Fuente : http://bit.ly/benegaslynch1

[3] Alberto Benegas Lynch (h) “La fantasía del efecto derrame”. Fuente : http://bit.ly/benegaslynch3

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Economía: los interrogantes de la estrategia elegida

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 21/3/16 en: http://economiaparatodos.net/economia-los-interrogantes-de-la-estrategia-elegida/

 

Esa confianza inicial que tiene el gobierno es un capital político que yo lo invertiría para pagar el costo político de aplicar medidas “políticamente incorrectas”

No son pocas las veces que al ser entrevistado por algún periodista sobre el tema fiscal, afirmo que hay que bajar el gasto público. La respuesta inmediata es: ¿no hay otra forma de ordenar las cuentas públicas sin un ajuste salvaje? Utilizar la expresión ajuste salvaje ya refleja que se están usando frases hechas sin saber muy bien cuál es el problema. Pero avancemos un poco más en el diálogo con el periodismo.

Cuándo me preguntan si es necesario el ajuste salvaje, inmediatamente repregunto si quieren mantener esta carga impositiva. La respuesta automática del periodista es que no. Que la gente no puede seguir pagando estos impuestos. Obsérvese la primera contradicción. No quieren el “ajuste salvaje” pero tampoco quieren que la gente siga pagando estos impuestos disparatados. Ni se plantean cómo se financia el gasto público.

Cómo no saben cómo se financia el gasto, la nota pasa a ser un acto de docencia y entonces le pregunto al periodista: ok, si no financiamos el gasto con impuestos, ¿lo financiamos con emisión monetaria e inflación? Automáticamente saltan y dicen que bajo ningún punto de vista está proponiendo aumentar tasa de inflación.

¿Entonces nos endeudamos para financiar el gasto público? Le pregunto al periodista que se niega al ajuste salvaje del gasto y la respuesta es: nooo, no podemos endeudarnos.

En definitiva, no se entiende qué quieren de la vida. Por un lado no quieren bajar el gasto público porque tendría un costo social de gente desocupada, que en rigor ya es desocupada porque no produce nada útil para la sociedad, pero, al mismo tiempo quieren bajar los impuestos, la inflación y el endeudamiento.

Describo esta situación para mostrar que no solo entre los políticos hay populismo y discurso vacío. También encuentro bastante demagogia y verso por parte de periodistas que en vez de tratar de transmitirle la realidad de las cosas a la gente, juegan al populismo mediático.

Pero justamente siguiendo con el tema fiscal, no me queda muy en claro cómo va a resolverlo el gobierno. Por ahora parece apostar a la obra pública financiada con deuda externa para reactivar la economía al estilo keynesiano. Ahora bien, supongamos que durante un tiempo reactivan la economía, recaudan más impuestos, no bajan el gasto público pero la mayor recaudación les permite cerrar algo la brecha fiscal. El  día que se acabe el crédito externo para financiar la obra pública, se acaba la recaudación y la brecha fiscal vuelve a crecer. Es cierto que puede tirar un tiempo más tomando deuda externa para hacer obras públicas, pero también es cierto que es solo patear la pelota para adelante sin solucionar el problema de fondo. Al contrario, los intereses a pagar por la deuda aumentarán el gasto público dejando un problema mayor hacia el futuro.

Tampoco convence el argumento de Macri que con la confianza se resuelven los problemas porque se atraen las inversiones que harán crecer la economía en el largo plazo.

Es cierto que no hay posibilidad alguna de generar un flujo de inversiones hacia el país si no hay confianza, pero recordemos que la confianza es una condición necesaria pero no suficiente para atraer inversiones.

Sin duda que el ambiente de negocios ha cambiado notablemente desde que Macri ganó las elecciones. Hay otro clima de convivencia. Trato respetuoso por parte de los funcionarios públicos. Certeza de que los funcionarios del gobierno no cometerán las locuras que cometían personajes como Kicillof, Moreno o Aníbal. En definitiva, mayor racionalidad en los actos de gobierno.

Sin embargo, ese impulso inicial de mayor confianza, que incluso parece estar reflejándose en las encuestas que muestran muy alta la imagen del gobierno y creciendo, no es sustituto de las reformas estructurales. Y tampoco van a llegar las inversiones solo por la confianza inicial que está generando el gobierno.

Esa confianza inicial que tiene el gobierno es un capital político que yo lo invertiría para pagar el costo político de aplicar medidas “políticamente incorrectas” pero que son las que se necesitan para ir hacia el crecimiento.

Francamente no creo que vayan a llegar las inversiones con esta carga tributaria, con esta inflación y con esta incertidumbre cambiaria. El mejor clima de negocios y el ambiente político más amigable induce a analizar con mayor interés posibles inversiones en Argentina, pero que esos análisis se transformen en acciones concretas es otra historia.

Y aquí viene la gran pregunta: ¿es posible atraer inversiones sin profundas reformas en el sector público? Hubo casos de países que lograron crecer eliminando regulaciones y aplicando reducciones de impuestos sin tocar gran cosa el gasto público, pero en esos casos no se estaba en niveles de gasto público y presión tributaria récords como las que dejó el kirchnerismo. Mi duda es si con este nivel de gasto público y presión tributaria heredada del kirchnerismo es posible hacer crecer la economía.

Puesto en otras palabras: ¿pueden atraer inversiones de largo plazo en el sector real de la economía sin bajar la presión impositiva y la actual tasa de inflación? Y si no se pueden atraer inversiones con esta inflación y carga tributaria, ¿es posible bajarlas sin reducir el gasto público para atraer inversiones?

Creo que el camino elegido por Macri deja muchos interrogantes por delante que podrían deglutirse la confianza que actualmente genera el nuevo gobierno pero sin los beneficios de la inversión.

Nadie duda que un recorte de gasto público importante produciría conflictividad política y social. La pregunta es si el camino elegido por el gobierno no dilapida la confianza que hoy tiene pero llegando al final del camino sin confianza y sin reformas estructurales.

Tal vez me equivoque, pero tenemos dos problemas: 1) desconocemos el plan económico de corto y largo plazo y 2) observo un problema de comunicarle a la gente los problemas heredados y el camino a seguir que abriría la esperanza de un país mejor.

Obviamente, mi punto de vista es para el debate.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Diez aclaraciones un tanto impacientes sobre las mediciones de desigualdad

Por José Benegas. Publicado el 19/1/16 en: http://josebenegas.com/2016/01/19/diez-aclaraciones-un-tanto-impacientes-sobre-las-mediciones-de-desigualdad/

 

La excluyente moralina izquierdista está encantada con los resultados del índice de Oxfam (una buenísima respuesta aquí de Ramón Rallo), una ONG “buena”, que acumula causas nobles sobre la pobreza en el mundo. Perdonen que ponga entre comillas esa bondad, se que eso escandaliza a más de uno que se siente culpable de solo considerar que gente que reparte a los pobres pueda ser cuestionada, sobre todo porque no me tomé ni me tomaré el trabajo de contabilizar sus acciones. Ese antecedente es el que se usa para dar valor a sus observaciones, nunca en la historia la demagogia ha dado tanta impunidad. Está mal porque gente que recibe donaciones y las reparte usa el prestigio que eso da para difundir ideas que están incluso contra los que producen el dinero que reciben en donación, contra los intereses de la gente a la que asisten y solo opera en en función de su figuración y poder.

Definamos izquierda: sincretismo doctrinario, moral, esotérico y tribal parasitario, basado en culpabilizar la habilidad y el éxito, exacerbando el sentimiento de fracaso de la población con falsos dilemas.

Dicho esto, lo que de verdad se está confrontando es el modelo de falsa desgracia, parasitario, contra otro productivo. El hambre en el mundo no lo combaten las ONGs ni las iglesias, ni los grupos de voluntarios. Si en cambio lo hacen los millonarios a los que quieren señalar por la sencilla razón de que si ese proyecto productivo es es entendido como bueno, ellos, los culpabilizadores cuyo papel es juzgar, no tienen sentido de existir. Pero no porque sean impotentes para combatir el hambre, mi sospecha es que no les interesa tres pitos a esta altura. Están mucho más enfocados después de repartir y sacar fotos, en esta parte política con la que atraen toda la atención. Para lo que son impotentes es para ser buenos, que es el cartel que les interesa, porque ser buenos como quieren les da poder y sobre todo es gratis. Un poco de reparto de zapatillas por aquí y por allá y ya se sienten con derecho a juzgar lo que tienen los grandes millonarios. Es contra el peligro que representa esta gente que la Biblia sabiamente dice que hay que procurar que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. El cartel de bueno es abuso de poder, no es bondad.

Primera aclaración: Lo que tienen las ONGs es recursos para consumo. Sean esas zapatillas, alimentos, abrigo, lo que sea. Lo que tienen los millonarios si lo obtuvieron limpiamente, en su mayor medida son recursos de capital, que están produciendo entre otras cosas para combatir el hambre. Lo que ellos realizan se multiplica, lo que hacen las ONGs se termina en la primera operación.

Segunda aclaración: En el caso de los millonarios tanto lo que tienen para su propio consumo como lo que tienen invertido en bienes de capital destinados producir cosas útiles para la población, son el reflejo de transacciones en las cuales lo que recibieron a cambio quienes pagaron, fue superior a esa suma. Eso está en la lógica de toda transacción pacífica, ambas partes valora más lo que reciben que lo que dan y por eso intercambian. Esto implica que la comparación entre los más ricos y los más pobres es tramposa, porque la riqueza de los ricos contribuyó seguro a la menor pobreza de los pobres y no al revés como sugiere el estudio.

Tercera aclaración: La capacidad de consumo de una persona más allá de determinado nivel no sube demasiado. Tener cien o cincuenta mil millones de dólares en la cuenta, no hace que el que tenga la segunda suma coma mejor caviar que el de la primera. La diferencia está en que el segundo toma decisiones económicas que benefician a muchas más personas. Tiene mayor poder económico, no político. Digo benefician, algo que el resentimiento impide ver, porque bajo reglas de mercado no tienen capacidad de obligar a nadie a pagar por lo que ofrecen.

Cuarta aclaración: Cualquier poder ilegítimo que los millonarios tuvieran sería ejercido contando con apoyo de gobiernos. Estas organizaciones se desentienden por completo del poder del gobierno, más bien quiere que los gobiernos se ocupen de que los ricos no sean tan ricos. Eso les da poder a ellas y también a los gobiernos. El gobierno no tiene dinero, solo lo extrae, cada peso que acumula va en empobrecimiento de los individuos privados.

Quinta aclaración: Mientras por lo indicado antes la utilidad de los millonarios para el resto de la población se mide justamente por sus millones, que es lo que este estudio trata de convertir en problema, la de las ONGs se mide emocionalmente. Esa emoción está basada en la explotación de la culpa por lo que se tiene y la promoción del resentimiento. Desde el punto de vista de la superación de la pobreza, sus acciones se consumen en un acto, no promueven una solución ni un flujo permanente y sostenible y alteran la capacidad de subsistencia de los asistidos si se prolongan en el tiempo. Como bien lo señalaba Ayn Rand, el reparto de los repartidores no podría existir sin la previa actividad de los productores. Ni siquiera podemos afirmar que el dinero regalado no estaría mejor en una inversión o en sueldos para actividades productivas. Solo podemos considerar subjetivamente útiles los propósitos de los donantes y de los que reciben las donaciones; algo que queda entre ellos, que puede entenderse como producto de la cultura culposa. No se cuántas personas han dejado la pobreza por ser asistidas por ONGs, pero gracias al mundo empresario se puede decir que esta es la época de mayor riqueza general de la historia humana. Como dice Rallo, nada se dice de que las fortunas se concentran en los países que respetan medianamente la producción y la pobreza en los países que siguen las pautas morales o políticas de los igualadores. Pero hasta esos países son menos pobres gracias al valor que crean los que son capaces de producir.

Sexta aclaración: Si un cataclismo natural hiciera desaparecer a las 62 personas más ricas del planeta y a sus empresas, las otras se volverían más pobres, no más ricas.

Séptima aclaración: El asalto a los millonarios puede tener éxito como un solo acto de depredación, a partir de ahí tendría el mismo efecto que el cataclismo natural de la aclaración anterior.

Octava aclaración: Los ricos nos convienen para venderles bienes y servicios. Incluso los ricos ilegítimos como los gobiernos, cuya riqueza nunca se compara con la pobreza de la población, son utilizados como fuentes de recursos a cambio de servicios (en el segundo caso, ilegítimos).Sin ricos no solo no hay capitalismo, tampoco hay socialismo ni ONGs. Esta es la razón también por la que pululan organizaciones, académicos y periodistas que hacen comparaciones que lo único que logran es justificar al estado, del cual obtendrán algún favor, o culpabilizar a los que producen para quitarles dinero sin darles nada util a cambio más que un falso perdón. Hay una manera honesta de obtener dinero de los ricos, pero no es ninguna de las dos mencionadas.

Novena aclaración: En un mercado libre todos tenemos la posibilidad de ser Bill Gates, pero solo hay unos pocos que logran ser Bill Gates ¿Por qué? Porque el descubrimiento de la riqueza es difícil, lleno de riesgos y sin ninguna seguridad. Hacer aparecer a los ricos más ricos como privilegiados, es un trabajo de parásitos. Lo cierto es que no son privilegiados sino elegidos por consumidores que combaten su pobreza y que su triunfo explica en gran medida el avance de la humanidad y nuestro estándar de vida. Lo que estas ONGs pretenden es construir un sistema de elección paralelo al del mercado, donde los bienes no estén distribuidos en base a su productividad, sino a un criterio moral que ellos manejan, despreocupándose por completo del resultado, porque su único interés es el manejo en sí.

Décima aclaración. Si el capitalismo es injusto y genera por generación espontánea millonarios malos que explotan al mundo ¿Por qué razón los buenos no hacen empresas super exitosas y las usan para repartirnos sus frutos? Porque no tienen idea de como hacerlo, pero tampoco aceptan la realidad de que el mercado es un ámbito de libertades y de riesgos donde el mejor lugar para que esté la riqueza es en manos de quién la supo crear. Esto es bueno para ellos y también para todos los demás.

 

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.