¿Cómo Argentina se volvió rica?

Por Iván Carrino. Publicado el 16/5/19 en: https://contraeconomia.com/2019/05/como-argentina-se-volvio-rica/

 

En 1895, Argentina fue el país más rico del planeta.

Recientemente apareció en los medios de comunicación la noticia de que hace unos 124 años, nuestro país encabezó la lista mundial de ingreso per cápita.

¿Qué quiere decir esto? Que en 1895, de acuerdo con la medición más tradicional y establecida de la riqueza ciudadana que utilizan los economistas, Argentina era el mejor país del mundo. La riqueza promedio de un argentino fue, en ese año, superior a la de un norteamericano, un sueco, un canadiense… Bueno, superior a la de cualquier ciudadano de cualquier nación del planeta.

Conocida la novedad, no tardaron en aparecer análisis y comentarios acerca de “qué nos pasó”. Es que, claro, si alguna vez no solo estuvimos entre los países más prósperos del planeta, sino que llegamos a la cumbre máxima… ¿por qué hoy estamos en la tabla del descenso, luchando contra la pobreza, la inflación, la deuda y la decadencia?

La pregunta es interesante, pero creo que es mejor responder otra que lo es aún más. Es que, como decía Hayek, antes de entender por qué las cosas funcionan mal, debemos comprender cómo es que funcionan bien.

¿Por qué nos fue bien?

La visión liberal tradicional acerca del progreso argentino de fines del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX le asigna una importancia crucial a las instituciones.

En efecto, Argentina desde 1853 tenía una Constitución Nacional que se comprometía a “asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.

En su artículo 14, además, detallaba que todos los habitantes tenían derecho de:

Trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.

La Constitución de 1853, inspirada por Alberdi y la Constitución de Estados Unidos, promovía la libertad económica y ponía en cabeza del estado la protección de los derechos individuales.

Esto, en palabras de los autores Acemoglu y Robinson, constituía un entramado institucional “inclusivo”, que promovió el progreso material y el avance económico.

Ahora pensándolo un poco más, ¿será esta toda la explicación?

Otra teoría

Deirdre McCloskey es Doctora en Economía por la Universidad de Harvard. Este viernes y sábado visitará Buenos Aires para dar una serie de conferencias.

McCloskey es una mujer transgénero. En 1942 nació como Donald McCloskey y vivió hasta 1995 como un hombre. Estuvo casado con una mujer por treinta años y tiene dos hijos. Sin embargo, a sus 53 años, decidió cambiar y desde entonces es conocida como Deirdre.

En cuanto a su trabajo académico, fue profesora de la Universidad de Chicago entre 1968 y 1980, y hasta el 2015 dio clases de economía, historia e inglés en la Universidad de Illinois, también en la ciudad de Chicago. McCloskey saltó a la fama recientemente por la publicación de una extensa trilogía de libros en donde busca dar respuesta precisamente a la pregunta de por qué los países son ricos.

De acuerdo con la autora, hasta el año 1800 el ciudadano promedio en el mundo vivía con el equivalente a tres dólares diarios. No obstante, hoy en los países desarrollados ese número se ha multiplicado por un factor de treinta. Es decir, hay que explicar “el gran enriquecimiento” que ocurrió en las sociedades modernas.

Y, para McCloskey, no alcanza con apelar solo a las instituciones.

Revolución Cultural

Para entender este apabullante incremento en los niveles de vida a nivel global, la autora analiza diversas teorías. Por un lado, sostiene que en la izquierda explican al crecimiento como consecuencia de la “explotación”.

Marx y Engels, por ejemplo, dirían que así como el capitalista es rico porque explota al trabajador, los países desarrollados lo son pero porque explotan a los subdesarrollados. Para ellos la economía es un juego de suma cero, donde algunos ganan, pero otros necesariamente pierden.

Obviamente esta idea es contraria a los datos. Hoy somos muchas más personas en el mundo, y hay mucho menos pobreza.

La otra explicación para este gran enriquecimiento es la que dábamos al inicio. Son las buenas instituciones, que protegen los derechos individuales, las que generan incentivos para acumular capital. Y es la acumulación de capital la que mejora la productividad y, por tanto, el ingreso de las personas.

Si bien McCloskey no va a chocar directamente con esta tesis, sí va a sostener que no es del todo suficiente. Es que, como explica Alberto Mingardi:

Ella asevera que la acumulación de capital, colocar ladrillo sobre ladrillo, no era nada nuevo. Siempre existió la prudencia, el ahorro –y la avaricia, si es el caso. Pero, en cierto momento, la acumulación varió de hacer capital para comprar villas lujosas y fincas cada vez más extensas, a financiar maquinarias y fábricas. El capital fue utilizado para suplir un flujo sin fin de novedades, para beneficio de un número siempre creciente de consumidores.

¿Qué fue lo que pasó? Básicamente, que hubo una revolución cultural. Un cambio radical, aunque lento y extendido en el tiempo, en la forma en que la comunidad veía a la actividad comercial.

La tesis de la autora, entonces, es que previo a la Revolución Industrial, hubo un cambio cultural que le dio dignidad a las actividades productivas, al comercio y a la innovación. Antes el prestigio era solo otorgado a los guerreros, los nobles o el clero. Pero En Inglaterra y Holanda durante el Siglo XVII, ese prestigio también comenzó a ser dado a los comerciantes y empresarios.

Tuvo que ocurrir esa revolución cultural, para que las instituciones cambiaran, y el liberalismo promoviera la innovación que hizo explotar las tasas de crecimiento económico mundial.

Volviendo a Casa

Si lo que dice McCloskey es cierto, y son las actitudes hacia el comercio y el trabajo empresarial lo que determina el crecimiento de los países: ¿qué puede pasar en Argentina en el futuro?

La semana pasada, el dirigente Juan Grabois atacó a MercadoLibre, tildando a la empresa más exitosa del país de “contrabando, evasión” y abuso entre otras cosas… La polémica fue grande, y desde aquí le respondimos enérgicamente.

Unos días después, salió a pedir techo para las comisiones que la empresa les cobra a sus usuarios… Ahora lo curioso es que algunos tuiteros “de derecha”, si bien críticos con Grabois, también salieron a criticar a MercadoLibre por recibir injustos beneficios del gobierno.

Mi conclusión es que en Argentina si a tu empresa le va bien, te correrán por izquierda porque explotás a la gente, o te correrán por derecha porque “seguramente” el gobierno te dio algún privilegio.

Si esta es la actitud argentina hacia el comercio y la actividad empresarial, entonces probablemente sigamos empantanados y decayendo, muy lejos de lo que alguna vez supimos ser.

PD: Deirdre McCloskey se presentará en la Universidad del CEMA este viernes 17 de mayo a las 17:30 hs., en un evento organizado conjuntamente con la Fundación Libertad. Para participar de la charla, inscribite aquí.

 

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

5 grandes mitos en las venas abiertas de América Latina

Por Adrián Ravier: Publicado el 3/10/17 en: https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/5-grandes-mitos-en-las-venas-abiertas-de-america-latina

 

Eduardo Galeano tenía una pluma extraordinaria. Sus novelas y cuentos siguen deslumbrando al mundo hispano, aunque su clásico de historia titulado Las venas abiertas de América Latina haya tenido como resultado un lamentable impulso para una mentalidad anticapitalista que todavía predomina en la región. Este libro, que el autor escribiera siendo demasiado joven, fue prohibido durante las dictaduras de los años 1970, lo que contribuyó en convertirlo en un libro obligado en muchos colegios secundarios cuando recuperamos la democracia.

Me propongo a continuación desmantelar brevemente los mitos que Galeano presenta en aquel libro, los que se pueden resumir en las siguientes cinco ideas.

1. Ha existido una continua política de saqueo desde la época de la Colonia hasta nuestros días.

Galeano plantea en este libro una línea continua desde el saqueo de metales preciosos –en particular en la forma de oro y plata- generada por los conquistadores en los siglos XVI, XVII y XVIII, hasta los réditos que obtienen empresas multinacionales como General Motors en los siglos XX y XXI.

Lo cierto, sin embargo, es que esta línea continua constituye un mito. Mientras los conquistadores hicieron uso de la fuerza y la violencia para obtener los metales, General Motors y otras empresas multinacionales ofrecen intercambios voluntarios y pacíficos que enriquecen las regiones en las que se introducen ofreciendo inversiones, innovaciones, know how, trabajo y demás.

2. Fue precisamente ese saqueo el que impulsó el mayor desarrollo relativo europeo respecto de Latinoamérica.

Si uno considera hoy el mayor retraso relativo de España y Portugal en relación con sus vecinos europeos no parece haber razón en esta hipótesis. Más bien, los metales preciosos que llegaban a estos dos países permitieron incrementar el consumo de corto plazo, pero condenaron su futuro industrial. Por el contrario, otros autores como Deirdre McCloskey explican que el mayor desarrollo económico de Europa se explica por otras fuentes, a saber, el mayor espacio y dignidad que recibieron los mercaderes e inventores para que sus proyectos pudieran florecer, a medida que se eliminaban controles y regulaciones.

3. El orden económico vigente no es la consecuencia de un orden espontáneo, sino un orden generado a través de la planificación central americana, primero con el cuerpo de políticas gubernamentales, y luego con los tentáculos de las empresas multinacionales que saquean a todos los países en los que se introducen.

No seremos tan ingenuos de creer que Estados Unidos y ciertas potencias no participan en la formación del orden económico vigente. Seguramente lo hacen, y especialmente a partir del momento en que Estados Unidos abandona su política exterior de “no-intervención”, y más bien interviene en todos los conflictos militares y políticos que se generan en el mundo.

Pero asumir que cada empresa multinacional que se introduce en nuestra región es el medio para continuar con el saqueo de otros tiempos, constituye un exceso. Pienso más bien que confluyen en el orden económico vigente ciertos órdenes espontáneos, formando instituciones como el lenguaje, el derecho, el comercio, el dinero o la globalización, con otros factores políticos que vienen diagramados desde el norte.

4. La culpa de nuestros males (pobreza, indigencia, desocupación extendida) es del mundo desarrollado. Nuestra pobreza es la contrapartida de la riqueza de los países centrales.

Quizás lo más peligroso de aceptar el punto anterior, es justamente pensar que nuestros males son producidos por cuestiones ajenas a nuestras decisiones. Estados Unidos y Europa no deciden nuestro futuro, y debemos hacer un mea culpa nosotros mismos de los errores que hemos cometido. Los intercambios voluntarios son un juego de suma positiva, donde ambas partes ganan. Si intercambiamos nuestro trabajo con el de nuestros vecinos y eso nos genera mayor riqueza, ¿por qué pensamos que una frontera política puede cambiar el resultado del mismo proceso? Nuestra pobreza no es la riqueza de los países centrales, sino la consecuencia de no haber sabido crear un contexto favorable a la inversión y a la formación de capital, como sí ocurrió en Europa a partir de lo que comentamos arriba es la tesis de McCloskey.

5. La única forma de interrumpir este proceso y darle esperanza a los pueblos latinoamericanos, es a través de la violencia, expropiando la propiedad privada de los medios de producción a quienes han abusado de él.

Quizás sorprenda al lector que Galeano suscriba las siguientes palabras de Josué de Castro: “Yo, que he recibido un premio internacional de la paz, pienso que, infelizmente, no hay otra solución que la violencia para América Latina”. Sus palabras a favor de la revolución cubana, acompañaron y justificaron el ataque a innumerables derechos humanos de los cubanos que aun hoy sufren las consecuencias de una dictadura, carentes de libertades individuales fundamentales.

Los países latinoamericanos tienen dos opciones. O somos parte del mundo, o nos mantenemos ajenos a él. Y la experiencia muestra que mantenerse aislados o ajenos a él, no trae buenas consecuencias para el pueblo. Más bien, pienso que debemos aprovechar la división internacional del trabajo y la globalización, integrar los mercados y aprovechar los beneficios del intercambio, que siempre genera valor para sus participantes.

En sus últimos comentarios sobre Las venas abiertas Galeano señaló: “Yo no sería capaz de leer el libro de nuevo. Para mí esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima. […] Fue el resultado de un intento de un joven de 18 años de escribir un libro sobre economía política sin conocer debidamente el tema. […] Yo no tenía la formación necesaria. No estoy arrepentido de haberlo escrito pero fue una etapa que, para mí, está superada”.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Orgullo y beneficio

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 29/6/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/orgullo-y-beneficio/

 

Desde hace mucho tiempo se ha asociado a Jane Austen con Adam Smith. La novelista inglesa no cita al economista y filósofo escocés (ni a nadie), pero hace medio siglo Kenneth Moler observó que la distinción sobre vanidad y orgullo que traza Mary Bennet en Orgullo y Prejuicio es casi idéntica a la presentada por Smith en La teoría de los sentimientos morales. Y los especialistas han continuado ese camino hasta hoy, con el notable libro Pride and Profit. The Intersection of Jane Austen and Adam Smith, de Cecil E. Bohanon y Michelle Albert Vachris (Rowman and Littlefield, 2015).

El centro del libro es la asociación de cada una de las seis novelas publicadas de Austen con temas de Adam Smith. De Sentido y Sensibilidad destacan el autocontrol de Elinor Dashwood, “un modelo de virtud smithiana”. De Mansfield Park subrayan la prudencia, la benevolencia y la justicia, esa “trinidad de virtudes” que aplaudirían Smith y Austen. En Persuasión analizan la vanidad, y el orgullo obviamente en Orgullo y Prejuicio. Apuntan a la codicia y los compromisos en La Abadía de Northanger, y a la persona doctrinaria (man of system) en Emma.

Analizan también la realidad económica en los años de Smith y Austen, revisando las rentas de la tierra y las vinculaciones; también la imagen del mundo de los negocios en ambos autores; los estratos sociales; y la adopción de lo que Deirdre McCloskey llama “las virtudes burguesas”

Algunos autores de izquierdas han intentado revitalizar la vieja idea del antiliberalismo de Adam Smith, y hace poco el famoso Thomas Piketty utilizó a Jane Austen para ilustrar los rigores de la pobreza y la desigualdad en el capitalismo inglés decimonónico. Ambos intentos tienen poco fundamento, como he intentado demostrar en dos ensayos recientes (véanse “Otro problema de Adam Smith” y “Piketty misreads Austen” aquí: http://www.carlosrodriguezbraun.com/otras-publicaciones/).

El documentado libro de Bohanon y Vachris prueba que las “intersecciones” entre Smith y Austen son abundantes. Es verdad que sus vidas apenas se solaparon quince años, pero defendían ideas comunes, como el reconocimiento del progreso económico y el aprecio por el mercado y las instituciones liberales.

Las lecciones que podemos aprender hoy de la escritora y el economista son para ellos las siguientes: “Desarrollar el auto-control sobre nuestras pasiones para vivir una vida que equilibre el sentido y la sensibilidad. Ser prudentes en nuestras acciones pero nunca mezquinos. Ser benevolentes con nuestros seres queridos, y justos con todos. Estar orgullosos de nuestros logros genuinos, pero nunca vanidosos ni avaros. Respetar a las personas respetables. Y, por fin, atesorar estos temas de la Ilustración en nuestro corazón pensando por nosotros mismos, tolerando a los demás, y procurando siempre mejorar”. Probablemente algunos filósofos, economistas o novelistas estarían en desacuerdo. Adam Smith y Jane Austen, no.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Entrevista a Carlos Rodriguez Braun:

Publicada el 29/10/14 en http://www.empresasbandera.com/twecos-credito-y-caucion-carlos-rodriguez-braun/ 

 

Además de desvelar las claves de la economía en sus múltiples artículos, conferencias e intervenciones públicas, usted también es profesor. ¿Qué es lo primero que enseña a sus alumnos?

Mi asignatura es Historia del Pensamiento Económico, así que lo primero que hago es explicarles por qué puede resultar interesante para un economista. Les pido que comparen nuestra profesión con otras: un neurocirujano o un físico o un químico pueden ser excelentes expertos sin saber cómo se realizaba una trepanación, un cálculo o un experimento en la Edad Media. Pero si la economía es una ciencia, lo que está abierto a discusión, evidentemente no es como las demás, en las que los profesionales pueden confiar en que toda o casi toda la sabiduría anterior ha sido ya incorporada a la disciplina en su actual estadio de desarrollo y, por tanto, el futuro neurocirujano no obtendrá un provecho apreciable si estudia las trepanaciones medievales. En cambio, los economistas sí podemos aprender de los aciertos y errores de quienes nos precedieron. Algo parecido les sucede a los abogados, que siguen estudiando Derecho Romano, y desde luego no lo hacen por mera curiosidad.

En uno de sus últimos artículos, advierte de que el análisis de los mercados no es sencillo y afirma que en la actualidad se va aproximando a una profesión de alto riesgo. ¿Es cada vez más difícil acertar el futuro, aunque sea el inmediato?

Como recuerda con crueldad y acierto Deirdre McCloskey: “if you are so clever, why aren’t you rich?”. Los economistas y analistas no conocemos el futuro: si lo conociéramos seríamos realmente los más ricos del lugar, y es evidente que no lo somos. Mi advertencia no iba sólo contra la pretensión absurda de saber lo que va a pasar en los tiempos venideros, sino que añadía un mensaje de precaución: en los momentos de volatilidad en los mercados, los análisis que buscan conclusiones más o menos nítidas e incuestionables son peligrosos, porque si empleamos los argumentos A, B y C para explicar por qué hoy la Bolsa sube, tendremos mucha dificultad en explicar por qué baja mañana, cuando las circunstancias explicativas A, B y C permanecen intactas.

¿Se puede afirmar con rotundidad que el ajuste del sector privado ha concluido en España?

En economía conviene no afirmar nada con rotundidad (salvo, quizá, esto que acabo de afirmar…). Sin embargo, el tiempo transcurrido, el enorme coste soportado en términos de millones de empleos perdidos y decenas de miles de empresas que han debido cerrar, y las señales de recuperación en varios ámbitos de la actividad económica, sugieren que, efectivamente, el sector privado puede haber completado o casi completado su ajuste en nuestro país.

¿Qué otros pasos quedan por dar para acelerar la recuperación?

Los mismos pasos que los Gobiernos de PSOE y PP debieron dar y no dieron. Es decir, la reducción del gasto público, del déficit y de la deuda, por un lado, y la apertura de los mercados, por otro. Los Gobiernos de Rodríguez Zapatero y Rajoy hicieron lo contrario  y por la misma razón: subieron los impuestos y no redujeron el gasto público para “preservar el Estado del Bienestar”. Esa enorme irresponsabilidad abortó la débil recuperación de 2009-2011, y quiera Dios que no termine por hacer lo propio ahora.

Algunos están convencidos de que las recesiones profundas dan lugar a recuperaciones débiles ¿Es el caso en nuestro país?

La evidencia empírica no demuestra de modo concluyente esa correspondencia, sugerida más bien por el sentido común. Supongamos que este gobierno y el anterior hubiesen sido responsables y hubiesen recortado el gasto público sin subir ni un impuesto: el derrumbe en la actividad económica habría sido igual o quizá mayor, pero también la recuperación habría sido menos débil.

¿Qué sabe del seguro de crédito y del papel que está jugando en esta crisis?

En la medida en que protege a los acreedores solventes contra el impago de los créditos comerciales, el seguro de crédito siempre es económica y financieramente útil, y especialmente en épocas de crisis, cuando este tipo de incidencias naturalmente tienden a extenderse. En estos últimos años, sin embargo, ha habido abusos considerables en el caso concreto de los CDS, que no son precisamente un seguro de crédito, pero que han sido quizá el flanco más débil por donde la expansión monetaria orquestada por los bancos centrales ha afectado al mundo del seguro.

Entrevista realizada por Javier Labiano

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.