Cinco obstáculos que sigue viendo el mercado para rebotar

Por Adrián Ravier.  Publicado el 5/9/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/09/05/cinco-obstaculos-que-sigue-viendo-el-mercado-para-rebotar/

 

Los anuncios del lunes a la mañana fueron, a grandes rasgos, correctos. Mauricio Macri se ocupó de la política, hablando con el corazón, mientras que Nicolás Dujovne ofreció las medidas técnicas para alcanzar equilibrio fiscal primario en el próximo presupuesto 2019, lo que el oficialismo entiende que es la madre de todos los problemas.

Del 2,7% de déficit fiscal primario sobre PBI se financiará la mitad con nuevos impuestos, especialmente con las retenciones a las exportaciones; mientras que la otra mitad se fundamenta en recortes de obra pública y un achicamiento de la estructura del Estado, reduciendo la cantidad de ministerios. El planteo me parece correcto, porque una reducción del déficit fiscal permite reducir la dependencia del financiamiento externo, en un momento en que los inversores prefieren abandonar las economías emergentes y buscar activos más seguros. Con equilibrio fiscal ya no se requiere monetizar, lo que ayuda a paliar la inflación. Tampoco se requiere seguir tomando deuda, y las tasas de interés pueden empezar a bajar para financiar proyectos de inversión reales. Con equilibrio fiscal, además, se puede empezar a revisar la estructura tributaria, y evaluar su reducción y simplificación.

El mercado, sin embargo, miró para otro lado y el dólar siguió escalando. ¿Qué faltó? A la estanflación que vive la Argentina desde hace algunos meses se suman al menos cinco condimentos:

1.¿Más impuestos? Si algo necesita la economía real, es menos impuestos, no más. Que la mitad de la corrección del déficit fiscal primario sea por medio de más recaudación en lugar de baja del gasto nunca es una buena señal para el mercado. En especial cuando las medidas revierten el rumbo que se había tomado durante este mismo gobierno.

2.Déficit financiero. El déficit cero por el que trabajará el Gobierno en 2019 es el primario, pero eso no incluye los intereses de deuda. Hace tiempo que los economistas señalamos que las metas deben ser sobre el déficit financiero, que incluye estos intereses en dólares, en lugar del déficit primario. Por otro lado, el Gobierno minimiza la importancia de los intereses de deuda, relacionándolos siempre con respecto al PBI, en lugar de hacerlo frente a la recaudación. El número es preocupante, especialmente después de la devaluación, porque los intereses son en dólares y la recaudación, en pesos.

3.Renegociación con el FMI. El acuerdo con el Fondo exigía que la tasa de inflación no supere el 32% en este 2018. Las estimaciones tras la nueva crisis cambiaria muestran que la inflación superará ampliamente este valor, incluso trepando arriba del 40 por ciento. Dujovne viaja a Washington y renegociará las condiciones. Si vuelve con apoyo para mantener el acuerdo y adelantar fondos, esto puede contribuir a tranquilizar a los mercados.

4.Credibilidad y cambio de nombres. Si bien se redujo la estructura del Estado y algunos ministros pasarán a ser secretarios, no se observan caras nuevas. Los ministros actuales han perdido credibilidad y llevará tiempo que puedan reconstruirla. Un cambio de nombres que contengan esa credibilidad permitiría dar confianza al mercado de que los anuncios no serán solo palabras.

5.Elecciones 2019. No hay garantías, sin embargo, de que avances en estos tres frentes sean suficientes para el mercado, porque Macri está debilitado para las elecciones 2019, y el mercado ya descuenta el riesgo de un cambio de gestión.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

“La Argentina necesita más política que economía”

Por Adrián Ravier.  Publicado el 3/9/18 en: https://www.lagaceta.com.ar/nota/782442/actualidad/argentina-necesita-mas-politica-economia.html

 

“La Argentina necesita barajar y dar de nuevo. Es un concepto más que usado, pero es el que mejor se adapta a la realidad económica del país. Sencillamente porque la gestión del presidente Mauricio Macri necesita imperiosamente bajar el déficit fiscal; no tiene otro camino para seguir”, señaló a LA GACETA Adrián Ravier, doctor en Economía AplicadaSegún el especialista, en las actuales circunstancias de la Argentina, se requiere más “política que economía”. Y así lo señaló durante la entrevista que mantuvo con nuestro diario.

-¿Qué tanto puede convencer al Fondo Monetario Internacional los cambios instrumentados?

-Es pronto para decirlo. Lo que surge en los medios son especulaciones. Se difundió un ajuste profundo en el Estado para reducir las necesidades de financiamiento, lo que en definitiva implicaría recurrir a una propuesta más liberal para enfrentar la crisis. Todo esto sería correcto. Lo que puede preocupar en el mercado es la posibilidad de volver a aplicar retenciones para reducir el desequilibrio fiscal. Tenemos que entender que el problema no es sólo el déficit fiscal, sino el tamaño del gasto público. El déficit hay que bajarlo reduciendo el gasto, no aumentando impuestos, porque la presión tributaria es excesiva y eso contribuye a paralizar la actividad económica.

-¿Cómo puede reaccionar el mercado?

-Puede haber un rebote positivo. La caída del Merval y de los bonos argentinos puede parecer excesiva para sus fundamentos. Pero hay que aclarar varias cuestiones. La devaluación te resuelve el problema del déficit de cuenta corriente, e incluso te permite mejorar las cuentas públicas, para mostrar un menor déficit fiscal primario, porque se licúa el gasto. Pero al mismo tiempo contribuye a acelerar la inflación, que ahora puede terminar arriba del 40% en este año, y a contraer aun más la actividad económica. El mercado debe colocar sobre la mesa las buenas y malas noticias, y es difícil prever la reacción por los múltiples factores que lo afectan. Además, acá ya no se trata sólo de hablar de economía, porque empieza a jugar la política. Falta un año todavía para las elecciones generales, pero el mercado debe descontar el riesgo de este escenario electoral y también el posible cambio en la política económica.

-¿Es la solución o principio de solución?

-Me parece que a Cambiemos le faltaba ortodoxia. Macri parte de un buen diagnóstico, pero siempre encontró divididos a sus asesores entre “gradualismo y shock”, y entre mantener las cosas como estaban o enfrentar los problemas estructurales. Me parece que las especulaciones que hoy surgen dejan entrever que Macri apostaría ahora por un poco más de shock y de enfrentar los problemas estructurales. Reducir los ministerios de 20 a siete ya es toda una señal. Pero hay que ver si esto significa un recorte real en el excesivo gasto público, cómo cierra el año fiscal e inflacionario, y qué señales muestra el nuevo presupuesto 2019.

-¿Considera que hacen falta más medidas?

-Macri en estos tres años de gestión ha dado señales positivas en ciertos discursos que luego quedaron en palabras. Las especulaciones que observamos son señales y nada más. Luego hay que avanzar. Pienso que aun no se ha hecho nada, es decir que falta todo. El viaje a Washington traerá nuevas noticias sobre el acuerdo con el FMI y el financiamiento del déficit hasta diciembre de 2019, pero siguen habiendo incógnitas sobre el día después. Todavía no sabemos cómo será el Presupuesto 2019 y qué medidas tomaría este nuevo equipo económico. Si uno observa la recesión, el nivel de inflación, el déficit fiscal financiero, basta para comprender que los desafíos políticos y económicos son complejos.

-¿Qué hay que hacer para encarrilar el rumbo?

-A esta altura la Argentina necesita barajar y dar de nuevo. El presupuesto no puede ser un retoque del existente. Hay que desarrollar un presupuesto base cero. Repensar el Estado que queremos tener y podemos pagar. Si alcanzamos equilibrio fiscal, entonces podremos dejar de emitir y contener la inflación, y también dejar de endeudarnos y bajar las tasas de interés. En este contexto comienza un serio debate también para bajar los impuestos o privatizar el sistema de pensiones. Con estabilidad monetaria, bajas tasas de interés y con una menor presión tributaria el empresario tiene un contexto macroeconómico favorable para la inversión y para la generación de empleo. La cuestión técnica es muy sencilla, pero el problema es siempre político. Se requieren consensos y estamos en las puertas de un año electoral. El Presidente no puede sentarse a esperar que su equipo haga el trabajo. Tiene que encabezar cada decisión de sus ministros porque se requiere más política que economía.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Las consecuencias políticas, fiscales y económicas de la devaluación

Por Adrián Ravier.  Publicado el 26/7/18 en: https://www.lagaceta.com.ar/nota/778805/actualidad/consecuencias-politicas-fiscales-economicas-devaluacion.html?utm_source=Whatsapp&utm_medium=Social&utm_campaign=botonmovil

 

 

Argentina acudió al FMI durante la crisis cambiaria para que sostenga su endeble macroeconomía. El desembolso requerido, sin embargo, podía seguir la misma suerte que los U$S 10.000 millones que se perdieron en reservas en unas pocas semanas, si no se corregían previamente algunos fuertes desequilibrios. Para comprender esta situación podemos observar las dos cuentas de la balanza de pagos, que registran todas las operaciones que generan ingreso y egreso de divisas al país. Llevándolo a un plano más familiar para el lector, en la cuenta corriente, estaríamos observando todos los gastos de una familia. En la cuenta capital estaríamos viendo cómo se financian. La balanza comercial de esta familia, está mostrando que compran más bienes de los que venden, al tiempo que salen de vacaciones con cierta periodicidad. Si estos gastos fueran cubiertos con ingresos genuinos, como inversión extranjera directa, entonces estaríamos hablando de una familia que se da una buena vida, pero que se justifica en el trabajo de sus miembros. Pero si esta buena vida se da como consecuencia de un enorme endeudamiento, entonces los economistas debemos alertar de la situación.

Para que el desembolso del FMI no vaya a consumo o turismo, era necesario reconocer un tipo de cambio más alto de tal forma de encarecer la adquisición de dólares que se obtienen para ambos destinos. Para ello bastaba con correrse de esa posición que el Banco Central -en tiempos de Federico Sturzenegger- había asumido tras el levantamiento del cepo cambiario, es decir, de intervenir en el mercado cambiario cada vez que veían que la divisa encarecía su cotización.

Algunos economistas cuestionaron la existencia del atraso cambiario, pero no hay otro modo de explicar el mayor déficit de cuenta corriente de nuestra historia sin ese dólar contenido por el enorme endeudamiento. Manteniendo la atención sobre los desequilibrios macroeconómicos, la devaluación además causó una licuación de los salarios reales de los trabajadores (privados y públicos) que le permitirían al gobierno mostrar una mejor situación fiscal respecto del año anterior. Así, las estimaciones muestran una reducción del déficit fiscal primario que a diciembre estará por debajo del 2%, haciendo creíble quizás un equilibrio primario para fines de 2019. Muchos analistas han advertido, y yo coincido, que el déficit que debemos observar no es el primario sino el financiero, el que incluye los intereses de deuda; pero allí también observamos que 2018 terminaría con un desequilibrio menor, ahora de 5 % del PBI, reduciéndose para 2019 en paralelo con las metas sobre el déficit primario.

Lo que la política económica argentina jamás logró por la vía de ajustes en los ingresos nominales o en la reducción de personal del Estado, siempre lo consiguió por la vía de la inflación, con devaluaciones que pueden corregir parcial y temporalmente algunos desequilibrios macroeconómicos, pero que no resuelven los problemas estructurales.

Lo que comprendió el gobierno es que el número de personas que trabaja en el Estado es excesivo para los ingresos de los argentinos, y que la única forma de sostener la situación es deprimiendo sus ingresos en términos reales. La situación es compleja, y despierta en el sindicalismo argentino una obvia reacción que generará tensiones continuas y dolorosas desde el punto de vista político y social.

Lo importante, sin embargo, es aprovechar esta nueva circunstancia de crisis para corregir los desequilibrios de fondo. Luis Caputo reemplazó a Sturzenegger y ya parece haber iniciado una política de contracción monetaria que se establece sobre agregados monetarios, además de las metas sobre tasas de interés, y con ello garantiza una baja de la inflación. Recordemos que el presidente Mauricio Macri había dicho que 2019 mostrará una baja de 10 puntos en la inflación, pero no olvidemos que al cierre de este año la tasa estaría por encima del 32% anual. Una inflación para el cierre de su gobierno en torno al 22% es bastante poco respecto de lo que se esperaba de su primer mandato.

Por el lado fiscal, alcanzar el equilibrio fiscal primario en el año electoral es un desafío fundamental de este gobierno, lo que resulta creíble si en 2019 la economía se recupera de la devaluación reciente y mejora fuertemente la recaudación.

Los manuales de economía tienen lecciones básicas y fundamentales sobre el impacto de cualquier devaluación. Argentina no escapa a estos conceptos. Pero debemos recordar que toda devaluación puede ajustar desequilibrios parcial y temporalmente trasladando el costo a los trabajadores, que ven reducidos sus ingresos en términos reales.

Para evitar seguir en esta dinámica que ya lleva décadas, Argentina tiene que definir un tamaño del Estado que pueda pagarse con menos impuestos de los hoy existentes, sin necesidad de tomar deuda para sostenerlo y sin monetizar sus excesos. Ese es el desafío que debemos priorizar para la década de 2020.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Los números fiscales indican que hay que acelerar el gradualismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 23/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/23/los-numeros-fiscales-indican-que-hay-que-acelerar-el-gradualismo/

 

La semana pasada el ministro Nicolás Dujovne presentó las cifras de diciembre y de todo 2017

 

Como era de esperar, Hacienda presentó un panorama fiscal alentador donde muestra un sobrecumplimiento de la meta de reducción del déficit fiscal primario, que en vez de ser 4,2% de PBI terminó siendo 3,9% de PBI en vez del 4,2% que se había puesto como meta.

En 2016 el déficit fiscal primario, es decir, sin considerar los intereses de la deuda pública, fue del 4,3% del PBI, con lo cual la reducción del déficit fiscal fue de 0,4% del PBI.

El problema es que el gradualismo requiere de financiamiento del déficit fiscal mientras el Gobierno se toma su tiempo para bajarlo. Es decir, hay un costo financiero por escapar al shock que son los intereses de la deuda pública que hay que pagar mientras se llega al equilibrio fiscal.

En 2016, los intereses de la deuda pública (sin considerar los intereses de la gasto cuasifiscal que genera el Banco Central) fueron 1,6% del PBI y en 2017 subió a 2,2% del PBI. Es decir, el gasto financiero aumentó 0,6 puntos del PBI contra una baja del déficit primario de 0,4 puntos del PBI.

En otras palabras, el rojo fiscal, incluyendo los intereses de la deuda, como corresponde, fue del 5,9% de PBI y del 6,1% del PBI, lo que significa que el modelo gradualista, tal cual está planteado, no converge hacia el equilibrio.

El debate ya deja de ser cuánto tiempo nos financian desde afuera para ir bajando gradualmente el déficit fiscal, sino que, de acuerdo a los datos de 2017, hay que preguntarse si nos van a financiar un desequilibrio fiscal creciente.

Y por favor que no me vengan con la historia de que los intereses se refinancian. Ya tuvimos varias experiencias al respecto para saber que no nos financian cualquier nivel de déficit fiscal.

Insisto, aquí el problema del ritmo de gradualismo que aplica el Gobierno conduce a un aumento del déficit fiscal y no a una baja. Aclaro lo del ritmo de gradualismo porque es obvio que no todos los cambios se pueden hacer de un día para otro, pero tener un rumbo de cambio es fundamental y, lamentablemente, no se observa ese rumbo de cambio en materia fiscal, y si lo hay es muy leve donde el peso del ajuste recae por completo sobre el sector privado lo cual impide tener tasas de crecimiento económico sostenidas.

Veamos un par de números

El gasto en subsidios económicos (tarifas de luz, agua, gas, etc.) se redujo en $65.466 millones en 2017 respecto a 2016. Esto es producto del incremento de las tarifas de los servicios públicos, pero el gasto en subsidios sociales como AUH, Argentina Trabaja, Pensiones no contributivas, etc. aumentó $82.267 millones. Todo lo que se ahorró de gasto y que salió del bolsillo del consumidor fue a parar a más subsidios sociales, incluso un 26% más, cuando en rigor debería haber disminuido la presión impositiva. Es importante aclarar que en ese incremento no se incluyen las mayores erogaciones por jubilaciones y pensiones.

En otras palabras, la gente paga más por la luz, el gas, el transporte, etc. pero la idea debería ser que el menor gasto por la reducción de subsidios económicos se tradujera en menor carga impositiva o por lo menos en una reducción final del déficit fiscal.

(Adrián Escandar)

(Adrián Escandar)

Vale la pena aclarar que si el Gobierno destina cada vez más dinero a planes sociales, lejos estamos de transitar una política económica exitosa, entendiendo por exitosa una política económica que cada vez más gente se mantiene gracias al fruto de su trabajo y no de subsidios sociales.

Suele argumentarse que no se puede ir más rápido porque si se recortaran los planes sociales o se redujera el número de empleados públicos habría un estallido social y se perdería gobernabilidad. Uno nunca sabe si este es un argumento para continuar con cierto grado de populismo que permita seguir ganando elecciones o si realmente hay temor a adoptar esas medidas.

Sí podemos afirmar que no va a haber financiamiento indefinido para esta política fiscal populista. Puesto de otra forma, es cierto que el Gobierno quitó el cepo cambiario, eliminó los controles de precios y se respira un aire de menores regulaciones, pero en lo fiscal no se observan cambios contundentes. Por otro lado, como siempre sostengo, es preferible endeudarse para bajar el gasto público, mejorar rápidamente el flanco fiscal y despejar el horizonte de dudas que hay respecto a ese punto, que continuar endeudándose para cubrir el déficit fiscal.

Considerando que los números fiscales no tienden a cerrar, el argumento que si se hace otra cosa los opositores le prenden fuego al país es ridículo, porque uno podría decir que es cambiar un incendio de la oposición por el incendio que puede producirse si se corta el financiamiento externo para cubrir unas cuentas públicas que no tienden a cerrar sino que tienden a ampliar la brecha fiscal.

Justamente, el presidente Mauricio Macri acaba de iniciar un viaje para, entre otras cosas, tratar de captar inversiones. Pasamos de la lluvia de inversiones a la danza de la lluvia de Les Luthiers. La realidad es que no hace falta hacer ningún viaje. Los inversores en el exterior saben muy bien la situación económica y política del país. Afuera también hay internet y se sabe que las cuentas fiscales no cierran.

El inversor externo y el local saben que ya no existen las locuras de Moreno, las torpezas de Kicillof o las arbitrariedades de Cristina Fernández. Pero esas son condiciones necesarias pero no suficientes para invertir en Argentina. Porque los inversores miran y saben que la presión impositiva es la misma, la legislación laboral es similar y la inconsistencia fiscal sigue estando presente.

En síntesis, nadie pide cambiar 70 años de decadencia en dos años de gobierno de Cambiemos. Lo que se pide es que el Gobierno tome conciencia que este ritmo de gradualismo no lleva a buen puerto.

 Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE