Nuevo análisis del bien común

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/09/nuevo-analisis-del-bien-comun.html

El bien común (también denominado bien general, colectivo, etc.) es ese concepto del que hemos hablado muchas veces, y que es el preferido por aquellos autores que profesan su profunda antipatía o manifiesta hostilidad hacia el capitalismo y/o liberalismo. Es el que proverbialmente se presenta como opuesto al bien particular o individual.

Tradicionalmente -y con especial énfasis por parte de los cultores del derecho- se lo muestra como un bien «superior», ajeno y por encima de los bienes particulares o individuales y por completo separado de estos como si fuera una entelequia incorpórea que se moviera en una esfera invisible pero –curiosamente- cuya especial visibilidad estaría reservada sólo a algunos que serían los únicos capaces de identificarlo y definirlo. Por supuesto, estos serían los directores sociales, encargados de aplicarlo, cuestión difícil de comprender, ya que ¿cómo podrían aplicar e identificar algo que para el resto de los seres humanos resultaría invisible e indefinible pero para ellos no? Y por sobre todo ¿por qué no?

Su discusión es muy antigua y ha sido tratada por los más diversos autores de todas las épocas. Y hubo originado las exposiciones más incongruentes que se pudieran encontrar. Un famoso premio Nobel de economía nos relata un significativo episodio al respecto:

«Es lamentable, pero característico de la confusión en que muchos de nuestros intelectuales han caído por la contradicción interior entre sus ideales, ver que un destacado defensor de la planificación central más amplia, Mr. H. G. Wells, haya escrito también una ardiente defensa de los derechos del hombre. Los derechos individuales que Mr. Wells espera salvar se verán obstruidos inevitablemente por la planificación que desea. Hasta cierto punto, parece advertir el dilema, por eso los preceptos de su «Declaración de los Derechos del Hombre» resultan tan envueltos en distingos que pierden toda significación. Mientras, por ejemplo, su Declaración proclama que todo hombre «tendrá derecho a comprar y vender sin ninguna restricción discriminatoria todo aquello que pueda legalmente ser comprado y vendido;» lo cual es excelente, inmediatamente invalida por completo el precepto al añadir que se aplica sólo a la compra y la venta «de aquellas cantidades y con aquellas limitaciones que sean compatibles con el bienestar común». Pero como, por supuesto, toda restricción alguna vez impuesta a la compra o la venta de cualquier cosa se estableció por considerarla necesaria para «el bien común», no hay en realidad restricción alguna que esta cláusula efectivamente impida, ni derecho individual que quede salvaguardado por ella.»[1]

Este rico pasaje de una obra imperecedera nos deja muchas enseñanzas, sobre todo por su gran actualidad a pesar de la época de su publicación, porque la discusión sigue siendo muy presente. Denota el conflicto interno (hasta cierto punto perceptible) entre los partidarios del socialismo -como el sr. Wells- por no poder compatibilizar el sistema que propician con los derechos individuales que también quieren defender. Resulta evidente que tales personas -a pesar de su condición de intelectuales- no han hecho los estudios necesarios y adecuados en campos tales como la economía que, de haberlos llevado a cabo, les hubieran echado mucha luz respecto de la incompatibilidad entre la planificación central (otra manera de denominar al socialismo) y los derechos individuales (no utilizamos la expresión «derechos humanos» por resultar un pleonasmo, habida cuenta que los derechos siempre son humanos, no existiendo un «derecho mineral», «animal» ni «vegetal»).

Observamos, por lo pronto, que el sr. Wells partía de la base de un sistema suma cero (usando terminología de la teoría de los juegos). También parece que por el término «bienestar común» quería referirse a todas las demás personas diferentes a ese hombre hipotético al cual pretendía otorgarle el derecho de «comprar y vender sin ninguna restricción discriminatoria todo aquello que pueda legalmente ser comprado y vendido» lo que claramente entra en abierta contradicción con su expresión inicial de «todo hombre», porque si dentro del concepto de «bien común» no se encuentra «todo hombre» ¿que podría tener de «común» ese supuesto «bienestar»?-

Este conflicto nace de suponer que el bien común y el individual son cosas diferentes, cuando resulta falso que lo sean. El bien común –opinamos- es todo aquello que resulta bueno para todos y cada uno de los sujetos, lo que no simboliza que ese bien sea individualmente el mismo para todos esos sujetos. Llegamos a esta conclusión luego de haber pensado durante mucho tiempo que «el bien común» no era más que un mito social, y que lo único que existía realmente era el bien individual. Pero reflexiones posteriores nos permitieron encontrarle a esa fórmula (tan querida -y tergiversada- por los socialistas) un sentido compatible con el individualismo más estricto. He designado a este concepto enfoque liberal del bien común, con lo cual no quiero expresar que todos los liberales lo compartan. Simplemente lo he escogido así porque lo veo compatible con mi idea (mis ideas en rigor) acerca del liberalismo. No hay ninguna voz oficial del liberalismo que diga qué debe o no debe entenderse por cada cosa o materia que se trate o exponga determinado autor. Y, desde luego, tampoco la hay en este tema.

Eso que entendemos nosotros como bien común no puede entrar en colisión con el bien particular de nadie, porque de hacerlo dejaría de ser «común». Y, en muchos supuestos, de un «bien». Si –por caso- para un criminal es «bueno» asesinar, va de suyo que ello no puede ser un «bien común», porque no se puede concebir que sea un «bien» para su/s potencial/es o efectiva/s victima/s.

Por eso, para las doctrinas antiliberales, en cambio, el bien común es la antítesis del individual, y sólo puede ser definido por el líder del partido gobernante (o por aquellos a quienes él designe) lo que resulta -en la práctica- que por ese término se entiende lo que es «bueno» para ese partido en el poder, sus jefes, miembros, adherentes, simpatizantes y nadie más, en tanto bajo esa óptica, el «bien individual» es el de todos aquellos que no están de acuerdo con el jefe del partido al mando o con sus secuaces, es decir los opositores. En este caso, la defensa del «bien común» implica –en última instancia- silenciar o aniquilar a todos aquellos que disienten con el régimen que lo ha determinado de tal manera. En consecuencia, el bien común se caracteriza de manera distinta y antagónica dependiendo del enfoque: será uno bajo el prisma liberal y otro bajo el antiliberal.


[1] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 119.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Las ideas económicas de Belgrano

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 16/6/2020 en: https://www.lanacion.com.ar/politica/las-ideas-economicas-belgrano-nid2380884

 

Manuel Belgrano, de cuya muerte se cumplirán 200 años el próximo sábado, cuenta en su autobiografía que luego de terminado sus estudios en el Colegio de San Carlos, su padre lo envió a estudiar la carrera de leyes en Salamanca, luego en Madrid y finalmente se graduó en la Universidad de Valladolid. Confiesa que no se dedicó a profundizar los estudios de la legislación sino preferentemente de la economía. «Como en época de 1789 me hallaba en España y la revolución en Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad», consigna.

Es pertinente en este contexto subrayar que la Declaración de los Derechos del Hombre en sus dos primeros artículos enfatizaba la importancia de la igualdad de derechos ante la ley y la inviolabilidad de la propiedad privada, todo ello antes de la contrarrevolución de los jacobinos que dieron por tierra con los propósitos iniciales.

En 1794 Belgrano fue designado Secretario del Consulado de Comercio en Buenos Aires desde donde inspiró la creación del Telégrafo Mercantil y abogó por el librecambio a través de reiterados informes pero en permanente conflicto con los vocales de la entidad que eran comerciantes con intereses monopólicos en Cádiz. Duró en el cargo hasta poco antes de la Revolución de 1810, luego de la cual fundó el Correo de Comercio al efecto de difundir las mismas ideas de apertura comercial y colaboró en la destitución del Virrey, a quien sustituyó como vocal de la Primera Junta y posteriormente influyó en el Congreso de Tucumán donde patrocinó, sin éxito, el establecimiento de una monarquía constitucional.

Su desempeño militar y la inauguración del símbolo patrio estuvieron subordinados a sus ideales liberales a veces lamentablemente opacados por visiones que desconocen sus preocupaciones principales inspiradas por autores como Jovellanos, Quesnay, Dupont de Nemours y Adam Smith como él mismo destaca.

En vista de lo que viene ocurriendo en nuestro país a pesar de los repetidos fracasos estrepitosos en el control de precios por los aparatos estatales, es de interés leer lo escrito por Belgrano en la materia. En un artículo de su autoría publicado bajo el título de «Economía política» -que reproduce Luis Roque Gondra en Ideas económicas de Belgrano – escribe que «dejemos de cuentos, no hay fiel ejecutor ni tasa mejor que la concurrencia; esta es la que nivela y arregla los precios entre el comprador y el vendedor, ninguna cosa tiene un valor real, ni efectivo en si misma, solo tiene el que nosotros le queramos dar, y este se liga precisamente a la necesidad que tengamos de ella, a los medios de satisfacer esta inclinación, a los deseos de lograrla y a su escasez y abundancia; con lo que no hay otro camino que seguir para asegurar al público en el buen surtimiento de los frutos del consumo que dejar a la libertad y a la concurrencia que tasen y nivelen los precios por si mismas.»

Por otra parte, a raíz de los mal llamados proteccionismos que en verdad desprotegen a la población del país receptor en alianza con empresarios prebendarios que sacan partida de bienes de menor calidad y precio mayor, es también provechoso repasar otra de las presentaciones de Belgrano donde subraya la trascendencia de abrir los puertos de par en par al comercio, esta vez una Memoria que leyó ante los miembros del Consulado y reproducidas en la recopilación de sus múltiples trabajos en Escritos económicos donde insiste «que se de entera libertad al comercio pues la policía del comercio interior y exterior más segura, exacta y provechosa para la nación consiste en la plena libertad de la concurrencia.»

Es bueno tomar nota de los consejos de Belgrano y no empecinarse en consideraciones patrioteras.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h