Otra mirada sobre las Naciones Unidas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 18/5/20 en: https://es.panampost.com/editor/2020/05/18/otra-mirada-sobre-las-naciones-unidas/

 

Naciones Unidas

La razón para que el mundo esté fraccionado en naciones es evitar los riesgos de la concentración de poder. (Foto: Naciones Unidas)
Es indispensable revisar los intentos de gobierno universal en lugar de basarse en el derecho internacional civilizado que ha regido las relaciones entre naciones

Una de las mayores ambiciones del espíritu totalitario ha sido el establecimiento de un gobierno universal. Entre otros, Napoleón, Hitler y Stalin lo intentaron, afortunadamente, sin éxito. Precisamente, desde la perspectiva liberal la única razón fundamental para que el globo terráqueo esté fraccionado en naciones es el evitar los fenomenales riesgos de la concentración de poder en un gobierno universal, lo cual de más está decir no justifica culturas alambradas que pretenden los trasnochados y siempre perjudiciales nacionalismos.

Como es sabido, el referido fraccionamiento ha sido consecuencia de accidentes geológicos y trifulcas bélicas ya que la raza es un invento inexistente puesto que todos los humanos provenimos de África y compartimos cuatro grupos sanguíneos. Las diferencias exteriores se deben al haberse instalado en distintas geografías lo cual modifica y conforma diferentes colores en la piel y otros rasgos físicos. Es por ello que los criminales nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios como única manera de diferenciarlos, y por ello finalmente adoptaron el polilogismo marxista al concluir que “el tema es mental de lógicas distintas” sin nunca explicar en que consisten los silogismos de unos y de otros.

Tampoco las subdivisiones tratan de lenguas diferentes puesto que hay diversas naciones que recurren al mismo lenguaje y otras donde en su mismo territorio se hablan distintos idiomas. Tampoco de culturas se trata ya que en una sociedad libre por definición tiene lugar un proceso de constante donación y recibos en un entramado evolutivo donde se adoptan y se rechazan comidas, arquitecturas, músicas, lecturas y vestimentas según los gustos de cada cual. Por último, no ocurren por las religiones o no religiones allí donde se recurre al principio elemental de la civilización en cuanto a la separación tajante de ese plano con el poder político.

Hay una muy extendida bibliografía sobre las Naciones Unidas pero para tomar el menor espacio posible en esta nota periodística me baso en dos obras principales. La primera de V. Orval Watts, doctor en economía por la Universidad de Harvard y primero asesor económico de lo que en esa época era la cámara empresarial más grande del mundo: la Cámara de Comercio de Los Angeles y luego economista de la Foundation for Economic Education (FEE). Se titula The United Nations: Planned Tyranny. El segundo libro es de G. Edwin Griffin, el periodista radial de mayor audiencia en su época en CBS Network, obra titulada The Fearful Master. A Second Look at the United Nations.

Las Naciones Unidas apuntan a lograr conductas universales en el contexto de los acontecimientos políticos, tal como han señalado sus fundadores. Se estableció en San Francisco, California, en junio de 1945 por 17 personas: Alger Hiss, Harry Dexter White, Virginius Frank Coe, Dean Acheson, Noel Field, Lawrence Duggan, Henry Julian Wadliigh, John Carter Vincent, David Weintramb, Nathan Gregory Silvermaster, Harold Glasser, VICTOR Perlo, Irving Kaplan, Solomon Adler, Abraham George Silverman, William Ullaman y William H. Taylor. En la publicación del Departamento de Estado de Estados Unidos titulada “Post-War Foreign Policy Preparation, 1939-1945” (de 1950) se consigna que todos los mencionados excepto Dean Acheson “fueron agentes secretos de los soviéticos”.

Es pertinente destacar las características de algunas de esas figuras. Alger Hiss -quien fuera Secretario General en la antedicha conferencia en San Francisco- estuvo preso por esas actividades de espionaje tal como se consigna en el informe del FBI de 1953 titulado “Interloking Subersion in Government Departments” que recoge las declaraciones de Edwin Mechmen oficial encargado de cubrir las actividades de espías rusos en el FBI (también corroborado en detalle en el libro de John T. Flynn -historiador, egresado de Georgetown en leyes- titulado El mito de Roosevelt). También Hiss fue asesor de F. D. Roosevelt en Yalta donde en gran medida, debido a su descollante influencia, se le entregó a la URSS las tres cuartas partes de Europa.

En segundo lugar y dado el papel preponderante que desempeño en la referida conferencia, aludimos a Harry Dexter White a quien Edgar Hoover denunció en repetidas ocasiones por lo dicho sin que se hiciera nada al respecto y, más aun, se lo designó junto a John Maynard Keynes (el mayor apóstol de la inflación de todos los tiempos) como fundador del Fondo Montetario Internacional (una institución nefasta que mantiene regímenes de intervensionismo estatal fracasados con dólares coactivamente extraídos de contribuyentes, sobre la que me he pronunciado en otras columnas y textos).

El cargo más relevante en las Naciones Unidas por el que pasan todos los asuntos políticos y militares importantes es el de Asistente al Secretario General y del Consejo de Seguridad. Por esta razón es de interés pasar revista a quienes ocuparon primeramente los referidos cargos, todos soviéticos menos el mencionado en cuarto lugar de nacionalidad yugoeslava: Arkaby Sobelev (1945-1949), Konsantin Zinchener (1949-1953), Ilga Tchernychev (1953-1954), Draysolav Protich (1954-1958), Amatoly F. Dobryoslav (1958-1960), Georgi Perovich Aberdev (1960-1963), Eugeny D. Donitrievich Kiselev y Venidir Parloviechuslov (1963-1966). También resultan muy intranquilizadores los datos de algunos de los propios Secretarios Generales, comenzando con el comunista noruego Trygvie Lie.

Son también muy preocupantes las características extremadamente autoritarias de muchos de los organismos satélites de las Naciones Unidas, como CEPAL, FAO, UNESCO, incluso UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS) que comanda Tedros Adhonom Ghegreyesu, líder del marxista Frente Democrático Revolucionario de Etiopía y colocado en ese cargo por el actual gobierno de China.

Todo esto no significa que no hayan colaborado en distintas posiciones personas de bien que han intentado trasmitir cordura a esa organización y que han propuesto acciones constructivas, pero hay acontecimientos internacionales sobresalientes donde participó activamente las Naciones Unidas con resultados deplorables. Por ejemplo, en su momento la bochornosa expulsión de Taiwán para dar cabida a China comunista, los designios inconfesables respecto al ex Congo Belga en defensa del criminal convicto Patricio Lumumba y la permanente persecución a las tropas leales a Moise Tshombe, la complicidad en la masacre de Hungría, la inoperancia culposa en el ataque soviético a Checoslovaquia, la invitación a Yasser Arafat para incorporarse quien sostuvo la necesidad de liquidar el estado de Israel, el rol cómplice en la denominada Crisis del Caribe, la inclinación totalitaria en la revuelta en Laos, las gestiones guiadas por el espíritu totalitario en Irán, en Afganistán, en Siria y antes el decidido apoyo al dictador de Uganda Idi Amin Dada -“el caníbal con refrigerador”, como lo denomina Paul Johnson en A History of the Modern World debido a la forma en que engullía a sus prisioneros– a quien el primero de octubre de 1975 la Asamblea General le brindó una ovación de pie por parte de todos los multitudinarios delegados presentes cuando llegó y otra después de su incendiario discurso lleno de amenazas al mundo libre, y las sumamente pastosas actitudes de la Comisión de Derechos Humanos donde ahora el régimen de la tiranía cubana es candidata a ocupar un sitial de peso.

Muchas veces cuando se sugiere revisar conceptos y procedimientos largamente aceptados sin cuestionamientos la idea parece descabellada para mentes sujetas al statu quo del espíritu conservador pero es menester deshacerse de telarañas que a veces invaden y atenerse a la realidad pesando con tranquilidad argumentos y contra-argumentos al efecto de adoptar las mejores decisiones si es que el norte es finalmente el cuidado de las autonomías individuales para lo cual se requieren naciones independientes y genuinamente libres de ataduras con rasgos autoritarios en el contexto de gobiernos con poderes estrictamente limitados a la protección de derechos y ciudadanos muy celosos de esos derechos inalienables, anteriores y superiores a la constitución de los aparatos estatales.

En este sentido, estimo que es del caso citar un pensamiento para tener muy en cuenta de Aldous Huxley en su obra titulada Medios y fines: “En mayor o menor medida, entonces, todas las comunidades civilizadas del mundo moderno están formadas por una pequeña clase de gobernantes corruptos por demasiado poder, y por una extendida clase de gobernados corruptos por demasiada obediencia pasiva e irresponsable.”

En resumen, es indispensable revisar estos intentos de gobierno universal en lugar de basarse en el derecho internacional civilizado que ha regido las relaciones pacíficas entre naciones y entre personas y empresas ubicadas en diferentes países cuando ha habido conflictos, incluyendo la designación de árbitros. Como hemos dicho al abrir esta nota, una cosa es la delimitación para protegernos de las garras de un Leviatán universal y el consecuente federalismo interior para reforzar la descentralización y otra bien distinta es aceptar de contrabando peligrosos pasos en dirección a un mayor aplastamiento de las libertades individuales.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Brexit: ¿crisis u oportunidad?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 24/5/16 en http://www.rionegro.com.ar/columnistas/brexit-crisis-u-oportunidad-BM394267

 

El Reino Unido, a 43 años de su adhesión a la Unión Europea (UE), se encuentra frente a un angustioso dilema que ha de sopesarse a voluntad de partidarios y detractores. Pareciera que el canal de la Mancha, que lo separa en múltiples aspectos del continente, se está ensanchando de forma irreversible.

En repetida opinión, el contexto internacional se caracteriza porque la mayor parte de los extranjeros, incluido entre otros el presidente de EE. UU. Barack Obama, no admite las razones geopolíticas para que Gran Bretaña abandone la UE en el referéndum del próximo 23 de junio.

Europa, que ha sido un balance entre Londres, París y Berlín, cada uno con sus diferentes visiones económicas y de política exterior, abría múltiples posibilidades de colaboración y negociación. Pero ahora el desplazamiento de poder hacia Alemania, tanto debido a su éxito económico como a la marginalización creciente de Francia y la irrelevancia europea del Reino Unido, significa que la UE se está articulando como un núcleo fuertemente integrado en la esfera económica bajo hegemonía política y normativa alemana.

Los diplomáticos británicos, pese al esfuerzo que han dedicado durante décadas a entretejer una relación entre Londres y Bruselas que garantizara al Reino Unido un máximo de influencia con, a la vez, un mínimo de cesión de soberanía, se enfrentan a una debacle de gran magnitud. Tal vez no tanto porque el Reino Unido haya cambiado de posición, que lo ha hecho desde la llegada de David Cameron al poder, sino sobre todo porque el continente se ha puesto en marcha, dejando al Reino Unido atrás.

Primero fue Grexit, la combinación de Grecia y exit (salida). Ahora es Brexit o Brixit para referirse a una posible salida del Reino Unido. En el 2015 el Parlamento británico aprobó la European Union Referendum Act 2015, uno de los objetivos de gobierno del Partido Conservador, y será la segunda ocasión que se celebre un referéndum de este tipo tras la elección de 1975, en la que el 67% de los electores se mostró partidario de permanecer. Se espera que el referéndum del 2016, tal como lo indica la encuesta de Financial Times al 8 de mayo, 46% por la permanencia y 43% por la separación, tenga resultados más ajustados.

Por su parte, los principales responsables de la UE han confirmado que no habrá período de gracia para Reino Unido si decide abandonar el bloque. Bruselas no quiere perder ni un segundo y ya ha comenzado a registrar en las agendas de media Europa una cita el domingo 26 de junio, tres días después del referéndum. Esa reunión serviría para acelerar las negociaciones de un proceso que se califica directamente como “divorcio”.

El impulso de la conducción del “Brexiteers” es el mismo que destacó en 1962 el exsecretario de Estado de norteamericano Dean Acheson cuando declaró: “Gran Bretaña ha perdido un imperio y todavía no ha encontrado un papel”. El escritor Edmund Wilson, por su parte, también lo expresó cuando dijo que la elite británica era “completamente irreconciliable con la disminución de la Gran Bretaña de posguerra”.

Pero, pese el consenso generalizado de que la salida de Gran Bretaña de la UE podría dañar su economía, se alzan las voces de un nuevo desafío. En un paper de “Economists for Brexit”, ocho “notables” economistas británicos se oponen a los argumentos del Tesoro, el FMI, la Escuela de Economía de Londres y la OCDE, a los que consideran un “sinsentido económico” y alegan que el Brexit “traerá ventajas económicas, netas y medibles”.

Los miembros del Partido Conservador de Gran Bretaña comparten la misma idea de que su pequeña isla sigue siendo lo suficientemente grande como para estar al margen de la Europa continental. Sin dudas, el sentido británico original de autosuficiencia, y de poder y gloria, que deriva de hechos históricos. Se piensa que el aislamiento geográfico del Reino Unido, así como las tradiciones entrelazadas de comercio y la libertad individual, la distinguen claramente de sus vecinos del continente.

Aunque las consecuencias de la elección recién se verán tras las pruebas de campo (en uno u otro caso), la amenaza del Brexit quizás debería ser observada no solo como una posible pérdida británica y/o comunitaria sino como una esperanza para frenar y cambiar de signo el inquietante proceso de burocratización que caracteriza al gobierno supranacional europeo desde su misma creación.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.