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Pobreza fuente de riqueza

Por Armando Ribas. Publicado en: http://www.laprensapopular.com.ar/17789/pobreza-fuente-de-riqueza-por-armando-ribas?utm_medium=Email&utm_source=Newsmaker&utm_campaign=8&utm_content=http%253A%252F%252Fwww.laprensapopular.com.ar%252F17789%252Fpobreza-fuente-de-riqueza-por-armando-ribas

 

Cada vez se hace más evidente la tendencia socialista de ignorar que en nombre de la igualdad aumenta la pobreza y surge la riqueza de los que la reparten. Desde hace 2500 años Aristóteles advirtió: “Cuidado porque los pobres siempre serán más que los ricos”. Ese riesgo se está corriendo en Argentina y también en el mundo Occidental, al cual pertenece la América Latina. Pobreza mediante se genera un proceso que culmina en una oligarquía democrática, que representa el sistema antitético al que generara riqueza por primera vez en la historia. Ese sistema se basó en que las mayorías no tienen el derecho a violar los derechos de las minorías. Así escribió James Madison en la Carta 51 de El Federalista: “En una sociedad bajo la cual la facción más poderosa se puede unir y oprimir a la más débil, puede decirse que reina la anarquía, como en el estado de naturaleza, donde el individuo más débil no está seguro contra la violencia del más fuerte”.

Al respecto de esa problemática fue David Hume quien sabiamente previno que el problema no son las mayorías sino las asambleas que pretenden representarlas. Pero el problema está presente aun en los propios Estados Unidos. Basta oír el reciente debate de los candidatos a presidente del partido demócrata. Al oír hablar a algunos de ellos, con Hillary Clinton a la cabeza, pareciera estar oyendo a los políticos latinoamericanos, con honrosas excepciones tales como fueran en Argentina Sarmiento y Mitre. O sea está presente la temática de la desigualdad social creada por el sistema capitalista. Por tanto la llegada al poder se basa no en la igualdad de oportunidades sino de resultados.

La consecuencia de esa supuesta preocupación por los pobres y la igualdad, que en algunos casos puede ser producto de un sentimiento y un error de concepción, en la práctica es el principio por antonomasia para llegar al poder e ignorar el sistema ético político que generó riqueza por primera vez en la historia. Y como dice Ayn Rand: “La compasión no genera una hoja verde y menos una hoja de trigo”. Así no podemos ignorar que a través de la historia la riqueza pertenecía a los que tenían el poder. O sea los monarcas y la aristocracia. Riqueza que en términos de los bienes que hoy están a nuestro alcance o nuestros deseos era una ficción.

La riqueza no la crea la naturaleza, sino que por el contrario tal como lo señala William Bernstein en su “The Birth of Plenty”: “Antes de la era moderna, hambre, enfermedades y guerras, más a menudo que no, abrumaban la inclinación humana de procrear”. Ya en el siglo XVII el terremoto de Lisboa en el que murieron cientos de niños produjo una discusión que todavía está presente. Rousseau culpo del desastre al hombre por haber construido la iglesia. Por supuesto Voltaire le refutó diciendo: “Que culpa tenían esos niños de la construcción de la Iglesia”. La creación de riqueza partió  de la organización de un sistema de gobierno en el que se tomaba en cuenta la naturaleza humana y no la pretensión de cambiarla y así surgió la libertad.  Es un hecho evidente que es la naturaleza la que ha creado al hombre con distintas capacidades de ahí resulta la creación la fortuna, que no solo favorece a quien la crea sino a la sociedad en su conjunto. Por ello Adam Smith dijo: “El individuo en la persecución, frecuentemente promueve el de la sociedad más efectivamente, que cuando realmente intenta promoverlo. Yo nunca he conocido mucho bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público”.

Ese principio sin lugar a dudas es fundamental para establecer el sistema de libertad que genera riqueza, y que en la actualidad está amenazado, no solo por el socialismo, sino que el surgimiento del recalentamiento global se ha unido a la desigualdad como la excusa para descalificar éticamente al sistema capitalista. Si Marx viviese no solo diría que es la explotación del hombre por el hombre sino también el destructor de la naturaleza. O sea es la nueva excusa en la búsqueda del poder y la descalificación de la creación de riqueza. Así son los ricos también culpables de la posible destrucción de la naturaleza, Y en esa descalificación se ignora que los ricos también viven en la tierra. Tanto así que se produjo una reunión de 80 empresarios de las principales empresas americanas para acordar como financiar el costo de eliminar las causas del recalentamiento.

Otro factor en desmedro del sistema capitalista, que como he repetido hasta el cansancio no es económico sino ético, político y jurídico y la economía la consecuencia de la acción de los hombres en concordancia con el sistema. Así se ha pretendido culpar  a los bancos y al sistema financiero por la crisis del 2007 en Estados Unidos. Así se ignora que la misma resultó de la ley de Carter por la cual se establecía que todos los americanos tenían derecho a una casa propia. Entonces se crearon Fannie May y Freddie Mac con el propósito que prestaran a quienes no alcanzaban a tener un ingreso promedio. La consecuencia fue el denominado Bubble (Burbuja). O sea la culpa de la crisis no fue de los bancos sino de la política del gobierno que fue el que creó las condiciones para que se iniciara la especulación. Según Stephen Moore en su artículo publicado por Heritage Foundation en la actualidad Freddie Mac y Fannie May están de nuevo prestando en las mismas condiciones que durante la crisis del 2004-2007. Por ello considera que Estados Unidos no ha aprendido nada y está de nuevo al borde de otra crisis.

El sistema financiero es el sistema sanguíneo de la economía. Por supuesto es fundamentalmente especulativo, pues todo accionar cuyo resultado depende del futuro es fundamentalmente especulativo. Pero debe tenerse en cuenta que los resultados de esa especulación y que generan crisis se deben a factores externos. Por ello haber salvado al sistema bancario vía el Federal Reserve es una obligación de su accionar como prestamista de última instancia. Ya debiéramos saber que no puede existir un sistema bancario de reservas fraccionarias sin la existencia de un prestamista de última instancia. En si ese salvataje a quien protege fundamentalmente no es a los dueños de los bancos, sino a todos los depositantes.

Pero volviendo directamente a la pobreza y sus efectos políticos, no cabe la menor duda de que es el origen de la demagogia implícita en el sistema socialista y por supuesto en el llamado populismo. Y el socialismo por definición  desconoce directa o indirectamente el derecho de propiedad, y por supuesto el derecho a la búsqueda de la propia felicidad que está implícito en el concepto de la mano invisible. Y es un hecho incontrovertible que cuando en nombre de las mayorías y de la igualdad se desconoce el derecho de propiedad no hay creación de riqueza. China es el mejor ejemplo reciente por el salto que dio entre Mao Tse Tung y Deng Tsiao Ping.

Y es un hecho que cuando el gasto público alcanza o supera el 50 % del PBI el nivel de los impuestos determina una violación paladina de los derechos de propiedad. Es un hecho reconocido que cuanto mayor es el nivel del gasto público en búsqueda de la igualdad, menor es la tasa de crecimiento de la economía. Esa es la causa de la crisis de la Unión Europea La consecuencia es una mayor pobreza en tanto que la riqueza restante pasa al poder político. Y por ello es que igualmente genera una mayor corrupción que según CATO se desarrolla en Bruselas. Y ni que hablar de los países de América Latina.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

Dos interpretaciones sobre el ‘teorema de Coase’: ¿análisis institucional o costos y beneficios?

Por Martín Krause. Publicado el 23/5/15 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2015/05/23/dos-interpretaciones-sobre-el-teorema-de-coase-analisis-institucional-o-costos-y-beneficios/

 

El libro tiene un Capítulo 7 que no estaba en la edición original, donde se trata específicamente sobre el llamado “Teorema de Coase”. Algunos párrafos:

“Hay dos interpretaciones que pueden hacerse de este teorema. En la primera de ellas, se critica a quienes ponen énfasis solamente en que en un mundo de costos de transacción igual a cero la distribución inicial de derechos de propiedad sería una cuestión irrelevante para la eficiencia de la solución alcanzada, ya que los recursos serían canalizados hacia sus usos más valorados. Una interpretación “benigna” de Coase diría que esa no fue simplemente su posición, sino que el sentido del teorema sería destacar que la existencia real de costos de transacción pone relevancia en el papel que las instituciones cumplen en la economía. Según esta interpretación, el modelo “costos de transacción cero” sería similar a lo que se planteó antes respecto al “imaginario estado de equilibrio”: una construcción ideal que nos permitiría comprender el mundo real, donde los costos de transacción se encuentran siempre presentes, e iniciar así un programa de investigación sobre el desarrollo de instituciones que permitan economizarlos[1].

Coase. jpgEste interés por el papel que cumplen las instituciones en el funcionamiento de la economía y cómo las mismas nacen y evolucionan ha sido una preocupación de larga data. Esta fue manifestada por los filósofos escoceses y economistas clásicos (David Hume, Bernard de Mandeville, Adam Ferguson y Adam Smith). La explicación gradual y evolutiva del desarrollo de las instituciones fue retomada especialmente por Hayek (1978, 1988), en relación con el funcionamiento de los mercados y la evolución de las normas e instituciones sociales en general.

Hayek distingue tres niveles de evolución: la genética, la de las ideas y, la cultural operando entre el instinto y la razón. La cultura no sería determinada por la genética ni tampoco diseñada racionalmente; o según aquella frase de Ferguson, que Hayek cita con frecuencia: “el resultado de la acción humana, no del designio humano”. El resultado de una tradición de pautas de conducta aprendidas, cuyo papel es poco entendido aun incluso por aquellos que se sujetan a ellas, y que son transmitidas por un proceso “ciego”, en el sentido de que no es conscientemente planificado o controlado.

Qué normas surgen es una cuestión de accidente histórico, incluso haciendo lugar para el mejor diseño que la mente humana pueda crear, y otra cosa es cuáles sobreviven. Las últimas son determinadas por un proceso de selección que se encuentra en la evolución cultural; un proceso que opera en grupos que comparten las mismas pautas de conducta. Aquellos grupos que tienen éxito en desarrollar las pautas que mejor permiten las interacciones en la sociedad crecerán y desplazarán a otros grupos, o estos aprenderán de los anteriores copiándolas.

Como vemos, todo esto se acerca mucho al análisis que actualmente se hace en el marco de la “teoría de los juegos”, sobre todo a partir de las conclusiones obtenidas de los juegos repetidos del tipo “dilema del prisionero”, como vimos en el capítulo anterior (Axelrod 1984).

La segunda interpretación del teorema también acepta que, en un mundo de costos de transacción igual a cero, la distribución inicial de derechos de propiedad sería una cuestión irrelevante para la “eficiencia” de la solución alcanzada, ya que los recursos serían canalizados hacia sus usos más valorados. Pero la crítica ya no resulta “benigna” con Coase, ya que él puede no haber estado de acuerdo con la posición “eficientista” de Posner, pero dejó la puerta abierta para la misma. Dice Coase (1960, p. 37), refiriéndose a un caso de daños ocasionados por conejos a las plantaciones de maíz de su vecino (el caso Boulston, 1597): “… no es que el hombre que cría conejos sea el único responsable del daño; aquel cuyas cosechas son dañadas es igualmente responsable”[2].

Todo esto habría cambiado cuando se otorgó la prioridad a la eficiencia en la delimitación de derechos de propiedad, ya que los jueces debían decidir ahora quién tenía derecho a qué con base en cuál era la asignación más eficiente. Debían dejar de lado una larga tradición, basada en el derecho de propiedad, y utilizar cómo criterio de decisión solamente la maximización de la riqueza total[3]. El subjetivismo en las valoraciones y la imposibilidad de hacer comparaciones interpersonales de utilidad tornaría a la decisión judicial de maximizar la riqueza económica en algo complicado, si no imposible de realizar.

¿Qué se puede hacer entonces? Las enseñanzas del teorema de Coase señalan que una política para reducir los efectos de externalidades negativas sería delimitar claramente los derechos de propiedad, de tal forma que las partes puedan luego resolver esos problemas por medio de negociaciones. La definición de tales derechos reduciría los costos de transacción entre las partes, ampliando las posibilidades de estas soluciones voluntarias. Esto significa lograr una definición clara tanto de la asignación de la propiedad como de las limitaciones para su uso y disposición. En relación con los ejemplos mencionados, esto significa definir, por ejemplo: ¿cuál es el nivel de ruido, humos u otro tipo de emanaciones que puedo realizar, por encima del cual la situación se convierte en una externalidad que viola el derecho de mi vecino?

Por supuesto que, si bien es esta una solución “voluntaria” entre las partes, demanda que el mecanismo de gobernabilidad funcione. Esa definición de derechos puede obtenerse por la vía de las decisiones judiciales (particularmente en los sistemas de common law), o por la vía legislativa (normalmente resoluciones de gobiernos locales). En ambos casos, estos mecanismos deben funcionar adecuadamente

[1].      Así, Boettke (1997, p. 52), señala: “Tal vez en la mejor biografía intelectual de Coase hasta el momento, Steven Medema (1994) sostiene que Coase estaba interesado en examinar las consecuencias de distintos arreglos legales sobre el desempeño económico, más que en utilizar técnicas económicas para examinar la ley. Esta diferencia en énfasis explica la falta de interés de Coase por el enfoque de la ley y la economía de Posner, un movimiento más preocupado por examinar la eficiencia de distintos arreglos legales. Coase no solamente sugirió un programa alternativo de instituciones comparadas, sino que cuestionó profundamente la coherencia lógica de la economía neoclásica dominante. Parte del ejercicio de equilibrio que ocupó a Coase fue mostrar que perseguir la lógica de la maximización en un entorno de costos de transacción cero llevaba a conclusiones diferentes de las sugeridas por la economía del bienestar pigouviana. Si los costos de transacción fueran cero, los actores económicos negociarían para resolver el conflicto; si los costos de transacción (incluyendo costos de información) fueran positivos, ¿sabrían las autoridades cuál es el nivel correcto de impuesto o subsidio para corregir la situación? El programa de investigación de Coase era tanto una crítica de la práctica prevaleciente y un programa positivo alternativo que está emergiendo ahora en la Nueva Economía Institucional, de la cual Coase es aún el principal representante”.

[2].      Comenta Block: “Previamente, la visión de la profesión [económica] respecto a invasiones contra otra persona o su propiedad era la liberal clásica de causa y efecto. A era el perpetrador, B la víctima”. “Asimismo, en una perspectiva más tradicional, la maximización de riqueza era el subproducto de los derechos a la propiedad privada, no su progenitora. En otras palabras: las consideraciones económicas eran la cola y los derechos de propiedad el perro. Locke, por ejemplo, no se preguntaba si el homesteader era quien utilizaba más eficientemente el territorio virgen. Para este filósofo, era suficiente que una persona fuera la primera en ‘mezclar su trabajo con la tierra’; esto, y solamente esto, era suficiente para convertirlo en el legítimo propietario”. Walter Block, “Ethics, Efficiency, Coasian Property Rights, and Psychic Income: A Reply to Demsetz”, Review of Austrian Economics 8, no. 2 (1995): pp. 61-125.

[3].      “¿Y cuál es el consejo a los jueces que emana de este nuevo enfoque? Estos deben decidir de tal forma que se maximice el valor de la actividad económica. Bajo un régimen de costos de transacción cero, en verdad no importaría —en cuanto se refiere a la asignación de recursos— cuál de las dos partes en disputa recibió el derecho en cuestión. Si este era otorgado a la persona que más lo valorara, bien. Si no, el perdedor podría pagar al ganador para disfrutar de su uso. Pero en el mundo real con costos de transacción significativos, por el contrario, la decisión judicial es absolutamente crucial. Lo que el juez decida permanecerá; no habría oportunidad para intercambios mutuamente beneficios ex post”. (Block 1995, p. 63).

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El dinero se origina como “orden espontáneo”, en el Mercado y en un campo de prisioneros de guerra

Por Martín Krause. Publicado el 17/4/15 en: http://bazar.ufm.edu/el-dinero-se-origina-como-orden-espontaneo-en-el-mercado-y-en-un-campo-de-prisioneros-de-guerra/

No creo que haya un mejor ejemplo de teoría que sirve para interpretar la realidad que lo que resulta de combinar la lectura del artículo de Carl Menger “El origen del dinero”http://www.eumed.net/cursecon/textos/Menger-origen-dinero.pdf con el de Robert Radford “La organización económica de un campo de prisioneros”http://aulavirtual.bde.es/wav/documentos/precios_doc_3.pdf

Campo de prisioneros

El de Menger fue escrito 50 años antes de que Radford fuera tomado prisionero en la Segunda Guerra Mundial y pudiera luego contar su experiencia. El artículo de Menger va mucho más allá de explicar el origen del dinero, puede extenderse al origen de muchas otras instituciones como resultado acciones humanas pero no de “intención”. Así comenta Menger el origen del dinero:

“…, cuándo alguien ha traído al mercado productos que no son altamente líquidos la idea más importante que tiene en mente es la de intercambiarlos, no sólo por aquellos que por casualidad necesite sino, si esto no puede realizarse directamente, por otros productos que, aunque no tenga necesidad de ellos, son, de todas maneras, más líquidos que los suyos. Al hacerlo, es evidente que no logra de inmediato el objetivo final de su comercio, es decir, la adquisición de productos que en realidad él mismo necesita; sin embargo, de esta manera se va acercando a ese objetivo. Por el tortuoso camino de un intercambio mediato gana las perspectivas de alcanzar su propósito más económica y seguramente que si se hubiera visto limitado al intercambio directo. Ahora bien, en realidad éste parece ser el caso que se ha dado en todas partes. Los hombres se han visto llevados, con creciente conocimiento de sus intereses individuales, cada uno por sus propios intereses económicos, sin convenio, sin obligación legal, es decir, sin tomar en cuenta siquiera el interés común, a intercambiar bienes destinados al intercambio (sus “productos”) por otras mercancías igualmente destinadas al intercambio, pero más liquidas. A medida que el comercio se extendía en el espacio y las previsiones para la satisfacción de necesidades materiales podían hacerse por períodos cada vez más prolongados, cada individuo iba aprendiendo, a partir de sus propios intereses económicos, a darse cuenta de que trocaba sus productos menos líquidos por aquellas mercancías especiales que habían exhibido, además de la atracción de ser altamente comercializables en una localidad determinada, un amplio espectro de comercialización tanto en el tiempo como en el espacio. Estos productos serian clasificados por su carácter costoso, por la facilidad de su transporte y su posibilidad de preservación (en relación con la circunstancia de su compatibilidad con una demanda estable y ampliamente distribuida), de modo tal de asegurar a su poseedor un poder, no sólo “aquí” y “ahora”, sino casi ilimitado en tiempo y espacio, sobre todos los otros productos del mercado, a precios económicos.

Y por esa razón ha sucedido que, a medida que el hombre se fue familiarizando con estas ventajas económicas, sobre todo a través de una percepción que se ha hecho tradicional y del hábito del accionar económico, esas mercancías, relativamente más líquidas en cuanto a tiempo y espacio, se han convertido en cada mercado en los productos que no sólo se aceptan en nombre del interés de cada uno a cambio de los propios productos menos líquidos sino que, en verdad, se aceptan con rapidez. Y su liquidez superior sólo depende de la comercialización relativamente menor de cualquier otro tipo de producto, razón por la cual han podido convertirse en medios de cambio generalmente aceptados. Es obvio que el hábito constituye un factor muy significativo en la génesis de esos medios de cambio de utilidad general. Es el interés económico de cada individuo que comercia lo que le permite cambiar productos menos líquidos por otros más líquidos. Pero la aceptación voluntaria del medio de cambio presupone la existencia previa de un conocimiento de estos intereses por parte de aquellos sujetos económicos de quienes se espera que acepten a cambio de sus productos una mercancía que en sí misma y por sí misma es, quizá, totalmente inútil para ellos. Es cierto que este conocimiento nunca aparece en todas partes en una nación a un mismo tiempo. En primera instancia, sólo un número limitado de sujetos económicos reconocerá las ventajas de ese procedimiento, ventajas que, en sí mismas y por sí mismas, son independientes del reconocimiento general de un producto como medio de intercambio, en tanto ese intercambio, siempre y en todas las circunstancias, acerque más a su meta al hombre económico, es decir, lo aproxime a la adquisición de cosas útiles que realmente necesite. Pero se admite que no hay mejor método para ilustrar a alguien sobre sus propios intereses económicos que hacerle ver el éxito económico de aquellos que utilizaron el medio correcto para asegurar sus intereses particulares. Por lo tanto, resulta evidente que nada pudo haber sido más favorable para el surgimiento de un medio de intercambio que la aceptación, por parte de los sujetos económicos más perspicaces e inteligentes, para su propio beneficio económico y durante un periodo considerable de tiempo de productos eminentemente líquidos en lugar de todos los demás. De esta forma, la práctica y el hábito han contribuido mucho, por cierto, para hacer que los productos, que eran más líquidos en un momento determinado, sean aceptados no sólo por muchos sino, en definitiva, por todos los sujetos económicos a cambio de sus productos menos líquidos: y no sólo para eso, sino para que sean aceptados desde un principio con la intención de volver a intercambiarlos. Los productos que, de esta manera, se tornaron medios de cambio generalmente aceptables, fueron denominados Geld por los alemanes, palabra qué proviene de Gelten y que significa pagar, realizar; otras naciones denominaron al dinero teniendo en cuenta principalmente la sustancia utilizada, la forma de la moneda o, incluso, ciertos tipos de moneda.”

Esto es exactamente lo que ocurre en el campo de prisioneros de guerra que describe Radford, quien, además, muestra en funcionamiento “el flujo de moneda y bienes” descripto por David Hume (o la teoría cuantitativa del dinero).

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La riqueza del país vs. la riqueza del Tesoro:

Por Armando Ribas. Publicado el 11/12/14 en: https://www.dropbox.com/s/4sy1nfer0wn3xfi/Armando%20Ribas%20La%20riqueza%20del%20pa%C3%ADs%20vs.%20la%20riqueza%20del%20Tesoro%20-%20Ambito.pdf%2020141211.pdf?dl=0

 

Espero que algún día tomemos conciencia de la sabiduría de la brillante observación de Alexis de Tocqueville, que creo haberla repetido en múltiples oportunidades: “Tanto más fuertes son los vicios del sistema, que la virtud de los que lo practican”. Y seguidamente añadió: “Socialismo y concentración del poder son frutos del mismo suelo”. Ante esa realidad me voy a permitir hacer una análisis histórico de la Argentina, a partir de Rosas, hasta Perón y después. No olvidemos que la historia es un aprendizaje (David Hume).

La primera pregunta al respecto del tema que nos ocupa sería: ¿Que cultura y empresariado tenía la Argentina en la época de Rosas? Me atrevería a decir ningún empresario. Entonces ¿qué fue lo que permitió que Argentina entre 1853 y principios del siglo XX diera un salto cuántico en la historia y pasara de ser uno de los países más atrasados del mundo, al séptimo país más rico del mundo? Indudablemente que Caseros no tenía por objeto la libertad, sino eliminar el monopolio de la aduana de Buenos Aires del comercio internacional argentino y permitir la libre navegación de los ríos.

Dada esa realidad el paso subsiguiente se produjo cuando Justo José de Urquiza, sin quien no habría existido la Argentina, se enamoró de las ideas del pensador más grande de América Latina, Juan Bautista Alberdi. Fue en razón de ello que se aprobó la Constitución de 1853, basada en la Constitución americana, y se inició la libertad en la Argentina. Y volviendo a Tocqueville: “Los países no son más ricos por la fertilidad de sus tierras, sino por la libertad de sus habitantes”. Lamentablemente en Argentina se cree que la riqueza fue producida por la Pampa Húmeda, y por ello me he permitido sostener que entonces se humedeció en 1853 y se secó en 1942.

Argentina llegó a principios del siglo XX como el segundo país del mundo en estatuir e implementar el sistema del Rule of Law, que había cambiado la historia universal. Así competía con Estados Unidos y tal como lo reconociera The Economist recientemente, tenía un ingreso per cápita más alto que Alemania, Francia e Italia. En ese período había pasado de tener un millón de habitantes con un 80% de analfabetos, a siete millones de habitantes y 25% de analfabetos.

Creo entonces que la Argentina es un ejemplo para la historia universal. No obstante las dificultades políticas generadas por el gobierno de Irigoyen y su última consecuencia su destitución en 1930, la Argentina, aun durante la denominada década infame, soportó la recesión del treinta en mejores condiciones que Estados Unidos. Pero también llegó el Nacionalismo Católico y con él se produjo la llegada del fascismo con la presidencia de Juan Domingo Perón y Evita. Basta analizar la Constitución de 1949 para tomar conciencia de que se habían abandonado todos los principios y derechos garantizados por la Constitución de 1853-60, y se iniciaba el proceso fascista que había comenzado en Europa con la presidencia de Mussolini en Italia y siguiera en Alemania con Hitler.

Como bien dijera Lenín: “Un fascista es un liberal asustado”. O sea ante la alternativa de ser expropiados, los capitalitas empresarios colusionan con el Estado. Esa es la alternativa de la que nos debemos liberar en la conciencia de que el gobierno es una administración de hombres sobre hombres, y los hombres no son ángeles. Por tanto es necesario limitar el poder político y tomar en cuenta que las mayorías no tienen derecho a violar los derechos de las minorías (James Madison). Y tal como dijera Hume, el problema no son las mayorías sino las asambleas que pretenden representarlas, y a los hechos me remito.

Entonces recordemos que el fascismo se inicia en Italia, donde Mussolini, un antiguo socialista, adopta las ideas de Lenín expuestas en su NEP: (Nueva Economía Política). En ella Lenín al darse cuenta del fracaso del comunismo en el orden económico llegó a la siguiente conclusión en su “Introducción a la Nueva Política Económica”:

“Podemos permitir el libre intercambio local en una apreciable extensión, pero sin destruir, sino en la realidad reforzar el poder político del proletariado”

O sea siguiendo las máximas de Machiavello en el Príncipe: “El príncipe no puede controlar el amor, pero sí el miedo”. Y siguiendo en la NEP dijo: “Los capitalistas están operando entre nosotros. Están operando como ladrones, tienen ganancias, pero saben cómo hacer las cosas”.O sea el fascismo fue el engendro político surgido de esa apreciación de la realidad, por tanto a partir de otra colusión con el socialismo, que determina el poder absoluto. Es decir, no se respetan los derechos individuales. Los empresarios (capitalistas) ante esa alterativa o abandonan los países o colusionan con el gobierno para salvar su propiedad.

Como antes dijimos el fascismo llega de la mano del Nacionalismo Católico que se pergeñeó finalmente en la Argentina de conformidad con el acuerdo de Mussolini con el papa Pío XI, es decir, el Concordato de Letrán de donde surgió la encíclica Quadragesimo Anno, en la que se encuentran los siguientes principios:

“Por tanto la autoridad pública, guiada siempre por la ley natural y divina e inspirándose en las verdadera necesidades del bien común, puede determinar más cuidadosamente lo que es lícito…”

“El Estado, el cual libre de todo partidismo, de bienestar erigido en soberano supremo árbitro de las ambiciones y concupiscencia de los hombres”.

En función de esos principios llegó Perón y así se impuso a los empresarios la alternativa de la supervivencia. Así ocurrió en la Alemania de Hitler donde las empresas más destacadas colaboraron con el nazismo aun en plena Guerra Mundial. Ese proceso, lamentablemente no terminó con la caída de Perón en 1955, cuando los militares la primera medida que adoptaron fue la ruptura del contrato petrolero con la California.

Debemos tomar conciencia pues que la naturaleza humana es universal, y los comportamientos dependen del sistema ético político en que se encuentra el hombre. De tomar conciencia de esta realidad surgió el sistema contrario del socialismo y el  fascismo, que determinó el respeto por los derechos individuales y la limitación del poder político. De esa concepción político-filosófica surgió el empresariado y la consecuente creación de riqueza por primera vez  en la historia. La política no depende de los empresarios, los empresarios dependen de la política.

La Argentina con votos o sin votos no ha salido en la práctica del proceso que iniciara Perón y la Constitución de 1853-60 pasa por debajo de la mesa de peronistas y no peronistas. Por ello podemos decir que la sociedad, empresarios incluidos, se encuentra perdida en el llano. Son los políticos los que tienen en sus manos la responsabilidad de restituir los principios que llevaran a la Argentina por las cimas de la historia. Tenemos que rescatar las ideas de Alberdi y Sarmiento, a los cuales en la actualidad el gobierno los descalifica por extranjerizantes. Y recordemos una observación del primero que está hoy más vigente que nunca: “Hasta aquí el peor enemigo de la riqueza del país es  la riqueza del fisco”. Y esta realidad no solo se está viviendo en Argentina, sino que puedo decir que la Unión Europea está más quebrada que Argentina. Cuando el gasto público alcanza o supera el 50% del PBI se viola el derecho de propiedad, y cuando esto ocurre desaparecen los empresarios que crean la riqueza, y quedan los que en virtud de la supervivencia “colaboran” con el Estado. En este caso debo recalcar la excepción de la Sociedad Rural y su presidente Luis Miguel Etchevehere, y del presidente de Shell Sr. Aranguren.

Cuando todo el mundo se tiene que ocupar de la política, es precisamente porque esta no funciona como debe, y se vive la incertidumbre y la falta de libertad. Lo necesario es que surjan los políticos que en función de las ideas de la libertad, ofrezcan al público la alternativa del respeto por los derechos individuales. Es posible que ante esa posibilidad surjan empresarios capaces de colaborar directa o indirectamente al rescate de la Constitución.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

El intervencionismo económico genera empresarios amigos del poder, no de los consumidores.

Por Martín Krause. Publicado el 21/10/14 en: http://bazar.ufm.edu/el-intervencionismo-economico-genera-empresarios-amigos-del-poder-no-de-los-consumidores/

Mises escribe (“The Myth of the Failure of Capitalism”):

“Antes que existiera la economía política, se creía que cualquiera que tuviera poder y la determinación de usarlo podía hacer lo que quisiera. Pero aun si el poder de quienes sustentaban autoridad era considerado ilimitado y omnipotente, los sacerdotes advertirían a los gobernantes que debían moderarse en el uso de su poder para la salvación de sus almas.

Esta visión fue destruida con la fundación de la sociología y el trabajo de una gran número de intelectuales, entre los cuales los nombres de David Hume y Adam Smith brillan en forma destacada. Se descubrió que el poder social es algo moral e intelectual, no algo material o ‘real’ en el sentido vulgar del término, como antes se pensaba. Y se comprendió que existe una unidad inevitable en los fenómenos del mercado que ni siquiera el poder puede destruir. Se descubrió que en la arena social hay algo funcionando que incluso los que detentan el poder no pueden torcer y que, al buscar sus objetivos, se deben ajustar a ello no muy diferente de como se someten a las leyes de la naturaleza. En toda la historia del pensamiento humano y las ciencias, nunca hubo un descubrimiento mayor.”

“Comenzando con el reconocimiento de las leyes del mercado, la economía política demuestra los efectos cuando el poder político y la fuerza intervienen en el funcionamiento del mercado. Una intervención aislada no puede alcanzar los fines para los que fue aplicada por las autoridades y lleva a consecuencias que son indeseables aun desde la perspectiva de quienes detentan el poder. Así, aún desde la perspectiva del intervencionista, los efectos son inútiles y dañinos.”

“El argumento utilizado para hacer responsable al capitalismo de por lo menos alguna de estas cosas se basa en la idea de que los emprendedores y capitalistas ya no son liberales sino que se han vuelto intervencionistas y estatistas. Esto es cierto, pero las conclusiones son erróneas. Esas conclusiones se basan en una visión marxista insostenible de que los emprendedores y capitalistas protegieron sus especiales intereses de clase a través del liberalismo durante el auge del capitalismo, pero ahora, en el período de su declive, protegen sus intereses a través del intervencionismo. Así, supuestamente se muestra que la ‘economía regulada’ bajo el sistema intervencionista es un sistema económico históricamente necesario para esa fase del capitalismo en la cual nos encontramos ahora. Pero la idea que la Economía Clásica y el Liberalismo eran la ideología (en el sentido marxista del término) de la burguesía es una de las tantas doctrinas marxistas absurdas. Si los emprendedores y capitalistas pensaron como liberales en Inglaterra en 1800 y piensan como intervencionistas, estatistas y socialistas en la Alemania de 1930, la razón de esto es que incluso los emprendedores y capitalistas están en manos de las ideas predominantes del momento. Los emprendedores tienen intereses especiales que podrían haber sido protegidos por el intervencionismo y dañados por el liberalismo en 1800 no menos que en 1930.”

“Ahora, a los grandes emprendedores se los llama ‘líderes económicos’. La sociedad capitalista no conoce de ‘líderes económicos’. La diferencia característica entre una economía socialista y una capitalista se basa precisamente en el hecho de que los emprendedores y los dueños de los medios de producción no siguen otro liderazgo que no sea el del mercado. La costumbre de llamar a los directores de grandes empresas como líderes económicos significa que esas posiciones generalmente se consiguen no a través del éxito económico sino de otros medios.”

“En el estado interventor ya no es de crucial importancia para el éxito de una empresa que el negocio se maneje de una forma que satisfaga la demanda de los consumidores de la mejor y menos costosa forma. Es mucho más importante que uno tenga “buenas relaciones” con las autoridades políticas que la intervención actúe en beneficio y no en perjuicio de la empresa. Un poco más de protección arancelaria para los productos que la empresa fabrica y un poco menos para los insumos que utiliza puede ser mucho más beneficios que una mayor eficiencia manejando el negocio. No importa cuán bien se maneje una empresa, fracasará si no sabe proteger sus intereses en el diseño de aranceles y en la relación con las autoridades. Tener “contactos” se vuelve más importante que producir bien y barato.”

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

NORMAS, DECISIONES Y COMPLEJIDAD

Por Federico Sosa Valle. Publicado el 19/5/14 en http://notesonliberty.com/2014/05/19/normas-decisiones-y-complejidad/

 

Hace pocos días, se publicó en el sitio americanscientist.org un ambicioso artículo sobre el concepto de lo aleatorio. El autor, Scott Aaronson, trataba de elucidar bajo qué criterio podíamos distinguir una serie aleatoria de números de otra serie de números ordenados conforme cierto patrón, difícil de determinar, pero estructurante al fin de un orden en la serie. En otras palabras, si una computadora arrojaba “aleatoriamente” un número “9″ y luego otro número “9″ y luego otro y otro, ¿estábamos ante el resultado del azar, que se juega en cada nueva jugada, o ante un patrón que podía expresarse en una fórmula? ¿Si de repente apareciera en la serie un número 4, eso confirmaría el azar, o nos indicaría que nos encontramos ante un patrón más complejo?

Aaronson propone en el referido artículo, como criterio identificatorio de un número aleatorio, la característica de no ser susceptible de reducción a un algoritmo más simple. La explicación aparece como plausible y tiene un gran poder de seducción. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, tal conceptualización no permite distinguir azar de complejidad. Friedrich A. Hayek se inspiró en Kurt Gödel para proponer, como caracterización de un fenómeno complejo, aquél sobre el que, en atención a la heterogeneidad de sus elementos, ninguna teoría puede ofrecer su descripción completa, es decir, que no puede expresarse en un algoritmo más simple.

La noción de fenómeno complejo tiene sus raíces en el empirismo de David Hume: las relaciones entre los términos (una serie de números, por ejemplo) no se encuentran en los términos mismos, si no que son atribuidas por el sujeto (en nuestro ejemplo, le adjudicamos un patrón a aquella serie de números.) Desde el momento en el que el conocimiento general no proviene de los hechos si no que es atribuido a los mismos, tal conocimiento general no nos permitirá agotar el conocimiento de lo particular. En otras palabras, siempre habrá un elemento empírico en toda teoría.

Para continuar con nuestro ejemplo: podemos enunciar un patrón que explique la sucesión de una serie de números, pero estamos expuestos a que aparezca un nuevo número en la serie que nos obligue a revisar nuestra teoría. Cuando aparece un nuevo acontecimiento que se escapa a nuestras expectativas, lo que hacemos es reajustar la noción de orden que le atribuimos a la realidad. Lo que hace que una serie de acontecimientos configure un orden o estructura, y no sea caótica o aleatoria no es, por consiguiente, que las expectativas en torno a los acontecimientos siempre se cumplan, si no que exista un rango de acontecimientos que nunca se verifique, en otras palabras: que determinadas expectativas sean sistemáticamente frustradas.

Igualmente, la confusión entre azar y complejidad puede ser fecunda y arrojar más luz sobre la naturaleza de la segunda. Por ejemplo, Nicolás Maquiavelo culminaba “El Príncipe” con la afirmación de que la iniciativa era la virtud fundamental del político, ya que la fortuna tendía a favorecer más al arriesgado que al cauto. En términos poblacionales, vemos más hombres de éxito con iniciativa que sin ella ya que, para resultar exitosos, se tuvieron que conyugar dos situaciones: la decisión de asumir riesgos y que la oportunidad favorable efectivamente se haya presentado. En el conjunto de políticos sin éxito encontraremos a los cautos y también a los arriesgados (que no tuvieron suerte). Va de suyo que podemos sustituir “fortuna” por “complejidad” sin perder mucho del sentido de la idea.

Asimismo, The Economist publicó la semana pasada un interesante artículo sobre la relación entre la estructura del azar y la estructura de las decisiones. Todo parece indicar que efectivamente existen buenas y malas rachas, pero ello no se debe al azar si no a la estructura de decisiones que se toman frente a una situación difícil o imposible de comprender. Un jugador tiene a la suerte de su lado cuando, luego de ganar la primera apuesta, en las sucesivas va reduciendo su exposición al riesgo. Correlativamente en este caso, a menores riegos, menores ganancias pero también menores pérdidas, con lo que el resultado neto de todo el conjunto de jugadas es positivo. Paralelamente, si un jugador pierde en su primera apuesta, incrementar el riesgo de las sucesivas con la idea de compensar la primera pérdida sólo lo llevará a la ruina. En síntesis, una muy buena estrategia para lidiar con el riesgo es actuar como un sistema de retroalimentación negativa: a cada desvío del promedio estándar, responder con mayor moderación. Después de todo, la comparación con un sistema de retroalimentación negativa era la caracterización que F. A. Hayek hacía de la función del derecho y de todo sistema normativo en general, aportando mayor estabilidad y mejores resultados netos.

 

Federico Guillermo Manuel Sosa Valle es abogado, (UBA) y graduado en la Maestría en Economía y Ciencias políticas de ESEADE. Fue docente en la Facultad de Derecho de la UBA de “Análisis Económico y Financiero”. Fue Profesor de Análisis Institucional (2008) y Ciencia Política Contemporánea (2009) para la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Es Liquidador Principal de la Superintendencia de Seguros de la Nación y ha publicado trabajos en obras en colaboración y revistas académicas, relativos al derecho y la economía política. Es Presidente de la Fundación Instituto David Hume.

Cultura vs. Civilización

Por Armando Ribas. Publicado en: http://www.laprensapopular.com.ar/13088/cultura-vs-civilizacion-por-armando-p-ribas?utm_medium=Email&utm_source=Newsmaker&utm_campaign=Newsmaker%20-%20el-populismo-contra-la-libertad%20-%2013-03-2014

 

En su formidable obra Tiempos Modernos, Paul Johnson en el primer capítulo planteó un problema que llega hasta nuestros días, y que es la relación entre la civilización y la cultura. Y más aún, tenemos la necesidad de ponernos de acuerdo sobre el significado de estos dos vocablos trascendentes. Una de las mayores confusiones al respecto fue la definición que fuera dada por Spengler en su lamentablemente exitosa obra La Decadencia  de Occidente. En esa obra, que fuera publicada en 1918, es decir al fin de la Gran Guerra, este representante de “Los Maestros Pensadores” define a la civilización como el anquilosamiento de la cultura. Es decir, la decadencia producida por lo que considera la artificialidad frente a la dinámica creativa de la cultura. Así dice: “La civilización es el destino inevitable de la cultura… Las civilizaciones son los estados más externos y artificiales de los cuales una especie del desarrollo humano es capaz. Son una conclusión, sustituyendo la cosa que es a la cosa que está siendo; la muerte que sigue a la vida, la rigidez sucediendo a la expansión.

Alemania, pues, después de la Gran Guerra estaba a la espera de un reverdecimiento de la cultura y así volvió la “cosa siendo” en el nazismo supuestamente de la mano de la “voluntad de poder” de Hilter. Aquí entra Nietzsche en acción que considera a la aristocracia del superhombre como la alternativa y ahí tenemos a Hegel entre Spengler y Nietzsche. Ya Nietzsche había dicho igualmente que la única ventaja de la Revolución Francesa fue que ella permitió el surgimiento de Napoleón. O sea otra aristocracia sin nobleza, al decir de Ortega y el águila imperial daba la tónica del nacionalismo como sustituto de las monarquías.

Por supuesto, en su conceptualización, Nietzsche desprecia al buen salvaje, ya así como a la búsqueda del hombre nuevo, exaltada por Jean Jacques Rousseau. “Así, en su Discurso sobre las ciencias y las artes, don “Jacobo” nos decía: “Hemos visto a la virtud volar tan pronto como la luz de las ciencias y las artes se elevan sobre el horizonte, y el mismo fenómeno ha sido observado en todo tiempo y lugar”. Me suena que estas palabras reflejan el sentimiento spengleriano de la decadencia preñada de civilización. Pero el ilustre ginebrino intentaba, no obstante, crear una alternativa y así propuso la creación de un “hombre nuevo” (no se parece como al superhombre sino que parecería ser racional y moral). Así en el Contrato Social nos dice: “cualquiera que se atreva a encarar la tarea de instituir una nación, se debe sentir capaz de cambiar la naturaleza humana; así decía: “de transformar a cada individuo que en sí mismo es un todo completo y solitario, en parte de un todo mayor del cual en este sentido recibe su vida y su ser”. Ahí estaba esperando Hegel pero, entre tanto, surgía la figura trascendente del hombre nuevo en Robespierre, el incorruptible, seguido de Marat, el representante del pueblo, de Babeuf y su conspiración de los iguales y no olvidemos al carnicero de Lyon, el Sr. Fusleé.

Pero volviendo a Hegel, en este proceso de creación del hombre nuevo, supongo que en aras de la cultura, mal que le pese a Nietzsche, Rousseau le sirvió en bandeja de plata igualmente la “voluntad general” encarnada en la soberanía indivisible e inalienable. El Estado prusiano se encargaría igualmente en otro desliz de la cultura, Kant y Hegel mediante, de devolver la soberanía a las sienes del monarca, supongo que por efecto de la voluntad de poder que se apoderaba así de la voluntad general.

Ya vendría Marx para devolverle al pueblo la voluntad general, y el nuevo hombre nuevo y valga la redundancia, se apoderaba de la voluntad general a través de la dictadura del proletariado. Así, después de los múltiples avatares bélicos y revolucionarios de la “virtuosa” historia europea, llegó finalmente la dictadura del proletariado allende los Urales en un tren alemán. Lenin, el hombre nuevo encargado de hacer los nuevos “hombres nuevos” en función de la “voluntad general”. La soberanía volvía así al “pueblo” y Lenin, tanto como el nuevo monarca sin corona, representaba el poder de la subjetividad como última decisión de la voluntad… tal como había propuesto Hegel.

No podría decir que la “voluntad general” del hombre nuevo, Lenin, carecía de voluntad de poder. Dado que la salud de Nietzsche no le permitió ver la luz del siglo XX, no podemos saber cuál habría sido su valoración de este nuevo Robespierre incorruptible al igual que él, y que sustituyera a los comité de “salud pública” por la cheka que con el hombre de acero (Stalin) se convertiría en la KGB encargada de eliminar todo intento de no participar de la naturaleza del hombre nuevo. El intento fallido de crear hombres nuevos tuvo un costo enorme en vidas, donde quiera que apareciera este Estado que respondía a la dictadura del proletario, perdón, del proletariado.

Cuando Spengler escribía su Decadencia de Occidente, parece que no estaba muy seguro de que bien Rusia no fuera Occidente o que al igual que Nietzsche, no compartía las virtudes del hombre nuevo, ya fuera con el ciudadano de Ginebra o con el filósofo de Treves . Al poco tiempo de la llegada de la cultura a Alemania, al menos de la “voluntad de poder” del “pintor”, Adolfo Spengler entregaba su alma. Por consiguiente, si bien sabemos de su teoría, poco sabemos de su experiencia, que en general en estos casos la brecha entre la teoría moral y la praxis política ha sido, es y seguirá siendo enorme.

Lo que sí sabemos es que estos dos caracteres, hombre nuevo y superhombres, léase Stalin (sucesor de Lenin) desde las estepas y el superhombre de la Selva Negra, se dieron la mano en 1939 a través de sus representantes, Molotov y Ribentrop. El propósito era dividirse el mundo hasta que el superhombre encontró que el hombre nuevo no estaba a su altura, y la “Operación Barbarroja” decidió que el “milenio” se acortara tanto como le había ocurrido a su predecesor que al paso de la Marsellesa terminara en Elba como paso previo a Santa Elena y Beethoven se inmortalizara en “La Heroica”.

Cualquier atisbo de libertad en estos mundos del “deber ser” inspirado en el imperativo categórico kantiano, es un sueño imposible y la realidad una pesadilla de la historia. El triunfo de las huestes del “hombre nuevo” amparado por el “Préstamo y Arriendo” y acordado en “Yalta” lograra en gran parte su proyecto pactado con el “superhombre” y se quedó con la mitad de Europa. Las casacas rojas permanecerían y durante toda la llamada “Guerra Fría” encontraron en las “camisas negras” la descalificación más absoluta de todo intento de salir de aquella trampa tendida por Zeus entre el hombre nuevo del buen salvaje, al buen salvaje del superhombre.

Todo este prolegómeno viene a mano con un objetivo esencial y es mostrar que existe una alternativa real y manifiesta a la predicción spengleriana entre Rousseau y Nietzsche. Para ello vale recordar que los ingleses en medio de su cultura también descripta por Shakespeare, desde los climas de su insularidad en los tiempos de los Tudor y de los Estuardo no se diferenciaban demasiado, salvo en el idioma de sus congéneres, los Romanov, Habsburgos, Horhenzollern, Borbones, etc que imperaban del otro lado del Canal de la Mancha. Y tanto que al respecto escribiera David Hume en su Historia de Inglaterra, refiriéndose a los tiempos de Elizabeth I: “En esa época los ingleses se encontraban tan completamente sometido, que como los esclavos del Este, estaban inclinados a admirar aquellos actos de violencia y tiranía que eran ejercidos sobre ellos y a sus propias expensas.”

No parecería pues que fue el clima o la cultura la que produjo la Revolución Gloriosa de1688, casi desconocida por no haberse matado a nadie, y respecto a la cual Hume igualmente dijo: “Y puede decirse con justicia, y sin ningún peligro de exageración, que en esta isla, desde entonces hemos disfrutado sino el mejor sistema de gobierno, al menos el más completo sistema de libertad que fuera conocido por la humanidad”. Precisamente porque antes de esa fecha no existía la libertad en Inglaterra que los peregrinos cruzaron el Atlántico en el Mayflower y a partir de 1787 iniciaron el proceso civilizador más grandioso que conociera la historia.

Basta leer El Federalista, para encontrar los principios elementales de la libertad,  que como bien había señalado John Locke, se definían por el respeto a los derechos individuales; la vida, la libertad, la propiedad y el derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad. Y en sentido similar se pronunció Hume sobre las condiciones de la estabilidad en la sociedad: “la seguridad en la posesión, la transferencia por consenso y el cumplimiento de las promesas”. Pero recuérdese que Hobbes también era inglés y en su Leviatán había justificado igualmente la voluntad de poder como antítesis supuesta de la voluntad general de Rousseau.

Entonces, puedo coincidir con Hume que la civilización es un aprendizaje de la historia y la libertad es el perfeccionamiento de la sociedad civil. Y por supuesto sostiene que la verdadera libertad incorpora las restricciones de la ley, “Requiere aquellas limitaciones que son necesarias para que el individuo esté seguro del daño causado por otros individuos o por el gobierno.” Y por supuesto, esa realidad era reconocida por Hamilton que en El Federalista escribió: “una peligrosa ambición subyace más detrás de la espaciosa máscara del celo por los derechos del pueblo, que bajo la apariencia prohibida del celo por la firmeza y la eficiencia del gobierno.”

Creo que he mostrado que la libertad es un aprendizaje de la historia y no surge de la cultura sino que se impone por sobre la cultura. Y si faltaba un ejemplo de esta realidad, lo encontramos en el proyecto argentino de la segunda mitad del siglo XIX, basado en la Constitución de 1853-60. Por supuesto, en las ideas de Alberdi, que ya había sabido distinguir entre la libertad anglosajona y la que denominara libertad latina y a la que se refiere así: “Es la libertad de todos referida y consolidada en una sola libertad colectiva y solidaria de cuyo ejercicio exclusivo está encargado un libre Emperador o un Zar liberador. Es la libertad del país personificada en su gobierno y su gobierno todo entero personificado en un hombre.”

A partir de allí, Argentina dio un vuelco en su historia, superando la cultura del fanatismo y de las leyes de India para alcanzar la civilización. Tanto así que de las “culturas” europeas venían los inmigrantes en busca de la libertad que había sido establecida no por la cultura sino precisamente por su superación. Alberdi así no sólo descreía de la voluntad general, sino que describía a Nietzsche antes de que este escribiera sobre la “voluntad de poder” (will of power). Tanto así que Sarmiento en sus Comentarios a la Constitución de 1853 dice: “Dícenos que los pueblos no están en estado de usar instituciones tan perfectas. Si hubiéramos de juzgar por ciertos hechos de la República Argentina, diríamos que esos pueblos no están preparados, sino para degollar, robar, haraganear, desvirtuar y destruir. Pero hay otro orden de hechos que muestra que esos pueblos en nada ceden a otros americanos en cuanto a su capacidad de aprender el juego de las instituciones.”

De las anteriores palabras, surge que era posible, y así fue, superar la cultura por la civilización, lo que no logró Europa Occidental hasta la llegada de los tanques Sherman y el Plan Marshall en 1945. Y precisamente igualmente podemos decir que la involución argentina resultó de que cuando Europa accede a la civilización, Argentina impone a su política el pensamiento que había perdido la guerra. O sea al respeto de los derechos individuales, que la había caracterizado, es sustituido políticamente por el pensamiento de la voluntad de poder y así el superhombre Perón alcanza el poder ante la misma disyuntiva europea de enfrentar al hombre nuevo y la voluntad general. Ésta es, lamentablemente, la disyuntiva que en nombre de la democracia, o sea de los derechos del pueblo, sigue vigente en Argentina, y los resultados están a la vista. No la menor expresión de libertad; el argentino hoy teme por su seguridad amenazado por el gobierno y en la calle por otros argentinos. Por ello es que insito en que en la falacia de Braden o Perón la alternativa sigue siendo Alberdi o Perón. Y mientras siga ganando Perón en ausencia de una oposición que interprete y rescate a Alberdi, continuaremos inmersos en la desesperanza, la inseguridad y la pobreza.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

UNA MIRADA AL MUNDO

Por Armando Ribas. Publicado en:  http://www.armandoribas.com.ar/mirada.html

 

Las sociedades que esperan su felicidad de la mano de sus gobiernos, esperan una cosa que es contraria a la naturaleza.

Juan Bautista Alberdi

El socialismo en general tiene un record de fracasos tan estrepitosos que solo un intelectual puede ignorarlo o evadirlo.

Thomas Sowell

Comencemos entonces por el caso de Venezuela, donde el presidente Nicolás Maduro entraña una política que amenaza la libertad. Ya debiéramos saber que Simón Bolívar jamás pudo distinguir la diferencia entre la independencia y la libertad, y fue así que Sarmiento consideró que su gobierno había sido la primera tiranía en el continente. Pero en la actualidad el presidente Maduro, heredero del discípulo de Fidel Castro, el general Chávez, ha iniciado un proceso que desafía el principio fundamental de la libertad y que tiene por fin justificar el poder político absoluto.

 

Ese desafío comienza con la creación del Vice Ministerio de la Felicidad Suprema. O sea que supuestamente el gobierno se encarga de otorgar la felicidad al pueblo. Esa propuesta constituye la violación del principio fundamental de la libertad, como lo reconociera John Locke, y así lo reconociera Jefferson en La Declaración de Independencia de Estados Unidos, y que es el derecho del hombre a la búsqueda de la felicidad. Ese derecho es un principio ético que significa que los intereses privados no son contrarios per se al interés general. Es en función de ese principio, que parte del reconocimiento de la naturaleza humana, que el poder judicial se constituye en la garantía del respeto a los derechos individuales.

 

Al respecto David Hume escribió: “Es solamente por el egoísmo y limitada generosidad del hombre, en conjunto con la escasa provisión que la naturaleza le ha hecho para sus necesidades que la justicia deriva su origen”. Ese es el principio fundamental para reconocer que el sistema ético en que se basa la libertad, se sustenta en la noción de la naturaleza humana, y no de la pretensión de la creación de un hombre nuevo. Esa fue la noción aviesa de Rousseau de la cual partió para reconocer el poder de la soberanía como un poder absoluto, a la vez encargado de modificar la naturaleza humana.

 

En los anteriores conceptos podemos ver los principios del totalitarismo que se avecina en Venezuela, y que se originara en Cuba por primera vez en el continente, por más que lo que considero el cinismo político universal, pretenda ignorarlo. Maduro ya no esconde su proyecto y por tanto intenta la militarización de la sociedad. Con ese propósito asegura que: “La milicia bolivariana es una tremenda fuerza moral”. Por supuesto está rodeado de militares y compra más armas. Y sepamos que la militarización no es una fuerza para una guerra externa sino la garantía del poder interno. Así tenemos el nacional socialismo que es determinante del poder absoluto para desconocer la propiedad privada y por supuesto, siguiendo el pensamiento de Rousseau, aplica la censura.

 

 

En ese aspecto me voy a permitir recordar que, aunque se haya ignorado, fue el ejército de Batista el que le otorgó el poder a Fidel Castro y sus adláteres como el Che Guevara. Así se destruyó la libertad y la riqueza del país que en 1959 tenía el más elevado nivel de vida en América Latina y hoy compite por la pobreza con Haití. La historia muestra que el poder político absoluto se sustenta en la falacia de que representa el interés general y el bien común, y se traduce en la falta de libertad ciudadana y la riqueza de la nueva clase. Ya Maduro es conciente de esa realidad, a la que colabora con las falacias del más allá y del pajarito, pero que básicamente entraña la clara noción de Machivello: “El príncipe no puede controlar el amor, pero si el miedo”.

 

Es en esa concepción ética que se basa el socialismo, que no obstante que como señala Sowell ha sido la esencia histórica del fracaso, se ha apropiado de la ética de la igualdad como valor supremo en el camino al poder, ya fuere democráticamente o dictatorialmente. Esa es la realidad que enfrenta hoy el llamado mundo Occidental en el que me atrevo a incluir a América Latina. Pero evidentemente la izquierda se ha apropiado de la ética, y tanto así que ya liberales famosos se autocalifican como liberales de izquierda. Ello pretende significar que están a favor de los pobres, en tanto que se ignora que son ésos que están a favor de los pobres los que se enriquecen a su costa y crean más pobres.

 

A fin de entender la filosofía política que está en juego, creo procedente recordar la noción maniquea del socialismo, tal como la describe Marx en su “Filosofía Alemana”. Allí comienza por señalar que en la sociedad capitalista existe una división entre el interés común y los intereses particulares. Por ello considera igualmente que la división del trabajo implica una contradicción entre el interés del individuo y su familia y el interés común. Por ello prevé que en la sociedad comunista donde no existe la propiedad privada y el estado ha desaparecido, la sociedad regula la producción general y hace posible que nadie tenga una actividad exclusiva. Así podrá hacer una cosa hoy y otra mañana; cazar en la mañana y pescar en la tarde; arrear ganado en la tarde y criticar al anochecer. Oídas esas palabras se me hace imposible comprender que alguien de mediana inteligencia, de buena fe puede creer tal absurdo del nirvana en la tierra. Y recuerdo las palabras de Popper: “La utopía genera la violencia”. Por ello estoy convencido de la existencia de dos clases de socialistas: los que lo creen a partir de la envidia, y los que lo usan a partir de la hipocresía para llegar al gobierno, y no puedo dejar de reconocer los éxitos de estos últimos sobre los primeros.

 

En el Manifiesto Comunista, después de reconocer que la burguesía en solo cien años había creado más riquezas que todas las generaciones anteriores juntas, llegó a la conclusión de que por supuesto eso se logró mediante la explotación del hombre por el hombre. Por tanto tenía que llegar la Dictadura del proletariado, para la eliminación de la propiedad privada y el Estado desaparecería (Engels), creándose las condiciones expuestas anteriormente. En 1890 Eduard Bernstein en discusión con Lenín sobre la social democracia, escribió “Las Precondiciones del Socialismo” donde partiendo de la idea de que el socialismo era el heredero legítimo del liberalismo, concluye que no se necesita la revolución sino que se puede alcanzar democráticamente. En este sentido si bien considero que el socialismo es la antítesis filosófico política del liberalismo, asimismo reconozco que tuvo razón pues impera la demagogia tal como la describiera Aristóteles hace 2.500 años. Por supuesto también estaba de acuerdo con la eliminación de la propiedad privada, pero que no se haría mediante expropiaciones violentas, sino mediante lo que llama la organización, y que yo me permito considerar el incremento considerable del gasto público y consiguientemente el aumento de los impuestos a tales niveles que constituyen una violación del derecho de propiedad.

 

Dicho lo que antecede creo que es obvio que la existencia de un partido socialista, tanto en Estados Unidos como en Argentina es inconstitucional. El proyecto socialista de eliminar la propiedad privada, es una violación de los derechos que garantizan los artículos 14 y 17 de la Constitución Nacional. En Estados Unidos no existen partidos socialistas, pero es evidente que la política de Obama tiende en esa dirección. O sea sigue los pasos del sistema del Estado de Bienestar europeo aumentando el gasto y los impuestos. Es evidente que a partir de cierto nivel los impuestos constituyen una violación del derecho de propiedad. Ya se debiera saber que es la causa de la crisis que padece pertinazmente la Unión Europea, pues tal como escribiera The Economist: “El problema de Europa es el sistema, y el que lo quiere cambiar pierde las elecciones”:

 

Como bien dijera Stefan Theil la filosofía europea es la del fracaso, y no obstante la evidencia de la crisis en los colegios y universidades de Francia y de Alemania se enseña la aversión al capitalismo. Y dice: “El capitalismo mismo es descrito en varios puntos en el texto como brutal, salvaje, neoliberal y americano”. Me imagino como esa enseñanza se sentirá corroborada en los hechos ante el presente espionaje americano a los líderes europeos. Está visto que la demagogia impera bajo la gesta de la democracia mayoritaria, que es precisamente el desafío al Rule of Law, sistema en el cual las mayorías no tienen el derecho de violar los derechos de las minorías y de los individuos. Y es esa gesta que se ha apropiado de la ética, y por tanto tal como dijera Bernstein el socialismo no requiere la revolución, y a los hechos me remito.

 

La situación en América Latina difiere de la europea, y podría decir: “Un espectro está rondando América Latina, es el espectro del socialismo del Siglo XXI”. Y ese espectro que amenaza la libertad en el continente está basado en la supuesta lucha por la igualdad, que ahora Maduro pretende lograrla otorgándole directamente la felicidad al pueblo. No obstante los precios del petróleo, en Venezuela parece carecerse de todo, inclusive de papel higiénico y ahora de papel de diarios, y la inflación alcanza al 40% anual. Pero está visto que la felicidad la pretende otorgar militares mediante, así que parece que como en Cuba es peligroso mostrar que alguien no es feliz. Así estamos amenazados por lo que Jefferson denominara “Un despotismo electivo”.

 

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

Democracia y capitalismo

Por Armando Ribas. Publicado el 20/9/13 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2013/09/democracia-y-capitalismo.html#more

“Tanto son más fuertes los vicios del sistema que la virtud de los que lo practican”. – Alexis de Tocqueville

No es la primera vez que intento definiciones que parecen inasibles. No fue otro que Frederic Nietzche quien dijera que democracia y socialismo son sinónimos. Con anterioridad ya Alexis de Tocqueville había señalado que “Socialismo y concentración de poder son frutos del mismo suelo” Todo parece indicar pues que las democracias en nuestro mundo occidental y cristiano, con excepción por ahora de Estados Unidos, se constituyen en violación de los principios en que se fundara el capitalismo, que fuera el único sistema a partir del cual se creara riqueza por primera vez en la historia.

Tal como con anterioridad he sostenido que el socialismo fue la denominación que le diera el Iluminismo a la demagogia, no puedo menos que insistir en que capitalismo fue la denominación dada por Marx para descalificar éticamente al sistema, que el mismo reconociera como generador de riqueza. Entonces me voy a permitir citar a Aristóteles quien hace 2500 años definiera la demagogia diciendo:”Tan pronto como el pueblo es monarca, pretende obrar como tal, porque sacude el yugo de la ley y se hace déspota, y desde entonces los aduladores del pueblo tienen un gran partido”. Tampoco puedo dejar de recordar las atinadas observaciones de Thrasimacus cuando dijera refiriéndose a la naturaleza humana y las condiciones del hombre en la política: “El debe decir en las asambleas y en las cortes judiciales lo que la gente quiere oír, así ellos pondrán el poder en sus manos…El debe tomarlos por los oídos antes de tomarlos por la garganta”

Mi criterio aunque pueda parecer un tanto exagerado sería que gran parte del mundo está tomado al menos por los oídos. Tanto así que en Europa tal como dijera The Economist, la causa de la crisis es el sistema de bienestar y el que quiere cambiar el sistema pierde las elecciones. Entonces pasando al capitalismo tenemos a Marx que en el Manifiesto Comunista le reconoce a su odiada burguesía que en cien años había creado más riquezas que todas las generaciones anteriores juntas. (SIC) Pero he aquí que seguidamente sostiene: “La sociedad burguesa con sus relaciones de producción, gigantescos medios de producción e intercambio, es como un brujo que ya no es capaz de controlar los poderes del mundo bajo que ha llamado con su hechizo” Como consecuencia de esa ignorancia Marx predice que el trabajador en el mundo moderno, en lugar de mejorar con el progreso de la industria empeora su situación.

Pues bien no obstante la estupidez de ese análisis que culmina con la utopía de la sociedad sin clases, donde superada la escasez como condición de la libertad, el estado desaparecería, Marx está presente Edward Bernstein mediante. Tanto así que recientemente Ferry Eagleton publicó un libro titulado “Marx Was Right” (Marx Tenía Razón). Y esta realidad de la presencia de Marx en nuestro mundo se manifiesta a través de la social democracia a contrario de las predicciones de Marx ha causado la actual crisis en Europa. Y esta crisis es el resultado de la demagogia socialista plus la ignorancia pertinaz de la teoría económica que impiden en gran medida su superación.

Debo insistir entonces en que el capitalismo no es un sistema económico, sino que la economía es el resultado de un sistema ético, político y jurídico que permitió la transformación del mundo hace apenas unos doscientos años. Ese sistema se basó en las ideas liberales plasmadas originalmente por John Locke y seguidas por David Hume y Adam Smith. Fue a partir de las ideas de Locke que la Glorious Revolution del 1688 transformó el sistema político inglés y permitió se produjera la Revolución Industrial que fue la consecuencia del respeto por los derechos individuales y la limitación del poder político. Esas ideas fueron desarrolladas y puestas en práctica por los Founding Fathers en Estados Unidos bajo la denominación del Rule of Law. O sea la economía es el resultado y no la causa, por más que haya momentos en la historia en que las circunstancias permitan un enriquecimiento nacional, inclusive ajeno a la política seguida. Tal es aparentemente la circunstancia existente en la actualidad en los países en desarrollo..

Los principios fundamentales del liberalismo a los que me he referido son en la ética el reconocimiento de la falibilidad del hombre: “Los monarcas también son hombres” Locke; “La naturaleza humana es inmutable y no generosa y la naturaleza no es pródiga; si queremos cambiar los comportamientos debemos cambiar las circunstancias y ese es el origen de la razón de ser de la justicia” David Hume. El otro principio fundamental es la denominada mano invisible, según la cual la búsqueda del interés particular beneficia al conjunto y no viceversa. Así dijo Adam Smith: “He visto muy poco bien hecho por aquellos que pretenden actuar por el bien público.

Bien me he permitido hacer todo este planteo filosófico político, pues considero que es a partir de la comprensión de estas ideas que será posible superar la crisis que agobia al mundo industrializado. En ese sentido quiero comenzar por un tema que considero trascendente y que es la evidente correlación inversa entre el aumento del gasto público y la tasa de crecimiento. Así podemos ver que en los tres países más importantes de la Eurozona, Francia, Alemania e Italia en la década 1960-70 la tasa del crecimiento del PBI alcanzó un promedio entre 5.0% y 6.0% por año. En ese período el gasto público en Francia era inferior al 30% del PBI y en Alemania e Italia alcanzaba a un 13.0 y 17.0% respectivamente. Después de 1980 el gasto público en relación al PBI comenzó a aumentar llegando a alcanzar al 50% en Francia y al 47.0% en Alemania e Italia. La consecuencia fue que entre el 2000 y el 2008 la tasa de crecimiento de los respectivos países cayó al 0.8% por año en Francia, el 1,2% en Alemania y el 0.8% en Italia.

Insisto entonces en la necesidad de revisar la teoría económica en función de la realidad que enfrentamos del impacto del gasto público, que sólo puede reducirse bajando su nivel y/o el incremento de su eficiencia. Por ello es igualmente necesario revisar la teoría monetaria y tomar conciencia de que el control monetario ante la expansión del gasto público a quien perjudica es al sector privado y por tanto a la inversión y el crecimiento.. El problema reside en el crecimiento de la deuda, y por supuesto en la medida que continúan los déficits fiscales la deuda aumenta. Y tanto más en relación al PBI cuanto menor es la inflación.. Por tanto debemos reconocer que la política monetaria es fundamental para tratar de resolver o paliar los desequilibrios causados por la expansión del gasto público.

Teniendo en cuenta las anteriores consideraciones no puedo menos que recordar las sabias palabras de Milton Friedman en su análisis de la crisis del 29 cuando culpó al Federal Reserve de Washington por no haber actuado como prestamista de última instancia y al respecto dijo: “Otra forma de detener el pánico es el capacitar a los bancos sanos a convertir sus activos en dinero efectivo, no a expensas de otros bancos sino de la disponibilidad adicional de efectivo con una impresión de moneda de emergencia”.Asimismo recomendó la compra de bonos por parte del Federal Reserve. Esta ha sido la política seguida por Bernanke en Estados Unidos, y al que aparentemente se oponía la Sra. Merkel para salvar a los bancos mediante la creación de un bono común. Al momento de escribirse estas líneas los bancos centrales de los cinco principales países del mundo industrializados acaban de tomar una decisión acorde con la recomendación de Friedman.

En fin la salvación está en la política y no en la economía. Esa solución parte de reconocer las virtudes de la propiedad privada, y por consiguiente la reducción de la injerencia de gobierno en la economía. Ello implica asimismo la aceptación del principio del derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad y no que ésta quede a cargo de los gobiernos, lo que implica la aceptación del criterio de Nietzche de la exaltación del fracaso. Si por el contrario las mayorías tienen el derecho a violar los derechos de las minorías nos encontramos ante la ausencia de la justicia y el mantenimiento del poder absoluto de los gobiernos que pretenden su representación. En esas condiciones me atrevo a decir que no habría soluciones pues no sería más que la continuidad de la presente crisis en virtud de tener a los pueblos tomados de los oídos.

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

Libertad y riqueza en la historia

Por Armando Ribas. Publicado el 28/8/13 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2013/08/libertad-y-riqueza-en-la-historia.html#more

Mientras más leo los análisis políticos internacionales, más me siento preocupado por lo que considero la confusión reinante. Esa confusión surge evidentemente de la ignorancia colectiva respecto de la naturaleza, ética, política y jurídica del sistema que cambió la historia del mundo, y permitió la creación de riqueza por primera vez en la historia. Tanto así que como lo expone Wlliam Bernstein en su obra “The Birth of Plenty” (El Nacimiento de la Abundancia) en los 1500 años después de Cristo el ingreso per cápita en el mundo prácticamente no varió y fue solo a partir de mediados del siglo XVIII que comenzó el proceso de generación de riqueza. Ese hecho inusitado fue reconocido por el propio Marx que en el Manifiesto Comunista dice: “La burguesía en solo cien años de dominio ha creado más riquezas y más fuerzas productivas que todas la generaciones anteriores juntas”.

No obstante ese reconocimiento, lejos de considerarlo como un evento favorable a la humanidad lo descalificó éticamente como “capitalismo” en que se producía la explotación del hombre por el hombre.(SIC) Tal proyecto se considera entonces como un sistema económico, hoy más expuesto en el mundo a su descalificación por la izquierda apropiada de la ética en nombre de la supuesta búsqueda de la igualdad económica. Ese proceso de transformación se inició en Inglaterra a partir de la ignorada Glorious Revolution en 1688 que bajo la égida del pensamiento liberal de John Locke y más tarde influenciada por David Hume y Adam Smith lograra la llamada revolución industrial, de la cual se desconoce igualmente que su origen no es económico sino la consecuencia de la transformación del sistema político que entraña el reconocimiento de los derechos individuales. Ese proceso sin igual en la historia fue llevado a sus últimas consecuencias en Estados Unidos.

Es pertinente entonces analizar las fuentes que produjeron ese milagro histórico, pero antes debo igualmente explicitar el hecho de que otra de las confusiones del momento es considerar a Estados Unidos como un imperio. La historia nos muestra que los imperios se crearon a partir de la dominación de los estados vecinos, en un mundo en el que la guerra era la razón de ser de los estados. Creo que es evidente que esa no ha sido la historia de Estados Unidos. Así podemos ver que ha sido el único país en la historia que después de haber ganado una guerra, en lugar de pedir reparaciones a los vencidos les repara su economía. Y más aun, gracias a los Estados Unidos no somos nazis o comunistas.

A partir de esa confusión me atrevería a decir que Lenín está presente mediante su “Imperialismo Etapa Superior del Capitalismo”. En función de ella el odio a la denominada hegemonía americana se ha convertido en un determinante ideológico del acceso al poder en el llamado mundo civilizado en el cual me atrevería a considerar incluida América Latina. Es evidente que los Founding Fathers tomaron conciencia del pensamiento de David Hume contenido en su “De los Celos del Comercio” que diría que está hoy relativamente vigente por primera vez en la historia. Y así dijo: “Yo me aventuro a decir que el incremento de la riqueza y del comercio de cualquier nación, en lugar de herir, comúnmente promueve la riqueza de y el comercio de todos sus vecinos”. Creo que teniendo en cuenta esta realidad es que la China le sigue comprando los bonos de los Estados Unidos.

Aquí llegamos a otra confusión pertinaz que es el concepto mismo de democracia como el gobierno del pueblo y por el pueblo. Así se olvida la advertencia de Aristóteles al respecto cuando escribió: “Tan pronto como el pueblo se hace monarca, pretende actuar como tal, porque sacude el yugo de la ley y se hace déspota, y desde entonces los aduladores del pueblo tienen un gran partido” Es ahí que surge la demagogia y de ella se deriva el socialismo en la búsqueda del hombre nuevo. Pero esa advertencia fue tenida en cuenta por los Founding Fathers para constituir el sistema del Rule of Law. A tales efectos es pertinente rever el pensamiento de los Founding Fathers al respecto, que ha sido ignorado en el mundo y hoy parece olvidado en los Estados Unidos. Tanto así que ha aparecido en la figura del nominado candidato a la vicepresidencia Paul Ryan un intento de recordarlo. En primer lugar no puedo menos que empezar recordando las palabras de Thomas Jefferson: “Un despotismo electivo, no fue el gobierno por el que luchamos”. Gran parte de América Latina es hoy un ejemplo de esa tergiversación de la libertad del poder de las mayorías.

En ese sentido se pronunció claramente James Madison para distinguir el concepto de república de la democracia. Consecuentemente establece el principio de que las mayorías no tienen derecho a violar los derechos de las minorías, y por tanto se reconoce la primacía del derecho de propiedad, que como tal se considera el eje de la creación de riqueza. Igualmente Alexander Hamilton tomó conciencia de la problemática actual que como reconociera Nietche, socialismo y democracia serían la misma cosa. Así respecto a los supuestos derechos del pueblo, hoy a mi juicio también confundidos bajo el concepto de los derechos humanos, dice: “Una peligrosa ambición subyace detrás de la espaciosa máscara del celo por los derechos del pueblo”. Yo diría que esa peligrosa ambición representa hoy el sistema social demócrata europeo, hoy en crisis, que la izquierda hábilmente pretende considerar la crisis del capitalismo.

Ya debiéramos haber aprendido que cuando los derechos son del pueblo, Ud. no tiene derechos, pues la definición de los mismos queda a cargo del poder político, y el intento de desconocerlo en función de nuestro derecho individual, aparece como una violación de la democracia y aun la pretensión de un golpe de estado. Podemos ver entonces que la pretensión de la supuesta igualdad económica, hoy puesta de manifiesto en las palabras del presidente Obama, constituye la violación del derecho de propiedad, y asimismo esa ilusión que lleva al poder, es la generadora de la pobreza, y porqué no decirlo de la presente crisis europea. Asimismo es la violación de la necesaria limitación del poder político, ante la conciencia de la naturaleza humana.

Perdón por las citas, pero en ese sentido vale recordar el pensamiento de Alexis de Tocqueville, quien sostuvo que los economistas habían sido más culpables que los filósofos por el fracaso de la Revolución Francesa, pues para ellos no había derechos privados, sino solamente utilidad pública.(SIC). Y aquí nos encontramos con otra confusión histórica que es la creencia de que la Revolución Francesa fue la continuación de la Revolución Americana, cuando en la realidad fue su antítesis. Y tanto así que el propio Lenín consideraba que los bolcheviques eran los jacobinos del siglo XX. Y al respecto debo rescatar el análisis de Peter Drucker, quien en sus “Escritos Fundamentales” escribió: “Tan difundida y tan falaz como la creencia de que la Ilustración engendró la libertad en el siglo XIX, es la creencia de que la Revolución Americana se basó en los mismos principios que la Revolución Francesa”. En función de ese criterio he sostenido que el socialismo es la denominación que le diera el Iluminismo a la demagogia.

Así surgió en su oportunidad el fascismo, que en su versión moderna se le denomina capitalismo de amigos. Esta otra vez no es más que la consecuencia de la inseguridad jurídica interna, basada una en la supuesta pretensión igualitaria, que por supuesto determina la desigualdad política del poder absoluto en nombre del pueblo. Ante la ausencia de derechos surge la alternativa de la colusión frente a la posibilidad de las nacionalizaciones por el bien público. Por ello igualmente descreo del Iluminismo que a mi juicio a través de la razón generó el totalitarismo y así considero que socialismo fue la denominación otorgada a la demagogia prevaleciente en los sistemas del Estado de Bienestar.

Estoy convencido por tanto de que en la medida que sigamos ignorando la realidad histórica-política que he tratado de describir, nos encontramos ante el predicado de Séneca: “Para el que no sabe dónde va no hay viento favorable”. Así investido de democracia presenciamos la generación de pobreza a través del socialismo, que en Europa es democrático, y en América Latina tiende al totalitarismo fascista como fue la Europa de Hitler y Mussolini. Por favor sigamos el juicio de David Hume la historia es un aprendizaje y de ella se deriva la conciencia de la justicia de donde deriva la esencia de la libertad.

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.