Brexit o no Brexit, esa no es la cuestión

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 30/3/17 en: https://www.elcato.org/brexit-o-no-brexit-esa-no-es-la-cuestion

 

El Reino Unido activó este 29 de marzo el artículo 50 del Tratado de Lisboa para iniciar las negociaciones del Brexit. El pasado 23 de junio los británicos votaron a favor de abandonar la Unión Europea (UE) —“British exit”— lo que llevó al entonces primer ministro, David Cameron, a renunciar dejando el lugar a Theresa May que asumió el 13 de julio que aseguró que “vamos a hacer que sea un éxito” lo que puede ser verdad, después de todo, el problema es el sistema no la forma.

¿Quién tiene razón? Casi la mitad de los británicos se oponen al Brexit, en tanto que el nacionalismo escocés dejó claro a Theresa May que no está dispuesto a ceder su desafío independentista y que quiere celebrar el nuevo referéndum de independencia antes de que, en la primavera de 2019, Reino Unido quede fuera de la UE. En cualquier caso, muchos creen que, si hay ganadores de la victoria del no británico a la UE, son los partidos de la extrema derecha europea como el Frente Nacional francés liderado por Marine Le Pen.

Supuestamente la líder francesa es “anti sistema”, como Trump. Ambos tienen el mismo mensaje contra las élites políticas y mediáticas, y la misma promesa de endurecer fronteras para “recuperar la soberanía”. Son hábiles para captar el humor de las masas, porque está claro que las sociedades occidentales están hartas del sistema, pero, dejando claro que el mundo —como todo en el cosmos— evoluciona por lenta maduración y nunca por revoluciones, en realidad están apoyando a quién desde “fuera del sistema” sostendrá al sistema.

Aunque “No hay puntos en común, en realidad” entre Trump y Le Pen, dice Jean-Yves Camus, de la Fundación Jean Jaurès, próxima al Partido Socialista francés. Trump, aunque no era político, fue el candidato de uno de los dos grandes partidos del sistema. El Frente Nacional, se dice fuera del sistema porque no tiene puntos de encuentro con los otros partidos, pero Le Pen es una política profesional.

Y ambos sintonizan con la Rusia de Vladímir Putin y el cuestionamiento al “orden internacional liberal”. Es la hora de los estados-nación, de líderes fuertes, dicen, del nacionalismo frente al globalismo… vamos, digámoslo claramente, de la demagogia, de otro modo no se explica que Putin siga teniendo 80% de aprobación aprovechando, por cierto, el aparato de propaganda que conlleva el ser oficialista.

Aunque Alexei Navalny, días atrás, convocó una gran marcha anti corrupción sin autorización en la que resultaron detenidos él junto a más de 800 personas en Moscú, consiguiendo romper el tabú de la necesidad de pedir permiso para protestar. 90 ciudades se movilizaron, desde Kaliningrado a Siberia, siendo zonas donde la vida transcurre despacio, y la gente depende más de ayudas estatales, y está controlada por dirigentes que pueden tomar represalias.

Pero el “respeto” que se tiene hacia Putin no es extensible al gobierno: “Es falso que en los pueblos se conformen, la gente está harta de la policía corrupta y el gobierno ineficaz”, explicaba un miembro de una familia de los Urales. He ahí la clave, el verdadero sistema del cual la gente está harta —y que los políticos sostienen incluidos los “anti sistema”— es el Estado actual que significa el monopolio de la violencia —la violencia— el poder de policía con el que los burócratas imponen sus leyes, sus caprichos y sus intereses y que, como toda violencia, es destructiva y, por tanto, ineficiente.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Gran Bretaña: después de la tormenta

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 30/6/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1913999-gran-bretana-despues-de-la-tormenta

 

Los británicos eligieron claramente salir de la Unión Europea . Parecía una opción indeseable, pero los votos finalmente dijeron lo contrario. Los ciudadanos mayores impusieron a la juventud británica un camino que ella no quería, empujándola hacia un futuro de encierro que las encuestas demuestran no es precisamente el que los jóvenes pretendían.

Esa es la realidad, innegable por otra parte. A partir de ahora cabe esperar un proceso de pérdida creciente de influencia británica en todos los escenarios del mundo. Y un momento, quizás prolongado, de fuerte inestabilidad y de intensa fragilidad política doméstica.

El costo de la decisión británica ha sido -para todos- inmenso en términos de destrucción de valor. Más allá de la propia Gran Bretaña. El gran responsable político de lo sucedido, el primer ministro conservador, David Cameron , ya ha renunciado. Ha pasado claramente a la historia como el inepto causante de esta tremenda tormenta, cuyos efectos serán de largo plazo.

El orden europeo se ha fracturado y sus cimientos están conmovidos. Los dos principales partidos políticos británicos quedaron sumidos en las naturales luchas por atribución de responsabilidades y las pretensiones de inmediatos nuevos liderazgos. Tanto el conservador David Cameron, como el laborista Jeremy Corbyn, están hoy en la mira de sus propios correligionarios, con una baja capacidad de supervivencia. El ascenso del conservador Boris Johnson, que pretende reemplazar a David Cameron puede no ser nada simple. Sucede que hay muchos, entre los conservadores, que le asignan buena parte de la responsabilidad central por lo acontecido, desde que Johnson estuvo entre los partidarios encendidos de alejarse de la Unión Europea.

El Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, anunció rápidamente una visita a Bruselas y Londres para evaluar las opciones de su país en el futuro inmediato. Mientras desde la OTAN se pronunciaba la primera verdad: “Gran Bretaña será, en más, un socio menos efectivo y menos confiable en el escenario del mundo”. Por decisión propia, curiosamente. Se ha dado entonces un paso más en lo que es un lento proceso británico de decadencia.

Londres, como centro financiero, será sensiblemente menos atractivo. Muchas de sus operaciones y actividades están siendo ya presurosamente transferidas a Dublin, Frankfurt o Berlín. Por ahora, al menos. La libra está en su nivel más bajo de los últimos treinta años, perjudicando a sus tenedores, que han visto evaporarse velozmente buena parte de su poder adquisitivo. Las acciones de los bancos europeos cayeron de inicio un fuerte dieciocho por ciento. La sombra de la crisis del 2008 ha vuelto a aparecer.

Como en todo divorcio, los términos de la separación de bienes entre la Unión Europea y los británicos comenzarán pronto a ser discutidos, con un horizonte de no más de dos años de conversaciones y tratativas. Hablamos de un proceso que hasta ahora no ha sido recorrido sustancialmente por nadie. Lleno de incertidumbre, en consecuencia, que proyecta todo lo contrario a las sensaciones de claridad, previsibilidad, confiabilidad y certeza que los empresarios, con razón, siempre priorizan. Hasta que aclare, la actitud general está ya a la vista: las empresas congelan el empleo y postergan sus inversiones. Así de simple.

Como consecuencia de lo sucedido, es también bastante previsible que la propia Unión Europea se transforme en una organización algo más proteccionista. Especialmente en el sector agrícola, al impulso de sus voces menos librecambistas: las de Francia e Italia. Lo que puede afectar las lentas conversaciones que apuntan a un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. Gran Bretaña, ahora en libertad de acción, podría quizás lograrlo bilateralmente.

En materia de tecnología, propiedad industrial y telecomunicaciones, las voces que propugnan mayor regulación y menor libertad de acción seguramente aumentarán su impacto y su sonoridad. Algo parecido podría ocurrir en lo que tiene que ver con las normas que aseguran la libre competencia, que previsiblemente serán interpretadas más flexiblemente, debilitando en paralelo a los respectivos organismos reguladores.

La dosis de apoyo a la libertad económica y a los mecanismos de mercado que ha prevalecido en la Unión Europea puede disminuir, mientras -en contrapartida- las voces proteccionistas, intervencionistas y hasta simplemente dirigistas previsiblemente se entonarán.

En paralelo, en la propia Unión Europea crecerán presumiblemente las propuestas populistas y nacionalistas que han infectado ya a muchos de los Estados miembros. Y probablemente las propuestas de expansión del número de Estados miembros, incluida la tan delicada que tiene que ver con Turquía, deberán seguramente esperar.

Ocurre que la utopía de una Europa sin Estados-nación y sin conflictos, dirigida por unaelite que nadie eligió en las urnas no tiene el respaldo de la gente. Por lejana, opaca y hasta por arrogante.

Además, porque en esencia esa utopía no es, ni pretende ser, democrática. Por eso el aumento del escepticismo, primero, y el creciente deseo de cambio, ahora.

El sueño de una indefinida federación europea ha dejado de cautivar. Muchos quieren menos y no más Europa. La voluntad política requerida para profundizar la integración en cuestiones en curso, tales como la unión monetaria, un mercado común de capitales, un esquema conjunto de garantía de los depósitos cambiarios, la emisión de bonos europeos como mecanismo de financiamiento común, un esquema conjunto de defensa y seguridad, quedarán demoradas. Por un buen rato, presumiblemente.

Una organización creada en su momento para evitar las guerras entre sus miembros ha caminado ya por casi seis décadas, pero su ciclo está hoy en una fase que ahora transmite la necesidad de generar ordenadamente alguna desintegración. De devolver alguna soberanía a sus Estados miembros, en temas concretos.

Hay escepticismo, es cierto, pero además se advierte nativismo, populismo y nacionalismo, tendencias que no son precisamente el alimento requerido para una aceleración de la integración. Sino, todo lo contrario. Mal momento para la Unión Europea. No necesariamente terminal, pero desilusionante por cierto. Y peligroso para la marcha en común, ahora amenazada, que ya no será acompañada por una Gran Bretaña que eligió el portazo.

A manera de reflexión final, cabe señalar que, pese al resultado específico del reciente referendo británico, hay quienes creen que el mismo no es necesariamente definitivo. Esto quiere decir que, podría eventualmente haber una nueva convocatoria a un segundo referendo para tratar de revertir el resultado del primero.

Para ello recuerdan que tanto Dinamarca, como Irlanda, tuvieron primeros referendos con resultados adversos a la Unión Europea, que luego se corrigieron mediante un segundo referendo sobre el mismo tema que no convalidó la primera decisión.

En el caso de Dinamarca cuando, en 1992, sus ciudadanos votaron por el rechazo del Tratado de Maastricht. En el de Irlanda cuando, en 2001, los irlandeses no aceptaron el Tratado de Niza y, otra vez, cundo en 2008, se pronunciaron en contra de ratificar el Tratado de Lisboa.

¿Qué habría que hacer para lograr, esta vez, una nueva convocatoria? Primero, desde la Unión Europea, emitir alguna señal de que hay disposición para permitir -provisoriamente- poner algún límite o cuota anual al derecho de los ciudadanos de los demás países que integran la Unión Europea de residir en Gran Bretaña. En rigor, en cualquiera de los Estados miembros. Segundo, que los dirigentes británicos interpreten que ello permitiría una nueva consulta popular. ¿Es posible? Casi todo lo es, pero en este caso la alternativa no luce nada probable.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El referéndum británico: una decisión con múltiples consecuencias

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/6/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1911639-el-referendum-britanico-una-decision-con-multiples-consecuencias

 

Los ciudadanos británicos irán hoy a las urnas para participar en un esperado referendo cuyo resultado final puede afectar a muchos, aún más allá de Gran Bretaña. Lo hacen para decidir si su país permanece entre los 28 Estados que componen la Unión Europea o si, en cambio, se aleja de ella. Como veremos enseguida, en el resultado del mencionado referendo hay mucho en juego.

A lo largo de los últimos meses, las encuestas de opinión (que, recordemos, se equivocaron feo cuando en su momento trataron de predecir los resultados de las elecciones nacionales británicas del 2015) han sugerido que quienes prefieren no innovar, esto es permanecer en la Unión Europea, finalmente se impondrán.

Esa era ciertamente la expectativa prevaleciente hasta no hace mucho. Pero en las últimas semanas quienes prefieren abandonar a la Unión Europea achicaron las distancias hasta invertir la tendencia. Ello no obstante, el reciente asesinato de Jo Cox -una joven y brillante parlamentaria socialista, que bregaba insistentemente por la continuidad de su país en la Unión Europea- parece haber alterado nuevamente las expectativas -en favor, esta vez, de permanecer en la Unión Europea- al desnudar los perfiles nacionalistas -y hasta xenofóbicos- que alimentan a muchos de quienes prefieren dejar atrás la integración con Europa.

En una surte de curiosa contrapartida, los respetados apostadores británicos sugieren, pese a todo, que los votantes de su país finalmente elegirán permanecer en la Unión Europea, posibilidad a la que, hasta no hace mucho, asignaban una chance bien importante: de nada menos que el 72%.

Lo cierto es que hoy el descontento que existe en Europa respecto de Bruselas va mucho más allá de la propia Gran Bretaña. Es grande. Del idealismo original, muchos han pasado a la desilusión. En Francia, por ejemplo, los euro-escépticos conforman el 61% de las respuestas. Mientras que en la propia Gran Bretaña ellos constituyen tan sólo el 48% de los encuestados.

Cuando se trata de opinar concretamente sobre el tema que hoy luce como el más preocupante y urgente, esto es sobre la manera de controlar la inmensa ola de refugiados que llega a la Vieja Europa desde Medio Oriente y África, el nivel de escepticismo de los europeos aumenta considerablemente. En Grecia, por ejemplo, la desaprobación de la política común sobre esa cuestión en particular es realmente enorme: del 94%. Casi total, entonces. En la moderada Suecia, ella es también muy grande, del 88%. En Gran Bretaña y Francia es del 70% y en la propia Alemania, del 67%.

En materia estrictamente económica, la desaprobación a la política común europea es también bastante clara. En Grecia es del 92%; en Italia, del 68%; en Francia, del 66%; en España, del 65%; y en Gran Bretaña (que no pertenece a la “zona del euro”), del 55%. Existe, queda visto, una suerte de decepción generalizada.

Cabe apuntar, además, que los jóvenes entre los 18 y los 34 años (que tradicionalmente son los que menos concurren a votar) prefieren ampliamente permanecer en la Unión Europea (con un 57% de ellos ubicados abiertamente en esa línea conformista), mientras que, en cambio, los mayores de 50 años se vuelcan mayoritariamente hacia la salida.

Ocurre que la profunda crisis económica de 2007-2008 aún no ha quedado atrás para buena parte de una Europa que ahora ha quedado incómodamente dividida entre países deudores y países acreedores. Por su parte, Gran Bretaña (que siempre ha estado fuera del “euro”) se recuperó de esa dura contingencia bastante más rápido que los países del continente. Tan es así, que su tasa de desempleo es hoy de apenas el 5,1%.

Los problemas de la zona del “euro”, así como el desordenado manejo de la crisis económica de Grecia (que hoy debe más dinero que al estallar su crisis), sumados a la poco eficaz conducción de la cuestión inmigratoria, han minado dramáticamente la confianza que alguna vez depositaran los europeos en sus propios organismos regionales. Por eso muchos en los Estados Miembros hoy quieren menos y no más Europa.

El tema migratorio es realmente excluyente y hoy es el que preocupa, más que ningún otro. La libertad de circulación de las personas, recordemos, está en el corazón mismo de la estructura de la Unión Europea. Es uno de sus principales cimientos. Esa libertad -que lleva ya dos décadas de vigencia ininterrumpida, desde la suscripción de los acuerdos de Schengen- motivó sin embargo que unas 333.000 personas decidieran mudarse permanentemente a Gran Bretaña el año pasado solamente. Más la mitad de ellas, cabe aclarar, son europeos.

Frente a todo esto han crecido las voces disonantes de la extrema derecha. Y el populismo. En Polonia, Austria y Hungría, con toda claridad. Pero también en Francia y Alemania. A lo que se suman las voces del Partido Independiente, en Gran Bretaña. Para ellas, en esencia, el camino a seguir es ahora el de la “des-integración”. El de la “recuperación” de la soberanía que fuera en el pasado delegada a la Unión Europea, dicen. No están más satisfechos con una Europa unida y solidaria que actúa de manera conjunta. Con todo lo que ello significa respecto de los antagonismos, excesos y rivalidades que llevaron reiteradamente al Viejo Continente a la guerra.

Cabe advertir que, aún si los británicos decidieran permanecer en la Unión Europea, el rumbo común continuará previsiblemente instalado en una nube de alta fragilidad hasta que Alemania y Francia dejen atrás sus respectivas elecciones nacionales, previstas para el año que viene.

Si hoy Gran Bretaña -que sabe bien lo que es vivir en la diversidad, desde que cuatro de cada diez residentes en Londres han nacido en el exterior- decidiera no innovar, probablemente saldría fortalecida en su futuro rol europeo.

En cambio, una decisión en favor de salir de la Unión Europea tendría consecuencias graves e imprevisibles. Actuando de pronto a la manera de un eventual terremoto.

En el plano de la política, el actual primer ministro conservador, David Cameron, que conduce a los conservadores desde el 2005 y apuesta a quedarse en Europa, seguramente caería para ser remplazado por su correligionario y rival en este tema, Boris Johnson.

En materia económica, la libra (que ya se ha debilitado ostensiblemente) perdería probablemente buena parte de su fortaleza. Entre otras razones, porque el mercado europeo (de unos 500 millones de personas) ya no estaría disponible para las empresas británicas, razón por la cual los inversores que apunten al atractivo mercado europeo deberían preferir establecerse en países distintos a Gran Bretaña, para así tener y gozar de un acceso directo al mismo.

A todo lo que cabe agregar que en la propia Gran Bretaña habría también algunas inevitables fricciones entre las distintas naciones que la componen. El Partido Nacional Escocés -que, desde una visión separatista, perdiera el referendo del 2014- renovaría quizás sus pretensiones separatistas. Y la frontera que divide a Irlanda del Norte de Irlanda del Sur se cerraría, invalidando uno de los pilares de los acuerdos de paz de 1998 y generando los problemas consiguientes. Hasta la minoría autonomista galesa podría, de pronto, resurgir si los 54 millones de ingleses -que conforman nada menos que el 84% de la población británica total y que son quienes contienen la mayor parte de las intenciones de voto en dirección hacia abandonar la Unión Europea- la obligaran a tener que dejar atrás su actual pertenencia a la Unión Europea.

Ocurre que precisamente entre los ingleses están quienes conforman la mayor parte de los nostálgicos de glorias pasadas y los nacionalistas que sienten que su identidad está en peligro. En cambio, entre los escoceses e irlandeses del norte prevalece la intención de permanecer en el seno de la Unión Europea. Por eso la campaña de quienes apuntan a quebrar el vínculo actual que los une con el resto de Europa parecería ser más una cuestión que tiene que ver con una defensa emotiva de la propia identidad, que una discusión serena sobre el costo real de la pertenencia a la integración europea, incluyendo las consecuencias de una eventual salida de ella.

Los múltiples acuerdos que serían necesarios para concretar la eventual desvinculación británica de la Unión Europea tardarían unos cinco años en negociarse y materializarse, con el daño consiguiente provocado por una larga etapa, llena de imprevisibilidad. Y en la mesa de negociaciones Gran Bretaña difícilmente encontrará la buena voluntad de aquellos de quienes pudo haber decidido separarse.

Finalmente, en materia de política exterior, la tradicional alianza diplomática británica con los EEUU, bastante desdibujada a lo largo de la última década, previsiblemente se debilitaría aún más. Quizás, significativamente. Y, presumiblemente, Berlín remplazaría en muchos temas a Londres como interlocutor preferido del país más influyente del mundo. Lo que generaría las suspicacias del caso en el resto de la Unión Europea.

Gran Bretaña quedaría entonces relativamente de costado en algunos de los temas y cuestiones más importantes -y hasta centrales- de la cargada agenda internacional, incluyendo aquellos que tienen que ver con la paz y seguridad, que no son precisamente neutros cuando de nuestra relación bilateral con los británicos se trata. Esto incluye la posibilidad de acelerar la tendencia hacia la pérdida de influencia sufrida por Gran Bretaña a lo largo de las dos últimas décadas.

Esta misma noche, seguramente, sabremos cual es el rumbo que el resultado del referendo en curso impondrá a Gran Bretaña. Y a otros. Del mismo dependerá ciertamente la marcha de la cuestionada integración europea. Si Gran Bretaña decide dejarla atrás, no es imposible que, por influjo de una Francia que entonces sería bastante más influyente que hoy, pueda volverse más proteccionista, particularmente en materia agropecuaria, lo que para nosotros no sería una buena noticia.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La Unión Europea define las posibles concesiones a Gran Bretaña

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 18/2/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1872105-la-union-europea-define-las-posibles-concesiones-a-gran-bretana

 

El refrendo que convocará el primer ministro David Cameron, en función del cual Gran Bretaña votará si decide quedarse o salir de la Unión Europea, se acerca rápidamente y hasta podría tener lugar a mediados de este año, quizás el próximo 23 de junio.

El tema avanza en medio de una crisis dura que golpea al Viejo Continente: la provocada por la masa de inmigrantes llegados desde el norte de África, Afganistán y Medio Oriente. Porque muchos de los que llegan -con la esperanza de una nueva vida al hombro- procuran afincarse en Gran Bretaña. Razón por la cual, los pasos de Calais y Dunquerque hoy contienen enormes campamentos de refugiados que, desde allí, apuntan a cruzar -de mil distintas ilegales maneras- el Canal de La Mancha. El villorrio levantado en Calais, que luce como el más preocupante, se considera el asentamiento más grande de Europa y está provocando toda suerte de manifestaciones callejeras, de muy distintos signos.

A lo que se agregan las preocupaciones por la vigencia de la democracia y sus libertades esenciales en Hungría y Polonia. Y la posibilidad de una nueva crisis económica en Grecia, en muy pocos meses. Esas distintas convulsiones no ayudan precisamente cuando de enfrentar el proceso vinculado con el próximo referendo británico se trata.

Gran Bretaña -recordemos- votó en 1975 por quedarse en lo que entonces era la Comunidad Económica Europea, a la que se había integrado dos años antes. Desde entonces ese país no ha tenido plebiscito alguno sobre las cuestiones europeas.

Más de cuarenta años después, la cuestión de pertenecer -o no- a la Europa integrada se vuelve ahora a poner de pronto sobre la mesa británica.

Hace ya medio siglo desde que la Unión Europea ha sido crucial para asegurar la paz, la prosperidad y el diálogo entre los europeos. Y para mantener el estado de derecho. Por ello, la cuestión no es menor. Ocurre que, más allá de la propia Gran Bretaña, está también en juego la estabilidad misma del Viejo Continente. Una posible crisis existencial, entonces.

Como resultado de las intensas negociaciones previas, la Unión Europea acaba de dar a conocer el posible esquema de cambios en su relación con Gran Bretaña, que debería ser aprobado por los 28 estados miembros en los próximos días. Una “cumbre” especial, convocada para el 18 y 19 de febrero definiría los términos del acuerdo final entre las partes, que para David Cameron debiera conformar lo que llama un “mejor arreglo” (con Europa) para Gran Bretaña, que es precisamente lo que el líder británico prometiera a sus conciudadanos.

Los cambios propuestos

El documento que contiene la propuesta tiene 17 páginas. Entre los cambios que podrían eventualmente hacerse, aparecen -como cabía esperar- todas las propuestas de David Cameron.

Primero, el derecho a restringir, aunque sólo por un plazo máximo de cuatro años, los beneficios sociales a los inmigrantes que llegan a Gran Bretaña provenientes de otro Estado Miembro de la Unión, cuando el flujo de pronto sea excepcional. Un “freno para las urgencias”, entonces.

Segundo, se aclara la interpretación de un principio europeo que preocupa a los británicos, el de avanzar todos hacia “una unión más estrecha entre los pueblos”. Lo que parece impulsar hacia una unificación política europea cada vez más profunda, en contra de lo que Gran Bretaña desea. Nada de “marchas forzadas” hacia la integración, postula Cameron. Para solucionar el tema, se aclararía que ello se haría “de manera compatible con diferentes caminos de integración” y que el principio “no obligará a todos los miembros de la Unión a buscar un destino común”, sino tan sólo a aquellos que efectivamente compartan ese objetivo.

Tercero, se garantizaría la no interferencia adversa europea, sin contar con discusiones profundas y mayorías calificadas, con las regulaciones que tienen que ver con el enorme mercado de capitales británico que es el más importante -y avanzado- de Europa, pese a que Gran Bretaña está entre los nueve miembros de la Unión Europea que no han adoptado el “euro”. Es más, con Dinamarca, su posición nacional es hoy claramente contraria a su adopción.

Cuarto, definir que cuando un número a definirse de Parlamentos nacionales (por ahora 16 de ellos, esto es el 55% del total) se oponga concretamente a la vigencia de una norma de origen europeo por entender que ella no está de acuerdo con el “principio de subsidiariedad”, ésta será bloqueada para dar lugar a una discusión más profunda de su contenido.

Para David Cameron, si todas esas propuestas se aprueban, su decisión sería la de defender la continuidad en la relación de su país con la Unión Europea. Pero lo cierto es que, además del referendo que defina la posición británica, los 28 Estados Miembros de la Unión Europea deberán aprobar específicamente lo que finalmente se convenga con Gran Bretaña, necesidad que conforma una tarea de alta complejidad política.

Para el futuro político de Cameron, el momento es también decisivo. Aún tiene por delante cuatro años más de mandato. Si la renegociación con la Unión Europea termina bien, deberá reorganizar sus fuerzas y concentrarse en gobernar, de modo de aspirar a perdurar. Si en cambio ella fracasa, para Cameron serán eventualmente cuatro años de tensas negociaciones de salida de la Unión Europea, siempre y cuando la dimensión de su derrota no lo fuerce a tener que alejarse del gobierno de inmediato, lo que no puede descartarse.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Lenta conformación de la coalición militar contra el Estado Islámico

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 10/12/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1852450-lenta-conformacion-de-la-coalicion-militar-contra-el-estado-islamico

 

La reacción -de espanto e indignación- generada por los atentados terroristas perpetrados en Paris el 13 de noviembre pasado derivó, como cabía esperar, en inmediatas conversaciones para conformar una única coalición militar capaz de enfrentar con éxito al horror del Estado Islámico. El presidente de Francia, Francois Hollande, asumió un rol protagónico en ese esfuerzo, con maratones que lo llevaron de un extremo al otro del mundo.

Existe ahora un consenso básico en la comunidad internacional: es hora de afrontar conjuntamente ese inmenso peligro. Lo sucedido en San Bernardino, en los Estados Unidos, ha confirmado que, desgraciadamente, todos estamos expuestos a riesgos de vida que no son remotos, sino inmediatos.

Se trata de interrumpir la metástasis del Estado Islámico y poner fin a sus atentados. De lo contrario, el mundo se transformará en un infierno. Por esto Rusia, al sumarse al esfuerzo común superando diferencias, recuerda que algo similar hizo el mundo, en su momento, contra el nazismo.

La necesidad de estructurar y operar una gran coalición militar con capacidad de ser efectiva se resolvió al día siguiente de los atentados de París, en la reunión de urgencia celebrada en Viena por 20 países, que incluyeran a los Estados Unidos y a Rusia. La semana siguiente, el propio Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por iniciativa francesa, aprobó -unánimemente- el uso de la fuerza contra el Estado Islámico.

La tarea prosigue lentamente y se espera que para Navidad la coalición pueda estar conformada. Entre tanto, se han acordado -y se siguen acordando- los mecanismos de coordinación de las distintas operaciones militares en curso. Especialmente las aéreas.

La movilización política convocada por Francia ha tenido buen resultado, pero la coordinación del andar militar requiere de más esfuerzos. Y, desde que hay conciencia que ésta es una guerra patológica, que no se gana actuando solos desde el aire, es necesario poder aunar la acción adicional de una fuerza de tierra con componentes de gran diversidad. Heterogénea. Con las fuerzas alawitas del Clan Assad; los contingentes de Irán y los milicianos de Hezbollah; las altamente efectivas fuerzas irregulares kurdas; y algunas milicias sunnis de los grupos moderados.

Una tarea nada fácil, porque los obstáculos son enormemente complejos. A modo de ejemplo solamente, los kurdos prefieren, por razones étnicas, no operar en aquellas áreas en las que la población local es de mayoría árabe sunni.

La base de la coalición será presumiblemente el esfuerzo militar ya existente que, en los papeles, incluye a 65 países que opera desde el verano de 2014 y que desde entonces ha realizado unas seis salidas aéreas diarias, en promedio. El 80% de las cuales han sido protagonizadas por aviones de EE.UU., que lleva sobre sus hombros un enorme peso. Por esto sumar a la políticamente aislada Rusia es clave. Y lograr que las contribuciones de todos sean efectivas es el objetivo de corto plazo.

El gran obstáculo ha sido, hasta ahora al menos, la inclusión de las fuerzas sirias alawitas que responden a los Assad, puesto que ellos son responsables de crímenes de lesa humanidad que incluyen la utilización de armas químicas contra civiles inocentes de su propio pueblo. No obstante, lo que antes fuera una negativa occidental rigurosa parece de pronto haber comenzado a encontrar flexibilidad, al menos de corto plazo.

Tanto Irán como Rusia apoyan -abierta y firmemente- a los Assad e insisten en la necesidad de contar con sus contingentes en el terreno. Lo cierto es que Rusia, unida al dolor francés por el derribo de uno de sus aviones comerciales que volaba sobre el Sinaí, coordina sus acciones a través de Francia, pero continúa bombardeando a las fuerzas islámicas moderadas alzadas contra los Assad, lo que para Occidente es inaceptable. Además, ha intensificado sus bombardeos incluyendo a sus misiles Kalibr, de larga distancia, que son lanzados desde buques de guerra rusos emplazados muy lejos del territorio sirio. Vladimir Putin acaba de sugerir que “de ser necesario” ellos podrían volar con ojivas nucleares contra el Estado Islámico. A lo que Rusia acaba de sumar la apertura de una segunda base operativa en tierra, en Siria misma. En Jmeimin, a no más de 30 minutos de cualquier rincón de Siria.

Veamos cómo, en líneas generales, han ido progresando las cosas en los países de mayor capacidad de contribución militar.

Alemania, que desde el 2005 no ha participado en operaciones militares de este tipo, se ha comprometido a un apoyo explícito. Modesto quizás, pero bastante más que un aporte simbólico. Concretamente, aportará seis aviones Tornado de reconocimiento, que sin embargo no bombardearán objetivos en tierra siria. A lo que sumará el concurso de una fragata misilística que apoyará la labor del portaviones francés “Charles de Gaulle” que ya opera en el área desde el mar Mediterráneo, así como los servicios de inteligencia a ser provistos por un satélite militar adicional y la disponibilidad de un enorme avión de reabastecimiento de combustible en el aire para optimizar así la utilización de los cazabombarderos franceses. A lo que agrega aumentar el número de entrenadores militares que ya trabajan en el terreno, junto a las fuerzas kurdas.

En Gran Bretaña, el primer ministro David Cameron ha obtenido, con amplitud, la necesaria aprobación parlamentaria para comenzar a bombardear objetivos en suelo sirio que le había sido denegada desde el 2013. Ocurre que el 59% de los británicos hoy aprueban esa medida. Con su tradicional efectividad, apenas 11 horas después de la aprobación parlamentaria, aviones Tornado británicos -estratégicamente emplazados en la base de Akrotiri, en Chipre, apoyados por los modernos Typhoon- comenzaron sus acciones de bombardeo contra las instalaciones petroleras en Siria hoy en manos del Estado Islámico.

Francia, por su parte, ha intensificado sus bombardeos. Cada vez más. Es el segundo mayor contribuyente al esfuerzo bélico. El país galo participa en las acciones militares contra el Estado Islámico desde septiembre de 2014. Primero en Irak, pero luego extendió su accionar a Siria. Tiene unos 3.500 efectivos militares movilizados. Hoy es responsable del 5% de los bombardeos, que realiza con aviones Rafale y Mirage 2000. Contra una participación del orden del 80% norteamericana. Hablamos de algo menos de 3.000 incursiones aéreas francesas que han sido realizadas, en las que participa el portaviones Charles de Gaulle, ahora con 38 cazas a bordo.

Estados Unidos lideran la acción militar y tienen sobre sus hombros el peso principal del esfuerzo. Sus aviones de bombardeo operan fundamentalmente desde la base turca de Incirlik, pero también desde el portaviones Harry Truman. Cuenta, además, con unos 3.500 soldados en tierra, incluyendo a algunas “fuerzas especiales” que trabajan junto a las milicias kurdas. Y provee a todos información militar de inteligencia, así como pertrechos y bombas.

También operan, esporádicamente, algunos aviones turcos; cuatro aviones F-16 aportados por Holanda; unos pocos efectivos daneses; y aviones canadienses que aparentemente pronto dejarían la escena como consecuencia de la victoria de la oposición en las recientes elecciones parlamentarias en su país.

A lo que cabe agregar un componente con aristas espinosas: el de la participación iraní, país que -pese a negarlo oficialmente- tiene a sus tropas combatiendo en el territorio de Siria y en Irak. A lo que suma la participación de contingentes libaneses de Hezbollah, que responden a sus órdenes. La coordinación de sus acciones es un verdadero rompecabezas. Pero está ocurriendo a través de países que actúan a la manera de intermediarios.

Por ahora las monarquías sunnis del Golfo, directamente envueltas en la guerra civl de Yemen, casi no contribuyen a la lucha militar contra el Estado Islámico y sobre ellas sigue vigente la sospecha de que no han cortado los flujos financieros que salen de sus países y llegan a manos del fundamentalismo islámico. La sensación es preocupante en el sentido de que no están haciendo todo lo que deberían y que no actúan con la transparencia que se requiere para disipar las dudas que aún existen. Arabia Saudita, Bahrain y los Emiratos enviaron hace meses sus aviones a bombardear junto a los norteamericanos, rodeados por nubes de cámaras de televisión, pero lo cierto es que desde hace un rato que no lo hacen.

El Estado Islámico, mientras tanto, a la luz de lo que luce como una intensificación de las acciones militares en su contra, tanto en Siria como en Irak, ha abierto un frente alternativo: en Libia, en derredor de la ciudad de Sirte, emplazada sobre el Mar Mediterráneo. Está ocupada por sus milicias desde principios de año. La región es rica en hidrocarburos, desde que allí se concentra el 66% de la producción libia.

La decisión de participar en la coalición militar que se organiza contra el Estado Islámico pertenece a uno de los capítulos más difíciles de la política exterior: aquel que tiene que ver con la gravísima decisión de entrar en guerra. Con todo lo que ello supone en términos de vidas humanas y destrucción. Por esto no puede nunca ser precipitada, sino meditada.

No obstante, paso a paso, la coalición militar va tomando forma. Y la confrontación con el Estado Islámico, requerida por la violencia inhumana que esa organización ha desatado, parece haber adquirido la urgencia que hasta ahora no había tenido.

 

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Elecciones británicas: la otra gran sorpresa

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 12/5/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1792010-elecciones-britanicas-la-otra-gran-sorpresa

 

Lass elecciones parlamentarias británicas de la semana pasada depararon una sorpresa mayúscula: la del triunfo realmente amplio obtenido por el partido conservador liderado por el primer ministro David Cameron. Ninguna de las encuestas de opinión previas lo había previsto. Lo que no es inusual, ni tampoco insólito, desde que algo similar había sucedido en las elecciones británicas de 1992, en las que también su impusieron los conservadores. Así como en las recientes elecciones israelíes, en las que Benjamín Netanyahu, contrariando los pronósticos, se consagrara vencedor.

Los conservadores británicos -luego de esa victoria, particularmente dulce porque confirma la preeminencia de las ideas de centro en Gran Bretaña- podrán gobernar por cinco años más con mayoría propia en la Cámara de los Comunes. Sin demasiados obstáculos operativos, entonces.

El gran partido de la oposición, el laborismo; los liberales/demócratas; y hasta el controvertido “Partido de la Independencia”, que levantara las banderas de la anti-inmigración y el euro-escepticismo, quedaron -todos- postergados. Como es tradicional, como consecuencia de lo sucedido, los líderes opositores -reconociendo sus fracasos- dieron un paso al costado y presentaron sus renuncias a la conducción de sus respectivos partidos políticos.

Las recientes elecciones británicas depararon además una segunda gran sorpresa, agria para los conservadores, en este caso: la que tuvo por escenario a Escocia. Porque allí el “Partido Nacional Escocés” desplazó (en realidad, barrió) al laborismo de lo que fuera un bastión en el que, por décadas, ejerciera un amplio predominio. El nacionalismo escocés se quedó con nada menos que 56 de las 59 bancas totales en juego y corresponden a Escocia en la cámara baja del Parlamento británico.

Esa -también colosal- sorpresa tiene una gran responsable: Nicola Ferguson Sturgeon, la actual cabeza del gobierno escocés, a la que sus adversarios se refieren como “la mujer más peligrosa de Gran Bretaña”.

Hablamos de una mujer importante, a la que ya se compara con la alemana Ángela Merkel. Llevó a su partido de 6 escaños a los 56 que acaba de obtener, lo que conforma un salto cuantitativo descomunal. El nacionalismo escocés será, en más, el tercer bloque en Westminster. Con derechos automáticos propios a poder participar en los debates y a preguntar al primer ministro. Lo que supone haber adquirido una gravitación de alcance nacional, que hasta ahora no tenía, en todos los temas.

Sturgeon nació en 1970. En 1992 se graduó de abogada en la Universidad de Glasgow, ciudad donde es inmensamente popular. Casada, pero sin hijos, su vida está dedicada íntegramente a la política. Incisiva y obstinada, es particularmente hábil al tiempo de debatir, como lo demostró en la reciente elección, donde participó en los debates entre los siete candidatos, descollando entre ellos.

Parlamentaria escocesa desde 1997, Nicola reemplazó a Alex Salmond luego de que éste perdiera el referendo de independencia de septiembre pasado; en los hechos ha transformado a Escocia en una Nación con un partido único

Se puede o no estar de acuerdo con ella, pero tiene ideas claras y sabe expresarlas con propiedad. Su vida refleja la que ha sido una lucha incansable por sus ideas. De origen humilde, es hija de un electricista y de una enfermera y sabe ciertamente lo que es esforzarse desde joven. Accesible, tranquila, con gran sentido común, pero a la vez despiadada a la hora de tener que serlo, se ha ganado el respeto de los escoceses, a los que hasta parece haber cambiado psicológicamente. Tiene como asesor cercano nada menos que al popular actor escocés Sean Connery, quien -nacionalista- se ha ocupado exitosamente de dotarla de una impecable oratoria y de su ahora agradable imagen pública.

Sturgeon está políticamente ubicada a la izquierda del laborismo moderado de Tony Blair. Es progresista y le gusta jugar ese papel ideológico, en el que parece sentirse cómoda. Por eso, predica insistentemente un credo de corte anti-nuclear (que incluye su tenaz oposición al proyecto “Trident”, el de los submarinos nucleares) y rechaza la continuidad de los ajustes económico-sociales.

Con su vertiginoso ascenso, la idea de una Escocia independiente ha vuelto a aflorar. Sin embargo, ese no es un paño que, por ahora, Nicola agite. Para nada. No está llamando a celebrar rápidamente un nuevo referendo. Pero advierte a todos que, si Gran Bretaña de pronto decide salir de la Unión Europea, Escocia no estará obligada a respetar una decisión de esa magnitud sin su consentimiento. Razón por la cual, la opción de la independencia volverá, en ese supuesto, a estar sobre la mesa.

Por esto Cameron, que ha prometido renegociar la vinculación de su país con la Unión Europea, tarea que culminará con la convocatoria a un refrendo sobre la pertenencia británica a la Unión Europea antes de fines del 2017, deberá ser cuidadoso cuando del reflejo escocés de sus políticas y propuestas europeas se trate.

¿Cómo será la convivencia entre Nicola Sturgeon y David Cameron? ¿Dura? ¿Conflictiva? Pronto lo sabremos. Pero el líder conservador tiene conciencia de que ha aparecido una rival de envergadura. Con su propia agenda y sus propios objetivos, distintos ciertamente de los de Cameron. Ocurre que el león escocés ha vuelto a rugir. Recuperado. No es poco.

Cameron tiene, entonces, dos complejos desafíos por delante. El primero tiene que ver con mantener a su país dentro de la Unión Europea. El segundo, en cambio, se refiere a la continuidad de Escocia en el Reino Unido. De los resultados que finalmente obtenga en ambas cuestiones dependerá la identidad que Gran Bretaña asuma de cara al siglo XXI. Para ello, es cierto, Cameron acaba de recibir un espaldarazo tan oportuno como importante. Que, no obstante, sabe que no durará eternamente..

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Filtro para todos: Senadora argentina propone bloquear páginas web

Por Belén Marty: Publicado el 14/7/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/07/14/filtro-para-todos-senadora-argentina-propone-bloquear-paginas-web/

 

La senadora por el bloque oficialista Frente para la Victoria y exvicegobernadora de la provincia de Misiones, Sandra Giménez, presentó el pasado 30 de junio un proyecto de ley que obligaría a las empresas prestadoras de Internet a instalar filtros que permitan bloquear el acceso a una lista de sitios restringidos determinados por la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC). La prohibición tendría el objetivo de evitar la exposición a pornografía infantil e implicaría multas para la prestadoras que se nieguen a acatarla.

Según el artículo 3 del proyecto, el usuario podría acceder libremente y sin filtros a Internet en Argentina siempre y cuando manifieste expresamente y por escrito su voluntad de mantener acceso irrestricto a la red. Si el internauta no realiza el pedido, a partir de esta ley, las empresas prestadoras del servicio tendrán que instalar filtros correspondientes para impedir el libre acceso a los sitios que se encuentren en lista discrecional de la CNC.

Por su parte, las empresas una vez notificadas deben instalar los filtros a “todos los usuarios existentes” en un plazo de 180 días. De lo contrario, las prestadoras en Argentina serán sometidas a una multa equivalente a 10 veces la tarifa abonada por el cliente en el período en el cual debería haber recibido la instalación del filtro.

“Este proyecto de ley busca reducir la exposición de los menores a contenido sexual en forma anticipada a través de un mecanismo de filtro de sitios de acceso restringido, los cuales deberán ser identificados en forma permanente por la autoridad de aplicación, de forma tal que todos los usuarios de Internet, si no manifiestan expresamente su voluntad de tener un acceso irrestricto, mantendrán bloqueados los sitios identificados como aquellos con contenido sexual”, cita el documento.

La propuesta de Giménez, médica cirujana, tiene como fin proteger a “nuestras familias” de una exposición “inadecuada” a Internet pues puede llegar a utilizarse con un “alto potencial de daño” debido a la vulnerabilidad de los menores.

“Es por ello que restringir el acceso de determinados sitios constituye una alternativa adecuada para garantizar la utilización segura de Internet en el ámbito familiar”, asegura la senadora.

Este sitio sí, este sitio no

El artículo 2 del mencionado proyecto explica que la lista de las páginas sometidas a los filtros se mantendrá actualizada y se decidirá cuáles son aquellas que merecen ser bloqueadas a través de una “estrategia acordada en el marco de la Comisión Argentina de Políticas de Internet”.

Según la iniciativa, si bien Internet ha mejorado sustancialmente nuestra calidad de vida, también trajo aparejado “conductas desviadas” que agreden los valores de nuestra sociedad.

“Una de ellas, quizás, la de mayor alarma social,es la distribución y consumo de contenidos de pornografía infantil, puesto que se trata de un fenómeno criminal que se ha multiplicado con la multitud de canales de distribución que ofrece la red”, explica la propuesta.

Beatriz Busaniche, miembro de la fundación Vía Libre, magíster en propiedad intelectual y activista en los derechos de libertad de expresión en Internet, sostiene que ni la CNC, ni la senadora Sandra Giménez tienen potestad para decidir qué pueden o no ver las personas en Internet.

Antecedente en bloqueos

La Comisión Nacional de Comunicaciones presenta un antecedente en bloqueos a sitios de Internet. El 30 de junio pasado este envió una carta a los proveedores de servicios de Internet (ISP, por sus siglas en inglés) de este país ordenando el bloqueo al sitio The Pirate Bay dentro de los siguientes cinco días.

La medida había sido inciada por la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas (CAPIF) contra The Pirate Bay, el motor de búsqueda que permite descargar todo tipo de material multimedia.

A pesar de esta medida, el sitio web de CAPIF fue posteriormente hackeado y redireccionado a otro sitio de descargas.

Sobre este bloqueo, Busaniche explicó en una entrevista a la revista Veintitres que esa medida había sido totalmente desproporcionada. “Es desproporcionada porque va contra todas las garantías de libertad de expresión vigentes en la Argentina, como la ley 26.032 que garantiza el libre acceso. El juez, cuando libra la orden de bloqueo, dice conocer esta ley pero considera que la información de la página no merece esta garantía”, explicó.

El caso inglés

Este proyecto de ley tiene relación con aquel presentado en julio de 2013 por el primer ministro inglés, David Cameron, que buscaba restringir a través de filtros, el acceso a sitios donde se expendiera pornografía en general. De igual forma que el presentado por la senadora argentina, el proyecto de Cameron permite a los usuarios ingleses la opción de acceder a ellos si así lo pidieran.

Según el primer ministro, el acceso a pornografía en Internet estaba corrompiendo a la juventud y que era su deber hacer algo sobre este asunto.

La polémica se había generado por un lado por los filtros a la pornografía y por el otro porque estos sistemas filtraban también paginas de educación sexual y paginas con consejos sobre la adicción al sexo.

A raíz de la creación de estos filtros se creó el sitio “goawaycameron.co.uk” que permite saltearse los sitio web con la simple instalación de una extensión de Google Chrome.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.