arteBA 2016 festejó con una edición de lujo

Por Delfina Helguera. Publicado el 25/5/16 en: http://www.arte-online.net/Notas/arteBA_2016_festejo_con_una_edicion_de_lujo

 

La feria arteBA ha recorrido un largo camino desde su fundación en 1991 en donde tomaba por completo al Centro Cultural Recoleta con una feria de galerías de diversa índole, ahora se autodefine como feria de arte contemporáneo y es parte de la escena global del arte con todas las exigencias que esto conlleva. Las ferias actualmente comparten un aspecto de lo institucional y funcionan con cercanía a los museos y espacios públicos no comerciales, además es un momento en el año en donde se puede encontrar a figuras destacadas del ambiente reunidas en un solo lugar, lo que hace de esta semana un sinfín de eventos e inauguraciones concentrados en escasos días. Aunque hay voces discordantes, la feria termina siendo un aglutinante entre curadores, artistas, académicos, gestores, críticos, coleccionistas y público, lo que no es poco.

Arnaiz, Sakai y Stupia en la Galería de Jorge Mara

La edición 2016 tuvo un recorrido más amable para el público, en las anteriores no se llegaba a recorrer la feria en un solo día por la cantidad de espacios dedicados no solo a galerías sino a propuestas curatoriales que demandaban mayor tiempo y concentración. Este año los espacios curados fueron una ocasión para entrar en contacto con obras de artistas que no solemos ver por aquí, como la de Louise Lawler en el Photobooth de Citi que mostró dibujos y grandes vinilos en la galería Metro Pictures y Karin Sander de la galería Esther Schipper con la obra más fotografiada por el público: la selección femenino de fútbol alemana en figuras en 3D.

El Solo Show de Zurich con una propuesta acotada de 6 galerías y artistas curado por el español Manuel Segade exploraba el tema del cuerpo. Los artistas argentinos Osias Yanov (galería Nora Fisch) y Mercedes Azpilicueta (representada por Mirta Demare) eran parte de la selección con registros de performances, y la galería Plan B con sede en Rumania y Berlín trajo una serie de pinturas del artista rumano Serban Savu que valían la recorrida. El U Turn ya es un clásico de la feria, con propuestas más radicales se distingue por tener un recorrido en U en donde un curador elige galerías y artistas, en este caso el brasileño Jacopo Crivelli Visconti.

U Turns Mercedes Benz

La gran atracción esta vez fueron las esculturas que penden del techo del artista Tomás Saraceno, un tucumano que vive y trabaja en Berlín y que forma parte delwho’s whoartístico global representado por la galería Esther Schipper. La selección también contempla incluir galerías argentinas, como Barro que representa a Matías Duville que realizó una gran instalación en el espacio central del recorrido y Ruth Benzacar que mostró obra de Mariana Tellería y Luciana Lamothe que trabajan esculturas u objetos dislocados. Interesantísima resultó la selección de artistas, por citar algunos: Alexander Apóstol con una serie de obra abstracta en la tradición geométrica venezolana, Carmela Gross con una instalación de carteles de calles, Marilá Dardot, Elena Damiani, Liliana Porter, Bernardo Ortíz.

Tomás Saraceno representado por la galería berlinesa Esther Schipper

El sector de las galerías estuvo muy bien organizado alrededor de los perfiles de cada una, las galerías con obra histórica agrupadas al principio y luego las dedicadas a artistas de mediana carrera y las más emergentes cerca del Barrio Joven. En la sección histórica la presencia de obras de Antonio Berni fue llamativa: un óleo imponente de los ‘50s en Roldán Moderno, grabados preparatorios del mural que se encuentra en Malba en la galería Rubbers, parte de los papeles históricos recobrados hace poco en la galería Cosmocosa y una sala entera en Sur con gofrados, óleos y fotografía intervenida.

Otro de los artistas presentes fue Le Parc con móviles en Sur y en Del Infinito. Jacques Martínez dedicó su stand a los realismos de los ‘70  con obra de Giuffré poco frecuente de encontrar y Alejandro Faggioni una selección de esculturas de Noemí Gerstein, Iommi, Magda Frank, Alfredo Bigatti, Libero Badii y Aldo Paparella.  María Calcaterra además de obra histórica geométrica de los ’60 expuso en la sección Cabinet, obra de Edgardo Giménez que fue comprada por el Museo Nacional de Bellas Artes.

cabinet de Edgardo Giménez en María Calcaterra

El sector más contemporáneo estuvo bien representado con las galerías ya habituadas a participar de esta y otras ferias en el mundo como Nora Fisch, Vasari, Rolf, Henrique Farías, y algunas incorporaciones nuevas: Ruby, Isla Flotante y Hache que pasaron del Barrio Joven al sector principal. Las galerías extranjeras también participaron de un programa patrocinado por el Patio Bullrich, Special Project, en el que elegían 3 artistas a exhibir con acento en lo curatorial. La galería 3+1 Arte contemporánea de Lisboa participó con obra de Claire Santa Coloma, una artista argentina radicada en Europa y vendió casi todo el stand.

Alicia Penalba en Van Riel

El programa de compras promovido a través de los Matching Funds o el esponsoreo funcionó muy bien, con 23 museos y empresas que compraron 53 obras. Participaron 85 galerías de 14 países, más de la mitad eran extranjeras de las cuales 29 eran nuevas incorporaciones. Adquirieron obra para sus colecciones diez museos nacionales y diez internacionales, lo que significa un salto cualitativo de envergadura para todos. Se registró informalmente también un alto índice de compras por parte de coleccionistas y público local en las galerías ya desde el primer día.

Al final del recorrido, junto al Barrio Joven estaba Dixit, un espacio de 900 m2 ofrecido a un equipo curatorial para que organice una exhibición en la feria sobre los “25 años de arte argentino”. El equipo conformado por Federico Baeza, Lara Marmor y Sebastián Vidal Mackinson idearon una exposición llamada “Oasis” con el sugerente subtítulo “afinidades conocidas e insospechadas en un recorrido por la producción artística de nuestro tiempo”, cuyo leit motif era una cita de Federico Manuel Peralta Ramos: “solamente consiguen un oasis aquellos que se bancan el desierto” que también daba la bienvenida al visitante en una alfombrita. La exhibición daba cuenta, con algunas omisiones, de la producción actual del arte joven argentino con la inclusión de algunos artistas de otra generación como Eduardo Stupía. Hubo decisiones curatoriales a tener en cuenta: el espacio asignado a las obras y el oasis de Diego Bianchi como núcleo convergente. De por si el espacio asignado era difícil para el montaje y lo resolvieron exhibiendo en estructuras de madera las obras de dos dimensiones y no jerarquizando el espacio, la muestra se leía toda con un mismo tono.

Sol Show Zurich

No faltó nada ni nadie, hubo una programación de charlas en el Open Forum, presentación de libros en Isla de ediciones, y el stand del Ministerio de Cultura de la Nación organizó mesas redondas con profesionales locales y extranjeros que atrajeron al público entusiasta.

  • Roldán Moderno
    Pablo Suárez

 

Delfina Helguera: Es Licenciada en Letras (UBA). Ha sido co-representante de Sotheby’s filial Argentina. Socia fundadora de la Asociación Amigos de Malba. Dirige Lavinia Subastas de Arte. Es profesora de Curaduría I y de Mercado de Arte y es Directora del Departamento de Arte y Diseño en el Instituto Universitario ESEADE.

El honesto embaucador:

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 23/6/12 en: http://www.lanacion.com.ar/1484440-el-honesto-embaucador

MADRID.- A diferencia de dos exposiciones dedicadas a Picasso en Londres -una, en la Tate Britain, documentando su influencia sobre el arte moderno en el Reino Unido y la segunda, en el Museo Británico, con la edición completa de la Suite Vollard -, a las que se podía entrar sin demora por el limitado número de visitantes, para acceder a la gran retrospectiva consagrada en la Tate Modern a la obra de Damien Hirst, tuve que hacer una cola de tres cuartos de hora.

No sólo la abundancia de público llamaba la atención; también, el gran número de jóvenes y de parejas, algunas con niños en los brazos. Los pequeños la pasaban bastante bien en las salas de la muestra. Se divertían mucho con el revoloteo de las moscas en la urna de cristal donde reposa la cabeza sangrante de una vaca ( Mil años 1990 ) y todavía más en la instalación llamada Dentro y fuera del amor , un cuarto artificialmente humidificado con mariposas vivas, cuencos de frutas, superficies blancas y cajones con flores. Pero a algunos de estos precoces aficionados los asustaron los corderos y las reses seccionados quirúrgicamente y los tiburones dientudos conservados en formol; a veces rompían en llanto.

La exposición misma no tenía mayor interés, salvo desde el punto de vista sociológico, pues resultaba sumamente instructivo espiar las reacciones de los visitantes ante los objetos que la poblaban. La mayor parte hacía un esfuerzo visible por descubrir, detrás o dentro de los anaqueles atiborrados de remedios, pinzas, tijeras, espátulas, guantes elásticos, órganos en yeso, o en las bolitas y globos suspendidos en el aire por el soplido de una secadora de pelo o el ventilador de una caja de colores chillones, la idea, la razón, la propuesta intelectual o estética, el misterio que confiriese a semejantes materiales algo que justificara la admiración, el respeto, o, por lo menos, la curiosidad del público. Muchos no podían ocultar su decepción, pero la disimulaban, con comentarios que rehuían lo primordial y se aferraban a lo adventicio: «¿El dispositivo será mecánico o eléctrico?», «¿Deberán cambiar el formol cada cierto tiempo o durará toda la eternidad?». Los más osados se atrevían a sonreír o a reírse abiertamente de lo que veían, como diciendo, entre guiños: «De un artista puede esperarse cualquier cosa, ya lo sabemos».

Los que se han tomado muy en serio aquello que allí se exhibía son, claro está, la comisaria de la exposición, Ann Gallagher, sus colaboradores y la media docena de autores de los ensayos del catálogo que la acompaña. El verdadero embauco está en esas páginas y, sobre todo, si los críticos se creen lo que firman. En síntesis, para entender cabalmente lo que Damien Hirst (o, más bien, los operarios de su taller) fabrican, hay que moverse con desenvoltura en una galaxia donde rutilan Immanuel Kant y Sigmund Freud, las complejidades de la Anatomía, la Farmacopea, la industria proveedora de instrumental clínico para los hospitales, Marcel Duchamp, Francis Bacon, Kurt Schwitters, las técnicas de la publicidad de la empresa Saatchi, los secretos del tallado de diamantes y las filosofías y teologías relacionadas con la muerte. Uno de ellos revela, como un dato de capital importancia, que en los primeros «gabinetes médicos» que concibió Hirst en los años 80, los remedios y pastillas que figuraban en sus repisas procedían todos de las recetas de su abuela enferma, a quien el artista quería mucho.

A juzgar por la entrevista que concedió Damien Hirst a Nicholas Serota y que aparece en el catálogo, el artista que, según la señora Ann Gallagher, «ha impregnado más la conciencia cultural de su tiempo», no tiene en gran estima a sus admiradores, ni tampoco al arte que practica, ni trata de dar seriedad y dignidad a sus creaciones mediante anfibológicas referencias culturales o poniéndose bajo el ala protectora de imponentes pensadores o artistas. Por el contrario, habla de su trayectoria con una desarmante sinceridad, explicando, en cierto modo, la elección de sus opciones artísticas en función de sus carencias y limitaciones. Hubiera querido ser pintor pero advirtió que pintaba muy mal y optó por los collages en los que se sentía menos deficiente. Cuando descubrió el arte conceptual, el surrealismo y el minimalismo, todo mezclado, entendió que había un camino -el del gesto, el desplante y el espectáculo- en el que él podía superar sus defectos e, incluso, triunfar.

Uno de sus méritos es haber demostrado que en nuestra época se puede ser un artista, incluso de gran prestigio, sin demostrar destreza alguna en lo que se refiere a pintar o esculpir, simplemente haciendo lo que todavía no se ha hecho, y procurando que haya en esto algo novedoso y llamativo, que, sin significar ruptura o rechazo radical de una tradición, lo parezca. Cuando Hirst habla de los pintores que, cree, han ejercido una influencia sobre él, como Sol LeWitt o Naum Gabo, e incluso Francis Bacon, no se refiere para nada a sus méritos estrictamente plásticos, sino a sus actitudes y posturas, a que añadieron al territorio del arte lo que antes de ellos no era ni podía ser considerado «artístico».

A diferencia de sus enrevesados y tramposos críticos, que dan a su persona y a sus obras unos baños delirantes de empaque y dignidad intelectual, estética y filosófica, Damien Hirst parece bastante consciente de la extraordinaria superchería en que se ha convertido hoy, para muchos, el oficio que practica. El no pretende disimularlo, sólo aprovecharlo: lo acepta tal como es y saca de ello todas las ventajas posibles.

No es exagerado decir que se trata de un honesto embaucador, que, en un mundo en el que ahora todo vale, donde el auténtico talento y el funambulismo andan confundidos, él pasa sus mercancías por lo que verdaderamente son, sin escrúpulos ni pretensiones, dejando que se ocupen de envolverlos en argumentos y justificaciones de densa tiniebla y especiosa dialéctica, esos críticos, galeristas y marchantes que, como los publicistas alquimistas de Saatchi, saben convertir todo lo que brilla en oro, vender gato por liebre e imponer su propia tabla de valores y de jerarquías en medio de la confusión que ha reemplazado las viejas certidumbres y patrones estéticos.

No faltará quien recuerde que, a lo largo de la historia, no sólo el arte, toda la cultura ha estado siempre hospedando en su seno a embaucadores de rauda figuración y que sólo con la discriminación que ejerce el tiempo retornaron luego al anonimato del que nunca debieron salir, alejándose por fin de los auténticos creadores a quienes, por la ceguera de sus contemporáneos, llegaron a hacer sombra. Eso es cierto. Pero no creo que nunca en la historia del arte haya habido nadie como Damien Hirst, desprovisto del más elemental talento y originalidad, que, en vez de disimular esta condición, la exhibe en todo lo que hace con perfecta desfachatez, y haya conseguido pese a ello escalar todos los peldaños de la consideración del establishment (la bibliografía que le está dedicada es abrumadora) hasta llegar a ser requerido por instituciones como la Tate Modern y los museos más importantes del mundo.

Su éxito económico está a la altura, y acaso supera, el artístico. En octubre de 2004 vendió, a través de Sotheby’s, su Pharmacy de Notting Hill por unos quince millones de dólares, y en septiembre de 2008 el remate que hizo, prescindiendo de galeristas y marchantes, siempre a través de Sotheby’s, de 244 nuevas obras obtuvo la astronómica suma de 111 millones y medio de libras esterlinas (es decir, más de 150 millones de dólares). Lo que significa que Damien Hirst es acaso el más caro artista vivo de nuestro tiempo.

¿Su futuro está garantizado? Si todo dependiera del mercado del arte, sin duda. Pero, ¡ay!, advierto una amenaza en el porvenir de este Rastignac de la pintura del siglo XXI: la poderosísima Real Sociedad Protectora de Animales del Reino Unido. Auguro que los severos inspectores de esta institución no dejarán pasar impune el sacrificio de las decenas de millares de gráciles mariposas, a las que el artista mató, con el agravante de arrancarles las alas, para engalanar Enlightenment y una serie de sus cuadros, ni el genocidio de millones de moscas inocentes para empastelar con ellas la masa viscosa que recubre su famoso Sol Negro. No es imposible que la Real Sociedad Protectora de Animales ponga fin, o cause un serio quebranto, a la flamígera carrera del muchacho de Leeds que comenzó a hacer arte a los 16 años fotografiándose junto a la cabeza seccionada de un cadáver en la morgue de su ciudad natal.

 Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

 

Aguas revueltas:

Por Delfina Helguera: Publicado el 4/5/12 en: http://www.lanacion.com.ar/1469774-aguas-revueltas

Ganas, compromiso y audacia definen a los espacios porteños que exceden el rol de las galerías tradicionales para adaptarse con otros formatos a los nuevos tiempos.

Al filósofo griego Heráclito se le atribuye la frase perfecta para definir lo mutable y lo que queda de nuestra experiencia del mundo: nunca nos bañamos en el mismo río. Así es en el mundo del arte; todo cambia y a la vez permanece. Persisten los distintos estamentos que lo forman: galerías, museos, fundaciones, centros culturales, casas de subastas, artistas, curadores, coleccionistas, público. Sin embargo, las aguas están revueltas. Los cambios no son procesos inmediatos, sino que van percibiéndose de a poco. Hay personas que comienzan a pensar proyectos que verán sus frutos en el tiempo, y las acciones se encadenan para conformar un panorama distinto. El tiempo corre rápido y furioso, y reciclar no es una mala palabra.

A fines del año pasado, el cierre de la galería Dabbah-Torrejón, un espacio que trabajaba con respetados artistas en una línea clara desde fines de los años 90, dejó un tendal de preguntas flotando en el ambiente. Era el corolario de un año signado por un movimiento de fichas en el tablero: galeristas que se bajaban, proyectos jóvenes -como Jardín Oculto- que quedaban en el camino. Sin embargo, lo que para unos es un obstáculo para otros es una oportunidad.

Eleonora Molina supo ser la creadora de Sapo Galería, dedicada al dibujo y a la ilustración, y acaba de abrir las puertas de una nueva galería en pleno Palermo Soho, donde antes funcionaba una boutique . Con techos altos, paredes blancas y una gran vidriera a la calle Gorriti, Schlifka/Molina es una apuesta más amplia, ya que cuenta con obras de pintores, fotógrafos y dibujantes no sólo argentinos.

«Mi capital son los artistas -dice la galerista-; tener este espacio es un lujo para todos.» Eligió aquellos huérfanos de galería y otros que le interesaban por sus trabajos y una obra sólida, como Aili Chen, Gabriel Baggio, Hernán Salamanco, Mariano Vilela y Matías Ercole, entre otros. Entre los fotógrafos figura Alberto Goldenstein, curador de la Fotogalería del Centro Cultural Rector Ricardo Rojas.

Schlifka/Molina tiene un recinto que recuerda a los gabinetes de los coleccionistas del siglo XVIII, con dibujos y obras más pequeñas, y cuelga obras de artistas extranjeros para «ponerlos en relación con los de acá» y generar una red que favorezca a todos. «Está bueno reinventarse», dice a adn . Y en este caso, el cambio beneficia a todos.

Gestores-actores

Usualmente, el arte contemporáneo se acerca al público de la mano de gente especializada, con un conocimiento profundo del medio y los lenguajes: por el lado institucional, a través de las elecciones de los curadores, y por el circuito comercial, a través de galeristas que trabajan con artistas nuevos o ya establecidos. Pero ¿cómo llega un artista a ser conocido y reconocido? ¿Cómo acceder a lugares de alta visibilidad? ¿Es la galería el medio indicado?

Todos estos interrogantes y los cuestionamientos a la manera tradicional de intermediar en el arte surgen de una generación que busca alternativas. Rolf Art se define como una productora de arte cuya misión es la dirección y el seguimiento de un grupo de artistas, la producción y promoción de sus obras en forma sostenida. Para ello busca padrinos que se comprometan material y anímicamente con la obra en un «triángulo virtuoso»: artistas que pueden llevar a cabo un proyecto y una gestión que los vincula con instituciones, empresas, medios de comunicación. Tiene oficinas en Barrio Norte y un lugar de exhibiciones en Bubble Studios, en la calle Cucha Cucha, con el que ha establecido una alianza estratégica.

¿Quién es el Señor Rolf? Nada menos que una mujer, Florencia Giordana Braun, que eligió un nombre masculino, el revés del suyo, para posicionarse en un mundo competitivo. No viene a suplantar a nadie, sino a llenar un vacío y juntar voluntades. «Nuestro mercado es el mundo» es parte del statement de Rolf, y en eso anda: ayer inauguró una muestra de Graciela Sacco en el Museo Pedro de Osma, en Lima, y participa de ferias en el exterior.

Central de Proyectos es un espacio-base de operaciones donde trabajan María Lightowler, Mindy Lahitte y Mariela Rossi, en proyectos para artistas y público en general. Se trata de ofrecer servicios: de asesoría a futuros coleccionistas, de «gestión integral para artistas» en la presentación de obra y en la comunicación de sus acciones. «No nos alcanzaba el formato galería», dice Lightlower, museóloga y artista. Se lanzaron a llenar los huecos con cursos y tours a medida, sin olvidar las exhibiciones de artistas representados por ellas, de su misma generación.

Formato digital

Los proyectos se sostienen a largo plazo cuando no los ahogan las dificultades económicas, y las plataformas virtuales se han convertido en un medio ideal para llevar adelante ideas antes impensadas por sus costos. REDGalería es una galería virtual creada por Santiago Bengolea en 2007, con el propósito de contar con un espacio institucional desde donde posicionarse.

Cuenta con cuatro salas para montar exhibiciones, e incluso con un auditorio, como si replicara un espacio físico. El quiebre sobrevino en el 2010, cuando «hackearon» la galería y, en una operación novelesca, hicieron desaparecer toda la obra. ¿Venganza o una acción vanguardista?

Para salir adelante Bengolea creó una revista, Proyecto Red , que convoca a artistas, críticos y gente del medio a colaborar, con cierto énfasis puesto en la fotografía. Los números salen cuatro veces por año, siguiendo las estaciones, salvo algunos números especiales.

Esta plataforma virtual hizo posible que pudiera trabajar con otras instituciones, como Mamba, la Fundación Proa y la Universidad Católica Argentina (UCA), donde realizó intervenciones site specific . La última fue la de Ernesto Arellano en las vidrieras de la UCA, en Puerto Madero. «La idea es utilizar los espacios no convencionales de exhibición. Tienen cierta virtualidad porque desaparecen; lo que queda es el registro», explica Bengolea.

Sauna es una revista digital creada por los artistas Dany Barreto, Guido Ignatti, M. S. Dansey, Mariano Soto, Juan Batalla y Charlie Goz. Se autodefine como un «espacio de pensamiento a 110°», un juego con la temperatura relacionada con el baño sauna y la desnudez inevitable. Es gratuita, como Red , y la idea es mantenerse independiente y fomentar la visión crítica. Los fundadores disfrutan todavía de las bondades del sauna, ya que han publicado 18 números.

Todos estos proyectos mantienen estos rasgos en común: ganas, compromiso y audacia.

Delfina Helguera: Es Licenciada en Letras (UBA). Ha sido co-representante de Sotheby’s filial Argentina. Socia fundadora de la Asociación Amigos de Malba. Dirige Lavinia Subastas de Arte. Es profesora de Curaduría I y de Mercado de Arte y es Directora del Departamento de Arte y Diseño en el Instituto Universitario ESEADE.