Controles de precios y ley del mercado

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/03/controles-de-precios-y-ley-del-mercado.html

 

Es materia de ignorancia económica confundir causas con efectos. Esto sucede con ciertos aspectos de la economía tales como los controles de precios y no es de ahora, sino que ya sucedía en la época de los nazis:

“A mucha gente le fascinaba el supuesto éxito del control alemán de precios. Decían: Solo tienes que ser tan brutal y despiadado como los nazis y conseguirán controlar los precios. Lo que no veía esa gente, ansiosa por luchar contra el nazismo adoptando sus métodos, era que los nazis no aplicaron un control de precios dentro de una sociedad de mercado, sino que establecieron un sistema socialista completo, una comunidad totalitaria.”[1]

Ya aclaramos que los controles de precios no operan si se apadrinan como medidas aisladas que afectan a determinados productos y excluyen a otros. Las del nazismo, en consecuencia, no eran simples disposiciones intervencionistas de vigencia transitoria y temporal, sino que consolidó un total control de la economía en su conjunto. Había una cuestión de rótulos que lo disfrazaban y ocultaban como un real socialismo, y era justamente el hecho de que el régimen nazi decía no desconocer la propiedad privada de los medios de producción, lo cual -en apariencia- resultaba verosímil a la vista de todos aquellos que no conocieran a fondo la ciencia económica y como marcha una economía de mercado y otra socialista.

No obstante, fueron muchos los países que defendieron el sistema nazi de control de precios, inclusive hasta la actualidad y en regímenes que insisten en denominarse “democráticos” o “de mercado”. Por ejemplo, todos los partidos “progresistas” propician este tipo de políticas.

“El control de precios es contrario al fin si se limita solo a algunos productos. No puede funcionar satisfactoriamente dentro de una economía de mercado. Si el gobierno no deduce de este fracaso la conclusión de que debe abandonar todos los intentos de controlar los precios, debe ir cada vez más allá hasta que sustituya la economía de mercado por una completa planificación socialista.”[2]

La historia de los controles de precios demuestra exactamente lo que la cita indica. Las naciones que los llevaron hasta las últimas consecuencias culminaron todos en estados opresivos y criminales como demostraron los casos de la U.R.S.S. y sus estados satélites detrás de “la cortina de hierro” de Europa oriental; en Asia, China, Corea, Camboya y otros lugares; y en América: Cuba, Chile de Allende y la actual Venezuela castro chavista comunista. No sólo sus economías resultaron colapsadas, sino que las libertades civiles y políticas (como no podía ser de otra forma) terminaron también suprimidas.

Esto no significa que en otras latitudes los precios políticos no fueron aplicados. Por el contrario, hoy en día casi todos los pueblos los patrocinan formando parte de la política económica de la mayoría del mundo mal llamado “libre”. Lo que sucede es que, comprobado tiempo más tarde su fracaso, es abandonados temporalmente por periodos más o menos largos, hasta que vuélvese a implantar, por lo general, con cada cambio de gobierno, o dentro de un mismo gobierno con cada cambio de ministro de hacienda o de economía que crea o no en el sistema como medio de corregir los aumentos de precios. Esta variante dependiente de estos factores ha impedido que muchos de los territorios de occidente hayan colapsado económica y políticamente y hayan terminado en estados totalitarios como si ha sucedido en los casos mencionados anteriormente.

“La producción puede dirigirse o bien por los precios fijados en el mercado por los compradores y por la abstención de comprar por parte del público o puede dirigirse por el consejo central público de gestión de la producción. No hay disponible una tercera alternativa. No hay un tercer sistema social viable que no sea economía de mercado ni socialismo. El control público de solo una parte de los precios debe llevar a un estado de cosas que, sin ninguna excepción, todos consideran como absurdo y contrario a sus fines. Su resultado inevitable es el caos y la inquietud social.”[3]

Este aserto científico se ha venido cumpliendo década tras década de manera ineluctable como si se tratara de una profecía. Sin embargo, los intentos de creer y de establecer una “tercera vía” o “sistemas alternativos” perduran también hasta hoy, desconociendo la verdad científicamente afirmada en la cita anterior. La dirección del mercado solamente puede estar en dos manos, a saber: o la de los consumidores o en la de los burócratas. No existe, pues, ninguna otra posibilidad ni fórmula mágica por la cual la economía pueda manejarse en su totalidad. En otras palabras, o se trata de socialismo o de capitalismo (economía de mercado). Apenas se intenten “terceras días”, sistemas “intermedios” economías “mixtas”, “hibridas” o como quiera rotulárselas los resultados indeseables de tal política comienzan a aparecer, y sólo cesan cuando se abandonan los experimentos intervencionistas.

Sin embargo, abundan los “profetas” que intentan presentar como “nuevo” lo que ha venido fracasando durante siglos desde los tiempos de Hammurabi[4]. En tal sentido, se cumple -una vez más- aquello de que la práctica confirma la teoría.

“Es esto lo que los economistas tienen en mente al referirse a la ley económica y afirmar que el intervencionismo es contrario a las leyes económicas.”[5]

No se procura decir que el mercado sea perfecto en el significado de que resulta siempre capaz de resolver todas las necesidades humanas, por cuanto hablar de “perfecciones” en abstracto carece de toda coherencia, y mucho más en el campo de las ciencias sociales. De lo que se discute es de dejar en claro que el mercado tiene sus propias leyes, y que autoajusta por medio de las mismas las posibles imperfecciones de las cuales pudiera adolecer, es decir, no se debate sobre una perfección imaginaria ni utópica, sino que se reflexiona sobre una realidad científica comprobable, que muestra ciertas regularidades que se cumplen de manera inexorable, y que cuando se alteran por factores exógenos ocasionan consecuencias indeseables. Esto es tan solo lo que se quiere significar con la cita anterior.

[1] Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007). pág. 13

[2] L. v. Mises ibidem, pág. 13.

[3] L. v. Mises ibidem, pág. 13-14.

[4] Véase a Robert L .Schuettinger – Eamonn F .Butler. 4000 años de Control de Precios y Salarios. Cómo no combatir la inflación. Prólogo por David L. Meiselman. Primera Edición. The Heritage Foundation. Editorial Atlántida – Buenos Aires.

[5] L. v. Mises ibidem, pág. 14

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

La ONU, preocupada por Venezuela

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 17/10/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-onu-preocupada-venezuela-nid2297900

 

En nuestro hemisferio hay dos lamentables dictaduras: la comunista, que se ha apoderado de Cuba desde hace décadas; y la que se ha instalado en Venezuela, íntimamente ligada a la primera desde que ella ha sido impulsada y generada por Cuba que procura desesperadamente vivir de los recursos y dineros venezolanos, “colgándose” arteramente de la riqueza venezolana y actuando a la manera de garrapatas. A la vista de todos.

Por esto el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, preocupado, sigue muy de cerca todo lo que sucede en Venezuela en materia de vigencia y respeto de los derechos humanos de su sufrido pueblo. En una reciente resolución, ese organismo acaba de señalar que la situación de los derechos humanos en el país caribeño continua deteriorándose. Como no puede ser de otra manera en una triste dictadura “a la cubana”.

A lo que agrega que las sanciones económicas impuestas a Venezuela están agravando la situación humanitaria de su pueblo, como era de prever. También insta a Venezuela a encontrar una solución a través del diálogo entre sus distintos interlocutores políticos, lo que supone la buena fe entre ellos, lo que no puede presumirse respecto de un dictador, como Maduro, manejado a control remoto desde La Habana, cuya conducta es -en esto- de corte “imperialista”. Por esto la alta funcionaria de las Naciones Unidas apoya vigorosamente la mediación de Noruega y algunos otros esfuerzos similares y complementarios que está también en curso.

Señala, asimismo, que Venezuela debe implementar las recomendaciones de Michelle Bachelet en su carácter de Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y, muy especialmente, aquellas que permiten a ese organismo multinacional el acceso a los “centros de detención” (y tortura) que mantiene el gobierno de Venezuela, en los que “aloja” a los disidentes, esto es a aquellos que, por buenas razones, no comulgan con el gobierno dictatorial de Maduro. A lo que agrega su insistencia respecto de que Maduro deje que ingrese y que se distribuya eficazmente la ayuda humanitaria internacional que está ya en la zona de frontera de Venezuela y Colombia, a la que Maduro restringe el acceso presumiblemente porque esa ayuda hace absolutamente evidente la profundidad de las penurias que aquejan al pueblo venezolano, cuyos principales responsables son, nítidamente, la dictadura de Cuba y Nicolás Maduro.

El Consejo enviará ahora una misión a Venezuela. Examinará las llamadas “ejecuciones extrajudiciales” realizadas con excesos en el uso de la represión por las fuerzas de seguridad de Nicolás Maduro con el asesoramiento de sus amigos cubanos. Incluyendo los atribuidos a los llamados “colectivos”, que son grupos violentos, presuntamente “extraoficiales”, que trabajan en funciones represivas para la dictadura venezolana.

Frente a la resolución adoptada que hemos comentado, el belicoso embajador de Venezuela ante el organismo, Jorge Valero, cortado con la misma tijera que Nicolás Maduro, calificó a la iniciativa de “hostil” respecto de su país. Era lo esperado, ¿qué otra cosa, sino esto, puede hacer una dictadura?

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Peronismo y elecciones

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

 

Las masivas marchas en apoyo al presidente Macri llaman la atención sobre la altísima probabilidad de la existencia de un fraude fenomenal en las últimas elecciones celebradas en Argentina denominadas por sus siglas PASO (Primarias Abiertas, Simultaneas y Obligatorias).  El fraude electoral no es nuevo en este país, salvo raras ocasiones se ha venido practicando en distintos grados desde el mismo comienzo de la vida electoral argentina. Sin embargo, no debe creerse tampoco que el fraude explica totalmente el resultado adverso del oficialismo en aquellas elecciones que no tienen vinculación legal alguna con el resultado que arrojen las votaciones definitivas próximas.
Hemos insistido desde antes que las fuerzas en pugna -ahora “Juntos por el Cambio” (Macri) y el “Frente de Todos” (Fernández)- representan en su conjunto el pensar político de la población en su más amplio espectro.
Hemos expuesto en ocasiones anteriores que -a nuestro juicio- la sociedad argentina se divide políticamente en tres extensos sectores que denominamos “P” (peronistas), “AP” (antiperonistas) y “NP” (no peronistas). Es decir, el eje de pensamiento político argentino depende (en buena medida) de cuál sea la posición del elector frente a este desgraciado fenómeno que se ha dado en llamar peronismo en Argentina.
Sostuve también en aquella ocasión que, estos -a grandes rasgos- tres sectores conformaban (cada uno de ellos) aproximadamente un tercio del electorado total. También dedicamos muchos trabajos a explicar que el peronismo (P) es ideológicamente autoritario y con tendencias totalitarias para lo cual, le es indiferente adoptar políticas “de izquierda” o “de derecha”, si es que se quieren entender estos inapropiados términos como socialistas o nazis fascistas. Dado que pensamos y estamos convencidos que el nazi fascismo no es más que un producto del socialismo, para nosotros es fútil hablar de “izquierdas” o “derechas”, porque -en última instancia- no se está aludiendo sino de la misma cosa.
El tercio NP que es el más híbrido -nos parece- ideológicamente de los dos restantes, es el que define todas, absolutamente todas, las elecciones políticas. Dentro de este grupo encontramos a los famosos “indecisos”, gente que dice que no profesa “ninguna” ideología política ni partidaria, ni sigue a ningún candidato en particular: son los que pueden tanto votar en blanco, no votar, abstenerse, como votar hoy a un peronista y mañana a un antiperonista si las circunstancias (según su particular punto de vista) lo justifica. En este grupo están los que presumen de ser “hombres prácticos” o pragmáticos, y manejarse conforme a los dictados de la coyuntura del momento. Pero aquí también se albergan socialistas y nacionalistas (tanto de los de extrema izquierda como de extrema derecha, según la nomenclatura típica en la jerga periodística) que -para su gusto- el peronismo representa un movimiento “moderado” a la par que ven a los AP como “fascistas”.
Este es, por consiguiente, el grupo electoralmente  tanto más peligroso como el más beneficioso de los tres, no sólo por su heterogeneidad sino por cuanto -en el primer caso- son los que, por negligencia, ignorancia, fanatismo, odio, temor, o cualquier otro motivo por el estilo pueden darle la victoria a un sector como el peronismo que nació de un golpe de estado y utilizó métodos similares a los de Hitler para alzarse con el poder, sobre todo conforme enseña la historia de los dos primeros gobiernos de Juan D. Perón.
En el segundo caso, dado que también forman parte de este conjunto elementos no radicalizados sino “neutros” (si es posible tal cosa, lo que dificultamos) en materia de posturas políticas (a sí mismos se llaman “moderados” o también “apolíticos”, “a partidarios”, etc.) pueden votar candidatos AP tanto como NP, y aun P si fuera necesario según ellos.
El tercio NP se puede aún dividir en dos: en el que “tiene las ideas prendidas con alfileres” como se dice en la jerga habitual, por un lado, y minorías exacerbadas como las extremas izquierdas y derechas, por el otro. En tanto, los AP tienen perfectamente en claro que el peronismo es un movimiento autoritario y pro-totalitario. Pero, atención, entre estos últimos también podrían existir individuos que prefieran dictaduras de otro tipo.
Fueron circunstancias puramente históricas -ajenas a la voluntad del peronismo- las que determinaron que este no se convirtiera en un régimen idéntico al de Hitler y Mussolini.
Hoy, el candidato peronista Alberto Fernández y su compañera de fórmula tienen (y han demostrado en el pasado) un discurso por completo favorable a los regímenes más autocráticos que existen en el mundo, como son los de Cuba, Venezuela en América, Irán y demás países del Medio Oriente que cobijan grupos terroristas con gran peso en el poder político de sus naciones, o bien gobiernos dictatoriales de distinto signo (inclusive religioso). Pero no nos cabe ninguna duda que, si hoy en dia existieran todavía países con gobiernos nazis o fascistas como los habidos en el siglo XX, adherirían con gran beneplácito a los mismos y los mostrarían como modelos a seguir.
El ejemplo más alarmante actual en América lo tenemos en Venezuela donde impera una tiranía militar comunista con pretensiones de pseudodemocracia por la sola circunstancia de haber accedido al poder a través de elecciones por completo fraudulentas.  Pero aun así las elecciones venezolanas hubieran sido legitimas nada justifica que un gobierno elegido en votaciones limpias se transforme -más tarde o más temprano- en una dictadura, como lo es la imperante en Venezuela.
Evidentemente, este sería el destino que la espera a la Argentina de resultar victorioso el mal llamado “Frente de Todos” que no es más que el frente de algunos, es decir de los que tal conocemos y que durante una larga década sometieron al país a una de las dictaduras más solapadas, pero no menos destructiva que las dictaduras que formalmente se declaran y se reconocen como tales.
En lo económico está más que demostrado, tanto por la teoría como la práctica, que regímenes como el peronista -en cualquiera de sus versiones (extremas o edulcoradas)- generan pobreza y miseria por doquier, lo cual es una consecuencia lógica de un sistema económico dirigista y centralizado por y en el aparato estatal como es el que ha caracterizado a todos los gobiernos peronistas a nivel nacional y provincial.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Church Voices On Socialism And Cultural Marxism

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 22/7/19 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2019/07/22/church-voices-on-socialism-and-cultural-marxism/#11ed7d03796b

 

Now that socialism is fashionable again in some circles, it pays to know it well. Socialism is attracting acolytes especially in certain age brackets and in countries that have not suffered under its most radical impersonations. When describing “socialism,” few people are thinking of North Korea or the old USSR, or even Venezuela. The term is used to describe a range of countries as different as Cuba and Sweden. Depending on ideological or propaganda goals, Sweden is described either as an example of democratic socialism or as a mostly free economy.

One of the theaters of this debate is the Roman Catholic Church. At least for some of us who remember the ’70s, it is déjà vu all over again. During my teenage years, communist forces tried to take over Latin America. Understanding that “the people could not be against the people,” socialists tried to infiltrate popular institutions and movements. The Catholic Church was one of their targets. Populist political parties were another. One was the Justicialista Party founded by Juan Domingo Perón in my native Argentina. In both cases communists failed to take complete control. Their ideologues and partisans, however, never abandoned their goals.

Although some diehard socialists still fought for traditional Marxism, which focused on the nationalization and state control of the means of production, by the 1980s it was apparent that the left was becoming more prudent with its economic goals. One example was the policies implemented by Felipe González of the Spanish Socialist Workers Party. After becoming prime minister of Spain in 1982, González decided to follow market-oriented policies. He kept the culture and educational ministries in order to help mold future generations. The new socialists were relinquishing some of their economic goals but keeping their cultural objectives intact.

Among the clergy, one who anticipated the shift from economic Marxism to a cultural war was Father Fernando Ocáriz. In 1976, when many in the Church were following and disseminating Marxist-informed liberation theology, Ocáriz wrote An Introduction to Marxism. This was an accurate description of Marxist philosophy and was highly critical of its impact. Many aspects of liberation theology, especially its Marxist framework, were later condemned officially by the Vatican, but in 1976 few Catholic priests had the courage and clarity to confront Marxism.

Another early critic was a Jesuit, Father Enrique Menéndez Ureña (1939-2014). In 1981 he published a book, El mito del cristianismo socialista (“The Myth Of Christian Socialism”). The English translation only appeared in 1988, published by the Franciscans with a title which, unlike the Spanish edition, did not anticipate the anti-socialist conclusion: Capitalism Or Socialism?: An Economic Critique for Christians. In his book, Menéndez Ureña gives socialists’ goodwill the benefit of the doubt, but when describing the nature and outcomes of socialism he concludes that Christians should not opt for it. In addition, he predicted the fall of communist economies. In response Menéndez Ureña was attacked by members of his own religious order. It distressed him, but he answered with another book titled Left-wing Neoclericalism. He also became a member of the Mont Pelerin Society, the prestigious society of free-market economists. Unfortunately he died at the relatively young age of 76.   

Returning to Ocáriz, we can note that when he wrote his book communists were still pursuing their full agenda – much more totalitarian than, for example, today’s Chinese or Cuban communism. Even labor as a means of production was strictly controlled. Workers were not allowed to move about freely. Nevertheless Ocáriz saw that full-fledged Marxism was losing appeal in the West. In order to make inroads, it began wearing new clothes, adopting bourgeois customs or what some would call bourgeois virtues. The term “cultural Marxism” refers to aspects of this agenda. The Institute for Social Research, an academic think tank at Goethe University in Frankfurt, is usually credited with seeing the weaknesses of Marxism and starting an entirely new angle of attack against capitalist societies and “Western values.”

Not everyone, however, associated socialism with state ownership of the means of production. Oswald von Nell-Breuning (1890-1991) was a noted Jesuit scholar who was extremely influential in the drafting of the Pius XI’s 1930 encyclical Quadragesimo anno, which built on the groundwork laid by Pope Leo XIII in his 1891 encyclical Rerum Novarum. He wrote forcefully in his Reorganization of Social Economy: The Social Encyclical Developed and Explained that a system could still be qualified as socialist even if the means of production were in private hands.

Antonio Gramsci (1891-1937) is often referred to as the “father of cultural Marxism.” Father Ocáriz wrote that the Gramsci’s way “seems to be the only way in which, at least today [i.e. late 1970s], the communist party can enter into the orbit of power of the countries of Western Europe.” This was especially due to the affinity of communists with the bourgeois spirit that dominated those countries. In some countries today, like Peru, they use the term “caviar left” to describe them. Fr. Ocáriz noted that Louis Althusser (1918-1990), a noted French Marxist philosopher, did not hesitate to label Gramscian Marxism as “bourgeois relativism.” For Ocáriz, the radical Marxist perversion is to “ensure that justice and injustice, good and evil, truth and lies (considered as capitalist ideological forms) finally disappear from the minds and hearts of men.”

He adds that this version of Marxism was the one most at work in the West, precisely because primitive Marxism, having impregnated a good part of Western cultures, “produced – as a counterforce – an inexplicable phenomenon for theoretical Marxists. The bourgeois spirit in its most pure state, to use [Augusto] Del Noce’s expression, is typical of the technological and consumerist society of the developed countries and the developed world.”

For Ocáriz, following Del Noce, this “bourgeois, atheistic, Western materialism is a post-Marxist philosophy, which could be encapsulated as one of the absolute relativist dogmas that goes against the revolutionary spirit and at the same time as a complete denial of tradition.” He predicted that it would get worse, resulting “in the sad current panorama, almost like a vicious circle in which the bourgeois spirit and the revolutionary spirit feed each other, creating terrible decay at all higher levels of man and society: religion, morals, ideals . . .”

Not that Ocáriz ignored the economic aspects of the problem: “The most definite characteristic of socialism – although in reality it is one of the applications of collectivism in general – is the denial of the right to ownership of the means of production.” Ocáriz added, “Private property is a natural right, and an expression of the most dignified aspects of human nature,” He quoted Pius XII, who stated that private property, together with marriage and family, tends by its nature “to form and develop man as a person, to protect him and to make him capable of contributing, through his voluntary collaboration and personal responsibility, to the maintenance and development, also personal, of social life.” (Christmas Message, December 24, 1952)

Regarding the outcomes of communism, we know now that in 100 years, regimes inspired by Marxism killed 100 million people. Ocáriz mentions some of them, such as those murdered by the Cheka (or Tcheka, precursor of the KGB) between 1917 and 1921. At the time those documented deaths amounted to 1,760,000. He writes that they “included 25 bishops, 1,200 priests, 20,000 public servants and 815,000 farmers. The numbers of those killed grew under Stalin, and amounted to 8 million in Ukraine alone.”

Few people remember, or sufficiently emphasize, that in many cases Marxists came to power by capturing social democratic parties. That was name of the political party taken over by Lenin. Their strategy is to hide their real colors for some time. Fidel Castro and Venezuelan Hugo Chávez hid part of their goals. Ocáriz wrote: “In order to create confidence among the bourgeois, Marxism – in addition to the alliances that it might consider useful – will present itself as an unflinching, hardcore defender of democracy, of freedom of association and speech, etc.” A segment of the libertarian movement finds it natural to form alliances with this new left. Once in power, communist and socialists believe it is consistent to abolish or redefine these rights.

While Marxists of the recent past failed to implement their entire agenda, they are winning in some areas. Atheism is growing in most of the West. They were also globalizers, as Ocáriz says: “[Gradually], as with Marxism-Leninism, or all at once as Trotsky dreamed, who long ago . . . argued that nation-states are barriers ‘to the development of productive forces.’” But the relativism and materialism produced by certain rationalist views were supposed to lead not to a Marxist utopia but to a “perfectly bourgeois” society.  Are we there yet? By some reactions in major Western countries it seems that the culture war is not over yet. But both the left and some libertarians (who object to being labeled as “right”) find common ground in a “bourgeois” world, which they push with different tactics and with different goals.

When Ocáriz wrote his introduction to Marxism he was just a young priest. He is now the “Prelate,” or highest authority, of Opus Dei, a Roman Catholic organization with more than 90,000 members, most of whom are laity. As members enjoy freedom of opinion in political and economic matters, I can’t expect him to write an introduction to “cultural Marxism” or to “21st-century socialism.” But I certainly hope that some with similar authority and knowledge, or talented Jesuits like the late Menéndez Ureña, will write such books that clarify non-Marxist socialism and the threats it poses for a free society today.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE. Síguelo en @Chafuen 

OTRA VEZ LAS GARRAS DEL NACIONALISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En sus memorias Stefan Sweig se entristece y alarma por el surgimiento del espíritu tribal de la cerrazón entre países que advertía conducen a estados de belicismo y confrontación que en el caso de Europa estimaba se trataba en verdad de una “guerra civil” debido a las estrechas relaciones entre las poblaciones.

Ahora resurge el nacionalismo sobre lo que he escrito en distintas oportunidades pero es el caso de repetir las advertencias. Dejando de lado la manifiesta incomprensión del actual presidente de Estados Unidos respecto a la falacia de lo que en economía se conoce como “el dogma Montaigne” (su ex Secretario de Estado, Rex Tillerson, consignó públicamente que Trump “no tiene idea del significado del comercio libre”) y de las barrabasadas extremas de gobiernos como los de Cuba, Venezuela, Nicaragua, y Bolivia en el continente americano, dejando de lado estos casos decimos, hoy en Europa el espectáculo es desolador.

Con suerte electoral diversa pero siempre con crecimientos llamativos, irrumpe el rostro desagradable de la referida tradición de pensamiento que tantos trastornos ha provocado y provoca. Así, ese caudal electoral ha exhibido resultados llamativos: en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra el Partido Independiente del Reino Unido, en Alemania el Partido Alternativa para Alemania, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos y Vox, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte, en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor, todas propuestas trogloditas apuntan a implantar una cultura alambrada, es decir, la palmaria demostración deEstado Benefactor

la anticultura.

Es del caso recordar trabajos como los de J. F. Revel que muestran el vínculo estrechísimo entre el nacionalismo y el socialismo, aunque cual bandas de las mafias, en el campo de batalla han sido circunstancialmente aliados y circunstancialmente enemigos. El comunismo apunta a abolir la propiedad, mientras que el nacionalismo la permite nominalmente pero el aparato estatal usa y dispone de ella. Uno es más sincero que el otro que recurre a una estrategia que estima más aceptable para los incautos. Es curioso en verdad (y tragicómico) que muchos de los partidarios de esos gobiernos emplean  la expresión fascista para referirse a sus supuestos contrincantes cuando aplican esa política a diario puesto que mantienen el registro de la propiedad pero el flujo de fondos es manipulado desde la casa de gobierno.

En una sociedad abierta el término “inmigración ilegal” constituye un insulto a la inteligencia ya que todos debieran tener la facultad de ubicarse donde lo estimen conveniente y solo deben ser bloqueados los delincuentes, sean nativos o extranjeros. Como ha explicado Gary Becker, el pretexto para poner barreras a la inmigración debido al uso de lo que provee el mal llamado Estado Benefactor (mal llamado porque la beneficencia es realizada con recursos propios y de modo voluntario), lo cual puede incrementar el déficit fiscal, se resuelve al no dar acceso al uso a los inmigrantes al tiempo que no se les retiene del fruto de sus trabajos para mantener el sistema estatal.

Como ha puntualizado en sus múltiples obras Julian Simon, habitualmente el inmigrante aprecia especialmente el trabajo, es empeñoso en sus tareas, tiene gran flexibilidad para moverse a distintos lugares dentro del país anfitrión, realiza faenas que muchas veces los nativos no aceptan, sus hijos muestran excelentes calificaciones en sus estudios, exhiben gran capacidad de ahorro y algunos comienzan con empresas chicas de gran productividad.

Es llamativo y muy paradójico que muchos se rasgan  las vestiduras con  el drama que estamos viviendo a raíz de las fotografías horrorosas de refugiados, cuando no parece verse que se fugan de lugares donde en gran medida se aplican las recetas políticas que los que se dicen espantados aconsejan y se fugan a lugares donde algo queda de los sistemas libres que no hacen más que criticar. La hipocresía es alarmante por la actitud contradictoria de muchos que se dicen contrariados con la foto del niño muerto en las playas de otros lares en plena lucha por la libertad y, sin embargo,  cuando opinan sobre la inmigración defienden las posturas que provocan aquella muerte por la que dicen estar angustiados.

Tengamos en cuenta que, desde la perspectiva de la sociedad abierta, las fronteras (siempre consecuencia de acciones bélicas o de accidentes geológicos) son únicamente para evitar los riesgos graves de un gobierno universal. El fraccionamiento en naciones que a su vez se subdividen en provincias y municipalidades tienden a descentralizar el poder. A pesar de los problemas de abuso del poder, hay que mirar el contrafáctico si no hubiera el antedicho fraccionamiento. Hannah Arendt dice que “la misma noción de una fuerza soberana sobre toda la Tierra que detente el monopolio de los medios de violencia sin control ni limitación por parte de otros poderes, no sólo constituye una pesadilla de tiranía, sino que significa el fin de la vida política tal como la conocemos”.

También debe tenerse siempre presente que la cultura es un proceso que significa permanentes donativos y recibos de lecturas, arquitecturas, músicas, vestimentas, gastronomías, costumbres que las personas aceptan o rechazan en un contexto evolutivo. La cultura no es estática sino cambiante y multidimensional. Si no somos momias, nuestra cultura no es la misma hoy que la de ayer. De allí la estupidez de la “cultura nacional y popular” el “ser nacional” y otras sandeces superlativas que podríamos catalogar como “los anti- Borges”, el ciudadano del mundo por antonomasia.

Buena parte de las propuestas nacionalistas se basan en el desconocimiento de aspectos económicos elementales. Se dice que la inmigración provocará desempleo puesto que la incorporación de nueva fuerza laboral desplazará a los nativos de sus puestos de trabajo, sean estos intelectuales o manuales.

Sin embargo, dado que las necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos (de lo contrario estaríamos en Jauja), nunca sobran los recursos y el recurso central es el trabajo puesto que no puede generarse ningún bien o servicio sin el concurso del trabajo. Solo hay sobrante de trabajo (desocupación) cuando no se permiten arreglos salariales libres y voluntarios, es decir, cuando se imponen las también mal llamadas “conquistas sociales” concretadas en salarios superiores a las tasas de capitalización que son las únicas causas de ingresos en términos reales. Esa es la diferencia clave entre el Zimbabwe y Canadá, no es el clima, los recursos naturales o aquél galimatías denominado “raza” (las características físicas proceden de las ubicaciones geográficas, de allí es que los criminales nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios). Lo que hace la diferencia son marcos institucionales civilizados que garantizan derechos. Sería muy atractivo que los salarios pudieran decidirse por decreto en cuyo caso podríamos ser todos millonarios pero las cosas no son así.

Al igual que la incorporación de nueva tecnología o la liberación de aranceles aduaneros, la inmigración libera recursos materiales y humanos para producir otras cosas en la lista infinita de necesidades a las que nos referíamos con el interés del mundo empresario de capacitar para nuevos emprendimientos. Es lo que ocurrió con el hombre de la barra de hielo antes de las heladeras y con los fogoneros antes de las locomotoras modernas.

Una gran cantidad de trabajadores inmigrantes y no inmigrantes operan en negro por el salario de mercado que, como queda dicho, se debe a la correspondiente inversión disponible  y trabajan  en negro para evitar los impuestos al trabajo como ocurre en otros muchos países donde provocan desempleo que también afecta a la economía general.

Aquellos que se las pasan declamando sobre “derechos humanos”,  una redundancia grotesca puesto que los minerales, los vegetales y los animales no aplican a la noción de derecho, tratan a los inmigrantes como si no fueran humanos, más bien se preguntan “¿qué debemos hacer con los inmigrantes?” como si estuvieran haciendo referencia a su estancia personal y no de un país donde debe primar el respeto recíproco, y en esta línea argumental no debiera haber bajo ningún concepto diferencias entre nativos y extranjeros. Es del caso subrayar que cuando se está haciendo alusión al derecho, se está aludiendo a la Justicia y ésta significa “dar a cada uno lo suyo”, lo cual remite a la propiedad que, a su vez, constituye el eje central del proceso de mercado.

Todos descendemos de inmigrantes, incluso los denominados pueblos originarios ya que el origen humano procede del continente africano.

La fertilidad de los esfuerzos del ser humano por cultivarse, es decir, por reducir su ignorancia, está en proporción directa a la posibilidad de contrastar sus conocimientos con otros. Eso es la cultura. Sólo es posible la incorporación de fragmentos de tierra fértil, en el mar de ignorancia en el que nos debatimos, en la medida en que tenga lugar una discusión abierta. Se requiere mucho oxígeno: muchas puertas y ventanas abiertas de par en par.

Aludir a la antedicha “cultura nacional” como un valor y contrastarla con lo foráneo como un desvalor es tan desatinado como referirse a la matemática asiática o a la física holandesa. La cultura no es de un lugar y mucho menos se puede atribuir a un ente colectivo imaginario. No cabe la hipóstasis. La nación no piensa, no crea, no razona ni produce nada. El antropomorfismo es del todo improcedente. Son específicos individuos los que contribuyen a agregar partículas de conocimiento en un arduo camino sembrado de refutaciones y correcciones que enriquecen los aportes originales. Como bien señala Arthur Koestler, “el progreso de la ciencia está sembrado, como una antigua ruta a través del desierto, con los esqueletos blanqueados de las teorías desechadas que alguna vez parecieron tener vida eterna”.

Quienes necesitan de “la identidad nacional” ocultan su vacío interior y son presa de una despersonalización que pretenden disfrazar con la lealtad a una ficción. Desde esta perspectiva, quienes comparten el cosmopolitismo de Diógenes e insisten en ser “ciudadanos del mundo” aparecen como descastados y parias sin identidad. El afecto al “terruño”, a los lugares en que uno ha vivido y han vivido los padres y el apego a las buenas tradiciones es natural, incluso la veneración a estas tradiciones es necesaria para el progreso, pero distinto es declamar un irrefrenable amor telúrico que abarcaría toda la tierra de un país y segregando otros lugares y otras personas que, mirados objetivamente, pueden tener mayor afinidad, pero se apartan sólo porque están del otro lado de una siempre artificial frontera política.

El nacionalismo está imbuido de relativismo ético, relativismo jurídico y, en última instancia, de relativismo epistemológico. “La verdad alemana”, “la conciencia africana”, “la justicia dinamarquesa” (en el sentido de que los parámetros suprapositivos serían inexistentes) y demás dislates presentan una situación como si la verdad sobre nexos causales que la ciencia se esmera en descubrir fuera distinta según la geografía, con lo cual sería también relativa la relatividad del nacionalismo, además de la contradicción de sostener simultáneamente que un juicio se corresponde y no se corresponde con el objeto juzgado. Julien Benda pone de manifiesto el relativismo inherente en la postura del nacionalismo, escribe que “desde el momento que aceptan la verdad están condenados a tomar conciencia de lo universal”.

Alain Finkielkraut ilustra el espíritu nacionalista al afirmar que “replican a Descartes: yo pienso, luego soy de algún lugar”. Juan José Sebreli muestra cómo incluso el folklore proviene de una intrincada mezcla de infinidad de contribuciones de personas provenientes de lugares remotos y distantes entre sí.

Estas visiones nacionalistas se traducen en una escandalosa pobreza material, ya que los aranceles aduaneros indefectiblemente significan mayor erogación por unidad de producto, lo cual hace que existan menos productos y de menor calidad. Este resultado lamentable contrae salarios e ingresos en términos reales, con el apoyo de pseudoempresarios que se alían con el poder al efecto de contar con mercados cautivos y así poder explotar a la gente.

En la historia de la humanidad hay quienes merecen ser recordados todos los días. Uno de esos casos es el de la maravillosa Sophie Scholl, quien se batió en soledad contra los secuaces y sicarios del sistema nacionalsocialista de Hitler. Fundó junto con su hermano Hans el movimiento estudiantil de resistencia denominado Rosa Blanca, a través del cual debatían las diversas maneras de deshacerse del régimen nazi, y publicaban artículos y panfletos para ser distribuidos con valentía y perseverancia en diversos medios estudiantiles y no estudiantiles.

La detuvieron y se montó una fantochada que hacía de tribunal de justicia, presidido por Ronald Freisler, que condenó a los célebres hermanos a la guillotina, orden que fue ejecutada el mismo día de la parodia de sentencia judicial, el 22 de febrero de 1943 para no dar tiempo a apelaciones. Hay una producción cinematográfica dirigida por Marc Rothemund, que lleva por título el nombre de esta joven quien en una conversación con su carcelero explica el valor de normas extramuros de la legislación escrita.

Es pertinente recordar a figuras como Sophie Scholl en estos momentos en que surgen signos de un nacionalsocialismo contemporáneo que invade hoy no pocos espíritus en Europa y en otras partes de nuestro atribulado mundo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LA PERSONA Y SUS TALENTOS: ¿DOS ANDARIVELES?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Se presenta un problema de difícil resolución. Se observan escritores, poetas, profesionales y en todos los órdenes de la vida donde hay una especie de separación o corte entre su producción y su vida privada o, si se quiere, la vida pública que resulta distinta y a veces opera en dirección contraria a los talentos por los cuales es más conocido. ¿Una cosa tiñe a la otra o deben analizarse por separado? ¿Pueden cortarse en tajos o deben estudiarse en conjunto y como un todo?

Por ejemplo, ¿debe tenerse en cuenta cuando uno entra al quirófano que el excelente cirujano a cargo es un pésimo jugador de golf? Parecería que son dos planos que no se entrecruzan al momento de la operación. Resulta irrelevante como se desenvuelve en el campo de golf a los efectos del manejo del bisturí. ¿Y si se descubre que trata mal a sus hijos? Puede lamentarse pero no interfiere con sus dotes profesionales. ¿Y si es un entusiasta de sistemas totalitarios? También puede criticárselo por esa inclinación lamentable a esclavizar a su prójimo pero en general se seguirá con la idea de aceptar sus talentos médicos. ¿Y si trascendió que la mató a su mujer a cuchillazos? Bueno ahí la cosa cambia pues producirá cuanto menos algún escozor y habrá cierta reserva en seguir adelante con el proyecto de ponerse en manos de un criminal por más que se luzca con sus habilidades de facultativo avezado.

Esta secuencia de ejemplos que van de lo menor a lo mayor apuntan a que en definitiva la apreciación de si un plano tiñe o no a otro se torna un tanto subjetivo y, por momentos, pastoso. Hay personas que sostienen que la destreza formidable de Pablo Neruda como poeta no perjudica ni cambia por el hecho de haberle cantado loas a un asesino serial como Stalin. Los hay quienes estiman que la vida privada de Woody Allen no modifica su condición histriónica. El premio Nobel en literatura Eugen O´Neill era alcohólico. Correlatos similares van para los Picasso, Dalí y tantos otros cuyos comportamientos distan mucho de ser agradables lo cual no parece afectar a quienes aprecian sus obras. Pero, otra vez, esto depende de cada uno. Hay quienes después de determinado recorrido les resulta imposible disfrutar de una obra pues surge la tintura de marras que se extiende como una mancha imparable de un ámbito a otro. En sentido contrario, no puede decirse que el criminal de Hitler queda teñido por lo cariñoso que era con sus perritos.

Por supuesto que no sería razonable ni lógico que se pretendiera la perfección como ser humano para aprovechar los talentos de tal o cual personaje puesto que la perfección no es un atributo de los mortales. Todos tenemos defectos. Es entonces un asunto de equilibrio, juicio prudencial, debidamente masticado y decantado, pero la subjetividad en definitiva marca el rumbo. No parece que pueda concluirse como hacen algunos que son dos andariveles completamente distintos e independientes y que en ningún caso se los puede mezclar. En casos extremos la mezcla es inevitable, es un asunto de graduación personal.

Esto mismo ocurre con ciertos viajes, hay personas que pueden separar el turismo de lo que ocurre en el país visitado por más que tengan gobiernos criminales. Personalmente no puedo digerirlo, por ejemplo, con la Cuba de hoy. Desde mi perspectiva, una cosa tiñe a la otra de modo irremediable: no puedo disfrutar de playas pintorescas cuando siento la cárcel pestilente e injusta que padecen otros a mi derredor. No estoy dispuesto a contribuir a la financiación de esos carceleros.

Viene ahora otra cuestión más complicada aun. Se trata de los valores morales de la obra, del juicio moral respecto a la aplicación de talentos. Aquí también se separan las aguas. Hay quienes -los más- aseguran que el arte nada tiene que ver con la moralidad o inmoralidad, es simplemente arte y debe juzgarse como tal sin apreciaciones éticas, solo estéticas. Sin embargo, los hay que sostienen lo contrario. Por ejemplo, T. S. Elliot se pregunta “¿Es que la cultura requiere que hagamos un esfuerzo deliberado para borrar todas nuestras convicciones y creencias sobre la vida, cuando nos sentamos a leer poesía? Si así fuera, tanto peor para la cultura”. Y Victoria Ocampo escribe que “El arte de bien elegir y de bien disponer las palabras, indispensable en el domino de la literatura, es, a mi juicio, un medio no un fin” y agrega “No veo en realidad por qué cuando leo poesía, como cuando leo teología, un tratado de moral, un drama, una novela, lo que sea, tendría que dejar a la entrada -cual paraguas en un museo- una parte importante de mi misma, a fin de mejor entregarme a las delicias de la lectura”. Mas aun Ocampo ilustra el punto con el correlato del amor: “La atracción física sola (si es que puede existir sin mezcla) es simple apetito. Pero esta atracción, acompañada por las que atañen al corazón, a la inteligencia, al espíritu, es  una pasión de otro orden y de otra calidad. En materia de literatura, como en materia de amor, ciertas disociaciones son fatalmente empobrecedoras”.

Finalmente, Giovanni Papini consigna que “El artista obra impulsado por la necesidad de expresar sus pensamientos, de representar sus visiones, de dar forma a sus fantasmas, de fijar algunas notas de música que le atraviesan el alma, de desahogar sus desazones y sus angustias y -cuando se trata de grandes artistas- por anhelo de ayudar a los demás hombres, de conducirlos hacia el bien y hacia la verdad, de transformar sus sentimientos, mejorándolos, de purificar sus pasiones más bajas y de exaltar aquellas que nos alejan de las bestias”. Y concluye que hay escritores “que se jactan de ser morales en su vida e inmorales en sus escritos. Puede afirmarse resueltamente que no existen” ya que entiende que “el arte grande se dirige siempre a lo que hay dentro de nosotros de mejor”.

Por mi parte, aun en minoría dadas las opiniones contrarias a lo dicho, considero que lo relevante para un juicio artístico no solo se refiere a como se dicen o muestran las cosas, sino que dicen o muestran.

Precisamente, en relación al arte, para cerrar esta nota periodística refiero observaciones sobre el denominado arte moderno. El estudio de las bellas artes es un tema complejo, muy controvertido, lleno de vericuetos y andariveles. Se han destinado ríos de tinta para discutir si en definitiva la belleza en el arte trata de algo objetivo o subjetivo. En realidad cuando hablamos de algo subjetivo estamos aludiendo a apreciaciones personales, de gustos y perspectivas individuales lo cual no desconoce los atributos y naturaleza de la cosa en si.

Nada hay que discutir si a una persona le gusta el violeta antes que el colorado, si le atrae más tal o cual ornamento, si prefiere esa marca antes que aquella otra o si le resultan más los perros que los gatos. Nada de esto contradice el significado y las propiedades que definen los objetos de que se trate. Incluso cuando una persona dice que está observando el cielo azulado y otra sostiene que predomina el gris se debe a distintas posiciones, la captación de diferentes rayos solares y, sobre todo, retinas disímiles que captan de modo desigual los colores. Muchos ejemplos se pueden dar de formas diferentes de apreciar la misma cosa.

Sin embargo, cuando se trata de pronunciarse sobre la belleza de una obra de arte estamos refiriéndonos a una cualidad que hace a la cosa que, es cierto, captamos de modo desigual pero siempre con la intención de descubrir y describir del modo más ajustado aquello que tenemos delante de nuestra vista. Lo contrario sería referirse simplemente al gusto personal: si nos atrae o no la obra es una cuestión distinta de la descripción de sus atributos. Si dijéramos que arte es todo aquello que la gente estima es arte no habría tal cosa como destacados críticos de arte ya que sus juicios no diferirían en sapiencia del emitido por cualquier ignorante en materia artística. Del mismo modo, los entendidos en música puede distinguir fácilmente una melodía de un simple ruido.

El asunto se complica cuando comprobamos que aquél que se ajusta a lo que le enseñan en la academia de arte podrá ser un buen copista pero, en rigor, no es un artista puesto que para ello se requiere romper con lo convencional y crear nuevos paradigmas. Entonces viene el problema en cuanto a dictaminar que es y que no es arte.  La forma de establecer estos criterios consiste en dejar que transcurra el suficiente tiempo al efecto de recabar la mayor cantidad de opiniones que estimamos competentes para poder escoger y concluir en esa materia, según sean nuestros conocimientos o la confianza que depositamos en los respectivos opinantes.

Lo mismo ocurre con la ciencia o cualquier contribución nueva o aporte al acervo cultural. En un primer momento puede aparecer como una idea estrafalaria que con el tiempo y los suficientes debates queda claro si se trata de una sandez o de un avance científico. En el momento en que aparece en escena lo nuevo no resulta posible juzgarlo con la debida ponderación ni con el debido detenimiento y perspectiva. Lo que si puede sostenerse es que el arte, la ciencia o una manifestación de cultura no radica en cualquier cosa en cualquier sentido y que las valoraciones subjetivas en cuanto a los gustos y preferencias deben distinguirse de la objetividad de la cosa sujeta a juicio.

Personalmente hice mis primeras armas en el intercambio de ideas sobre estas especulaciones con mi abuelo materno que fue durante veinte años Director del Museo de Bellas Artes en Buenos Aires, miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes y a partir de su tesis doctoral en medicina, titulada No hay enfermedades sino enfermos. El caso de la individualidad en la medicina, comenzó a desarrollar una especial sensibilidad para el caso particular, lo cual le permitió una mirada atenta sobre las distintas manifestaciones del arte (quien, igual que Paul Johnson -el autor del voluminoso Art: A New History– no puede decirse que guardaba especial estima por expresiones como el arte abstracto, que en rigor consideraba manifestaciones correspondientes más bien al plano de la decoración).

En todo caso, del mismo modo que Umberto Eco aplica el método popperiano a la interpretación de textos para acercarse lo más posible a lo que se lee, puede aplicarse esa metodología de refutaciones y corroboraciones provisorias al arte. Los elementos subjetivos y las características objetivas suelen ilustrarse en diversos ensayos con la temperatura que existe en una habitación: objetivamente es susceptible de medirse en el termómetro y subjetivamente, cada uno, puede pronunciarse de diferente manera según sienta más o menos calor o frío en concordancia con el contraste de la temperatura ambiente de donde proviene el sujeto y según el funcionamiento del termostato individual.

Este debate subjetividad-objetividad tiene lugar en muy diversas manifestaciones de la ciencia, por ejemplo, en economía donde se ha pretendido asimilar el relativismo epistemológico con la teoría marginalista del valor, sin percibir que se trata de dos planos completamente distintos de análisis y para nada incompatibles: la verdad objetiva por una parte (en el sentido que las cosas son independientemente de nuestras opiniones) y los gustos y preferencias por otra (de lo que depende el valor crematístico del bien).

De más está decir que cuando aludimos al arte nos estamos refiriendo a lo realizado por el ser humano. Solo metafóricamente decimos que el nido del hornero, el panal o el capullo es una obra de arte. Del mismo modo, solo analógicamente nos referimos a la belleza de una puesta de sol, a la espuma del mar, a un caracol en la playa o a la noche estrellada.

En el caso de las bellas artes, de lo que se trata es de juzgar acerca de las propiedades, atributos y las técnicas (siempre en evolución) sobre las proporciones, profundidad, manejo de luz, perspectiva y demás características que posee la obra, independientemente del gusto personal de quien la observa, lo cual no es óbice para que el opinante del momento conjeture que tal o cual obra juzgada resistirá o no la prueba del tiempo, opinión que competirá con otras razones y argumentaciones sobre el valor artístico de marras.

Aparece aquí otro problema adicional y es que dado que, desde la era remota de las pinturas en las cuevas, las manifestaciones artísticas revelen el espíritu de la época, pero si ocurriera una degradación que se mantuviera a través de generaciones, la prueba del tiempo ya no confirmaría la calidad del arte en cuestión. En ese caso, solo quedarían opiniones individuales difíciles de contrastar. Es que como decíamos más arriba, el tema es sumamente controvertido y hay muchos costados de la biblioteca que resultan opuestos, de lo que no se desprende que arte sea cualquier cosa…de todos modos, en ninguna materia se dice la última palabra y mucho menos en ésta. No en vano el lema de la Royal Society de Londres es nullius in verba, esto es, no hay palabras finales.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La difícil relación de Irán con el resto del mundo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 31/1/19 en:  https://www.lanacion.com.ar/2216025-la-dificil-relacion-iran-resto-del-mundo

 

Desde hace algunas décadas, Irán aparece como una de las cuestiones más inquietantes de la agenda de paz y seguridad internacional. En los últimos cuatro años, el tema de su peligroso desarrollo nuclear, en particular, generó algunas preocupaciones significativas.

Irán suscribió un acuerdo con la comunidad internacional en el que, contra la flexibilización de las sanciones económicas que le habían sido impuestas, aceptó algunas limitaciones vinculadas con la posibilidad de producir armas nucleares. Desde la llegada al poder de Donald Trump , Estados Unidos abandonó ese acuerdo, en señal inequívoca de desconfianza al régimen iraní.

Irán es una teocracia, lo que supone que está patológicamente en manos de una poderosa élite religiosa que conduce política y económicamente al país. Es, además, el líder del llamado “shiismo”: una de las dos variantes religiosas más importantes del mundo musulmán, que procura transformarse en una potencia regional, proyectándose hacia el Mar Mediterráneo.

A diferencia de lo que sucedió con Estados Unidos , el diálogo entre los países europeos e Irán no se ha descarrilado. Esto pese a que hay aún desacuerdos trascendentes sobre temas fundamentales, como el programa misilístico iraní y la exportación de terrorismo. Esto se evidencia hoy en la serie de atentados ocurridos en Europa contra dirigentes opositores al régimen clerical, que están en el exilio.

Sobre estos dos últimos temas, están lejos de un entendimiento mínimo, por lo que las suspicacias recíprocas fueron en aumento. La última reunión terminó, aparentemente, con la delegación iraní levantándose abruptamente de la mesa de las negociaciones, lo que, por cierto, es una mala señal.

Para la Unión Europea , el Ministerio de Inteligencia iraní tiene una aberrante red de asesinos a sueldo que fue la responsable de algunos de los atentados cometidos en Europa desde el 2015 a la fecha, y que tuvieron como blanco a los mencionados líderes opositores iraníes.

Irán toma riesgos grandes con sus acciones en materia de política exterior. Uno de ellos, quizás el más preocupante, tiene que ver con su presencia militar en Siria . Otro, también enorme, se relaciona con la creciente intimidad que existe entre Hezbollah e Irán, su mayor financista y proveedor de armas y pertrechos militares.

El impacto de las sanciones económicas norteamericanas sobre Irán fue -pese a todo- importante. El país de los persas no tiene la liquidez financiera que el andar normal de su economía exige. Su moneda nacional, el rial, tiene -como consecuencia- una creciente fragilidad.

Esto último, sumado a las sanciones, está dificultando algunas importaciones esenciales, como las que tienen que ver con medicamentos y equipamiento tecnológico. Los europeos, que desean comprar y vender a Irán, propiciaron mecanismos y vehículos para evitar las sanciones económicas norteamericanas, pero hasta ahora ellos no están disponibles. Por lo demás, las grandes empresas procuran deshacer sus relaciones con Irán, para así evitar disgustar a la administración de Donald Trump.

Pero, a no engañarse. Irán continúa aceleradamente con su desarrollo misilístico con el que, según Estados Unidos, viola las resoluciones que le fueran oportunamente impuestas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas . Por esto, en febrero, el gobierno norteamericano ha organizado un encuentro con los países de la Unión Europea, en la ciudad de Varsovia, cuyo objetivo central es el de hacer más efectivo el aislamiento comercial a Irán.

La administración norteamericana procura, asimismo, dificultar las exportaciones iraníes de hidrocarburos, aunque lo cierto es que Irán, que alguna vez exportó más de tres millones diarios de petróleo, hoy solo exporta un tercio de esa cantidad.

No obstante, algunos compradores importantes de crudo iraní, como: Japón, Turquía y Corea del Sur, lograron permisos norteamericanos expresos, con los que continúan abasteciéndose con petróleo iraní.

Las ventas de hidrocarburos iraníes se concentran fuertemente en el mercado asiático, donde Japón y Corea del Sur son sus dos clientes principales. Habrá que ver si esto último puede continuar. Estados Unidos anunció que en mayo revisarán específicamente la situación de las exportaciones iraníes de hidrocarburos, con el propósito definido de continuar empujando hacia su desaparición.

Para Arabia Saudita, la rivalidad con Irán está en el centro mismo de su política exterior regional, así como en el corazón de sus diferencias religiosos no resueltas.

Por el momento parece difícil que el aislamiento iraní pueda ser reducido. Por esta última razón, la confrontación diplomática entre Irán y el resto del mundo difícilmente se reduzca.

En nuestra propia región latinoamericana, la presencia iraní genera resquemores. No solo por el hecho de que Irán es uno de los más preocupantes exportadores de terrorismo del mundo. También por su creciente intimidad con los regímenes autoritarios que se apoderaron de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Irán, es evidente, tiene un juego geopolítico que ya no se agota en Medio Oriente y extiende sus tentáculos todo a lo largo y ancho del mundo, incluido nuestro vecindario.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Materialismo socialista

Por José Benegas. Publicado el 3/10/18 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2018/10/materialismo-socialista.html

 

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El liberalismo ha sido acusado muchas veces de “materialista” desde la óptica moral socialista. Ese reproche se sustenta en la incomprensión de la diferencia entre materialidad y riqueza.

Hace unos días una periodista de la televisión argentina destacó como un logro del régimen castrista, que tiene tantas simpatías entre la élite ilustrada del país, el 98% de alfabetización alcanzado en la isla según cifras oficiales. Démoslas por correctas, porque no viene al caso si responden a alguna realidad o se trata de una mera arbitrariedad propagandística. Lo cierto es que un Estado puede hacer pirámides, el sur de los Estados Unidos pudo llenarse de plantaciones de algodón con esclavos y Corea del Norte puede conseguir misiles atómicos y llenar las plazas durante los desfiles. Eso es pura materialidad y, sin embargo, ni para la economía son relevantes por tener costos imposibles de cuantificar. Desde esa materialidad intentarán poner los gastos en la compra de los insumos para sus obras, pero la contabilidad no podrá reflejar el precio, que no se pagó pero se apropió, por las voluntades conculcadas. El “no precio” no puede traducirse en números, apenas podrían calcularse los costos de dominar esas voluntades con los salarios de los policías, los látigos o los gases lacrimógenos. Pero incluso habría que tomar con cuidado esas cifras porque tampoco existe una plena voluntaridad en los agentes del Estado remunerados.

Ahí creo que reside la más profunda incomprensión de la perspectiva socialista a la liberal. Los números de un sistema voluntario son simplificaciones de elecciones, no de mera materialidad. La utilidad de esos números está en que pueden servir para predecir limitadamente lo que la gente de un mercado haría para conseguir un producto y para conocer algún cambio que suceda en esa preferencia. Ningún número de los que provee una economía no intervenida, por esa razón, tiene sentido alguno una vez que es intervenida. Producir con el conocimiento de lo que la gente quiere o prefiere, no es simplemente más eficiente que hacerlo obviando esa cuestión, es que lo contrario carece de sentido, reduce los números a una materialidad tan vacía como las ciudades construidas por el Estado chino que jamás nadie habitará. Lo que no es precio es látigo, pero es absurdo hacer cuentas en el mundo del segundo.

Esa es la razón por la que 98% de alfabetización en un sistema socialista no significa nada más que la confirmación de que existe el socialismo, así como las pirámides de que existe la voluntad del faraón y la plantación de que existe la esclavitud, todo lo cual ya lo sabíamos. La obediencia y la colaboración no pueden ser puestas en una misma contabilidad ¿Qué le dará a los alfabetizados su alfabetización no siendo dueños de sus propias vidas? Muy poco. En Cuba se avanza únicamente por fidelidad al Partido Comunista y enseñarles a escribir y contar a los súbditos tiene tanto valor como engordar al propio ganado.

El socialismo intenta reproducir un resultado material con la pretensión de tener una visión sobre la sociedad, pero la tiene apenas del Estado y sus objetivos propios. A la sociedad no es que no la conoce, pese a llamarse “socialismo”, es que la ignora, porque en primer lugar la juzga y condena.

Hay una segunda cuestión de actualidad en la que se ve el abismo que separa ambos enfoques. El presidente Trump llevó a cabo un programa de reducción de impuestos corporativos. A la vez aumentó considerablemente el gasto de defensa, así que simplemente convierte impuestos presentes en impuestos incluso más altos futuros, pero la crítica desde la izquierda de cualquier manera es inválida porque consiste en reprocharle que el plan beneficia únicamente a los ricos. Acá es donde vuelven a fallar al atenerse a la materialidad. Los socialistas están espantados por lo que llaman el crecimiento de la desigualdad, porque, dicen, un sector ínfimo de la población está cada vez más lejos en su riqueza del sector que tiene menos. Igual que el 98% de alfabetización en Cuba, la precisión del dato no incide en el error principal, que es la incapacidad de interpretar los números relacionados con la voluntariedad, por quedarse pegados a la materialidad. No se puede tener una empresa que valga mil millones si no es porque la sociedad le asigna ese valor presumiblemente. No el dueño, los demás. La fortuna de Jeff Bezos no vale por sí misma, ni vale porque la esté consumiendo (podría perderla, pero difícilmente consumirla). Vale porque la están utilizando los demás. Bezos no es dueño de una pirámide egipcia o maya, de una plantación o de un Estado comunista, sino de una compañía cuyos precios reflejan satisfacción y preferencias de otros. Esta es una contabilidad cuyo significado los socialistas no comprenden. La economía de mercado es llamada capitalista porque las fortunas están puestas en la producción. Son parte de un flujo al que se entra y del que se sale, donde algunos por sus aciertos administran más cosas. No se puede ni medir la “desigualdad” en base a la tenencia de capital, que por definición está puesto al servicio ajeno, por motivos propios.

Existe capital y ahorro, que es su antecedente, porque existe la propiedad privada. La medición de “igualdad” pretende cuestionarla y cuando busca distribuir lo que quiere hacer es fragmentar el capital de un modo distinto al de esa no materialidad que es la voluntariedad de los que actúan en el mercado, que por esta vía se ven empobrecidos más allá de todo número. Así valdrían menos las tenencias de Bezos y también los ingresos de sus clientes y los de sus proveedores.

Por supuesto que hay que dejar afuera de este razonamiento al enriquecimiento producto de regulaciones o protecciones, de guerras comerciales y rescates financieros. Pero a eso no es a lo que apunta la visión igualitarista.

Lo que los socialistas no pueden comprender es que la propiedad privada hace que el capital sea puesto a disposición de los demás y que no se trata de una paradoja sino de una característica central del sistema.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

¿PORQUÉ OBEDECER A LA AUTORIDAD?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

De entrada me parece que resulta conveniente precisar que hay básicamente dos tipos de autoridad. En primer lugar, la  en un sentido amplio es decir la que es reconocida por la rectitud de conducta o por los conocimientos o por ambas cosas a la vez. Este tipo de autoridad no necesita de aparatos compulsivos de la fuerza para acatarse, se adopta por la virtud implícita en el  ejemplo. En este sentido no hay obligación propiamente dicha de seguir los lineamientos estipulados, si se siguen es  por el reconocimiento de la razón de lo que se pone de manifiesto.

 

Pero hay otro tipo de autoridad que se sustenta para su cumplimiento en la fuerza, sea esta de un gobierno respaldado siempre en las botas policiales, una autoridad escolar respaldada en reprimendas varias o equivalentes. En estas líneas vamos a centrar nuestra atención en el primer tipo, esto es, la de los aparatos estatales.

 

Como enseñan algunos de los pensadores en la larga tradición del iusnaturalismo: Grotius, Pufendorf, R. Hooker, Francisco de Vitoria, Sidney, Locke,  Leo Strauss, Francis Lieber, Eric Mack, H. B. Veatch, Lon Fuller, Roscoe Pound, John Finnis -a contracorriente de los Kelsen, Hart y Raz contemporáneos- las disposiciones legales deben basarse en puntos de referencia extramuros de la norma positiva para ser justas. Y esos mojones a su turno derivan de lo que hace posible el desenvolvimiento de los seres humanos que del mismo modo que las piedras y las rosas tienen propiedades inherentes a su naturaleza.

 

De allí el derecho natural, que aunque en ciertos ámbitos se ha utilizado de modo caprichoso y degradado, sigue manteniendo su sentido original. Por esto es que juristas de la talla de Bruno Leoni insisten en que la conformación del derecho positivo está inmerso en un proceso de descubrimiento y no uno de ingeniería social o de diseño.

 

La autoridad del tipo ahora estudiado se basa en la ley, a saber, las disposiciones que son afines a la naturaleza del hombre para poder desarrollarse en la vida. Incluso David Hume escribe que “No es impropio recurrir a la expresión ley natural si por natural entendemos lo que es común a la especie” (en A Treatise on Human Nature) . Esto es lo que confiere autoridad a los gobiernos en una sociedad abierta, a diferencia de megalómanos que pretenden controlar vidas y haciendas ajenas.

 

Ahora bien, ¿que hacer cuando los aparatos estatales se salen de cauce y en lugar de proteger derechos los conculcan? Es una cuestión prudencial, cuando los atropellos son tolerables es mejor absorberlos y tratar de revertir la situación por medio de la persuasión. Pero cuando la situación se hace insoportable, tal como reza la Declaración de la Independencia estadounidense (en la que se han inspirado las naciones libres), es deber de los ciudadanos el deponer al gobierno e instaurar otro. Este es el derecho a la resistencia a gobiernos opresivos. Es un contragolpe de Estado cuando el gobierno ha dado un golpe contra las instituciones libres…son los casos hoy, por ejemplo, de Venezuela, Nicaragua, Cuba y Corea del Norte. No hay que confundir al ciudadano con el súbdito ni un país con un Gulag.

 

Como queda dicho, de más está decir que la referida rebelión contra la opresión inaguantable debe hacerse con criterio prudencial para no caer en la misma situación (o peor) solo que con otros gobernantes como en la práctica han sido la mayor parte de las revoluciones, a diferencia de la norteamericana por la que se aplicó una política diametralmente opuesta a la autoritaria de Jorge III (de un tiempo a esta parte, Estados Unidos abandonó los principios de los Padres Fundadores para lo que recomiendo, entre la mucha literatura disponible, Dismantling America de Thomas Sowell). Hasta el momento en los otros ejemplos, en el mejor de los casos se produjo un alivio más o menos transitorio para luego, en mayor o menor medida, recaer en que los aparatos estatales atropellaran los derechos vitales a la libertad y a la propiedad.

Como he subrayado antes, incluso en otros casos, la situación después de la revolución fue muchísimo peor, como es el ejemplo de la revuelta de Castro contra las tropelías inaceptables de Batista. En otros casos, el alivio fue grande como es el ejemplo de Hitler. Salvando las distancias, la revolución popular contra Ferdinand Marcos también permitió un paréntesis en el totalitarismo.

Lo mismo va para el caso argentino de la tiranía rosista y, con independencia de los graves desbarranques posteriores, similar fenómeno ocurrió con la sublevación como consecuencia del sistema opresivo de Perón contra la libertad de prensa y las libertades básicas de las personas y también lo ocurrido con otros dictadores latinoamericanos de la misma época. Y mucho antes que eso los movimientos revolucionarios independentistas (por ejemplo, constituye una sandez oponerse a la Revolución de Mayo en lo que luego fue suelo argentino contra un déspota que había reemplazado a otro sátrapa en España). También los casos de Stroessner en Paraguay, de Somoza en Nicaragua, de Trujillo en la República Dominicana y similares. Las revueltas que desembocaron en el derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín despertaron enormes esperanzas en los espíritus libres. Claro que hay cuestiones de grado que hacen diferencias por lo que no puede meterse todo en la misma bolsa.

El antes mencionado Sidney había escrito como burla a la monarquía absoluta que alegaba que su poder derivaba de Dios y otras sandeces que irónicamente “Dios ha causado que algunos nacieran con coronas en sus cabezas y todos los demás con monturas sobre sus espaldas”.

Especialmente en América latina ha sido costumbre el dirigirse a la autoridad gubernamental como su exceletísimo, su eminencia reverendísima y otros servilismos impropios de un sistema republicano y del recato, del pudor y la decencia más elemental. Incluso se hace alarde del título de “honorable” sin percatarse que el vocablo en gran medida proviene de la condición de ad honorem cosa que por el contrario es rechazada para en cambio percibir suculentas dietas (para no decir nada de los dineros mal habidos).

Benjamin Constant ha popularizado los conceptos de “libertad de los antiguos” y “libertad de los modernos” (noción rechazada por Fustel de Coulanges), entendiéndose lo primero como la mera participación de algunos gobernados en el gobierno, mientras que lo segundo alude a la preservación de las autonomías individuales. Del mismo modo, la tolerancia era concebida antes como una gracia del monarca o del sacerdote y, en cambio, modernamente es entendida no con tufillo inquisitorial de perdonar a los que se estimaba estaban equivocados sino que se ha transformado en la consideración por los derechos de todos.

No debe confundirse autoridad con autoritarismo, lo primero en el contexto de lo que estamos tratando alude al uso de la fuerza con carácter defensivo, nunca ofensivo en cuyo caso invariablemente irrumpe el autoritarismo.

Es por esto que en la actualidad resulta de gran  provecho recordar el célebre dictum del historiador decimonónico Acton en cuanto a que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente” al efecto de alertar frente a desvíos de la órbita política del momento.

Frente a todos los problemas siempre hay quienes proponen que intervengan los aparatos estatales, lo cual significa que se arrancará el fruto del trabajo ajeno para recurrir a la violencia. Muy paradójicamente esta maniobra se lleva a cabo en nombre del derecho cuando en verdad se trata de pseudoderechos ya que se echa mano al bolsillo del prójimo para imponer obligaciones injustas a terceros. Injustas porque violan la definición clásica de Justicia de “dar a cada uno lo suyo” puesto que “lo suyo” implica el respeto a la propiedad de cada cual, lo cual se ha violado al proceder en consecuencia.

Muy paradójicamente hoy en el denominado mundo libre la política más generalizada consiste en el fascismo, es decir, permitir el registro de la propiedad a nombre de particulares pero usa y dispone el gobierno. Es un modo más efectivo y encapuchado de debilitar la institución de la propiedad privada que los marxistas -más sinceros ellos- proponen abrogar de un plumazo. Pensemos en ejemplos cotidianos: los taxis en muchas de las grandes ciudades son manejados por los alcaldes en cuanto a la regulación de la tarifa, el color en que están pintados y el horario de trabajo. También los sistemas educativos, en general manipulados por ministerios de educación que establecen pautas curriculares y otras disposiciones para la mal llamada educación privada (en verdad privada de independencia). Todo esto sin contar las asfixiantes regulaciones en el comercio, la industria, el agro y la banca.

Según Etienne de la Boétie “Son pues, los propios pueblos los que se dejan, o, mejor dicho, se hacen encadenar, ya que con sólo dejar de servir romperían las cadenas” (en Discurso sobre la servidumbre voluntaria), que era la preocupación y ocupación de Henry David Thoreau respecto a la necesaria desobediencia civil para mantener en brete al Leviatán y para bloquear a los mandatarios con sed de transformarse en mandantes.

En lugar de estar permanentemente apuntando a lo menos malo en actitud timorata y rastrera, tengamos el coraje de subir la vara para encaminarnos al respeto recíproco. En el extremo miremos lo que se sugiere desde la vereda de enfrente al espíritu liberal, una postura que explica porqué las izquierdas marcan las agendas y habitualmente corren el eje del debate, lo cual está muy bien ilustrado en el título de una conferencia de Herbert Marcuse dirigida a estudiantes, en 1969, en Canadá: “Exijamos lo imposible”.

De todos modos y por último decimos que la secuencia siendo firme debe ser ordenada en una secuencia racional, por lo que la noción de autoridad centrada en el monopolio de la fuerza puede sin duda mutar en el futuro si es que quedaran resueltos los problemas esgrimidos básicamente en las teorías de los bienes públicos, la asimetría de la información, el dilema del prisionero, los free riders y la refutación del denominado equilibrio de Nash y el teorema de Kaldor-Hicks en el contexto de las inconsistencias de balances sociales explicados por Robert Nozick y la interpretación correcta de “la tragedia de los comunes” y el óptimo de Pareto. Estos temas no se han debatido aun con el suficiente detenimiento, aunque hay trabajos muy meritorios al respecto que no han  salido a la luz debido a que no se han resuelto temas mucho más básicos y, naturalmente, no puede construirse el techo de un edificio antes de que se encuentren listos los cimientos (lo que se traduce en otra metáfora más: no se puede colocar la carreta delante de los bueyes frente a la mediocridad de la mayor parte de los debates actuales que repiten las mismas falacias de antaño).

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

LAS RESERVAS MORALES DE LA IGLESIA CATÓLICA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Con las formidables excepciones de Juan Pablo ii y Benedicto xvi, desde los papados de Juan xxiii y Pablo vi la Iglesia católica ha sufrido cambios estrepitosos principal aunque no exclusivamente en el terreno social que por embestir contra el derecho de propiedad y equivalentes afecta gravemente la moral. Así, desde Medellín en 1968 y Puebla en 1979 el rumbo fue hacia el estatismo con la idea de proteger a los más pobres pero los termina perjudicando grandemente.

 

Personalmente fui invitado para pronunciar la conferencia inaugural en el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en Tegucigalpa el 30 de junio de 1998 invitado por Monseñor Cristián Pretcht Bañados a instancias del presidente de la Fundación Konrad Adenauer de Argentina, Hörst Schönbohm, entidad que principalmente contribuía a financiar el evento. Presidió la reunión el Cardenal Oscar Rodríguez Madariaga, hoy en el Vaticano. Mi discurso se tituló “El liberalismo y la pobreza” en el que comencé diciendo que para los que sostienen que la pobreza material -no la evangélica de espíritu- constituye una virtud deben condenar la caridad puesto que con ella el receptor mejora su condición material y, por otra parte, si se dice que los pobres están salvados la Iglesia debiera dedicarse solo a los ricos. Luego intenté explicar los beneficios de la tradición de pensamiento liberal a los efectos, precisamente, de combatir la pobreza y la miseria a través del respeto recíproco lo cual es el eje central de esa tradición y que los salarios e ingresos en términos reales dependen exclusivamente de las inversiones a su vez originadas en ahorros internos y externos para lo cual es menester contar con marcos institucionales respetuosos de los derechos de todos.

 

Hoy representantes de la Iglesia comenzando por el actual Papa Francisco condenan un capitalismo inexistente, la última vez que se pronunció en ese sentido fue en su visita reciente a Perú. Es inexistente debido a las regulaciones asfixiantes, a gastos públicos elefantiásicos, a impuestos insoportables y a deudas estatales galopantes. Los nacionalismos y las xenofobias vigentes se oponen abiertamente al denominado sistema capitalista que aboga por la apertura de las fronteras, en primer lugar para personas y luego para bienes y servicios, situación que es contradicha ahora en Estados Unidos y en muchos países de Europa, además de los adefesios en Latinoamérica, especialmente en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia con situaciones delicadas en Argentina y en México.

Afortunadamente en este cuadro de situación la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede que consignó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana que “El teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y leninismo […] Si se recurre a análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados”.

 

En este contexto es de gran importancia recordar a mártires de la incomprensión de la cabeza de la Iglesia como el extraordinario Cardenal József Mindszenty quien fue abandonado y destituido por Pablo vi del arzobispado húngaro por oponerse airada y reiteradamente tanto a los nazis como a los comunistas, lo cual denuncia con claridad y coraje meridianos en sus célebres Memorias (publicadas en castellano en Barcelona por Luis de Caralt Editor en el mismo año de 1974 cuando se publicó la edición alemana: Erinnerungen).

 

El Cardenal Mindszenty estuvo detenido o preso por su coraje y su capacidad de hablar claro contra los socialismos de todo color y especie. Primero lo apresó el llamado gobierno “republicano” polaco de Mihaly Károly, luego el del comunista Béla Kun, más adelante cuando desde el púlpito dijo que no había que votar por el partido nazi que se presentaba como opositor al comunismo afirmando que “ambos son la misma cosa”, más adelante  fue arrestado y torturado por los secuaces de Miklós Horthy. Con motivo de la invasión de la Unión Soviética pidió asilo en la embajada estadounidense donde vivió durante quince años hasta que emigró a Viena. En  1973, como queda dicho, fue destituido por Pablo vi y murió en 1975. Sus últimas palabras escritas en sus referidas memorias son desgarradoras, plasmadas después de explicitar en detalle los ataques constantes por parte del Vaticano y de su destitución: “Así emprendí el camino del aislamiento, en un destierro total”.

 

Es también relevante solo para dar unos pocos ejemplos de inmensas reservas morales en la Iglesia católica, el caso notable del sacerdote polaco ordenado en 1936, Miguel Poradowski, doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología por la Universidad de París. En 1950 fue a Chile contratado por la Universidad Católica de Santiago, país donde también enseñó en la Universidad Católica de Valparaiso. Es autor de numerosos libros pero destaco en esta nota muy especialmente dos: Karl Marx, su pensamiento y su revolución y El marxismo y en la teología. Abre esta última obra, publicada en 1986, con el siguiente pensamiento: “No todos se dan cuenta hasta donde llega hoy en día la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia. Muchos, cuando escuchan a algún sacerdote que predica en el templo el odio y la lucha de clases, ingenuamente piensan que se trata de algún malentendido […]  Desgraciadamente no es así […] la presencia no solamente tolerada por algunos, sino incluso deseada”. Actualmente hay muchos otros sacerdotes y laicos preocupados y ocupados con este tema de los desvíos.

Recuerdo a mi amigo ex comunista, premio Mao y premio Lenin, el peruano Eudocio Ravines que luego dejó aquel sistema oprobioso para dedicarse a escribir artículos y libros denunciando el socialismo en todas sus formas. Su libro más conocido lleva el sugestivo título de La gran estafa que refleja lo que a él le ocurrió. A raíz de lo que escribo aquí comento que Ravines solía subrayar la trascendencia que le otorgaban en el Kremlin a la infiltración en la Iglesia y especialmente en los seminarios de sacerdotes y contaba que estuvo destinado a esas faenas en España y en Chile.

Esto me retrotrae a mi relación con Monseñor Schuammer el segundo del Nuncio en Buenos Aires durante un tiempo y luego destinado a trabajar junto con el entonces Cardenal Ratzinger. Cundo lo despedimos en la empajada alemana nos dijo que se iba muy preocupado por lo que ocurría en no pocos seminarios de sacerdotes y concluyó afirmando que “allí se suele ensañar sociología barata en un contexto de mucha guitarreada y nada de Santo Tomás, escasa filosofía y poca teología de fondo”. Aunque lo cito de memoria, me quedaron grabadas esas palabras.

 

Por supuesto que los regímenes fascistas han hecho estragos imponiendo injusticias inaceptables, pero no es necesario enfatizar que esto no se resuelve estableciendo sistemas aun más perversos en América latina ni en ninguna otra parte. Y menos se resuelve beatificando como el actual Papa lo hace a personas como Monseñor Enrique Angelelli quien celebraba misa bajo la insignia de los terroristas argentinos denominados Montoneros ni a Monseñor Oscar Arnulfo Romero quien predicaba que “debe eliminarse el supuesto derecho de propiedad”, ni tampoco tiene sentido la concelebración en Roma del Papa Francisco con el creador de la autodenominada teología de la liberación, el Padre Gustavo Gutiérrez quien escribe en su libro Teología de la liberación. Perspectivas que “debe asegurarse el paso del modo de producción capitalista al modo de producción socialista […] como el intento de Marcuse marcado por Hegel y Marx”.

 

Tengamos presente que el comunismo descripto por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista dice que “todo el sistema puede resumirse en esto: abolición de la propiedad privada” y que el fascismo no es más que un socialismo encubierto tras la estrategia de permitir que la propiedad se encuentre registrada a nombre de particulares pero usa y dispone el aparato estatal. Y esta anulación o debilitamiento del derecho de propiedad va al corazón de la sociedad abierta ya que lo desarticula por completo al desdibujar la contabilidad y la evaluación de proyectos con lo que no se puede saber donde es mejor invertir o no hacerlo con lo que el derroche genera el cataclismo y el posterior derrumbe del sistema con el consiguiente caos en el contexto de la  eliminación de la libertad de prensa y de expresión como consecuencia del ataque al derecho de propiedad a lo que habitualmente siguen las persecuciones y los encarcelamientos a los disidentes, cuando no a su exterminación.

 

Tengamos en cuenta que cuando se habla de “la preferencia por los pobres” no nos deslicemos a políticas que arruinan y condenan a los pobres a aumentar su miseria. En esta línea argumental, es de gran importancia tener presente consideraciones bíblicas sobre pobreza y riqueza material para constatar el significado de estos términos en el contexto de los valores morales que deben primar sobre toda otra consideración, en concordancia con los dos Mandamientos que hacen referencia a la trascendencia de la propiedad privada, lo cual es del todo armónico con los postulados de una sociedad abierta: no robar y no codiciar los bienes ajenos. Así, en Deuteronomio (viii-18) “acuérdate que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En 1 Timoteo (v-8) “si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. En Mateo (v-3) “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que “no es rico a los ojos de Dios” (Lucas xii-21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona): “fuerzan a interpretar las bienaventuranzas de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento”  y que “ la clara fórmula de Mateo —bienaventurados los pobres de espíritu— da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo vi, págs. 240/241). En Proverbios (11-18) “quien confía en su riqueza, ese caerá”. En Salmos (62-11) “a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón”. Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos x, 24-25) ya que “nadie puede servir a dos señores” (Mateo vi-24).

 

No es una gracia ni una travesura circunstancial el avalar los atropellos del Leviatán a través de repetidos documentos y declaraciones oficiales de la Iglesia, se trata de la eliminación del respeto recíproco y consecuentemente de la aniquilación de la convivencia civilizada. Los timoratos de nuestra época miran para otro lado frente a estos peligros, si fuera por ellos todavía estaríamos con los Borgia, el Index y la Inquisición. Me parece que es del caso cerrar con la cita de un párrafo de la correspondencia del Cardenal John Henry Newman dirigida a Gladstone donde se lee que “invito a un brindis: primero por la conciencia  y luego por el Papa”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.