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OTRA PERORATA DE NICOLÁS MADURO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

El pasado 10 de agosto del corriente año se escuchó la arenga más soez del tirano incrustado hoy en tierra venezolana. Lo ocurrido en ese país es la burla más grotesca y perversa al sentido de la democracia y el significado de una constitución. La idea de constitución ha estado íntimamente vinculada a la limitación al poder, desde la Carta Magna de 1215 en adelante. Se trata de la protección a los derechos de las personas, facultades que son anteriores y superiores al establecimiento de todo gobierno.

 

El proceso que ahora vive Venezuela es la afrenta más brutal a la idea de democracia cuya parte formal es el voto popular que ha sido desconocido por Maduro y sus secuaces y su parte de fondo, es decir, el antedicho respeto a los derechos de los gobernados, son cotidianamente avasallados por los sicarios del régimen militar imperante.

 

Una pena y un agravio que esto ocurra en el lugar en que actuó Simón Bolívar quien escribió en el denominado “Discurso de Angostura”, el 15 de febrero de 1819, que “nada es tan peligroso como que permanezca largo tiempo un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”. En Venezuela se acaba de consolidar el fascismo más crudo con la conocida farsa corporativista como legislativo.

 

Por otra parte, tengamos muy presente  que entre los postulados de la República (una expresión también manoseada y degradada por el chavismo) se encuentra la alternancia en el poder, la división e independencia de poderes y la igualdad ante la ley lo cual está indisolublemente atado a la Justicia del “dar a cada uno lo suyo” que, a su vez, “lo suyo” remite al derecho de propiedad, todo lo cual está absolutamente ausente en el sistema tiránico a que nos venimos refiriendo.

 

Este sistema chavista o del socialismo naturalmente ha hundido la economía venezolana en el mayor caos puesto que deriva de controles por parte del aparato estatal que reasignan los siempre escasos recursos a campos distintos de los que hubiera decidido la gente si se hubiera permitido que los mercados operen, es decir, si hubieran tenido lugar arreglos contractuales libres y voluntarios en lugar de los caprichosos comandos de los megalómanos en el poder.

 

El estado policíaco que sufren los venezolanos ha sido denunciado por todas las personas y  las entidades responsables del planeta y por todos los gobiernos que mantienen visos de decencia. Solo es aplaudido por los espíritus totalitarios y los sátrapas como los de Cuba, Corea del Norte, Irán, Rusia, Turquía, los corifeos de Nicaragua, Bolivia y algunas tribus africanas.

 

El referido discurso de Maduro se prolongó por tres horas y diez minutos en la llamada Asamblea Nacional Constituyente y estuvo plagado de chistes de mal gusto, alusiones a Nicolacito (su hijo narcotraficante sentado en la primera fila), alabanzas a MaoTse Tung y hasta a la forma en que le cosieron el traje que tenía puesto.

 

Pero peor que todo ese bochorno ha sido el triste espectáculo de los asistentes, una masa amorfa de carne constituida (esa es la única relación fehaciente con los constituyentes) en serviles aplaudidores que apestan por su renuncia a la condición humana de integridad moral.

 

El delirante de marras fue presentado por la presidente de la Asamblea como “el padre protector”, esas cosas que se dejan decir los dictadores de todas las estirpes y latitudes (como el canto ideado por Perón que le recitan sus huestes: “mi general, que grande sos, cuanto valés” y demás sandeces). Refiriéndose a la oposición dijo el mandamás que “han pretendido doblegar el espíritu nacional de dignidad y soberanía” lo cual, según él, ha sido contestado por “la Constituyente como poder regenerador de la patria” al tiempo que el régimen imperante elimina con mayor intensidad todo vestigio de libertad de prensa para que no pueda ser contestado, en el contexto de comentarios peyorativos y socarrones para con la BBC y a CNN.

 

También ha catalogado a los que no participan de su totalitarismo como “fuerzas oligárquicas y burguesas” sin percatarse del significado de las palabras ya que la oligarquía es el gobierno en provecho propio, precisamente lo que vienen haciendo los chavistas y que con la burguesía -que estiman  reprobable los esbirros del poder- nació de los pueblos libres (burgos) donde comenzaron a afianzarse los valores de la sociedad abierta.

 

Este payaso detestable que habla con los pajaritos sostiene sin ruborizarse que su movimiento es “tolerante” y que la idea de la Constituyente nació en su interior “como una llamarada” (Asamblea que anuló el Poder Legislativo que parió de elecciones libres, destituyó a la Fiscal General cuando la titular se dio cuenta de las barrabasadas del castrismo venezolano, embistió contra el Poder Judicial y mantiene en brete a las Fuerzas Armadas para que no vaya a ejercer su misión de dar cobijo a las libertades individuales al efecto de convertirlas en una vejada y maltrecha guardia pretoriana). Este gesto machista para con las Fuerzas Armadas lo declamó el sujeto en cuestión en medio declaraciones que apuntan a fabricar “la feminización de la república” (sic).

 

El sistema mal llamado bolivariano puede con justeza denominarse como una cleptocracia, es decir, el gobierno de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños en libertad o como una kakistocracia, a saber, el gobierno de los peores, pero es un insulto a la inteligencia denominarlo democracia sin que los Giovanni Sartori contemporáneos se revuelvan en sus tumbas.

 

Tal como ha escrito Benjamin Constant “Los ciudadanos poseen derechos individuales independientes de toda autoridad social o política, y toda autoridad que viola estos derechos se hace ilegítima”. Por su parte, Bertand de Jouvenel ha insistido en que “La idea de libertad es, por naturaleza, ajena al carácter del poder. Su principio es el reconocimiento de todos los hombres de esa dignidad, de ese orgullo, que hasta entonces los privilegios consagraban y defendían solamente entre los aristócratas. Para proclamar la soberanía de cada uno sobre si mismo es preciso que cada miembro de la sociedad tenga un dominio propio en donde sea su propio señor”.

 

El espíritu liberal significa el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros. Los desbarajustes del Leviatán son incompatibles con la sociedad abierta. Hay una arrogancia superlativa en los planificadores de vidas y haciendas ajenas que convierten al ser humano en un muñeco subordinado a  los dictados de los burócratas de turno que no solo acumulan ignorancia al desconocer que el conocimiento está fraccionado entre millones y millones de personas, sino que se arrogan la facultad de decidir acerca de lo que se encuentra en la esfera privada de cada cual para elegir su camino y solo se justifica el uso de la fuerza de carácter defensivo, nunca ofensivo como el que imponen los comisarios de las conductas personales que no lesiona derechos de terceros.

 

El caso de Venezuela significa un patético retroceso en la historia de la civilización que es la historia de la libertad contra los absolutismos de diverso signo, para recaer con otro nombre en la monarquía despótica de antaño, igual que lo hacen los que hoy apoyan la tremenda devastación que presenciamos en aquel país. Por supuesto que antes del chavismo hubieron en esas latitudes gobiernos corruptos pero eso no justifica aumentar en grado exponencial los desmanes sino revertir el rumbo.

 

La oposición, hasta ahora en el MUD, se acaba de fracturar puesto que dirigentes como María Corina Machado y Richard Blanco se oponen a la participación en las elecciones regionales de fines de año puesto que sostienen que ello legitima a la dictadura. Están en desacuerdo con esta postura líderes del MUD como Hernique Capriles, Leopoldo López y Antonio Ledesma. Por su lado, el gobierno ha declarado que para votar cada ciudadano deberá contar con “un certificado de buena conducta” lo cual equivale a profundizar la trampa.

 

Personalmente y desde afuera de ese berenjenal estimo que tienen razón quienes se niegan a votar, creo que por tres razones. Primero por lo que dicen de no legitimizar al tirano, segundo porque el régimen no los deja ejercer como lo prueban las elecciones anteriores a la Asamblea Legislativa y tercero por lo dicho en cuanto a los “certificados de conducta” cuyo solo hecho convierte a las elecciones en un fraude.

En cuanto a la insinuación de Donald Trump de una posible intervención militar estadounidense en tierra venezolana, pienso que complicaría enormemente la situación, tal como la complicaron en los fiascos de Vietnam, Corea, , Somalia, Bosnia, Serbia-Kosovo, Irán, Nicaragua, Honduras, Haití, Republica Dominicana y la “guerra preventiva” en Irak. Menos que menos tratándose de un gobernante que en sus poco más de doscientos días en la Casa Blanca se ha peleado con periodistas, con el Poder Judicial por sus propuestas xenófobas, con el Poder Legislativo con su proyecto de salud y con países amigos como México, promueve un sistema cerrado para su país, despide a investigadores a raíz de sus enredos y la emprende con sus voceros y comunicadores los que ha removido en repetidas ocasiones en estos pocos días. Hasta ahora este magistrado no ha demostrado serenidad ni equilibrio para agregar una nueva aventura militar tan desaconsejada en Estados Unidos desde el general George Washington.

Muchos de los facinerosos que rodean a Maduro son peligrosos pero lo es muy especialmente Trareck El-Aissam,  vicepresidente, ministro del interior y comandante del consejo de defensa y seguridad, vinculado a grupos terroristas internacionales y máximo responsable del narcotráfico en Venezuela. Incluso fuentes sirias han difundido la supuesta noticia que en el seno del gobierno venezolano desde hace un tiempo habría “una gata parida” para que este personaje lo reemplace a Maduro (siempre estuvo presente en las peroratas de Maduro pero en la del 10 de agosto no estaba, lo cual puede explicarse porque no forma parte de la parodia del Legislativo, aunque Maduro se refirió a ministros presentes en esa ocasión).

 

Antes que sea muy tarde, es de desear que lo que queda de noble en las Fuerzas Armadas no siga haciendo de apoyo logístico de asesinatos y hambrunas ejecutadas por una maquinaria nefasta perpetrada contra la población venezolana. Hasta ahora se comportan como cómplices de una debacle completamente contraria a los juramentos y los deberes de todo oficial que, en definitiva, existe para custodiar principios y valores republicanos y no para ofender y maltratar a quienes se los obliga a actuar como súbditos indefensos. Es imperioso un contragolpe para defenderse del golpe de Estado que ha dado Maduro y sus otros asaltantes.

 

Por último, tengamos en cuenta que cada minuto que pasa la contaminación del virus totalitario se expande, especialmente en el terreno educativo en escuelas, universidades y centros de estudios militares. Esta situación conspira contra una posible recuperación puesto que las heridas y las cicatrices se van profundizando. Además de todo es lamentable que se haya derramado tanta sangre para independizarse de la férrea organización estatista y monopólica española para caer tan bajo y que, como se ha dicho, los ciudadanos terminen siendo colonos de su gobierno.

 

En estas líneas rindo sentido homenaje a todos los valientes venezolanos que vienen luchando diariamente por su libertad en muy diversos frentes.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

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La bici comunista

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 11/8/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/la-bici-comunista/

 

Hace algún  tiempo, los medios hicieron unas risas a cuenta de Juan José Echevarría, concejal de Unión del Pueblo Navarro en el Ayuntamiento de Pamplona. Así empezaba un artículo de La Vanguardia: “¿Se puede acabar hablando de la Unión Soviética, los gulags y Corea del Norte en una intervención en el Ayuntamiento sobre el carril bici? La respuesta es sí”.

Resulta que el señor Echevarría discutía con el señor Armando Cuenca, concejal de Movilidad y miembro de Aranzadi, formación que confluye con Podemos. El señor Cuenca planteaba propuestas “para transformar la movilidad de la capital navarra”, y nada en el artículo de La Vanguardia sugería que esas propuestas no eran sensatas. Al contrario, el que aparece como un patente insensato es el señor Echevarría, porque “dio una sorprendente respuesta”.

Se hablaba del carril bici y el representante de UPN dijo: “Las utopías, esas que a usted le gustan tanto, han conducido a la Unión Soviética, a Siberia, a los campos de concentración, a 20 millones de muertos, sí, sí… sus utopías, sí, las suyas, a eso conduce la utopía…Luego llegan los talibanes y, esas utopías las convierten en férreas realidades. Y claro, construyen la URSS, construyen Corea del Norte…conduce a Cuba y conduce más recientemente a Venezuela. La utopía de la ultraizquierda suya, URSS, Corea, Cuba y Venezuela. Lugares a los que nadie quiere ir ni quiere estar. Lugares de los que se ha huido y que han provocado millones de muertos. Millones, sus utopías”.

En el diario barcelonés, y en muchos otros, quedó claro que el concejal de UPN había protagonizado la intervención “más surrealista de la legislatura”. Y todo parece a primera vista incuestionable: ¿a quién se le ocurre comparar el carril bici con las dictaduras comunistas? Es ridículo. ¿Verdad?

Veamos primero quién es el señor Cuenca, un radical como tantos en Podemos, destacado especialmente en la agitación callejera; esto dice él de sí mismo: “Si tengo que citar las dos experiencias políticas que más me han transformado, diría que son el 15M en y la PAH. Estoy tentado de incluir aquí un listado detallado de las transformaciones que me gustaría ver si Aranzadi entrara en el gobierno, pero creo que no sería totalmente sincero. Si os digo la verdad, lo que más me motiva es echarlos. Echarlos a todos y que tengan que buscar un curro como la gente corriente. Que tengan que dejar el coche oficial, dejar de enchufar a sus amigos y ponerse a echar curriculums en infojobs. Y, si por el camino somos capaces de que dejen de privatizar todo lo que tocan para pagar los intereses de la deuda a la banca, pues mejor que mejor. Y si además logramos que las ciudadanas y ciudadanos podamos decidirlo todo, pues aplaudo con las orejas. Pero que se vayan”.

Esto es absurdo, porque nadie quiere privatizar todo, y porque los radicales de Podemos y sus confluencias se han destacado precisamente por enchufar a sus amigos en ayuntamientos y autonomías de media España. Y, desde luego, que la izquierda realmente anhele que “podamos decidirlo todo” es más que dudoso.

Pero dejemos esto de momento y vayamos al centro de la cuestión. ¿Se puede hablar seriamente de la bici comunista, o el señor Echevarría se fue por los cerros de Úbeda e hizo un clamoroso ridículo, como aseguraron los medios?

La propuesta del señor Cuenca consistía en ampliar en un 50 % los 60 kilómetros de carril bici que ya posee la capital navarra, con un coste de cuatro millones de euros a cargo de los contribuyentes pamploneses. Además, quiere restringir el uso de los coches y limitar a 30 km/h la velocidad de los automóviles en toda Pamplona, “para evitar atropellos”, claro. Sólo excepcionalmente se podría circular a 50 km/h.

Dirá usted: ¿qué tienen que ver estas ideas, compartidas por otra parte por muchos otros políticos, en especial de la izquierda, con los campos de concentración comunistas? Pues, por asombroso que parezca, algo tienen que ver.

El socialismo en todas sus variantes propende siempre a cambiar la sociedad de arriba abajo, y en particular cambiar el sitio donde viven la mayoría de los trabajadores: siempre quieren cambiar las ciudades. Ese cambio se produce quebrantando los derechos de los ciudadanos, a los que se culpabiliza por impedir la convivencia. Así se entiende la persecución, entre otros, de los automovilistas, tratados como si fueran criminales.

No es un monopolio de la izquierda, porque hemos visto a ciudades gobernadas por la derecha, en España y en el exterior, cuyos ayuntamientos también se han esmerado en hostigar a los conductores y en pensar que lo mejor son las bicis, que deben ser privilegiadas frente a lo demás. Pero es verdad que la izquierda se destaca en su pasión antiliberal con la excusa de la ecología y la movilidad. La ingeniería social urbana es una característica habitual de las tiranías socialistas, comunistas y nazis.

Dirá usted que, incluso reconociendo esa propensión totalitaria, no resulta legítima la extensión que va desde ese intervencionismo en el inocente mundo de las bicicletas hasta las matanzas perpetradas por los comunistas en el último siglo.

Aporto, pues, como prueba de la legitimidad de dicha extensión una fuente autorizada, y no precisamente liberal. Se trata de la página web “Pamplonauta”. Allí escribió Ignazio Aiestaran un artículo titulado “La bici comunista”. Así criticó a Echevarría: “Dos cosas sobre este disparate. Una: esta derecha sufre de una incultura política y de una falta de coordinación y argumentación notables. Dos: es un caso típico de fobia vesánica y clasista ante cualquier cambio, por pequeño que sea. No obstante, puede que tanto despropósito escondiera una verdad. Quizá al introducir más bicicletas en nuestras ciudades un día empezaremos a cuestionarnos la dictadura del automóvil, su invasión acelerada, su lobby industrial, su publicidad veloz, su contaminación global, el espacio público usurpado, el tipo de urbanismo impuesto, la ausencia de un transporte colectivo eficaz y barato para quienes no pueden endeudarse con un coche y pierden millones de horas a diario porque sus vidas no importan mientras van a estudiar, a trabajar o a la consulta médica. Quizá por una bicicleta alguien empezará a pensar en utopías, en algo en común, en algo que nos han hurtado durante décadas. Y entonces quizá alguien se acordará de aquella frase de Iván Illich que decía que el socialismo no puede venir en coche, sino con la velocidad de una bicicleta”.

Lo primero es un clásico: el desprecio intelectual, de tal manera que si alguien es de derechas, debe padecer debilidades mentales. Lo segundo es clave para el tema que me ocupa. El autor del artículo se burla de los inmovilistas que no quieren ningún cambio “por pequeño que sea”, pero a continuación no habla de un cambio pequeño, sino de un cambio enorme que comienza con cambios pequeños.

Queda claro el espíritu antiliberal que cuestiona la convivencia pacífica en libertad, porque padecemos “la dictadura del automóvil”, dictadura, nada menos. E invita a luchar contra ella mediante la bicicleta, es la bicicleta la que llevará a “utopías…que nos han hurtado”. ¿Utopías que nos han hurtado? Esto sólo puede referirse al comunismo, es decir, el infierno que había detrás del Muro de Berlín, es decir, precisamente lo que denunció Juan José Echevarría.

Y el señor Aiestaran lo dice claramente, citando a Iván Illich, nada menos, y afirmando que sí, que la bicicleta marca la velocidad a la que vendrá, volverá, el socialismo.

En un bonito acto fallido, ilustraron el artículo con una imagen de una siniestra tiranía comunista que mató al pueblo de hambre con sus políticas anticapitalistas, y al mismo tiempo lo obligó a ir en bicicleta: China.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

La teoría del derrame no existe

Por Iván Carrino. Publicado el 17/5/17 en:  http://www.ivancarrino.com/la-teoria-del-derrame-no-existe/

 

El domingo por la noche, el Ministro de Hacienda de la Nación,  Nicolás Dujovne, fue invitado al programa de Luis Novaresio, “Debo Decir”. Uno pensaría que, dada la importancia de la figura del ministro, éste fue quien se llevó toda la atención.

Algo de eso hubo. Sin embargo, otro de los invitados, el famoso actor Hugo Arana, terminó apropiándose de las cámaras.

En momentos en que el ministro explicaba en qué consiste el modelo económico del gobierno, Arana interrumpió y se explayó con su pensamiento acerca de lo que se ha dado en llamar “la teoría del derrame”.

A continuación, sus palabras:

La Teoría del Derrame me parece uno de los más graves insultos. Yo en mi casa le digo al nenito de la esquina que está en la calle que venga y que, cuando estoy comiendo, si se me cae alguna miga, la puede comer. Eso del derrame me parece una humillación.

Los dichos de Arana apuntan directamente a la economía de mercado, a la que suele equipararse con esta teoría del derrame que, en realidad, jamás ningún académico serio defendió ni planteó de manera ordenada.

Si duda de esto, puede hacer la prueba de ir a una librería o ingresar en MercadoLibre.com y pedir el libro “Introducción a la Teoría del Derrame”.

Le anticipo: volverá con las manos vacías.

UN ARGUMENTO BIEN EXTENDIDO

Ahora bien, podría decirse que lo que diga un actor no es representativo de lo que piensan los principales referentes de la sociedad o la academia especializada.

Este argumento, sin embargo, no es cierto. Recientemente, el mismísimo Papa Francisco se expresó en la misma línea que Hugo Arana.

En un documento divulgado en 2013, sostuvo:

Algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame’, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico.

Por último, el economista y profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, Mario Rappoport, también critica al liberalismo utilizando el hombre de paja del derrame económico:

… plantean que así la economía tendría un crecimiento virtuoso que a la larga podría beneficiar a todos a través de la teoría del derrame. Pero en las economías periféricas (y ahora también en las centrales) el vaso nunca llega a estar lleno para que esto se produzca.

Como queda claro, la analogía que se hace entre la teoría liberal del crecimiento económico y la teoría del derrame no es solo una ocurrencia de un actor no experto en estos temas, sino algo extendido a los más conspicuos círculos de la sociedad.

MALA COMPARACIÓN

El problema con lo anterior es que la analogía es pésima.

Es que cuando se sostiene que la economía de mercado genera crecimiento económico que beneficia a todos, nadie está planteando que ese beneficio llegue en la forma de dar migajas a nadie o derramar ninguna copa. En concreto, en el mercado, la mejora económica individual no llega de la mano de la beneficencia de “los ricos”, sino de las ganancias que genera el intercambio.

Una persona demanda el “bien A” y tiene para ofrecer el “bien B”, mientras que otra que demanda el “bien B” tiene para ofrecer el “bien A”. Una vez que ambos individuos se encuentren, intercambiarán sus bienes y ambos habrán ganado utilidad. En el intercambio voluntario, todos mejoran su situación.

Este proceso, además, genera incentivos para producir. En la medida que cada individuo sabe que lo suyo es suyo, tendrá incentivos para producir bienes y servicios que luego pueda intercambiar en el mercado por otros que le sean de mayor utilidad. La existencia de dinero no cambia esta ecuación. Ofrecemos bienes o servicios, recibimos dinero a cambio, y ese dinero lo volvemos a intercambiar por otros bienes y servicios.

Todos los que participan en la economía de mercado, ofreciendo valor para llevarse valor, ganan en este proceso. No hay ningún derrame ni ganadores accidentales. Y tampoco hay explotadores. El cliente se beneficia con su compra, el empresario con su venta, el trabajador cuando recibe su sueldo, el capitalista cuando recibe los servicios laborales del empleado.

Nadie gana por derrame, sino por el intercambio.

NO HAY PODER CENTRAL

Todo este fantástico proceso de crecimiento y enriquecimiento mutuo no está digitado desde un poder central que todo lo controla, sino que es parte del orden espontáneo del mercado. Como decía Adam Smith, no es la benevolencia del carnicero lo que trae la carne a nuestra mesa, sino su propio interés. Paradójicamente, es el interés egoísta de los individuos lo que nos enriquece y nos empuja a mejorar.

Esto, claro, es inconcebible para los adoradores de la mano visible del estado. Para ellos, la única salida de la pobreza es con planes de subsidios estatales. El propio Rappoport, en el mismo artículo anteriormente citado, sostiene que durante los últimos años de intervencionismo económico en Argentina, “se intentó a través del Estado crear las condiciones para que el vaso pudiera llenarse y la distribución del agua no dependiera del derrame sino de políticas públicas”.

Lo que les cuesta aceptar los teóricos anti-derrame es que la salida de la pobreza pueda darse en ausencia de un plan deliberado del gobierno. Seguido de esto, tampoco podrán aceptar que cada vez que se intenta ir por el camino del redistribucionismo extremo, se llega a la miseria total, como demuestran los casos de Cuba, la Unión Soviética o, más recientemente, la Venezuela de Chávez y Maduro.

La teoría del derrame no existe. El crecimiento económico no descansa en que los ricos se enriquezcan y luego donen parte de lo que tienen. Por el contrario, se basa en permitir que haya libertad para intercambiar, y que en ese proceso voluntario, todos alcancen sus objetivos personales contribuyendo al bienestar social.

La mano visible del gobierno tiene un rol muy limitado que cumplir en ese proceso. Como decía Alberdi: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra.”

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Migraciones: existe un derecho a salir (aunque no en algunos países), ¿existe también uno a entrar? (IV)

Por Martín Krause. Publicada el 26/4/17 en: http://bazar.ufm.edu/migraciones-existe-derecho-salir-aunque-no-paises-existe-tambien-uno-entrar-iv/

 

  1. Las barreras a la inmigración violan derechos

En general, todos estamos de acuerdo en que existe un derecho a la “salida”, aunque esto no se verifica en todos los casos, como en Corea del Norte o hasta hace poco en Cuba, y consideramos que poner barreras a esto es una violación del derecho negativo a trasladarse que cada persona tiene. ¿Existe, sin embargo, un derecho a la entrada? Aquí el consenso es mucho menor y la constelación de opiniones que lo niegan va de un extremo al otro del espectro político-filosófico. Por ejemplo, un reconocido libertario como Murray Rothbard, modificó su original visión liberal-clásica en relación a la inmigración (1994) planteando que en un mundo libertario de propiedad privada y ausencia de estado no habría un derecho al libre ingreso en ningún lado que no sea con la aprobación del propietario, como lo es en la actualidad con cualquier tipo de propiedad privada. No ingresamos ‘libremente’ en un barrio privado, en un club o en una casa a menos que el propietario nos lo permita, o nos invite a hacerlo.

¿Se mantiene dicho principio en el caso, como ahora, en que existe un estado? ¿Podríamos interpretar que el estado es una propiedad común de todos los ciudadanos de un país y que, de la misma forma en que no se puede ingresar a una propiedad privada sin el permiso del dueño, en este caso no se puede ingresar a un país sin el permiso de quien ejerce esa propiedad?

El problema aquí es el de considerar al estado como una propiedad común. Porque si tomamos el ejemplo de un barrio privado o de un club, vemos que un ‘extranjero’ puede ingresar como invitado si el propietario individual o el socio del club lo permite; pero en el caso del estado cuando existe una barrera a la inmigración no puede un ciudadano “invitar” a ingresar a nadie. En fin, el problema lleva a cuestiones mucho más profundas que no se podrán considerar aquí, aunque sean bien importantes.

En principio pareciera que una barrera a la inmigración podría violar el derecho del ciudadano a “invitar” a un extranjero a su casa o a entrar en algún tipo de relación con él. Digamos que quiero contratar a un extranjero para que trabaje conmigo, ¿por qué no podría hacerlo? ¿no resulta violado mi derecho a establecer relaciones contractuales con quien desee?

Huemer (2010), va más allá y plantea que eso también viola un derecho del inmigrante, en esencia porque él también tendría un derecho entrar en una relación contractual conmigo, que de esta forma resulta violado:

“La forma en que el gobierno daña a potenciales inmigrantes es excluyéndolos de una cierta área física, y por ello efectivamente excluyéndolos de interactuar en forma valiosa e importante con gente (que no es el gobierno) que se encuentran en la región. Muchos norteamericanos con gusto realizarían intercambios o emplearían a estos potenciales inmigrantes, de una forma que les permitiría a estos satisfacer sus necesidades. El gobierno no solamente rechaza darles bienes a estos potenciales inmigrantes, y no solamente rechaza, él mismo, realizar intercambios con ellos. Realiza un gran esfuerzo y dedica muchos recursos para activamente impedir a norteamericanos que comercien con ellos o los empleen de alguna forma relevante.”

Los contratos libres entre dos o más partes, sin embargo, pueden generar efectos ‘externos’, o externalidades. En este caso, sin embargo, todo daño que pueda ocasionarse por estas circunstancias no es en nada diferente al que pudieran causar contratos similares entre nativos, cuyas consecuencias han de ser asumidas. Existe otros efectos ‘externos’ que suelen plantearse como originados por la inmigración y que no estarían presentes en relación contractos similares entre locales. Veremos algunos de ellos: el impacto en el empleo, en el gasto público, en la seguridad, en la cultura y en las instituciones.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Migraciones y calidad institucional: ¿cuál es la magnitud del problema? ¿Hacia dónde van los migrantes? (II)

Por Martín Krause. Publicada el 10/4/17 en: http://bazar.ufm.edu/la-polemica-las-migraciones-impacto-la-calidad-institucional-los-inmigrantes-traen-cultura-ii/

 

Flujos migratorios

Según Naciones Unidas, a mediados de 2015 había un total de 243.700.236 migrantes en el mundo (el 8% son refugiados, unos 19,5 millones). Los países con mayor número de inmigrantes son Estados Unidos (46,6 millones), Alemania (12 millones), la Federación Rusa (11,6 millones), Arabia Saudita (10,2 millones), Reino Unido (8,5 millones), Emiratos Árabes Unidos (8,1), Canadá (7,8 millones), Francia (7,8), Australia (6,7), España (5,8). En América Latina, son Argentina (2 millones), Venezuela (1,4), México (1,2), Brasil (0,7).

El porcentaje total de la población es un 3,3% sobre el total, lo cual indica que no estamos en presencia de una estampida de migraciones, aunque es necesario notar que esto no nos indica lo que podría suceder si no existieran las actuales barreras que limitan esos movimientos. También es cierto que ese porcentaje de población migrante impacta en proporciones muy diversas en distintas jurisdicciones. Los países con poblaciones reducidas, en particular islas o ciudades-estados, presentan altos porcentajes de inmigrantes . Salvando esta circunstancia, los casos más destacados son los de Emiratos Árabes Unidos (88,4%), Qatar (75,5%), Kuwait (73,6%), Singapur (45,4%), Luxemburgo (44%), Hong Kong (38,9%), Arabia Saudita (32,3%), Suiza (29,4%), Australia (28,2%), Israel (24,9%), Nueva Zelanda (23%), Canadá (21,8%), Austria (17,5%), Suecia (16,8%). Entre países de mayor población encontramos a Alemania (14,9%), Estados Unidos (14,5%), Reino Unido (13,2%), España (12,7%), Francia (12,1%).

En América Latina, salvando los altos porcentajes de las pequeñas islas caribeñas (Bonaire 52,3%; Anguilla 37,4%, Aruba 34,8%, por ejemplo), los porcentajes más elevados son los de Costa Rica (8,8%), Argentina (4,8%), Panamá (4,7%), Venezuela (4,5%). Y finalmente, México (0,9%), Brasil y Colombia (0,3%) para completar a los países de mayor población. Como se ve, niveles mucho más bajos de los alcanzados por Europa o América del Norte.

Datos también que señalan la preferencia por esos países que se destacan por su calidad institucional y también por aquellos de Medio Oriente que muestran, por un lado, una natural escasez de mano de obra y, por otro, relativamente altas posiciones en términos de calidad de las instituciones de mercado. El elevado número de inmigrantes en la Federación Rusa tiene que ver con el desmembramiento de la Unión Soviética. Durante las décadas de poder soviético, pobladores de origen ruso se expandieron a todos los países periféricos dentro de esa unión; y una vez independizados esos países, la ‘diáspora’ rusa comenzó un lento pero continuo retorno hacia Rusia.

Entre los países con menor porcentaje de inmigrantes se encuentran algunos con baja calidad institucional. El caso de China es en cierta forma inevitable, dado el volumen de su población nativa y su relativa baja calidad institucional (el porcentaje de inmigrantes es de 0,1%). Otros países con el mismo bajo porcentaje de inmigrantes son Myanmar, Madagascar, Indonesia, Cuba y Vietnam.

El porcentaje promedio de inmigrantes en los diez países de mayor calidad institucional es de 17,85%, mientras que ese mismo porcentaje entre los diez de peor calidad institucional es de 3,66% .

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS AL ORIGEN DE LOS DERECHOS INDIVIDUALES

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 2/4/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/04/de-los-pueblos-originarios-al-origen-de.html

 

Desde que varios pensadores absolutamente totalitarios y antiliberales se adueñaron de la sagrada palabra “derechos” (una especie de blasfemia política), uno de los más populares lemas  es “los derechos de los pueblos originarios”.

Pero resulta que no son los pueblos los que tienen derechos: son las personas individuales. Y entre esos derechos, su libertad de asociación, reunión, libertad religiosa, propiedad, etc., son los que jurídicamente les permiten vivir y mantener sus diversas tradiciones culturales que, como dije tantas veces, sólo pueden convivir en paz en un estado liberal de derecho (si, es lo mismo que decir “agua húmeda potable”, pero ahora hay que aclarar todo…).

Por lo tanto lo que hay que exigir es que los descendientes de las culturas pre-comlombinas sean respetados en sus derechos igual que cualquier otro ser humano, y si viene de Marte (como yo), también.

Lo que nadie puede pretender es violar las libertades de otras personas en nombre de su propia tradición cultural. Si alguien sostiene en conciencia que su tradición no le permite convivir pacíficamente con el Estado de Derecho, tiene varios lugares para emigrar: Cuba, Corea del Norte, Venezuela, en fin, la lista es larga.

Claro, muchas de estas personas sostienen que sus ancestros estaban antes y que fueron injustamente despojados de sus tierras y libertades. ¿Saben qué? Tienen razón. No se puede invadir un territorio habitado por otras personas y por ende todas las colonias que desplazaron por la fuerza a los previos pobladores estuvieron éticamente mal. Pero ahora, ¿qué? Ahora, la solución Hume: en todo poder político o propiedad, si nos vamos para atrás en el tiempo, siempre habrá un latrocinio o un asesinato. Por ende la cuestión es: de este momento presente para adelante. Esa es la regla de la convivencia pacífica. Si no fuera así, cuando Cuba se libere, muchos de los actuales residentes en Miami volverían reclamando sus antiguas propiedades y sería un caos. La cuestión es:  de un momento presente para adelante.

Pero, dos cosas más. Lamento si algunos historiadores pintan a los pueblos originarios como santos que no tuvieron pecado original. ¿Saben qué? NO. Obvio que no fue así. Sólo una interesada ideología puede desconocer tanto la naturaleza hunana de seres humanos que tienen derechos no por inmaculados, sino por humanos.

Y finalmente: ¿originarios? ¿Seguros? A ver, antes de los europeos estaban los cuchu-cuchu. ¿Y estos no habían desplazado a nadie? ¿No habrían tal vez esclavizado a los cuchi-cuchi? ¿No? ¿Seguro? ¿De qué revelación divina nos viene semejante certeza de su “originariedad”? Mayor razón para la tesis de Hume.

 

Lo único “originario” son los derechos individuales. En 1989, en mi libro “El humanismo del futuro”, dije que todos nacemos con un pagaré originario: lo que por el sólo hecho de ser humanos debemos al otro, o sea, el respeto a sus derechos. Eso es lo único originario y lo que sigue siendo tan difícil de entender. El mundo fue y será una porquería ya lo sé. Pero les aseguro que con el respeto a las libertades individuales, lo sería menos. Y en el 3000 también.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Sobre el otro terrorismo de estado

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 12/2/17 en: http://economiaparatodos.net/sobre-el-otro-terrorismo-de-estado/ 

 

El grado de cinismo de buena parte del periodismo llega a niveles tales como querer hacer un arbitrario corte el 24 de marzo de 1976

En las últimas semanas, algunas víctimas del terrorismo han transitado por algunos medios exponiendo sus sufrimientos. Se ve a periodistas y juristas escucharlos con atención y decir que lamentan los que les pasó pero que como hubo terrorismo de estado no tienen nada que reclamar. Algo así como: tengo que darte la razón para no quedar mal ante el público, pero me importa un carajo si los terroristas mataron a niños, a gente inocente, si secuestraron o torturaron. Nunca se ve una condena explícita y categórica hacia el terrorismo e inmediatamente remiten a la represión militar a partir del 24 de marzo de 1976 para desviar el eje del debate, no mostrar las atrocidades que cometieron los terroristas y volver a centrar la atención en el golpe militar.

En rigor hacen casi lo mismo que cuando entrevistan a una persona que se defendió de un acto delictivo. ¿Usó el agredido una fuerza excesiva contra el delincuente que lo amenazaba con un arma? ¿No podía defenderse de otra manera? ¿Tenía balas el revólver con que lo amenazaba el delincuente? ¿Estaba seguro que el delincuente le iba a disparar? Nuevamente la víctima del delito pasa a ser sospechosa para muchos periodistas, con lo cual alientan la criminalidad y las muertes de inocentes porque terminan envalentonando a los criminales, cuando no terminan justificándolos.

Volviendo al tema principal, este sistemático comportamiento de buena parte del periodismo demuestra que su supuesta defensa de los derecho humanos es solo una postura y que en última instancia comparten el proyecto autoritario que a sangre y fuego quisieron establecer en Argentina y en buena parte de América Latina organizaciones terroristas entrenadas en Cuba, Libia y con el apoyo de la Unión Soviética.

El grado de cinismo de buena parte del periodismo llega a niveles tales como querer hacer un arbitrario corte el 24 de marzo de 1976. ¿Por qué ese deliberado corte histórico? ¿Es que ese día se levantaron de mal humor una docena de generales y empezaron matar y desaparecer gente? No, el corte se hace deliberadamente el 24 de marzo de 1976 porque durante la época de Perón comienza el terrorismo de estado con la creación de la Triple A. Un grupo que fuera de la ley empezó a combatir al terrorismo.

En rigor desde España, Perón  alentó a los terroristas en sus fechorías y luego, cuando llegó a la Argentina y vio que los terroristas querían coparle el poder, es Perón el que inicia la acción contra los terroristas. El punto de máxima tensión llega el 25 de septiembre de 1973, dos días después de que Perón gana las elecciones de septiembre de 1973, cuando Montoneros asesina al dirigente sindical José Ignacio Rucci, amigo de Perón. El mensaje de Montoneros fue muy claro a Perón, o hacía una revolución al estilo cubano para establecer una dictadura o ellos la iban a hacer por su cuenta desalojando a los tiros y los bombazos al gobierno de Perón.

La realidad es que el periodismo nunca dice que los terroristas atacaron a un gobierno elegido en las urnas, el de Perón. En ese momento no combatían contra el gobierno militar, combatían contra un gobierno elegido por el voto.

Frente a este asesinato y tantos otros, Perón reacciona y lanza todas las fuerzas legales y no legales para combatir a los terroristas, pero por conveniencia política muchos dirigentes políticos y periodistas hacen silencio sobre el período previo al 24 de marzo de 1976. ¿Por qué no hablan de esos años anteriores a marzo de 1976? Tal vez por ignorancia o, lo que es más grave, porque es políticamente incorrecto señalar a Perón como el que inicia la cacería fuera de la ley de los terroristas. Es esa postura la que los hace poco serios como periodistas.

Pero ojo que también fue terrorismo de estado lo que hicieron los terroristas. En efecto, el apoyo logístico, entrenamiento y financiamiento que recibían de Cuba los transforma en una fuerza agresora externa que mediante el terror apoyado en estados extranjeros intentaron tomar por la fuerza el poder en Argentina para establecer una dictadura. En otras palabras, muchos de los terroristas hoy andan dando vueltas por los medios hicieron terrorismo de estado y deberían estar presos. Es más, siendo que el terrorismo de estado de los terroristas se apoyaba en estados extranjeros, es, a mi juicio, mucho más grave que el terrorismo de estado de los militares, porque mediante el terror otro estado quiso tomar el poder en Argentina. En todo caso acá hubo dos terrorismos de estado, pero el más grave fue el de los terroristas apoyados por estados extranjeros.

Cabe aclarar, también, que hay serias sospechas que acciones terroristas utilizaron el apoyo logístico de gobiernos provinciales que simpatizaban con los sectores marxistas, lo cual los hace terroristas de estado, como fue el caso del mencionado asesinato de Rucci.

Luce patético también que algunos periodistas sostengan que si bien la cifra de los 30.000 desaparecidos no es cierta, hay que mantenerla como un emblema nacional. Ninguna mentira puede ser emblema nacional y menos se puede construir un país basándose en la mentira. Eso muestra, una vez más, que mucho periodista y político no tienen realmente interés en los derechos humanos, sino que solo pretenden defender a los terroristas con los que simpatizan forzando el argumento hasta el ridículo para no reconocer que los montoneros, ERP y demás bandas armadas también cometieron crímenes de lesa humanidad.

Ahora que se está levantando el velo de tanta mentira y hechos que tratan de ocultarse de la década del 70, pareciera ser que los falsos defensores de los derechos humanos buscan nuevos argumentos para defender a los terroristas de estado apoyados en estado extranjeros.

Como última reflexión le formulo la siguiente pregunta: ¿cómo llamaría Ud. a un argentino que se levanta en armas contra un gobierno elegido por el voto para establecer una dictadura mediante el terror, siendo apoyado, estimulado e impulsado por un gobierno extranjero?

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

LA ISLA-CÁRCEL CUBANA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Lo primero es decir que el contragolpe contra Batista estaba plenamente justificado puesto que ese déspota había provocado un golpe a las instituciones libres de Cuba. Esto va para todos aquellos que sostienen que todo contragolpe es injustificado aunque se lleve a cabo frente a dictaduras, electas o ajenas a los procesos electorales. Si esto fuera cierto habría que condenar, por ejemplo, todas las revoluciones independentistas del sigo xix en América del Sur contra los atropellos de la corona española y, en el siglo anterior, la estadounidense contra los abusos de Jorge iii y tantos otros casos de tiranías insoportables, incluso la lucha aliada contra Hitler.

 

Por supuesto lo que no se justifica es haber trocado al déspota por una tiranía horrorosa en base a promesas falsas y patrañas de diverso calibre. Recordemos que en la revista cubana Bohemia, el 26 de julio de 1957 se publicó “el Manifiesto de la Sierra” que consistía en las declaraciones de Fidel Castro que prometió restaurar la Constitución de 1940, convocar a elecciones libres, democráticas y multipartidarias en seis meses y total libertad de prensa. También el 13 de enero de 1959 en declaraciones a la prensa local e internacional manifestó Fidel Castro: “se que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas”.

 

Como he escrito antes en mi artículo titulado “Mi primo, el  Che”, en Cuba, a pesar de las barrabasadas inauditas de Batista, debido a la inercia de otras épocas, era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo de las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles. Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en el que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar, antes que el Che fuera presidente de la banca central.

 

Fidel Castro no solo es responsable por la ruina económico-social de Cuba sino que encarceló y torturó sistemáticamente a opositores e impuso una sola voz en la prensa y el partido único, lo cual fue continuado por su hermano hasta el momento de escribir estas líneas. A pesar de la propaganda del régimen, en ningún caso resulta posible que en un sistema tiránico pueda hablarse seriamente de educación puesto que el adoctrinamiento es la condición necesaria, además de que los estudiantes están obligados a usar lápiz en sus cuadernos puesto que la próxima camada debe recurrir al mismo papel dada la escasez de ese material. El alfabetismo no consiste solo en saber  leer y escribir, radica antes que nada en la libertad de pensamiento y de acción.  Fidel Castro, en su discurso en las escalinatas de la Facultad de Derecho (¡nada menos!) de la Universidad de Buenos Aires el 26 de mayo de 2003 aclaró- dada su política de adoctrinamiento- que es lo que significa para su régimen la educación: “una revolución educacional bien profunda”(sic).

 

En una línea similar, debe explicitarse sobre la salud en ese país, tema tan bien detallado entre muchos otros por la neurocirujana cubana Hilda Molina que muestra las pocilgas de los hospitales y que solo se mantiene algún centro de salud para la vidriera al efecto de atender ciertos amigos del régimen.

 

Es que la soberbia de los megalómanos es infinita. Piensan que pueden fabricar “el hombre nuevo” que sin duda si existiera sería un monstruo. Son unos hipócritas que habitualmente viven en el lujo consecuencia de la expropiación al fruto del trabajo ajeno y se arrogan la facultad de dictaminar como deben vivir los súbditos. La revista Forbes publica que Fidel Castro figura entre los hombres más ricos del planeta con 900 millones de dólares en su haber.

 

Como acabo de destacar en un pasaje en una de mis últimas columnas semanales, Bernard-Henri Lévy en su obra Barbarism with a Human Face concluye, con conocimiento de causa puesto que fue marxista en su juventud, que “Aplícase marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”. Por su parte, en El libro negro de comunismo. Crímenes, terror y represión de Séphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Pané, Andrzej Packowski, Karol Bartosek y Jean-Louis Margolin consignan los asesinatos de cien millones de personas desde 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir, en promedio, por lo que le quepa a cada uno, a razón de más de un millón de masacrados por año durante 80 años.

 

Lo más fértil es prestar la debida atención a la tradición de pensamiento liberal cuyo aspecto medular consiste nada más y nada menos que en el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros y no jugar a la omnipotencia que indefectiblemente termina en un desastre superlativo.

 

Es una vergüenza que en aquellos contextos autoritarios se declame que el arrancarle recursos a unos para entregárselos a otros es una muestra de “solidaridad”, lo cual constituye un agravio a esa noción y a la misma idea de caridad donde nunca está presente el uso de la fuerza.

 

Todo comienza con la trasnochada idea de la “redistribución de ingresos” realizada por los aparatos estatales en contraposición con la distribución que libre y voluntariamente llevan a cabo cotidianamente la gente a través de sus compras y abstenciones de comprar. Este redireccionamiento de los siempre escasos recursos se traduce en despilfarro, lo cual termina en una reducción de salarios e ingresos en términos reales.

 

A su vez, esta manipulación proviene de la idea de que lo conveniente para la sociedad es el igualitarismo sin percatarse que la guillotina horizontal destruye incentivos básicos al tiempo que desarticula la cooperación social y la división del trabajo. Nada más atractivo y necesario que la desigualdad al efecto de incrementar la productividad y nada más desesperante y tedioso que el igualitarismo que hasta convierte la conversación en algo equivalente a comunicarse con el espejo.

 

Por otro lado, cuando se habla de riqueza se supone que es un proceso estático donde hay un bulto que hay que redistribuir en el contexto de la suma cero, sin entender que la creación de riqueza es un proceso dinámico.

 

La incomprensión de estos razonamientos está presente en el autoritarismo, o si se comprenden se rechazan de plano para que los autócratas puedan mantenerse en el poder…”el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. En un principio de la revolución cubana hubo quienes se ilusionaron, pero esta altura del partido solo la apoyan quienes tienen espíritu terrorista, acompañados por snobs de la peor calaña que se ensañan con el sufrimiento ajeno. Es el rostro más oscuro y tenebroso de las bazofias humanas. Ahora, muerto el mayor artífice de la debacle cubana durante más de medio siglo, es de desear que los cubanos puedan zafar a la brevedad del régimen opresivo de las botas y reencauzarse hacia la libertad.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

AL FINAL, EL CADALSO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Bernard-Henri Lévy en su obra Barbarism with a Human Face concluye, con conocimiento de causa puesto que fue marxista en su juventud, que “Aplícase marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”.

 

Por su parte, en El libro negro de comunismo. Crímenes, terror y represión de Séphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Pané, Andrzej Packowski, Karol Bartosek y Jean-Louis Margolin consignan los asesinatos de cien millones de personas desde 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir, a razón de unos quince millones de masacrados por año.

 

Es que las intromisiones de los aparatos estatales en las vidas y las haciendas de la gente poco a poco conducen a escaladas ya que un control conduce a otro hasta que el cercenamiento de las libertades requiere un estado policial. Algunos de los propulsores de las medidas iniciales pueden tener intenciones que nunca llegarían tan lejos pero sus propuestas, a la postre, conducen a finales trágicos.

 

La raíz del problema radica en la educación, nada puede hacerse como no sea el ganar la argumentación a favor de la sociedad abierta, de lo contrario los delitos como el robo instalados en la civilización son eliminados de un plumazo por los sátrapas al efecto de asumirlos como “políticas de estado”. Y cuando ponemos énfasis en la educación estamos hablando de valores y principios compatibles con la sociedad abierta que no necesariamente muestran un correlato con el monto presupuestario que se destina a ese rubro.

 

Por más que se sepa que al final está el cadalso, en última instancia, la única manera de combatir el mal es realizando el esfuerzo cotidiano para dar la batalla en el terreno de las ideas. Parecería que muchos pretenden resolver los problemas solo haciendo de espectadores sin tomarse la molestia de indagar en la causa de los problemas, ni tomarse molestia alguna en difundir las posibles soluciones.

 

En este sentido, tomemos algún espacio para subrayar algunos conceptos que hacen a los marcos institucionales de los cuales depende lo demás. En el origen de los tiempos del common law y del derecho romano durante gran parte de la República y principios del Imperio, a pesar de las consabidas trifulcas con los gobiernos de turno, la idea de la Ley (con mayúscula) resultaba de un proceso de descubrimiento de normas extramuros de las resoluciones positivas, básicamente a través de fallos judiciales en competencia que, en un mecanismo de prueba y error, iban sentando precedentes solo justificadamente modificados para mejorar el resultado. Esa era la Ley y la consecuencia era el establecimiento del consiguiente orden.

 

Luego, poco a poco, muchas veces de contrabando y otras abiertamente, se fue sustituyendo la Ley por legislación fabricada por poderes legislativos cuya misión original era la de limitarse a la administración de los recursos y los gastos de la corona, el cónsul o el emperador. Misión original que se fue transformando en el dictado de leyes para todos los propósitos imaginables de la vida cotidiana con un sentido de diseño y de ingeniería social que lo transformó en omnipotencia legislativa y, naturalmente, la inflación de las leyes deterioró su valor.

 

Este cuadro de situación tuvo lugar más rápidamente en los países latinos que en los anglosajones. En los primeros, duró bien poco el espíritu liberal de los tiempos iniciales de la independencia como colonia formal, mientras que se prolongó en los segundos. Así es que en los países latinos, los ciudadanos se acostumbraron desde muy antiguo a defenderse permanentemente de los ataques de sus gobiernos, al tiempo que vivían en la pobreza. Había aquí (y hay) un doble discurso: por un lado se alaban a los gobernantes y por otro se trata de evadir la mayor parte de las normas promulgadas por ellos, por su naturaleza injustas y arbitrarias. En los segundos, en cambio, los ciudadanos se acostumbraron a cumplir la Ley porque, en gran medida, velaba por sus derechos. El discurso en este caso estaba unificado.

 

Paradójicamente, hoy observamos que con el avance del Leviatán en todos lados, el mundo latino, a pesar de todos los problemas y enredos, tiene más defensas debido a su entrenamiento a la desobediencia, mientras que en el mundo anglosajón, la educación al respeto y veneración por la larga tradición de Law and Order encuentra a esos ciudadanos indefensos, y con su indiscutido acatamiento a ese principio pueden ir al despeñadero aunque la Ley y el Orden se haya convertido en legislación y desorden.

 

Tal vez uno de los juristas de mayor calado sea Bruno Leoni que en su obra Freedom and the Law (también en castellano con el título de La libertad y la ley) precisa conceptos de gran valor en línea con nuestras anteriores preocupaciones legislativas. Estimamos muy oportuno transcribir a continuación un pasaje que dan una idea de la dirección del trabajo: “La legislación aparece hoy como un expediente rápido para remediar todo mal y todo inconveniente […] Hay algo que anda muy mal en todo el sistema” Su preocupación principal se dirige al fortalecimiento de la institución de la propiedad como el eje central de la Justicia, esto es, el “dar a cada uno lo suyo”.

 

Las telarañas mentales no dejan lugar al pensamiento, siempre lo nuevo y distinto es rechazado por el oscurantismo cavernario. No podemos quejarnos por lo que nos ocurre y, al mismo tiempo, pretender revertir la situación insistiendo con los mismos métodos que generaron el problema. Como reza el aforismo: “la mente, como el paracaídas, solo funciona si está abierta”.

 

Al efecto de ilustrar malos entendidos con un ejemplo argentino, hay distraídos que con razón les repele el fascismo pero, sin embargo, en los hechos, le dan todo el apoyo a esa visión totalitaria que se resume en el golpe fascista del treinta que implantó el impuesto directo y progresivo, destrozó el federalismo fiscal, impuso el control de cambios, las juntas reguladoras y la banca central (junto a un proyecto de Constitución corporativa). Los así llamados antifascistas no se percatan que aquellas medidas que invaden los derechos individuales se han mantenido en el tiempo y han constituido una parte muy substancial de la decadencia de ese país: son en verdad antifascistas de pacotilla que no han comprendido la política destructiva de Mussolini.

 

Apenas como una muestra que ilustra de lo mucho que queda por hacer al efecto de contar con una sociedad abierta, mencionemos al pasar solo seis puntos. Primero, la disolución de la banca central para evitar la sinrazón de contar con una institución que dice operar para estabilizar el poder adquisitivo de la unidad monetaria, lo cual nunca ha llevado a cabo en ninguna parte. Cualquiera sea la llamada política monetaria provoca indefectiblemente un deterioro en los precios relativos, sea con la expansión,  contracción o al dejar inalterada la base monetaria.

 

Segundo, como un primer paso hacia un proceso educativo libre las instituciones privadas deben ser privadas y no privadas de toda independencia al ser reglamentadas por los tristemente  célebres ministerios de educación que simulan saber que tipo de educación prefiere la gente y acreditados por instituciones y academias fuera del ámbito de la politización.

 

Tercero, eliminar todos los aranceles para liberar recursos humanos y materiales al reducir el gasto por unidad de producto, lo cual, naturalmente, permite mayor cantidad de bienes  y servicios al eliminar las falacias tejidas desde las propuestas de la “industria incipiente” por el decimonónico Friedrich List que hace de apoyo logístico para que los empresarios prebendarios se enriquezcan a costa del fruto del trabajo ajeno.

 

Cuarto, contar con un sindicalismo libre que no trate a los trabajadores como rebaño a merced de descuentos y retenciones compulsivas, en otros términos resguardarse en la personería jurídica y no en la denominada “personería gremial” calcada de la Carta de Lavoro de Mussolini que empobrece a las personas que más necesitan trabajar para usufructo de dirigentes inescrupulosos.

 

Quinto, el establecimiento de un régimen tributario que se circunscriba a los impuestos indirectos y proporcionales, eliminando los directos y progresivos que atentan contra las tasas de capitalización que constituyen la única causa de ingresos y salarios en términos reales. Para lo cual es indispensable eliminar todas las funciones incompatibles con el republicanismo.

 

Sexto, la venta al mejor postor sin base ni condición de ninguna naturaleza de las mal llamadas “empresas estatales” (la actividad empresaria en un mercado libre no es un simulacro, opera con todos los rigores necesarios y arriesgando sus propios recursos). La constitución misma de esas entidades políticas necesariamente significan derroche de recursos puesto que de haber podido desenvolverse libremente la gente hubiera destinado el fruto de sus trabajos en otras direcciones (si lo hacen en la misma dirección no tiene sentido la intervención de marras). El alegar la necesidad de instalaras para llenar vacíos que el sector privado no  encararía por antieconómicos pasa por alto el hecho de que ese razonamiento conduce a consumo de capital lo cual extiende zonas inviables.

 

En este sentido, al efecto de tomarse el tiempo necesario en el debate de otras propuestas que contra-argumentan las posiciones convencionales en cuanto al dilema del prisionero, las externalidades, los “free-riders” y, en el contexto de la asimetría de la información, la selección adversa y el riesgo moral, es de interés considerar como medidas transitorias las propuestas por parte de diversos autores respecto a las que me he extendido en otra oportunidad sobre los límites al poder, tanto para el Judicial como para el Legislativo y el Ejecutivo

 

Es imprescindible estar atento a lo que Edward de Bono bautizó como “pensamiento lateral” para distinguirlo del convencional de “seguir profundizando en el mismo hoyo en lugar de mirar en otras direcciones y cavar en otros lados”. Ejemplifica de Bono con la fotografía. Dice que el fotógrafo clásico preparaba el escenario, acomodaba la pose del modelo y definía la luz, situación que le permitía conocer de antemano el resultado. En cambio, prosigue de Bono, el fotógrafo profesional moderno (y el amateur) saca una secuencia de fotografías sin previo preparado, lo cual le reporta sorpresas en la iluminación, en las poses de los modelos y en los escenarios, situación que brinda múltiples posibilidades en direcciones hasta el momento impensadas y desconocidas. Eso es el pensamiento lateral: explorar nuevas dimensiones que producen otros resultados, una gimnasia característica de las mentes abiertas siempre atentas para evaluar y juzgar desapasionadamente contribuciones distintas en dirección a la sociedad abierta que permiten vislumbrar otras perspectivas. Y así zafar del cadalso que no necesariamente debe ser en sentido literal pero si la imposición de esclavos modernos que se ven obligados a trabajar buena parte del año para los aparatos estatales.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Las elecciones en EE.UU. y la relación con Latinoamérica

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/11/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1952923-las-elecciones-en-eeuu-y-la-relacion-con-latinoamerica

 

El diálogo de los países de nuestra región con Estados Unidos es siempre multifacético. Y, en realidad, es bastante más permanente que volátil. No avanza necesariamente por etapas, ni por segmentos. Ni, menos aún, por un solo y único andarivel. Ni tampoco se reinventa integralmente cada vez que el país del norte cambia un gobierno.

Tiene una cuota importante de permanencia, de continuidad y hasta de inercia. Tanto a nivel intergubernamental, como entre las múltiples organizaciones de la sociedad civil o las de naturaleza económica que conforman un entramado de relaciones muy diversas, siempre activo. Tiene por ello una constancia que no puede minimizarse. Es, en rigor, mucho más persistente que discontinuo o espasmódico. Con los canales de información y comunicación con que hoy contamos parecería normal que esto sea efectivamente así.

Hay algunos temas, además, que por su misma naturaleza -como son los de la lucha contra el narcotráfico o el crimen organizado- no dependen de los cambios de gobierno porque suponen edificar -y operar- esquemas de cooperación estables que deben quedar, en alguna medida al menos, al margen de los vaivenes políticos.

Lo que sí ha cambiado sustancialmente en los últimos tiempos -y no puede minimizarse- no tiene demasiado que ver con las elecciones norteamericanas. Ocurre que ya no hay un “discurso único” en nuestra región. Dentro de los organismos regionales hay más de una visión acerca de las relaciones con el mundo exterior. El discurso aislacionista bolivariano no prevalece.

En parte, por el fracaso estrepitoso de la propia experiencia doméstica venezolana. También por el saludable regreso regional hacia el centro del péndulo político, tras haberse desaprovechado miserablemente una larga oportunidad de precios relativos fuertemente favorables, con ingresos extraordinarios que fueron derrochados en gran medida. Me refiero a la década del “viento a favor”, que algunos negaban. Ha influido también la comprobación de que los regímenes populistas de nuestra región están desgraciadamente preñados de una corrupción extendida, que en la Argentina, por lo demás, no tiene parangón alguno en la historia.

El discurso bolivariano, el que se quiso diseminar desde UNASUR, es hoy indigerible. Por sus frutos, luce como una propuesta inaceptable. Pero además porque -en su esencia- supone deformar la democracia hasta hacerla irreconocible y cercenar perversamente las libertades civiles y políticas. Lo que lo convierte en totalitario. UNASUR hasta ahora ha sido poco más que un escenario para tratar de captar perversamente la voluntad de la región con la retórica bolivariana de unos pocos y los silencios cobardes de muchos.

A lo que hay que agregar que en nuestra región hoy nos pasa algo parecido a lo de los palestinos: no tenemos unidad de criterio. Mucho menos discurso y acción común. Lo que no es necesariamente una situación anormal, pero obliga a respetar la diversidad.

Cabe preguntarse entonces si empeñarnos en tratar de unificar al máximo el discurso frente a Estados Unidos es necesariamente el mejor camino. Puede no serlo. Porque obliga a nuestra región a buscar denominadores comunes pequeños y hasta frágiles.

Los “discursos únicos” son, con mucha frecuencia, el resultado de pretensiones ideológicas hegemónicas, disfrazadas o no. Generalmente, muy poco realistas.

A lo que cabe agregar que en las diferencias hay siempre una riqueza que no debe desperdiciarse. Hay audacia. Y hasta novedad. Tratar de desterrar o limitar las conversaciones bilaterales es apenas un mal sueño. Y una equivocación. Cada país tiene su propia agenda y realidades, en espejo de sus respectivas sociedades. Nuestra región no es uniforme. Y empeñarse en tratar de silenciar o disimular la diversidad es un error.

Hay, pese a lo dicho, una agenda corta multilateral. Regional, entonces. El tema central hoy de esa agenda no es otro que el de Venezuela. Esto es, el de la posible aparición de una nueva Cuba en nuestra región. La segunda dictadura. Esa cuestión es, por cierto, más relevante que la lenta “normalización” de Cuba. El segundo tema fundamental es el de la pacificación de Colombia. No detenerse en un camino en el que se ha llegado casi a la meta. El tercero es ciertamente la urgencia de empeñarnos seriamente en destruir pobreza.

Insistimos en que, más allá del ámbito multilateral, existe una riqueza inmensa en las distintas agendas bilaterales. Unificar herméticamente el andar de todos en la región hubiera quizás supuesto, por ejemplo, lastimar el salto cualitativo de los países del Pacífico en su modernización con destrucción de pobreza. Mientras, del lado del Atlántico, algunos perdíamos una década sumergidos en el estatismo, asfixiados brutalmente por el intervencionismo y lastimados moralmente por la corrupción.

Como dejar de lado la realidad tiene costos, los diálogos con el país del norte debieran también poder, de pronto, sentar en una misma mesa a los países que tienen parecidos sustantivos en sus planteos de política, especialmente cuando sus visiones económicas son complementarias. Cada vez que haya una disposición real hacia alcanzar consensos y no una actitud torpe de intransigencia, los diálogos deberían encontrar una forma de encarrilarse entre las diversas que siempre están disponibles.

Todos los caminos conducen al progreso, aunque siempre y cuando el diálogo sea sincero, en lugar de pequeño. También el de los diálogos bilaterales entre quienes tienen más coincidencias que diferencias y están dispuestos a caminar juntos hacia el futuro sin las barreras derivadas de los resentimientos. Mantener diálogos múltiples desde la diversidad edifica, complementa, enriquece y hasta inspira a los que pueden ser los propios del ámbito de las conversaciones multilaterales.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.