TODOS SOMOS EL HERMANO MAYOR

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 24/11/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/11/todos-somos-el-hermano-mayor.html

 

 

Una de los símbolos más reveladores de la naturaleza humana, en el Nuevo Testamento, es el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo.

Permítanme decir antes que una de las razones para la Fe del Cristianismo es la lógica del Evangelio: totalmente contraria a la lógica del hombre viejo después del pecado original. Todo lo que al ser humano, después de la caída, le parece sensato, razonable, es exactamente al revés en el Evangelio. Gracias a Dios, claro.

Hay otra parábola donde esto se ve claramente: la de los viñadores. El que trabajó desde la tarde recibe igual que el que trabajó desde la mañana. ¿No nos parece injusto? Ni qué decir lo que hubiera dicho cualquier líder sindical. Máxime cuando el dueño de la viña responde como un “malvado” liberal: “¿Acaso no puedo hacer con lo mío lo que quiero?”.

Y algo que no es una parábola, el buen ladrón. “HOY mismo estarás conmigo en el paraíso”. ¡Hoy!!!! Mm……

Vamos, confesémoslo: nos parece injusto. Para la lógica del hombre justo, es injusto. Y todos lo hemos pensado así, siempre o alguna vez. Así que uno “se mata siendo bueno” todo el tiempo y finalmente en el cielo tendremos una nubecita dos ambientes; bien, ok, en fin, pero el delincuente ese y el vago aquel, que “hicieron lo que quisieron” toda su vida y “la pasaron bien” van a tener una nube con cinco ambientes, terraza, vista al mar, gimnasio y pileta. Bueno, ok, allá Dios con lo tuyo, pero en el fondo es injusto.

Eso sentimos. Eso pensamos, eso somos, después del pecado original. En el fondo la redención casi no nos llegó. Somos cristianos tristes, estoicos, murmuradores; habitamos un valle de lágrimas porque nosotros somos una lágrima viviente mezclada con una malévola pizca de resentimiento y envidia, en el fondo, al pecador, que “tan bien la pasa”.

Lo que el evangelio nos muestra es la infinita misericordia del Padre, que no nos termina de entrar, y también nos propone la alegría profunda, la felicidad inmensa, de ser Hijos de Dios. No la risa superficial, no el no sentir, no el no sufrir, sino el sabernos Hijos de Dios, con todo lo que ello implica.

Observemos lo que el padre responde al hermano mayor: “Hijo, tú siempre estás conmigo”. ¡TÚ SIEMPRE ESTÁS CONMIGO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ¿Nos damos cuenta de lo que eso significa? ¡Estar siempre con Dios!!!!!!!!!!!!!!! ¿No sería extraordinario? ¿Qué MAS podemos pedir que estar siempre con Dios? ¿Qué más puede pedir el amante que estar siempre con el amado?

“Oh llama de amor viva -dijo San Juan de la Cruz, que se había dado cuenta de esto- que tiernamente hieres/de mi alma en el más profundo centro! /Pues ya no eres esquiva /acaba ya si quieres,/ ¡rompe la tela de este dulce encuentro! /¡Oh cauterio suave! /¡Oh regalada llaga! /¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado /que a vida eterna sabe /y toda deuda paga! /Matando, muerte en vida has trocado”.

¡Estar siempre con Dios, Dios mío!!! Pero no, lo vemos como algo monótono, aburrido, pesado, casi insoportable. Escaparse, en cambio, “pasarla bien”, y en todo caso volver cuando no tenemos ni las sobras de los cerdos para comer, es más cool, más Hollywood. Sin embargo, ese escaparse es precisamente lo terrible, y ese estar siempre es precisamente lo extraordinario. Pensamos que el hermano mayor ha tenido una vida ordinaria y es al menor que le sucede lo extra-ordinario, pero no: después del pecado original, lo extra-ordinario, es estar siempre con Dios, y lo ordinario es alejarnos. Y lo ordinario es no anhelar, precisamente, la inmensa felicidad de una vida dedicada al servicio del Señor, cosa que los samurai japoneses, sin ser cristianos, supieron ver.

En la vida extraordinaria del servicio a Dios, si viene la fama, si Dios la permite, que venga, pero abramos el paraguas para no dejarnos inundar por la vana mirada de la ad-miración; y si viene la injusticia y la calumnia, que venga, porque sólo hay una mirada, que no ad-mira, sino que mira al corazón, que interesa: la mirada del Señor.

Dado que, en el fondo,  casi todos hemos sido el hermano menor, porque vamos y volvemos una y otra vez, entonces estas reflexiones no nos llegan tanto, pero si alguno es el hermano mayor, yo, desde mi destierro, le digo: sé feliz, por favor, en la casa de Dios, de la cual nunca has salido. No pienses en la fiesta que de tanto en tanto tiene que organizarme nuestro Padre. Tú ya estás en gozo permanente, y eso, multiplicado por infinito, es lo que ni ojo vio, ni oído oyó, que Dios tiene preparado para los que le aman.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

SEXUALIDAD: DE LA NATURALEZA ELEVADA A LA NATURALEZA REDIMIDA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 19/11/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/11/sexualidad-de-la-naturaleza-elevada-la.html

 

En el principio creó Dios al cielo y la tierra. Y al hombre. Pero no creó una naturaleza humana sin su Gracia. Desde el principio la elevó por su Gracia Deiforme, y así los dones preternaturales daban al ser humano unos hermosos atardeceres donde Dios bajaba a conversar con él.

Pero el ser humano quiso ser como Dios y la armonía entre Dios y el hombre se quebró. Los dones preternaturales se acabaron, y el hombre quedó en estado de naturaleza caída. Así comenzó la historia de Caín. El hombre quedó librado a las consecuencias del pecado original.

No fue nada fácil y no lo es. En realidad, quedamos hechos casi unas bestias. La crueldad más infinita dominó las relaciones entre los seres humanos; los imperios que surgieron eran dominios espantosos donde el hombre literalmente se creía Dios y la esclavitud, el dolor y la pobreza era la condición de casi todos y también la de los poderosos que se creían exentos de su condición de bestias.

Dios se compadece de nosotros y promete la primera y la segunda alianza. No fueron alianzas políticas: las consecuencias del pecado no se fueron de la vida social, pero la noción de persona dada en la Revelación es lo único que compensa la historia de Caín en pequeños y breves remansos de Abel.

Con la sexualidad humana no fue diferente. Al principio hombre y mujer estaban destinados a ayudarse, a respetarse, y a unirse sexualmente y poblar el mundo. Con el pecado original, eso también casi se acabó. Con gran sorpresa para todos Cristo tuvo que restaurar esa situación originaria, y así el Matrimonio es un sacramento, que nos cuesta tanto porque es una de las mayores contradicciones a nuestra naturaleza caída en el pecado, a veces redimida por la Gracia.

No hubo nunca una naturaleza humana que no fuera elevada, caída o redimida. Son esas nuestras tres fases. Por ende lo que llamamos ley natural no es más que la naturaleza humana curada por la Gracia, pero no una naturaleza humana que nos hable con claridad SIN la Gracia.

Por ende cuando nacemos, nuestra sexualidad es casi bestial, desordenada, únicamente destinada a los desvíos más profundos. Freud, sin ser creyente, lo vio bien cuando habló del perverso polimorfo pero aún hoy muchos se burlan de él. Es una ilusión suponer que algunos nacen con su sexualidad ordenadita y otros no. Todos seguimos manteniendo al perverso polimorfo en el inconsciente reprimido. Todos somos todo, todos somos sencillamente cualquier cosa.

Los heterosexuales lo son, en general, porque han podido incorporar a un super yo teñido del cristianismo corrector. No son seres sin pecado original que siguen a una naturaleza en sí misma, que nunca se dio. Lo son porque han soportado la casi imposible dirección de su pulsión indiferenciada original, y la mayor parte de ellos, sin darse cuenta, han incorporado a un super yo moldeado por el Cristianismo.

 

Por ende no nos peleemos más. Después del pecado original, las formas de la sexualidad son tan infinitas como cuasi infinito es el desorden con el que nacemos. Y en una sociedad libre, que cada uno mire al otro con la comprensión y misericordia que todos los perversos polimorfos nos debemos. Y la ley humana, afuera. Los cristianos tratamos de seguir con esfuerzo a ese Dios que intenta siempre salvarnos, porque nada es imposible para Dios. Los no cristianos no creen en eso. Pero si ambos grupos pretenden ponerse mutuamente en la cárcel, la historia de Caín es peor. No, gente, calma. La situación previa al pecado original ya pasó. Pero está la naturaleza REDIMIDA, y por ende queda el matrimonio tal cual Cristo lo entendió. Que queda sólo reservado a Dios y exento de la autoridad de los magistrados.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

FILOSOFÍA PARA MÍ, CAP. CINCO: ALMA Y CUERPO, CONCIENCIA Y OBJETO, MENTE Y CEREBRO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1/10/17 en: https://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/10/filosofia-para-mi-cap-cinco-alma-y.html

 

Capítulo Cinco:

Alma y Cuerpo, Conciencia y Objeto, Mente y Cerebro

  1. Introducción

Sobre la base de lo anterior, podemos llegar a la siguiente conclusión: el problema del libre albedrío depende de un problema previo, a saber, si hay “algo” en el ser humano que no sea reductible o definible en términos materiales-corpóreos. Lo cual nos lleva al eje central de la antropología filosófica. ¿Qué es el ser humano en última instancia? ¿La última etapa de la evolución del polvo cósmico? ¿Un mamífero evolucionado? ¿Un cuerpo cuyo sistema nervioso central tiene un “epifenómeno” llamado conciencia? ¿Un espíritu encerrado en un cuerpo? ¿Un alma en un cuerpo? ¿Un cuerpo con espíritu?

Como siempre, no vamos a dar ahora “la” respuesta, como si estas reflexiones pudieran ponerse por encima de toda la filosofía occidental. Intentaremos despejar el sentido de las diversas soluciones propuestas para luego proponer una salida sujeta a evolución conceptual permanente.

  1. Un breve paneo sobre la historia del problema

2.1. El cuerpo, cárcel del alma

Cuando Platón escribe sus famosos diálogos, deja una huella que aún no se ha extinguido en la conciencia occidental. Se llama “dualismo”, esto es, la concepción según la cual el ser humano es alma y cuerpo, siendo el alma una cosa y el cuerpo, totalmente otra. En Platón esto tiene relación con los mitos griegos anteriores, según la cual el alma existía antes de su unión con el cuerpo, unión que es interpretada como un castigo, una “caída” en un cuerpo: un castigo. A partir del nacimiento el alma tendría que recordar con dificultad las ideas contempladas en el mundo de las ideas que habitaba, para tratar de retornar a él según una vida buena.

2.2El alma, forma del cuerpo

Con Aristóteles la cuestión cambia de modo bastante enfático. Aristóteles tiene una teoría sobre los cuerpos que aplica a todos los cuerpos, tanto vivientes como no vivientes. Cada cuerpo es en realidad una materia organizada por una forma (“hilemorfismo”). De ese modo, en los seres vivos (desde las plantas para arriba) sus cuerpos son cuerpos “tales” (por ejemplo, cuerpo de tigre, cuerpo de rana, y así) porque están “conformados” por una “forma sustancial” (tigreidad, raneidad, y así). Dejemos de lado por ahora los fundamentos que Aristóteles da en su momento, y dejemos de lado también las interesantes relaciones que esto puede tener con la ciencia moderna. Lo interesante, a efectos de los humildes objetivos de estos comentarios, es destacar que el dualismo platónico cambia por un monismo aristotélico. Eso es, alma y cuerpo no son dos cosas distintas, sino que hay una unidad sustancial, porque el alma es sencillamente la forma del cuerpo. Es su principio organizante, organizante de elementos materiales que de lo contrario no constituiríantal cuerpo. El resultado de esto es fundamental para la historia de la filosofía occidental. La inmortalidad del alma, que en Platón era obvia porque el alma nada tenía que ver con el cuerpo, queda, por decir lo menos, dudosa en Aristóteles. En efecto: el alma en Platón “se liberaba” con la muerte. Pero el alma en Aristóteles era el principio organizador del cuerpo. Des-organizado el cuerpo (la muerte), ¿qué sentido tenía decir que el alma “continuaba”?

2.3. El alma creada por Dios, a la espera de resucitar en el fin de los tiempos

Con el advenimiento del Cristianismo, se produce un proceso de asimilación muy especial de estos elementos de filosofía antigua. Pero, contrariamente a lo que podríamos suponer hoy, donde en el siglo XX ha habido tantos católicos aristotélicos, el diálogo es mucho mayor con el neo-platonismo. Aristóteles era más bien conocido en física y en lógica en los ambientes cristianos; la asimilación de su antropología y su metafísica comenzó con los árabes en los siglos XI y XII, y recién en el siglo XIII por parte de ciertos autores cristianos.

En el siglo IV, San Agustín toma del neoplatonismo la concepción de un alma inmortal, cuestión que, para el cristianismo, era y sigue siendo fundamental. Pero con diferencias: el alma no habita un mundo anterior, sino que es creada directamente por Dios, y la contemplación perfecta de las ideas se dará después de la muerte, si, pero porque “lo” contemplado directamente será Dios, en quien “están” las ideas de todas las cosas porque él es el creador de todo. Pero, además, la visión del cuerpo se hace positiva. El cuerpo es bueno porque es creado por Dios, y el dogma de la resurrección afirma que en la resurrección final alma ycuerpo vivirán nuevamente, para siempre. El cuerpo no puede ser, por ende, malo, aunque por supuesto haya pecados que impliquen una pérdida de armonía entre la sensibilidad y la inteligencia como fruto del pecado original que implicó la salida del paraíso originario, donde la armonía alma/cuerpo era perfecta.

Esta síntesis siguió en la cultura cristiana del medioevo hasta que Santo Tomás le da un giro muy especial. Sin apartarse un milímetro del espíritu de la herencia agustiniana, se permite algo casi subversivo en la época: agregarle algo de la antropología de Aristóteles, que hasta entonces era manejado por los árabes y con interpretaciones contrarias al cristianismo. Pero el aristotelismo cristiano del s. XIII implicó una interpretación de Aristóteles muy diferente.

2.4El alma es inmortal y al mismo tiempo forma del cuerpo.

Para Santo Tomás el alma, como para Aristóteles, es forma del cuerpo. Pero entonces, ¿cómo explicar su inmortalidad? Santo Tomás da una respuesta clásica: el ser humano conoce ideas universales que, en cuanto tales, superan lo que un solo cuerpo podría hacer. Por lo tanto el conocimiento humano no es reductible al cuerpo y, como el conocimiento humano deriva de lo que el ser humano es, y el ser humano es una forma que organiza su cuerpo, esa forma tampoco puede ser reducible a lo corpóreo y, por ende, es inmortal. Santo Tomás la llama forma sustancial racional o subsistente. Tan coherente es Santo Tomás con que el ser humano es uno sólo en la unidad alma-cuerpo, que al alma separada del cuerpo la llama sustancia incompleta, que será sólo completa nuevamente en la resurrección de los cuerpos……Obviamente no todos han estado de acuerdo con esto (menos aún los cristianos platónicos de su tiempo y posteriores) pero casi todos los historiadores de la filosofía reconocen hoy la sutileza del análisis de Santo Tomás y su capacidad de armonizar tradiciones de pensamiento muy diferentes (por ejemplo, agustinismo más aristotelismo).

La síntesis de Santo Tomás, aunque parezca extraño hoy en día, es olvidada muy rápido por los autores cristianos (excepto por los teólogos de la orden dominica) y, en el s. XV y XVI, la tradición neoplatónica cristiana renace con mucha vehemencia. Pero en el s. XVII se produce uno de los giros copernicanos más extraordinarios de la filosofía occidental y el dualismo platónico renace con más fuerza aún. Nos referimos al famoso Renato Descartes.

2.5. El alma, conciencia inmortal, res cogitans

En Descartes su “yo soy” tiene una implicación antropológica importante. El ser humano es res cogitans, sustancia que piensa, espiritual, irreductible a lo corpóreo. Lo corpóreo es precisamente otra cosa, res extensa, material, geométricamente organizada por Dios. La res extensajamás puede dar origen a la res cogitans. La inmortalidad del yo (esencialmente espiritual) queda de ese modo por definición asegurada, el ser humano “deja una vez más” de ser su cuerpo. El ser humano es ante todo conciencia, auto-conciencia, “frente a” un mundo externo esencialmente físico-mecánico. La importancia de esto para el problema del conocimiento humano lo dejamos para el capítulo siguiente.

2.6. Un epifenómeno de las neuronas

La tradición racionalista posterior (hasta Leibniz inclusive) mantuvo en líneas generales estas posturas dualistas, pero, advirtamos, ese dualismo se basaba en una metafísica que aformaba la posibilidad de demostrar la existencia del alma y su inmortalidad, en los términos cartesianos que hemos visto. Pero, a partir del s. XVIII, tres acontecimientos importantes dan un duro golpe a esta concepción. Uno, Kant, s. XVIII, quien rechaza la metafísica no como creencia pero sí como ciencia. Dos, el positivismo, unido a cierto materialismo determinista del s. XIX (Comte, Laplace) afirmaba que todo es explicable en términos de ciencias natuales y, por ende, nuestra conciencia e inteligencia también. Finalmente, aunque no haya sido la pretensión de Darwin, la teoría de la evolución parece dar un golpe de gracia a la creencia de que el alma humana es creada directamente por Dios…

Así las cosas, en el siglo XX “la filosofía” parece haber sido “sacada del ring” en el tema del hombre. Por un lado los científicos de orientación más organicista, con todo el desarrollo de la biología del sistema nervioso a su favor, afirman decididamente que la conciencia humana no es más que un resultado emergente (epifenómeno) del cortexcerebral (Bunge). Luego, si hay un alma o no parece ser sólo una cuestión de fe. Lo que queremos decir con esto es que la filosofía, en cuento filosofía, parece haber perdido su lugar en este debate. Como si tuviéramos biología por un lado y religión por el otro.

La pregunta es: ¿hay algo en el medio?

  1. Tres posibilidades

Mi humilde diagnóstico es que en el siglo XX quedan tres posibilidades (complementarias) para “que la filosofía vuelva a” ocuparse de estos temas:

  1. a)Popper y el mundo 3

Vimos en el capítulo anterior que Popper dedica un libro entero a la cuestión del indeterminismo y el libre albedrío. Pero eso tiene que ver con una metafísica y una teoría del ser humano que se ve fundamentalmente en varios de los artículos que conforman su libroConocimiento objetivo.

Una de las teorías más importantes de Popper se llama teoría de los 3 mundos. Tiene mucho que ver con lo que veíamos sobre el diálogo en el capítulo 4, pero no es exactamente lo mismo.

Veamos por ejemplo (el ejemplo es de Popper) “la” teoría de la relatividad. Como teoría, en cuanto tal (mundo 3), no se identifica con nuestros estamos de ánimo sobre ella (no la entiendo, me aburre, me entusiasma, me fascina, etc), esto es, el mundo 2, ni tampoco con cada uno de los ejemplares físicos que descansan en bibliotecas, o sea, los libros sobre ella materialmente considerados (mundo 1). O sea que existe el mundo 1 (lo físico); el mundo 2 (los estados humanos de conciencia); y el mundo 3 (las teorías consideradas “en sí”).

El mundo 3 presenta interesantísimas características. La primera y fundamental es que no es reductible al mundo 1. Una teoría no es una cosa física, de lo contrario seria igual a los medios físicos donde está asentada. Por ello es verdadera o falsa, en sí misma, aunque no estemos seguros. Por otra parte, una teoría es válida o no desde un punto de vista lógico (consistencia), lo cual tampoco es una cosa física. La verdad o la falsedad, la validez o no de la teoría (lo cual tiene que ver con su posibilidad de ser argumentada, como veíamos en el capítulo 4) no es reductible a lo físico. Luego la inteligencia humana, que trabaja con teorías del mundo 3, no se reduce a lo físico. Esta posición, que Popper sostiene con J. Eccles en El yo y su cerebro, ha sido llamada dualismo genético (porque el mundo 3 sería un inexplicable proceso a partir de la evolución) en contraposición al monismo de corte materialista que afirmaría que la conciencia humana es sólo fruto de la evolución del sistema nervioso.

Popper tiene de ese modo un modo de salir filosóficamente de la aporía actual entre la biología y la religión con una argumentación típicamente filosófica que, aunque a Popper no lo hubiera gustado la comparación, tiene algo de Platón. O sea, las teorías en sí mismas tienen algo de las “ideas” contempladas por la inteligencia. Esta tradición renace a fines del s. XIX con la filosofía de las matemáticas y da origen en Husserl a su fenomenología, que veremos más adelante. Popper sin embargo no hace conexión con esta vertiente “platónica-escolástica-fenome­noló­gi­ca”.

  1. b) ¿Re-edición de Santo Tomás?

Pero, ¿quién había dicho que la inteligencia es inmaterial por la universalidad de las ideas que contempla? ¿No era Santo Tomás de Aquino? Si. Su argumentación, si vamos a seguir una tradición analítica, tiene que ver con este razonamiento:

1, premisa mayor: si la inteligencia fuera sólo cuerpo, no conocería sino los cuerpos (si p, entonces q)

2, premisa menor: pero es así que conoce cosas que no son cuerpo (no q)

3, conclusión: luego la inteligencia no es cuerpo (no p).

Esta argumentación, dicha casi exactamente así en el cap. 49 del libro II de la Suma Contra gentiles, puede conectarse fácilmente con el mundo 3: precisamente, el mundo de las teorías en sí mismas, que no son cuerpos y no responden a las leyes de la física, sino de la lógica.

  1. c)Mundo 3, sentido, lenguaje

Y el que había sostenido con énfasis que los resultados ojetivos del pensamiento humano no son reductibles a la física, fue Husserl, a principios del siglo XX. Curiosamente, el siglo XX tiene un desarrollo espectacular de la filosofía del lenguaje. Y eje central de la filosofía del lenguaje del s. XX es “el sentido del sentido”. Cuando alguien dice “algo” (por ejemplo, lo que yo estoy diciendo en este momento), ¿qué es ese “algo”? “Lo” que estoy diciendo, ¿se identifica con el soporte físico donde grabo el mensaje (papel, silicio, etc) o con el aire en el cual se da el fenómeno físico del sonido? (H. Putnam ha tocado esta cuestión).

Si contestamos que si, entonces deberemos admitir que una grabación, puesta en “play” implica que es la máquina en cuestión la que está “hablando”. Pero si decimos que no, que el grabador, CD o computadora “no habla” sino que reproduce lo ya hablado “por alguien”, entonces, excepto que nos vayamos al infinito para atrás, tendremos que reconocer que detrás del “alguien” que habla hay un sentido, una teoría, “lo” que se quiere decir que no es reducible a lo físico. Y de allí a que haya “algo” en lo humano que no sea reductible a lo solamente material hay un paso muy corto…………… Y ese algo funda, como decíamos la vez pasada, un libre albedrío que, valga la redundancia, libera al ser humano de las ataduras determinantes del mundo material…………….

¿Qué es ese algo? ¿Es el alma, el espíritu? ¿Será el fundamento último de aquello que llamamos intimidad, decisión, responsabilidad, o…. “Yo”?

Tal vez. Es muy posible. Pero hasta aquí llego. El camino no está recorrido, está apenas señalado.

Bibliografía recomendada

w Platón: Diálogos escogidos. El Ateneo, Buenos Aires, 1949.

w Aristóteles: Metafísica. Espasa-Calpe, 1945.

w  Sciacca, M.F.: Historia de la filosofía. Luis Miracle, Barcelona, 1954.   Cap. X.

w  Santo Tomás de Aquino: Suma Contra Gentiles, libro II. Club de Lectores, Buenos Aires, 1950.

w Descartes, R.: Discurso del método. Espasa-Calpe, 1979.

w Popper, K.: Conocimiento objetivo, Tecnos, 1974.

w Bunge, M.: El problema mente-cerebro. Tecnos, 1985.

w Kenny, A.: La metafísica de la mente. Paidós, 2000.

w Putnam, H.: Razón, verdad e historia. Tecnos, 2001.

 

w Putnam, H.: La herencia del pragmatismo. Paidós, 1997.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

“El microondas intelectual (un experimento ético-ideológico)”

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 11/8/13 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2013/08/11/reflexion-de-domingo-el-microondas-intelectual-un-experimento-etico-ideologico/

Vamos a sonreír un rato. Les propongo este experimento mental que viene bien para bajar nuestros decibeles ideológicos. También lo había escrito en Guatemala, a principios del 2003. Los ejemplos tienen que ver con esa época (ahora es lo mismo, pero sencillamente empeorado). Planteo un dilema moral. ¿Alguno se juega a decir qué hacer?

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EL MICROONDAS INTELECTUAL

La filosofía moral, como muchas otras ciencias, usa habitualmente experimentos imaginarios como método de trabajo. En este caso, voy a proponer al lector uno de esos experimentos mentales para poder después plantear una pregunta cuya respuesta no va a ser, tal vez, fácil.El ejemplo, al principio, tendrá algo de humor.Imagínese el lector un horno de microondas que pudiera transformar un libro en ondas cerebrales. No… no me confundí. Ese es el experimento. Suponga que usted pudiera colocar dentro del aparato los libros de Mises y Hayek y que esos libros se transformaran en ondas electromagnéticas, las cuales, por medio de un pequeño casquete lleno de electrodos, llegaran a la cabeza y, consiguientemente, al cerebro de alguien, transformándose en ondas cerebrales. ¿Interesante, no? Podríamos entonces secuestrar a Castro -y dejo al lector la opción de otros dictadores particularmente interesantes-, colocarles el peculiar casquete y, en medio de sus protestas, poner en marcha nuestro peculiar aparatito. Entonces, en unos minutos sus ondas cerebrales recibirían toda la sabiduría liberal clásica. Después de unos minutos, los tendríamos transformados en liberales, en liberales instantáneos (algo así como el café instantáneo). Se levantarían felices de su asiento, se sacarían el casquito, nos agradecerían por la profunda e importantísima transformación recibida, pedirían perdón al mundo por las atrocidades cometidas, retornarían felices a sus territorios, los liberarían de la opresión e instalarían en ellos una democracia liberal clásica con economía de mercado. Después renunciarían a su puesto y se pondrían a dar conferencias sobre Mises y Hayek. ¿Impresionante, no? ¿No sería maravilloso? Sí… ya sé que no se puede. Claro que no se puede. El espíritu humano no se reduce a ondas cerebrales. Santo Tomás ya dijo hace mucho tiempo que el alma humana es inmaterial e inmortal; Kant, sin decir lo mismo, afirmó que la ley moral es un reino independiente del cielo estrellado del cosmos físico, y Karl Popper dijo claramente que dialogamos y argumentamos precisamente porque la verdad no es al cerebro lo que la bilis al hígado.Pero el dilema moral es: si se pudiera hacer, ¿lo haríamos? Esa es la hipótesis de trabajo. Si se pudiera hacer algo así, ¿sería ético hacerlo? No es lo mismo no hacer algo porque no se puede que porque no se debe. Yo no debo tratar mal a mi prójimo no porque no pueda, sino porque, por el amor que le debo, no debo. En este caso, si pudiéramos hacer algo así, ¿lo haríamos? ¿Resistiríamos la tentación de hacerlo? ¿No serían los resultados sencillamente revolucionarios y beneficiosos para todos los sojuzgados por la ignorancia totalitaria de esas personas? Pero, ¿sería “liberal” hacerlo? ¿Es liberal convertir en liberal a alguien por la fuerza? (Por la fuerza técnica, en este caso.) La pregunta nos puede llevar a reflexionar sobre otra pregunta que he escuchado desde hace mucho: ¿cómo hacer para difundir las ideas? ¿Por qué las ideas de la libertad tardan tanto en comprenderse? ¿No podríamos recurrir a técnicas de persuasión un tanto más eficaces?Lo curioso es que esto último sí es posible. Hay técnicas lingüísticas de persuasión, de manipulación intelectual. Manipular a la gente no es tan difícil. Supongamos que alguien no quiere saber nada con Mises. ¿Y por qué no le “introducimos” a Mises sin que se dé cuenta? Los keynesianos hacen eso todo el tiempo… (Con Keynes, claro.) De nuevo: ¿sería eso liberal? Porque, tal vez, la esencia del liberalismo es el diálogo, la conversación, que nada tiene que ver con la manipulación… Lo dijo Karl Popper, sobre todo hacia el final de su vida. Tal vez deberíamos meditar profundamente en todo esto, sobre todo cuando nos ponemos nerviosos por el destino de la civilización. Finalmente, ¿podría Dios hacer algo así? Si Jesús era Dios, ¿por qué no convirtió ipso facto a Pilatos y a Herodes al cristianismo?Para aquellos que verdaderamente estamos convencidos de que Jesús es Dios, viene bien meditar la respuesta.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.