“Argentina va hacia una dolarización en forma desordenada”

Entrevista a Aldo Abram: Publicado el 22/9/19 en: https://www.elliberal.com.ar/noticia/504980/aldo-abram-argentina-va-hacia-dolarizacion-forma-desordenada

 

El economista Aldo Abram analizó que Argentina se encuentra en un sendero sinuoso entre la crisis, más cepo, dolarización y las reformas para salir adelante. Además, expuso una serie de “virtuales problemas para cumplir con las obligaciones contraídas y una potencial dolarización desordenada, todo ocurriendo quizás antes de diciembre”.

Lo hizo al disertar en un desayuno para socios de la Fundación Libertad y Progreso, donde Abram vislumbró un sendero difícil para los próximos meses, lo que incluye un posible endurecimiento del cepo.

“Sea quien fuere el próximo presidente se va a tener que sentar el 28 de octubre y decir claramente qué piensa hacer y renegociar con el Fondo (FMI)”, pronosticó Abram.

También sostuvo que cree que “Argentina va a una dolarización en forma desordenada, previa posible hiperinflación”. Agregó que “ahora hay que tener claro que la dolarización da estabilidad monetaria, pero no corrige todo. Hay países dolarizados que progresan y hay países dolarizados pobres”.

Abram también destacó que ve un posible endurecimiento del cepo y sobre el reperfilamiento de la deuda detalló que “esto es un default selectivo”.

“Acá el problema para el mercado es lo que piensa Alberto Fernández, no lo que piensan (Hernán) Lacunza ni (Mauricio) Macri”, enfatizó.

En otro momento de la charla señaló que “haciendo las cuentas de las reservas y los vencimientos, probablemente en octubre la plata no alcance. Diciembre va a ser un dolor de cabeza gobierne quien gobierne. Va a ser difícil llegar ahí sin una fuerte crisis”.

El economista pronosticó que “el cepo se va a tener que cerrar y cada vez más fuerte”.

“Cada vez vamos a tener que mirar más el dólar informal. Gran parte del mercado que se mueve en dólares está pesificado, como el caso de los profesionales que prestan servicios afuera o los jubilados que cobran en otros países”, apuntó.

En el final de su disertación, sentenció: “¿Cómo es la única forma de recuperar la credibilidad? Con un programa serio de reformas fuertes. No hay milagros”.

Críticas al Banco Central

En otro tramo de la charla, Abram se preguntó: “¿Por qué cayó el castillo de naipes en 2018? Por el pésimo manejo del BCRA. Hubo un shock de confianza muy fuerte cuando asumió el Gobierno nacional. Todos creímos que el BCRA iba a hacer las cosas bien. Salimos del cepo mejor de lo que se esperaba. El problema es que el BCRA estuvo para sostener el gradualismo/inmovilismo. Emitió para financiar al Gobierno y recientemente lo hizo de nuevo. Así, entre la brillante idea del impuesto a la renta financiera y el temblor mundial, tuvimos crisis de nuevo en 2018, con un manejo nefasto del BCRA. Ahí salimos corriendo a pedir ayuda al Fondo. Para octubre de 2018 se demostró que darle a la maquinita no funcionaba”.

Finalmente, expresó que “la demanda en pesos se está derrumbando, claramente estamos yendo en un mal sentido y encima el BCRA está emitiendo a más del 2% mensual. Tener un BCRA emitiendo con la demanda de pesos cayendo es tener un bombero echando nafta al fuego. Yo le preguntaría al BCRA por qué si sube la demanda de pesos, pusieron el cepo”

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

El valor del peso, ¿crónica de una muerte anunciada?

Por Aldo Abram: Publicado el 12/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2161332-el-valor-del-peso-cronica-de-una-muerte-anunciada

 

Muchos economistas y políticos argentinos no aprenden ni con las crisis. Nuevamente, están reclamando que el Banco Central (BCRA) baje la tasa de interés y deje que el dólar suba. Como el valor de este último lo fija la Reserva Federal de los Estados Unidos, lo que están pidiendo es que el BCRA emita mucho para que de esa forma aumente el crédito local y baje la tasa de interés. Como a esos pesos no los querrá nadie, perderán valor y, por ello, veremos que el tipo de cambio subirá. Porque es en el mencionado mercado donde se refleja inmediatamente la variación de cualquier moneda.

El gran problema es que, luego, con esos pesos que perdieron poder adquisitivo querremos comprar algo en el supermercado o pagarle al gasista, y en ambos casos nos pedirán más billetes, porque cada uno valdrá menos y lo que queremos adquirir mantiene su valor. La inflación es la pérdida de poder de compra de la moneda en que cobramos nuestros sueldos y ahorramos. Por eso, nos hace a todos más pobres y, en particular, afecta más a los más pobres que son los que menos pueden defenderse.

Tenemos que asumir que la Argentina tiene una moneda en la que nadie confía y eso no es casualidad. Desde 1970 a la fecha se le sacaron 13 ceros a la moneda. O sea, un peso de entonces equivale a $10.000.000 de millones de hoy. De hecho, el cepo cambiario es una muestra de esa desconfianza, ya que implicó tratar de obligar a los argentinos a demandar pesos.

Este gobierno tuvo una gran oportunidad de recuperar la credibilidad del Banco Central y de nuestra moneda. Cuando salió del cepo, la gente hizo una gran apuesta a favor, por lo que el tipo de cambio, lejos de subir por arriba del dólar “informal”, como la mayoría esperaba, tendió a bajar. Lamentablemente, desde inicios de 2016 el BCRA volvió a las andadas y priorizó licuar los problemas que genera el exceso de Estado y no la defensa de la moneda y la recuperación de la solvencia de una entidad a la que había recibido casi quebrada. Así es como se dedicó a emitir pesos y destruir su poder adquisitivo para financiar al gobierno y, además, para bajar la tasa de interés y aumentar el crédito. Es que el Estado (municipal, provincial y Nacional) absorbía gran parte del financiamiento local para cubrir su enorme exceso de gasto y lo que quedaba para prestar al sector privado era escaso y caro.

No es extraño que, con semejante bastardeo del peso, en cuatro ocasiones la gente decidiera dejar de demandarlo (corrida cambiaria) generando una fuerte baja de su valor.

La primera, en los primeros meses de 2016, que obligó al BCRA a corregir coyunturalmente el rumbo. Después, a partir de mayo de 2017 hubo una creciente corrida contra el peso y recién se frenó cuando el BCRA, asustado por el efecto del alza cambiaria sobre los votantes, decidió defender el valor del peso vendiendo dólares.

En el siguiente episodio, en diciembre de 2017, la violencia política y las dificultades que enfrentó el Gobierno para sancionar algunas reformas llevaron a una nueva caída de la demanda de pesos, a lo que el BCRA respondió dándole a la maquinita para bajar la tasa de interés generando una nueva caída del valor de nuestra moneda. ¿A alguien le puede extrañar que cuando se produjeron las primeras leves turbulencias internacionales nadie creyera en la capacidad y/o voluntad del Banco Central de defender el valor del peso? Era natural que se dejara de demandarlo, lo que terminó en una crisis cambiaria.

La actual gestión del Central parece haber entendido que la prioridad debe ser estabilizar el valor de la moneda para frenar la escalada de los precios. Además, al no poder emitir lo que la gente no demanda, la tasa de interés alta termina reflejando la realidad de un mercado de crédito que se contrajo por la fuga de capitales y al que siguen exprimiendo los distintos niveles de Estado para cubrir sus enormes excesos de gasto.

Para resolver el problema hay que recuperar la credibilidad. De esa palabra viene “crédito”. Imposible que haya más confianza sin estabilidad monetaria. Lo otro que hay que hacer para ampliar el financiamiento interno es dar muestras contundentes de resolver la madre de todos los problemas, “el exceso de Estado”.

El Gobierno y la oposición deben entender que ya nadie “apostará por ver”, ya lo hicieron y perdieron. No basta con promesas. Todos deberían reclamar señales claras de austeridad a nuestros políticos. El gobierno nacional tiene cubiertas sus necesidades de recursos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por este año, pero no todas las de 2019. En tanto, la mayoría de las provincias y municipios que tienen excesos de gastos no podrán pagarlos si no vuelve el crédito. También el sector privado productivo lo necesita para recuperar la demanda interna y la producción.

El Banco Central no debe escuchar a los milagreros que pretenden “multiplicar los panes y los pesos” dándole a la maquinita y empobreciendo a todos los argentinos. Una próxima corrida contra el peso será muy difícil de frenar, pudiendo llevar a su repudio como moneda, como en 1989, y a su desaparición.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

On the Delusions of Price Level Stability

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 21/12/17 en:  https://www.aier.org/sound-money-project/delusions-price-level-stability

 

In a recent column, William White explains how “major central banks’ vigilant pursuit of positive but low inflation has become a dangerous delusion.” The idea that price level stability is both, necessary and sufficient to achieve macroeconomic stability and growth should have been put to rest by the 2008 financial crisis. But conflicting narratives have enabled it to live on.

Since the crisis, the focus of many central bankers has turned to macroprudential policy. The objective is to manage financial risk. Regulatory efforts have increased as a result. On the monetary policy front, price level stability still reigns supreme. New tools have been developed to execute monetary policy, to be sure. But the overall objective has been more-or-less left intact.

This is an odd development, to say the least. The financial sector is arguably the most regulated market—and was even before the crisis. It would be hard to blame the crisis on a lack of financial market regulation. And, yet, that seems to be the logic of those stressing the importance of macroprudential policy today.

An alternative view holds that the crisis was not the result of too little regulation, but rather a failure of the Fed to stabilize nominal spending. Focusing too narrowly on inflation, the Fed generated a bubble in the mid-2000s. Then, when the economy contracted, the Fed failed to offset the increase in money demand with a corresponding increase in the money supply because it feared it would push up inflation. The lesson to learn from this view is not that we need more regulation. Rather, it is that the Fed should rethink its vigilant pursuit of positive but low inflation.

If price level stability is not a good guide for policymakers, what should central bankers do? In brief, the central bank should commit to adjusting the money supply in order to offset changes in money demand. If individuals want to hold more money, the central bank should increase the money supply. If individuals want to hold less money, the central bank should decrease the money supply. And the central bank should only respond to real shocks to the extent that they affect money demand. Stabilizing nominal spending in this manner would not eliminate all macroeconomic fluctuation. But it would prevent major downturns like the Great Recession. And it would encourage long run economic growth as well. Simply put: it is the right thing to do.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Las reformas que nunca llegan

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 16/6/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/06/16/las-reformas-que-nunca-llegan/

 

Cambiemos le tiene más miedo a un fuerte ministro de economía que a desatender un déficit fiscal mayor al de la crisis del 2001

Hace alrededor de 70 años que Argentina vive de crisis en crisis, tanto económicas como políticas. Ningún gobierno hasta el momento se ha abocado a llevar adelante las reformas estructurales necesarias para generar un punto de inflexión en la economía argentina. Por el contrario, cada gobierno se ha dedicado más a hacer equilibrio en los períodos entre crisis que a prestarle atención a las soluciones de fondo. Lamentablemente, hasta el momento Cambiemos no es la excepción.

El gobierno de Cambiemos asumió en una situación ideal para dar inicio a estos cambios. Altos niveles de pobreza, una de las inflaciones más altas del mundo, un déficit fiscal elevado acompañado de una presión fiscal récord. Se suele decir que una gran crisis es una gran oportunidad, pero una gran crisis también puede ser una gran oportunidad perdida. Por ejemplo, Cambiemos podría haber iniciado su gobierno con una conferencia de prensa o una cadena nacional inicial para dar a conocer la herencia recibida de 12 años de kirchnerismo. Podría haber organizado conferencias de prensa quincenales para ir aportando información de la situación recibida y responder preguntas de la prensa. Se podría haber hecho una auditoría y presentar lo encontrado a la Justicia. Cambiemos podría haber generado un shock en la opinión pública de modo tal que esta se alinease con la necesidad de cambio.

En cambio, Cambiemos prefirió el silencio y un gradualismo que, dada su lentitud, podríamos llamarle gradualismo tortuga. El gradualismo es de hecho tan lento que a veces la economía le pasa por encima y el resultado es gradualismo en el sentido contrario al necesario. La idea del gradualismo es caminar en el sentido correcto, no deambular de manera errática. En el 2016 el déficit fiscal aumentó un 47%, la inflación lo hizo un 39,6 por ciento. Abril del 2017 respecto a abril del 2016 muestra un aumento del déficit del 26%; en el mismo período la inflación lo hizo un 27,4 por ciento. Una diferencia mínima que habla más de empate que de genuina reducción del déficit. Sin embargo, este déficit incluye los ingresos por única vez por el blanqueo de capitales. De no haber sido por la presión internacional para blanquear capitales, los números contarían otra historia.

El ministro Nicolás Dujovne, no obstante, nos dice que el gasto y el déficit fiscal están bajando. ¿En qué se basa el gobierno para sostener que el gasto y el déficit fiscal están bajando? Principalmente en mirar el resultado fiscal primario. Pero el resultado fiscal primario no es el resultado fiscal final o financiero. La diferencia es que el resultado fiscal primario no incluye el pago de intereses. Dado que el gobierno ha optado por financiar el déficit con emisión de deuda, es curioso que las metas de déficit fiscal sean con base en un cálculo fiscal que no incluye el pago de intereses. Las curiosidades no terminan aquí. Los resultados fiscales tampoco incluyen el pago de intereses por deuda intra gobierno. Esta diferencia no es menor. Sin contar el pago de intereses intra gobierno, el déficit primario acumulado a abril de 60 mil millones de pesos pasa a ser un déficit financiero de 120 mil millones de pesos. El déficit total es el doble al primario en el cual se basa el gobierno para informar sus logros fiscales. La diferencia en el déficit primario acumulado de abril del 2017 respecto a abril del 2016 da un aumento del 5,6%, muy por debajo de la inflación. Pero si no descartamos el pago de intereses el aumento del déficit es del 26 por ciento. Una situación distinta a la que se plantea desde el Gobierno. Si el kirchnerismo escondía dentro de rentas de la propiedad ingresos fiscales no genuinos (la contabilidad creativa), Cambiemos excluye gastos genuinos. Algunos vicios fiscales no parecen ser parte del cambio.

Quienes defienden a Cambiemos de modo incondicional nos piden paciencia, dado que las reformas no pueden hacerse de manera súbita. Sin embargo, que las reformas no puedan iniciarse de la noche a la mañana no implica que no deban iniciarse nunca. Quienes temen a las políticas de shock deberían revisar el caso de los países de la ex Unión Soviética. Luego de la caída de la Unión Soviética (una experiencia aún más extrema que 12 años de kirchnerismo), aquellos países que hicieron reformas de shock lograron mejor desempeño económico sin mayores costos sociales. El gobierno podría haber consultado con quienes llevaron adelante dichas reformas para adaptarlas a Argentina. Cambiemos no sólo no tiene un plan económico integral, ha dividido las decisiones económicas entre tantos funcionarios públicos que, en los hechos, más allá de los títulos oficiales, no hay ministros de economía, sino un grupo de secretarios bajo una coordinación más política que económica. Cambiemos le tiene más miedo a un fuerte ministro de economía que a desatender un déficit fiscal mayor al de la crisis del 2001. El argumento de la paciencia resta en que sería necesario esperar a las elecciones legislativas para tener el poder político necesario para llevar adelante las reformas que en secreto Cambiemos supuestamente quiere llevar adelante.

Por un lado, no es claro que incluso con una gran victoria electoral Cambiemos obtenga las suficientes bancas en ambas cámaras que le dé el poder político necesario. Pero más allá de la aritmética política, hace ya varias semanas que Cambiemos viene sugiriendo que no hay que esperar grandes cambios luego de las elecciones. Esto no debería sorprender, el mismo Mauricio Macri avisó antes de las elecciones presidenciales que no había que esperar grandes cambios. Por ejemplo, la reforma fiscal tan necesaria no sólo debe esperar al 2018, sino que no incluiría una baja significativa de la presión fiscal. El plan consiste en congelar, en lugar de reducir, el gasto público asumiendo que la economía se va a recuperar. Sin embargo, los pagos de intereses que el gobierno no cuenta para sostener que baja el déficit fiscal vienen creciendo significativamente por encima de la inflación.

También genera dudas el supuesto de que la economía se va a recuperar del mismo modo que no se dio la esperada lluvia de dólares. El mismo gobierno que afirma no poder hacer prácticamente ninguna reforma dadas las restricciones políticas no duda en pedirles confianza a los empresarios y que inviertan hoy esperando una mejora económica en el futuro cercano. Curiosa asimetría. El mismo gobierno que abraza un lento gradualismo les pide shock a los empresarios con base en la confianza en un poder político que el mismo gobierno admite no tener. El sector privado, que enfrenta una presión fiscal récord sin contraprestación de servicios públicos, ya tiene puesto el país al hombro. Al elegir gradualismo, poca autoridad moral le queda al gobierno para recriminarle al sector privado no hacer más por la economía del país.

Si nos guiamos por el año y medio de gobierno y por sus dichos recientes, es poco probable que Cambiemos sea el cambio prometido. El gradualismo ya se ha consumido medio mandato del cual originalmente Macri dijo no estar interesado en una reelección. Las mejoras respecto al kirchnerismo son innegables y su regreso al gobierno sería un gran retroceso para el país, pero dichas mejoras no esconden el hecho de que las reformas necesarias siguen sin llegar. De hecho, ni siquiera son parte de la discusión política. Si la principal oposición es el kirchnerismo, ¿cómo es posible que Cambiemos, que se autocalifica con altas notas y dice tener el mejor gabinete de la historia, no pueda liderar una discusión política en torno a las reformas necesarias? ¿O acaso Cambiemos no quiere dichas reformas y prefiere también un Estado grande y presente? Argentina necesita cambiar de mentalidad. Al menos en Argentina, el gobierno es más problema que solución.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

NUEVA RELACIÓN CONTRIBUYENTE – ESTADO

Por Jorge Montrucchio: Publicado el 6/3/16 en http://jorgemontrucchio.blogspot.com.ar/2016/03/nueva-relacion-contribuyente-estado.html

 

“Si el Estado me dice la bolsa o la vida, ¿por qué debo obedecer y darle el producto de mi esfuerzo? Me sentiría indigno si lo hiciera.”

Henry David Thoreau

 

Hace décadas que el sector público argentino cae en periódicas crisis.  La causa se repite pero cuesta que dirigentes y la mayoría del pueblo la acepten.  Una enfermiza compulsión a gastar por encima de lo ingresado: los déficits crecen y explotan con asiduidad.  La casta política cree que los recursos son inagotables, que el maná cae del cielo porque Dios es argentino y demás mitos como que el Estado nunca quiebra y que equilibrar cuentas significa aplicar un insensible y salvaje ajuste.

 

La inflación ha sido un elemento recurrente para financiar el dispendio estatal. Una vez que se echó a andar a la máquina de imprimir billetes, hasta la hiperinflación no paramos (1989: 3079% anual) y actualmente nos ubicamos en el podio con un deshonroso 3er.lugar (Tasa anual de inflación 2015, reporte del FMI: Venezuela, 273,7%; Ucrania, 43,3%; y Argentina, 26,9%).

 

También se utilizó el endeudamiento, interno y externo, para sostener el gasto del Estado.  Esto derivó en defaults y, al no honrar nuestros compromisos, se generó el lógico aislamiento con el que el mercado somete al incumplidor.  Por consiguiente, también se afecta el comercio exterior debido a la suba de costos de financiamiento y el endurecimiento de condiciones comerciales.

 

Puede afirmarse que el balance de la dirigencia política argentina, desde el restablecimiento de la democracia, ha sido nefasto en materia de administración de la cosa pública.  Las fiestas son pagadas por los asfixiados ciudadanos, que hacen ingentes esfuerzos para cumplir con una presión tributaria efectiva que ya supera el 38% del PBI. Expoliación mayúscula con casi nula contraprestación de servicios estatales eficientes. Arthur Fraser lo puso en claro cuando dijo: “Los impuestos transforman al ciudadano en súbdito, a la persona libre en esclava y al Estado (nuestro supuesto servidor) en dueño de nuestras vidas y haciendas. Cuanto mayores son los impuestos y más insidiosa la acción recaudatoria, más súbditos y más esclavos somos del Estado.” 

 

Cabe preguntarse, entonces, ¿qué sucederá con la fiesta de despilfarro y destrozo integral de la economía que ha causado el kirchnerismo?  Para la actual administración, sin duda, estamos ante la peor de las herencias pues al desastre económico cabe sumarle el pisoteo institucional y la exacerbación de la violencia política.

 

Frente a este desolador panorama, el ineludible ajuste de las cuentas públicas le corresponde, en primera instancia, al Estado nacional.  Retardarlo con gradualismo, cubierto de eufemismos alusivos a una mal entendida sensibilidad social, implica seguir recargando a los mismos contribuyentes que pagan, de modo que poco puede esperarse en materia de genuina recuperación económica.  Así seguiremos empantanados, extendiendo injusticias y promoviendo la conflictividad de las pujas redistributivas entre corporaciones.  El marco institucional – económico se daña y puede visualizarse lo que señaló Ayn Rand: “Una sociedad que roba a un individuo el producto de su esfuerzo…no es estrictamente hablando una sociedad, sino una revuelta mantenida por violencia institucionalizada.  Aquél que produce mientras otros disponen de su producción es un esclavo.”

 

La convivencia en una sociedad organizada bajo la órbita estatal demanda una relación contractual entre Estado y soberano.  El sostenimiento económico del primero proviene de los recursos extraídos compulsivamente a los contribuyentes, pero se olvida que este aporte exige una contraprestación.  Los políticos habitualmente se quedan en la faceta redistributiva porque les brinda mayor apoyo electoral,por lo tanto dan rienda suelta a pilas de argumentaciones falaces que sigan justificando el saqueo.  Vale recordar a Adam Smith, padre de la Economía Política, quién mencionó6 principios básicos de toda política impositiva:

 

  • Principio de Justicia: cada uno debe contribuir de acuerdo a sus respectivas capacidades.
  • Principio de Generalidad: todos deben pagar o nadie debe quedar exento, de acuerdo a sus particulares capacidades contributivas.
  • Principio de Uniformidad del Impuesto: todos somos iguales frente al impuesto, sea por criterio objetivo, que es la capacidad contributiva; o por criterio subjetivo, que es la igualdad en el sacrificio.
  • Principio de Certidumbre: el impuesto debe ser fijo y no arbitrario (en fecha, forma, cantidad de pago, etc.).
  •  Principio de Comodidad: el impuesto debe recaudarse en la época y en la forma más conveniente al pago del contribuyente.
  • Principio de Economía: la diferencia entre lo que se recauda y lo que ingresa al Estado, debe ser lo más pequeña posible.

 

Casi nadie presta atención a la estructura recaudatoria, sea en presión tributaria y calidad del proceso de liquidación impositiva.  Resulta tan importante uno como el otro.  Urge recuperar principios republicanos que respeten al ciudadano:a) como agente creador de riqueza, por ende se lo debe rapiñar lo mínimo posible; b) como contribuyente, simplificandolos procedimientos de liquidación y facilitando medios y formas de pago; c) como ciudadano: administrando con responsabilidad y eficiencia, rindiendo cuentas del uso del dinero aportado por el soberano.

 

Cuando se evita revisar la carga impositiva, se está dando por descontado su carácter inexorable. Fue impuesta por gobiernos, ergo constituye una obligación ineludible.  Eso está alejado de la realidad económica pues una política impositiva justa debe minimizar la exacción a la producción ymaximizar el disfrute del valor aportado por el ciudadano al proceso productivo.

 

 

Otro mito sobre el Estado tiene que ver con la política de contratación.  La sociedad no cuestiona cuando se toma empleados ni para qué funciones, el papá Estado lo decidió entonces está bien.  Cuando sucede lo contrario surgen los cuestionamientos porque se piensa que todo despido per se es malo.  Sería deseable que la nueva relación entre Estado y contribuyente muestre una relación transparente donde se explicite toda contratación, con detalle de funciones y sueldos, y el respectivo diagrama de funciones del área dentro del organigrama del organismo público a fin de evaluar su utilidad o agregado de valor.  Así se estaría justificando la erogación y respetando al pagador de impuestos.

 

En tanto las medidas gubernamentales no contengan una reformulación integral del sistema impositivose estará obrando por el camino más corto y fácil de diseminar los costos en millones de personas sin poder de lobby.  Esa ruta facilista va minando las fuerzas productivas, alentando la informalidad y generando un contexto donde impera la mala asignación de recursos, quitando productividad a la economía en su conjunto.  El ciudadano se ve doblegado por un círculo vicioso en el cual la expoliación traba el progreso; al respecto James Dale Davidson expresó: “Los políticos no se limitan a exigirte tu dinero: quieren tu espíritu. Quieren doblegarte con sus impuestos hasta que te veas indefenso. Si subvencionamos la pobreza y el fracaso, lo que obtenemos es precisamente más pobreza y más fracaso.” 

 

A modo de conclusión, repasemos números sobre los agentes económicos, independientes y olvidados, que no pertenecen a corporaciones y aún aguardan respuestas del gobierno.  Según el Censo 2010 la PEA en ese año ascendía a 18 millones de personas, de los cuales 12.833.173 eran obreros o empleados, en tanto los independientes (sea patrones, trabajadores por cuenta propia o trabajador familiar) ascendía a 5.243.573.  Las PYMES rondan las 600.000 al 2015, informacióndel Ministerio de la Producción. Los monotributistas superan los 2.250.000 (Infoabe, 11/09/2013).

 

Estos números muestran a un segmento relevante de la economía argentina.  ¿Quién los escucha?Los emprendedores, independientes, autónomos y pequeños y medianos comerciantes y empresarios conforman el gen del crecimiento económico, máxime cuando el Estado nacional se ve obligado a despedir cientos de miles de personas que podrían ser absorbidas por este sector si se les quitara trabas a su desarrollo.  Estos postergados agentes económicos saben lo que es competir, enriquecen el mercado con su oferta, ansían movilidad social y tienen alto potencial para crecer.  Hoy se hallan atados, en muchos casos no pueden blanquearse por los costos elevados y absurdos de la formalidad, y además por los sobrecostos que genera la maraña burocrática y el Estado gigante; en definitiva, se encuentran estancados frente al progreso.

 

El gobierno tiene una deuda grande ante este grupo de ciudadanos.  Fomentar su desarrollo se traduce en dejarlos libres para crear riqueza y así beneficiar al prójimo, reduciendo la cantidad de tributos (¡hoy ascienden al vejatorio número de 96!, aporte del Dr. Antonio Margariti), las alícuotas y los esquemas y escalas impositivas. La responsabilidad de un cambio revolucionario en la política tributaria recae en el PE al igual que en el PL, de acuerdo a lo establecido en la CN. Su horizonte debe llamar a una nueva relación contractual entre ciudadano y Estado nacional, que legitime aporte y contraprestación y, simultáneamente, potencie el crecimiento económico, recuperando la dignidad y soberanía del ciudadano.  ¡Cambiemos ya!

 

Jorge Montrucchio es Periodista especializado en Política y Economía. ES Master en Economía y Ciencias Políticas DE ESEADE

 

La devaluación de 2002 y la “devaluación” de 2016

Por Iván Carrino. Publicado el 4/11/15 en: http://www.ivancarrino.com/la-devaluacion-de-2001-y-la-devaluacion-de-2016/

 

El debate de los economistas en torno al cepo cambiario y su eventual eliminación deja algo por demás curioso: generalizando (tal vez mucho) los que hoy están en contra de cambiar el sistema cambiario y pasar a un tipo de cambio flotante son los mismos que en 2001 pedían exactamente eso.

Por el contrario, quienes en su momento rechazaban la devaluación y advertían de sus consecuencias inflacionarias, ahora se enfocan en minimizan ese efecto.

Veamos las diferencias que explican esta aparente paradoja.

En 2001 existía un sistema de tipo de cambio fijo y caja de conversión mediante el cual se limitaba la discrecionalidad del gobierno para emitir moneda de curso legal. Esta falta de “soberanía monetaria” fue juzgada por muchos como un impedimento para salir de la crisis y, por qué no, un factor de agravamiento de la misma. Así, los economistas más heterodoxos resaltaban la necesidad de devaluar la moneda y recuperar la soberanía monetaria. En la otra vereda estaban los economistas más ortodoxos, quienes advertían que la eliminación de ese límite a la emisión que daba la ley de convertibilidad terminaría abriendo las puertas a una nueva etapa de elevada inflación.

El correr de los años le dio la razón a estos últimos. Desde diciembre de 2001, la base monetaria se multiplicó por 37. Los precios, en el mismo período, se multiplicaron por 14 y la inflación es hoy el principal problema de la economía argentina.

En 2015 el sistema cambiario es el cepo, es decir, existe un control de cambios que mantiene por debajo de su verdadero nivel al dólar. Este sistema no limita la emisión monetaria. De hecho, la misma está creciendo al 31% anual según el dato de agosto publicado por el BCRA. Así, la inflación se ubica en el orden del 25%. En este marco, los economistas más heterodoxos (entre los cuales ubico a todos los que argumentan que no se puede salir del cepo y también a quienes ponen especial énfasis en el impacto inflacionario de la liberación del tipo de cambio) recomiendan, o bien mantener el statu quo, o bien proceder de una manera muy gradual.

Por el otro lado, los más ortodoxos argumentan que la inflación es un fenómeno monetario y que, si bien puede existir un impacto de corto plazo sobre el IPC, si se avanza hacia una  política monetaria más sensata, que reduzca los niveles de emisión, la eliminación del cepo podría combinarse con una reducción de la inflación en el mediano plazo.

El caso de enero de 2014 puede darnos una pista de quien lleva las de ganar en este contrapunto. En ese entonces el gobierno decidió devaluar el tipo de cambio oficial. La inflación se aceleró, pasando de un promedio de 25% en 2013, a uno de 39% en 2014. Sin embargo, el BCRA combinó la devaluación con una agresiva política de colocación de deuda y suba de tasa de interés. El gobierno también colaboró colocando deuda, lo que hizo que la inflación cayera de la zona del 40% anual a la que había llegado a mediados de 2014 hacia la zona del 25% donde está hoy.

No veo por qué, con una política monetaria que se proyecta será mucho más sensata que la actual, y con mejores expectativas frente al cambio de gobierno, no podemos tener una liberación del tipo de cambio (para muchos, devaluación, no para mí) combinada con un impacto inflacionario de una vez pero una considerable reducción del ritmo de aumento de los precios en el mediano.

0010563630

 

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Las causas de las crisis económicas según Mises

Por Martín Krause. Publicado el /7/14 en: http://bazar.ufm.edu/las-causas-de-las-crisis-economicas-segun-mises/

 

Los alumnos de Historia del Pensamiento Económico de la UBA leyeron a Ludwig von Mises, “Las causas de las crisis económicas”. Va un el comentario de un alumno, y luego preguntas de varios:

mises2

“Me parece interesante la definición del objetivo que le da von Mises al capitalismo. Es una definición más realista que creo que merece la siguiente interpretación: ante el avance del socialismo que no solo tenía como fin producir cada vez más sino que además le agregaba una distribución más equitativa, el capitalismo se veía amenazado. Más allá de que el sistema capitalista obtenga una mayor producción, el socialismo distribuye más equitativamente y esto provocaba una mayor satisfacción de las clases menos favorecidas. El hecho de que von Mises diga que el fin del capitalismo es servir al consumidor pone a éste en una especie de pedestal, es decir, de darla la mayor satisfacción posible. Por lo tanto, con esta definición el capitalismo se aleja del socialismo y deja de estar amenazado por tal.”

El capitalismo queda en una mejor posición contra el socialismo, también, cuando von Mises dice que la fortuna es el resultado de un plebiscito de los consumidores, le asigna una visión democrática. Que luego se retracta y afirma que en realidad es una visión semi-democrática porque el consumidor siempre tiene la razón ante el empresario.”

Aquí van sus preguntas, y las respuestas:

  1. ¿Cuándo von Mises dice que no hay que intervenir el mercado laboral, dice que los sindicatos ni siquiera deberían existir?

Respuesta: No, está muy bien que existan porque son asociaciones voluntarias de personas, y como tales parte de la sociedad civil; pero no debería poder de carterlizarse y cerrar el ingreso de competidores o el de fijar las condiciones de trabajo para todo el mercado, para trabajadores que sean miembros o no.

  1. El autor plantea que la economía capitalista es una democracia. ¿los consumidores son formadores de precios o tomadores de precios? ¿Existe el poder real de los consumidores sobre el productor?

Respuesta: Sí, en el sentido que si el consumidor no compra (y elige a sus competidores), el productor desaparece.

  1. La política monetaria expansiva, si es aplicada correctamente, ¿puede considerarse una buena herramienta de política económica? La agresiva política expansiva de la FED fomentó la actividad económica y trajo paliativos a la crisis.

Respuesta: La política monetaria no puede ser aplicada “correctamente” porque esa nueva expansión no ingresa el mercado donde lo harían los inversores y consumidores, es decir, inevitablemente distorsiona precios relativos; aunque genere una recuperación de la actividad, distorsionada. La política expansiva de la FED alivia la crisis y siembra las semillas de la próxima, alimenta el ciclo futuro.

  1. Esbozando esta teoría más que criticando a Marx, lo está apoyando con nuevos enfoques, yo me pregunto, ¿en qué se diferencian las crisis de sobreproducción marxista de las crisis de sobre expansión del crédito bancario?

Respuesta: La marxista es “endógena”, el capitalismo falla por su naturaleza. La segunda es “exógena”, es generada por la política monetaria del estado, no por el mercado. Esto hace una gran diferencia a la hora de buscar soluciones.

  1. ¿Excluir las políticas de intervención estatal en la economía acabaría con los ciclos económicos?

Respuesta: Sí, porque no hay razón por la que “toda” la actividad tenga que caer al mismo tiempo salvo que no sea por un factor que está presente en todas ellas, y esto es que todos los intercambios se realizan a través de la moneda. Lo más cercano a una crisis general podría ser lo que sucediera por motivo de una catástrofe natural generalizada, difícil de imaginar, o de una guerra, por ejemplo.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).