¿Revolución política en Europa?

Por Pablo Guido. Publicado el http://chh.ufm.edu/blogchh/

 El economista Thomas Sargent pronosticó que, como consecuencia de la crisis fiscal que afrontan los países europeos, habrá una revolución política en el Viejo continente. Menciona la nota periodística que Sargent dice que “no es fácil predecir qué forma tomará la revolución” y que dependerá de cada país. Con lo cual nos encontramos ante una declaración poco precisa, pero que merece llevarnos a reflexionar al respecto. La crisis europea es principalmente fiscal, estados que ya estaban sobredimensionados antes del 2007 y cuyos gobiernos mayoritariamente han tomado el camino de sobredimensionar más el peso del estado a través de más gasto y más impuestos. Si el objetivo final de todo gobierno es crear condiciones para incentivar a los individuos a desarrollar sus habilidades de la manera más libre posible, que aquellos incrementen el ahorro y la inversión, claramente no estamos frente a un escenario favorable. A mayor estado, menor mercado. O, en otras palabras, cuanto más crece la “mano visible” de los funcionarios públicos más decrece la “mano invisible” del proceso de mercado, como decía Adam Smith en 1776, en La riqueza de las naciones.

 Volvamos a la declaración de Sargent. ¿Qué tipo de revolución política puede suceder? Voy a plantear dos escenarios: 1) una mayor presión de la ciudadanía para ampliar las libertades, reducir el estado, ampliar el ámbito de acción individual, etc o 2) una mayor presión por una profundización del peso estatal. Para que ocurran cualquiera de las dos, en naciones democráticas, se debe reunir una mayoría electoral que se decida por una de ellas. Y lo que se observa en Europa es que mayoritariamente la gente propicia  la existencia del Estado de bienestar, aquel estado que promete resolver casi todos los problemas de la gente, a través del cobro de impuestos, endeudamiento y/o inflación para volcar los recursos en gastos “sociales” como el seguro de desempleo, los subsidios a empresas, mayores gastos en educación y salud públicas, administrar los sistemas jubilatorios. Ante cada medida que han tomado los gobiernos orientados a reducir los gastos en estos rubros la ciudadanía y los grupos organizados han respondido negativamente, con manifestaciones masivas en contra de dichas políticas. ¿Qué tipo de revolución puede suceder ante este escenario? Ninguna que cambie el destino de la crisis de raíz. La evidencia más palpable es lo que ha sucedido a nivel electoral. Todos los partidos gobernantes que han intentado tibiamente cambiar algo del Estado de bienestar han sufrido derrotas en el campo electoral, sean partidos de los llamados de “derecha”, “centro” o “izquierda”. ¿Cuál es entonces el incentivo de un político en el gobierno o en la oposición de ofrecer un programa que reduzca el Leviatán estatal? Ninguno. Nadie se suicida políticamente si la alternativa frente a un programa de reformas es perder elecciones.

 Claro que la realidad es una sola y la crisis fiscal sigue su curso y sigue haciendo efectos negativos sobre la economía. Quizás lo que venga sea un escenario no revolucionario donde se mantenga el statu quo con cambios de maquillaje, con reducciones mínimas de gastos en algunos rubros del presupuesto, con incrementos de impuestos a algunos sectores específicos. Pero no esperaría nada más, al menos mientras la percepción de la mayoría de la gente sobre las causas de la crisis no cambie. Lo que está dañando a Europa no es el mercado sino la falta de él. El músculo, que son los emprendedores actuando competitivamente, que permite a los países crecer está débil, frágil y con un peso que le impone el estado que no le deja espacio para desarrollar todas sus potencialidades.

 Los cambios y las reformas de fondo se producen cuando la percepción de la mayoría de la población y los grupos organizados es que los costos de mantener el statu quo es mayor que el de los beneficios del cambio. Personalmente no observo un cambio en las percepciones aún en Europa.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.