¿Es posible un retorno al patrón oro?

Por Adrián Ravier. Publicado el 23/7/13 en http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/07/23/es-posible-un-retorno-al-patron-oro/

Analistas económicos y políticos de posiciones diversas han coincidido en aseverar que la crisis financiera internacional encuentra su causa en la política monetaria que maneja la Reserva Federal de los Estados Unidos. Éstos no apuntan sólo a la mala política monetaria que creó la burbuja inmobiliaria, sino también al modo en que se ha administrado el dinero desde 2008 en adelante, depreciando el dólar y exportando con ello algunos problemas internos de Estados Unidos al resto del mundo.

Analistas de Estados Unidos, Europa y Asia empezaron a preguntarse entonces si es posible crear una alternativa a este inestable patrón dólar, y la primera respuesta que surgió no fue el euro, la libra, el marco suizo, el yen japonés o el yuan chino, sino un posible retorno al oro. El Congreso de Estados Unidos incluso creó una comisión a la que distintos teóricos e historiadores de la moneda y la banca han sido invitados para exponer sus posiciones.

Lo que aquí nos proponemos -siguiendo a Lawrence H. White– es responder a los diez argumentos centrales que la literatura presenta en contra de un retorno al patrón oro, incluyendo argumentos de presidentes de la Reserva Federal como Alan Greenspan Ben Bernanke, economistas de renombre como Tyler Cowen y Paul Krugman, y analistas como Eduardo Porter y Jesús Fernández Villaverde. Al respecto, un especialista en temas monetarios como Friedrich Hayek reflexionaba en 1943: “El patrón oro, como sabemos, tuvo indudablemente grandes defectos, pero corremos el gran peligro de que su condena, hoy día de moda, pueda oscurecer el hecho de que también tuvo grandes virtudes, ausentes en la mayoría de sus alternativas”.

Analicemos entonces los diez argumentos centrales que expone la literatura:

   1. El patrón oro deja que la cantidad de dinero sea determinada por fuerzas accidentales

Hay un germen de verdad en este punto, puesto que el patrón oro permite que la cantidad de dinero en circulación sea determinado por las fuerzas de la oferta y la demanda en el mercado del oro. Sin embargo, en el sistema vigente de Banca Central y dinero fiat la oferta de dinero es controlada por las decisiones de un comité de expertos de la Reserva Federal. La pregunta que queda es bajo cuál sistema se comporta mejor la cantidad de dinero y su poder adquisitivo.

La experiencia dicta que el stock de oro nunca fue estable. Sin embargo, durante el mayor descubrimiento de oro en California, en 1848, la caída del poder adquisitivo del dinero fue ínfima. En el intervalo de mayor inflación, el índice general de precios para los Estados Unidos subió de 5.71 en 1849 a 6.42 en 1857, un incremento de 12.4 % en un período de ocho años. La literatura es clara en este respecto, en expertos de historia monetaria como Hugh Rockoff o Rolnich y Weber.

   2. El patrón oro produciría una deflación dañina

Si bien el patrón oro ofreció bastante estabilidad mientras operó, es cierto que en ciertos momentos hubo deflación de precios. Por ejemplo, entre 1880 y 1900, Estados Unidos evidenció un prolongado período de deflación récord. Sin embargo, dicho período no fue para nada desastroso en la economía real. El producto real per cápita comenzó dicho período en $3.379 y terminó en $4.943 (ambos medidos en dólares de 2000). El crecimiento real per cápita fue más que saludable con un 46 %, lo que implica que el producto real más que se duplicó.

Es así que, como explica George Selgin, los economistas debemos aprender a distinguir un proceso de deflación benigna y saludable, de otro dañino, como el que en efecto ocurrió entre 1929-1933 en la conocida Gran Depresión. La deflación benigna sería aquella que viene acompañada por aumentos de productividad, donde la caída de precios sólo redunda en un aumento del salario real.

   3. El patrón oro fue responsable de los pánicos bancarios del siglo XIX y de la contracción monetaria de 1929-33, con la consecuente gran depresión

La contracción monetaria de 1929-33 es precisamente el ejemplo clásico de la deflación dañina. Pero hay que notar que ésta no se generó bajo la existencia de un sistema de patrón oro, sino precisamente bajo la atenta mirada de la Reserva Federal. Uno podría observar el caso de Canadá en el período 1929-33 y ver que efectivamente bajo patrón oro no hubo pánico. Tampoco encontramos pánicos en Canadá en el siglo XIX. Fue el sistema de Banca Central en definitiva el que debilitó al sistema bancario.

   4. El beneficio del patrón oro (controlar la inflación) se podría alcanzar con un costo menor, simplemente controlando la cantidad de dinero fiat

Si bien este condicional es cierto, en la práctica no ocurrió tal cosa. El propio Alan Greenspan ha explicado que lo mejor que la Reserva Federal puede hacer en política monetaria es intentar replicar exactamente lo que un sistema de patrón oro habría hecho en cada caso. Greenspan incluso ha reconocido que en los años ’70 la Reserva Federal generó una inflación acelerada porque el patrón oro no limitó la política monetaria. Y es que en ausencia de competencia las autoridades monetarias no tienen conocimiento ni incentivos para administrar bien el dinero.

Además, aun reconociendo que en los últimos 30 años la inflación ha sido más baja que en el período de posguerra, aun estos niveles de inflación actuales son mayores que los que evidenció el sistema de patrón oro. Por otro lado, el costo del sistema de patrón oro ha sido exagerado por los economistas, incluso por Milton Friedman, al asumir que el 100 % de la oferta monetaria (M2) debía estar respaldada en oro. Pero Lawrence H. White ha demostrado bajo su estudio de la historia monetaria que un sistema de banca libre con reserva fraccionaria puede operar con sólo un 2 % de los billetes respaldados en oro, lo cual reduce drásticamente la cantidad de oro necesaria para retornar a dicho sistema. Finalmente, debemos señalar que dicho costo es realmente muy bajo en relación con los daños que el sistema de Banca Central ha generado en la sociedad en el último siglo.

   5. El patrón oro no implica ningún límite, porque el gobierno podría devaluar o simplemente suspender la obligación de respaldar sus billetes en cualquier momento que lo desee

Objeciones como ésta podrían presentarse a otras normas o reglas, como es el caso de la Constitución. Pero aun así, las reglas constitucionales resultan útiles. Kydland Prescott han señalado exitosamente la necesidad de fijar reglas para la política monetaria, lo cual redunda en un compromiso de parte de las autoridades monetarias, al mismo tiempo que ofrecen previsibilidad.

De más está decir que el patrón oro no es la única regla. El propio Milton Friedman ha ofrecido su regla de una tasa de crecimiento monetario fija para cada período, o los objetivos de inflación regulan hoy la política monetaria de varios bancos centrales. Pero el patrón oro tiene una historia mucha más extensa y exitosa que estas reglas alternativas y es la única alternativa que no requiere de un banco central. Dejar la política monetaria en manos de banqueros privados bajo competencia, en lugar de la institución gubernamental, como era el caso de Estados Unidos antes de 1913, elimina la posibilidad de las dañinas sorpresas monetarias. También es cierto que el gobierno puede suspender el patrón oro en situaciones de emergencia como fue el caso en la Guerra Civil, pero el espíritu del patrón oro presiona para retornar al sistema y a la paridad, como de hecho ocurrió en Estados Unidos, según han demostrado Bordo y Kydland.

   6. El patrón oro, como cualquier sistema de tipo de cambio fijo, es vulnerable a la especulación

Nicolás Cachanosky ha explicado que en un sistema de patrón oro no hay tipos de cambio, por lo que no puede haber especulación sobre ellos. Lo que sí tenemos es paridad, pero la aclaración es necesaria. Lo que abre la puerta a la especulación es la debilidad de la paridad que ofrece un sistema monetario, sea el sistema de patrón oro o cualquier otra moneda de reserva. Un Banco Central puede ser débil, y ése es precisamente cuando combinamos un sistema de Banca Central con el patrón oro. Afortunadamente, el patrón oro no requiere de un Banco Central. White y Selgin muestran que con un sistema de emisores privados de dinero descentralizado, no hay institución capaz de devaluar, por lo que no hay razones para esperar la peligrosa especulación.

   7. El dinero fiat es necesario para que un prestamista de última instancia responda a las necesidades de liquidez del sistema bancario

La historia muestra que un prestamista de última instancia prácticamente no sería necesario bajo un sistema monetario sólido y estable. Nuevamente vale la pena comparar el caso de Estados Unidos y Canadá en el siglo XIX. En los casos excepcionales donde tal cosa fuera necesaria, Richard H. Timberlake enseña que las cámaras de compensación pueden resolver el problema.

   8. El cambio a un sistema de patrón oro involucra costos masivos de transición

El costo de transición para retornar al patrón oro sería muy bajo. A diferencia del caso europeo con la transición al euro, no sería necesario redenominar los precios, porque la denominación del dólar se mantendría. A la tasa adecuada entre dólar y oro, los precios no necesitarían pegar un salto.

   9. Abandonamos el patrón oro en primer lugar por buenas razones

Como bien explica Juan Carlos Cachanosky, en 1933 el presidente Roosevelt devaluó el dólar de $20.67 a $35 por onza de oro, pero el problema no era el patrón oro, sino la debilidad del sistema de la Reserva Federal. La deflación se podría haber resuelto con una mejor política monetaria y reforma bancaria, pero sin abandonar el patrón oro.

En 1971 Nixon declaró la inconvertibilidad del dólar con el oro porque la propia Reserva Federal había expandido la oferta monetaria demasiado como para mantener la paridad del dólar en $35 la onza. Se hubiera evitado esto si la Reserva Federal no hubiera aplicado políticas monetarias tan agresivas en los años 1960.

Benjamin Anderson o Murray Rothbard explican que no fueron las reglas del patrón oro las que fallaron. Fue, más bien, la Reserva Federal la que falló.

   10. No hay oro suficiente y Estados Unidos no puede recrear el sistema de Patrón Oro internacional por sí mismo

Sí hay oro suficiente para retornar al patrón oro “si definimos correctamente el precio del dólar en términos de oro”. Pero la segunda parte de este argumento ha quedado para el final porque representa la objeción más fuerte presentada contra el retorno a este sistema. Un retorno unilateral de Estados Unidos al patrón oro privaría a su economía de los beneficios de un sistema de patrón oro internacional. Es por ello que un acuerdo global resulta necesario. Esto, sin embargo, no parece ser un gran obstáculo. En tiempos tan inestable como los actuales, la búsqueda de un sistema monetario sólido está a la orden del día. Un retorno global al oro puede ser la solución real a la crisis financiera global de los últimos años.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Entrevista del diario “La Capital de Rosario”:

Por Guillermo Luis Covernton. Versión completa publicada en http://guillermoluiscovernton.wordpress.com/2012/11/04/entrevista-del-diario-la-capital-de-rosario/

 Algunas de estas consideraciones fueron luego publicadas, extractadas de ella, en un artículo en donde se acompañaron otras opiniones, el 4/11/2012 en

http://www.lacapital.com.ar/ed_impresa/2012/11/edicion_1460/contenidos/noticia_5191.html

1 – ¿Qué diagnóstico se hace desde la Escuela de Economía Austríaca de la crisis financiera internacional?

La EAE es, en realidad, una corriente de pensamiento que reconoce diferentes etapas. Nosotros preferiríamos referirnos, en principio, a los puntos de vista de los autores fundacionales de esta tradición del pensamiento económico. Por dos razones: En primer lugar, porque estos autores son los que más nos han atraído, y sobre los que más hemos podido profundizar. Y en segundo lugar por una cuestión de buen gusto: Resultaría imposible e imprudente pretender conocer lo que opinan actualmente cada uno de los que académicos que podríamos caracterizar como “austríacos”, ya que esta tradición del pensamiento se ha difundido mucho, especialmente, en los últimos 10 años.

 Hecha esta salvedad, se podría decir que lo que estos autores plantearon, puede aplicarse a la presente crisis. Y entonces se podría describir a la actual, como una situación típica de expansión del crédito. Cuando decimos “crédito”, nos referimos no solamente a las operaciones de préstamos que conceden las entidades financieras, en particular, sino también, y en general, a la expansión de los medios de pago fiduciarios, es decir de todos aquellos medios que los agentes económicos individuales utilizan diariamente para pagar operaciones comerciales. Esto es así, porque, en la tradición austríaca, el dinero fiduciario, (es decir, el papel moneda inconvertible), es considerado un instrumento de crédito, tal como lo es cualquier papel de comercio susceptible de una sesión de créditos.

¿Por qué es crítica y perjudicial la expansión del crédito y de los medios de pago? ¿Qué volumen de crédito, y de dinero es el adecuado y a que se le puede llamar “expansión”?.

El enfoque austriaco asume al dinero como una herramienta facilitadora de los intercambios que diariamente necesitamos hacer los individuos, a raíz de las ventajas que se derivan de la división del trabajo. Lo que los clásicos llamaban “La ley de asociación de Ricardo”.

Dado que si nos especializamos e intercambiamos, el producto total de nuestros esfuerzos asociados es mayor, naturalmente buscamos un elemento que haga las veces de “facilitador” de los intercambios: Y a este elemento, oro, plata, dólar, o peso, lo recibimos ahora, aunque no es lo que queremos en realidad, para intercambiarlo en el futuro por aquello que estamos buscando o queriendo adquirir. Así el dinero asume la función de reserva de valor. Es lo mismo guardar transitoriamente monedas de oro en un banco, hasta que queramos utilizarlas, que recibir, en su lugar, un papel convertible, o un cheque, o un papel inconvertible, al que el gobierno le otorga una garantía de que puede utilizarse para cancelar ciertos compromisos, (por ejemplo, para pagar impuestos). En la medida en que este medio de pago siga siendo aceptado, será lo mismo. Y en la medida que nosotros creamos esto, lo recibiremos.

Este es el origen del dinero. Y mientras se respete su esencia, el dinero tendrá valor. Históricamente, el dinero siempre fue escaso. Y difícil de trasladar. Y caro de guardar. En su lugar, se generaron todos estos otros medios de pago que conocemos hoy.

Pero, como surge de este razonamiento, la cantidad “adecuada”, es la que los agentes económicos necesitan. Es decir que la posición austriaca sostendría que la cantidad de dinero “correcta”, es decir la que haría que el dinero conserve su valor y no genere distorsiones, debe ser regulada naturalmente por la oferta y demanda de dinero. Del mismo modo que la cantidad de automóviles compatibles con el precio actual, es la que surgiría de una coincidencia entre oferta y demanda. Si ofrecemos más bajarán de precio.

Y para el caso del dinero, cuando este se expande en demasía, tiende a perder valor. Y  los precios de los bienes, en consecuencia aumentarán. Hará falta más dinero para comprar lo mismo.

En la medida que los gobiernos pretenden adquirir más crédito, por la vía de expandir los medios de pago, ya sean billetes, o depósitos bancarios o todo junto, se producirán distorsiones de precios peligrosas. Y esto ocurre cuando el emisor de dinero, (Banco Central, en nuestro caso), o los generadores de crédito, (Bancos comerciales y entidades financieras), atienden a objetivos diferentes que los que son de la esencia de su sano funcionamiento: En vez de proveer de medios de pago a los agentes económicos, ceden a las presiones del gobierno y lo financian con dinero o crédito que no solo no es requerido por la economía productiva, sino que persigue el único objetivo de cubrir el déficit fiscal.

Una de las peores consecuencias de esta distorsión es la que se refleja en las tasas de interés. Las tasas de interés reflejarían, en ausencia de distorsiones inflacionarias, el precio que los ahorristas desean cobrarnos para facilitarnos sus ahorros. Si este es alto, no se puede o no es rentable encarar negocios de largo plazo. Si este es bajo, los negocios de largo plazo son más rentables. Los empresarios buscan permanentemente desarrollar negocios a largo plazo, porque este tipo de sistemas de producción son más productivos y tienen costos más bajos. El límite a esto es la capacidad de ahorro de la sociedad que los financia. Esto hace que en Japón, haya una utilización más intensiva de ciertos bienes de capital. Y en Vietnam, se utilicen sistemas de producción más intensivos en mano de obra: No hay ahorro suficiente.

En este marco, la suba de precios de ciertos bienes, como por ejemplo inmuebles, en vez de reflejar una corrida inflacionaria, la enmascara dando a entender que hay una creciente prosperidad que incrementa la demanda de estos bienes. Todos construyen y buscan y obtienen créditos para comprarlos. Porque la suba de precios licuará los intereses que se deben pagar.

La realidad, en cambio, refleja que los precios suben aunque la demanda no haya crecido tanto. Luego, cuando por cualquier motivo se frene la expansión y apenas algunos empiecen a dudar de la sostenibilidad de esta situación, la realidad se hará presente. Y veremos que hay demasiada oferta y no existen medios de pago genuinos para adquirirlos, porque no hay suficientes ahorros para financiar a tanto consumo en el presente.

2 – ¿Cuáles fueron las predicciones de la Escuela de Economía Austríaca respecto a esta crisis? ¿Por qué no fueron tenidas en cuenta?

Los autores de esta corriente de ideas han afirmado siempre que la aceleración del ritmo de capitalización de una sociedad, no debe ser forzada por la concesión de préstamos otorgados por agentes del gobierno, bancos oficiales, u oficinas gubernamentales. En caso de incurrirse en estas conductas, como las que dieron origen a la proliferación de las operaciones de hipotecas “sub-prime”, que son, a nuestro juicio, adecuadamente sindicadas como responsables de la crisis, se producirá una distorsión de precios grave.

Las tasas de interés harán pensar a los empresarios que se pueden emprender proyectos de inversión en mayor medida de lo que lo permitirían los ahorros existentes. Y para peor, los precios de muchos bienes aumentarán, por exceso de esta demanda artificialmente inflada, dando la errónea idea de que es conveniente aumentar la producción de bienes que luego no serán consumidos.

Se acumulan stocks, se inmovilizan ahorros y no se consigue mercado. Luego sobrevienen las quiebras generalizadas.

Es suicida involucrar al gobierno en el negocio de financiar la compra de viviendas por encima de lo que los ahorros genuinos de los agentes económicos pueden lograr.

3 – ¿Qué relación existe entre esta y la anterior crisis de las puntocom? ¿De qué manera las recetas aplicadas en aquel momento promovieron una nueva crisis?

De alguna manera, la interpretación que se hace es que el crecimiento del sector de las empresas que promovían negocios por Internet, fue también impulsado equivocadamente por los bancos y agentes financieros, que podían prestar unos excedentes de dinero que solo eran inyectados por las necesidades de financiamiento de un gobierno deficitario.

4 – ¿Qué pronósticos hacen a futuro y cuáles creen que deberían ser las medidas a aplicarse para salir de la crisis?

Los pronósticos no son algo ni sencillo ni prudente de hacer, cundo nos encontramos en escenarios de tanta complejidad. Esto lo afirmamos enfáticamente: No es serio pronosticar. Quien crea que sabe lo que va a ocurrir, y especialmente cuando, no pronosticaría: Tomaría posición en ciertos mercados, esperando hacerse rico con sus aciertos.

Si podemos hacer recomendaciones, que darán resultado más rápido o más lentamente dependiendo de la energía con que se apliquen y de la confianza que susciten.

Debe cesar el manejo monetario y crediticio orientado a la satisfacción de objetivos del gobierno. En todo el mundo. Las políticas monetaria y financiera deben excluyentemente orientarse a proveer a los agentes económicos individuales de medios de pago de valor estable y confiables.

Las tasas de interés no pueden estar influidas por estas políticas, sino que deben reflejar la capacidad de ahorro de la sociedad.

¿Cómo logra esto, en un mundo en donde nadie puede obligar a otros países a actuar como lo proponemos?

Por medio de mecanismos de mercado: Competencia. Incluso en el mercado monetario y financiero. Un país que proporcione dinero estable y abra sus mercados crediticios a la competencia internacional, puede encabezar una espiral de prosperidad.

Incluso un país tan pequeño como el nuestro. Debe eliminarse el curso forzoso del dinero. Debe permitirse la utilización de divisas de otros países. Esto obligará a los Bancos emisores a orientar su política monetaria y crediticia a la estabilidad.

Cuando hagamos esto, los países con dinero inflacionario, van a preferir nuestro dinero. Y los ahorristas de otros países, ante el riesgo de verse confiscados por la inflación, van a preferir invertir aquí. Nuestros vecinos van a tener que, necesariamente imitarnos, para no ver devaluadas sus divisas o fugado su ahorro. Y todos los países van a querer comerciar y relacionarse con los países que sigan esta senda.

Es lo que ha hecho Suiza en el último siglo. Lo que la mantuvo al margen de las dos conflagraciones mundiales más catastróficas que vivió la humanidad.

Eliminando el curso forzoso. Promoviendo la competencia de divisas. Impulsando y protegiendo el ahorro y la propiedad privada. Respetando los contratos y forzando su cumplimiento. Permitiéndole a la gente comerciar libremente y explotar sus ventajas comparativas. Este es el camino a la prosperidad, la felicidad y la paz.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases.