De un lado la planilla Excel, del otro los seres humanos

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 15/6/14 en: http://economiaparatodos.net/de-un-lado-la-planilla-excel-del-otro-los-seres-humanos/

 

Primero el gobierno se fue de pista con la emisión monetaria generando una estampida cambiaria e inflacionaria. Asustado por el desborde monetario, en enero, Fábrega pisó el freno devaluando y secando el mercado de liquidez. Para tener una idea, entre el 30 de diciembre del año pasado y el 30 de mayo último el Central absorbió liquidez por $ 84.000 millones, aproximadamente el 22% de la base monetaria. En números redondos, de un stock de LEBACS, NOBACS y pases netos de $ 100.000 millones a fin de diciembre, se fueron a un stock de $ 184.000 millones en mayo, subiendo la tasa de interés. Lo que hizo Fábrega fue ponerle un piso a la tasa de interés del mercado al levantar la tasa de las LEBACS.

De tasas de expansión monetaria del orden del 35% interanual, Fábrega puso el freno y la bajó al 16%. Casi la mitad. Ahora bien, del susto de la estampida cambiaria e inflacionaria pasaron al pánico de la recesión, con caída de la recaudación y una ola de despidos y menor actividad que generan tanto o más malhumor en la gente que la estampida inflacionaria y cambiaria.

¿Qué nueva genialidad se le ocurrió al gobierno para enfrentar la recesión? Pretenden seguir sentados arriba del tipo de cambio oficial, secar la plaza de emisión y bajar la tasa de interés por decreto. Todo inconsistente. Si con el mercado seco de dinero, bajan la tasa de interés, el crédito va a ser escaso y no habrá para todos. Es más, los bancos van a buscar recuperar su rentabilidad bajando la tasa pasiva (la que pagan por los depósitos a plazo fijo) y se corre el riesgo que se dispare el blue.

En rigor, la abundancia de crédito a tasas bajas no depende de la emisión monetaria porque el ahorro, que es la contrapartida del crédito, no se imprime, se genera. Uno de los dramas de la economía argentina es que el crédito es escaso porque el escaso ahorro que se genera se fuga del mercado de capitales. El ahorro no se transforma en depósitos a plazo fijo, compra de acciones y valores en la bolsa, se va al dólar debajo del colchón o al exterior en busca de seguridad jurídica. Esto hace que el crédito al sector privado sea mínimo en Argentina. Veamos algunos datos que tomé del Banco Mundial.

La referencia que busqué para ver el volumen del crédito es la relación entre el crédito al sector privado/PIB. Miré Argentina y varios países. En 2013, en nuestro país, el crédito al sector privado representaba el 18,5% del PIB. ¿Es mucho o es poco? En Australia esa relación es del 125,3%, en España del 192,6%, en EE.UU. del 183,6%, en Francia del 116%, en Irlanda del 185,7%, en Italia del 124,4%, en Japón del 176,7%, en el Reino Unido del 175,8%. Es decir, en los país desarrollados, con estabilidad monetaria, el stock de crédito al sector privado puede ser 10 veces más grande que en Argentina. Y esto es así no porque emite moneda a lo pavo, sino porque la gente no fuga sus ahorros al exterior. Por último en Brasil el crédito al sector privado/PIB es del 68,4% y en Chile del 99,8%. Países similares a los nuestros tienen un stock de crédito al sector privado 5 veces más grande.

Si tan lejos de los países desarrollados estamos, ¿de quién estamos cerca? Recordemos, nosotros tenemos una relación crédito al sector privado/PIB del 18,5%. En Argelia la relación es del 14,5%, Burkina Faso 21,6%, Burundi 19,1%, Costa de Marfil 18,3%, Nigeria 11,9%, Uganda 16,2% y nos supera Venezuela con el 25,3%.

Si la idea del modelo Nac&Pop era igualar hacia abajo en la economía interna, destruyendo a la clase media para tener cada vez más pobres, también igualó para abajo a nivel internacional. Seremos miembros del G20 por herencia de Carlos I, pero no por tener indicadores semejantes a los de esos países.

El primer drama de Argentina, entonces, es que tiene escasa oferta de crédito porque el ahorro se fuga hacia países con seguridad jurídica y, también, para escapar de la expoliación impositiva a la que somete el gobierno a la población, al margen de los bolsos con euros que pisan los corruptos. Esos no buscan seguridad en Seychelles, esos buscan esconder lo que robaron.

El segundo drama es que en la filosofía k, creen que la tasa de interés es solo el precio del dinero. Si así fuera, bastaría con imprimir más billetes y habría crédito abundante y para todos. Pero la tasa de interés tiene componentes que el gobierno no puede controlar.

¿Qué es la tasa de interés? En primer lugar la tasa de interés originaria es la compensación que alguien pide por sacrificar consumo presente por consumo futuro. Alguien tiene un ingreso y está dispuesto a no consumir ahora ese ingreso y consumirlo en el futuro a cambio de algo. Ese algo es la tasa de interés originaria. Como el tiempo no es indiferente para la gente, postergar consumo para prestarle a alguien tiene un costo,  que es, justamente la tasa de interés originaria y por eso la tasa de interés nunca puede ser igual a cero, por la sencilla razón que el tiempo no es indiferente para  la gente.

Pero además de pedir que lo compensen por postergar el consumo presente por consumo futuro, la persona que ahorra quiere, al recuperar su dinero, poder tener el mismo poder de compra que tenía cuando lo prestó. Dicho de otra manera, si una persona espera que la inflación sea del 30% en el año, para no consumir ahora y prestárselo a alguien pedirá que la compensen por esperar en el tiempo y por la inflación esperada del 30%.

Por último, esa persona tiene que prever las posibles arbitrariedades que puede cometer un gobierno. Aplicarle algún impuesto sobre el ahorro que prestó, decidir que el deudor le pague menos o cualquier otra barbaridad. Llamemos a este riesgo el riesgo institucional. A mayor riesgo institucional, más alta la tasa de interés.

Tres componentes tiene, entonces, la tasa de interés de mercado: a) la compensación por postergar consumo presente por consumo futuro, b) las expectativas inflacionarias y c) el riesgo institucional. Cuánto más alta sea la expectativa inflacionaria más elevada será la tasa de interés nominal. Y cuánto mayores sean las arbitrariedades del gobierno de turno, más grande el riesgo institucional y, por lo tanto, la tasa de interés.

La decisión del gobierno de poner una tasa de interés máxima pretende ignorar no solo las expectativas inflacionarias, sino su tradición de ignorar las reglas de juego. De ser arbitrario. De no respetar los derechos de propiedad.

En definitiva, los k creen que la economía se maneja con voz de mando al estilo militar. Creen pueden ordenar que la realidad sea como a ellos les gustaría que sea. El problema es que la economía es la ciencia de la acción humana, por definirla como tituló von Mises su tratado de Economía. Dicho en otras palabras, ellos dibujan en una planilla Excel cómo quieren que sea la realidad, pero se olvidan que del otro lado hay seres humanos que actúan, tienen preferencias y valoraciones que no siempre, por no decir nunca, coinciden con los caprichos del burócrata de turno.

Podrán poner la tasa de interés a dedo como a ellos les gusta. Lo que no podrán es conseguir crédito, porque ante tanto destrozo institucional el ahorro sigue escapando despavorido de esta máquina de demolición que es el kirchnerismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Si se profundiza el modelo vamos a la era de las cavernas

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/10/13 en: http://economiaparatodos.net/si-se-profundiza-el-modelo-vamos-a-la-era-de-las-cavernas/

Argentina es el único país en que un par de zapatillas se compra en 12 cuotas y una casa al contado

No recuerdo muy bien dónde leí una frase que pinta perfectamente la política económica del gobierno. La frase decía: “Argentina es el único país en que un par de zapatillas se compra en 12 cuotas y una casa al contado”. Esta frase me pareció una clara expresión de la política populista del gobierno, que empuja artificialmente el consumo presente por sobre el consumo sostenible de largo plazo y la inversión.

Alguna vez escribí que el aumento del consumo que veíamos era el consumo de la desesperanza, lo cual generó las típicas descalificaciones de los impresentables militantes periodistas k. Se ve que no deben hablar con los jóvenes comunes que no tienen los privilegios de ellos ni los de La Campora, porque los jóvenes, hoy en día te cuentan que ven imposible poder comprarse un departamento propio para irse a vivir solos. Ni tampoco tienen chances de alquilar. Los números no les dan para mantenerse solos. Sí les dan para vivir con los padres y “ahorrar” comprándose un auto y consumir viajando los fines de semana largo a algún lugar de vacaciones. La desesperanza es no poder tener su propia casa y se limitan a conformarse con tener un auto en cuotas. ¿Para qué ahorrar si nunca voy a llegar a poder comprar un departamento de 1 ambiente? Con lo que gano en mi trabajo no llego nunca.

Si uno mira el stock de créditos hipotecarios del sistema financiero en 1998, representaban el 27% del total de créditos al sector privado. En la actualidad representan solo el 9,6% del total. Este solo dato muestra que, salvo algunos casos muy especiales, no existe el crédito hipotecario. Y habría que ver cuánto de ese stock viene de fines de la década del 90.

¿Qué tipo de créditos al sector privado tiene hoy mayor peso? Los préstamos personales representan el 21,6% del total y el financiamiento de tarjetas de crédito el 16%.

Finalmente, el crédito al sector privado representaba el 22,5% del PIB en los 90 y ahora el 14%. El grueso del crédito es para bienes de consumo y muy bajo el destino a los créditos hipotecarios y la inversión.

¿Por qué ocurre esto? Porque el gobierno dejó sin moneda a la economía y solo hay financiamiento de corto plazo para consumo, pero el sistema financiero en particular y el mercado de capitales en general no existen para financiar créditos de largo plazo. Y no existen por dos grandes razones: a) no hay moneda y por lo tanto solo hay transacciones de corto plazo y b) destruyeron el mercado de capitales. El ahorro de la gente no se canaliza a financiar inversiones y créditos hipotecarios. Se refugia en el dólar. Otros compran autos importados a tipo de cambio subsidiado, pero nadie se queda en pesos cuyo poder de compra se derriten día a día.

Claro, Marcó del Pont y Kicillof creen que pueden sustituir el ahorro genuino (ingreso no consumido) por la impresión de billetes. Creen que el ahorro se imprime. No hace falta generarlo postergando consumo presente basta con emitir billetes y mágicamente se crea ahorro que se transforma en crédito.

Como dice mi amigo Armando Ribas, ni a Keyenes se le hubiese ocurrido aumentar el gasto público y financiarlo con emisión monetaria con un gasto público cercano al 50% y una inflación del 25%. Su receta, aunque yo no la comparta, era para tiempos de deflación y un gasto público que representaba el 10% del PBI. Ni siquiera leyeron bien a Keynes.

El dilema del gobierno es que el mercado de capitales es mínimo para financiar mucho más consumo y, encima, el Estado se mete en ese mercado de capitales desplazando al sector privado. El stock de bonos de corto plazo del BCRA (LEBACS, NOBACs y pases) es de $ 118.000 millones, casi tres veces el stock de créditos hipotecarios. Encima que el crédito es caro y escaso, el Estado se mete como un elefante en un bazar a llevarse parte del mismo.

Pero insisto, el dilema del gobierno es poder sostener el consumo de corto plazo sin que crezca el stock de ahorro genuino para financiarlo. Sin sostener ese consumo, no le queda margen para sostener la fiesta artificial. Solo podría intentarlo si continúa llenando el mercado de papeles llamados pesos generando más inflación e impactos indirectos sobre el tipo de cambio real, lo cual le pegaría en el sector externo que, por cierto, ya lo tiene bastante complicado.

Si a esto le agregamos que no hay acceso al crédito internacional o, en el mejor de los casos, hay acceso a tasas descomunales, la economía argentina vive al día. Es como si hubiésemos vuelto a la era de las economías autosuficientes y de baja productividad, donde la gente vivía de su huerta, se hacía su propia ropa y no existía el largo plazo, sino el hoy.

En síntesis, si como dice CFK vamos por 10 años más de modelo, terminaremos con una economía equivalente a la era de las cavernas. Seremos autosuficientes con el modelo de sustitución de importaciones, pero pobres porque tendremos muy pocos bienes y de baja calidad para consumir.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.