Aproveche la oferta del BCRA: fugue capitales

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 1/9/19 en:  https://www.ambito.com/aproveche-la-oferta-del-bcra-fugue-capitales-n5052098

 

Guido Sandleris.

La discusión, a partir del 28 de diciembre de 2017 (28-D), muestra que muchos economistas son neokeynesianos: unos dicen que la decisión de ese día fue acertada y, otros, el inicio de la decadencia. Pero todos basados en la falacia neokeynesiana de que, con las tasas, el BCRApuede controlar la inflación que no es sino el exceso -sobre demanda- de emisión monetaria en tiempo real. Así, una vez concretado el exceso, el mercado, eventualmente aumenta precios para reequilibrarse. Entonces, si luego vía tasas se absorbe dinero, cae la demanda del mismo -la inversa de sobre oferta, sub demanda- provocando inflación, otro movimiento de precios para equilibrarse.

El 28-D, el Gobierno cambió las metas de inflación para 2018, de una banda entre 8 y 12% pasaba al 15% y postergaba, del 2019 al 2020, la meta del 5%. Lo que permitiría bajar la tasa de interés de referencia para sostener el crecimiento: créditos más baratos y la suba del tipo de cambio aumentarían la competitividad.

Se criticó la supuesta pérdida de autonomía del BCRA -pero tan autónomo no sería si se prestó al juego- y la pérdida de credibilidad por el cambio. Pero la credibilidad estaba pérdida: el 25% de inflación, para 2016, estimó del BCRA y resultó del 40%.

Irónicamente, la ya alta tasa de referencia del 26,25%, en septiembre de 2017 fue subida hasta 28,75% y, un año después del 28-D, al 60% y a más tasa más inflación y más recesión hubo.

La otra cara, la reversa, de la falacia neokeynesiana es lo que se ve a nivel global. Supuestamente, si la inflación es baja, deben recortarse tasas para inyectar dinero y provocar una reactivación. Hoy la situación es anómala: el stock global de deuda con rendimiento negativo supera los u$s 17 B. El 30% de los valores de grado de inversión rinden bajo cero, o sea que los que adquieren deuda, al vencimiento, pierden.

De los pocos que quedan en positivo, los bonos del Tesoro de EE.UU., tienen una curva de rendimientos cada vez más baja e invertida: el de 10 años rinde 1,496% anual y el de 2 años 1,50%. Hay varios modos de verlo, pero este es el más didáctico: las políticas expansivas de los bancos centrales alientan el consumo exagerado y los empresarios juzgan que sus negocios crecen a un ritmo superior, a la vez que les prestan dinero barato, y exageran la inversión.

Luego cae la realidad, el consumo baja y la inversión queda exagerada requiriendo crédito a corto plazo para aguantar los costos fijos y, por cierto, aguantan unos meses, luego no pueden hacerlo y sobreviene la recesión. Por eso la inversión de la curva es síntoma de recesión, aunque no necesariamente se dará porque el mercado podría acomodarse por otro lado.

Gracias a esta política neo keynesiana en Argentina el dólar cotiza a $62 -salto del 37,8% en agosto- el riesgo país supera los 2500 y el S&P Mervaltuvo su mayor caída mensual histórica: 41,7% en pesos y 56% en dólares. Las reservas del BCRA cayeron en u$s13.801 M en agosto y en 83% quedó la tasa Leliq.

Ahora, hoy, el BCRA para estabilizar al dólar vendería agresivamente (Sturzenegger hace más de un año, ofertaba u$s5000 M diarios), fijó que las grandes exportadoras no podrán tomar créditos por más de $1500 M y prohibió a los bancos girar utilidades sin autorización. No ayuda el referente de la oposición, Álvarez Agis, al pedir mayor control de capitales.

En definitiva, la fuga se da porque el BCRA vende dólares baratos y el mercado los aprovecha, las tasas no tientan lo suficiente y retroalimentan la inflación a la vez que alientan la desinversión dada la imposibilidad de obtener crédito productivo, luego, amenazas como imponer controles de capitales aceleran la fuga -aumentando el negro- y así, para cuando implementen los controles, solo quedarán perejiles en el país. Y ahora, con las últimas medidas como el límite de u$s10.000 mensuales para la compra alentarán aun más la fuga por desconfianza, volverá el “dólar negro” -más alto que el blue– y más actividades informales, trasladándose a precios.

El modo de evitar la fuga es dejar que el dólar suba hasta que no sea rentable o posible. Suba que provocará ajustes en algunos precios -pero esto no es inflación, sino ajuste de precios relativos- y encarecerá en pesos las deudas dolarizadas pero, para resolver esta situación, deben buscarse soluciones realistas y sanas.

Alberto Fernández, le dijo al The Wall Street Journal que “el FMI le dio dinero a un gastador compulsivo” y tiene razón. Pero, por otro lado, pareciera que su intención es subir salarios y jubilaciones lo que no es mala idea, el problema es cómo lo hará.

Por cierto, no se trata de “ajustes” al estilo de los economistas conservadores neoclásicos o neo keynesianos -bajar el gasto en base a recortar salarios y jubilaciones- sino de poner al Estado, de manera realista, a la altura de las circunstancias. Argentina nunca crecerá si no hace lo que cualquier deudor serial: reconfigurar el país liquidando una muy importante cantidad de propiedades estatales inconvenientes y desregulando fuertemente de modo que la economía encuentre más oportunidades y se expanda.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini 

Caen la pobreza y el relato populista

Por Iván Carrino. Publicado el 5/4/18 en: http://www.ambito.com/917252-caen-la-pobreza-y-el-relato-populista

 

La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Argentina publicó los números de la pobreza.

Luego de años de cifras poco confiables, producto de la manipulación de los datos de inflación, el INDEC hoy tiene recuperada gran parte de su credibilidad. El miércoles divulgó una caída en la tasa de pobreza, que pasó del 30,3% a fines del año 2016, al 25,7% del segundo semestre de 2017.

Al mirar la foto, lo divulgado por el INDEC no es para festejar. Una de cada cuatro personas en el país vive por debajo de la línea de pobreza. Es decir, que no tiene ingresos suficientes para alcanzar una Canasta Básica de bienes y servicios.

Si uno observa la película, sin embargo, la buena noticia es que, antes, este número era aún peor.

• Datos que incomodan algunos relatos

Una vez conocida esta nueva realidad, gran parte de los opinadores de televisión, periodistas progresistas y líderes de partidos de izquierda, comenzaron, o bien a ponerle reparos a la metodología utilizada, o bien a rechazar directamente la información.

Uno puede detectar aquí el cinismo de estos opinólogos. Es que cuando durante el segundo trimestre de 2016 el INDEC reveló que la pobreza era de 32,2%, ninguno dudó en fustigar al gobierno porque sus políticas “neoliberales” y “de derecha” habían empobrecido a la gente.

Curiosamente, cuando el dato refleja una caída de 4,6 puntos, se multiplican los planteos acerca de si la línea de pobreza no será arbitraria, si realmente representa a una persona pobre, y si debería o no incluir el costo de un alquiler, el seguro del auto, o la compra de bombitas de luz en el almacén del barrio de la esquina de mi casa.

• “Andá al Supermercado”

La polémica por los números me llevó a debatir con un hombre que estaba indignado por lo mucho que su señora había gastado en una compra en el supermercado.

“Mi mujer gastó casi $ 8 mil en llenar el changuito del supermercado. Está bien, yo vivo en una zona acomodada del partido de Tigre, pero a mí no me podés decir que una familia no es pobre porque ingresa más de $ 17 mil.”

El error en esta argumentación tal vez no salte fácilmente a la vista. Pero, precisamente, la “línea de la pobreza” busca identificar un número que, si es superado, permita a una familia sencillamente no ser considerada pobre. Está claro que estar por encima de ese umbral no equivale a poder vivir en una zona acomodada del partido de Tigre.

He aquí la gran contradicción de algunos que, con su mirada de burbuja sobre la vida, luego andan acusando al resto de “no salir a la calle”, “no ir al supermercado” o “no tener contacto con la realidad”.

¿Quién tiene más contacto con la realidad, me pregunto: aquél que sostiene que como su gasto es de $ 50 mil por mes, la línea de pobreza en $ 17 mil por hogar debe estar manipulada; o quien entiende que, precisamente, la línea de la pobreza está muy lejos de representar un ingreso “razonable” para una persona que vive en los círculos acomodados de una de las ciudades más ricas del país?

Sin sorpresas, este mismo hombre afirmaba que nadie podía sentarse a comer en un restaurante sin pagar menos de $ 700 por persona.

¿Quién tiene menos contacto con la realidad: los números del Instituto Nacional de Estadísticas, o nuestros opinólogos falsamente solidarios con los que menos tienen, pero que creen que no se puede comer en ningún lado por menos de $ 700?

• “Recorran los barrios”

Otro de las estrategias cliché a la hora de no admitir la realidad es la siguiente.

Toda vez que alguien diga que bajó la pobreza, el medio de comunicación o el político en cuestión, pondrán una cámara dentro de un barrio carenciado, merendero, o alguna parroquia que asista a la gente que sufre necesidades.

“¿Dónde bajó la pobreza? Mentira, mentira, miren cómo vive esta gente”, argumentarán, utilizando así a los pobres para su propia causa política o de negocios.

La falacia aquí es más evidente y grosera.

En un país con 10 millones de personas bajo la línea de la pobreza, y con 4,8% de personas viviendo en la indigencia (con menos de $ 72 diarios en la Provincia de Buenos Aires), es obvio que siempre va a existir la posibilidad de encontrar algún lugar que la esté pasando muy mal… ¿Pero de qué manera es eso una refutación de los datos?

La falacia es análoga a tratar de contradecir la idea de que hay 25,7% de personas pobres en Argentina, mostrando una cena de 10 empresarios millonarios y argumentar, en base a ello:

“No ve la riqueza que hay aquí, ¿cómo va a haber 25,7% de pobres?”.

Sí, así de ridículo.

La pobreza en Argentina es elevada. En los países desarrollados, utilizando nuestra misma vara de medición, los niveles no superan el 8%.

En este sentido, uno bien podría discutir si no hay todavía mucho para mejorar. También podría discutir si la mejora que mostraron los datos del INDEC no podrá ser revertida por políticas erróneas en el futuro cercano…

Todos estos debates son más que válidos y bienvenidos.

Pero seguir discutiendo los números, como si viviésemos en la época del kirchnerismo, o hacerlo desde la estrecha óptica de la realidad de un “hippie con OSDE” es poco serio, extremadamente ignorante, y de enorme deshonestidad intelectual.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Límites al oportunismo politico. Aquí van dos: límites al deficit fiscal y al crecimiento del gasto público

Por Martín Krause. Publicada el 29/1/16 en: http://bazar.ufm.edu/limites-al-oportunismo-politico-aqui-van-dos-limites-al-deficit-fiscal-y-al-crecimiento-del-gasto-publico/

 

Con los alumnos de la materia Economía e Instituciones vemos algunas de las conclusiones normativas del Public Choice, en particular propuesta para limitar el oportunismo político. Aquí van solamente dos:

1.            Límites al déficit fiscal

Se impone una prohibición o límite al déficit fiscal. En el primer caso no puede gastarse más de lo que ingresa, pero el Estado, como cualquier empresa, se maneja con un presupuesto anual que se espera cumplirá. Si el dinero recaudado no alcanzara a cubrir el gasto presupuestado, el Estado terminaría sin cumplir algunos contratos y paralizando ciertos servicios. Para evitar esto, se impone la necesidad que el presupuesto presentado para su aprobación no tenga déficit, luego puede haber algún desvío si durante el transcurso del ejercicio fiscal los ingresos o los gastos difieren de lo presupuestado.  Para que la prohibición de déficit tenga alguna credibilidad ese límite al desvío debe ser pequeño y también considerarse un mecanismo para que sea compensado. Es decir, si el ejercicio termina con déficit podría pensarse en que ese exceso se cubrirá en el ejercicio siguiente, o que si termina con superávit, pasa a formar una reserva que sirva para cubrir desvíos negativos en el futuro.

En cuanto a establecer un límite al déficit fiscal, se lo suele hacer en relación al PIB. Así, por ejemplo, el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, parte del  Tratado de Maastricht, establece un límite del 3% del PIB para los países miembros de la Unión Europea, un nivel superior impone la obligación de medidas correctivas. Argentina, promulgó una ley de “déficit cero” el 30 de Julio de 2001, pocos meses antes de que se desatara la peor crisis de su historia.

En este último caso la norma fue aprobada cuando ya era demasiado tarde. Pretendía ser más una señal que generara confianza en los mercados para que éstos siguieran financiado la renovación de la deuda argentina. En el primero, su incumplimiento por los países más importantes de Europa no generó suficiente credibilidad para las sanciones y no extraña que luego se desatara en la región una profunda crisis fiscal (2010-11) .

Una diferencia importante entre una y otra que analizaremos en mayor detalle adelante es el nivel constitucional de la norma. En el caso argentino era una ley aprobada por el Congreso, en el de la Unión Europea formaba parte de un tratado internacional. Algunos autores sostienen que cuanto más alto el nivel constitucional, mayor impedimento será para las conductas que se quieren evitar (mejor una ley a un decreto presidencial, mejor una cláusula constitucional a una ley, mejor un tratado internacional a una cláusula constitucional), pero la experiencia europea muestra que esto no es necesariamente así. Todo depende de dónde se encuentra el mayor poder de control sobre el cumplimiento de la norma. En el caso europeo, el tratado imponía un límite relativamente estricto pero con pocas posibilidades de control, generando un incentivo por parte de ciertos países a actuar como free riders de los esfuerzos de los demás. Ellos obtenían los beneficios de las garantías de estabilidad generadas por la UE, pero aplicaban políticas fiscales irresponsables con las que nunca podrían haber generado tal credibilidad por parte de los acreedores que financiaron esos déficits. El control más fuerte puede estar en manos de los votantes, como veremos en el punto 3.

La obligación de no incurrir en un déficit fiscal no necesariamente genera una restricción en el crecimiento del gasto público, ya que se lo puede aumentar al mismo tiempo que se aumenta la presión impositiva e igualmente se cumple con el requisito, y el Estado termina así llevándose una mayor parte de la riqueza producida por los ciudadanos. Para evitarlo se han propuesto límites al crecimiento del gasto y a la creación de nuevos impuestos o el aumento de las tasas de los existentes.

2.            Límites al crecimiento del gasto público

En este caso se establece un límite a su crecimiento, normalmente asociado a la evolución del PIB. Podría establecerse un límite algo por encima del crecimiento del PIB si se quiere que el gasto aumente en relación a ese indicador, igual para que se mantenga o menor para que se reduzca.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El 18F no ha terminado…

Por Gabriela Pousa: Publicado el 18/2/15 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/el-18f-no-ha-terminado/

 

Un país al filo del abismo. Una o más balas con esquirlas que alcanzan los cuatro puntos cardinales, y dañan a culpables e inocentes arbitrariamente. Desconcierto. Escepticismo, fruto de años de mentir y mentirnos. Capítulos que se suman a diario a una novela cuya trama va de lo inverosímil al drama, porque pocos creen que algo ha de saberse finalmente. Son muchas manos en un plato…

La credibilidad fue la primera víctima de esta contienda, la impunidad durante años pudo más. Ahora, aparentemente, va terminando el mentado 18F. El silencio dejó un eco contundente. La lluvia bautizó a los argentinos que pasaron de habitantes a ciudadanos. Se escuchó todo y nada., sí simultáneamente El gobierno igual optará por ensordecer, nada nuevo, como siempre.

La Presidente hará honor a la fábula de la rana y el escorpión, no puede contra su naturaleza. No hay argentino tan ajeno a la realidad como ella.

En la calle, piel de gallina. Ahogo de ilusiones que se creyeron perdidas. El asombro de darse cuenta que hay un limite para todo. Para ellos y para nosotros, para Boca y para River porque en eso transformaron a la Argentina: una geografía partida y enfrentada incluso a sí misma. Blanco o negro sin matices. Los grises exiliados, extranjeros como el Mersault de Camus en su propio campo.

La opinión pública dejó el mensaje claro. Esa sumatoria de voces de las mayorías que hasta hace poco eran minoría dijo, aún sin palabras, demasiado. Se ha instalado en el “consciente colectivo” que lo sucedido fue un homicidio. Lo que diga luego la Justicia caerá en saco roto: ese es otro “logro” del Kirchnerismo. Imposible creer en un Poder usurpado y transformado en apéndice del Ejecutivo.

Nadie se baña dos veces en el río de Heráclito: todo es cambio. Sin que las expectativas desborden e impidan la objetividad necesaria en estos días, se vio a una ciudadanía unida, en el espanto es cierto, pero es un primer paso.

Quizás sea apenas una señal, pero este comienzo debe valorarse tanto como el desarrollo, el desenlace y el final. El rumbo sigue siendo incierto. La historia enseña, y muestra que nadie se duerme en la Edad Media y se levanta en la Edad Moderna. El trayecto es inevitable y estamos transitándolo. Hay piedras que correr del paso para seguir caminando.

La pena mayor es ver cuánto tiempo se ha perdido. Todos estamos más viejos, más heridos. Todos hemos despedido algún afecto que, explícita o implícitamente, la zozobra de una década dejó en el camino.
Qué ese dolor no trasunte en rencor sino en memoria, para que el olvido no se lleve la experiencia de lo vivido.

La marcha fue un símbolo, el silencio fue un grito. Si hay que hablar con su vocabulario para que entiendan lo que ha pasado, hablemos de bandos. Guste o no, la movilización tiene consecuencias para ambos. A los ciudadanos los obliga a esa constancia que hasta ahora no tenían. Al gobierno lo obliga a hacerse cargo. Pero no lo hará, volverá a retobarse. Es émulo de Poncio Pilatos.

Negarse a lo fáctico sin embargo, es una bomba de tiempo que ha de estallarle en las manos. Están a solas escribiendo el final de su propia historia: un derrotero con secuelas que perdurarán durante mucho tiempo. No se irán por golpes duros, blandos, suaves o livianos. Se irán por implosión, por sus omisiones y sus actos.

Balcarce 50 es un hervidero. Las máscaras se caen, y el maquillaje apenas puede engañar por televisión. Los nervios causan estragos, las contiendas internas recrudecen. Ellos no pueden tolerar lo que han visto hace un instante agazapados en la negación: no eran militantes rentados, era la gente. Era el pueblo rompiendo cadenas y tratando de oír el grito sagrado.

La jefe de Estado no pudo como antes refugiarse en El Calafate. Debió volver porque esta vez no hay por donde escaparse. Los mismos que ayer no querían al occiso en el recinto, ahora convocan al nuevo fiscal, Gustavo Pollicitas, para ser oído. Cambian de estrategia, la desorientación los lleva a probar algo diferente, quizás los fracasos algo han enseñado.

Alberto Nisman fue la gota que rebalsó el vaso. Es cierto que ningún país desarrollado ha crecido y madurado sin derramar sangre. Una pena que ésta haya sido requisito para que, amén de abrir los ojos, nos atrevamos a ver, a mirar y a mirarnos. Dimos lástima muchos años. El mundo no comprendía la abulia, la resignación, el hastío.

Fuimos, y todavía somos vulnerables como Nación. No es complejo dividir y manipular al pueblo, la amenaza seguirá estando con este u otro gobierno sino maduramos.

Ahora vendrá la venganza, la provocación, el redoblar la apuesta e ir por todo lo que queda. No seamos ingenuos. Una batalla no es la guerra ganada. No flamean aún banderas blancas.

Hoy pensamos y hablamos desde la emoción. Mañana, cuando las fichas caigan y advirtamos a conciencia de lo que hemos sido capaces sin darnos cuenta, la responsabilidad que nos cabe será aún más grande.

No todos los que marcharon merecen el aplauso. Habrá que decantar y discernir entre quienes han hecho las cosas bien, y los héroes de barro que a veces creamos porque nos hacen falta referentes, modelos y liderazgos.

Para estar a la altura de las circunstancias se requiere: voluntad para asumirlo, coraje para actuar, y perseverancia para, en Octubre próximo, escribir el final de una pesadilla que nos robó el sueño de una Argentina Republicana y democrática, sin distorsión, sin eufemismos, sin fantasmas.

Aunque la conciencia esté más liviana, no vuelvan satisfechos a sus casas, sería un error. La insatisfacción es motor propulsor, es ansia de ir más allá, de no parar, de llegar a la meta final. Y esto aún no terminó. Por el contrario, esto recién está comenzando.

 

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

No es de patriota destruir la credibilidad de la Argentina:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 23/8/14 en: http://www.laprensapopular.com.ar/14414/no-es-de-patriota-destruir-la-credibilidad-de-la-argentina-por-roberto-cachanosky?utm_medium=Email&utm_source=Newsmaker&utm_campaign=Newsmaker+-+lesa+-+25-08-2014+-

 

Estamos en default, a punto de caer en desacato y la OMC falló contra Argentina. Más papelones imposible

Al momento de redactar esta nota, Argentina está en default, fue sancionada por la OMC por las trabas a las importaciones. En total 43 países denunciaron ante la Organización Mundial del Comercio las genialidades de Moreno y Kicillof para frenar las importaciones y ahora habrá que ver qué ocurre, porque si a la caída de las exportaciones que ya estamos teniendo le sumamos represalias de otros países, ni con el cepo multiplicado por 5 frenan la escalada del blue. Finalmente en poco tiempo más, seguramente, caeremos en desacato y terminaremos de hacer el gran papelón a nivel internacional. Realmente como argentinos dan ganas de salir con un megáfono por todo el mundo gritando: ¡no todos los argentinos somos como los k! Porque lejos de actuar en forma patriótica, el kircherismo está mancillando el nombre de nuestro país con este comportamiento propio de maleducados, desubicados, soberbios y estafadores.

Claro, la apuesta del kirchnerismo es transformar este tema de la deuda externa en la típica jugada que siempre hacen. Nosotros los k defendemos la patria y a los argentinos y todos los que opinan diferente son traidores a la patria, trabajan para los fondos buitres y estupideces por el estilo.

Por otro lado, los argumentos que esgrime el gobierno para no acordar con los holdouts y desconocer el fallo de la justicia americana no tienen lógica, porque recordemos que no fue Griesa el que falló contra la Argentina sino toda la justicia americana dado que también en segunda instancia el kirchnerismo perdió el juicio y la Corte Suprema de Justicia le dio la razón a Griesa. Por un lado el gobierno argumenta que no puede ser que solo un 7% de los acreedores pueda tener derecho a reclamar que le paguen lo que decía el contrato original. Un disparate conceptual que ya lo ha utilizado en el campo político. Para el kirchnerismo las personas no tienen derechos por ser personas, sino que tienen derechos solo aquellos que pertenecen a una determinada mayoría, sea ésta por votos o por cualquier otra razón. Cuántas veces le hemos escuchado a CFK decir: si no les gusta hagan un partido político y ganen las elecciones. Como si ganar elecciones otorgara el derecho a hacer lo que quiere al que obtuvo una mayoría circunstancial. Y hacer lo que quiere incluye usar el monopolio de la fuerza para establecer una dictadura. Si este fuera el sistema democrático personalmente me declararía definitivamente antidemocrático, porque, en ese caso la democracia se limitaría a ser un sistema por el cual en las urnas elegimos a nuestro dictador.

Bien, el mismo criterio utiliza con los holdouts. Como no aceptaron entrar al canje y son una minoría. no tienen derechos, aún ganando un juicio en todas sus instancias. CFK sabe muy bien, habiéndose dedicado ella su marido a los negocios, que siempre están los que buscan comprar al precio más bajo y vender al precio más alto. ¿O ellos no lo hicieron?

Pero justamente, hablando de precios, dicen al unísono CFK y Kicillof: los fondos buitres compraron por centavos la deuda y quieren ganar el 1.600%. En primer lugar, si los fondos de inversión ganaron tanto es porque fueron más astutos que los kirchner. En vez de estar dilapidando la plata en populismo, Néstor Kirchner y ella podría haber recomprado la deuda a precio muy bajo en el mercado, en vez es esperar a que otro les ganara de mano, la comprara y luego ganara un juicio para cobrar el 100% de la deuda más las costas del juicio y los punitorios.

La idea de Patria o Buitres es una burda copia del Braden o Perón o el si quieren venir que vengan… por Malvinas. Es un falso planteo de patriotismo, al punto tal que no es patriota aquel que destruye la credibilidad de la nación por buscar una ventaja política, más bien su desmedida ambición de poder político los transforma en traidores a la patria. De manera que el kirchnerismo no va a corrernos con el argumento de Patria o Buitres.

Personalmente considero que el Estado no debe endeudarse para financiar el gasto público. Si el Estado gasta más de lo que recauda, tiene que optar entre emitir moneda y cobrar el impuesto inflacionario o endeudarse. Eso es lo que ha hecho un gobierno atrás de otro, incluyendo al kirchnerismo, porque también es falso que se haya desendeudado. Por el contrario aumentó la deuda. La diferencia es que cambió de acreedor y de moneda, pero eso no quiere decir que esa deuda no constituya una pesada carga para el contribuyente o que en algún momento no haya que pagarla.

Pero la mejor vara para medir si el kirchnerismo, en este raid de papelones que nos viene haciendo pasar por el mundo con su comportamiento frente a los fondos de inversión y el comercio internacional, es analizar si contribuye a mejorar o a empeorar las condiciones de vida de la población.

Y aquí la respuesta es muy sencilla, solo logrando confianza, credibilidad, respeto por el derecho de propiedad, respetando los contratos firmados y cumpliendo con la palabra dada es que se consiguen más inversiones. Son las inversiones las que incrementan la demanda de mano de obra y la productividad de la economía mejorando la calidad de vida de la población.

Sin duda, con su comportamiento el kirchnerismo está espantando inversiones, con lo cual deteriora el nivel de vida de la población. Ahora bien, supongamos por un momento que todos aplaudimos el comportamiento patotero del kirchnerismo de no pagarle a los fondos de inversión que ganaron los juicios y nos ahorramos U$S 1.500 millones y nos reímos en la cara de Griesa no acatando los fallos de la justicia. Pregunta: ¿acaso no perdemos muchos más millones de dólares en inversiones que no se hacen por esta falta de cumplimiento de las normas que los U$S 1.500 millones que el kirchnersimo no le quiere pagar a los fondos de inversión?

En definitiva, lo que busca el kirchnerismo es maximizar en el corto plazo su beneficio político recurriendo a un falso nacionalismo a cambio de un costo que se traduce en menos inversiones, puestos de trabajo y calidad de vida de la población. Dado que el costo es mucho mayor al beneficio de ahorrarse U$S 1.500 millones, el discurso político será que ese costo que tiene que pagar la población es culpa de los fondos buitres, el neoliberalismo y estupideces por el estilo que, reconozco, en algunos casos prende bastante bien en una parte de la población.

El gran interrogante es hasta qué punto la gente seguirá comprando el discurso del falso nacionalismo y aceptando pasivamente seguir perdiendo su nivel de vida.

En otras palabras, no vaya a ser cosa que, llegado un punto, la gente diga: muy lindo el discurso Patria versus Buitres, pero la plata no me alcanza y con el kirchnerismo vivo cada vez peor. Ahí se cae el relato y el beneficio político de corto plazo se diluye.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El Gobierno hace lo imposible por generar desconfianza:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 24/1/14 en:

http://www.lanacion.com.ar/1658085-el-gobierno-hace-lo-imposible-por-generar-desconfianza

Cuando uno mira la evolución mensual del tipo de cambio real de los últimos 40 años, se encuentra con que hubo tres momentos en que estuvo en un piso. En enero de 1981, al final de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz, durante la convertibilidad y ahora. Para ser más preciso, a pesos de diciembre de 2013, el tipo de cambio real del último mes del año pasado estaba solo 37 centavos por encima de enero de 1981, último mes de la tablita cambiaria. Los datos sirven, solo para tener una idea del nivel de caída del tipo de cambio real durante el kirchnerismo. Usaron el dólar, igual que en tantas otras oportunidades, como ancla contra la inflación, obviamente sin demasiado éxito porque el tipo de cambio real cayó por efecto de ésta.

Al establecer el cepo, es como si se hubiesen metido en otro corralito. Entrar es fácil, salir es imposible sin un estallido. Lo que lograron con el cepo es que nadie traiga un dólar a la Argentina y las únicas divisas que ingresan son las correspondientes a las exportaciones, las que están cada vez más jaqueadas por la caída del tipo de cambio real.

Cuando uno ve que durante el año pasado el Banco Central de la República Argentina (BCRA) emitió U$S 90.000 millones para financiar al tesoro, puede advertir que el problema inflacionario está ligado a un problema fiscal, que , a su vez, está relacionado con la fenomenal expansión del gasto público. De lo anterior se desprende que el problema del tipo de cambio real tiene que ver con la política fiscal.

En un viaje relámpago, el ministro Axel Kicillof pasó por París y, todo parece indicar, volvió con las manos vacías. Hago esta observación porque es llamativo que justamente al otro día de su regreso, el Central hizo subir fuertemente el tipo de cambio oficial y continuó en la jornada de ayer. El dato es sugerente porque el mercado siempre ajusta por precio o por cantidad. Puesto en otras palabras, todo indicaría que el Central ya no tiene tanta pólvora en la santabárbara para dominar el tipo de cambio oficial, por lo tanto lo deja subir porque no tiene suficientes reservas para dominar el mercado. La pérdida diaria de reservas son un claro ejemplo al respecto.

El problema que ahora tiene el Gobierno es que no ha fijado una clara política cambiaria, por lo tanto, quien tiene que exportar espera a que el dólar oficial siga subiendo, y quienes tienen que importar se apuran a ingresar sus mercaderías para pagar con un dólar más barato. De lo anterior se desprende que es muy probable que el saldo de balance comercial continúe achicándose.

Algunos sugieren subir la tasa de interés para que la gente no vaya al dólar, sin embargo esta medida me parece peligrosa y ya lo hemos visto en otras oportunidades. La idea es subir la tasa de interés para que la gente venda dólares y se coloque a tasa con el objetivo que la tasa de interés le gane al dólar. El riesgo es el siguiente: como no existe el inversor que devengue indefinidamente utilidades, en algún momento las realiza y eso significa que vuelve a comprar los dólares por el capital invertido más los intereses devengados. En ese momento el sistema hace explosión cambiaria porque la demanda de divisas está potenciada por la ganancia de la tasa de interés. Recordar el Plan Primavera.

Pero el problema de fondo es mucho más profundo que el del déficit fiscal y la emisión monetaria. El problema central es que el Gobierno ha perdido toda credibilidad. Es más, se ha encargado de asustar a la gente aumentando las restricciones a la compra de divisas como fue el tema de las compras por internet . El mensaje ha sido muy claro: tenemos que poner más cepo porque no tenemos dólares. Eso y decirle a la gente que salga corriendo a comprar divisas es lo mismo. Puesto en otras palabras, no solo el contexto macro lleva a una dinámica de suba del tipo de cambio, sino que, además, el Gobierno toma medidas y hace declaraciones que espantan más a la gente.

Por eso, es en vano hablar de medidas posibles para frenar esta corrida cambiaria y salto devaluatorio si no se entiende el serio problema que hay con el contexto institucional. Sin respeto por los derechos de propiedad, con arbitrariedad en las reglas de juego e incertidumbre permanente sobre qué medida va a adoptar mañana el Gobierno, es imposible resolver la desconfianza en el peso.

Lo que tenemos es un Gobierno que emite una moneda que la gente no quiere porque se derrite como barra de hielo en esta ola de calor. Los ciudadanos huyen del peso y las opciones que tiene no son muchas, salvo el dólar. Por eso, mientras no se resuelva el problema fiscal y monetario y no tengamos un contexto institucional que genere confianza, el blue seguirá subiendo.

¿Y qué pasará con el tipo de cambio oficial? Habrá que ver qué decide el Gobierno. Por ahora viene corriendo de atrás a la inflación por más que haya devaluado un 28% en los últimos 30 días. Todavía le falta un largo camino por recorrer para encontrar algún punto de equilibrio consistente con esta política populista.

Lo que sí podemos afirmar es que el dólar oficial dejó de ser el ancla que usaba el Gobierno para tratar de frenar la inflación. ¿Qué ancla le queda ahora? Los salarios. Ajustarlos por debajo de la inflación. Lo dicho en infinidad de veces: se acabó la fiesta de consumo y llegó la hora de pagar la cuenta. Y la pagarán los asalariados, como en todos los derrumbes populistas.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

ABORTO: UNA VEZ MÁS:

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 21/10/12 en http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/

 Una vez más el debate sobre el aborto muestra que los diversos períodos culturales tienen sensibilidades diferentes y no necesariamente coherentes. En tiempos ecológicos donde la muerte de vacas y de pollos es mal vista, y florecen las corrientes vegetarianas, en tiempos donde cualquier especie animal en riesgo de extinción genera alarmas en la opinión pública, en tiempos donde la pena de muerte, incluso de los criminales más peligrosos, es considerada un crimen; en tiempos donde las guerras de conquista, con todas sus atrocidades, ya no son aprobadas por nadie, en esos tiempos la muerte del niño por nacer, en cambio, es vista como un “derecho”.

Pero en el último caso que ha conmovido al país, el argumento a favor del aborto fue uno de los más importantes, ante los cuales no podemos permanecer insensibles.
Son incontables los casos de mujeres violadas en las condiciones más indignas. Niñas, apenas púberes, violadas por sus parientes y vecinos, que conciben un niño; mujeres secuestradas por los criminales de la trata de blancas, que conciben niños en su cautiverio; adolescentes violentadas y expulsadas de su  núcleo familiar que abortan de cualquier manera y mueren tras una torpe intervención. Los pro-abortistas, en esos casos, no son, como a veces se cree, “cultura de la muerte”: están verdaderamente preocupados por esas mujeres, y esa preocupación debe ser compartida, obviamente, por todos los que nos oponemos al aborto.
Los que nos oponemos al aborto no decimos que todo ello no sea un problema social grave. Urge encontrar soluciones jurídicas y asistencialistas para todos esos casos, y los que estamos en contra del aborto ganaríamos más credibilidad si nos abocáramos a encontrarlas. Lo que no podemos decir, lo que no vamos a consentir, es que la solución pase por matar al niño, un ser humano indefenso, totalmente inculpable, que tiene derecho a la vida, y debería ser ello menos discutible que el derecho a la vida de un asesino serial que ha asesinado a varios y seguirá asesinando.
¿Dónde está la dificultad para advertir que el embrión es un ser humano? No, no pasa por un argumento científico. Es mucho más sencillo. Lo que se está desarrollando como un caballo, ¿qué es, un oso? Y lo que se está desarrollando como oso, ¿qué es, un caballo? ¿Cuál es el problema para ver que lo que se está desarrollando como X es porque ya es X? ¿Cómo va a nacer un bebé humano de algo que NO sea humano?
Y si alguien tiene alguna duda de que un conjunto de celulitas sea un ser humano en desarrollo, ¿por qué las mata? En todos los casos, la duda sobre si algo es humano, o no, es lo que justifica precisamente el abstenerse de matar. Nadie que esté cazando va a disparar si duda sobre lo que se mueve es un alce o un niño perdido. ¿Entonces? (Y además estoy seguro de que muchos pro-abortistas, paradójicamente, ¡están en contra de los períodos de caza!).
Esto se ha dicho una y otra vez, incansablemente, pero nunca he visto a ningún abortista contestar estos argumentos. Los desafío.
 
Mientras tanto, busquemos todos soluciones y prevenciones para la violencia contra la mujer, una de las violencias más cobardes y abominables. Pero lo es, fundamentalmente, porque la mujer es, las más de las veces, indefensa ante el varón. Que no sea el niño, por lo tanto, el último eslabón de la cadena de la violencia.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

Que no Puede Faltar en un Plan Macroeconomico?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 1/10/12 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/10/01/que-no-puede-faltar-en-un-plan-macroeconomico/#more-3483

 Uno de los problemas económicos más agudos de la Argentina actual es el de la inflación. Andres Neunmeyer (Universidad Torcuato di Tella) ofrece un Plan Macroeconómico para Argentina con el fin de estabilizar el nivel de precios y mejorar la performance económica. Diría que el post está más enfocado en el corto plazo que en el largo plazo (como se da a entender en la sección de comentarios). Adrian tiene un breve post con algunos puntos similares.

En principio tiendo a ser escéptico de los planes económicos en general. Quizás porque la palabra “plan” da a entender que se intentará planificar la economía y, si hay algo que no se puede hacer, es justamente planificar al mercado. Creo que el mejor plan es liberar al mercado lo más posible, y limitar el plan a lo que el estado no debe hacer. Un “plan” también puede hacer referencia a intentar traer un poco de racionalidad económica en lugar de intentar planificar al mercado, y esto es lo que Newumeyer ofrece en su post. Los 3 elementos fundamentales son:

  1. Eliminar el déficit fiscal,
  2. Fijar el tipo de cambio,
  3. Eliminar las restricciones a la compra de dólares.

 

Quizás el único punto a discutir es el del tipo de cambio, si conviene que sea fijo o flotante. Pero ambas políticas de tipo de cambio poseen pros y contras, por lo que éste puede ser un debate interminable. De todas maneras fijar el tipo de cambio requiere elegir un valor fijo, y eso no es un tema menor en la Argentina actual. ¿Debemos sincerar el tipo de cambio y devaluar de golpe o se debe ir por un tipo de cambio flotante que converja más lentamente? No es un tema fácil dada la fuerte transferencia de riqueza y flujos que se puede generar. ¿Y una vez que convergimos al tipo de cambio de equilibrio, lo dejamos fijo o lo dejamos flotar? ¿O adoptamos una regla monetaria basada en la Regla de Taylor o alguna variante de la norma de productividad (por ejemplo NGDP targeting)?

Seguramente, si pensamos a largo plazo y no sólo en eliminar la inflación de corto plazo podríamos agregar otras medidas como apertura comercial, liberar los precios, y no sólo reducir el déficit fiscal, sino también el gasto público sobre PBI. Una economía sana necesita un estado eficiente en sus roles mínimos, no de un estado grande.

Pero todo plan necesita de un componente fundamental, que es el de la credibilidad. Desde el punto de vista económico, las medidas del plan pueden ser necesarias, pero no suficientes si no hay credibilidad sobre las mismas. Falta de credibilidad es uno de los problemas mas seríos de la administración Kirchnerista. ¿Cómo creerle a un gobierno que hace la vista gorda al problema de la inflación, afectando directamente al contribuyente? ¿Cómo creerle a un gobierno que no tiene reparos en ignorar las leyes y normas constitucionales? La Constitución Nacional, por ejemplo, puede ser un marco institucional lo suficientemente adecuado, pero de no ser creíble su cumplimiento es letra muerta. En la Argentina de hoy día no basta con decir que el marco institucional está dado por la constitución, dicho enunciado debe ser creíble.

Las instituciones no son neutrales, son definitorias no sólo en cuanto a la dirección que la economía va a tomar, sino también en cuanto al impacto que el plan tenga al momento de aplicarse. Un plan económico no puede ser exitoso si hay un problema de credibilidad sin resolver. Es este problema de credibilidad lo que me hace escéptico de que los problemas económicos puedan ser resuelto por el actual gobierno sin un claro y fuerte cambio de actitud y perfil (mantener a los mismos funcionarios, pero que dejan de ser K).

Nicolás Cachanosky es Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE), y Doctorando en Economía, (Suffolk University). Es profesor universitario.