Crisis cambiaria y desafíos políticos y económicos

Por Adrián Ravier.  Publicado el 2/9/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Crisis-cambiaria-y-desafios-politicos-y-economicos-20180902-0004.html

 

Es necesario aclarar que la crisis cambiaria no es “volatilidad cambiaria”. El dólar no sube y baja.
Lo que se observa es una continua corrección hacia arriba del precio de esta divisa que por estos
meses escasea en Argentina, sin cosechas, sin exportación y sin inversión extranjera directa.

En diciembre de 2015 el tipo de cambio estaba atrasado. Mientras el nivel de precios subía
aceleradamente, el gobierno kirchnerista había puesto un cepo sobre el dólar. Levantar el cepo le permitió a Cambiemos corregir parcialmente aquel problema, pero la cuestión de
los dólares futuros vendidos a un precio de regalo/negocio por Vanoli/Kicillof impidió que
la corrección sea mayor.
El 2016 fue entonces un año de pequeña crisis, con escaso ajuste, que sentó las bases para
un rebote en 2017. Una vez que el 2017 empezó a mostrar buenos síntomas en la actividad,
el empleo y la pobreza, Cambiemos se convenció de un camino gradual. Los “plateístas
liberales” cuestionaron el coexistir con niveles de déficit fiscal que llevaron a la ruina a la
Argentina sucesivas veces en nuestra lamentable historia, pero fueron ignorados y
condenados.
El gradualismo en el frente fiscal se convirtió en inacción. Es cierto que se quitaron
subsidios a los servicios públicos, pero otros gastos adicionales anularon aquel impacto
fiscal. Es cierto que se despidieron algunos trabajadores en agencias del Estado, pero otras
contrataciones compensaron aquellas bajas. Es cierto que el déficit fiscal primario se
redujo levemente, pero los nuevos intereses por la deuda que se tomaba superaron
ampliamente aquella baja, elevando el déficit financiero.
Argentina es un país raro a los ojos del mundo. Mientras escasea la inversión y nos
consumimos el capital, los argentinos usamos a Chile de shopping y a Uruguay y Brasil
como destino vacacional. Creíamos ser más ricos de lo que realmente éramos y es que el
dólar estaba barato.

Bastó una mala cosecha, para que escasean un poco más los dólares y se enciendan las
alarmas por los vencimientos de deuda. Cambiemos fue a buscar al FMI, y la respuesta
pareció lógica. “Yo te entrego estos u$s 50.000 millones para que cubras tus necesidades
financieras, pero no podés usar este dinero para cubrir el déficit de cuenta corriente, es
decir, para seguir comprando en Chile y seguir haciendo turismo extranjero.”
¿Cómo se soluciona esto? Dejando de intervenir en el mercado cambiario para que los
argentinos veamos el costo real del dólar. Así la divisa comenzó a escalar. En menos de
un año observamos subas a 17, 23, 25, 28, 30, 37…

La devaluación de este 2018 empezó a compararse con aquella de 2001. Pero el
paralelismo me parece inapropiado. Que el tipo de cambio nominal salte de 1 a 4 es
semejante a un cambio de 20 a 80. Aun estamos muy lejos de ese escenario, lo que no
implica ignorar los costos de esta escalada.
También es necesario aclarar que la crisis cambiaria no es “volatilidad cambiaria”. El dólar
no sube y baja. Lo que se observa es una continua corrección hacia arriba del precio de
esta divisa que por estos meses escasea en Argentina, sin cosechas, sin exportación y sin
inversión extranjera directa.
Cambiemos consigue con esto algo que muchos economistas pedían desde hacía tiempo:
un tipo de cambio real alto que siente las bases para comenzar un proceso de
crecimiento económico genuino.
Otros problemas, sin embargo, persisten. El primero de ellos es de carácter político y es la
imagen improvisada que ofreció el gobierno. La crisis cambiaria pedía respuestas desde el
gobierno, y Nicolás Dujovne y Macri salieron a declarar. “Hemos acordado con el FMI un
adelanto de fondos para cubrir nuestras necesidades financieras hasta las elecciones”, se
dijo.
Pero ni el FMI respaldó estos anuncios, ni fueron suficientes para el mercado porque la
preocupación se sostiene hasta después del 2019. Si Mauricio Macri no es reelecto, ¿qué
garantías existen de que no habrá un default en 2020? La pérdida de credibilidad es una
consecuencia lógica, pero el problema es aun mayor cuando el mercado de deuda local es
pequeño para financiar el déficit, y los mercados internacionales se retiran de los
emergentes ante subas continuas de tasas en Estados Unidos.
Por estas horas el gobierno trata de resolver la imagen improvisada que dejó con los
últimos anuncios. El lunes se anunciaría una reducción del número de Ministerios a la
mitad, de 20 a 10, lo cual reduciría la estructura del Estado. Cambiarán algunas caras y
se anunciarán recortes presupuestarios, como por ejemplo en obra pública. El objetivo es
reducir la dependencia de este financiamiento externo, cuando comprendimos que esto
compromete el modelo económico y las posibilidades de reelección del oficialismo.
Simultáneamente Dujovne viaja a Washington para buscar apoyo financiero y quizás
algunas variantes al acuerdo con el FMI.
Un segundo problema, ahora de carácter económico, es que hace algunos meses que la
economía ya está en estanflación (recesión + inflación). Y mientras Caputo, el reemplazante de Sturzenegger en el Banco Central, contrae la oferta monetaria para contener la inflación,
la actividad económica se contrae todavía más.
Se creía que la recesión terminaría a fines de 2018 y habría un rebote y recuperación en
2019. Pero la crisis cambiaria no se detuvo, y los plazos empiezan a correrse
peligrosamente para Cambiemos. El escenario “optimista” todavía se mantiene, porque es
posible que esta devaluación tenga un rebote y recuperación del salario real y del consumo
en 2019, además de la llegada de divisas por cosecha y turismo, pero será fundamental
observar en qué mes se inicia el rebote para analizar las posibilidades ciertas de
Cambiemos en la reelección.
Me parece que los desafíos que enfrenta Cambiemos son demasiado significativos para
poner la mente en las elecciones. Mucho más fértil sería que concentre su atención en
resolver los desequilibrios económicos. Que complete su mandato sentando las bases para
iniciar un proceso de crecimiento genuino, es quizás todo el aporte que podemos pedirle.
No será la primera vez que el gobierno electo que enfrenta tamaños desequilibrios, no
sobreviva a los ajustes implementados. El costo social es demasiado alto, para que el
electorado mantenga el apoyo, y más aun cuando se demoró tres años en implementar las
medidas necesarias.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Las verdaderas trabas al desarrollo

Por Alejandro Alle. Publicado el 25/6/12 en: http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=7020972

 Nunca será ocioso enfatizar la importancia de las instituciones para que un país alcance el desarrollo económico. Porque eso es lo que El Salvador debe perseguir: el desarrollo, y no un mero crecimiento aleatorio, como hicieron (porque pudieron…) varios de sus vecinos del sur.

En efecto, algunos países latinoamericanos, beneficiados por el viento de cola de los altos precios de las materias primas que exportan, han tenido crecimientos muy significativos, aún careciendo de instituciones sólidas. Esa es la historia reciente en buena parte de Sudamérica. Una historia que, junto con el viento, ya está empezando a amainar.

El Salvador no tiene esa característica: el viento de las materias primas suele soplarle más en contra que a favor. Pero eso mismo les ocurre a muchos países históricamente desarrollados. Y también a la mayoría de los recientemente desarrollados, como los tigres asiáticos, cuyo éxito dista de ser un mero y casual crecimiento del PIB, gentileza de la naturaleza. Como los que Sudamérica tiene desde hace 200 años: pan para hoy, hambre para mañana.

La abundancia de materias primas es, en verdad, apenas eso: una simple característica, que a algunos países les permite crecer cuando sopla el viento. Ello ocurre a pesar de (y no gracias a…), los gobernantes que tienen.

Desde la opinión económica se puede hacer mayor o menor énfasis en temas estrictamente técnicos: ventajas o no del dólar, implicancias de que la relación Deuda/PIB sea mayor que 50%, o efectos de los subsidios sobre la sostenibilidad o no de las cuentas fiscales.

Los números son muy importantes, sin dudas. Que los números sean buenos es una condición necesaria para el desarrollo. Pero no suficiente.

Prueba de ello es El Salvador, que no logró salir del subdesarrollo aún cuando tuvo números mejores que ahora. Las culpas van bastante más allá de los circunstanciales poderes ejecutivos. Y aunque a algunos les guste la idea…, no hay una confabulación internacional en su contra. Las causas son bien locales.

Y allí es donde la opinión económica suele fallar por no hacer el suficiente énfasis en la importancia de las instituciones. La innecesaria lucha entre poderes del Estado actualmente en curso, afecta mucho más al desarrollo que una emisión más o menos de Letes, o un punto porcentual más o menos en la relación Deuda/PIB.

Afecta mucho más que su clase dirigente, en particular la política pero no sólo la política, evidencie tanta incapacidad para ponerse de acuerdo en unos pocos temas vitales. Sólo un ingenuo creería que a las decisiones legislativas las toman 84 personas. Las personas relevantes son muchas menos.

El énfasis en las instituciones debe hacerse con criterio y sin chicanas: no faltarán quienes aleguen que los tigres asiáticos tienen otro tipo de instituciones, más autoritarias, con la resignada intención de justificar que “aquí no se puede”. O quizás con la intención de señalar que “el único camino es el autoritarismo”. Conclusiones falsas.

Evidentemente sería más fácil por la fuerza que por la razón. Pero en nuestras sociedades ese camino ha demostrado ser el equivocado. Lo cual no quiere decir que no deba haber “orden y progreso”, lema que ningún gobernante brasileño se atrevió a quitar de su bandera.

Mucho se ha hablado sobre la involución de El Salvador en diversos rankings internacionales de competitividad, de facilidad para hacer negocios, y de libertad económica. Son sólo el termómetro que indica la fiebre.

Altos niveles de competitividad favorecen la rentabilidad de las inversiones efectuadas en una economía. Y dado que la rentabilidad es un formidable impulsor del crecimiento económico, cierra un círculo virtuoso: competitividad/ productividad, prosperidad personal, rentabilidad, crecimiento genuino. Desarrollo. La ruta es clarísima. Y no hay otra.

Pero la cura no pasa por mirar el termómetro con ingenua esperanza. Menos aún por lamentarse de que la fiebre no baje, cosa que nunca ocurrirá mientras no se comience el tratamiento. ¿Cuál? Tomar conciencia de la importancia de las instituciones.

Dale River. Volvimos.

Alejandro Alle es Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

 

Inflación, estabilidad del sistema financiero o impulso a la reactivación:

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 11/3/12 en http://guillermoluiscovernton.wordpress.com/

Probablemente coincidamos en aceptar  que de lo que más se habla, lee y escribe en estas últimas semanas, o en lo que va de este año, es sobre la discusión entre impulsar el consumo, apoyar la demanda, y disponer de las reservas del banco central para otorgar créditos. O, en opinión de los que sostienen ideas opuestas, combatir la inflación, mantener bajo control la expansión monetaria, preservar la independencia del banco central, conservar el poder adquisitivo del ahorro y dar reglas de juego sostenibles en el tiempo, que permitan encarar inversiones de largo plazo.

No quiero debatir sobre quiénes tienen más razón en estos enfoques, todavía. Pienso que es mucho más importante analizar otras cuestiones de fondo, importantísimas, que probablemente obtengan mucho más consenso.

Y sobre las que es muy difícil encontrar desacuerdos, al menos por parte de  estudiosos serios y desprejuiciados que se dediquen al análisis de coyuntura.

En concreto, voy a referirme a estos dos temas: La confianza y la asignación de recursos. Y como puede influir ellas en el debate al que aludimos recién.

Muchos voceros oficiales se desviven en destacar que el gobierno actual recibió amplio apoyo en las últimas elecciones. Y que eso indica adhesión a lo que llaman “el modelo”.

Pero sobre esto, cabe hacer otra interpretación: Aunque la  lista oficial haya recibido más del 50 % de los votos válidos en los últimos comicios, eso, haciendo una lectura alternativa, indica claramente que todos los demás, los que votaron a otros, los que no votaron y los que anularon su voto, están abiertamente en desacuerdo con el programa propuesto. Porque este programa era ampliamente conocido: Era la política oficial que se estaba llevando a cabo. Y si los demás no estuvieran disintiendo, hubieran colocado su apoyo en la urna.

¿Y porque es tan importante observar esto? Porque, al margen de los consensos electorales, para que una sociedad pueda llevar adelante proyectos consistentes en el ámbito económico son imprescindibles las dos cuestiones que acabo de mencionar: Confianza y correcta asignación de recursos. Las mayorías incidentales no juegan un papel demasiado importante en el crecimiento económico.

Se debate sobre reformar la carta orgánica del banco central, a efectos de que sus autoridades puedan desligarse de la obligación de preservar el poder adquisitivo de la moneda doméstica. Y así puedan dedicarse a otras funciones, que hoy se pretende jerarquizar más. Se alega que es necesario apoyar la inversión concediendo créditos con las reservas internacionales que hoy están respaldando al peso.

Pero no se ve claro, o se pretende ocultar, que semejantes medidas destruyen la confianza imprescindible para el logro del objetivo enunciado. Habrá quienes suponen que las prohibiciones al libre comercio de divisas, sostenidas con la persecución policial, impedirán que los individuos asustados, huyan del peso y se refugien en la moneda extranjera o en otros activos. Pero quienes hemos superado la barrera de los 40 años, aunque no constituyamos una mayoría electoral suficiente para influir en el congreso, sabemos perfectamente algunas cuestiones:

Me refiero a que sabemos que no bastan todas las bayonetas del mundo, ni las persecuciones políticas para impedir que si hay apenas un tercio de la población de un país que cree que el dinero se va a devaluar, como en una profecía  auto-cumplida, esto va a ocurrir inevitablemente. Ya hemos experimentado la vorágine hiper-inflacionaria más de una vez.

Voy a intentar explicar esto. Detengámonos un instante en este tema de las elecciones y las votaciones:

Presidente se elige cada cuatro años. Legisladores, cada dos. Pero si vamos a conservar el peso o lo vamos a cambiar por dólares u otros activos, eso se elige todos los días. Y también elegimos cotidianamente si vamos a llevar nuestros ahorros a los bancos, o vamos a mantenerlos en otra forma. Las prohibiciones al libre comercio de divisas solo van a lograr que las personas hagan una huída hacia los bienes reales. Si una gran empresa no puede comprar dólares para conservar el poder de su capital de trabajo, adquirirá inmuebles. O aumentará sus stocks de materias primas. O mantendrá más altos sus stocks de productos terminados. Esto impulsará la demanda de estos bienes en desmedro de la demanda de moneda. Esto es claramente inflacionario.

Si un ahorrista no logra  acceder al mercado de cambios para preservar el poder adquisitivo de sus rentas, es muy posible que tampoco acepte apostar estas rentas a la estabilidad del peso, y que prefiera retirarlas del mercado financiero, disminuyendo los depósitos bancarios y haciendo imprescindible apelar a las reservas para devolver estas colocaciones. Estas opciones son claramente alcistas para la tasa de interés bancaria. Y esto retroalimenta las expectativas inflacionarias. Y ya ha sido incorporado a la lógica del gobierno, quien reconoce que los bancos deberán levantar sus coeficientes de reservas, afectando fondos que antes se destinaban al crédito.

¿Qué va a hacer el ahorrista con estos fondos que retira de los bancos? Comprará inmuebles, bienes de refugio, o en el peor horizonte, los consumirá. Nuevamente impulsando la demanda de bienes de refugio o de bienes de consumo, en desmedro de la demanda de dinero local. Y esto es muy inflacionario.

Si un asalariado, que no se especializa en estas cuestiones, empieza a dudar de que mañana pueda comprar lo mismo que puede comprar hoy, adelantará su decisión de compra: Esto aumenta la velocidad de circulación del dinero y es claramente inflacionario. Así lo entienden casi todas las corrientes de pensamiento.

Y si un empresario asume que el poder adquisitivo del dinero puede caer y que el salario real se vería disminuido por esta misma razón, difícilmente invertirá para producir más bienes de consumo, cuya demanda supone en disminución. Y si entiende que su demanda actual no es sostenible en el tiempo, porque los individuos no ahorran, porque no pueden preservar estos ahorros del impuesto inflacionario, tampoco ampliará su capacidad de producción. Que además se erosiona día a día por desgaste u obsolescencia. Esto afecta la inversión, la productividad y la oferta de bienes. E impulsará los precios al alza.

Pero volvamos al tema de nuestras elecciones cotidianas: Cuando nos equivocamos al elegir presidente, padecemos por 4 años. Y cuando nos equivocamos al elegir legisladores, sufrimos por 2. Pero si nos equivocamos en elegir nuestra cartera de activos, lo podemos remediar mañana. Unas elecciones son rectificables mucho más rápido que otras.

Los especialistas en toma de decisiones hablan de probabilidades asociadas a cada una de las situaciones alternativas posibles, o estados de naturaleza, ya sean esos favorables o desfavorables. Estudiemos este tema en detalle: Si los horizontes posibles, para quien mantenga sus tenencias en pesos, pueden ser, o perder o quedar igual, nadie tomará el riesgo de perder.

Y entonces, veremos con más claridad cual puede llegar a ser la decisión de aquellos operadores económicos más informados. Y de los que tienen la obligación de tomar sus decisiones respaldados en mecanismos objetivos, como es el caso de los administradores de grandes empresas que cotizan en bolsa o de bancos o entidades cuya viabilidad depende de la confianza que el público deposite en ellas..

Alguien también podrá alegar que no le importa demasiado el punto de vista de estas personas, cuando los diarios muestran que hay mayorías muy importantes que piensan lo contrario. Pero aquí se olvidan otras cuestiones que son esenciales para la comprensión del fenómeno económico: Quien tiene ahorrados 10 pesos, vota 10 veces. Quién ahorro 1.000, vota 1.000 veces. Y quién ha recolectado 1.000.000 de pesos, así sea como administrador de un fondo de inversión, o como ejecutivo jefe de un gran conglomerado industrial, estará votando 1.000.000 de veces. Ellos son los que más influyen en la asignación de los recursos en la economía. Y lo seguirán siendo, salvo que el gobierno plantee implementar un sistema colectivista, totalitario y de decisión centralizada, como los que imperan en Corea del Norte, Cuba, Venezuela, por ejemplo. Y condenar a su población a los mismos niveles de pauperización que sufren estos países. Y a la misma falta de democracia.

Aquí el voto es calificado. Y las opiniones de los especialistas sí que importan. Las que no van a tener ninguna influencia serán las de aquellos que por su juventud, falta de preparación, o de experiencia de vida, no alcanzan a comprender la esencia del fenómeno inflacionario. O la de aquellos de nuestros conciudadanos menos afortunados, que no han podido educarse, o carecen de trabajo y por ende de ahorros y de salarios.

A ellos, el gobierno los estará dejando completamente desamparados. Sus salarios se verán nuevamente destrozados. Los subsidios que antes recibían se verán licuados. La disponibilidad de bienes de consumo se verá reducida. La inflación, acompañada por el estancamiento tan característico de este fenómeno, destrozará sus expectativas de una mejor calidad de vida.

Es posible que esto preocupe muy poco a los funcionarios oficiales. Para los estrategas electorales del gobierno, hay algo muy claro: Estos desamparados  solo votan cada cuatro años. O en el mejor de los casos, cada dos. Y si por ellos fuera, y reforma constitucional mediante, dejarían de votar, tal como en las aberrantes dictaduras de Corea del Norte, Cuba o Venezuela, por mencionar solo las más conocidas.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases.