Gabriela Calderón de Burgos sobre la dolarización en Ecuador

Por Iván Carrino. Publicado el 11/7/18 en: http://www.ivancarrino.com/gabriela-calderon-de-burgos-sobre-la-dolarizacion-en-ecuador/

 

Esta mañana, en #PesadaHerencia, el segmento radial que hago todos los miércoles por FM Radio Cultura, hablé con Gabriela Calderón, quien desde Ecuador nos contó de qué se trata la dolarización.

https://radiocut.fm/audiocut/embed/vert/gabriela-calderon-de-burgos-con-ivancarrino-en-pesadaherencia#

Mi conclusión sobre el tema, que no llega a escucharse en el recorte, es que la dolarización es extremadamente efectiva para terminar con el flagelo de la inflación, pero no es la solución a todos los problemas.

Finalmente, el crecimiento de largo plazo de una economía depende de cuestiones estructurales, como el gasto público, los impuestos, la regulación de los mercados y el capital humano y físico de la sociedad. Y no todas estas variables dependen de que haya, o no, estabilidad monetaria.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

La cultura del saqueo como fuente de nuestra decadencia económica

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/9/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/09/26/la-cultura-del-saqueo-como-fuente-de-nuestra-decadencia-economica-2/

 

Con este esquema el país no puede crecer a largo plazo, en base a inversiones, porque nadie invierte para ser saqueado.

La corrupción y el clientelismo generaron un sistema de destrucción de la riqueza en la Argentina.
La corrupción y el clientelismo generaron un sistema de destrucción de la riqueza en la Argentina.

Si se confirman los pronósticos que dan ganador al oficialismo, tanto en la provincia de Buenos Aires como en los distritos electorales con mayor peso electoral, el presidente Mauricio Macri no tendrá la mayoría en ambas cámaras pero habrá acumulado un capital político nada despreciable, que le otorgará un margen de maniobra más amplio, para llevar adelante reformas estructurales que nos permitan entrar en una senda de crecimiento de largo plazo.

Que hoy varios indicadores económicos estén dando bien no quiere decir que sean sostenibles en el tiempo. A modo de ejemplo, y salvando las distancias, Cristina Fernández logró mostrar durante un tiempo un fuerte aumento del consumo, pero basado en artificios económicos que hacían que ese aumento no fuera sustentable en el tiempo. Es la famosa herencia recibida.

Esperemos, entonces, que con ese mayor capital político, Macri comience a cambiar el discurso y, sobre todo, el rumbo económico. Lo que sirve para ganar las elecciones no necesariamente sirve para crecer en el largo plazo.

Mi visión es que la economía argentina tiene por delante dos grandes problemas. Uno, el de solucionar la cuestión estrictamente económica. Déficit fiscal, inflación, distorsión de precios relativos, tipo de cambio real, etcétera. El otro es la política económica de largo plazo. Cambiar por completo la política económica apuntando a crear las condiciones necesarias para atraer inversiones, incrementar la productividad de la economía, generar más demanda de trabajo y así comenzar un ciclo de crecimiento de largo plazo.

Pero claro, esas condiciones necesarias para atraer inversiones requieren de algo que vengo repitiendo hasta el hartazgo: calidad institucional. Me refiero a las reglas de juego, códigos, leyes, normas, costumbres que regulan las relaciones entre los particulares y de estos con el Estado.

Lo que hoy tenemos es un sistema de saqueo generalizado. El Estado es el gran saqueador que luego decide a quien le da parte del botín. Es el que a su antojo reparte el botín del saqueo. Pero ojo, esto no es nuevo en Argentina. Nuestra larga decadencia tiene como germen esta “cultura”por la cual todos pretenden vivir a costa del trabajo ajeno y usan el  monopolio de la fuerza del Estado para que saquee a otros y luego les transfiera a ellos parte del botín. El kirchnerismo ha llevado hasta niveles insospechados esta cultura del saqueo y, a mi entender, el gran desafío de Macri consiste en empezar a desandar ese nefasto camino que se ha traducido en un gigantesco gasto público con la correspondiente presión impositiva, que ya nadie puede negar que está destruyendo la economía argentina.

¿Qué quiero decir con cultura del saqueo? No me refiero solamente a la legión de gente que recibe los llamados planes sociales y se sienten con derecho a ser mantenidos por el resto de la sociedad o a la legión de ñoquis que permanecen en el estado, sino también a que buena parte de la dirigencia empresarial local (de capitales argentinos y extranjeros) pretenden parte del botín pidiendo proteccionismo, créditos subsidiados y otros privilegios que les evite competir. Quieren un mercado cautivo para vender productos de mala calidad y a precios que no podrían cobrar en condiciones de una economía abierta para obtener utilidades extraordinarias.

Además hay sectores profesionales que actúan como corporacionesdirigentes políticos, sindicales, etcétera, que pretenden también vivir de ese saqueo generalizado.

La política económica que impera en nuestro país se basa en esta regla por la cual diferentes sectores recurren al Estado para que este, utilizando el monopolio de la fuerza, le quite a otro para darles a ellos.

Es todos contra todos. Una sociedad que vive en permanente conflicto social porque el que es saqueado por el Estado pide algo a cambio y, entonces, el Estado saquea a un tercero para conformarlo y ese tercero protesta y el Estado saquea a un cuarto sector para conformar al tercero y así sucesivamente. Obviamente que los que menos poder de lobby tienen son los perdedores de este modelo de saqueo generalizado.

Con este esquema el país no puede crecer en base a inversiones porque nadie invierte para ser saqueado. En todo caso hace un simulacro de inversión para luego saquear a otro. Pero inversiones en serio, aquellas que tratan de conseguir el favor del consumidor son mínimas con estas reglas. Es más, casi tienden a cero.

En consecuencia, no tenemos un sistema de cooperación voluntaria y pacífica por el cual un sector solo puede progresar si hace progresar a sus semejantes produciendo algún bien que la gente necesite y vendiéndolo en el mercado a precio y calidad competitivos. Por el contrario, tenemos un sistema de destrucción de riqueza. De destrozo del sistema productivo. Y eso se traduce en menos bienes para ser saqueados y repartidos. Cuanto más saquee el Estado, menos se produce, menor es el botín a repartir y mayor la conflictividad social.

Las recurrentes crisis económicas argentinas son el fruto de esta cultura del saqueo. Cuando se acaba el botín viene la crisis y empezamos de nuevo, pero no cambiamos la cultura de fondo.

El mayor problema que tenemos que enfrentar es cambiar esta cultura del saqueo por la cultura del trabajo, de la competencia, de la innovación. No es cierto que el país no esté en condiciones de cambiar esta cultura decadente. Que sea imposible llevar a cabo un cambio de estas nefastas reglas de juego sin evitar una crisis social. Eso es lo que venden los políticos que prefieren seguir teniendo el poder de saquear porque saqueando pueden retener poder político. Saqueo a unos pocos y reparto entre muchos y así gano votos, es decir, kirchnerismo en estado químicamente puro.

Podremos discutir hasta el hartazgo si gradualismo fiscal o baja del gasto público. Si hacemos una reforma impositiva que atraiga inversiones o continuamos con la cantinela de que primero hay que recaudar más para luego bajar los impuestos y delirios de ese tipo.

Ahora, lo que seriamente tenemos que plantearnos es si vamos a seguir usando al Estado para robarnos unos a otros (el robo legalizado, como lo llamaba Bastiat) o le ponemos un límite en que el monopolio de la fuerza que le delegamos es para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas y no para que lo use para saquear en nombre de la solidaridad social. Verso también inventado por los políticos para decir que tienen el monopolio de la benevolencia y así seguir saqueando a los sectores productivos para repartir el fruto del saqueo y ganar votos.

En síntesis, terminar con esta competencia populista en que se ha transformado la democracia en Argentina y volver a una democracia republicana.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Haga Patria: Compre Lebac

Por Iván Carrino. Publicado el 21/9/17 en:

 

Con tasas de Lebac en 27%, muchos piensan que se amenaza a la actividad económica. En este artículo te cuento por qué se equivocan.

El martes por la tarde, el Banco Central volvió a licitar sus ya famosas Lebac. Los vencimientos ascendían a $ 484.200 millones y pudieron renovarse $ 437.400 millones, estirando los plazos y con una tasa de hasta 27,35% anual.

Para los inversores, esto es una buena noticia. Si anualizamos los últimos tres meses de inflación, estamos en un 18,2%, por lo que la tasa de la Lebac más larga está pagando casi 10 puntos por encima del aumento de los precios.

Obviamente, esta tasa “alta” genera preocupación entre algunos analistas y políticos. Es que suele pensarse que una tasa positiva en términos reales puede frenar el crecimiento económico.

El razonamiento es el siguiente: con un instrumento financiero que le brinda al inversor una ganancia prácticamente sin asumir riesgo alguno, ¿quién querría invertir en la compra de una máquina, una fábrica, o cualquier emprendimiento productivo? El que está pensando en tomar una decisión de inversión, seguramente elegirá comprar Lebac y no destinar sus fondos a “la economía real”.

Esta narrativa suena lógica. Sin embargo, existen al menos tres motivos para pensar que la tasa de Lebac no es enemiga de la producción, sino todo lo contrario.

Tasas bajas no estimulan la economía

La tasa que busca mantener el Banco Central es positiva respecto de la inflación. O sea, busca que tenga sentido el ahorro y que el aumento de los precios no se coma su poder de compra.

Ahora si eso fuera nocivo para la economía, lo contrario debería también ser cierto. Es decir, una tasa de interés negativa respecto de la inflación debería dar como resultado una actividad económica vibrante. No obstante, eso no es lo que ocurre.

Si miramos los datos de los últimos 5 años hasta 2015, puede verse con claridad que la tasa de interés que establecía el BCRA (tomamos el promedio anual de la LEBAC de más corto plazo), siempre ofreció rendimientos que estaban por debajo de la inflación del período.

Ahora esto no generó ningún boom de actividad ni mucho menos.

En el mismo lapso, la economía no solo no avanzó casi nada, sino que, en términos per cápita, retrocedió. Es decir, se combinó una tasa real negativa con un descenso en el nivel de vida de la gente. Hoy, con tasas positivas, la economía crece. Algo no cuadra.

Si baja la inflación, la Lebac reactiva la economía

Otro punto a destacar es que las Letras en cuestión son uno de los instrumentos que utiliza el Banco Central para regular la masa monetaria y controlar la inflación. En este sentido, si el nivel de tasa de interés logra hacer que la inflación caiga, entonces eso será expansivo para la economía.

Como suele decirse, la inflación es un impuesto no legislado por el congreso. Y bajar un impuesto equivale a reducir los costos de producción. Una menor inflación facilita la planificación y baja los costos de hacer negocios en el país. Eso de ninguna manera le resta a la actividad económica. De hecho, hace todo lo contrario.

Más ahorro, más crecimiento de largo plazo

Detrás de la idea de que la elevada tasa de interés es mala para la economía está una cierta reticencia al ahorro. Se asume que si se ahorra “mucho”, entonces no habrá incentivos para producir. “¿Para qué producir algo si nadie quiere consumirlo?”, pensarán algunos.

El problema con este enfoque es que no comprende la correcta función del ahorro. Como explicó Böhm-Bawerk hace 116 años, ahorrar no implica dejar de demandar bienes y servicios, sino trasladar esa demanda hacia adelante. Es decir, al comprar un título de deuda que me permite preservar mi capital en el tiempo, lo que hago es dejar de demandar bienes en el presente, para demandar en el futuro.

Esto no solo indica que inter-temporalmente no hay caída de la demanda, sino que también envía la señal a los productores de que los consumidores están dispuestos a esperar más tiempo para consumir. Eso ofrece un margen para que los productores acumulen más bienes de capital y mejoren sus procesos de producción.

El resultado es una mayor y mejor producción de bienes y servicios. Es decir, más crecimiento económico de largo plazo.

Si el Banco Central, gracias a su política de tasas, logra recuperar la “cultura del ahorro”, entonces podría estar sentando las bases de un crecimiento mayor y sostenible en el tiempo.

Conclusión

Los demagogos de turno suelen acusar a la política monetaria contractiva de ser enemiga de la actividad económica. Sin embargo, la acusación no tiene fundamentos.

En primer lugar, porque cuando la política monetaria es “ultra-laxa”, no se verifica que se estimule el crecimiento. En segundo lugar, porque al bajar la inflación, la política monetaria se vuelve amiga del crecimiento. Por último, porque es el ahorro el que permite que la economía se vuelva más capital intensiva, haciendo que podamos vivir mejor.

Lo dicho hasta acá no quita que haya cuestiones a considerar y mirar críticamente respecto de la acción del BCRA. Sin embargo, algunas observaciones son solo mitos urbanos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El tigre celta nos marca el camino para crecer

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/9/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/09/12/el-tigre-celta-nos-marca-el-camino-para-crecer/

 

En Argentina chocan la presión impositiva con las aspiraciones de crecimiento de largo plazo. Irlanda logró crecer con rebaja de impuestos

La modernidad también forma parte del paisaje de Dublín. (iStock)
La modernidad también forma parte del paisaje de Dublín.

En el mundo en general y en Argentina en particular, los gobiernos no buscan cuánto tienen que cobrar de impuestos para mantener un Estado eficiente, buscan el máximo de expoliación posible. Dado que la democracia parece haberse transformado en una competencia populista en la cual gana el que más y mejor promete quitarle a unos pocos para distribuirlos entre muchos, limitar el gasto público luce como una utopía.

Los gobiernos quieren gastar cada vez más, para eso necesitan recaudar más y es en ese punto en el que chocan la presión impositiva con las aspiraciones de crecimiento de largo plazo. Esa competencia populista lleva a tal voracidad fiscal que impide el proceso natural que consiste en primero generar más inversiones para luego, ante la mayor demanda de mano de obra y productividad de la economía, pagar mejores salarios y, como resultado final, mejorar el nivel de consumo. Veamos cómo se comportan los gobiernos.

GRÁFICO 1

El Gráfico 1 nos muestra la famosa curva de Laffer. En el eje vertical se mide cuánto recauda el gobierno y en el horizontal la tasa del impuesto a las ganancias. Si la tasa es cero se recauda cero y si la tasa es del 100% también se recauda cero porque no hay estímulo para producir dado que todas mis ganancias se las lleva el Estado.
A medida que el estado va aumentando la tasa impositiva, la recaudación va subiendo. En el gráfico que muestro con números que son solo ejemplos, si el estado cobra el 5% de impuesto, recauda 9. Si sube la tasa al 20%, la recaudación aumenta a 30 y así hasta llegar a la tasa del 50% (es solo un ejemplo) donde se recauda el máximo que es el punto C en el gráfico. A partir de esa tasa de impuesto, si el Estado sigue aumentándola, disminuye la recaudación. ¿Por qué?

Porque estimula el trabajo en negro, cierran empresas que no pueden bancar esa carga tributaria, conviene producir menos para pagar menos impuestos, etcétera. Digamos que en los estados populistas, el gobierno para esquilmar a la oveja directamente la mata.

El Gobierno debería plantearse qué desea: ¿recaudar más o crear un clima que atraiga las inversiones y cree puestos de trabajo? Planteo este punto porque la actual carga tributaria solo promete matar puestos de trabajo y espantar inversiones. Si el objetivo es llegar al punto C de la curva de Laffer, es posible que se logre, pero lo que seguro no se conseguirá es hacer crecer la economía, mejorar los ingresos reales y producir un verdadero tsunami de inversiones que permita absorber los 250.000 jóvenes que anualmente se incorporan al mercado de trabajo, pasar empleados públicos al sector privado y aumentar tanto la demanda laboral para que los piqueteros ya no tengan excusas para no trabajar.

¿Es posible lograr ese tsunami de inversiones bajando los impuestosy flexibilizando el mercado laboral? Veamos el caso de Irlanda. En 1981 tenía una tasa de impuesto a las ganancias de las corporaciones del 45% y a partir de la década del 90 comienza a reducirla aceleradamente hasta llegar al actual 12,5 por ciento.

GRÁFICO 2

Si bien la baja del impuesto a las ganancias de las corporaciones comienza a acelerarse a principios de los 90, es a fines de esa década que disminuye fuertemente. ¿Qué paso con la recaudación del impuesto a las ganancias a las corporaciones al bajarse la tasa?

GRÁFICO 3

A principios de los 90 cuando la tasa del impuesto a las ganancias de las corporaciones baja del 43% al 40%, 38% y continúa bajando, el impuesto pasó a representar el 1% del PBI hasta llegar a un máximo del 3,71% del PBI. La caída que se observa a partir de 2008 es producto de la crisis internacional pero luego se estabilizó por arriba del 2% del PBI con tendencia al alza. El último dato disponible de 2014 la relación era del 2,39% del PBI. A pesar de la crisis y de tener una tasa de impuesto del 12,5% en vez del 45% como era en 1981, hoy se recauda, en términos de PBI, un 54% más de impuesto a las ganancias de las empresas aplicando solo el 12,5 por ciento.

Este dato muestra lo falso que es el argumento de los populistas y progresistas de establecer un impuesto alto a las empresas para recaudar más y redistribuir. A mayor presión tributaria menos recurso para redistribuir.

GRÁFICO 4

Aún más, en 1982 el impuesto a las ganancias era del 50% para las empresas y representaba el 30% de la recaudación total (Gráfico 4). Con una tasa del 12,5% en 2015 el impuesto a las ganancias de las empresas representó casi el 40% del total de la recaudación. La simple observación del gráfico muestra la tendencia ascendente de la participación del impuesto a las ganancias a medidas que va bajando la tasa de imposición. Pero la gran ganancia estuvo en la Inversión Extranjera Directa (entrada neta).

En la década del 80, con tasas del 50% de impuesto a las ganancias la IED representaba el 1% del PBI, en 2016 representó el 26% del PBI, de acuerdo a datos del Banco Mundial. Puesto en euros fueron 25.300 millones. La IED creó más de 200.000 puestos de trabajo para un país con solo 4,5 millones de habitantes.

En síntesis, el caso de Irlanda muestra claramente que no es cierto que primero haya que combatir la evasión para bajar las tasas impositivas. La curva de Laffer ha demostrado que funciona perfectamente en el caso irlandés, donde no se perdió recaudación, creció fenomenalmente la inversión, el ingreso per capita supera al de Inglaterra y el déficit fiscal de 2016 fue de solo el 0,5% del PBI. Por algo le dicen a Irlanda el tigre celta.

Argentina podría transformare en el tigre latinoamericano, pero para eso tiene que copiar a los países que les va bien y dejar de insistir con la medicina progresista, que lo único que ha logrado hacer progresar es la pobreza.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

La Argentina no puede darse el lujo de no ser competitiva en materia impositiva

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 22/8/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/08/22/la-argentina-no-puede-darse-el-lujo-de-no-ser-competitiva-en-materia-impositiva/

 

El típico argumento para no bajar los impuestos en forma inmediata es que primero hay que reducir la tasa de evasión impositiva. Es decir, una vez que muchos contribuyentes paguen altos impuestos es posible pensar en bajar la tasa de los mismos

 

En primer lugar, es muy raro que un político vaya a bajar los impuestos si logra que muchos paguen altos impuestos. Tener plata para hacer populismo siempre es una tentación difícil de ignorar. Hay que tener una fuerte convicción republicana para bajar el gasto público.

En segundo lugar, esta historia la vengo escuchando desde hace décadas: primero hay que bajar la tasa de evasión y luego podremos reducir los impuestos. La evidencia empírica muestra que a mayor carga tributaria más trabajo en negro y a los que estamos en blanco nos cocinan a fuego lento con una presión tributaria cada vez más asfixiante.

Cabe destacar que la Argentina es uno de los países con una tasa del Impuesto a las Ganancias para las empresas más alta del mundo. Siendo que necesitamos en forma urgente inversiones para crear puestos de trabajo y entrar en una senda de crecimiento de largo plazo, Argentina no puede darse el lujo de no ser competitiva en materia impositiva. Ya bastante tenemos con cargar en nuestro historial con ser uno de los países en que el estado viola sistemáticamente las reglas de juego, como para encima pretender atraer inversiones con semejante carga tributaria, que encima no permite el ajuste de los balances por inflación.

El gráfico muestra con nitidez que en la Argentina estamos más caros que el promedio de América Latina, el promedio de Europa, Asia, etc.

 Ya bastante tenemos con cargar en nuestro historial con ser uno de los países en que el estado viola sistemáticamente las reglas de juego, como para encima pretender atraer inversiones con semejante carga tributaria

La pregunta es ¿por qué invertir en Argentina si hay países que tienen un Impuesto a las Ganancias a las corporaciones mucho menores como, por ejemplo, Irlanda, que le cobra el 12,5% o Suecia que aplica solo el 22 por ciento?

¿Funciona la curva de Laffer como para bajar los impuestos en Argentina?

La referencia que uno puede tomar es la fuerte baja de impuestos que aplicó Ronald Reagan en 1981, algo que ahora quiere reeditar Donald Trump.

Considerando el desafío que tenemos por delante de atraer inversiones es bueno preguntarse si en los hechos funciona la curva de Laffer. Al respecto una buena referencia es Irlanda que bajó de tal manera la tasa del Impuesto a las Ganancias para las corporaciones que el resto de Europa la acusa de dumping impositivo.

El otro caso emblemático es el de la administración Reagan. Recordemos que Ronald Reagan bajó la tasa marginal más alta que era del 70% al 28%. La pregunta que sigue es: ¿qué ocurrió con la recaudación de los impuestos federales a lo largo de esos 8 años? Si comparamos la recaudación de impuestos federales contra el PBI, Reagan logra obtener casi los mismos ingresos tributarios que cuando asumió.

Como puede verse en el siguiente gráfico, Jimmy Carter deja su último año de mandato en 1980 con una relación recaudación impuestos federales/PBI del 18,1% y Reagan deja su último año de mandato con una relación del 17,5%, solo 0,6 puntos porcentuales menos pero con la economía creciendo y habiendo bajado la inflación que recibió de Carter de dos dígitos anuales a un dígito.

Es más, en 1989 los ingresos federales superaban al promedio de la década del 70 o los igualaban a pesar de haber bajado fuertemente la carga tributaria.

El plan económico de Reagan se basaba en tres pilares: 1) baja de impuestos; 2) reducción del gasto público; y 3) desregular la economía. La baja de impuesto se produjo. La desregulación de la economía fue muy amplia. Se eliminaron controles de precios que venían de la era Carter. Reagan enfrentó la huelga de los controladores aéreos. Los reemplazó por controladores de la fuerza aérea y los despidió. Al igual que Tatcher que se mantuvo firme con la huelga de los mineros, una de las claves de ambos mandatarios fue no achicarse ante la extorsión sindical. También Reagan desreguló el precio del petróleo. Lo que no consiguió fue reducir el gasto público. El incremento en el gasto se produjo por más gastos en defensa (recordemos que en esos años todavía estaba la guerra fría) y el incremento de los intereses de la deuda pública como parte del gasto federal a raíz del mayor déficit fiscal inicial.

El resultado de la política económica de Reagan fue un crecimiento promedio anual del 3,8%; bajó la inflación de dos dígitos altos a una inflación anual del 3 al 4 por ciento anual, la desocupación que estaba en el 7,2% cuando se fue Carter, subió en los dos primeros años y luego fue descendiendo hasta llegar al 5%. Lo que tuvo Reagan fue un aumento del déficit fiscal inicial que llegó al 5,7% del PBI pero terminó reduciéndolo al 2,7% a pesar de no haber bajado el gasto público, lo cual indica que la combinación de reducción de impuestos y desregulación de la economía fue lo suficientemente potente como para incrementar la recaudación.

 En el gobierno de Ronald Reagan terminó reduciéndolo al 2,7% a pesar de no haber bajado el gasto público, lo cual indica que la combinación de reducción de impuestos y desregulación de la economía fue lo suficientemente potente

Volviendo a la Argentina, tanto EE.UU. como Irlanda y la reducción y quita de retenciones a las exportaciones de granos en nuestro país muestran que importantes reducciones tributarias generan un estímulo significativo en la economía ya que le devuelven poder de compra al contribuyente y transforman inversiones que antes no eran viables por la carga tributaria en inversiones viables. Sólo basta ver cómo están creciendo las ventas de tractores, cosechadoras, silos, etc. para advertir cómo la inversión se dispara cuando se reduce la carga impositiva.

Si luego de las elecciones el Gobierno logra un acuerdo con la oposición (PJ no k, massismo, etc.) para encarar una importante reducción impositiva; una reforma del Estado que permita bajar el gasto público (en nuestro caso va a ser indispensable porque el gasto público y déficit fiscal son récords heredados del kirchnerismo) y desregular aún más la economía, no sé si se darán los 20 años de crecimiento que pronosticó Nicolás Dujovne, pero sin duda por varios años la economía entrará en un sendero de crecimiento de largo plazo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.