No es cierto que la inflación esté bajando

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 17/4/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/04/17/no-es-cierto-que-la-inflacion-este-bajando/

 

Cuando uno ve que empiezan a justificar la inflación porque subieron las tarifas de los servicios públicos, la carne, comenzaron las clases o los repollitos de bruselas, entonces no están dando una explicación del problema

Cuando uno ve que empiezan a justificar la inflación porque subieron las tarifas de los servicios públicos, la carne, comenzaron las clases o los repollitos de bruselas, entonces no están dando una explicación del problema inflacionario sino que está buscando excusas.

Claramente el BCRA cometió dos errores al errarle en sus metas de inflación. Para 2017 se había establecido una meta de inflación del 12/17 por ciento y terminó siendo del 24,7%. Para el año en curso habían establecido una meta del 10%, luego la corrigieron al 15% y hoy esa meta ya parece inalcanzable. La inflación promedio mensual abril-diciembre debería ser del 0,84% mensual para cumplirse con la meta del 15%.

Un BCRA que carga sobre sus espaldas haber destruido 5 signos monetarios desde 1935 y encima errar la meta de inflación dos meses seguidos, lamentablemente no genera la confianza como para que el peso sea creíble.

El primer dato a considerar es que la inflación núcleo que estima el INDEC no contempla los bienes con estacionalidad, ni los que tienen alto componente impositivo, vivienda, electricidad, transporte público, etc. Justamente en marzo, la inflación núcleo se disparó alcanzando el 2,6% de incremento en marzo respecto a febrero. Es más, el IPC da un aumento del 25,4% marzo 2018 versus marzo 2017 y la inflación núcleo, en el mismo período, tiene un aumento del 22,4%, es decir, seguir insistiendo con que la inflación es causa de las tarifas de los servicios públicos o el bife de chorizo no parece muy razonable desde el punto de vista económico. Puede ser que, puntualmente, los aumentos de tarifas de los servicios públicos o del tipo de cambio impacten en el IPC, pero esos aumentos puntuales no pueden explicar una inflación sostenida.

Gráfico 1

El otro argumento que usan desde el gobierno es que la inflación está bajando. En ese punto también tenemos un problema de interpretación. Depende con qué momento se compare, ¿la inflación está bajando o no? Si comparamos 2017 contra 2016, hay una baja por el ajuste de tarifas y salida del cepo cambiario, pero luego la inflación se mantiene en el orden del 25% anual que es la misma inflación que había en la era k.

Gráfico 2

El gráfico 2 muestra que la inflación del 2017 efectivamente fue menor a la de 2016 pero está en los mismos niveles que en la era k desde el 2007 cuando, salvo en 2009 por la crisis mundial, bajó la tasa de expansión monetaria. Si tomamos marzo 2018 versus marzo 2017 la inflación se mantiene en el 25% anual.

Lo que ocurre es que el gobierno compara contra el 2016 y muestra esa baja en la tasa de inflación que puede verse en el gráfico 2 al comparar 2017 con 2016 que tuvo una inflación del 40,7% contra el 24,7% de 2017. Pero el dato es engañoso.

Y el dato es engañoso porque si uno observa la evolución del IPC de los últimos 11 meses puede ver que, efectivamente baja respecto a 2016 pero claramente la inflación está estancada en un piso del 23% y un techo del 25% anual cuando se van comparando cada uno de los meses con igual mes del año anterior, como puede verse en el gráfico 3

Gráfico 3

Lo que muestra el gobierno es la baja respecto al 2016, pero no muestra el estancamiento que se ve en el círculo a partir de junio de 2017.

El problema que tiene el gobierno para quebrar la inflación es el déficit fiscal. Es falso que la suba de salarios o cualquier otro costo de producción generen inflación. Los precios de los costos de producción los determinan los precios que la gente esté dispuesta a pagar por cada bien. Dicho de otra manera, es falso que una empresa pueda sumar cualquier costo de producción, agregarle una utilidad y así establecer el precio de venta de sus productos. En la realidad el sistema funciona al revés. Es el precio que el mercado está dispuesto a pagar por cada producto y la cantidad que la empresa puede vender de ese producto, el que determina los costos de producción.

Supongamos que contrato 20 secretarias, 30 economistas, alquilo las oficinas más caras de Buenos Aires y me muevo en una limousine con chofer. Sumo todos esos costos, le agrego mi utilidad y por cada conferencia mía sobre la situación económica pido U$S 1 millón. Dudo que alguien vaya a contratarme. Lo que hago es estimar cuántas conferencias puedo dar, estimar qué precio el mercado está dispuesto a pagar por mis conferencias y en base a esos ingresos puedo establecer en que costos de producción puedo entrar para sostener mi estudio. Exactamente lo mismo le pasa a las empresas. Por eso, no es cuestión de controlar precios, costos de producción o márgenes de utilidad. Esa es una burrada típica del pensamiento fascista para controlar los precios.

Gráfico 4

La clave del problema inflacionario está en el gráfico 5. El BCRA está emitiendo a una tasa anual que está en el rango del 27 al 35 por ciento anual. ¿Con esa tasa de emisión monetaria pretenden bajar la  inflación? Y la razón de esa emisión monetaria es el déficit fiscal.

Dardo Gasparré explica en su nota del sábado pasado (http://bit.ly/2HpZMjn) que la economía está subordinada a las necesidades electorales del gobierno. En otras palabras, toda la política económica está al servicio de las necesidades electorales del gobierno. Es cierto que ese mecanismo le está sirviendo para ganar las elecciones…por ahora, pero también es cierto que seguir subordinando la economía a las necesidades políticas del gobierno incrementa el problema heredado del kirchnerismo. Al lío del gasto público, presión impositiva, distorsión del tipo de cambio, sobredimensionamiento del sector público y déficit fiscal, ahora le sumamos un monumental stock de LEBACs, junto con una creciente deuda pública que no es sostenible en el tiempo como forma de financiar el déficit fiscal, además de agregar problemas como la distorsión del tipo de cambio y el déficit de cuenta corriente del balance de pagos.

En definitiva, la inflación no baja porque el gobierno no está dispuesto a pagar el costo político de bajar el gasto público heredado del kirchnerismo. Opta por privilegiar votos antes que solucionar el problema económico, algo que, a mi entender, es un error, porque tal vez el gobierno podría invertir parte de su capital político para bajar el gasto público, equilibrar las cuentas del estado y reducir la inflación con el consiguiente beneficio político. Bajar la inflación mediante la reducción del gasto público, podría generar grandes dividendos políticos a la hora de contar los votos. Salvo, claro está, que la apuesta sea a que, dada la presencia de opositores que espantan votos, es mejor sostener esta inflación que la gente parece bancarse porque la opción política es peor y continuar apostando a que el financiamiento externo se mantenga indefinidamente.

Finalmente, subir la tasa de interés si la inflación no cede, no es a mi juicio una solución. En todo caso aumentará el arbitraje tasa versus dólar y generará una mayor gasto cuasifiscal.

Que se entienda, las medidas financieras o cambiarias no son sustituto de las reformas estructurales.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Bitcoins y el Teorema de la Regresion

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 6/7/13 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2013/07/06/bitcoins-y-el-teorema-de-la-regresion/#more-5286

El problema de cómo aplicar el Teorema de la Regresión (TR) al caso de los Bitcoins ha sido de particular interés en la blogosphera que ha tratado este tema. En algunos casos, dado que los Bitcoins no poseen valor de uso no monetario se concluye que es un contra-ejemplo al teorema. En otros casos se sostiene que aún aplica dado que necesariamente debe haber un valor no monetario que sirva de referencia en la primera transacción. ¿Cómo extender el TR al caso de los Bitcoins? Comparto algunas reflexiones tentativas.

 En los ejemplos asociados al TR, tanto en Menger como en Mises, el dinero mercancía se puede usar tanto para consumo como para transacciones tal cual está. Es decir, sin pasar por un proceso productivo relevante. Un caso claro es del ganado. Basta también, por ejemplo, con poner la sal en una recipiente, o mágicamente transformar una piedra de oro en monedas y listo. Dado que el mismo bien posee un valor de uso no monetario, el proceso productivo no ha sido de mayor interés.

Las Bitcoins, sin embargo, deben ser producidas haciendo uso de poder de cómputo. Y si bien el Bitcoin en sí no posee valor de uso no monetario, sus factores de producción (poder de cómputo y tiempo) sí poseen un valor de uso alternativo al de producir Bitcoins. Es decir, el valor de uso de estos factores de producción es en última instancia imputado por otros bienes de consumo. Por lo que el capital y factores productivos necesarios para producir Bitcoins deben competir entre “producir Bitcoins” y “producir otros bienes de consumo.”

La primera unidad de Bitcoin, entonces, puede ser valuada por el diferencial entre el costo de transacción de una operación y el costo de producir el Bitcoin. Supongamos que Sr. A debe dar 10USD al Sr. B y se pierden 10USD por costos de transacción. En la medida que producir Bitcoins cueste menos que 10USD es económico producir Bitcoins y usarlos como “medio de intercambio de un medio de intercambio.” Supongamos también que Sr. C puede producir Bitcoins por 7USD. El Sr. C produce un Bitcoin que vende a 100 y compra a 96USD (puntas bid/ask.) El Sr. A entonces puede comprar el Bitcoin por 100USD, entregarlo al Sr. B quien lo cambia por 98USD con el Sr. C. En este ejemplo el Sr. B gana 2USD y el Sr. C 1USD por transacción. El total son 7USD que es la diferencia entre el costo de transacción y el costo de producir el Bitcoin (3 USD.)

Pero el Sr. B, en este caso, no toma los Bitcoins para consumo, sino que lo toma para utilizarlo como medio de intercambio con el Sr. C (tal cual es el caso en el ejemplo del paso del trueque a dinero con bienes de consumo “físicos.”)

Además, en la medida que le Sr. C logre generar demanda (atesoramiento) de Bitcoins, entonces el beneficio de su producción de Bitcoins se incrementa. El Sr. C se vuelve en uno de los “bancos Hayekianos” en desnacionalización de la moneda, donde el banco emite dinero base en lugar de sustitutos del dinero base.

En la medida que entendamos por el TR una aplicación acotada, donde el valor de uso debe ser exclusivamente del bien a ser utilizado como moneda, es difícil hacer encajar el teorema al Bitcoin (sin apelar al consumo de “curiosidad” o del “ocio” de experimentar con dinero electrónico, que puede ser lo suficientemente relevante.)

En la medida que creamos, que más allá de los ejemplos históricos utilizados por Menger y Mises, el TR puede ser más amplio e incluir al valor de uso alternativo de los factores de producción como punto de referencia válido, entonces la aplicación es más directa y fácil de encajar.

Es cierto que el Bitcoin en sí no posee valor de uso no monetario, pero no es menos cierto que el uso de los factores de producción (más intangibles como la curiosidad, etc.) sí puede servir de referencia en el primer cálculo del es el precio del primer Bitcoin. Es una situación similar a cuando Smith dice que en primeros intercambios era la hora trabajo referencia para realizar intercambios (no la fuente de valor, como a veces se confunde.)

La posibilidad de negocio (y el por qué no es explotado) por parte de los bancos en situaciones como esta es estudiada por Thomas Hogan (West Texas A&M University) en este paper (aquí un resumen en PVE.)

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y profesor universitario.