De la realidad de la reactivación, al desarrollo

Por Aldo Abram: Publicado el 30/6/16 en: http://www.cronista.com/economiapolitica/De-la-realidad-de-la-reactivacion-al-desarrollo-20160630-0094.html

 

Empieza el segundo trimestre y todas las expectativas están puestas en la “promesa” de una recuperación económica. Para no alentar falsas esperanzas, hay que entender cómo se dará; ya que la magia no existe. El proceso de caída del nivel de actividad empezó a mediados de 2015, cuando el gobierno anterior se quedó sin caja para darle combustible artificial. Y si bien continuó este año, fue debido a los costos de resolver los problemas heredados por la actual gestión.

La reactivación tendrá como origen la inyección de riqueza por la venta de la cosecha gruesa y, además, la posibilidad de contar con una mayor producción y exportación agropecuaria durante el segundo semestre. Hay que tener en cuenta que, en los últimos años, en el campo más eficiente del mundo y gracias a la mala gestión anterior, solamente resultaba rentable sembrar soja. Por otro lado, la resolución de la “cesación de pagos selectiva” debido al no cumplimiento del fallo que beneficio a los holdouts en Nueva York habilitó un mayor ingreso de capitales del exterior que le dará financiamiento a la demanda interna; dinamizando la economía. Otro factor que ayudará es que el nuevo gobierno ya logró ordenar las cuentas por obras públicas que le dejó por pagar el anterior. Esto le permite volver a asignar recursos a poner en marcha la inversión en infraestructura. Con todo esto se debería poder superar el problema que significa la mala evolución de nuestras ventas a Brasil, que está en crisis y tardará en superarla.

Cabe aclarar que nos encontramos en el fondo de un pozo y empezaremos un duro ascenso. Lograr los niveles de bienestar que teníamos a fin de 2015, nos llevará todo el segundo semestre y, los de mediados de 2015, los veremos en la segunda mitad de 2017. Además, el modelo anterior se basaba en exprimir al sector productivo de bienes, especialmente al del interior del país, para generar un incremento artificial del consumo, particularmente el urbano. Esto era insostenible, significaba comerse la gallina de los huevos de oro en un gran guiso. Como ahora se deja de esquilmar a los sectores que generan riqueza, serán éstos y las regiones del interior las que se recuperarán más rápido, para luego llegar a las grandes ciudades.

Si bien es cierto que alguna crisis internacional podría complotar contra esta expectativa de recuperación, los factores internos están alineados para que se haga realidad. La economía argentina entro en debacle y se reactivó en muchas oportunidades, el verdadero desafío es cómo logramos un incremento sostenido del nivel de actividad, que nos lleve al desarrollo y a un mayor bienestar económico en el tiempo.

Necesitamos crear 4.000.000 de empleos productivos hasta el 2020 y, por ende, a muchos inversores locales y extranjeros que produzcan y generen esos puestos de trabajo en Argentina. La clave está en  la Auditoría de Clima de Negocios de Argentina que realizó “Libertad y Progreso” con los datos del Índice de Libertad Económica 2015 del Fraser Institute. Si vemos cuál es el promedio de las notas de los 157 países analizados ronda 7 puntos, así que tomémoslo como la calificación para aprobar.

Obviamente, nuestro país no logra promocionar con la general, donde puntuamos 5,20. Tampoco en la eficiencia del gasto público, que sufrimos todos los días los argentinos, y, mucho menos, en cuanto a la presión impositiva, 4. Somos aún el segundo país del mundo con mayor presión tributaria del mundo, después de Comores (un país conformado por tres pequeñas islas en el oceàno Indico, al sureste de África). No podemos pedirle a un empresario que corra la carrera de la competitividad internacional con semejante mochila, así que hay que bajar los impuestos. Labor que se está haciendo; pero aún falta mucho.

En el sistema legal y la defensa de los derechos, incluido el de propiedad, la nota es 3,99. La destrucción de la seguridad jurídica fue sistemática durante los últimos 12 años. Los funcionarios avasallaron las leyes y hasta la Constitución Nacional para imponer su voluntad a los empresarios. Nadie pone un negocio para que, luego, un burócrata use el poder, que le fue delegado, para amenazarlo y ordenarle cómo debe manejarlo.

En la decisión de invertir pesa mucho el histórico desmanejo monetario que nos llevó a largos períodos de alta inflación (4,4 puntos) o a controles de cambio, como el cepo (0,8 puntos). Es bueno que haya un compromiso de ir a tasas similares a las de los países serios de la región, 5%, para 2019.

Para que los empresarios ofrezcan los mejores productos al mejor precio es fundamental que puedan comprar insumos de màxima calidad al precio más conveniente; pero Argentina optó por encerrarse cada vez más (3,77). Además, los consumidores tienen derecho a poder elegir comprar lo más barato y mejor; pero la única forma de lograrlo es que los emprendedores argentinos compitan con los del exterior. Si no, estamos poniendo a los consumidores al servicio de las ganancias de empresarios locales ineficientes. El gobierno ha dado muestra de querer impulsar una mayor integración desde el MERCOSUR o favorecer la posibilidad de poder hacer tratados comerciales individuales con terceros países. No es casualidad que los que más se desarrollaron en las últimas décadas en la región sean los que más avanzaron en ese proceso de asociación comercial con el mundo.

Por último, las regulaciones burocráticas son un gran dolor de cabeza, para los emprendedores (particularmente las PyMes) (5.1 puntos) y todos los ciudadanos. Los burócratas de todos los niveles estatales han pretendido regir la vida de sus conciudadanos de las formas más absurdas (5,81 puntos). Gran parte del esfuerzo de nuestros productores de bienes y servicios se pierde en atender estas innecesarias normas que, lamentablemente, alientan la corrupción (2,78 puntos).

Como observamos, si queremos un país que progrese de la mano de verdaderos emprendedores que inviertan e innoven en la Argentina, hay mucho para hacer. Un aliciente es saber que, si el país hubiera mantenido su participación del 2000 en la inversión productiva que llega del exterior a América Latina, hubiéramos tenido más de US$ 20.000 millones anuales de inversión en los últimos 4 años. Con eso se hubieran podido crear más de 500.000 empleos productivos anuales, cuando casi no se crearon. Ánimo.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y ex director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

¿Habrá «otoño» antes del «invierno»?

Por Aldo Abram. Publicado el 14/4/13 en http://www.lanacion.com.ar/1572314-habra-otono-antes-del-invierno

 El «veranito» económico nunca llegó y, ahora, nos queda esperar un tibio «otoño», antes del «invierno». ¿Qué pasó? Las expectativas estaban puestas en que las exportaciones industriales serían arrastradas por un mayor dinamismo de Brasil. Si bien no está a la altura de algunas estimaciones infundadas, por ejemplo, el sector automotriz local logró mejorar su performance gracias a sus ventas con ese destino. Sin embargo, el conjunto de las exportaciones no repunta y el Gobierno empieza a rezar para que la cosecha de soja sea buena y se venda bien. De ello depende una «transfusión de riqueza» para impulsar una debilitada demanda interna.

Aunque crezca más Brasil no nos comprará a cualquier precio. Por lo tanto, nuestros productores tendrán que competir por esa demanda externa «remando» en contra del elevado proteccionismo y del cepo cambiario. El primero los obliga a producir bienes más caros y con peor calidad, al verse imposibilitados de elegir entre todos los proveedores de insumos del mundo y obligados a comprar lo que consigan en el mercado local.

En tanto, el Banco Central deprecia el peso para cobrar un creciente impuesto inflacionario y transferírselo al Gobierno para financiar sus excesos de gasto; pero, con el cepo, no reconoce plenamente la devaluación de la moneda local en el tipo de cambio oficial. Actualmente, el Gobierno les paga a quiénes producen bienes exportables alrededor de 65% del valor real de sus dólares y esta diferencia se ampliará a medida que pase el tiempo. El problema es que la inflación sí se refleja en los costos de los productores que pierden competitividad.

Por ello, las economías regionales y aquellas industrias que son relativamente menos eficientes han empezado a tener dificultades para poder producir a precios atractivos para los compradores extranjeros; lo que tenderá a agravarse. Incluso, afectará a sectores como el agropecuario, que, cuando vea el pobre beneficio que le dejó la actual cosecha y que en el futuro será peor, bajará su inversión en la próxima siembra y, por ende, obtendrá un menor rendimiento. Muchos de los que utilizan áreas marginales directamente dejarán de producir. Por lo tanto, es previsible que las exportaciones del año entrante tengan una pobre evolución, con tendencia a empeorar en el tiempo.

El congelamiento de precios planteará dificultades similares. El costo salarial de los insumos importados y de los locales seguirá subiendo, de la mano del impuesto inflacionario y del alza del dólar oficial. Si no pueden subir sus precios, los empresarios tendrán menor incentivo para producir, a menos que alguien piense que lo seguirán haciendo aunque no ganen plata e, incluso, a pérdida. Consecuentemente, es previsible que haya desabastecimiento y, seguramente, en los negocios minoristas más pequeños se conseguirán los productos faltantes a lo que efectivamente valen. Nada nuevo bajo el sol argentino; pero es bueno tener claro que, a más duración del congelamiento, menor producción.

El cepo, también, tuvo un duro impacto negativo sobre el sector inmobiliario y la construcción. Es posible que el primero se acomode un poco y, con menores precios, haya alguna leve mejora de la operatoria. En el caso del segundo, dependerá de la necesidad de algunos de proteger sus ahorros en blanco, que no puedan transformar en dólares. El sector público nacional aumentará algo su inversión, exprimiendo al Banco Central. Sin embargo, la mayoría de los municipios y gobernaciones, que las recortaron para superar el ahogamiento financiero al que llegaron por el exceso de gasto electoral de 2011, no han logrado recomponerse. Por lo tanto, tendrán pocas posibilidades de hacer obras si el Estado nacional no les transfiere plata.

Las empresas privadas invertirán sólo lo que les demanden sus necesidades operativas, a menos que estén en un nicho extremadamente rentable. Los que dependan del capital externo es lógico que sean reacios a vender divisas a un 65% de su valor real, cuando no saben si les permitirán recuperar sus ganancias. La seguridad jurídica en la Argentina está continuamente jaqueada por la arbitrariedad de políticas populistas y, como van las cosas, por una justicia que verá diluirse su independencia y será poco confiable a la hora de defender los derechos ante avasallamientos del poder de turno.

Con suerte, tendremos algún mayor dinamismo en el segundo trimestre; pero se empezará a diluir durante el tercero. Un creciente estrés político electoral y la profundización del modelo harán su aporte para incentivar un menor consumo e inversión y mayor fuga de capitales. Luego, es poco probable que la situación deje de desmejorar; aun cuando se intente algún desdoblamiento cambiario. Sí puede traer algún alivio inicial, pero no resuelve los problemas de fondo del cepo. Lamentablemente, este modelo marcha hacia una recesión y, muy probablemente, hacia una crisis cambiaria, como todos los que tuvieron algún tipo de control de cambios en la repetitiva historia económica argentina.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .