El plan quinquenal: la decadencia

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 17/12/18 en: https://www.ambito.com/el-plan-quinquenal-la-decadencia-n5005427

 

Desde el inicio de su mandato como jefe de Gobierno porteño quedó claro que Mauricio Macri provocaría la decadencia del país. Al llegar a la Nación siguió con el mismo “modelo”.

Mauricio Macri

Es imposible mejorar y ser eficiente, en cualquier actividad, sin competencia: no se puede ser buen tenista sin un contrincante, solo peloteando en un frontón, ni se puede ser un buen equipo de fútbol -como Riber, con la B de Bernabeu- solo tirando pelotas al arco. Por lo que solo la actividad privada en competencia -desregulada- es eficiente. En contraposición con la actividad estatal, que jamás es competitiva, o porque el Estado le garantiza “reservas de mercado” o porque, como Aerolíneas Argentinas, no compite realmente desde que el Estado le asegura “los goles”, es decir, que el Tesoro le gira todos los fondos necesarios para cubrir su déficit y, así, no tiene aliciente para ganar.

Por esto es que, un país es eficiente y crece en la medida del tamaño de su sector privado competitivo e, inversamente, decrece cuanto más se agranda su sector estatal. Así las cosas, desde el principio de su mandato en la CABA, quedó claro que Macri provocaría la decadencia del país: con la excusa de que, por ser opositor, la Nación no le giraba fondos, aumentó impuestos, regulaciones, empleados públicos y empresas estatales, es decir, aumentó la ineficiencia a costa del sector privado.

Y, al llegar a la Nación, como era de esperarse, continuó con el mismo “modelo” que dice que “es el correcto” y los burócratas internacionales lo apoyan -obvio, son burócratas estatales- con lo cual, como seguramente será reelecto según veremos, Argentina tiene por delante otro quinquenio de decadencia.

De los tres años de gobierno de Macri en la Nación, sólo en uno, 2017, el PBI creció, pero no verdaderamente, sino inflado gracias a créditos que supusieron un brutal aumento de la deuda -y de las tasas de interés, quitando recursos al sector privado-, siendo que en el acumulado registra una caída de algo más del 18%. Por su parte, el dólar aumentó casi 300% y, según Eco Go, la inflación acumulada se rondará el 158% a pesar de haber sido contenida por la recesión que dificulta inhibe que los empresarios aumenten precios, mientras que la suba de tarifas acumulada hasta este diciembre rondará el 280%.

Por cierto, quitar subsidios es de justicia si y solo si se les devuelve a los consumidores el correspondiente porcentaje de los impuestos con los que se solventaba ese subsidio, pero Macri “se quedó con el vuelto”: subió tarifas y no bajó impuestos, por el contrario, los subió provocando una fuerte -y muy injusta- caída en el poder adquisitivo de la gente. Mientras que en 2018 los salarios aumentaron sólo 31%, la suba interanual de precios terminaría en alrededor del 47,5%.

Dicen quienes justifican a Macri que, si bien los números no son buenos “se hicieron cambios estructurales” y que la culpa de la caída del PBI en 2018 habría sido de la sequía y la crisis cambiaria. Pues no hubo tal crisis, salvo en la imaginación de quienes no saben cómo justificar sus erradas predicciones, sino solo una previsible y justa apreciación del dólar.

Y no recuerdo que ninguna economía seria, ni Japón, ni EEUU, ni Alemania, que tuvieran caídas en el PBI por culpa de una sequía, o de un tsunami, o de un huracán como Katrina que destrozó, literalmente, a Nueva Orleans y el PBI de EE.UU. ni se inmutó. Si recuerdo, en cambio, que desde que China comenzó a realizar verdaderos cambios estructurales, “promercado”, su PBI entro rápidamente en una espiral de crecimiento de hasta el 13,5% anual llegando a ser hoy la segunda economía global.

Y la crisis argentina se profundiza. La construcción cayó 6,4% anual en octubre de este año, la industria 6,8%, el comercio minorista (CAME), la venta de autos 0 km y los despachos de cemento mostraron fuertes caídas mientras que la recaudación de la AFIP subió solo 34% anual, muy por debajo de una inflación que rondaría el 47%, proyección que pone en jaque al Presupuesto 2019. La Bolsa porteña cae más del 50% en dólares en lo que va de 2018 y empeora.

El 52% de los productores del campo cree que la situación de su empresa está peor que el año pasado, según SEA-CREA, a pesar de ser el sector más optimista, y un 70% de los consultados aseguró que no cree que estén dadas las condiciones para realizar inversiones. En el agro, las necesidades de financiamiento de las compañías serán mayores en la campaña 2018/19 respecto de la anterior, lo que se va a complicar notoriamente con estas altísimas tasas a partir de las de referencia que, del 70%, por ahora bajaron al 59%.

Por cierto, los REM del BCRA parecen un ranking de quién yerra más, habría que premiarlos con el récord Guinness. Todos los gurús empezaron diciendo que en 2018 se crecería alrededor de 3% y 3,5% en 2019 y lo peor del caso es que lo dijeron sin fundamento serio, pero aun así siguen pronosticando con la misma “certidumbre” y ahora dicen que, si bien habrá una caída del PBI de un -2,4% en 2018 y alrededor de -1% en 2019, en el famosísimo “segundo semestre” de 2019 empezaría la recuperación, dicen.

Entretanto, el FMI en octubre de 2017 estimó que el PBI en 2019 crecería 3,2% y ahora dice que caerá -1,7%. Si seguimos la curva de las proyecciones que venía haciendo (para 2019, +3,2%, luego +1,5% y ahora -1,7%) en marzo del año que viene dirá que el PBI caerá más del -3% en 2019 y aún más en 2020 y esto sí se acercará más a la realidad.

Además, tiene sentido lo que dicen muchos analistas -como el Estudio Broda– de que la curva de rendimientos de los bonos argentinos está indicando que el mercado tiene “serias dudas” sobre el financiamiento público a partir de 2020, cuando el programa financiero oficial asume que se recupera el acceso a los mercados de deuda en condiciones razonables. La asistencia del FMI se reduce y cubre 14,7% de las necesidades brutas. Y podría ocurrir una “reestructuración de deuda post 2019” salvo que el riesgo-país baje de los 500 puntos cuando hoy ronda los 750 y tiene ganas de seguir subiendo.

En el Gobierno insisten en que el rendimiento de los bonos que vencen luego de las elecciones “reflejan el riesgo político post electoral”. No es muy serio que en el mercado todavía se dude de la reelección de Macri y que esto traiga cierta incertidumbre.

Los mejores científicos políticos de EEUU tienen esto de las campañas muy estudiado. Las personas no votan racionalmente -de todos modos, los políticos dicen una cosa y luego hacen otra, de modo que no se los puede votar por sus programas- sino con “el corazón”. En particular, en el caso de las mujeres el proceso psicológico es muy parecido al de “elegir un marido”. Así, termina ganando básicamente quién tiene más y mejor publicidad y el oficialismo, al tener el aparato de gobierno, gana lejos en esto.

Además, más allá del discurso, la gente es conservadora, o sea, prefiere “malo conocido que bueno por conocer”. Total, que gana las elecciones quién va por la reelección en un porcentaje muy alto de veces: de los 24 presidentes -regulares, no como Gerald Ford que asumió por renuncia de Nixon- que fueron por la reelección en EEUU, 17 fueron reelectos, es decir el 70%, porcentaje que se eleva mucho en países con tendencias populistas como el nuestro. Así ganaron Menem, Cristina, Evo, Dilma Rouseff, Bachelet, Ortega, Santos, Correa, etc. Y pasa lo mismo a nivel diputados y senadores que van por la reelección, los “incumbents” que, según estadísticas recogidas por OpenSecrets.org, en más del 90% de los casos ganan la reelección.

O sea que Macri será reelecto, salvo una “catástrofe nuclear” que muy difícilmente ocurra. Ni siquiera el hecho de que el juez federal Claudio Bonadio haya citado a Franco y a Gianfranco Macri, padre y hermano del Presidente respectivamente, y aun recordando al “arrepentido” primo Calcaterra, podría cambiar esto.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La corrupción es inherente a la falta de límites al poder

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 9/8/18 en:  http://economiaparatodos.net/la-corrupcion-es-inherente-a-la-falta-de-limites-al-poder/

 

Los escándalos que últimamente vienen destapándose en América Latina, en general están asociados a gobiernos de izquierda, progresista o populistas, como los de Correa, Lula y los Kirchner, por no hablar del chavismo

Los escándalos de corrupción que últimamente vienen destapándose en América Latina, en general están asociados a gobiernos de izquierda, progresista o populistas, como los de Correa, Lula y los Kirchner, por no hablar del chavismo. No es casualidad que estos tipos de gobiernos sean los más ligados a grandes casos de corrupción. La razón fundamental para que la corrupción florezca en estos tipos de gobiernos tiene que ver con la falta de límites al poder del gobernante o, si se prefiere, al poder que vuelve a tener una dirigencia política que es un retroceso institucional a la época de las monarquías absolutas.

En una conferencia que Hayek dictó en 1976 en el Instituto de Asuntos Públicos, Nueva Gales del Sur, titulada ¿Adónde va la democracia? Afirma: “El advenimiento de la democracia en el siglo pasado (habla del siglo XIX) provocó cambios decisivos en el ámbito de los poderes de gobierno. Durante siglos los esfuerzos habían sido dirigidos hacia la limitación de dichos poderes, y la evolución gradual de las constituciones no había servido a otro propósito que éste”, pero enseguida agrega: “Súbitamente se creyó que la limitación del gobierno por los representantes electos de la mayoría tornaba innecesario el control de los poderes gubernamentales, de modo que podía hacerse caso omiso de las distintas garantías constitucionales desarrolladas con el transcurso del tiempo”.

Puesto en otras palabras, el esfuerzo de limitar el poder surgido de la democracia liberal dio paso a que ignoraran todo tipo de restricción aquellos que tenían una circunstancial mayoría de votos, volviéndose al tipo de gobierno de los días de las monarquías absolutas. La democracia degeneró en una competencia populista en la que el que tiene más votos se siente con derecho a no respetar los límites que debe tener todo gobierno. Basta recordar aquella famosa frase de Cristina Fernández, diciendo: si no les gusta, armen un partido político y ganen las elecciones, para advertir que para ellos el voto da derecho a todo. O sea, para este tipo de gobiernos, los votos dan derecho a ejercer el poder sin límites, lo que Hayek llamó la democracia ilimitada.

El gran crecimiento económico a partir del siglo XIX tiene que ver no tanto con los inventos sino con la mejora en la calidad institucional de los países que adoptaron democracias liberales en que se restringía el poder de los monarcas.

La nueva ola de democracias ilimitadas, en las que el voto de la mayoría es considerado como el pasaporte al poder absoluto del gobierno electo, nos retrotrae institucionalmente y eso impacta en el crecimiento económico. Por eso hay toda una corriente de análisis de la economía y las instituciones en que se analiza el marco institucional de los países para explicar su crecimiento o su decadencia. La decadencia está en los países con gobiernos que no tienen límites en el poder.

La corrupción es consecuencia de esa decadencia institucional. ¿Cuándo hay corrupción? Cuando el gobernante tiene el poder de decidir arbitrariamente ganadores y perdedores dentro de una política económica. Cuando el ingreso de las personas no depende tanto de su capacidad de abastecer a sus semejantes de bienes y servicios de buena calidad, sino de los favores del funcionario público, surgen las razones para “comprar” el favor del funcionario público. Los controles de precios son un ejemplo claro de una de las puertas a la corrupción. Si la vida de mi empresa depende de que un funcionario público firme una autorización para que pueda aumentar los precios de mis productos, enseguida pueden aparecer las coimas para autorizar esos aumentos de precios de los cuales depende la vida de mi empresa. El funcionario pasa a tener el poder de “vender” la supervivencia de un sector o su muerte. Pero en el caso del kirchnerismo, tal vez el negocio de las autorizaciones de aumentos de precios haya sido un kiosco menor. El intervencionismo estatal fue lo más amplio posible para generar muchas fuentes de ingresos.

Hoy todos hablamos de los cuadernos de la obra pública, pero atención que en la época kirchnerista se asignaron U$S 161.000 millones a subsidios económicos, de los cuales U$S 139.000 millones fueron destinados a subsidiar transporte y energía, donde hay sospechas tan grandes de corrupción como en la obra pública. Ni que hablar de los subsidios sociales, tema sobre el que vengo insistiendo que tienen que ser revisados. No puede ser que el kirchnerismo haya dejado un millón de beneficiarios de pensiones por invalidez entre 2003 y 2015 sin que hubiese habido una guerra, un terremoto o un tsunami. Nuevamente, quien tiene el poder de otorgar esos subsidios, los otorga a gente que puede competir en las olimpíadas a cambio del correspondiente peaje.

¿Qué control puede uno esperar de un Congreso que tiene 80 empleados por cada senador y 24 empleados por cada diputado y dónde la biblioteca tiene 1.700 empleados? ¿Esos van a ser los que van a controlar al Ejecutivo?

¿Qué control puede uno esperar de un congreso de la provincia de Buenos Aires en el que se van a gastar $ 6.800 millones este año sin que el ciudadano sepa en qué se gasta ese dinero porque el presupuesto de la provincia de Buenos Aires es un secreto de estado? Y si vamos a niveles municipales el escándalo de los concejos deliberantes es parecido pero en escala menor a los del Congreso de la Nación y de las provincias.

Todo este negocio de la política tiene un costo que hay que mantener y ese costo se transforma en impuestos que deben pagar los sufridos contribuyentes. Pero como además la política se ha transformado en un negocio, hay que conseguir el favor del votante ofreciéndole todo tipo de subsidios y “beneficios” de un estado benefactor que en realidad es una pantalla para esconder la corrupción más descarada que uno pueda imaginar.

No es casualidad que en Argentina hayamos llegado a tener 8 millones de personas que trabajamos en blanco y 20 millones de personas que todos los meses pasan a buscar su cheque por la ventanilla de pagos del estado.

El destrozo económico que genera ese corrupto armado institucional es enorme. Las razones son varias: 1) se dilapidan miles de millones de pesos de los contribuyentes en mantener el aparato del funcionamiento de la  política. Hay que nombrar en cargos públicos a punteros que nunca van a sus puestos de trabajo y se quedan “trabajando” en su provincia para el diputado o senador que los nombró, 2) ¿cómo se bancaba a la militancia de La Campora? Con miles de puestos de trabajo que son retribuciones a la “militancia” que paga el contribuyente, 3) los subsidios económicos dieron lugar a que se manejaran millones de dólares en barcos que traían gas a precios desorbitados y a que se manejaran fortunas en efectivo para subsidiar el transporte público, 4) mantener a miles de piqueteros, “inválidos” y demás beneficiarios de planes sociales tiene un costo fenomenal para el contribuyente.

En definitiva, hay corrupción cuando en, nombre de la solidaridad social y los “precios justos”, los funcionarios públicos tienen poderes propios de la época de las instituciones arbitrarias de los monarcas absolutos. Con el Kirchner llegó a niveles impensados porque armaron toda su carrera política como si fuera una sociedad anónima cuyo objetivo fuera delinquir.

No es casualidad que regalaran millones de jubilaciones a personas que nunca habían aportado, el fútbol para todos, las tarifas de servicios públicos baratas y demás “beneficios sociales”. Entretuvieron a la masa del pueblo con el televisor en cuotas y mientras tanto robaban a cuatro manos.

Pero esto que estamos viviendo hoy con los famosos cuadernos, debería dejar como enseñanza que detrás de toda política populista no solo se esconde una fenomenal ineficiencia económica que tiene como contrapartida impuestos, regulaciones y controles que espantan la inversión y retrasan el nivel de vida del país. Además, es la pantalla perfecta para la corrupción. La ineficiencia económica es doble. Por el lado de la ineficiencia económica y por el lado de lo que se roba detrás de la escenografía de las políticas de solidaridad social.

La lección debería ser no creer que el voto soluciona todo. No es cierto que con la democracia se come, se cura y se educa. Se come, se cura y se educa con calidad institucional. Limitando el poder de los gobernantes Con el voto sin restricciones al gobierno se puede volver al poder las monarquías absolutas y despóticas. Limitar el poder del estado, es decir el grado de discrecionalidad con que los funcionarios declaran ganadores y perdedores de la economía, debe ser reducido a su mínima expresión. Por algo todos estos populistas hablan con desprecio del mercado y se erigen en la reserva moral del país que van a redistribuir con justicia social la riqueza que se genera. Es su manera de conseguir poder político vía los votos para robar y la excusa para establecer regulaciones, subsidios y demás controles que son la puerta para abrir el negocio de la corrupción.

La combinación de la ineficiencia económica que genera el populismo junto con la corrupción que conlleva el populismo, hacen económicamente inviable un país, destruyen la cultura del trabajo y las mafias terminan apoderándose del control del monopolio de la fuerza, llegándose a extremos como es el caso del chavismo en Venezuela.

El origen del mal está en no limitar el poder del estado. Una vez que no se limita al gobierno, la corrupción se enquista en el poder y eso lleva a violar los derechos individuales. Y si hay que matar a un fiscal, se lo mata con tal que la verdad no salga a la luz.

Esperemos que, a partir de estos cuadernos, en la Argentina tengamos un Nuremberg de la corrupción. Tal vez sea un buen punto de partida como base fundacional de una nueva Argentina. O de la Argentina que una vez fuimos hasta que llegó el populismo con su ineficiencia y corrupción.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Descentralización y gasto

Por Gabriel Boragina Publicado  el 14/8/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/08/descentralizacion-y-gasto.html

 

Hay autores que, comprendiendo los nocivos efectos que un gasto público desbordado puede ocasionar, han insinuado diversas recetas para contenerlo. Por ejemplo:
“Con el fin de establecer defensas institucionales sólidas frente a demandas sociales que no es posible atender en el corto plazo y evitar eventuales desbordes populistas, cabe sugerir: [….] Reservar al Presidente de la República (o Primer Ministro en un régimen Parlamentario) -también por norma constitucional- la iniciativa exclusiva de ley en materias que signifiquen aumento del gasto público, mayores beneficios previsionales, creación de empleos estatales o incrementos tributarios.”1
El objetivo es plausible, y ya nos hemos explayado sobre los males de un gasto público que no cumple ni con las finalidades del gobierno, ni permite libertad a la actividad privada. Si bien la cita enuncia como problemas “el aumento del gasto público, mayores beneficios previsionales, creación de empleos estatales o incrementos tributarios”, poniendo a todos ellos -al parecer- en un mismo rango, en rigor los beneficios previsionales, los empleos estatales y los incrementos tributarios son consecuencia y no causa del gasto público. Por supuesto que, el gasto no se reduce a estos ítems, sino que sus partidas comprenden muchas otras erogaciones, pero el autor citado ha querido circunscribirse a aquellas que -según él- considera las de mayor demanda social.
Ahora bien, la cuestión de otorgarle al presidente de la república o primer ministro facultades exclusivas en materia de iniciativa legal para proponer medidas semejantes es, desde nuestro punto de vista y como habitualmente se suele decir, “un arma de doble filo”. Pareciera que la idea es sustraerle al congreso o parlamento tales prerrogativas, presumiblemente porque ha de suponerse que los legisladores o parlamentarios serán mas vulnerables que el presidente o primer ministro a las presiones populistas. Sin embargo, nosotros no encontramos base, ni lógica ni racional, a tal interpretación. Por el contrario, creemos no equivocarnos si observamos que la experiencia política (la latinoamericana es un muy buen ejemplo) demostró que han sido muchos presidentes los que fueron susceptibles y altamente influenciables a las demandas populistas. Perón en Argentina, Getulio Vargas en Brasil, y mas tarde Chávez en Venezuela, los Kirchner nuevamente en Argentina, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, etc. impulsaron y dieron cabida por igual a las pretensiones populistas para elevar el gasto público (sistemáticamente llamado “social” como si pudiera existir algún gasto público que no tuviera por destino satisfacer una demanda social).
Finalmente, habría que apuntar que la medida propuesta podría atentar contra la división republicana de poderes, y -al mismo tempo- ser una tentación para ambiciones personalistas y -por ultimo- para aspirar a la implantación de una dictadura. Instintivamente, no nos parece prudente la propuesta. Que la iniciativa legislativa sobre el gasto público se concentre en una sola mano como que se distribuya entre muchas no es por cierto mejor que contar con una regla que lo limite, sea quien fuere quien la proponga.
Tampoco resulta tranquilizante la necesidad de una reforma constitucional para determinar quien será -en suma- quien tendrá la iniciativa de proponer leyes sobre el gasto público. Por triste experiencia es sabido que las reformas constitucionales son ocasiones propicias para que los políticos que las llevan a cabo introduzcan de contrabando muchas otras normas que poco o nada benefician a la comunidad, y si -en cambio- favorecen sus propias posiciones de poder. Los ejemplos abundan en la historia de reformas constitucionales que, lejos de ser positivas para el interés de la gente, han resultado -por el contrario- muy negativas, sobre todo en materia de derechos individuales
“Debe comprenderse que no existe una definición precisa, mucho menos una fórmula —ni un sentido general, ni específico para cada país— ya sea para medir el nivel óptimo de descentralización o para indicar la ubicación ideal de los recursos, responsabilidades y poderes entre las diferentes esferas del gobierno. Vale la pena ilustrar la simple comparación de la evolución de la distribución gubernamental del gasto público en Chile y en Brasil desde la década de los ochenta. Mientras que en el primero la participación de los gobiernos subnacionales en el gasto nacional ha crecido del 4 al 13%, en el segundo se ha elevado del 35 al 48%; en otras palabras, la descentralización chilena ha avanzado más en términos relativos, aunque sigue siendo un sistema tan centralizado como lo fue Brasil en los años de apogeo del régimen militar.”2
La primera observación a realizar respecto de este párrafo arriba transcripto es que el autor hace una completa asimilación entre nivel de gasto público y descentralización. Es decir, toma ambos términos como sinónimos. Los gobiernos centrales pueden favorecer el aumento del gasto público provincial o estadual, o pueden desalentarlo. Las provincias o gobiernos subnacionales pueden endeudarse a cuenta de las arcas nacionales, o hacerlo por su cuenta. Todo ello debería estar debidamente reglamentado. Y por sobre todas las cosas, limitado. Habría que encontrar mecanismos por los cuales se habilitara una enmienda constitucional que solamente tuviera por objeto fijar una regla restrictiva a la facultad de los gobiernos -tanto nacionales como provinciales- a endeudarse sin mas limite que el de la propia voluntad política por encima de los recursos reales y efectivos con los cuales aquellos verdaderamente cuentan en sus tesoros.
Cuestiones diferentes son la descentralización del gasto y la de funciones. No son lo mismo o, al menos, no nos parece tan seguro que ambos conceptos lo sean. Pensamos como cosa distinta la descentralización de funciones y el costo que cada una de esas funciones demande concretamente al ente político o administrativo que tenga a su cargo. Determinada función puede delegarse a una repartición administrativa, provincial o municipal. No obstante, a menos que se le conceda una completa y absoluta autarquia, podría legalmente establecerse que la financiación de dicha actividad quedara a cargo del gobierno nacional. Este seria el caso de una mera descentralización funcional pero no financiera. Se delegan o descentralizan las funciones, pero no su financiamiento Claro que se podría cuestionar -con razón- de que este se trate de un verdadero caso de descentralización, dado que, quien maneja los fondos necesarios para la función es (en los hechos) el que esta gestionando la función, ya que sin tales recursos la función seria imposible de cumplir, por mucho que se la hubiera descentralizado legalmente.
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1 EDGARDO BOENINGER-“El papel del Estado en América Latina”- Capítulo I. En Rolf Lüders. Luis Rubio-Editores. Estado y economía en América Latina. Por un gobierno efectivo en la época actual. CINDE CIDAC, pág., 124.
2 JOSÉ ROBERTO RODRIGUES AFONSO – THEREZA LOBO.”Descentralización fiscal y participación en las experiencias democráticas tardías”, Capítulo V. pág. 259-260. En Rolf Lüders. Luis Rubio-Editores. Estado y economía…Ob. Cit. ,
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

EL VÍNCULO TRUMP-PUTIN

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Ahora que el gobierno estadounidense se ha embarcado en una relación especial con el ruso, principalmente a través de su Presidente y el Secretario de Estado y los embrollos y renuncia del flamante Secretario de Seguridad, es el momento de considerar esa vinculación.

 

Aunque hay chantajes, espionajes y amenazas veladas y no tan veladas por parte de los secuaces de Putin en base a informaciones confidenciales de todo tipo que el gobierno ruso ha ido acumulando sobre la vida íntima de políticos estadounidenses incluido a Trump, aunque esto ocurre el nuevo jefe de la Casa Blanca estima que acercamientos con el Kremlin puede rendir frutos positivos a contracorriente de todo lo sucedido en los últimos cien años desde 1917, problemas con el gobierno de Estados Unidos que se acentuaron a partir de la finalización de Yalta. Ahora Trump justifica su anunciado acercamiento al decir que “Putin es muy apreciado por su pueblo y por la comunidad internacional” (?).

 

Trump preside el otrora baluarte del mundo libre y en el  contexto de sus diatribas contra la prensa llama poderosamente la atención que abandone su responsabilidad de cuidar la constitucional libertad de la expresión del pensamiento. En lugar de explicar lo que no comparte opta por insultar y por prohibir a los medios la entrada a sus  ahora llamadas “conferencias de prensa” como si fuera el dueño de la Casa Blanca y no respondiera ante el público por sus actos igual que en una “república bananera”, o como si su vocero fuera el comisario de los medios de comunicación.

 

Estremecen sus embates a la Justicia en lugar de respetar la división de poderes. También alarman sus reiterados ataques contra el libre comercio, su xenofobia, su militarismo y el aumento astronómico del gasto público que promete (esta avalancha inaudita de insensatez no da espacio para ponderar la reducción de ciertos impuestos y el intento de mejora en algo de los esquemas de educación y salud). En su primer discurso ante las dos Cámaras del Congreso tocó muchos temas pero el eje central se basó en su nacionalismo -mal llamado “proteccionista” desde el decimonónico Friedrich List en Alemania- lo cual acarreará muchos sinsabores para el pueblo estadounidense y para el resto del mundo.

 

En  este cuadro de situación, preocupa su acercamiento a un gobierno corrupto y sus ininterrumpidos asaltos a las libertades individuales que, sin los campos de exterminio soviéticos, en buena medida ha continuado con aquella política hasta el presente, comandadas por un ex matón de la KGB.

 

Rusia está dominada por un gobierno de mafias desde el colapso del comunismo. Los mismos capitostes de la KGB se instalaron en el gobierno y se repartieron empresas y mercados cautivos como botín de guerra. Ahora que el peligro se acentúa, se hace necesario reiterar algunos pasajes que escribí antes.

 

La historia de Rusia es en verdad muy desoladora, primero el terror blanco de los zares y zarinas con su criminal policía secreta (Ojrana), luego el asesino terror rojo y ahora las mafias. En sus memorias, Vladimir Bukovsky, uno de los tres disidentes de mayor calado junto con sus amigos Solzhenitsin y Sajarov, declara que “el monstruo que crearon nuestros Frankenstein mató a sus creadores, pero él está vivo, muy vivo. A pesar de los informes optimistas de ciertos medios de comunicación occidentales, que en los años transcurridos desde entonces han proclamado que Rusia entró en la era de la democracia y la economía de mercado. No hay evidencias, ni siquiera perspectivas de que así sea. En lugar de un sistema totalitario, ha surgido un estado gangsteril, una tierra sin ley en la cual la antigua burocracia comunista, mezclada con el hampa, se ha convertido en una nueva elite política, así como en una nueva clase de propietarios”.

 

Como es sabido, la Unión Soviética provocó el mayor descuartizamiento humano desde 1917 a 1989, matanzas sin precedentes llevadas a cabo por un gobierno (solo sobrepasadas por Mao) y, sin embargo, Putin reivindica en la Universidad de Moscú a los verdugos y también enaltece las atrocidades en Hungría, en la ex Checoslovaquia y en Chechenia en un contexto de mordazas a la prensa y simulacros electorales administrados por la antigua nomenklatura.

 

Yuri Y. Agaev explicó en una visita a Buenos Aires que después del fiasco de Gorbachov y su perestroika (un subterfugio para implantar “el verdadero socialismo”), el Fondo Monetario Internacional desbarató la posibilidad de contar por primera vez con liberales en el gobierno al financiar abundantemente al grupo opositor que finalmente se hizo con el poder.

 

Personas de gran coraje como los mencionados y como lo fue Anna Politkovskaya (luego asesinada), han contribuido a poner su valioso granito de arena para modificar la dramática situación de los rusos. Politkovskaya fundó en Moscú con un grupo de amigos el diario Novaya Gazeta, con la idea de competir nada menos que con Pravda el periódico oficial que paradójicamente significa “verdad”.

 

Desde ese nuevo periódico denunció permanentemente la corrupción y los atropellos del gobierno de Putin en todos los frentes. Como sucede en esos sistemas, fue reiteradamente amenazada de muerte y advertida de los serios peligros que corría incluso por amigos periodistas de Occidente, como el director de The Guardian de Londres. Esto ocurría en un contexto donde, según el Grupo Helsinki, solamente en Moscú durante los gobiernos de Putin, fueron asesinados por los esbirros del régimen seis periodistas, sesenta y tres fueron golpeados malamente, cuarenta y siete fueron arrestados y cuarenta y dos fueron imputados penalmente.

 

A pesar de todo, la extraordinaria periodista de marras proseguía con sus denuncias en sus valientes artículos de investigación. Consignó que el fundamento de su actitud era que “si alguien cree que puede vivir una vida confortable en base a pronósticos optimistas, allá ellos, es la forma más fácil pero también constituye la pena de muerte para nuestros nietos” (este pensamiento hay que refrescarlo también en otros lares).

 

Randon House de New York publicó su impresionante y muy ilustrativo diario bajo el título de A Russian Diary. A Journalist Final Account for Life, Corruption and Death in Putin`s Russia. La autora murió asesinada en el ascensor de su casa a manos de los sicarios del gobierno. Antes de eso publicó un libro de una notable investigación cuyo título en la versión castellana es La Rusia de Putin donde documenta muy acabadamente los reiterados atropellos e iniquidades llevadas a cabo por los hampones de Putin y los desaguisados y la miseria que debe sufrir el común de la gente.

 

Desafortunadamente la caricatura de democracia no solo tiene lugar en Rusia donde ganan tiranuelos de diversos colores, se habla de “elecciones limpias” como si se tratara de un torneo irrelevante sin otro fondo que lo numérico aunque se haga tabla rasa con los derechos.

 

En esta línea argumental, consigno en esta nota telegráfica una reflexión del antes mencionado Bukovsky (que también nos visitó en Buenos Aires con motivo de un acto académico), elucubraciones apuntadas en sus antedichas memorias tituladas To Built a Castle. My Life as a Dissenter: “Miles de libros se han escrito en Occidente y cientos de diferentes doctrinas han sido creadas por políticos encumbrados al efecto de encontrar un compromiso con los regímenes totalitarios. Todos evaden la única solución correcta: la oposición moral”.

 

En estos climas mafiosos siempre aparecen dictadores (de facto o electos) que resumen bien lo que ocurre, Putin no es el único ejemplo: Trujillo en la República Dominicana y Getulio Vargas en Brasil dijeron en sendos discursos “a los amigos todo, a los enemigos la ley” a sabiendas de lo horrendas de sus normas legales y Perón, en la Argentina, espetó “al enemigo, ni justicia”, por ello, contrariando toda la mejor tradición, fabricó el billete de un peso con el símbolo de la Justicia con los ojos destapados y fue uno de los pioneros en cambiar la Constitución para reelegirse e hizo tabla rasa con la noción del derecho, lo cual reiteró en sus tres mandatos (el último, principalmente a través de sus ministros José López Rega y José Ben Gelbard). En nuestros días han surgido nuevos sátrapas liderados por los Castro, Chávez-Maduro y la infame dinastía norcoreana y sus imitadores que achuran todo vestigio de libertad y dignidad bajo diversos ropajes y trampas inauditas, objetivos imitados parcialmente por los Correa, Ortega, Morales y Kirchner.

 

Ya 400 años antes de Cristo, Diógenes recurría a la alegoría de andar con una lámpara “en busca de un hombre honesto”. Ahora rindo este modesto pero muy sentido homenaje a los que se ponen de pie y son capaces de escribir y decir lo necesario para cambiar. Tal como repetían los Padres Fundadores en Estados Unidos: “El costo de la libertad es su eterna vigilancia”. En cada acto el hombre no parte de cero, no podemos apreciar el presente ni conjeturar sobre el futuro sin basarnos en el pasado, por tanto, tomemos los casos de los que hablan fuerte y claro sin concesiones al efecto de dar cabida a la luz diogenista.

 

En el último libro de los citados aquí de Politkovskaya se lee un párrafo que puede resumir la obra, al tiempo que pone al descubierto la raíz del problema que debemos combatir y no solo en Rusia: “Nadie acude a buscar justicia a unos tribunales que alardean sin tapujos de su servilismo y su parcialidad. A nadie en su sano juicio se le ocurre ir a buscar protección a las instituciones encargadas de mantener el orden público, porque están corrompidas por completo”.

 

Ni bien los burócratas comienzan a articular discursos tendientes a elaborar sobre lo que le conviene y lo que no le conviene a la gente en sus vidas privadas, comienzan los peligros ya que a poco andar esos megalómanos se constituirán en los árbitros forzados  y ladrones disfrazados de empresarios para manejar a su antojo el fruto del trabajo ajeno con lo que se apoderan de sus vidas.

 

Como queda dicho, el sistema gangsteril impuesto en Rusia es lamentablemente la continuación por otros medios de los horrores establecidos por el terror blanco y el aun más tremebundo terror rojo. Horrores basados en mentiras, no en errores lo cual es humano, sino en falsear deliberada, voluntaria y sistemáticamente todo cuanto esté al alcance de gobernantes inescrupulosos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

La libertad ganará:

Por José Benegas: Publicado el 30/9/15 en: http://josebenegas.com/2015/09/30/la-libertad-ganara/

 

La libertad va a ganar, es cuestión de tiempo. Si en este momento hay una ola furiosa para destruirla, llegando al punto de negar todo fin individual, como lo hizo el rock star pope Francisco, o rechazar a la austeridad como un parámetro para el gobierno, como hizo el nuevo líder del laborismo británico Jeremy Corbyn, o proliferan los líderes confiados que compiten por decir insensateces como Pablo Iglesias, la paciente psiquiátrica Kirchner, el personaje de comedia Morales o los dictadores a lo Woody Allen Maduro y Correa; si las universidades cooptadas a los codazos por esa izqueirda, tienen que defender anticonceptos, promover el control del pensamiento y los noticieros de la misma fe tienen que hacer de cada tormenta una factura para la gente que actúa para progresar, es porque esa ensalada de delirio contra el sentido común, es todo lo que tienen. Esta es la ola desesperada de los que piensan que no tienen ningún rol que cumplir si se excluye el uso de la fuerza para sus cruzadas morales, que son inmorales.

Ellos parecen ser conscientes de que si no destruyen todo, cosa que no podrán, la gente será libre. Nuestro trabajo es contestar tonterías.

 

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Un mundo basado en la unanimidad

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 16/1/13 en: http://www.elimparcial.es/mundo/un-mundo-basado-en-la-unanimidad-117156.html

Un rasgo distintivo de toda democracia que no se defina solamente por la legitimidad electoral es la convivencia pacífica entra mayorías y minorías. En otras palabras, la aceptación de que la existencia de partidos opositores es consustancial al sistema mismo y a su normal funcionamiento.

Vistas así las cosas, razones no faltan para dudar de las genuinas convicciones democráticas de un gobernante que no admita la discrepancia y que divida al mundo entre leales y excluidos, cualesquiera sean el grado o los motivos de disidencia de estos últimos.

Las reacciones cada vez más desproporcionadas de la presidenta argentina frente a quienes se atreven a cuestionar el menor aspecto de su gestión o de su trayectoria son testimonio, en este sentido, de su escaso apego por aquella parte sustantiva del credo democrático que la coloca en pie de igualdad con otros líderes latinoamericanos, como Chávez o Correa, con los que mantienen ciertamente una indisimulada amistad.

Así se trate de un fallo judicial que le resulte adverso, o de las declaraciones de un galardonado actor como Ricardo Darín quien, en el marco de una entrevista, aludió tímidamente a su enriquecimiento patrimonial, la presidenta no pierde ocasión de reprender a quien no le rinda pleitesía en un tono tan agresivo y descalificador que se diría provoca menos miedo que preocupación: un signo de fragilidad en lugar de firmeza.

Ahora bien, conviene recordar a este respecto que semejantes muestras de intolerancia no sólo resultan incompatibles con la democracia. También, como toda postura que se presuma infalible y propenda a la unanimidad, son contrarias a la política misma, salvo que se la entienda como una guerra en la que el discurso reemplaza a las armas y en la que no hay espacio sino para los vencedores.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.