Venezuela es el ejemplo de una economía maniatada por los controles

Por Martín Krause. Publicada el 10/4/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/04/10/martin-krause-venezuela-es-el-ejemplo-de-una-economia-maniatada-por-los-controles/

 

El azar, pero también la intensificación de la crisis política y económica de la Venezuela actual, hizo que Martín Krause, profesor de economía de la Universidad de Buenos Aires, Consejero Académico de Libertad y Progreso y académico asociado del Cato Institute, conversara en un foro acerca de los abusos del gasto público y la economía en el derecho en la sede de la Asamblea Nacional, un día después de que la máxima instancia judicial del país, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), dictara una sentencia que anulaba al Parlamento.

“Es un momento negativamente histórico para este país y espero poder volver en un día positivo”, dijo Krause antes de iniciar su exposición en uno de los salones de la sede administrativa de la Asamblea Nacional, en la que se podía percibía cierto desconcierto por la medida que ejecutó la noche previa el TSJ.

Krause, que vino al país invitado por el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice), tanteó el panorama económico nacional no desde un abordaje simplemente teórico, sino que quiso comprobar en la dimensión real, desde la calle, conversando con taxistas, con la gente y mediante la observación, por qué Venezuela tiene el peor desempeño económico en la región.

Por eso ante la pregunta referida en torno a cuál sería la distorsión más llamativa de la economía nacional, Krause no dudó en responder que anomalía económica más preponderante es el control de cambio existente en el país.

“Tres tipos de cambio es algo que no tiene ningún sentido. Es una mentira, además, que se hable de un dólar cuyo valor es de diez bolívares, cuando todo el mundo sabe que el dólar verdadero es el que cuesta tres mil bolívares porque es el que se usa para todo. ¿Quién puede tener un dólar a diez bolívares?, ¿quién puede vender un dólar a 700 bolívares cuando sabe que el valor real es el de 3 mil bolívares?. Esa es la mayor distorsión que pude ver, entre otras”, cuestionó.

El impacto económico de la política

Krause es el creador del Índice de calidad , un estudio que, entre otras cosas, se enfoca en la evaluación de las instituciones que promueven el crecimiento económico.

“La sociedad no puede soportar niveles del gasto público por encima de determinados límites. Hay incentivos que no contribuyen limitar el gasto público y eso genera una tendencia al endeudamiento de los países”, explicó.

Tal y como sucedido en Venezuela en al menos los últimos 15 años, el académico destacó que en la economía se generan ciclos políticos presupuestarios, como en los periodos electorales en los que se incrementan los niveles de gasto público, seguidos de ajustes poselectorales en los inicio de los mandatos gubernamentales.

De acuerdo con Krause, limitar el gasto público en los países de la región pasa por limitar el déficit fiscal, que debería ser 3% del PIB como norma. Limitar el crecimiento del sector público, pues el gasto público no puede crecer más de lo que crecerá la economía.

Cuatro elementos son fundamentales para lograr frenar el crecimiento desmedido del gasto púbico, cuatro aspectos ausentes en el caso venezolano: limitar la capacidad de endeudamiento del Estado; limitar la emisión de moneda y el financiamiento del sector público por parte del BCV; descentralizar los niveles del gasto y mantener una disciplina fiscal descentralizada.

El sistema de gobierno centralizado, como sucede en Venezuela de forma exacerbada, condena a las inversiones, de acuerdo con Krause.

El caso venezolano

El académico argentino comparó la crisis economía de Venezuela con la caída de una bomba neutrónica: “Las máquinas están, las estructuras están, las edificaciones se mantienen, pero lo que hace falta es que todo eso arranque de una vez por todas y comience la producción, pero para eso es necesario liberar las fuerzas productivas, desmontar los controles y generar confianza”.

De acuerdo con Krause, es inminente aplicar una política de shock rápido, el desmantelamiento de los controles de cambio y un proceso de financiamiento mediante ayuda internacional.

“Venezuela es un ejemplo típico de economía maniatada por los controles, que necesita con un urgencia liberarse de las ataduras para poder iniciar un proceso de ajustes que le permitan mejorar las condiciones de todos en el país”.

Los ingredientes que requiere la receta de la recuperación en el caso venezolano, aseguró, son los mismos que aplicaron los países con economías en recesión con gobiernos que acumulaban empresas con altos niveles de improductividad y que se transformaron en un peso excesivo.

La autonomía del Banco Central de Venezuela es clave, puntualizó Krause, así como la importancia de la estabilidad del signo monetario para generar confianza en las inversiones.

“Está clara la necesidad de que se pueda iniciar una política de shock, que permita desmantelar los controles de cambio. En el pasado, los países que padecieron situaciones parecidas y que lograron aplicar los ajustes de forma rápida, pudieron salir de la crisis y del rezago mucho más rápido, no así aquellos países que postergaron y retrasaron los cambios”.

Según Krause, en una eventual transición política, el gobierno deberá llevar a cabo un proceso de evaluación de las empresas en manos del Estado, que fueron expropiadas y que representan una carga.

Dolarización

Ante una situación económica en donde la depreciación de la moneda nacional es una constante, sobre todo en los últimos años, un reciente estudio de la firma Datin Corp señala que 62% de la población venezolana apoyaría una decisión del Ejecutivo que convirtiera el dólar en la moneda.

Krause advirtió que, de entrada, en un proceso de dolarización el Ejecutivo debe estar mucho más atento a los niveles de gasto público. “Tenés que cuidarte de que el gasto público no se eleve demasiado”.

De acuerdo con Krause, en una dolarización de la economía las tasas de interés impactan los precios internos y éstos tienden a subir en dólares.
“Eso hace que la economía se vuelva poco competitiva, adicionalmente llega un punto en que es inminente la devaluación de la moneda, entre otras cosas el default, y todo lo malo. Esos sistemas cierran la canilla de la emisión monetaria, pero no del gasto público”.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Como salir del cepo sin morir en el intento

Por Aldo Abram: Publicado el 8/12/15 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2015/12/08/como-salir-del-cepo-sin-morir-en-el-intento/

 

Hay una gran preocupación por el impacto inflacionario que puede llegar a tener la normalización del mercado cambiario. Sin embargo, más allá de alguna aceleración inicial, lo que suceda a lo largo de 2016 dependerá de lo que haga el Banco Central.

En primer lugar cabe aclarar que es un error hablar de devaluación. El peso ya se devaluó (perder valor) durante estos años de control de cambio; pero, con el cepo, el Banco Central evitó reflejarlo en el valor oficial del dólar. Nos vendió la ficción de que la divisa norteamericana valía poco y, como los precios de todos los bienes se fijan en función de dicho tipo de cambio, los consumidores pudieron comprarlos relativamente más baratos.

Para entenderlo, tomemos como ejemplo un caso real. El productor de manzanas de Río Negro, como los costos de cosecha eran mayores al precio artificialmente bajo debido al atraso cambiario por el cepo,  tuvo que dejar pudrir en los árboles gran parte de su producción. Lo que pudo colocar en el mercado fue a valores muy bajos. Por ello, quiénes prestaron el servicio de comercialización y transporte se beneficiaron porque pudieron cargar un mayor margen y, aún así, llegar al consumidor con un precio bajo. Por ende, este último pudo pagar menos por las manzanas y, dado que esto se replica en todos los demás  bienes, gastar más en servicios, que tuvieron la oportunidad de subir mucho sus tarifas.

Así es como hoy podemos ver que los bienes que se comercializan internacionalmente están relativamente baratos respecto a los que están ultra protegidos y a los servicios cuyas tarifas no controla el gobierno. Al liberarse el cepo, el salto del dólar oficial para acomodarse a su valor real debería repercutir en un alza del precio de todos los bienes que dependen de él. Sin embargo, parte de ese impacto negativo lo tendrán que absorber, achicando sus márgenes, los servicios de comercialización y transporte que antes se veían artificialmente beneficiados por el dólar atrasado. No es casualidad que, durante los últimos años, el principal reclamo de los productores haya sido que “venden a un precio excesivamente bajo respecto al que efectivamente paga el consumidor”. Ahora, los intermediarios tendrán que “poner las barbas en remojo”; porque la gente tenderá a demandar menos y, si ellos no amortiguan el alza, perderán muchísimos compradores.

Hay que tener en cuenta que los consumidores no pueden gastar infinito, como deberán dedicar más recursos a los bienes básicos, también deberán bajar sus erogaciones en servicios, aunque no suban; por lo que sus proveedores deberán moderar el alza de sus valores para no perder más clientes. Si a esto le sumamos la voluntad del Gobierno de ir recuperando otro precio artificialmente atrasado, las tarifas de servicios públicos de algunos sectores de la sociedad, queda claro que los restantes prestadores de servicios no tendrán mucho margen de maniobra.

Por lo tanto, la clave para determinar la inflación de 2016 terminará siendo cuánto el Banco Central emitirá para financiar al futuro gobierno. A más emisión, más suba de los precios locles. Ahora, ¿cómo garantizar que el impacto negativo en el bolsillo de la gente sea lo más moderado posible?;

  1. Eliminando inmediatamente las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación, tal como reclama la OMC. Los productores de esos bienes importables tendrán una fuerte alza en sus precios domésticos, ante una suba del dólar oficial superior 40%; por lo que no corresponde que los protejan. Además, es poco ético frente a una sociedad que estará haciendo un gran esfuerzo en materia económica.
  2. Bajar al mínimo posible todos los aranceles a la importación de bienes finales; ya que eso le pondrá un techo al abuso en el aumento de los precios de los bienes producidos localmente que compiten con ellos.
  3. Sacarle todos los subsidios a los servicios públicos que todavía reciben las empresas; ya que se habrán beneficiado con un aumento de los productos que fabrican y eso les permitirá pagar lo que corresponde por sus insumos. De paso, ese ahorro puede permitir hacer más gradual la quita de los beneficios a los sectores residenciales, que estarán enfrentando un aumento de su canasta básica.
  4. Eliminar, o reducir drásticamente, el valor mínimo del petróleo en la Argentina. Dado que este sector recibirá un aumento de precios por la suba del tipo de cambio, no es justo que el resto de la sociedad, encima, tenga que pagar aún más caro los combustibles para beneficiarlos. De esta forma, el alza de estos últimos podría ser muy moderada y, también, el subsidio a otorgarle a las empresas de transporte y electricidad.

Con estas recomendaciones y un manejo prudente de la política monetaria, se puede conseguir que se modere el impacto de la inflación que tengan que afrontar los argentinos por la necesidad inmediata de abandonar la ficción del cepo.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .