¿Se recuperará la actividad económica en lo que resta de 2019?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 7/3/19 en:  https://puntodevistaeconomico.files.wordpress.com/2019/03/informe-no-001-actividad-econc3b3mica-2019-01-.pdf

 

Responder a la pregunta del título de esta nota nos obliga a repasar la dinámica de la actividad económica argentina, por lo menos desde 2011, cuando la economía empezó a expandirse en años impares y a contraerse en años pares de acuerdo al ciclo político.
Gráfico No. 1: Estancamiento económico


Fuente: Elaboración propia con datos de INDEC y Consultora de Orlando Ferreres.

Al respecto, el gráfico No. 1 muestra tanto en el Estimador Mensual de Actividad Económica que mide el INDEC, como en el Indicador General de Actividad que mide la consultora privada de Orlando Ferreres el estancamiento de este período que comprende el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y también al gobierno de Cambiemos.
La actividad de 2018 no pudo romper con esa dinámica, y si lo hace en 2019 será para mostrar dos años consecutivos de actividad negativa.
Por otro lado, la pregunta en cuestión, debe llevarnos a analizar primeramente los fundamentos de la dinámica de cada uno de los cuatro trimestres de 2018, pues podríamos experimentar en 2019, una dinámica exactamente opuesta a aquella.
La recesión de 2018

La actividad económica en 2018 cayó un 2,6 %, pero su composición puede resumirse en cuatro trimestres caracterizados por fundamentos bien diferenciados: arrastre en el trimestre I; sequía en el trimestre II; crisis cambiaria en el trimestre III; contracción monetaria en el trimestre IV.
Profundicemos un poco.
Luego de un 2017 donde la economía se recuperó con una suba del 2,9 %, el primer trimestre de 2018 experimentó un arrastre que se sintetizó en un crecimiento del 3,9 %. Nótese que el PIB de marzo 2018 es el pico de ingresos de una larga serie, si bien numerosos analistas daban cuenta de numerosos desequilibrios a los que había que atender. Mientras los  ortodoxos
señalaban la imperiosa necesidad de atender esos desequilibrios en forma urgente, el gobierno prefirió buscar una solución gradual, la que por supuesto, tenía sus riesgos.
Gráfico No. 2: Cuatro trimestres bien diferenciados en el EMAE 2018

En el segundo trimestre, de hecho, sobrevinieron esos riesgos. La sequía impactó negativamente sobre la actividad y la recaudación fiscal; la suba de tasas de parte de la Reserva Federal encareció el crédito que Argentina necesitó justamente para cubrir sus necesidades financieras agravadas por la sequía; y el gobierno decidió ir a buscar al Fondo Monetario Internacional las divisas que precisamente se vio imposibilitado de obtener por las cosechas, además de encarecidas por las tasas. En este contexto, el nuevo impuesto a la renta financiera hizo el resto.
En el tercer trimestre se sumó al escenario de la política económica este jugador de peso, el Fondo Monetario Internacional. En ese momento Argentina experimentaba un déficit en cuenta corriente récord. El FMI le dijo al gobierno que podía asistirlo, pero que no era una buena idea
prestar divisas a un país que las gastaba en turismo en Miami, Brasil y Uruguay, y que usaba a Chile como un shopping. Es que la cotización del dólar estaba demasiado baja. Sugirió que el gobierno deje de intervenir en el mercado cambiario, y tras un primer salto, en un país con el historial inflacionario que tiene la Argentina, la demanda por activos en pesos se contrajo, las Lebacs dejaron de renovarse, la demanda por el dólar explotó y el tipo de cambio saltó por encima de los $40. El resto es conocido. Devaluación, pass-through, inflación, baja en el salario real, menor consumo, menos actividad, recesión. Las Leliqs son un problema presente y futuro, pero fue el instrumento que la autoridad monetaria encontró para evitar problemas mayores, como una hiperinflación.
La crisis cambiaria llevó a una lógica renuncia al Presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. Lo sustituyó Guido Sandleris, una persona que cambió la política monetaria y que permitirá en 2019 mostrar un descenso en la tasa de inflación, pero a costa de profundizar la recesión.
Precisamente el trimestre IV tiene como principal fundamento esta contracción monetaria, sumada a los efectos de la crisis cambiaria que continuarán, al menos, hasta el primer trimestre de 2019. Sandleris se propuso, en acuerdo con las recomendaciones del FMI, mantener
constante la base monetaria desde octubre 2018 hasta junio de 2019.

Gráfico No. 3: Base monetaria


Fuente: Banco Central de la República Argentina

Esta medida logró bajar la inflación mensual del 6,5 % en septiembre al 5,4 % en octubre, 3,2 % en noviembre, 2,8 % en diciembre y 2,9 % en enero. Habrá sobresaltos, porque el pass-through de la devaluación aun no se completó, y porque los tarifazos juegan un rol en la inflación de
algún mes puntual, pero la tendencia será a una baja en la inflación mensual hacia el 2 % mensual en el último trimestre del año. La contrapartida, sin embargo, y como ya se dijo, es una menor actividad, porque discontinuar la política monetaria expansiva también corta una cadena de pagos, que sólo puede contraer el consumo y las ventas minoristas.
La actividad económica en 2019
El 2019 debería mostrar una dinámica exactamente opuesta a la observada en 2018. Un trimestre I de arrastre con mayor recesión producto de la devaluación y la contracción monetaria; un trimestre II de mejores cosechas, donde el motor del campo permite recuperar algo de
actividad; un trimestre III donde ya la economía rebota tras la crisis cambiaria de un año atrás; y un trimestre IV que estará signado por el escenario electoral. Profundicemos.
El primer trimestre 2019 muestra las consecuencias del cambio de política monetaria comentado más arriba. Las tasas de actividad interanual, es decir comparadas con un año atrás, serán negativas en los tres datos mensuales, pues se compararán con el mejor trimestre del período bajo estudio. En este primer trimestre pienso que Argentina tocará fondo, tras lo cual empezaría
una suave recuperación.
El EMAE de enero aun no está disponible, pero el IGA ya fue publicado y muestra tres aspectos a destacar: 1) la caída en la actividad continúa con una baja del 5,9 %; 2) el indicador desestacionalizado ofrece, sin embargo, una suba del 0,2 % frente al mes anterior, lo que podría anticipar que se ha tocado fondo y que inicia una recuperación; 3) que el sector que liderará esa
recuperación es el campo, observándose una expansión en enero del 7,6 % frente a igual mes del año anterior.
Gráfico No. 4: Indice General de Actividad – Enero 2019

El segundo trimestre tiene como actor principal al campo. Una vez más. Las lluvias garantizan una buena cosecha que servirá de motor para empujar la demanda y mostrar mayor actividad.
En estos tres meses habrá un punto de inflexión donde por primera vez se observe un dato interanual positivo. No será necesariamente en abril, pero sí llegaría en mayo o junio 2019.
Es en el tercer trimestre donde iniciará el rebote de la devaluación de un año atrás, siendo requisito un dólar estable y tasas de inflación mensuales en baja, producto de una política monetaria consistente. El consumo debería empezar a recuperarse, lo mismo que las ventas minoristas, y a partir de allí la confianza del mercado en la economía argentina.
Riesgos que atentan contra este escenario optimista. Claro que la política también juega. El 2019 tiene elementos locales y externos, económicos y
políticos, que son impredecibles y que pueden atentar contra este escenario.
Quizás el mayor riesgo es que algún shock impacte en la cotización del dólar, y una vez que este pegue un primer salto, los argentinos ya no renueven sus plazos fijos, y entonces los bancos ya no podrán renovar las Leliqs, debiendo la autoridad monetaria monetizarlas, con su consecuente
crisis cambiaria e inflación, impactando lógicamente en la actividad y el empleo. Pero este escenario es poco probable, porque la autoridad monetaria parece tener entendimiento y herramientas para controlar la situación.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), de hecho, está proyectando en su informe de enero una baja en la inflación en 2019, 2020 y 2021, además de tasas de crecimiento en la actividad positivas para 2020 y 2021.
Gráfico No. 5: Expectativas de inflación para diciembre de cada año – IPC

Gráfico No. 6: Expectativas de crecimiento anual del PIB

En otros términos, si bien las metas fueron corregidas, el mercado aun confía que el gobierno electo este año, sea oficialismo u oposición “racional”, podrá ganar gradualmente la lucha contra la inflación, y recuperar la actividad.
El término “racional” se ha utilizado en los últimos meses y en forma deliberada para distinguir al justicialismo kirchnerista de otras opciones más pro-mercado. Resulta para el mercado un elemento de riesgo el posible retorno del kirchnerismo que impactaría negativamente en las
expectativas del mercado. Si las encuestas muestran un resultado electoral que deje a Cristina Fernández de Kirchner cerca de un tercer mandato, las dudas sobre su política económica y un posible default o renegociación de la deuda podría golpear al mercado y adelantar una crisis económica e institucional. Este, de hecho, es quizás un elemento de riesgo real que imprime volatilidad a los mercados, considerando que las encuestas parecen mostrar a Cristina Fernández de Kirchner en un ballotage contra el oficialismo con resultado incierto.
En el mismo frente político, que otro candidato mejore en las encuestas, como el ex Ministro Roberto Lavagna en el marco de un liderazgo de lo que hoy se denomina un justicialismo racional, podría ser bien recibido por el mercado, en la medida que su política económica no parece a grandes rasgos muy diferente de la actual.
En el frente local puede haber, por supuesto, otros elementos de riesgo como una mala cosecha, pero hasta el momento no se observan riesgos reales que el mercado deba descontar.
En el frente externo, un elemento de riesgo es una suba de tasas en Estados Unidos que también podría reducir la liquidez global y encarecer el costo de financiamiento que el gobierno argentino está tomando como transición hacia el ordenamiento de sus cuentas públicas. Pero este escenario también parece poco probable en la medida que el gobierno americano ha manifestado ciertos riesgos de recesión y la autoridad monetaria decidió suspender las subas  de tasas de interés en el corto plazo. Algunos analistas incluso se animan a proyectar un cambio de política hacia una corrección hacia abajo de las tasas de interés, que podría mejorar las condiciones macroeconómicas hacia nuestra región.
Por el lado de Brasil, la elección de Jair Bolsonaro como Presidente, y algunas de las reformas que ya propuso, generaron buenas expectativas en el mercado, lo que incrementa un potencial interés de inversores en el Mercosur.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

Las consecuencias políticas, fiscales y económicas de la devaluación

Por Adrián Ravier.  Publicado el 26/7/18 en: https://www.lagaceta.com.ar/nota/778805/actualidad/consecuencias-politicas-fiscales-economicas-devaluacion.html?utm_source=Whatsapp&utm_medium=Social&utm_campaign=botonmovil

 

 

Argentina acudió al FMI durante la crisis cambiaria para que sostenga su endeble macroeconomía. El desembolso requerido, sin embargo, podía seguir la misma suerte que los U$S 10.000 millones que se perdieron en reservas en unas pocas semanas, si no se corregían previamente algunos fuertes desequilibrios. Para comprender esta situación podemos observar las dos cuentas de la balanza de pagos, que registran todas las operaciones que generan ingreso y egreso de divisas al país. Llevándolo a un plano más familiar para el lector, en la cuenta corriente, estaríamos observando todos los gastos de una familia. En la cuenta capital estaríamos viendo cómo se financian. La balanza comercial de esta familia, está mostrando que compran más bienes de los que venden, al tiempo que salen de vacaciones con cierta periodicidad. Si estos gastos fueran cubiertos con ingresos genuinos, como inversión extranjera directa, entonces estaríamos hablando de una familia que se da una buena vida, pero que se justifica en el trabajo de sus miembros. Pero si esta buena vida se da como consecuencia de un enorme endeudamiento, entonces los economistas debemos alertar de la situación.

Para que el desembolso del FMI no vaya a consumo o turismo, era necesario reconocer un tipo de cambio más alto de tal forma de encarecer la adquisición de dólares que se obtienen para ambos destinos. Para ello bastaba con correrse de esa posición que el Banco Central -en tiempos de Federico Sturzenegger- había asumido tras el levantamiento del cepo cambiario, es decir, de intervenir en el mercado cambiario cada vez que veían que la divisa encarecía su cotización.

Algunos economistas cuestionaron la existencia del atraso cambiario, pero no hay otro modo de explicar el mayor déficit de cuenta corriente de nuestra historia sin ese dólar contenido por el enorme endeudamiento. Manteniendo la atención sobre los desequilibrios macroeconómicos, la devaluación además causó una licuación de los salarios reales de los trabajadores (privados y públicos) que le permitirían al gobierno mostrar una mejor situación fiscal respecto del año anterior. Así, las estimaciones muestran una reducción del déficit fiscal primario que a diciembre estará por debajo del 2%, haciendo creíble quizás un equilibrio primario para fines de 2019. Muchos analistas han advertido, y yo coincido, que el déficit que debemos observar no es el primario sino el financiero, el que incluye los intereses de deuda; pero allí también observamos que 2018 terminaría con un desequilibrio menor, ahora de 5 % del PBI, reduciéndose para 2019 en paralelo con las metas sobre el déficit primario.

Lo que la política económica argentina jamás logró por la vía de ajustes en los ingresos nominales o en la reducción de personal del Estado, siempre lo consiguió por la vía de la inflación, con devaluaciones que pueden corregir parcial y temporalmente algunos desequilibrios macroeconómicos, pero que no resuelven los problemas estructurales.

Lo que comprendió el gobierno es que el número de personas que trabaja en el Estado es excesivo para los ingresos de los argentinos, y que la única forma de sostener la situación es deprimiendo sus ingresos en términos reales. La situación es compleja, y despierta en el sindicalismo argentino una obvia reacción que generará tensiones continuas y dolorosas desde el punto de vista político y social.

Lo importante, sin embargo, es aprovechar esta nueva circunstancia de crisis para corregir los desequilibrios de fondo. Luis Caputo reemplazó a Sturzenegger y ya parece haber iniciado una política de contracción monetaria que se establece sobre agregados monetarios, además de las metas sobre tasas de interés, y con ello garantiza una baja de la inflación. Recordemos que el presidente Mauricio Macri había dicho que 2019 mostrará una baja de 10 puntos en la inflación, pero no olvidemos que al cierre de este año la tasa estaría por encima del 32% anual. Una inflación para el cierre de su gobierno en torno al 22% es bastante poco respecto de lo que se esperaba de su primer mandato.

Por el lado fiscal, alcanzar el equilibrio fiscal primario en el año electoral es un desafío fundamental de este gobierno, lo que resulta creíble si en 2019 la economía se recupera de la devaluación reciente y mejora fuertemente la recaudación.

Los manuales de economía tienen lecciones básicas y fundamentales sobre el impacto de cualquier devaluación. Argentina no escapa a estos conceptos. Pero debemos recordar que toda devaluación puede ajustar desequilibrios parcial y temporalmente trasladando el costo a los trabajadores, que ven reducidos sus ingresos en términos reales.

Para evitar seguir en esta dinámica que ya lleva décadas, Argentina tiene que definir un tamaño del Estado que pueda pagarse con menos impuestos de los hoy existentes, sin necesidad de tomar deuda para sostenerlo y sin monetizar sus excesos. Ese es el desafío que debemos priorizar para la década de 2020.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

ENTREVISTA A ADRIÁN RAVIER Tras el miércoles negro: ¿qué le espera a los argentinos?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 28/6/18 en http://www.visionliberal.com.ar/nota/5309-opina-ravier-tras-el-miercoles-negro-que-nos-espera-a-los-argentinos/

 

Adrián Ravier analiza el miércoles negro: “Salir de la Bolsa en Argentina parece una decisión coherente en este contexto”

Ayer, miércoles, mientras se esperaban con ansias los partidos que dejaron de forma sorpresiva a Alemania fuera de la Copa y a Brasil y México en Octavos, por cuarto día consecutivo subió el dólar y provocó una caída de las acciones de la Bolsa porteña en casi un 9%. De esta forma, aumentó el riesgo país y se acerca a los 600 puntos, el nivel más alto desde el 2015.

El “miércoles negro” es consecuencia del fuerte clima de desconfianza en el gobierno y la situación económica.

No basta solamente con ayuda del FMI ni con que nos posicionen como “país emergente”. Es hora de que se tomen las medidas correspondientes para revertir esta cuestión y levantar los indicadores económicos para generar mayor incentivo.

Para profundizar sobre este derrumbe económico, sus causas, consecuencias y cómo seguirá la economía en lo que queda hasta las próximas elecciones, Visión Liberal habló con el doctor en Economía, Adrián Ravier, quien también se desempeña como economista de la Fundación Libertad y Progreso La Pampa.

-¿Por qué dicen que fue un “miércoles negro” y qué significa eso?

Se trata de un “miércoles negro” porque el Merval, la Bolsa en Argentina, cayó un 9%, lo cual representa una caída muy fuerte. Obedece a varios factores: en primer lugar, un factor internacional, en el cual el inversor internacional decidió un sell off, vender acciones de economías emergentes y tratar de invertir en países más seguros o activos financieros más seguros de países más desarrollados.

Hay un factor muy general, la Bolsa de Brasil cayó un 3,55% y en Argentina casi el 9%. Entonces la pregunta es: ¿Por qué Argentina cae más que el resto de las emergentes? Tiene que ver con el rumor de que se iba a poner un impuesto a las acciones en la Bolsa en Argentina, y por otro lado, la debilidad.

Los datos de abril de actividad económica han sido negativos, el Índice de Precios del Consumidor se estima que irán en aumento y la proyección para la inflación anual está en torno del 28 al 30%.

Todo lo que estamos viviendo en Argentina con fundamentos débiles, de alguna manera impacta, y si impacta en las economías emergentes, en Argentina impacta un poco más.

En este sentido hay que tomar nota y señalar que urgen las reformas estructurales para corregir desequilibrios que son realmente muy largos. El miércoles negro tiene que ver con un miércoles donde el riesgo país llegó al máximo, a un nivel mayor de todos los meses anteriores y este dato nos devuelve a un país riesgoso, es decir, un país vulnerable.

-¿Es una respuesta del mercado ante la desconfianza en el gobierno?

– Sí. El mercado desconfía de alguna manera del gradualismo del gobierno, de las metas que se han impuesto.

La llegada del Fondo ayuda, ser una economía emergente ayuda, y si las nuevas metas se cumplen, se harían reformas que a Argentina le hacen falta. Pero hay preguntas que quedan abiertas, por ejemplo, la meta de inflación de este año. Cerraríamos con una inflación arriba del 27% y la meta para el año que viene es 17%. Es muy difícil pensar que, en Argentina, en un año electoral, se puede bajar el nivel de inflación un 10% o más. Hay cierta desconfianza sobre la viabilidad de eso.

Si miramos lo que viene planteando el FMI, lo que firmó Argentina para cumplimentar, es fantástico. Finalmente, el Banco Central sería independiente, dejaría de monetizar el déficit fiscal del Gobierno, dejaría de comprar los dólares que el Tesoro tiene por deuda, y eso le daría, de alguna manera, cierta consistencia al modelo económico para ir corrigiendo los desequilibrios y demás.

Ahora, se han perdido dos años y medio con poca reforma estructural, y el mercado desconfía de que, en el año y medio que queda, se haga todo lo que no se hizo antes. También, el hecho de que la economía esté creciendo, el hecho de que el segundo semestre va a tener una desaceleración económica, con aumento de inflación, con la devaluación y todo el impacto que va a tener en la actividad económica, genera un miedo en el mercado. Las noticias del próximo semestre no van a ser buenas, entonces, salir de la Bolsa en Argentina parece una decisión coherente en este contexto.

-Los inversores están esperando más compromiso de Macri, ¿qué podría hacer el gobierno como para cambiar el clima?

Lo que tiene que hacer es correcciones en los desequilibrios. El planteo es correcto, no hay mucho más para hacer que lo que ya se hizo. Parece que haber quitado a Sturzenegger del Banco Central es una buena señal, porque las metas inflacionarias no se habían cumplido. El mercado de alguna manera desconfía de que Caputo sea la persona adecuada para manejar el BCRA cuando su especialidad está más bien en lo financiero, no tanto en el manejo de la política monetaria, pero creo que el mercado recibió como una buena noticia este desplazamiento.

Las metas inflacionarias están bien, las metas fiscales más agresivas para alcanzar un déficit fiscal cero en 2020 me parecen correctas, la ayuda del FMI puede darle la consistencia que necesitamos, el salto en el dólar puede corregir el desequilibrio o el atraso cambiario. Lo que se debía hacer se hizo, o al menos se planteó, ahora falta ejecutar políticas de austeridad y de contracción monetaria que ayuden a bajar la inflación de manera fuerte. Y ese es el interrogante que de alguna manera quedó planteado. Quizás también estamos justamente ahora en medio de la tormenta, y una vez que pasen las semanas o meses con el dólar quieto, va a transmitir nuevamente confianza en el mercado y la bolsa se recuperará. Pero es difícil pensar este contexto en un segundo semestre donde las noticias de actividad económica, empleo, pobreza, no van a ser buenas.

-¿En qué condiciones se encuentran el gobierno y la sociedad como para afrontar un nuevo ajuste?

La confianza en el gobierno ha bajado, la confianza en la economía ha bajado, la desaceleración económica es un hecho para el próximo semestre. Quizás en el último trimestre se vea una recuperación… Ahora veo un gobierno que, al menos en materia tarifaria, ya cumplió la corrección que podía cumplir, quizás las tarifas aumentan, pero ya no vamos a ver una intoxicación de tarifas o triplicación de tarifas. Vamos a ver correcciones menores, y por eso el cambio de ministro. Quizás le estamos dando un empujón a la economía para que, a partir del último trimestre de este año y el primer trimestre del otro año, la economía se recupere y, a la hora de votar, el electorado esté más dispuesto a confiarle al gobierno un nuevo mandato.

Preocupa de alguna manera, y esto es algo que ha pasado siempre, que los gobiernos traten de mostrar una recuperación económica a partir de un nuevo atraso del tipo de cambio. Si ahora congelamos el tipo de cambio en $27, $28, $29 y acumulamos una inflación arriba del 20% en el año, parte de ese atraso cambiario se va a perder y eso se va a reflejar en una mejora en el ingreso real, una mejora en el consumo, una mejora en la confianza del consumidor y del electorado a la hora de votar. Pero se genera un nuevo desequilibrio para el próximo gobierno que tiene que volver a corregir al otro año, entonces estamos en esa dinámica de que un año la economía crece, porque se recupera del año anterior, y en el otro año se hacen los ajustes o se tiene una fuerte devaluación; al otro año volvemos a crecer a partir de la recuperación del año anterior, y en realidad no salimos de esta dinámica que a Argentina le está haciendo mucho daño y que se refleja en todos los indicadores sociales.

Tenemos un 30% de pobreza y entre jóvenes, la pobreza ya supera el 50%, lo cual no es nada bueno… Tenemos que hacer un cambio, lo que pasa es que no están logrando generarlo y difícilmente lo logren en un año electoral. Insisto, el planteo de las metas fiscales y monetarias parece ser lo que Argentina necesita, falta ahora dar señales claras de que se van a alcanzar.

-¿Hay posibilidades concretas de que repunte la situación para Cambiemos?

Ahí creo que está la buena noticia para Cambiemos. Después de unos meses de fuerte devaluación, viene una recuperación. Algo parecido a lo que pasó luego del cepo. En 2016 tuvimos recesión y en 2017 tuvimos una recuperación que logró que el electorado vuelva a votar por Cambiemos. Acá me parece que hay algo parecido, hay una corrección en el tipo de cambio, muy fuerte, a mitad de año, que empezó por un factor externo internacional pero después fue mucho más allá y demostró la debilidad interna de Argentina.

Lo que viene por delante es una recuperación de la actividad económica, una mejora de los índices fiscales, las metas monetarias, una baja en la inflación, en la pobreza, que además se puede acelerar si el gobierno quiere tomar políticas de gasto de obra pública.

Ahí están las inconsistencias o dudas, como vas a cumplir con esas metas si es un año electoral y necesitas obra pública para ganar electorado. Son preguntas abiertas, pero creo que, en la macro, el gobierno podría tener un contexto favorable producto de la recuperación por todos los ajustes que hemos tenido en 2018.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.