La Argentina pide a gritos un plan económico consistente

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/2/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/19/la-argentina-pide-a-gritos-un-plan-economico-consistente/

 

El Acuerdo con el FMI es sólo un programa de estabilización de la inflación

La economía requiere mucho más que anuncios aislados de baja de los costos para las pymes regionales

La economía requiere mucho más que anuncios aislados de baja de los costos para las pymes regionales

 

Es bastante obvio que las medidas adoptadas a partir del acuerdo con el FMI solo apuntan a tratar de llegar a las elecciones sin sustos en el mercado de cambios. Claro que el costo fue una fenomenal recesión difícil de digerir para una sociedad que está agobiada por la carga tributaria y el reajuste de las tarifas de los servicios públicos.

Se supone que la estrategia es tratar de mover algo la economía con las exportaciones, dado que tanto el consumo interno como la inversión no serán motores durante este año. Tal vez las exportaciones aumenten algo por la mejor cosecha que se espera y lo que veamos sea una sustitución de importaciones más que un impulso exportador, con lo cual la reactivación sería moderada.

Ahora bien, se supone que luego del salto cambiario, el BCRA debería evitar que caiga el tipo de cambio real, en otras palabras, que el tipo de cambio nominal no crezca a un ritmo menor al de la tasa mensual de inflación.

El gráfico muestra la evolución del tipo de cambio a pesos constantes de enero de 2019 desde noviembre 2015 que fue el último mes completo del gobierno kirchnerista. En otra escala, pero está repitiéndose el mismo dibujo que cuando se salió del cepo cambiario en diciembre de 2015.

En febrero de 2016 el tipo de cambio pegó un salto y luego el tipo de cambio real tuvo una clara tendencia  decreciente que no fue producto de la esperada lluvia de inversiones, sino que fue el resultado de un fuerte arbitraje o especulación tasa versus dólar que ofreció el BCRA vía las Lebac y que algunos economistas aplaudieron como una genialidad de política monetaria.

Cualquiera que hubiese vivido las crisis cambiarias anteriores o al menos hubiese leído algo de historia económica reciente, sabía en qué podía terminar semejante arbitraje. Y terminó como era previsible.

Algunos atribuyen la corrida cambiaria del año pasado a los anuncios de diciembre de 2017, cuando dijeron que iban a bajar la tasa de interés para reactivar la economía. Puede ser que ese haya sido el disparador, pero si no formulaban esos anuncios el famoso 28 de diciembre de 2018, cualquier otro factor hubiese disparado la crisis cambiaria.

Al fin del cuentas, y salvando las distancias de magnitud del problema, el famoso 6 de febrero de 1989, cuando Machinea anunció que el BCRA no vendía más dólares, no fue la causa de la hiperinflación, ese 6 de febrero era previsible en cuanto al hecho, más allá de la fecha. Lo mismo pasa con la tan mentada fecha del 28 de diciembre de 2017. ¿Acaso no había una clara
inconsistencia técnica en la política económica?

Solo un improvisado en temas económicos podía comparar la tasa de interés con la tasa de inflación y llegar a la conclusión de que el modelo convergía al equilibrio porque la apuesta a la tasa no era que le ganara a la inflación sino al aumento del tipo de cambio . Solo un improvisado podía sostener que la deuda de las Lebac se licuaba porque la tasa de interés era negativa en términos reales versus la inflación.

Volviendo al tema del tipo de cambio actual, en el gráfico previo vemos como desde el pico que alcanzó en agosto de 2018 cayó en términos reales 18% y está 52% por arriba del de noviembre de 2015.

Si uno toma los últimos 48 años de evolución mensual del tipo de cambio real a pesos de enero de 2019, se encuentra con que está en uno de los puntos más bajos de la serie histórica, quitando los picos del 75, de la crisis del 82 y de la hiperinflación del 89. Sin embargo, este tipo de cambio actual que está algo más alto que el de enero de 1981 con el fin de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz y del fin de la convertibilidad, no responde a reformas estructurales que hayan generado un flujo de inversiones en el sector real de la economía ni a una explosión de exportaciones que  justifiquen su baja respecto a períodos anteriores.

Es más, hoy tenemos más ineficiencia en la economía por el nivel récord del gasto público consolidado. Por lo tanto, en mi opinión acá tenemos un tema de altas tasas de interés que siguen generando especulación entre el tipo de cambio y la tasa de interés .

El primer problema es, entonces, que se desarmó el tema de las Lebac pero sigue con las Leliq. El segundo problema es que no queda muy claro cómo piensa cerrar la brecha fiscal el Gobierno con un nivel de actividad que se desplomó por las altísimas tasas de interés que aplicó para frenar la suba del tipo de cambio. En otras palabras, el costo de frenar la suba del dólar implica menor actividad y menos recaudación.

En efecto, si uno toma los ingresos fiscales de enero de 2019 y los compara contra enero de 2018 ve que aumentaron el 39%, unos 10 puntos porcentuales menos que la inflación. Ahora, si quita los derechos de exportación que subieron notablemente por el aumento del tipo de cambio, el incremento interanual es del 35%, 14 puntos por debajo de la inflación.

Puesto en otras palabras, la dinámica de esta estrategia económica no es consistente con la meta de reducir el déficit fiscal primario porque la recesión genera menos ingresos fiscales y obliga a bajar el gasto público, cosa que el Gobierno no está haciendo cuando se incluyen los intereses de la deuda pública . Con esta política se achica al sector privado que es el que mantiene la estructura del sector público.

Yo diría que a esta altura del partido, Nicolás Dujovne hace lo que puede dentro de las restricciones políticas que tiene. El gran interrogante es si ese hacer es suficiente para llegar a las elecciones de octubre sin sobresaltos cambiarios . Después de octubre se escribirá otra historia económica que nadie tiene la más mínima idea de cuál puede ser considerando la incertidumbre política existente.

Lo que tenemos por ahora, es algo muy precario y doloroso para el sector privado con el solo objeto de llegar a octubre. Veremos si alcanza, de lo que estamos seguros es que ni por casualidad este es un plan económico para ser pensado como el modelo de crecimiento de largo plazo. Argentina pide a gritos un plan económico en serio para salir de esta larga decadencia.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El 2019 será todo un desafío económico para Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 17/12/18 en: https://www.ambito.com/el-2019-sera-todo-un-desafio-economico-cambiemos-n5005402

 

Las tensiones en el mercado de cambios y financiero y la inflación serán predominantes para ver cómo llega el oficialismo a las elecciones de octubre.

El 2019 será todo un desafío económico para Cambiemos

El 2019 va a estar económicamente condicionado por factores políticos y otros puramente económicos. El factor político tiene que ver, obviamente, con las elecciones presidenciales, dato que en Argentina no es un tema menos porque vamos a los bandazos entre populismos autocráticos y populismos menos agresivos con los derechos individuales, pero ambos populismos al fin.

En lo estrictamente económico, el nivel de actividad, las tensiones en el mercado de cambios y financiero y la inflación, serán predominantes para ver cómo llega el oficialismo a las elecciones de octubre.

En lo que hace al nivel de actividad, los motores de la economía son tres. A saber: 1) consumo interno, 2) inversiones y 3) exportaciones.

Siendo que el ingreso real depende de la tasa de inversión y considerando que esta está estancada, se hace muy difícil imaginar que en los próximos meses el salario real vaya a recuperar terreno en forma significativa como para movilizar la economía. Es difícil imaginar un aumento artificial del consumo interno como en la era k porque ya no queda stock de capital para ser utilizado para financiar el consumo interno. Recordemos que en la era K el estímulo al consumo interno se basó, entre otras cosas, en consumirnos 12 millones de cabezas de ganado para tener, durante un tiempo, barato el asado de tira. Que nos consumimos el sistema energético estableciendo tarifas artificialmente bajas y financiando solo la compra de insumos dejando que el sistema energético se cayera a pedazos. Lo mismo se hizo con el agua potable, el transporte público, las rutas, los trenes, etc. Lo que la gente se ahorraba por consumir servicios públicos artificialmente bajos, se destinaba a pagar la cuota del televisor, el celular, etc., mientras se caía a pedazos la infraestructura del país.

También se financió el consumo confiscando los ahorros de aquellos que habíamos aportado a las AFJP, decisión que fue letal para el crecimiento económico porque se le quitó financiamiento de largo plazo a la economía argentina.

Todos estos artificios para financiar consumo interno no están a la vista y el acceso al crédito internacional para aumentar el gasto público y estimular el consumo interno va a estar restringido, por no decir ausente. De manera que se podría descartar el consumo como factor que movilice la economía. Lo mejor que podría ocurrir es que el salario real deje de caer.

Delirio

Suponer que la inversión se va a transformar en el motor del crecimiento económico en los próximos meses es casi un delirio. Nadie va a invertir en un país con la incertidumbre política que en particular tiene la Argentina ante cada elección, dada la inestabilidad en las reglas de juego. Hoy las encuestas muestran cierta paridad en intención de voto entre Macri y Cristina Fernández. Ambos tienen un núcleo duro de votantes de aproximadamente el 30% y el resto está desconforme con la gestión de Cambiemos pero tiene miedo a que vuelva el kirchnerismo. Todo parece indicar que la elección se va a definir entre la billetera y el rechazo a la vuelta del kirchnerismo. Ahí la clase media y la clase media baja van a definir el partido.

Ahora bien, como decía antes, supongamos que llegando a las elecciones se despejara el horizonte político y mostrara a un Macri ganando cómodamente las elecciones, ¿ese escenario podría traducirse en un mayor flujo de inversiones en el sector real de la economía que contrate personal, baje la tasa de desocupación, incremente la masa salarial y el consumo interno? Francamente veo bastante complicado que con encuestas que muestren una baja probabilidad de retorno del kirchnerismo vaya a producirse la lluvia de inversiones que no se produjo en estos 3 años que gobierna Cambiemos. Es que los cambios estructurales que se necesitan para atraer inversiones parecen ir más allá de la mayoría que necesitaría el oficialismo en el Congreso para implementarlas. Más bien todo parece indicar que no está en el espíritu o la filosofía de Cambiemos ir hacia las reformas estructurales necesarias, especialmente en materia de reforma del estado, del sistema tributario y de la legislación laboral.

Tanto el Presidente como sus principales laderos parecen despreciar la importancia de la macroeconomía y consideran que todo es un problema de gestión. Es decir, administrar eficientemente el Estado y los recursos de los contribuyentes. En definitiva, el principal error de Cambiemos es creer que un sistema intrínsecamente ineficiente, el populismo, puede transformarse en eficiente con un buen managment. Con esta carga tributaria, esta legislación laboral, este nivel y calidad del gasto público es impensable hasta una garúa de inversiones, de manera que hay que descartar que las inversiones vayan a movilizar la economía en 2019 aun con encuestas que muestren el escenario político despejado. ¿Por qué Cambiemos modificaría su política económica si no lo hizo en 2015 cuando tuvo oportunidad de contar en detalle la herencia recibida, ni en 2017 luego de haber ganado en forma categórica las elecciones de medio término?

El único motor que le queda para llegar hasta octubre con una economía que deje de caer como actualmente ocurre, será el de las exportaciones, siempre y cuando no dejen caer nuevamente el tipo de cambio real como hicieron en 2017. Si el tipo de cambio real se mantiene en estos niveles. Tanto el sector agropecuario, como las economías regionales, el turismo y alguna sustitución de importaciones puede frenar la caída en el nivel de actividad, pero tampoco debe esperarse una estampida de reactivación. Solo frenar el proceso recesivo en el que estamos al momento de redactar estas líneas.

En términos de actividad, el escenario es, a mi juicio, el planteado más arriba, sin embargo la mayor preocupación debería estar en no tener una crisis cambiaria y financiera.

Sabemos que el gradualismo requirió de endeudamiento externo para financiar el déficit fiscal. También sabemos que esos dólares de crédito externo había que transformarlos en pesos para pagar los sueldos, las jubilaciones, etc. y que el BCRA compraba esos dólares contra expansión monetaria que le entregaba al tesoro a cambio de las divisas de la deuda. Luego retiraba los pesos emitidos colocando Lebac, que lo llevó a acumular un stock de Lebac de $ 1,3 billones que se transformaron en inmanejables.

Esas Lebac fueron reemplazadas por las Leliq y a fines de año el BCRA tendrá un stock de Leliq de aproximadamente $800.000 millones pero pagando una tasa de interés todavía sustancialmente mayor a las que pagaban las Lebac. ¿Qué hace pensar que el cambio de las Lebac por las Leliq aleja el peligro cambiario y financiero?

El hecho que las Leliq las tengan los bancos y no los particulares no es un cambio estructural porque los bancos compran esas Leliq con los fondos de sus depositantes. El depositante no compara la tasa de interés contra la tasa de inflación. Compara la tasa de interés que le paga el banco contra el tipo de cambio esperado. Si estima que la tasa le va a ganar al dólar, sigue apostando a la tasa. Si cree que el tipo de cambio va a subir más que la tasa, retira su plazo fijo y compra dólares. Esta historia la vimos muchas veces en Argentina.

Supongamos que el inversor decide retirar sus depósitos a plazo fijo de los bancos, la pregunta es: ¿con qué le paga el banco si tiene Leliq en su activo? El banco tendrá que pedirle al BCRA que le de los pesos a cambio de las Leliq y el BCRA no tiene los pesos para pagar las Leliq. Tiene que emitirlos. De manera que el cambio de Lebac por Leliq no solucionó nada.

¿Qué puede llevar al inversor a salir del plazo fijo y pasarse a dólares? En primer lugar ningún inversor devenga indefinidamente sus ganancias. En algún momento las realiza. En segundo lugar, si el escenario político mostrara alta incertidumbre sobre el resultado de las elecciones de octubre podría generar un cambio de cartera. En tercer lugar, estos arbitrajes siempre saltan en el momento menos pensados y por la causa menos sospechada. Son muy inestables.

En síntesis, 2019 se presenta complicado para el Gobierno, no solo porque es un año electoral, sino porque tiene que lograr llegar a las elecciones con la economía dejando de caer en su nivel de actividad y rezando para que los inversores no decidan realizar sus ganancias en dólares antes de octubre por el arbitraje tasa versus dólar.

No será un año fácil en lo económico para la gente y para Cambiemos en particular 2019 se presenta como todo un desafío.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE