¿Estábamos mejor con el kirchnerismo?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 31/10/16 en: http://economiaparatodos.net/estabamos-mejor-con-el-kirchnerismo/

 

De manera que si bien es cierto que con el kirchnerismo Argentina era una fiesta, era una fiesta que no podía seguir eternamente

Dicen que mucha gente afirma que estaba mejor con los Kirchner que ahora. ¿Es cierta esta afirmación en caso que haya gente que afirme que estaban mejor con los Kirchner? Mi respuesta es sí pero basado en una ficción.

Veamos, durante 12 años el kirchnerismo utilizó, para estimular el consumo artificial, además del viento de cola, el stock de capital existente. Nos confiscó nuestros ahorros en las AFJP y usó esos ahorros de largo plazo para financiar el consumo artificial. Limitó las exportaciones de carne e hizo que la carne fuera artificialmente barata pero a costas de consumirnos 12 millones de cabezas de stock ganadero, por eso hoy cuesta una fortuna hacer un asado. Frenó los aumentos de tarifas de los servicios públicos dejando que se cayera el sistema energético. Lo que la gente dejaba de pagar por la cuenta de luz, lo destinaba a pagar la cuota del celular y los ejemplos al respecto pueden seguir.

Supongamos que vendo mi casa y el auto y me voy 1 año de viaje por Europa disfrutando de los mejores hoteles, restaurantes y comodidades. Cuando se me acaba la plata vuelvo a la Argentina y no tengo dónde ir a vivir, no tengo auto y encima me tengo que poner a trabajar. ¿Estaba mejor cuándo estaba en Europa? Obvio, lo que no cuento es cómo financié ese viaje y la ficción que fue vivir sin trabajar durante un año. Eso es lo que hizo el kircherismo. Reventó el stock de capital acumulado, además de destruir impositivamente a un sector de la sociedad, para financiar una fiesta de consumo artificial. Entonces ahora puede ser que algún despistado diga que antes estábamos mejor, lo que no dice es que esa forma de consumir no era sostenible en el tiempo. Que recurrieron a una gran ficción y que si hubiese ganado las elecciones el kirchnerismo o Cristina Fernández hubiese seguido en el poder, estaríamos peor que ahora (ver el caso Venezuela con el chavismo) y camino a una sistema cada vez más autoritario. La Argentina hubiese sido un calco de lo que describe von Hayek en Camino de Servidumbre.

De manera que si bien es cierto que con el kirchnerismo Argentina era una fiesta, era una fiesta que no podía seguir eternamente. Me parece que esto es lo que le falta explicar a la gente de Cambiemos. Transmitir con sencillez porque la gente cree que antes se vivía mejor que ahora.

De lo anterior no se desprende que yo coincida con la política económica del macrismo. Si bien el macrismo quitó las medidas económicas más guarangas que había dejado el kirchnerismo, como el cepo, la deuda con los holdouts, los controles de precios, etc., claramente no se animó ni a corregir los precios relativos (sigue regulando el tipo de cambio vía la tasa de interés), ni a hacer una reforma impositiva de fondo, ni a encarar una reforma del estado, ni a proponer una reforma laboral. Obviamente que no estoy diciendo que todas estas medidas estructurales tendría que haberse hecho en los casi 11 meses que lleva el macrismo en el poder, pero tampoco quedarse paralizados o incluso profundizar las medidas k como cuando funcionarios del gobierno se enorgullecen de que ahora hay más planes sociales que en la era k.

Mi punto es que hoy estamos peor que en la era k porque la era k fue una ficción de consumo, pero podríamos estar no tan mal si Macri hubiese elegido otro camino que el progresismo por el que optó.

Acá hay un dato que es relevante que el gobierno no quiere hacerse cargo que es que a Macri le vendieron el cuento de que es posible esquivar cualquier reforma y baja del gasto público. Le vendieron que por un efecto mágico la economía va a crecer y, por lo tanto, el gasto público va a disminuir su peso sobre el sector privado. Nada indica que ese efecto mágico vaya a producirse. Este gasto público aplasta y asfixia al sector privado sin dejarlo producir. Recordemos que la contrapartida del gasto público es la carga impositiva, el endeudamiento interno que genera el desplazamiento del sector privado del mercado crediticio, el endeudamiento externo que hace caer el tipo de cambio real afectando las exportaciones o la emisión monetaria que produce inflación.

Por ejemplo, lo que podría hacer el gobierno es, en vez de tomar deuda para financiar el déficit fiscal o hacer obras públicas, tomar deuda para financiar las indemnizaciones del sector público y reducir la enorme planta de personal. Baja el gasto y puede reducir la presión impositiva. La menor presión impositiva es un ingrediente para crecer y con el crecimiento de largo plazo se paga la deuda tomada para financiar la reducción del empleo público que dejó el kirchnerismo.

Respecto a los planes sociales, se puede utilizar la plata de fútbol para todos y algunos programas más para financiar escuelas de artes y oficios que podrán ser manejadas por las parroquias de cada barrio. Hoy en día faltan carpinteros, gasistas, electricistas y mil oficios más para las cuales podrían calificar quienes hoy reciben planes sociales. Una vez terminado el curso, podría ganarse la vida y el estado en menos de un año empezar a recortar la ayuda que los contribuyentes le brindan a quienes reciben un subsidio. El que vive sin trabajar empieza a generar riqueza con su trabajo y el contribuyente puede consumir más o ahorrar más por la menor carga tributaria que tiene que soportar. Todos mejoran su nivel de vida, salvo el que vivía de un subsidio si es que no le gusta trabajar.

Volviendo al tema de la deuda, a mí entender es mucho más lógico endeudarse para sanear el sector público y mejorar los flujos futuros de ingresos y egresos que endeudarse para seguir sosteniendo un estado que no le sirve a nadie.

Acá lo primordial es atraer inversiones para absorber la mano de obra que anualmente se incorpora al mercado laboral. Además hay que generar puestos de trabajo para los que viven de subsidios. Unos conseguirán mantenerse con los oficios que aprendan y otros podrán ir a trabajar al sector privado al igual que los empleados públicos.

Argentina necesita crear las condiciones institucionales necesarias para tener una tasa de inversión del orden del 30% del PBI de manera de crear los puestos de trabajo necesarios para solucionar el problema de flujo (jóvenes que anualmente se incorporan al mercado laboral) y stocks (gente que vive de subsidios y empleo público).

En síntesis, si uno dice que en la era k estábamos mejor, está diciendo una verdad a medias porque no aclara que era una ficción. Por otro lado, parte de la mala situación que hoy vive la gente es herencia del desastre que dejó el kircherismo, pero claramente podríamos estar mucho mejor si el gobierno dejara esa tendencia progre y se pusiera en serio a cambiar las reglas de juego para lograr esa inversión necesaria para crear puestos de trabajo.

Mientras tanto es obvio que no vamos a estar como estábamos en la fiesta populista k, pero se puede cambiar el rumbo sin dejar a la gente abandonada. El tema es dejar esa manía progre por la cual el estado “cuida” a la gente y empezar a liberar a la gente de las ataduras que le impone el estado para que la gente pueda desarrollar su capacidad de innovación.

Solo cuando se animen a empezar a bajar gasto público y a reducir la carga tributaria, la economía comenzará a transitar una senda de crecimiento de largo plazo y entonces, seguramente con el tiempo, se podrá afirmar que estamos mejor que con el kirchnerismo, pero en serio y no en forma artificial como en la era k.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Cortes de luz: el costo de la fiesta de consumo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 22/12/13 en:  http://economiaparatodos.net/cortes-de-luz-el-costo-de-la-fiesta-de-consumo/

La crisis energética que se tradujo en los padecimientos que sufrió mucha gente con cortes de luz durante días, falta de agua, pérdida de alimentos porque no funcionaban las heladeras, etc. es parte de la factura que hay que empezar a pagar por la fiesta de consumo artificial de todos estos años de populismo.

Desde esta columna insistí hasta el cansancio que el gobierno, en su búsqueda de apoyo político, había exacerbado el consumo en forma artificial. La gente estaba feliz comprando televisores, celulares, autos, zapatillas y demás bienes de consumo durable, todo en 50 cuotas y “sin intereses”. La advertencia era que ese consumo no estaba fundado en un aumento de la productividad de la economía derivado de más inversiones, nuevos puestos de trabajo y mejores salarios reales.

¿Cómo se financió entonces esa fiesta? En parte consumiendo el stock de capital existente. Uno de los mecanismos que utilizó el gobierno para estimular el consumo consistió en dejar congeladas las tarifas de los servicios públicos (luz, gas, agua, transporte) para que la gente gastara menos en esos rubros y ese  dinero pudiera destinarlo a comprar bienes de consumo durable y no durable. Ahora bien, ¿cómo se financiaron esas tarifas baratas de servicios públicos? Con subsidios y consumiendo el stock de capital.

Lo que hizo el gobierno fue no dejar margen para que se mantuviera y ampliara el sistema energético, tanto en la generación, como en el transporte y en la distribución. En los días que colapsó el sistema energético, y va a seguir colapsando cada vez que la temperatura suba, también se estuvo al límite de colapsar la generación de energía porque se está al límite de la capacidad de generación. Para que se entienda mejor tomemos un equipo de fútbol, el director técnico tiene que tener un plantel mayor a los 11 jugadores porque siempre habrá alguno lesionado, con tarjetas amarillas o rojas que no les permiten jugar por algunas fechas, etc. El director técnico necesita más que 11 jugadores, más los que van al banco. Con el sistema energético pasa lo mismo. Si el sistema puede producir 100, no siempre está produciendo 100 porque hay equipos que entran en mantenimiento, o las represas no están trabajando a full porque no tienen suficiente agua y otros problemas. El sistema energético tiene que tener más jugadores en el banco para reemplaza usinas que puedan fallar o entrar en revisión técnica. Bueno, por falta de inversiones, el sistema energético argentino está como un equipo de fútbol con solo 11 jugadores y, encima, algunos tienen que jugar lesionados porque no hay reemplazos.

Luego está el problema de la distribución. Mucha gente ha protestado contra EDENOR y EDESUR por no tener luz. Claro, es la cara visible del problema y el gobierno, como es su costumbre, le echa la culpa a estas empresas por la falta de luz. La realidad es que de los miles de millones de dólares que se malgastan en subsidios energéticos no van a parar a las distribuidoras, que son EDESUR y EDENOR en CABA y gran Buenos Aires. Apenas reciben unos pocos pesos y sus balances están en rojo porque las tarifas que ellos cobran no les alcanzan ni para pagar la energía que distribuyen en los domicilios. ¿Dónde va el dinero? A cubrir la diferencia entre lo que cuesta generar la energía y lo que se cobra por ella. Por eso las distribuidoras de energía no pueden mantener adecuadamente la parte del sistema energético que les corresponde. Transformadores, cables, cuadrillas de mantenimiento, sueldos, etc. son parte del costo que no es cubierto por los ingresos que reciben por distribuir la energía. La realidad, que el gobierno se niega a reconocer, es que ellos sabía que para sostener artificialmente bajas las tarifas de energía había que subsidiar la generación de energía y consumirse el stock de capital heredado de los 90. Sí, hasta el antimenemista más acérrimo debería reconocer que el mejor marco regulatorio de las privatizaciones de los 90 fue el del sistema energético. El kirchnerismo heredó ese fenomenal stock de capital en generación, transmisión y distribución de energía. Recuerdo que al comienzo del gobierno k uno conocedor de estos temas me dijo: estos bichos tardan mucho en morir, refiriéndose al aparato energético. Bueno, ya están muriendo. Ahora bien, no mueren por muerte natural, sino que fueron asesinados para alimentar la fiesta artificial de consumo.

Según mis cuentas, entre 2006 y 2013 se destinaron subsidios al sistema energético por U$S 57.500 millones. A pesar de semejante cifra, hoy la gente no tiene luz y encima hay que estar importando combustibles para sostener en funcionamiento la generación. Más disparatado no podía haber resultado el esquema. Pero la realidad es que la furia de la gente por los cortes de luz debería ser contra ella misma. O al menos deberían ponerse furiosos aquellos que ingenuamente votaron este modelo porque les permitía comprar celulares, televisores y todo tipo de electrodomésticos. Lo que no le dijeron o mejor dicho se lo dijeron muchos expertos y no quisieron escuchar, fue que esa borrachera de consumo tenía como destino la actual falta de luz con todos los problemas que ello acarrea. Que esa borrachera se financiaba, en parte, con este consumo de stock de capital que conducía a no tener luz. Y ahora que no tenemos luz, Capitanich, muy suelto de cuerpo, sale a decir que si las empresas no están dispuestas a prestar un buen servicio, el Estado se encargará directamente de prestarlo. Es decir, amenaza con una estatización. En el mundo k todo es posible, la pregunta es: ¿con qué dinero van a financiar la compra de nuevos transformadores, cables, costo de las cuadrillas, etc. si tienen el tesoro tiene un déficit fiscal fenomenal de más de $ 100.00?0 millones este año? Digo, ¿con qué van a financiar el las inversiones sin tocar las tarifas que les permiten aplicar a las distribuidoras?

Es lo mismo que pasa con los trenes. Le dieron a la gente un boleto “barato” pero se producen accidentes fatales y otros no tan fatales pero serios que no salen en los diarios. Qué responda el gobierno, ¿si la semana pasada una formación de la línea Retiro-Tigre no tuvo que parar en el medio de estaciones, abrir las puertas de los vagones y decirle a la gente que saltara porque se incendiaba el tren?

Otra forma de financiar el consumo consistió en consumir el stock de capital en rutas. Basta transitar algunas de las principales rutas nacionales de la provincia de Buenos Aires, la 3, la 5, la 7 y la 8, para advertir el riesgo que implica manejar en esas viejas cintas asfálticas que ni siquiera están preparadas para soportar el paso de los gigantescos camiones que transportan mercaderías.

El kirchnerismo se consumió nuestros ahorros en las AFJP, el sistema energético, las rutas, los puertos, las reservas del BCRA y encima nos matan con impuestos para financiar un gasto público gigantesco que no brinda los más mínimos servicios de los que tiene que brindar el Estado como, por ejemplo: seguridad.

Y como si todo esto fuera poco, la gente no solo padece la falta de luz, sino que, encima, la inflación nos está liquidando a todos. No les alcanzó con consumirse el stock de capital, esquilmarnos impositivamente y destruir el patrimonio del BCRA, que ahora la inflación se siente cada vez con mayor intensidad. El resultado es la caída del salario real y menor consumo. Así que ahora, gracias a ese populismo desenfrenado, tenemos menos consumo, falta la luz y, para colmo,  hay que importar combustibles.

Si lo que hicieron en todos estos años fuera una venganza cruel contra la gente, podríamos decir que les salió perfecto. Primero la drogaron con una fiesta de consumo y ahora no saben cómo parar los aumentos salariales que se les vienen encima.

En síntesis, la falta de luz que tanta furia genera en la gente es parte del costo que hay que pagar por la borrachera de consumo irresponsable que impulsó el gobierno. La mala noticia es que la falta de luz es solo una parte de la cuenta que hay que pagar. Espere unos meses más y verá la otra parte de la cuenta que le presentarán.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.