La Argentina debe regresar a las bases de Juan Bautista Alberdi

Por Adrián Ravier.  Publicado el 27/3/14 en: http://www.elojodigital.com/contenido/13153-la-argentina-debe-regresar-las-bases-de-juan-bautista-alberdi

 

Juan Bautista Alberdi fue un actor fundamental en la conformación del estado argentino. No sólo fue fundamental en influenciar nuestra Constitución Nacional, sino que también dejó las Bases para que Argentina emprendiera un camino de desarrollo sostenido por varias décadas. Me propongo, en este artículo, resumir su posición sobre distintos temas al sólo efecto de reintroducir sus ‘bases‘ en el debate moderno.

 

El gobierno debe limitarse a funciones esenciales

Bajo la estatolatría que nos rodea, el estado moderno ha asumido funciones que han distraído a los gobiernos de sus funciones esenciales. Se podrá decir que este es un fenómeno novedoso, que comienza en el siglo XX y se expande hacia comienzos del siglo XXI, pero Alberdi anticipó esta amenaza, como queda claro en las siguientes citas.

Juan Bautista Alberdi“Si los derechos civiles del hombre pudiesen mantenerse por sí mismos al abrigo de todo ataque, es decir, si nadie atentara contra nuestra vida, persona, propiedad, libre acción, etc., el Gobierno del Estado sería inútil, su institución no tendría razón de existir. Luego el Estado y las leyes políticas que lo constituyen, no tienen más objeto final y definitivo que la observancia y ejecución de las leyes civiles, que son el código de la sociedad y de la civilización misma (…) La democracia es la libertad constituida en gobierno, pues el verdadero gobierno no es más ni menos que la libertad organizada” (Juan Bautista Alberdi, Obras Completas, Tomo VII, p. 90/91).

En otras palabras,

“El Estado se hace fabricante, constructor, empresario, banquero, comerciante, editor, y se distrae así de su mandato esencial y único, que es proteger a los individuos de que se compone contra toda agresión interna y externa. En todas las funciones que no son de la esencia del gobierno obra como ignorante y como un concurrente dañino de los particulares, empeorando el servicio del país, lejos de servirlo mejor” (Juan Bautista Alberdi, “La omnipotencia del Estado de la negación de la libertad individual”).

Influenciado por Adam Smith, y anticipando la literatura moderna desarrollada por Friedrich Hayek o James M. Buchanan, Alberdi creía en un gobierno limitado, pues conocía las limitaciones cognitivas de los funcionarios, así como los perversos incentivos bajo los cuales actúan.
 

La riqueza no debe re-distribuirse

En el viejo debate entre la economía de mercado y el socialismo, entre la propiedad privada o pública de los medios de producción, tanto teórica como empíricamente ha surgido victoriosa la primera posición. El nuevo socialismo ya no pide privatizar los medios de producción ante su evidente fracaso global, sino re-distribuir la riqueza producida por el sector privado.

Al respecto, Alberdi también ofreció sus reflexiones:

“Para proteger mejor el fin social de la riqueza, ha preferido la distribución libre a la distribución reglamentaria y artificial. La distribución de las riquezas se opera por sí sola, tanto más equivalentemente cuanto menos se ingiere el Estado en imponerle reglas” (Juan Bautista Alberdi T. IV P. 253).

Y es que la intervención del estado no es gratuita. Como ejemplificó Joseph Stiglitz en su libro sobre la economía del sector público, si una persona tiene 10 manzanas, y otras cuatro ninguna, el estado puede dividir las 10 manzanas en partes iguales, pero no llegarán a manos de los cinco destinatarios las dos manzanas, sino que el estado se consumirá en el proceso burocrático la mitad de ellas, quedando al final una manzana para cada uno de los cinco miembros de la sociedad.

No sólo ello. Qué incentivos tendrá el contribuyente para seguir produciendo manzanas, si luego de sufrir los riesgos y costos asociados a la tarea, termina compartiendo forzosamente su esfuerzo con la sociedad. La consecuencia lógica de este proceso de re-distribución de riqueza, es reducir la propia riqueza e incrementar la pobreza.

El estado no produce riqueza, la extrae de los particulares

Se exige al estado que asuma cada vez más funciones, que reparta cada vez más riqueza, pero se olvida muchas veces que el estado no crea su propia riqueza sino que debe costear cada proyecto con recursos privados que extrae a otros particulares.

“¿Qué es la renta pública? Una parte de la renta privada de los habitantes del país, y mejor para la doctrina que vamos a exponer, si es una parte del capital o haber cualquiera de los particulares. Es la unión de las porciones de rentas que los particulares satisfacen al cuerpo social en que viven, para asegurar el orden, que les protege el resto de su renta, el capital, la vida, la persona y su bienestar. Luego hay renta pública donde quiera que hay rentas y capitales particulares” (Juan Bautista Alberdi, T. IV. P. 339).

Esto no implica que el estado no pueda en la Argentina, por mandato constitucional, cobrar impuestos para cumplir sus funciones esenciales, pero debería haber un límite que Alberdi se preocupó por establecer en la Constitución Nacional:

“Es verdad que la tendencia natural de la renta pública es a ser grande y copiosa; pero en la doctrina económica de la Constitución argentina, la abundancia de la renta pública depende del respeto asegurado a los derechos naturales del hombre, en el empleo de sus facultades destinadas a producir los medios de satisfacer las necesidades de su ser. Esos derechos, en que reposa el sistema rentístico, el plan de hacienda o de finanzas, que es parte accesoria del sistema económico del país, son la propiedad, la libertad, la igualdad, la seguridad en sus relaciones prácticas con la producción, distribución y consumo de las riquezas.

La Constitución quiere que la ley fiscal o rentística respete y proteja esos derechos, lejos de atacarlos” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 382).

Y entonces qué podemos decir respecto de los fines de la recaudación:

“Según el art. 4 de la Constitución argentina, la contribución es para formar el Tesoro nacional; el Tesoro, como medio de ejecución, es para gobernar; el gobierno es para hacer cumplir la Constitución; la Constitución, como dice el preámbulo, es para afirmar la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz, servir a la defensa común, promover el bienestar y asegurar los beneficios de la libertad. La contribución es, según esto, el precio con que se obtiene el goce de estas cosas; luego su erogación forma el gasto más precioso del hombre en sociedad. Pero la experiencia prueba que esos fines pueden ser atacados por la misma contribución establecida para servirlos” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 411).

Y luego, agrega:
“Todo dinero público gastado en otros objetos que no sean los que la Constitución señala como objetos de la asociación política argentina, es dinero malgastado, y malversado” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 460/461).

El Estado no debería administrar el dinero, ni la política monetaria

Al contrario de sus países vecinos, la Argentina hoy sufre niveles de inflación elevados. Se cree, sin embargo, que el propio estado puede corregir la situación. Se han sincerado en los últimos días las estadísticas oficiales, pero el problema de la inflación está lejos de corregirse. Alberdi tenía muy en claro el problema de la banca pública.

“La reforma de un Banco del Estado es imposible. No hay más que un remedio de reformarlo: es suprimirlo” (Juan Bautista Alberdi, Estudios Económicos, Buenos Aires, Talleres Gráficos L. J. Rosso, 1934, p. 236).

Ahora, como todos sabemos, estos bancos públicos operan a través de los redescuentos obtenidos del Banco Central (BCRA). Dichos redescuentos no son otra cosa que emisión monetaria. Nuevamente Alberdi nos enseña:

“Respecto a la manera de emplear el crédito público por la emisión de papel moneda al estilo de Buenos Aires, la Confederación tiene la ventaja inapreciable de no poder ejercer, aunque quiera, ese terrible medio de arruinar la libertad política, la moralidad de la industria y la hacienda del Estado. Es una ventaja positiva para las rentas de la Confederación la impotencia en que se halla de hacer admitir como valor efectivo un papel, sin más valor ni garantía que el producto de contribuciones tan inciertas como la estabilidad del orden, y que jamás alcanzaría para amortizar una deuda que se agranda por su misma facilidad de dilatación para la que no bastarán después todas las rentas del mundo” (Juan Bautista Alberdi, T. IV. P. 377).

Y, para ser más claro:

“Mientras el gobierno tenga el poder de fabricar moneda con simples tiras de papel que nada prometen, ni obligan a reembolso alguno, el poder omnímodo vivirá inalterable como gusano roedor en el corazón de la Constitución misma…” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 197).

 

El gobierno debe responder a sus obligaciones con los acreedores

Acceder al endeudamiento externo es algo que sólo debiera ocurrir en situaciones de emergencia. Así lo mantienen los tratados clásicos de finanzas públicas, y el propio espíritu de nuestra constitución. Pero si se accediera a tomar crédito, entonces es imperioso que se cumpla con las obligaciones asociadas. El bienestar de la población está asociado a la imagen que el mundo tiene del país. El riesgo aleja al capital, y sin él, no hay inversión, ni desarrollo.

“Siendo el crédito del Estado el recurso más positivo de que pueda disponer en esta época anormal y extraordinaria por ser de creación y formación, será preciso que los gobiernos argentinos sean muy ciegos para que desconozcan que faltar a sus deberes en el pago de los intereses de la deuda, es lo mismo que envenenar el único pan de su alimento, y suicidarse; es algo más desastroso que faltar al honor, es condenarse a la bancarrota y al hambre. El gobierno argentino acaba de dar una prueba de que comprende esta verdad en toda su latitud, cambiando la organización que había ensayado por error para su crédito público, por otra que la restablece a sus bases más normales y más firmes” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 374).

El gobierno no debe regular el mercado laboral, ni intentar alcanzar el pleno empleo

Uno de los objetivos que el estado moderno se ha propuesto en la actualidad es alcanzar el pleno empleo por medio de la política económica. Para ello regular el mercado laboral, fija salarios mínimos, desarrolla una compleja y restrictiva legislación laboral, y crea puestos de trabajo. Sin embargo, la situación laboral continúa siendo precaria, cíclica y desafortunada para los trabajadores. Alberdi comprendía muy bien las consecuencias lógica de estas políticas.

“La ley no podrá tener a ese respecto más poder que le que le ha trazado la Constitución. Su intervención en la organización del trabajo no puede ir más allá del deber de garantizar los beneficios de la libertad, de la igualdad, de la propiedad y seguridad, a favor de los provechos del trabajo. He aquí la organización legítima y posible de parte del Estado; cualquiera otra es quimérica o tiránica” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 261″).

Para ser más preciso:

“Garantizar trabajo a cada obrero sería tan impracticable como asegurar a todo vendedor un comprador, a todo abogado un cliente, a todo médico un enfermo, a todo cómico, aunque fuese detestable, un auditorio. La ley no podría tener ese poder, sino a expensas de la libertad y de la propiedad porque sería preciso que para dar a los unos lo quitase a los otros; y semejante ley no podría existir bajo el sistema de una Constitución que consagra a favor de todos los habitantes los principios de libertad y de propiedad, como bases esenciales de la legislación” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 255).

Respecto del salario:

“El salario es libre por la Constitución como precio del trabajo, su tasa depende de las leyes normales del mercado, y se regla por la voluntad libre de los contratantes. No hay salario legal u obligatorio a los ojos de la Constitución, fuera de aquel que tiene por ley la estipulación expresa de las partes, o la decisión del juez fundada en el precio del corriente del trabajo, cuando ocurre controversia” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 255).

El gobierno no debiera restringir el libre comercio internacional

Las prácticas mercantilistas y proteccionistas fueron aniquiladas por la obra de Adam Smith, La riqueza de las naciones. Sin embargo, es recurrente en el estado moderno imponer fines colectivos arbitrarios por encima de la libertad individual de los consumidores de adquirir productos del exterior.

“¿De dónde saca el pueblo argentino los objetos de su consumo? Una parte la produce él dentro de su suelo; otra adquiere del extranjero en cambio de sus productos nacionales: productos que por necesidad tiene que crear, porque son el precio único con que puede pagar los artefactos extranjeros de que necesita para hacer vida civilizada. Si no siembra trigos ni cría ganados, ni trabaja las minas, no viste seda, ni paños, ni usa muebles de la Europa. Este cambio de productos del país por productos extranjeros, comprensivo de una escala de cambios intermedios y accesorios, deja… utilidades y rentas privadas…” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 349).

Respecto del control a los capitales, Argentina no siempre fue un país cerrado al mundo. Al contrario, se trata de un país que se formó con capitales externos y flujos inmigratorios. La única obligación que esos capitales debían seguir era cumplir con las mismas leyes que las empresas locales. La igualdad ante la ley predominaba:

“No debiendo las leyes orgánicas emplear otros medios de proteger la venida de los capitales que los medios indicados por la Constitución misma, importa tener presente cuáles son esos medios designados por la Constitución, como base fundamental de toda ley que tenga relación con los capitales considerados en su principio de conservación y de aumento, y en sus medios de acción y de aplicación a la producción de sus beneficios.

Esos medios de protección, esos principios de estímulo, no son otros que la libertad, la seguridad, la igualdad, asegurados a todos los que, habitantes o ausentes del país, introduzcan y establezcan en él sus capitales” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 266).

Respecto de la libertad para entrar y salir del territorio, recordemos que Alberdi fue uno de los responsables más directos de la fuerte inmigración recibida por nuestro país:

“¿Podéis concebir una ley que proteja la inmigración por restricciones y prohibiciones? Semejante ley atacaría los medios que señala la Constitución misma para proteger ese fin. En efecto, la Constitución dice por su artículo 25: -El gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar la industria, e introducir y enseñar las ciencias y las artes. Este artículo pone en manos del Estado cuanto medio se quiera fomentar la inmigración, excepto el de las restricciones y limitaciones” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.180).

¿Qué diría Alberdi entonces de la protección que hoy recibe la industria local?

“En efecto, ¿podría convenir una ley protectora de la industria por medio de restricciones y prohibiciones, cuando el art. 14 de la Constitución concede a todos los habitantes de la Confederación la libertad de trabajar y de ejercer toda industria? Tales restricciones y prohibiciones serían un medio de atacar ese principio de la Constitución por las leyes proteccionistas que las contuviesen; y esto es precisamente lo que ha querido evitar la Constitución cuando ha dicho en su artículo 28: “Los principios, derechos y garantías reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio. Esta disposición cierra la puerta a la sanción de toda ley proteccionista, en el sentido que ordinariamente se da a esta palabra de prohibitiva o restrictiva” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.180).

Y respecto de los privilegios que significa proteger sectores determinados:

“…(L)os medios ordinarios de estímulo que emplea el sistema llamado protector o proteccionista, y que consisten en la prohibición de importar ciertos productos, en los monopolios indefinidos concedidos a determinadas fabricaciones y en la imposición de fuertes derechos de aduanas, como atentatorios de la libertad de los consumos privados, y, sobre todo, como ruinosas de las mismas fabricaciones nacionales que se trata de hacer nacer y progresar. Semejantes medios son la protección dada a la estupidez y a la pereza, el más torpe de los privilegios” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.182).

El gobierno debe proteger el Estado de Derecho

Por último, debemos analizar un área de enorme importancia para los puntos que hemos venido desarrollando. Nada puede lograrse en una sociedad libre si no se protege elEstado de Derecho. Como señalamos, es ésta la función esencial del Estado.

Si el Estado logra respetar el Estado de Derecho, proteger las libertades individuales, clarificar las reglas de juego, priorizar la ley o en otras palabras, hacer cumplir las disposiciones enumeradas en la Constitución Nacional, entonces ya nada más se le exigirá:

“¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra” (Juan Bautista Alberdi, Obras Completas, Tomo IV, P. 150).

Y respecto de la propiedad:

“La libertad de usar y disponer de su propiedad es un complemento de la libertad del trabajo y del derecho de propiedad; garantía adicional de grande utilidad contra la tendencia de la economía socialista de esta época, que, con pretexto de organizar esos derechos pretende restringir el uso y disponibilidad de la propiedad (cuando no niega el derecho que ésta tiene de existir), y nivelar el trabajo del imbécil con el trabajo del genio” (Juan Bautista Alberdi, Tomo IV, P. 159).

Y no olvida la seguridad:

“La seguridad es el complemento de la libertad, o más bien es la libertad misma considerada en sus efectos prácticos y en sus resultados positivos. Donde quiera que la seguridad de la persona y de la propiedad existe como un hecho inviolable, la población se desarrolla por sí misma sin más aliciente que ése” (Juan Bautista Alberdi, Tomo IV, P. 306).

Reflexión final

Las reformas constitucionales fueron cambiando el espíritu de la constitución —y con ello se fue olvidando el pensamiento de Alberdi—, pero intento mediante estas citas recordar al lector cuáles fueron las Bases sobre las cuales Argentina se convirtió en un país próspero y rico, que atraía inmigrantes europeos y hace sólo un siglo encabezaba los indicadores de desarrollo.

Si las Bases deben ser olvidadas necesariamente en el siglo XXI para amoldarse a las necesidades de la población argentina o no, es algo que cada lector debe repensar.

Mi impresión es que la Argentina necesita volver a las Bases, y con ello, a la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado.

 

 

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Recordando al Kirchnerismo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/5/19 en: https://puntodevistaeconomico.com/2019/05/03/recordando-al-kirchnerismo/?fbclid=IwAR2pofAD5G0slIql4V2–C8ydDcNl7JzgLHWGBTl-8bHAlVOeiKq7gzt8yg

 

Las últimas encuestas muestran que, de presentarse a alecciones, Cristina Kirchner (CFK) tendría ciertas chances de ser electa Presidente nuevamente. Qué tan probable este desenlace, más allá de las encuestas, es discutible. No obstante, lo cierto es que la discusión “Macri vs CFK” ha tomado un renovado impulso. El pobre desempeño económico pareciera favorecer las chances electorales de CFK.

Es cierto, como críticos han señalado, que ciertas decisiones y actitudes de Cambiemos son un”kirchnerismo de buenos modales” (recordar el reciente nuevo control de precios). Pero marcar ciertas similitudes aún se encuentra a años luz de implicar que Cambiemos y Kirchnerismo son lo mismo. Más allá de las críticas a Cambiemos, un número de indicadores institucionales muestran mejoras bajo el gobierno de Cambiemos respecto al kirchnerismo (un resumen de indicadores populistas aquí).

¿Es, acaso, un nuevo gobierno de CFK preferible a un segundo mandato de Macri? El siguiente es un listado de recuerdos del kirchnerismo. Seguramente incompleto, y sin ningún orden en particular, un listado de actitudes y políticas del kirchnerismo:

  1. El programa televisivo 678 como medio de propaganda política
  2. Fútbol Para Todos como medio de propaganda política
  3. Politización de la educación primaria y secundaria
  4. Origen de la alta inflación
  5. Cepo cambiario (se perdieron más reservas que con la crisis del 2001)
  6. Ministros diciéndole a los argentinos que no “saben votar” cuando el FpV perdía elecciones
  7. El Canciller Timermann violando secretos militare de Estados Unidos con un alicate
  8. Deterioro de la infraestructura energética
  9. Deterioro de la infraestructura de transporte
  10. Significativos avances del narcotráfico en suelo argentino
  11. Un Ministro de Defensa (Agustín Rossi), que pierde misiles del ejército
  12. Falsificar datos de inflación
  13. Falsificar datos de pobreza y Anibal Fernádez diciendo que en Argentina hay menos pobres que en Alemania
  14. Falsificar datos de actividad económica
  15. Récord de corrupción (recordar que se pesaba el dinero -más rápido que contarlo- y se revoleaban bolsos a los jardines de un convento; más todo lo que sabemos)
  16. Tragedia de Once (¿los recursos para mantenimiento de los trenes a dónde fue?)
  17. Argentina entre las 10 economías menos libres del mundo
  18. Capitanich (Jefe de Gabinete) rompiendo radios en conferencia de prensa
  19. Presiones a la prensa independiente (“Clarín miente”, etc.)
  20. Los aún desaparecidos fondos de Santa Cruz
  21. Actitud de “patotero” frente al ciudadano de bien (cadena nacional para hablar del “abuelo amarrete”)
  22. Intento de modificar la Constitución Nacional para perpetuarse en el poder
  23. Alineamiento político e ideológico con gobierno dictatoriales como el régimen de Chávez-Maduro en Venezuela
  24. Martín Lousteau empujando un innecesario conflicto social con la “125”
  25. Las incansables amenazas y atropellos de Guillermo Moreno
  26. Transformar al Congreso en una escribanía
  27. Pacto con Irán
  28. Utilizar la AFIP como instrumento de intimidación al contribuyente
  29. CFK bailando cumbia mientras la policía reprime manifestantes en el interior del país
  30. Expropiación inconstitucional al estilo “far west” de Repsol-YPF (una expropiación debe ser aprobada por el Congreso y los dueños expropiados deben ser compensados)
  31. Nacionalización de los fondos privados de retiro (AFJP)
  32. Politización del Poder Judicial
  33. Encarcelamiento sin juicio previo por ser portador de uniforme o apellido (es notable que la prensa no haya hecho de esta inaceptable transgresión constitucional un tema más importante)
  34. NISMAN

El listado es incompleto (invito a dejar más recuerdos en la sección de comentarios). No obstante, este listado debería ser suficiente para tomar conciencia de lo peligroso que es volver al kirchnerismo. Quien crea que CFK ha cambiando y, finalmente madurado, puede darse una vuelta por sus expresiones en su libro “Sinceramente”.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Argentina, del desarrollo al subdesarrollo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/9/17 en: http://www.infobae.com/america/opinion/2017/09/19/argentina-del-desarrollo-al-subdesarrollo/

 

El país es un raro caso, ya que involucionó en materia económica. El deterioro de la calidad de sus instituciones fue la clave en este proceso

 

Argentina debe dejar la cultura de la dádiva y el proteccionismo por la cultura del trabajo y la competencia.
Argentina debe dejar la cultura de la dádiva y el proteccionismo por la cultura del trabajo y la competencia.

En su libro Institutions, Institutional Change and Economic PerformanceDouglas North analiza los problemas institucionales y cómo éstos impactan en el crecimiento económico.

En un párrafo del libro, North afirma que tanto en la historia económica como en los casos de actualidad pueden encontrarse ejemplos de países que logran crecer y otros que directamente se estancan o declinan. North entiende que para poder explicar estos casos hay que estudiar qué características institucionales les han permitido plasmar su performance y cuáles son las causas por las que los países que no crecen o se estacan tienen instituciones ineficientes.

Claramente Argentina es un raro caso, ya que pasó del desarrollo al subdesarrollo y, siguiendo la línea de análisis de North, es evidente que ha sido la calidad de sus instituciones la que nos permitió, primero ser un país en constante crecimiento, y luego un país en constante decadencia.

En 1853/60, establecido el nuevo marco institucional con la Constitución Nacional, se sientan las bases para entrar en una senda de crecimiento de largo plazo. Aclaremos que por instituciones entendemos las normas, leyes, códigos y costumbres que regulan las relaciones de los particulares entre sí y de los particulares con el estado.

Como dijo Juan Bautista Alberdi, la Constitución Nacional no era otra cosa que una gran ley derogatoria de la legislación hispana que habíamos heredado e impedía la creación de riqueza.

La combinación de esa generación del 37 que inspiró la Constitución y la generación del 80, hoy denostada pero que fue la que produjo el milagro argentino, transformó a la Argentina en un país próspero. Si bien el proceso de mayor crecimiento se da a partir de 1880 con la consolidación nacional, presidentes como Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca y Pellegrini fueron estadistas. No buscaron la reelección, salvo el caso de Roca y, a pesar de sus duros enfrentamientos, todos tenían un proyecto en común que era atraer inversiones e incorporar la Argentina al mundo.

Argentina tuvo una gran corriente inmigratoria luego de terminar con los malones que cruzaban de Chile a la Argentina a robar ganado y venderlo en el país trasandino (tema que hoy parece querer volver a instalarse). La inmigración junto con la fuerte corriente inversora hizo que liderásemos América Latina.

En su libro La Economía ArgentinaAlejandro Bunge nos proporciona los siguientes datos. En 1923 el 50% del comercio exterior latinoamericano (exportaciones + importaciones) era realizado por Argentina.

De los 88.000 kilómetros de líneas férreas que tenía Sudamérica, el 43% estaba en territorio argentino, transportando el 60% de la carga total y el 57% del total de pasajeros de Latinoamérica.

Con respecto a las líneas telefónicas, de los 349.000 teléfonos que funcionaban en Sudamérica, 157.000 correspondían a la Argentina. En 1924 circulaban 214.000 automóviles en América del Sur, de ese total el 58% estaban en Argentina. Podría seguir agregando datos, pero lo relevante es que entre 1900 y 1913, un año antes de la Gran Guerra, el saldo entre emigraciones e inmigraciones de y hacia la Argentina fue de 1.564.900 personas.

¿Por qué los europeos venían a la Argentina? Obviamente porque tenían una perspectiva de futuro y esa perspectiva estaba basada en las instituciones que nos transformaron en un país pujante.

Australia es un país que también se construyó en base a inmigrantes y tenía una dotación de recursos naturales parecidos a los de Argentina.

Tomando los datos de Angus Maddison, podemos ver en el GRÁFICO 1 que hasta principios de la década de 1930 el ingreso per capita de ambos países evolucionaba en forma pareja y casi en los mismos niveles.

GRÁFICO 1

Ambas curvas comienzan a separarse a mediados de la década del 30, pero es a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial que es más marcada la separación.

Si asumimos que en 1945 se produce el gran quiebre en Argentina y vemos las tasas de crecimiento del PBI per capita de ambos países observamos que en Australia el ingreso per capita creció a una tasa anual del 2% anual entre 1945 y 2010 y en Argentina creció a una tasa del 1,3% por año.

El derrumbe económico de Argentina se produce a partir del estatismo, el intervencionismo y las políticas de distribución del ingreso en forma compulsiva.

Las regulaciones comienzan en la década del 30 con las juntas reguladoras y demás medidas intervencionistas como consecuencia de la crisis de esos años. Recordemos que en 1935 se crea el BCRA. El estatismo y las políticas redistributivas se consolidan con Perón junto con el aislamiento económico.

El vivir con lo nuestro pasa a ser una forma vida y la cultura de vivir del trabajo ajeno pasa a ser un derecho y ningún gobierno posterior al de Perón se animó a cambiar esa cultura de la dádiva, a diferencia de la cultura que imperó con la vigencia de la Constitución de 1853/60 en que las reglas de juego eran la cultura del trabajo y el esfuerzo personal.

De lo anterior se desprende que las sistemáticas crisis económicas que vivimos son el resultado de una calidad institucional tan baja que dispara el gasto público hasta hacerlo infinanciable y se llega a un punto en que hay que confiscar ahorros, declarar el default o bancarse una hiperinflación. Estas locuras nos muestran como un país cuya institucionalidad es que cada 10 años nos volvemos todos locos y empezamos a confiscar ahorros, “defaultear” la deuda y entrar en procesos inflacionarios agudos o hiperinflaciones.

Cualquiera que mira nuestra historia económica y piensa en invertir en Argentina dice: estos tipos cada 10 años se vuelven todos locos, así que si voy a invertir tengo que tener una tasa de rentabilidad tan alta que me permita recuperar el capital invertido antes de que se vuelvan locos, lo cual significa pedirle a una inversión una tasa de rentabilidad que solo el narcotráfico puede bancarse. El resultado es baja tasa de inversión, alta desocupación y bajos salarios por la mínima productividad.

Si Douglas North viviera y nos asesorara no se concentraría tanto en ver cómo están armados los números del presupuesto 2018 que hoy todos miran. North sabría que lo relevante consiste en cambiar las reglas de juego que rigen en Argentina.

Dicho de otra manera, es imposible resolver el problema de la inflación, la pobreza y la desocupación si no cambiamos la cultura de la dádiva por la cultura del trabajo. La cultura del proteccionismo por la cultura de la competencia. La cultura del estatismo por la cultura de dejar desarrollar la capacidad de innovación de la gente. La cultura de los políticos buscando ganar solo las próximas elecciones por la cultura de los estadistas que gobiernan para 20 años hacia adelante.

En definitiva, nuestro problema económico es el emergente de unas reglas de juego que solo producen un lucha por una distribución de un ingreso cada vez más chico por la falta de inversión. Por eso la política de shock no es, como muchos pretenden vender, despedir a un millón de empleados públicos de un día para otro. La política de shock es marcar un rumbo económico donde no solo se busque el equilibrio fiscal, sino que fundamentalmente se busque reconstruir las instituciones que alguna vez nos hicieron ser uno de los países más prósperos del mundo. Sencillamente volver a los valores que regían en nuestra Constituciónde 1853/60. No hay mucho más para inventar.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Mucho, poquito o nada

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 7/2/17 en: https://www.elcato.org/mucho-poquito-o-nada?utm_content=buffer780a5&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

 

No se trata de deshojar la margarita sino de analizar la ecuación fiscal argentina, sin dudas nuestro principal problema.

Podemos hacer una matriz de la cual obtenemos las combinaciones posibles entre exacción fiscal y prestación del gasto público. Analizaremos tres opciones.

Puede haber países donde el Estado extrae “mucho” (presiones tributarias superiores al 45%) pero a la vez la prestación es satisfactoria para la población.

Podría ser el mentado caso de los países escandinavos donde la presión tributaria es elevada (aunque con tendencia decreciente) y la prestación es elevada, pese a que en los últimos años se está discutiendo cada vez más el estado de bienestar.

Cabe destacar que esta ecuación de “mucho–mucho” fue una consecuencia y no una causa del progreso de dichos países. Noruega, Suecia y Finlandia han tenido un marcado desarrollo capitalista privado (básicamente por su seguridad jurídica) previo al crecimiento del estado.

Otra combinación puede ser “poquito-poquito” es decir países donde el Estado está casi ausente, ni cobra impuestos ni ofrece absolutamente nada. Somalia y otros estados fallidos pueden ser un buen ejemplo. Nada por nada. Ni se cobran impuestos ni el Estado ofrece las mínimas garantías de progreso. Ni se respeta la propiedad ni se ofrecen servicios sociales básicos.

Por último podemos ver el caso argentino. “Mucho por nada”. Esa es nuestra ecuación fiscal. Muchos impuestos y casi ninguna contraprestación. Cada mes una PyME tiene once vencimientos impositivos en veinte días hábiles. Más de un impuesto cada dos días. ¿A cambio de qué?

Argentina es una economía de permisos. El Estado obliga a todas las empresas e individuos a pedir permiso mediante costosos trámites para ejercer una libertad que es previa, incluso, a la existencia del estado. La Constitución Nacional es violada de punta a punta. Es el Estado el que debe pedir permiso a los ciudadanos y no al revés. La hemos leído mal y lo que es peor, la enseñamos mal en las escuelas. Todo para crear nuevos agentes tributarios.

El Estado argentino en sus tres niveles cobra impuestos escandinavos cercanos al 45% de en relación al PIB y ofrece bien poco en materia de seguridad jurídica, protección de derechos y ni hablar de prestaciones básicas de servicios públicos.

Un estudio del IERAL muestra que la sumatoria de las tasas “legales” de impuestos (de las tres jurisdicciones) son superiores a las de Noruega. No tiene sentido destacar las características de la prestación de servicios públicos por parte del Estado argentino en sus tres niveles. Basta decir que la desconfianza en la justicia es tal que los únicos delitos que se denuncian son los que tienen que ver con el cobro de seguros y los homicidios. En materia de robo a la propiedad, la gente denuncia no para buscar justicia porque sabe que no va llegar sino como un trámite obligatorio para las aseguradoras.

Para el resto de los servicios públicos es creciente la participación de la oferta privada aunque regulada e ineficaz.

De esta manera el contribuyente financia dos “gastos públicos”: el oficial que no usa y el privado que prefiere. Así, la educación, salud y seguridad privada están sustituyendo a la pobre oferta pública.

El Estado, aún en la actual administración, poco aporta para tornarse atractivo. Toda vez que las iniciativas públicas tienen ante todo un prioritario objetivo recaudatorio. (Ejemplo, las multas de tránsito y el estacionamiento público). El Estado argentino es caro y no ofrece nada atractivo a cambio. Implica por tanto, la ecuación propicia para explicar una marginalidad tributaria cercana al 35-40% del PIB.

Quizás convenga repasar a Juan Bautista Say que en 1850 decía:

“Estado no es manco ni puede serlo. Tiene dos manos, una para recibir y otra para dar, dicho de otro modo, la mano ruda y la mano dulce. La actividad de la segunda está necesariamente subordinada a la actividad de la primera. En rigor, el Estado puede tomar y no dar. Esto se observa y se explica por la naturaleza porosa y absorbente de sus manos, que retienen siempre una parte y algunas veces la totalidad de lo que ellas tocan. Pero lo que no se ha visto jamás ni jamás se verá e incluso no se puede concebir es que el Estado dé al público más de lo que le ha tomado”.

Sugiero releer los dos últimos renglones. “lo que no se ha visto jamás ni jamás se verá e incluso no se puede concebir es que el Estado dé al público más de lo que le ha tomado”.

La quimera argentina de un Estado megalómano y que no nos cueste nada, no sólo es inmoral y antieconómica, es impensable.

Estamos viendo si debatimos una reforma tributaria. El ministro Dujovne y el equipo económico actúa como si tuviera tiempo. Grosero error.

Argentina debe replantear con urgencia la ecuación fiscal, cuánto nos saca el Estado y qué es lo que debe darnos. No hay mucho tiempo para actuar y decidir. La africanización de la economía argentina crece a un ritmo mayor que la desafricanización de África. Más pronto que tarde quizás algún distraído nos confunda en un fraternal abrazo.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

Ganancias: autónomos, el último orejón del tarro

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 25/12/16 en: http://economiaparatodos.net/ganancias-autonomos-el-ultimo-orejon-del-tarro/

 

Los autónomos somos el último orejón del tarro por la sencilla razón que no tenemos ningún dirigente sindical que nos represente

 

La entrega en capítulos para modificar el mínimo no imponible de ganancias y las escalas, estuvo concentrada solo en los empleados en relación de dependencia. Algo se habló de los monotributistas, pero los autónomos somos algo así como una casta inferior en el sistema tributario argentino. Tampoco se debatió el ajuste por inflación de los balances de las empresas para aplicar el impuesto a las ganancias. Tanto autónomos como las empresas pagamos un impuesto a las ganancias sobre utilidades inexistentes. Son solo aumentos de precios.

El caso de autónomos muestra el disparate sobre cómo se legisla impositivamente en Argentina. Tomo mi caso como ejemplo que también vale para abogados, médicos, etc.

Yo soy responsable inscripto. Ahora bien, emito facturas por asesoramiento y cuando tengo que liquidar ganancias tengo que deducir los costos de producción. En la mentalidad retrograda que impera en argentina costo de producción es solo algo material, los costos inmateriales no son considerados costos de producción.

Por ejemplo, si yo produjera chorizos, podría deducir del precio de venta el costo de la carne, el hilo, la tripa, etc. ¿Por qué? Porque el limitado tributarista que legisla puede ver el objeto que se está deduciendo del costo de producción. Puede ver el hilo, puede ver la tripa, etc. y por lo tanto entiende que ese es parte del costo de producción que hay que deducirlo del precio para determinar la ganancia.

Ahora, tomemos el caso de un economista que tiene que explicar la situación económica. Mis colegas saben muy bien que para hacer una presentación de una hora y media hay que leer nuevos papers, leer información nueva, buscar datos, cotejar la consistencia de los mismos. Relacionar las variables, etc. O sea, no es que los economistas nos paramos frente al auditorio y nos ponemos a hablar lo primero que se nos pasa por la cabeza (algunos lo hacen). Un trabajo serio requiere de un esfuerzo de búsqueda y elaboración de información, además de estudiar nuevos ensayos. Esto último sería parte del costo de producción o también podría ser considerado como si uno comprara un nuevo stock de capital.

Pero resulta que el tributarista no entiende que para hacer una presentación sobre la situación económica hay todo un costo de producción intangible que es el mencionado: buscar datos, procesarlos, relacionarlos con otros datos, leer información, papers, etc. Puesto en otra forma, el costo de producción del economista no es solamente el costo del cartucho de la impresora y el papel. El costo de producción es ese intangible que los tributaristas, como no lo ven, para ellos no existen. Al no considerarlo, el impuesto a las ganancias termina transformándose en un impuesto a los ingresos brutos, en mi caso es un impuesto del 35% a los ingresos brutos porque no puedo deducir casi nada como costo de producción.

Es más, en los profesionales nuestro físico tiene una determinada resistencia. A lo largo de los años se va desgastando y por lo tanto, siendo que nuestro físico es parte de nuestro stock de capital como profesionales, debería tener algún tipo de amortización. Lo digo muy seriamente. El resto físico que se tiene cuando uno está en los 35 años es muy diferente al que uno tiene cuando está en los 70 años.

Todas estas locuras impositivas responden a un estado que hace del aumento del gasto público su instrumento fundamental para captar votos. Para eso necesita tener recursos de los contribuyentes a como dé lugar y ese a como dé lugar significa establecer normas tributarias que van violando los derechos individuales. Documentación a la que el ente recaudador debería poder acceder por orden judicial y con causa fundada es requerida por funcionarios de recaudación impositiva violando el artículo 18 de la Constitución Nacional que establece que: “El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados”. En castellano básico, el ente recaudador viola la Constitución cuando exige ver papeles privados. Qué le facturo a un cliente, por qué le facturo, cómo me lo paga, son cuestiones de los particulares que el estado no puede meterse sin causa fundada. Sin embargo en Argentina aceptamos como normal esta violación como si fuese normal que el estado pueda usar el monopolio de la fuerza para violar los derechos.

Asistimos, entonces, a un doble problema con el sistema fiscal. Por un lado es confiscatorio porque aplica tasas sobre utilidades inexistentes. Por otro lado es violatorio de los derechos individuales.

En todo el debate sobre ganancias, nunca no se consideraron los derechos individuales, sino que todo se limitó a ver hasta dónde se puede desplumar a la gallina (el contribuyente) sin que la gallina cacaree y a qué sector desplumar sin perder votos.

El problema de ganancias ha adquirido dimensiones que nunca se habían alcanzado en Argentina porque el gasto público no había llegado a los niveles que llegó con el kirchnerismo. Fue tal el despilfarro del gasto público que hubo que incrementar la carga fiscal hasta niveles asfixiantes. Y para poder recaudar esa asfixiante carga tributaria necesitan violar los derechos individuales.

Por otro lado, mucho se ha insistido con que el salario no es ganancia. Falso. El salario es el ingreso que tiene una persona por vender su trabajo. A ese ingreso se le deben descontar los gastos de producción y se llega a la ganancia de la persona en relación de dependencia. Desde el punto de vista económico el salario es el ingreso que recibe una persona por vender su trabajo, de la misma forma que el ingreso de un autónomo es lo que factura por vender sus servicios. Luego habrá que descontar los costos de producción y llegar a la ganancia sobre la que debería tributarse.

En síntesis, dentro de este disparatado sistema tributario, los autónomos somos el último orejón del tarro por la sencilla razón que no tenemos ningún dirigente sindical que nos represente. En Argentina no rige el principio de igualdad ante la ley, sino quién tiene mayor poder de extorsión política.

En definitiva, en nombre de la solidaridad social se castiga a los innovadores y a los que más ganan haciendo aquello que beneficia a sus semejantes, en tanto que los que tienen mayor presión de lobby y de extorsión política terminan siendo más iguales ante la ley que el resto de los ciudadanos, por eso somos un país decadente, porque se castiga al innovador, al que se esfuerza y al emprendedor y se beneficia al que quiere vivir a costa del trabajo ajeno.

En el listado, los autónomos somos los que salimos peor parados.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

De la realidad de la reactivación, al desarrollo

Por Aldo Abram: Publicado el 30/6/16 en: http://www.cronista.com/economiapolitica/De-la-realidad-de-la-reactivacion-al-desarrollo-20160630-0094.html

 

Empieza el segundo trimestre y todas las expectativas están puestas en la “promesa” de una recuperación económica. Para no alentar falsas esperanzas, hay que entender cómo se dará; ya que la magia no existe. El proceso de caída del nivel de actividad empezó a mediados de 2015, cuando el gobierno anterior se quedó sin caja para darle combustible artificial. Y si bien continuó este año, fue debido a los costos de resolver los problemas heredados por la actual gestión.

La reactivación tendrá como origen la inyección de riqueza por la venta de la cosecha gruesa y, además, la posibilidad de contar con una mayor producción y exportación agropecuaria durante el segundo semestre. Hay que tener en cuenta que, en los últimos años, en el campo más eficiente del mundo y gracias a la mala gestión anterior, solamente resultaba rentable sembrar soja. Por otro lado, la resolución de la “cesación de pagos selectiva” debido al no cumplimiento del fallo que beneficio a los holdouts en Nueva York habilitó un mayor ingreso de capitales del exterior que le dará financiamiento a la demanda interna; dinamizando la economía. Otro factor que ayudará es que el nuevo gobierno ya logró ordenar las cuentas por obras públicas que le dejó por pagar el anterior. Esto le permite volver a asignar recursos a poner en marcha la inversión en infraestructura. Con todo esto se debería poder superar el problema que significa la mala evolución de nuestras ventas a Brasil, que está en crisis y tardará en superarla.

Cabe aclarar que nos encontramos en el fondo de un pozo y empezaremos un duro ascenso. Lograr los niveles de bienestar que teníamos a fin de 2015, nos llevará todo el segundo semestre y, los de mediados de 2015, los veremos en la segunda mitad de 2017. Además, el modelo anterior se basaba en exprimir al sector productivo de bienes, especialmente al del interior del país, para generar un incremento artificial del consumo, particularmente el urbano. Esto era insostenible, significaba comerse la gallina de los huevos de oro en un gran guiso. Como ahora se deja de esquilmar a los sectores que generan riqueza, serán éstos y las regiones del interior las que se recuperarán más rápido, para luego llegar a las grandes ciudades.

Si bien es cierto que alguna crisis internacional podría complotar contra esta expectativa de recuperación, los factores internos están alineados para que se haga realidad. La economía argentina entro en debacle y se reactivó en muchas oportunidades, el verdadero desafío es cómo logramos un incremento sostenido del nivel de actividad, que nos lleve al desarrollo y a un mayor bienestar económico en el tiempo.

Necesitamos crear 4.000.000 de empleos productivos hasta el 2020 y, por ende, a muchos inversores locales y extranjeros que produzcan y generen esos puestos de trabajo en Argentina. La clave está en  la Auditoría de Clima de Negocios de Argentina que realizó “Libertad y Progreso” con los datos del Índice de Libertad Económica 2015 del Fraser Institute. Si vemos cuál es el promedio de las notas de los 157 países analizados ronda 7 puntos, así que tomémoslo como la calificación para aprobar.

Obviamente, nuestro país no logra promocionar con la general, donde puntuamos 5,20. Tampoco en la eficiencia del gasto público, que sufrimos todos los días los argentinos, y, mucho menos, en cuanto a la presión impositiva, 4. Somos aún el segundo país del mundo con mayor presión tributaria del mundo, después de Comores (un país conformado por tres pequeñas islas en el oceàno Indico, al sureste de África). No podemos pedirle a un empresario que corra la carrera de la competitividad internacional con semejante mochila, así que hay que bajar los impuestos. Labor que se está haciendo; pero aún falta mucho.

En el sistema legal y la defensa de los derechos, incluido el de propiedad, la nota es 3,99. La destrucción de la seguridad jurídica fue sistemática durante los últimos 12 años. Los funcionarios avasallaron las leyes y hasta la Constitución Nacional para imponer su voluntad a los empresarios. Nadie pone un negocio para que, luego, un burócrata use el poder, que le fue delegado, para amenazarlo y ordenarle cómo debe manejarlo.

En la decisión de invertir pesa mucho el histórico desmanejo monetario que nos llevó a largos períodos de alta inflación (4,4 puntos) o a controles de cambio, como el cepo (0,8 puntos). Es bueno que haya un compromiso de ir a tasas similares a las de los países serios de la región, 5%, para 2019.

Para que los empresarios ofrezcan los mejores productos al mejor precio es fundamental que puedan comprar insumos de màxima calidad al precio más conveniente; pero Argentina optó por encerrarse cada vez más (3,77). Además, los consumidores tienen derecho a poder elegir comprar lo más barato y mejor; pero la única forma de lograrlo es que los emprendedores argentinos compitan con los del exterior. Si no, estamos poniendo a los consumidores al servicio de las ganancias de empresarios locales ineficientes. El gobierno ha dado muestra de querer impulsar una mayor integración desde el MERCOSUR o favorecer la posibilidad de poder hacer tratados comerciales individuales con terceros países. No es casualidad que los que más se desarrollaron en las últimas décadas en la región sean los que más avanzaron en ese proceso de asociación comercial con el mundo.

Por último, las regulaciones burocráticas son un gran dolor de cabeza, para los emprendedores (particularmente las PyMes) (5.1 puntos) y todos los ciudadanos. Los burócratas de todos los niveles estatales han pretendido regir la vida de sus conciudadanos de las formas más absurdas (5,81 puntos). Gran parte del esfuerzo de nuestros productores de bienes y servicios se pierde en atender estas innecesarias normas que, lamentablemente, alientan la corrupción (2,78 puntos).

Como observamos, si queremos un país que progrese de la mano de verdaderos emprendedores que inviertan e innoven en la Argentina, hay mucho para hacer. Un aliciente es saber que, si el país hubiera mantenido su participación del 2000 en la inversión productiva que llega del exterior a América Latina, hubiéramos tenido más de US$ 20.000 millones anuales de inversión en los últimos 4 años. Con eso se hubieran podido crear más de 500.000 empleos productivos anuales, cuando casi no se crearon. Ánimo.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y ex director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Cómo en 60 años se construye y se destruye un país

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 10/5/15 en: http://economiaparatodos.net/como-en-60-anos-se-construye-y-se-destruye-un-pais/

 

¿El gran interrogante es por qué después de 60 años de la caída de Perón, que dejó el país destruido por el populismo, Argentina no pudo recuperarse al igual que después de Caseros?

Está bastante difundida la idea, entre los no peronistas, que Argentina entró en una imparable decadencia a partir de Perón. Sin duda Argentina entra en una profunda decadencia a partir de la década del 40, sin embargo, ya han pasado casi 60 años desde que Perón fue derrocado por la Revolución Libertadora y todavía seguimos considerando que todos los males de la Argentina provienen de Perón. No sé si el argumento me termina de convencer porque es como si 60 años después de la caída de Rosas, esto es hacia 1912, en Argentina se hubiese estado discutiendo porque no crecíamos y que toda la culpa de no crecer era de Rosas.

Recordemos que Rosas fue vencido por Urquiza en la batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852. La Constitución Nacional de 1853 es promulgada el 1 de mayo de 1853, es decir un año y unos meses luego de Caseros, pero Buenos Aires termina de unirse a la Confederación Argentina recién en 1860, es decir, pasaron otros 7 años más hasta que quedó completamente unificada la nación tal cual la conocemos hoy. Recién en 1880 terminan las guerras civiles y podemos decir que se logra el proceso de organización nacional.

Ahora bien, en ese período hubo una generación que se conoce como la generación del 80, que hoy es denostada por los progres e ignorantes, que fue la que, aún con sus enfrentamientos políticos y sus defectos, construyeron una Argentina que 60 años luego de Caseros hacía que la economía argentina fuera líder de América Latina. El flujo de inversiones que captó ese modelo de país basado en la Constitución de 1853/60 fue impresionante.

Siempre salta algún ignorante diciendo que en esos años había crecimiento pero no había redistribución del ingreso. La realidad es que hacia la Argentina venían muchos inmigrantes con un saldo migratorio anual positivo que llegó a las 200.000 personas anuales.

Recordemos que en esos años había inmigrantes que venían solo para la época de la cosecha y luego volvían a sus países de origen. Recién en 1914, con el inicio de la Gran Guerra, se corta el saldo positivo entre inmigrantes y emigrantes. Entre 1896 y 1913 llegaron y se quedaron definitivamente en la Argentina 1.941.000 personas. Seguramente esa gente no venía a morirse de hambre.

Llegaba a la Argentina luego de la conquista del desierto, cuando la gente podía ir a los campos sin miedo a que los malones que venían de Chile los atacaran, les robara su ganado, matara a los campesinos y secuestrara a mujeres y niños. Bastante brutitos son los que dicen que Roca salió a aniquilar a los pueblos originarios de Argentina.

Cuando Sarmiento hace el primer censo nacional en 1869, descubre que el 78% de la población era analfabeta.

La generación del 80 recibe, entonces, un país despoblado, con el 78% de la población analfabeta, sin infraestructura  y con mucha tierra pero asolada por los malones que venían desde Chile. Pero esa generación respetó el marco institucional que ofrecía la Constitución Nacional de 1853/60 y logró transformar este desierto lleno de analfabetos en un país que progresó y llegó a ubicarse entre los 5 más importantes del mundo.

En rigor no fue la generación del 80 que obró el milagro que permitiera que, 60 años después de la caída de Rosas, Argentina recibiera grandes corrientes inmigratorias, inversiones y lograse exportar el 3% del total del comercio mundial. Fue el marco institucional diseñado por Alberdi el que obró ese milagro, que tampoco es un milagro, sino la lógica consecuencia de respetar la propiedad privada, un gobierno limitado e integrado económicamente al mundo. Lo que se llama una república liberal. Sí fue la concepción de una república liberal la que hizo grande Argentina.

¿El gran interrogante es por qué después de 60 años de la caída de Perón, que dejó el país destruido por el populismo, Argentina no pudo recuperarse al igual que después de Caseros? La respuesta parece estar en que ha calado muy hondo en la población argentina la demanda de populismo. Es decir, en el mercado electoral vemos una competencia de oferta de populismo porque los políticos perciben que hay demanda de populismo. Y como para gobernar hace falta conseguir los votos, ofrecen populismo.

Si 60 años después de la caída de Perón Argentina no se recuperó del populismo, cómo sí había logrado despegar 60 años después de la caída de Rosas, quiere decir que, si bien puede haber alguna demanda de populismo por parte de la población, la dirigencia política no se animó a intentar cambiar los valores populistas impuestos por Perón. En otras palabras, o el resto de la dirigencia política e incluso los gobiernos militares, hablando en términos generales, también era populista o no se animaron a formular una propuesta de crecimiento volviendo a las raíces de nuestra organización nacional. Me refiero a los valores que contienen la Constitución de 1853/60 explicados ampliamente por Juan Bautista Alberdi, no solo en su libro las Bases, sino, particularmente, en el Sistema Económico y Rentístitico de la Confederación de la República Argentina.

¿Podemos salir de esta larga decadencia aún con una población que demanda populismo? Mi impresión es que sí se puede considerando que el populismo solo  es viable en la medida en que haya recursos para financiarlo y ese financiamiento se está acabando. El kirchnerismo destrozó la economía argentina, aprovechando el viento de cola para impulsar el populismo. El problema es que ya no hay más viento de cola y tampoco stock de capital acumulado para financiar más populismo. En consecuencia, el próximo gobierno tiene la oportunidad de girar 180 grados en esta política populista, pero además es deber de las dirigencia política en general ayudar a cambiar esta cultura de vivir sin trabajar.

Cristina Fernández se ha encargado de meterle en la cabeza a los que viven del trabajo ajeno que es un derecho de ellos vivir de esa manera. La perversidad de ese discurso para transferirle al próximo el infinanciable populismo disfrazado de planes sociales muestra que los límites no existen para el kirchnerismo. El poder es un negocio que para ellos hay que cuidar.

Se puede argumentar que luego de Caseros gobernaba una elite y no había el tipo de democracia que hay hoy en día. En rigor esto no es democracia, es, como sostenía Alberdi, un sistema para elegir a nuestros propios tiranos.

Respecto a que luego de caseros la gobernaban unos pocos, la pregunta es: ¿y ahora? Basta con ver a toda una legión de políticos profesionales que han hecho de la política una profesión y van saltando de partido en partido dependiendo de cuál les ofrece más chances de seguir cobrando en algún puesto del estado. ¿Cuántos son los que hoy deciden sobre los grandes lineamientos de la política argentina? Un grupo que deben ser menos que los dedos de una mano.

Por eso, el próximo gobierno tiene, a mi entender, las siguientes misiones básicas: 1) demostrar cómo el poder se ha utilizado para acumular fortunas personales, 2) aplicar una política económica racional y 3) iniciar un firme discurso que vuelva a poner en lo más alto los valores que de nuestra Constitución de 1853 que fueron los que permitieron hacer de la Argentina una país de inmigrantes que venían a buscar su futuro trabajando duro y una tsunami de inversiones que transformaron un desierto en una de los país más próspero de la tierra.

Poder cambiar el rumbo de la Argentina se puede. Solo hace falta una dirigencia política, intelectuales y comunicadores que lideren ese cambio.

Esos políticos, intelectuales y comunicadores existen. El tema es que logren tener cabida para poder expresar sus ideas, las que, por cierto, están bastante ausentes del debate sobre el país que podemos ser.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.