No son errores de decisiones, es la falta de un plan

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 1/2/17 en: http://economiaparatodos.net/no-son-errores-de-decisiones-es-la-falta-de-un-plan/

 

El error es la falta de un plan económico de corto y largo plazo que le permita ir tomando decisiones en forma ordenada y estableciendo prioridades

Muchas personas, creo que de buena fe, suelen afirmar que si bien el gobierno no está haciendo reformas estructurales, es porque hay que ir de a poco para que no vuelvan los k. Aclaro que esta afirmación no me la han formulado funcionarios del gobierno. Si bien conozco a varios de ellos desde hace muchos años, no mantengo contacto con ningún funcionario del gobierno. Dejo en claro este punto para que nadie piense que esa frase me la ha dicho algún funcionario del PRO. Esa gente es, en realidad, víctima del pánico que tienen a que vuelvan los k. El argumento sería algo así como una autoextorsión. Se extorsionan a ellos mismos y al resto diciendo que o nos bancamos lo que hace el gobierno lentamente o vuelve la noche k.

Salvando las distancias, recuerdo que producido el golpe de 1976, los militares no querían hacer grandes reformas estructurales en el sector público porque argumentaban que con el terrorismo acechando, hacer cambios estructurales como por ejemplo reformar el sector público podía generar conflictividad social que alimentara las filas terroristas. El resultado es que la política económica de esos años fue horrorosa, los capitostes terroristas se mantuvieron vivos y, con el tiempo, tuvieron el poder.

Hoy se considera que no hacer reformas estructurales es la mejor forma de evitar el regreso k, con lo cual mantenemos la larga decadencia económica argentina. Y, por favor, no me corran con que se avanzó mucho eliminando el cepo cambiario y los controles de precios. En todo caso en la época de De la Rúa tampoco había cepo cambiario, había total libertad para comprar divisas, no había derechos de exportación para los granos y se podían exportar libremente y no por eso vamos a decir que tenía en orden la economía. Por el contrario, el descontrol del gasto público con déficit fiscal llevó a un creciente endeudamiento externo que, cuando se cortó, condujo a la crisis de 2001/2002 y la llegada de los k en 2003. Así que no tener cepo cambiario, ni controles de precios, ni prohibiciones de exportaciones o derechos de exportación no garantiza nada sobre el futuro político argentino.

El gran error de De la Rúa fue poner a un equipo económico progre al frente del ministerio de Economía como eran Machinea, Bein y Gerchunoff que luego de aplicar un impuestazo a la clase media y tomar deuda externa dejaron la economía peor de lo que la habían recibido. Lamentablemente, ante una situación económica más grave como la que heredó Macri, también puso al frente de la economía a un progre como Prat Gay y otros intervencionistas en diferentes áreas del gobierno, algo que no cambió con Dujovne ni el resto de los integrantes del área económica.

El punto a considerar no es solamente si las no reformas estructurales y el gradualismo en el cambio de precios relativos llevarán a buen puerto económico, sino si son la mejor forma de evitar que vuelva el corrupto y autoritario kirchnerismo.

Francamente no estoy tan seguro que el kirchnerismo esté definitivamente muerto. Las constantes malas noticias que significan el gradualismo (hoy suben la luz, mañana los combustibles, pasado el agua potable, etc.) pueden desgastar al gobierno y, dado que no hay gran oposición política, revivir o quitar de la agonía al corrupto kirchnerimo, salvo que la gente opte por Massa. Tal vez me equivoque y el kirchnerismo termine siendo cosa del pasado a pesar el gradualismo de Cambiemos. En ese caso, sin reformas estructurales, pasará otro período más de esta larga historia de decadencia económica argentina. Cambiemos habrá sido una frase más de campaña pero en la realidad tendría que haber sido continuemos.

Combatir el populismo autoritario del kirchnerismo con un “populismo democrático” no va a conducir a buen puerto porque todo populismo requiere de dosis crecientes de autoritarismo para sostenerse.

El gobierno no tiene que ver el proceso de toma de decisiones como el error. El error es la falta de un plan económico de corto y largo plazo que le permita ir tomando decisiones en forma ordenada y estableciendo prioridades. Cuando trabajamos en dos oportunidades con un grupo de economistas para establecer los lineamientos de un plan económico, al analizar dónde bajar el gasto público nos quedaba claro que el único rubro que no podía tocarse era el de los jubilados. Y el gobierno fue y se metió justo con ese tema.

Tanta importancia que le dan a las señales y el marketing político que les ordena Durán Barba, debería haberles dejado en claro que si bien no era un problema económico grosero que cada jubilado en promedio cobrara $ 20 menos, lo importante son las señales, la forma de comunicar las cosas según el marketinero político. Hasta en el marketing político cometen errores por falta de un plan.

En definitiva, me parece que revisar este desorden de tener fragmentado el área económica, el rechazo a tener un plan económico claro y con buena comunicación, la explicitación de la terrible herencia recibida y la decisión de abandonar el largo camino de la decadencia y comunicar un plan de largo plazo para entrar en una senda de crecimiento son los elementos que siguen faltando y los que le dan de comer a peronismo y al peronismo kirchnerista para criticar a Cambiemos. Si esto fuera un partido de tenis, el gobierno comete demasiados errores no forzados y pierde el set por errores propios, no por winners del adversario.

La mejor forma de espantar el fantasma del kirchenerismo no es asustar a la gente con su vuelta, sino pulverizándolo mostrando lo que dejó y encarando una política económica de cambio en serio. Una política económica que le permita a la gente ver una luz al final del túnel que entusiasme. Que se vea que el esfuerzo de hoy será la recuperación y el bienestar de mañana.

Obvio que para lograr cambiar la Argentina va a ser necesario terminar con muchísimos negocios “sociales” como el empleo público y los que viven de planes “sociales”. Justamente de eso se trata cambiar.

La gente está harta de pagar impuestos para financiar planes sociales, ñoquis y un estado que no presta el más mínimo servicio. Que el gobierno capte este mensaje, haga un plan y lo comunique. Tendrá un gran apoyo de la población y Cambiemos será un gobierno de cambio en serio.

El gobierno debe recapacitar y aceptar que ese humo que alguien les vendió diciéndoles que porque Macri se sentaba en el sillón de Rivadavia iban a llover las inversiones, fue puro humo. Las inversiones van a llover con Macri sentado en el sillón de Rivadavia pero con otra política económica totalmente diferente y dejar de hacer política como si estuvieran vendiendo un detergente y empezar a comunicar con claridad el nuevo rumbo económico.

De manera que a no confundirse, aquí no hay un error en la toma de decisiones. Aquí hay un error en la concepción misma del plan del gobierno.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El miedo a hablar de bajar el gasto público

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 20/9/15 en: http://economiaparatodos.net/el-miedo-a-hablar-de-bajar-el-gasto-publico/

 

Podrán patalear, gritar y llorar diciendo que no quieren bajar el gasto público, pero finalmente la realidad se impone

Si bien es políticamente incorrecto decirlo y además piantavotos, la realidad es que el gasto público ha llegado a niveles récord y, por lo tanto, la presión impositiva está asfixiando a la población. Como consecuencia de este desparramo, tenemos déficit fiscal, emisión monetaria para financiar el déficit fiscal e inflación. Lo políticamente incorrecto y piantavotos es decir que inevitablemente hay que bajar el gasto público. Me dicen hablar de bajar el gasto público no se puede porque la gente no quiere saber nada de eso. Es probable que la gente siga con esa costumbre de no querer oír hablar de la realidad y prefiera a los políticos que les mientes. O, para decirlo de otra forma, le dicen a los políticos: mentime que me gusta.

Pero como la realidad manda por encima de lo “políticamente correcto” uno puede esperar dos opciones hacia el futuro: a) que el próximo gobierno le explique a la población en forma clara y concreta porqué hay que bajar el gasto público, en qué rubros y proceda en consecuencia o b) bajarlo por imperio de las circunstancias por otro camino más brutal, desprolijo, ineficiente y con alto sufrimiento para la población.

Lo anterior puede asimilarse al 2001 cuando Ricardo López Murphy quiso bajar el gasto público en el equivalente a U$S 3.000 millones de ese momento y se produjo un escándalo político que terminó con la renuncia de López Murphy.

Los “políticamente correctos” no lo bajaron, pero luego de un tiempo decidieron que había que tener déficit fiscal cero y eso se tradujo en una política según la cual los empleados públicos, jubilados y proveedores del estado iban a cobrar de acuerdo a lo que se recaudara en el mes.

Esta estrategia, sin reformas de fondo, no logró cambiar las expectativas y todo terminó en una fenomenal fuga de depósitos del sistema financiero, luego llegó el corralito y, finalmente,  la parte más catastrófica que fue la política que aplicó Duhalde con la devaluación y la pesificación asimétrica. Porque en realidad Duhalde aplicó un brutal ajuste sobre la economía vía una devaluación y una llamarada inflacionaria. La estrategia fue aumentar el tipo de cambio, hacer que los precios internos subieran menos que el tipo de cambio para que éste subiera en términos reales y, finalmente, incrementar los salarios menos que los precios internos y mucho menos que el tipo de cambio para licuar el gasto en salarios y jubilaciones. Lo que se conoce como licuar el gasto público con una llamarada inflacionaria o bien licuar el gasto público.

¿Cuál es la diferencia entre aplicar una baja del gasto público en forma ordenada o hacerlo a lo Duhalde? La diferencia es que en el primer caso hay una reforma estructural del gasto público que le permite ganar competitividad a la economía argentina y menos sufrimiento para la población en general. Hacerlo a lo Duhalde es dejar las ineficiencias del estado tal cual están pero con un costo menor en términos reales.

Para explicarlo desde otro ángulo. Imaginemos una empresa que tiene 9 gerentes pero podría funcionar perfectamente con 5. Si la plata no alcanza, la opción racional es despedir a 4 y quedarse con 5 bien pagos. La opción Duhalde es: me quedo con los 9 pero todos mal pagos. En el primer caso hay reforma estructural, en el segundo no.

Imagine el lector la cantidad de empleados públicos que sobran, particularmente luego que este gobierno ha nombrado miles “empleados” públicos que en realidad son subsidios para los militantes de La Campora que pagamos todos con nuestro trabajo.

Suelen decirme que si alguien plantea una cosa así no consigue votos porque los empleados del estado que no son de La Campora no votarían al candidato que dijera eso por miedo a perder su trabajo. Si el candidato dice que va a despedir a los empleados de La Campora, el empleado estatal que no es de La Campora no votaría a ese candidato por miedo a perder su puesto de trabajo, sostienen.

En primer lugar, los de La Campora van a votar solo al candidato que ordene CF, de manera que el candidato opositor seguro tiene perdido el voto de los de La Campora. Diga que los va a despedir o no diga nada. Pero creer que los empleados públicos tradicionales van a asustarse con una propuesta de ese tipo es no conocer lo que ocurre dentro del sector público.

En efecto, las patotas de La Campora han avasallado a los viejos empleados estatales. Les quitaron sus cargos jerárquicos o los tiraron a un costado humillándolos, ganan más que ellos y, además, los maltratan. El empleado público tradicional detesta a los de La Campora. Sí hay algo que desea profundamente es que los echen.

Me dicen que una baja del gasto público generaría un alto grado de conflictividad social e ingobernabilidad. En rigor la ingobernabilidad se va a producir si no se hace algo concreto y eficiente en forma inmediata. Con el tipo de cambio real retrasado artificialmente por el gobierno. Con la inversión ausente por la inseguridad jurídica, el cepo cambiario y demás regulaciones y con la fiesta de consumo artificial llegando a su final, no hay motor que mueva la economía. Es decir, ni la inversión, ni las exportaciones, ni el consumo están moviendo el nivel de actividad Esto significa que los problemas de ocupación son cada vez más agudos, la inflación hace destrozos en los presupuestos familiares y las economías regionales están colapsadas.

La crisis social y la ingobernabilidad van a llegar si rápidamente no aceptamos que, de ahora en más, serán las inversiones y las exportaciones las que moverán la economía. La fiesta de consumo artificial ya pasó. Esa no es opción real. El que le venda que Ud. va a seguir consumiendo lo mismo le está mintiendo.

Ahora, para que haya inversiones tiene que haber seguridad jurídica, previsibilidad en las reglas de juego, disciplina monetaria para que no haya inflación lo cual nos lleva a la disciplina fiscal que implica bajar el gasto público. ¿O alguien cree que puede bajarse la inflación sin emisión monetaria y que la emisión monetaria no está ligada al déficit fiscal? Si este es el problema, ¿alguien cree que puede bajar el déficit fiscal subiendo más los impuestos?

Guste o no, el gasto público pasa a ser una de las claves en el futuro plan económico del próximo gobierno. Y podrán gritar, patalear o llorar diciendo que es políticamente incorrecto bajar el gasto público, pero la realidad es que el que no lo baje va a tener problemas de gobernabilidad porque se le escapará la inflación con un fenomenal estrago en los ingresos reales, generando más pobreza e indigencia, al tiempo que aumentará la desocupación y, finalmente el gasto público bajará por licuación inflacionaria.

En mi opinión es preferible ir analizando el presupuesto para ver quiénes son los que hoy están viviendo a costa del trabajo ajeno sin producir nada eficiente para el resto de la sociedad o bien aceptar que vamos de cabeza a otra crisis inflacionaria y cambiaria como en el 2002, sin resolver ningún problema de fondo pero comprando serios problemas de gobernabilidad.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

“La vigencia de las ideas de Ludwig von Mises, para la interpretación los problemas de Latinoamérica, en la actualidad.”

Por Guillermo Luis Covernton.

 

https://www.youtube.com/watch?v=7jfN0ynLVD8

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases. Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

El mayor enemigo de la justicia social

Por: Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 19/5/13 en http://www.lapatriaenlinea.com/?t=el-mayor-enemigo-de-la-justicia-social&nota=144439

Más allá de la conflictividad social creciente (oficialistas y anti, huelgas, delito común, etc.) típico de un sistema que derrama violencia, el estatismo como el chavismo en Venezuela, el peronismo en Argentina, etc., ha empobrecido a la sociedad. Es que la violencia siempre destruye, incluidas la paz y la justicia.

Históricamente la expresión “justicia social” (giustizia sociale) fue acuñada por el jesuita Luigi Taparelli (Turín, 1793 – Roma, 1862) en el libro Saggio teoretico di dritto naturale, appoggiato sul fatto, publicado en 1843, en Livorno, Italia. Décadas después el término (social justice) es vuelto a usar en Inglaterra a fines del siglo XIX, por los socialistas fabianos pasando luego al Partido Laborista inglés, al que la Sociedad Fabiana se integró. En la misma época, en Francia, el Partido Socialista a través de Jean Jaurés, adopta el concepto como parte de su socialismo ético y pacifista. Y a la Argentina llega a través del Partido Socialista, de Alfredo Palacios elegido diputado en 1904.

En 1931, la noción se incorpora a la Doctrina social de la Iglesia Católica, al utilizarla el Papa Pío XI en la Encíclica Quadragésimo anno donde asegura que “A cada cual… debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo necesario que la partición de los bienes creados… se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social”. El Catecismo de la Iglesia Católica entiende que la sociedad asegura la justicia social cuando realiza las condiciones que permiten a cada uno conseguir lo que le es debido según su naturaleza y su vocación y los derechos de la persona humana “… son anteriores a la sociedad y se imponen a ella… Sin este respeto una autoridad sólo puede apoyarse en la fuerza o en la violencia…”.

Ahora, para comprender cabalmente lo que esto significa, es necesario un análisis serio, no ideologizado ni prejuicioso, del aristotélico tomismo. Si el orden natural existe (la naturaleza creada por Dios está ordenada), si el hombre es naturalmente sociable y si la justicia existe, de suyo la justicia social existe. Siendo justo lo que le corresponde según su naturaleza, es justo todo lo que hace al orden natural y es justicia que los seres tengan aquello que les corresponde naturalmente, que se da naturalmente. Es justo que una persona pueda ser y desarrollarse como tal.

Pero, dice Aristóteles, y Santo Tomás lo copia, que la violencia es siempre y necesariamente destructiva del orden natural por cuanto supone una fuerza extrínseca que intenta desviar su curso espontáneo (para un análisis exhaustivo, ya que aquí no hay espacio, ver “El Futuro de la Esperanza”, Alejandro A. Tagliavini, Eumed, Universidad de Málaga, Parte I, pág. 11). Así, las leyes estatales coactivas (basadas en el monopolio de la violencia estatal, el poder policial) que, supuestamente, hacen a la “justicia social” son insanablemente injustas socialmente, y destructivas de la economía, porque violan al mercado natural que sí es justo.

Por caso, la ley del salario mínimo, provoca la desocupación de los que ganarían menos, los más humildes, lo que contradice al orden natural social que hace partícipe al hombre de la creación empezando por los que más urgentemente lo necesitan. Por otro caso, los impuestos coactivos son derivados hacia abajo, por vía de aumento de precios o baja de salarios, provocando la miseria de los más humildes.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Una sociedad condenada por el kirchnerismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 21/4/13 en : http://economiaparatodos.net/una-sociedad-condenada-por-el-kirchnerismo/

“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.” 

En otras oportunidades he utilizado esta frase de Ayn Rand extraída de su libro La Rebelión de Atlas, para advertir el peligroso rumbo que Argentina estaba tomando. Hoy esta frase tiene mayor vigencia y fuerte dramatismo, porque muchos argentinos nos damos cuenta que está sociedad está condenada al autoritarismo por las ambiciones de poder y dinero del kirchnerismo.

Dice Ayn Rand, “cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada”, esta parte de la frase le cae perfecto a Moreno, como anillo al dedo. Sus medidas intervencionistas y autoritarias son una colección de fracasos en toda la línea. Ha fracasado en dominar la inflación con sus controles de precios, profundizó la parálisis económica con sus restricciones a las importaciones, perdió en toda la línea en controlar el dólar marginal y el listado sigue. Pero no solo fracasó sino que, como dice Ayn Rand, Moreno no produce nada, salvo trabas a los que producen y generan riqueza. Moreno es una máquina de impedir que se basa en el abuso del poder de la función pública para imponer normas fuera de la ley.

No queda muy atrás en la carrera de ineficiencia la presidente del BCRA, que no para de destruir la moneda, impidiendo las transacciones de largo plazo. Pero no conforme con no defender el valor de la moneda, ha destruido patrimonialmente el BCRA. En definitiva, su gestión ha logrado que la economía argentina no tenga una moneda para facilitar las transacciones. Más bien se ha encargado de entorpecerlas con sus regulaciones.

La segunda parte de frase de Ayn Rand es perfectamente aplicable a la Argentina kirchnerista: “cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo”. Quien hoy vive en Argentina de su trabajo honesto y decente, es expoliado por el Estado con una carga impositiva inusitada. ¿Dónde va ese dinero que genera la gente honesta? Una parte va a la escandalosa corrupción de la obra pública. En pocos años, desconocidos empleados de banco o choferes se transformaron en multimillonarios empresarios de hotelería, medios de comunicación, constructores de obras públicas, empresarios de la energía y cuánto rubro uno pueda imaginarse. Sin tiempo para contar el dinero, directamente lo pesan.

Mientras honestos ciudadanos tienen que soportar exhaustivos controles impositivos, otros pocos multiplican sus fortunas sin rendir ninguna cuenta de sus actos. El ciudadano decente que vive de su trabajo no puede comprar dólares porque el gobierno ha decidido que el que compra dólares es un antipatria, pero otros mueven bolsones de efectivo en aviones particulares haciendo sus operaciones cambiarias en los barrios más caros de Buenos Aires mientras cacarean su progresismo y los logros del modelo nacional y popular con inclusión social. Nunca se ha visto tanta desfachatez junta ni se le ha mentido en la cara tan impunemente a la gente para esconder, detrás de un discurso “solidario”, mientras la gente muere por inundaciones y falta de mantenimiento en los medios de transporte. Una corrupción que ya ha llegado al punto de transformarse en asesina.

Pero también el dinero fluye a hacia los que no trabajan. Una vez más voy a ser políticamente incorrecto. La famosa asignación universal por hijo (AUH), defendida por todo el arco opositor, no es más que un claro fracaso del modelo en la creación de puestos de trabajo.

Para esconder semejante fracaso, la presidente suele afirmar que gracias a la AUH las empresas ya no pueden explotar a la gente porque el Estado le puso un piso al salario que deben pagar las empresas. Se ve que la presidente recorre el país en avión y helicóptero y trata solo con gente que la adula, porque la realidad es que quienes reciben esos planes no quieren trabajar en blanco para no perder el subsidio. Es decir, una forma de precarizar más el trabajo, del  cual la presidente no ha tomado debida nota o se hace que la que no lo sabe.

Pero, además, la forma de subir los ingresos de la población es con nuevos puestos de trabajo que surgen de inversiones. Es decir, más inversiones implican más demanda laboral y mayores salarios a pagar en la medida que va creciendo la productividad de la economía. Como en Argentina nadie quiere invertir por la inseguridad jurídica que ahora con la reforma laboral tiende a infinito, no se crean puestos de trabajo y el que vive de la AUH va a seguir dependiendo de esa dádiva del Estado. Tal vez ese sea el objetivo del proyecto de poder hegemónico. Tener mucha gente dependiendo del puntero político para tener un voto cautivo.

Es obvio que bajo este esquema, la sociedad tiene que entrar en conflicto, porque la gente decente tiene que mantener a su familia, procurarse una jubilación propia para su vejez porque el Estado no le va a dar un retiro digno, sostener a los ineptos burócratas estatales y, además, mantener a miles o millones de personas que no trabajan y viven de las dádivas del Estado. Es obvio que el que es sometido a una vida casi de esclavitud para mantener a tanta gente que no genera riqueza tiene que rebelarse en algún momento. Pero si se rebela, entonces saltan los políticos diciendo que el tipo es un insensible y egoísta, cuando en la realidad está siendo esclavizado por los burócratas de turno. Hoy trabajar en blanco pagando todos los impuestos se ha transformado en un estado de esclavitud. Somos esclavos de un grupo de personas que se ha levantado contra el orden constitucional y nos explota cual esclavos para mantenerse en el poder.

Tomemos ahora el último párrafo de Ayn Rand: …y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegido contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”

Pareciera ser que Ayn Rand, hubiese previsto en 1957, cuando se publicó por primera vez La Rebelión de Atlas, que en Argentina, el kirchnerismo iba a violar la Constitución para lograr impunidad. No solo para atropellar los derechos individuales y dejar indefensa a la gente frente al Estado, sino para que la Justicia quedara en manos del oficialismo resguardándolos de toda investigación.

¿A quién va a proteger la reforma judicial? ¿A la gente o a los que se apropian del fruto de trabajo de la gente?

Como dice Ayn Rand, la honradez hoy en Argentina es un autosacrificio. Es trabajar para ser expoliado, mantener a legiones de militantes que destruyen todo lo que tocan, a miles de personas que cómodamente prefieren recibir un plan “social” para vivir o sobrevivir y a una legión de oportunistas que hacen fortunas con la riqueza que genera la gente honesta. Ya sé, me van a tildar de reaccionario, gorila y demás epítetos, pero la realidad es que este gobierno ha terminado de destruir la cultura del trabajo y el esfuerzo personal en nombre de la inclusión social. Un discurso que ha quedado en evidencia que solo pretende esconder sus turbios negocios.

Para terminar, vale la pena preguntarse si, como dice Ayn Rand, la sociedad argentina está condenada. Mi impresión es que esa decisión queda en manos de la justicia y, para ser más preciso, en la Corte Suprema de Justicia. Si en forma urgente y categórica la justicia no declara la inconstitucionalidad de la reforma judicial, en lo que hace al Consejo de la Magistratura  y demás intentos por controlar la justicia más la derogación del derecho de amparo, le estará dejando libre el camino al kirchnerismo para que generaciones enteras de argentinos, nuestros hijos y sus hijos, sean sometidos por un gobierno autoritario.

 Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.