EL SIEMPRE REPUGNANTE ANTISEMITISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

Muchas veces he escrito sobre este asunto espantoso, pero ahora se me ocurre volver sobre el tema a raíz de nuevos brotes de antisemitismo en Europa y también en Estados Unidos, entre otros, levantado con gran capacidad didáctica por CNN en un magnífico documental titulado Una sombra sobre Europa. Antisemitismo en 2018 donde entre muchos testimonios de valía aparece un Rabino polaco a quien le preguntan como se siente con estos sucesos horrendos. La respuesta me estremeció por la nobleza y el coraje moral del entrevistado: “Siento que tenemos más trabajo que hacer”.

 

Después de todas las atrocidades criminales que han ocurrido en el mundo perpetradas contra los judíos, todavía existe ese prejuicio bárbaro que se conoce como “antisemitismo” aunque, como bien señala Gustavo Perednik, es mas preciso denominarlo judeofobia (que es el título de su obra) puesto que esa otra denominación inventada por Wilhelm Marr en un panfleto de 1879 no ilustra la naturaleza y el significado de la tropelía.

 

Spencer Wells, el biólogo molecular de Stanford y Oxford, ha escrito en The Journal of Man. A Genetic Odessey que “el término raza no tiene ningún significado”. En verdad constituye un estereotipo. Tal como explica Wells en su libro mas reciente, todos provenimos de África y los rasgos físicos se fueron formando a través de las generaciones según las características geográficas y climatológicas en las que las personas han residido. Por eso, como he dicho en otra ocasión, no tiene sentido aludir a los negros norteamericanos como “afroamericanos”, puesto que eso no los distingue del resto de los mortales estadounidenses, para el caso el que éstas líneas escribe es afroargentino.

 

La torpeza de referirse a la “comunidad de sangre” pasa por alto el hecho que los mismos cuatro grupos sanguíneos que existen en todos los seres humanos están distribuidos en todas las personas del planeta con los rasgos físicos mas variados. Todos somos mestizos en el sentido que provenimos de las combinaciones mas variadas y todos provenimos de las situaciones mas primitivas y miserables (cuando no del mono). Thomas Sowell escribe que las tres cuartas partes de la población negra en Estados Unidos tienen blancos entre sus ancestros y que millones de blancos estadounidenses tienen por lo menos un negro entre sus ancestros.

 

También apunta Sowell que en los campos de extermino nazis se rapaba y tatuaba a las víctimas para poder diferenciarlas de sus victimarios. Esto a pesar de todos los galimatías clasificatorios de Hitler y sus sicarios, quienes finalmente adoptaron el criterio marxista (dicho sea de paso como una nota a pie de página, el antisemitismo de Marx queda consignado en su escrito La cuestión judía). Solo que el nazismo en lugar de seguir el polilogismo clasista fue el racista pero con la misma insensatez en cuanto a que nunca pudieron mostrar cuales eran las diferencias entre la lógica de un “ario” respecto de las de un “semita”. Darwin y Dobzhansky -el padre de la genética moderna- sostienen que aparecen tantas clasificaciones de ese concepto ambiguo y contradictorio de “raza” como clasificadores hay.

 

Por otra parte, en el caso de la judeofobia, a pesar de las incoherencias de la idea de raza se confunde esta misma noción con la religión puesto que de eso y no de otra cosa se trata. El sacerdote católico Edward Flannery exhibe en su obra publicada en dos tomos titulada Veintitrés siglos de antisemitismo los tremendos suplicios que altos representantes de la Iglesia Católica le han inferido a los judíos, entre otras muchas crueldades, como subraya el Padre Flannery, les prohibían trabajar en  actividades corrientes con lo que los limitaban a ocuparse del préstamo en dinero, pero mientras los catalogaban de “usureros” utilizaban su dinero para construir catedrales. Debemos celebrar entusiastamente el espíritu ecuménico y los pedidos de perdón de Juan Pablo ii en nombre de la Iglesia, entre los que figura, en primer término, el dirigido a los judíos por el maltrato físico y moral recibido durante largo tiempo.

 

Paul Johnson en su Historia de los judíos señala que “Ciertamente, en Europa los judíos representaron un papel importante en la era del oscurantismo […] En muchos aspectos, los judíos fueron el único nexo real entre las ciudades de la antigüedad romana y las nacientes comunas urbanas de principios de la Edad Media; mas aún se ha argüido que la palabra misma comuna es una traducción del hebreo kahal […] La antigua religión israelita siempre había dado un fuerte impulso al trabajo esforzado. Cuando maduró para convertirse en judaísmo, la importancia asignada al trabajo aumentó […] Exigía que los aptos y los capaces se mostrasen industriosos y fecundos, entre otras cosas, porque así podían afrontar sus obligaciones filantrópicas. El enfoque intelectual se orientaba en la misma dirección”. Todos los logros de los judíos en las mas diversas esferas han producido y siguen produciendo envidia y rencor entre sujetos acomplejados y taimados.

 

Por otro lado, los fanáticos no pueden digerir aquello del “pueblo elegido” y arrojan dardos absurdos como cuando sostienen que “el pueblo judío crucificó a Cristo” sin percatarse, por un lado, que fueron tribunales romanos los que lo condenaron y soldados romanos los que ejecutaron la sentencia. De todas maneras, como una de las primeras manifestaciones de una democracia tramposa en la que por mayoría se decidió la aniquilación del derecho, la respuesta perversa a la célebre pregunta si se suelta a Barrabás o Cristo, en modo alguno permite la imbecilidad de atribuir culpas colectivas y hereditarias y no permite eludir la responsabilidad a quien pretendió “lavarse las manos” por semejante crimen.

 

Personalmente, como ser humano y como católico, me ofenden hasta las chanzas sobre judíos y me resulta repugnante toda manifestación directa o encubierta contra “nuestros hermanos mayores” y la canallada llega a su pico cuando quien tira las piedras pretende esconder la mano con  subterfugios de una felonía digna de mejor causa. Buena parte de mis mejores profesores han sido de origen judío o judíos practicantes a quienes aprovecho esta ocasión para rendirles un sentido homenaje.

 

Lamentablemente han sido y son muchos los flancos de donde proviene la descalificación, el descrédito y las acciones malvadas contra judíos pero me detengo en los cristianos porque me duele especialmente la injusticia y el bochorno cuando proviene de la propia casa del cristianismo.

 

En este último sentido, tal vez las primeras manifestaciones de antisemitismo o, mejor judeofobia, por parte del cristianismo han sido primero el aliento por parte de quien luego fuera San Pablo para el martirio de San Esteban, más adelante los patéticos sermones de San Juan Crisóstomo en el siglo primero publicados con el título de Adversus Judaeos donde dice que los judíos “son bestias salvajes” que son “el domicilio del demonio” y que “las sinagogas son depósitos del mal” para quienes “no hay indulgencia ni perdón” y luego el Concilio de Elvira en 306 prohibió a cristianos casarse con judíos y otras barrabasadas.

 

A través del tiempo, también debe subrayarse el apoyo explícito de autoridades de la Iglesia a legislaciones que restringían los derechos de los judíos incluyendo el derecho de propiedad y en muchos casos bautismos forzados, confiscaciones, impuestos especiales, vestimentas que estigmatizaban y en los lugares permitidos a judíos a veces se colocaba una marca denigrante en la puerta. El Papa Eugenio iii estableció que los judíos estaban obligados a perdonar las deudas a cristianos. Inocencio iii autorizó las conversiones forzosas y el Concilio de Basilea permitió la discriminación en ghettos y otros horrores que con el tiempo se fueron consolidando y agudizando hasta los antedichos pedidos de perdones de Juan Pablo ii que marcaron un punto de clara reversión y severa condena del antisemitismo y promulgaron un sincero y muy valioso y afectuoso ecumenismo en relación a las tres religiones monoteístas y el respeto a todas. De más está decir que aquella actitud denigrante no alcanza a toda la cristiandad, muy lejos de ello siempre hubieron personas sensatas y civilizadas que se indignaron e indignan con el inaceptable trato a los judíos, tanto sacerdotes como laicos.

 

Es de esperar que lo que viene sucediendo en nuestra época pueda revertirse a la brevedad para bien de la civilización y de un mínimo de decencia. Es de esperar también que la tolerancia y el respeto recíproco abarque a todas las religiones, en nuestra época especialmente a los musulmanes en cuyo caso no nos dejemos atrapar por la trampa letal de aquellos que se escudan en una religión para cometer actos de barbarie y terrorismo porque saben que los ingenuos morderán el anzuelo ya que las guerra religiosas provocan llamaradas de fanatismo. En otras oportunidades he escrito en detalle sobre el Islam y el Corán, ahora solo marco el tema. Es hora de frenar las matanzas en nombre de Dios, la bondad y la misericordia y ahondar en el respeto recíproco y la santidad de las autonomías individuales. El caso de los judíos ha sido el más horroroso de la historia, pero no es el único. Tenemos que estar alertas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

A RAÍZ DE FELIPE GONZÁLEZ EN VENEZUELA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

A pesar de algunas de las ideas patrocinadas en su momento por el ex presidente del gobierno español y a pesar de algunos desaciertos y problemas que tuvo su gobierno, es necesario destacar las valientes y sumamente oportunas declaraciones de Felipe González en Caracas y luego en Madrid. “Venezuela es un país en proceso de destrucción” es lo menos que ha dicho el ex mandatario español a lo cual agregó que “Podemos hace de monaguillo de Maduro”.

 

Son muchos las destacadas personalidades de muy diversos rincones que se muestran grandemente preocupadas por la situación venezolana. Mario Vargas Llosa acaba de concluir también, esta vez en la Universidad de Alicante, que “el país [Venezuela] se va deshaciendo por sus políticas” a lo que sumó el magnífico artículo de hoy titulado “La Venezuela que dejó al desnudo Felipe”. Por mi parte, quiero ahora introducir otro aspecto a las referencias de la catástrofe venezolana como las apuntadas, para marcar la necesidad de una revisión y corrección de la brutal desfiguración del concepto de democracia.

 

En Venezuela claro que la situación es extrema: atropellos al Poder Judicial, a todos los organismos de contralor y a los mismos tribunales electorales se agregan al ataque más despiadado a la libertad de prensa, a las crecientes detenciones a opositores, a la politización de las fuerzas armadas, a los controles de precios, a las reiteradas confiscaciones, a la inflación galopante, al crecimiento sideral del gasto público, al déficit fiscal incontrolable y otras tantas tropelías, hacen que la vida de los venezolanos se torne insoportable en medio de persecuciones y la escasez más despiadada de lo elemental para sobrevivir.

 

Esta lamentable situación de quienes son empleados del régimen carcelario cubano, nos tiene que llamar a la reflexión sobre el verdadero significado de la democracia que, en el caso que nos ocupa, se alega para cometer todo tipo de desmanes. No es aceptable bajo ningún punto de vista puesto que constituye un insulto a la inteligencia, el considerar un sistema como el descripto como si fuera “democrático”, cuando en verdad se trata de cleptocracia, a saber, el gobierno de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de proyectos de vida.

 

Sin llegar a estos extremos venezolanos, hay síntomas peligrosos en Grecia, en España y en muchos lugares antes insospechados en el continente americano y en el europeo (además de los casos mencionados). Por tanto, es imperioso pensar y proponer nuevos límites al Leviatán antes que resulte demasiado tarde.

 

Se han propuesto reformas constitucionales con la intención de ponerle coto a extralimitaciones groseras, se han sugerido modificaciones en el sistema electoral y otras equivalentes pero la situación es de tal gravedad que se requieren cambios más radicales para interponer vallas al atropello constante a los derechos individuales. No resulta congruente esperar resultados distintos recurriendo a las mismas recetas que condujeron al problema. No puede esperarse un milagro.

 

Sin duda que la educación es clave puesto que es improbable que se busquen mecanismos que defiendan derechos si no se cree en ellos. Son en realidad dos brazos de un mismo proceso: incentivos para la autoprotección y sistemas educativos que trasmitan los valores y principios de una sociedad abierta.

 

Sin embargo, en líneas generales, no se observa que se pongan manos a la obra  mientras se sigue consumiendo tiempo en debates sobre candidatos en la próxima contienda electoral, situaciones más o menos irrelevantes de la coyuntura y equivalentes.

 

Ya hemos dicho en varias oportunidades que existen tres propuestas de gran calado para mitigar y frenar los avances del monopolio de la fuerza sobre las autonomías individuales, como lo son las de Hayek para el Poder Legislativo, la de Bruno Leoni para el Poder Judicial y la relectura de un pensamiento clave de Montesquieu que en general ha pasado desapercibido y que es aplicable al Poder Ejecutivo.

 

No es del caso repetir aquí lo expresado por esos tres pensadores que hemos reproducido en otras instancias, pero lo que si es conveniente reiterar es la urgente necesidad de abrir debates respecto a introducir diques de contención para los abusos de poder que a diario se observan en distintos puntos del planeta,  los cuales se hacen descaradamente en nombre de una democracia inexistente.

 

Vamos eso si a repetir las advertencias de varios autores sobre este problema mayúsculo del poder ilimitado de los votos sin contemplar la esencia de la democracia cual es el respeto por los derechos de las minorías para así evitar el “síndrome Hitler”. Comenzando por Cicerón quien escribió que “El imperio de la multitud no es menos tiránica que la de un hombre solo, y esta tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y nombre del pueblo”. Giovanni Sartori consigna que “cuando la democracia se asimila a la regla de la mayoría pura y simple, esa asimilación convierte un sector del demos en no-demos. A la inversa, la democracia concebida como el gobierno mayoritario limitado por los derechos de la minoría se corresponde con todo el pueblo, es decir, con la suma total de la mayoría y la minoría. Debido precisamente a que el gobierno de la mayoría está limitado, todo el pueblo (todos los que tienen derecho al voto) está siempre incluido en el demos”.

 

Por su parte, Gottfried Dietze apunta que “La democracia que supuestamente debe promover la libertad se ha convertido en un desafío para la libertad”. Bertrand de Jouvenel afirma que “la soberanía del pueblo no es, pues, más que una ficción que a la larga será destructora de las libertades individuales” y Benjamin Constant nos ha enseñado que “los ciudadanos poseen derechos individuales independientes de toda autoridad social o política y toda autoridad que vulnere estos derechos se hace ilegítima”.

 

Los tres autores que mencionamos ut supra como propulsores de límites de importancia al poder político se pronuncian de esta manera sobre el problema que enfrentamos. Hayek: “Debo sin reservas admitir que si por democracia se entiende dar vía libre a la ilimitada voluntad de de la mayoría, en modo alguno estoy dispuesto a llamarme demócrata”. Leoni: “Donde las autoridades y las mayorías prevalecen, como en la legislación, los individuos deben rendirse independientemente si están en lo correcto o no”. Montesquieu: “Decir que no hay nada justo ni injusto fuera de lo que ordenan o prohíben las leyes positivas, es tanto como decir que los radios de un círculo no eran iguales antes de trazarse la circunferencia”.

 

Por último, es pertinente citar a uno de los Padres Fundadores estadounidenses, en el país en el que, salvo la inaceptable copia de lo que tenía lugar en el resto del mundo respecto a la espantosa esclavitud eliminada en su momento, resume el pensamiento de la revolución más exitosa en la historia de la humanidad en cuanto a la difundida libertad (hasta los tiempos modernos en los que se ha abandonado buena parte de esos valores). Así, James Madison ha sentenciado que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Este es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”, en el contexto de lo expresado por Jefferson en cuanto a que “Un despotismo electo no fue el gobierno por el que luchamos”.

 

Estos preceptos fueron tomados por las sociedades que aspiraban a la libertad, entre los cuales se destaca el caso argentino con el ideario alberdiano debido a su portentoso progreso cuando se siguieron esos principios rectores, protegidos por consideraciones institucionales como las formuladas por Juan González Calderón quien ha advertido y puntualizado que la democracia falsificada de los números “se basa en dos ecuaciones falsas: 50% más 1%= 100% y 50% menos 1%= 0%”.

 

Autores como Ronald Coase, Harold Demsetz y Douglass North han enfatizado el rol vital que tienen los incentivos, y en el caso considerado existen muy pocos obstáculos que limiten la posibilidad de coaliciones y alianzas que arrasen con los derechos individuales. De allí, por ejemplo, los incentivos para centrar la atención en proteger derechos por parte de quienes tienen un pesado “velo de ignorancia” (para usar una expresión de Rawls) que introduce la elección por sorteo propuesta por Montesquieu. De todos modos, si no resultaran atractivas las sugerencias de éste último autor, ni las de Hayek y de Leoni, insistimos, es imperioso pensar en otros mecanismos para evitar a toda costa la farsa que en gran medida tiene lugar en nombre de la democracia. Y todo está ubicado en el plano institucional fuera del debate de quienes serán los nombres de los que ocuparán cargos públicos, puesto que como ha señalado Popper, el tema no consiste en la concepción del “filósofo rey” de Platón sino en establecer marcos institucionales “para que el gobierno haga el menor daño posible”.

 

Para mayor precisión, en muchos documentos constitucionales se recurrió a la expresión “república” en lugar de “democracia” como fue el caso de la estadounidense y la original argentina, ya que el primer término explicita la alternancia en el poder, la publicidad de los actos de gobierno, la igualdad ante la ley, la responsabilidad del gobernante por sus actos frente a los gobernados y la separación de poderes.

 

A veces nos invade cierto escepticismo cuando observamos la apatía por discutir estos temas, al tiempo que se abandona la educación “porque es un tema de largo plazo” (sic), mientras se desperdician mentes embarcadas en debates más o menos irrelevantes.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

El inevitable final de los populismos

Por Eduardo Filgueira Lima.  Publicado el 27/1/14 en http://www.cepoliticosysociales-efl.blogspot.com.ar/2014/01/el-inevitable-final-de-los-populismos.html

Hemos comenzado un nuevo año con primer mes en el que nuestro país ha sido sacudido por una serie de acontecimientos políticos y económicos que eran predecibles desde fines del 2013.
Nuestros colaboradores y otros artículos incluidos en nuestras páginas – así como diversos medios del país y el exterior – nos advertían de las difíciles circunstancias a las que nos acercábamos y que en este Enero se han plasmado en hechos que obligaron al gobierno a tomar medidas desesperadas para evitar caer en una crisis que parece ya inevitable.
Por un lado – y seguramente solo una estrategia – la Sra. Presidente se mantuvo 40 días “ausente” de toda exposición pública, (desde el último 10 de Diciembre de 2013), aún a sabiendas de la difícil pendiente por la que las políticas populistas “K” nos han conducido. Solo pretendió el pasado 22 de Enero recuperar algo de su liderazgo desdibujado, en una exposición de 40 minutos, anunciando un plan de “subsidios para que los jóvenes de entre 18 y 24 años – los conocidos “ni-ni” – puedan estudiar.
El Plan PROGRESAR desnuda el estrepitoso fracaso de las políticas “inclusivas” – de educación y laborales – que han llevado adelante los 10 años de gobiernos “K” y repite viejas recetas y vicios de la política (la crisis educativa argentina requiere soluciones más comprometidas y de fondo en las políticas públicas que un simple subsidio), por otra parte insuficiente, por lo que debe suponerse solo discursivo.
Pero en su discurso eludió todos los demás problemas que nos aquejan como si no fueran de su responsabilidad,.. ni de su conocimiento. Solo el Jefe de Gabinete y/o el Ministro de Economía, que han dado sobradas muestras de su ineptitud intentan anunciar medidas de coyuntura.
Que la Sra. Presidente desconoce los temas económicos no debe quedarnos ninguna duda,.. pero un presidente no tiene porqué saberlo todo. De hecho solo se deben reconocer las propias limitaciones y saber rodearse de un equipo idóneo que pueda acercarle las soluciones más adecuadas. De otra forma con  cada medida que se toma, cada vez nos acercamos más al precipicio.
Y lo anterior no tiene la intención de desestabilizar, recrear el pánico o tener alguna idea conspirativa. Ya el común de la gente sufre en carne propia y día a día las consecuencias en su bolsillo, de lo que las políticas económicas populistas producen.
Porque este gobierno a la par de cercenar las libertades, cada vez que las cosas no le salen como espera, inventa enemigos de la justa causa que se supone defiende, como una gesta revolucionaria y son esos supuestos enemigos los gestores de su fracaso.
Por eso se debe luchar contra ellos, se los debe denostar, agredir, coaccionar,.. etc. y esto hizo la Sra. Presidente en su último discurso, lo que es a su vez una muestra más y el reconocimiento implícito del fracaso, la imposibilidad de cambiar aunque sea los modos y la declinación inevitable del mentado “modelo”.
Los problemas no son nuevos. Los argentinos sabemos ya de reiterados fracasos de las políticas de este tipo,.. porque de una u otra manera el procedimiento es siempre el mismo:
     Ø  Los políticos para acceder al poder necesitan votos y para ello deben prometer y convencer o efectuar alianzas – como la “transversalidad” – que les permitan llegar.
     Ø  Luego en el gobierno se encuentran ante dos disyuntivas: o generan políticas de crecimiento y desarrollo a “largo plazo” (lo que requiere enormes esfuerzos de capitalización) cuyos resultados tal vez no vean y sean tardíos a sus fines personales, o se preocupan más por el “corto plazo” intentando tapar con parches circunstanciales, las perspectivas de desarrollo mediante subsidios a sus socios y a los más postergados.
     Ø  Finalmente siempre optan por esta última opción que es la que más rédito les genera, aunque signifique un impedimento al desarrollo: una merma en la producción (es decir: que no se produce tanto como potencialmente se podría) y un incremento progresivo del gasto público.
     Ø  El estado – colonizado progresivamente por los gobernantes y sus adláteres – crece de manera gigantesca y para alimentarse recurre a las variadas fuentes de recursos de los que dispone: los impuestos (hasta que ahogan a la actividad productiva) – nuestro país es uno de los que hoy tiene mayor carga impositiva – o las expropiaciones y confiscaciones de empresas (AFJP, AA, YPF, etc.), venta de servicios, y finalmente la grotesca emisión monetaria que erosiona el valor de la moneda.
     Ø  Pero por otra parte necesita mantener el equilibrio fiscal que obviamente se sustenta en gastar lo justo y recaudar lo necesario,.. a la larga los gobiernos populistas terminan en invertir la ecuación y gastan más de lo que deben: la cuestión es generar una falsa sensación de bienestar,.. beneficia bien a los socios, mal a la gran  mayoría,.. y el déficit generado lo pagamos todos.
      Ø  El pensamiento “mercantilista” (de los Siglos XVI, XVII y XVIII), tiene gran predicamento entre los políticos y la población en general. Tanto como las teorías de Singer-Prebich  y el consabido “vivir con lo nuestro” y sustituir importaciones. Es más fácil pensar lo que esas teorías suponen, que comprender que hoy no es posible generar riqueza y producir sin importar. Esto es decir que: para exportar más necesitamos importar más. El cepo a las importaciones impone restricciones severas a la generación de bienes por nuestra parte.
     Ø  Finalmente la política monetaria: el BC se convierte en un financiador imprescindible de un estado elefantiásico e ineficiente mediante la emisión monetaria. Sin excluir las “otras cajas” a las que el gobierno echará mano sin miramientos hasta agotarlas. Este mecanismo de exceso en la emisión monetaria (más allá de la demanda de dinero), así como el mal manejo del crédito (que induce de manera implícita un incremento de la masa monetaria), son los factores que generan una inflación incremental.
      Ø  Todos percibimos la pérdida de nuestro poder adquisitivo y tratamos de refugiar nuestros activos en una moneda “dura”. Los argentinos ya conocemos el “camino del dólar”.
La inflación no es el aumento indiscriminado de precios como le gente la define en general. La inflación es la pérdida del valor de la moneda, que se traduce en que para conseguir la misma cantidad de bienes cada vez es necesaria mayor cantidad de dinero. La inflación es el impuesto más perverso pues deteriora los salarios, genera desconfianza e incertidumbre y sus efectos – si bien los pagamos todos – los pagan en mayor medida quienes se encuentran en peores condiciones.
La paradoja es que lo anterior quiere decir que: las políticas que instaura el gobierno terminan por perjudicar más a quienes dice querer “incluir”.
Y este ciclo de una u otra forma es generado por las políticas de gobierno que – por intervencionistas – desnaturalizan las reglas del mercado el que termina por imponerle “sus” límites a la política, de una manera dolorosa para quienes inadvertidos han depositado siempre renovadas esperanzas en el gobierno de turno.
Se trata de gobiernos que se aferran a una visión anacrónica y limitada de la política. Que ideológicamente siguen atados a falsos nacionalismos colectivistas, a pensar de manera simplista las variables económicas, a identificar enemigos internos y externos cuando las posiciones son distintas, a creer que el trasfondo de nuestros males está en el mercado y en el aprovechamiento de sus beneficios por parte de (lo que llaman) la oligarquía y los imperialismos.
Así como sus métodos nos conducen a aislarnos cada vez más del mundo, con sus graves consecuencias, intervenir cada vez más en la economía y en la vida política: silenciando voces críticas,.. promoviendo una justicia adicta, (aunque sea alquilada), sin  mencionar la corrupción que tiñe todos los actos y se convierte en una constante.
Todo lo anterior desmerece a la política y deja a los ciudadanos a merced de caprichosas decisiones, sumiéndolos en la desconfianza y la desesperanza.
Los problemas que heredamos son demasiados y no finalizan hoy, ni en el escueto listado que he hecho. Todavía faltan por encarar muchos problemas para los que el gobierno parece tener “recetas hechas”, aunque el rumbo errático parece demostrar lo contrario:
Ø  El control de la inflación que se estima mayor al 30%
Ø  Las deudas de las provincias en un contexto de Nación federal con un medio centralizado de manejo de los recursos (el 75% queda en el gobierno central), lo que le permite someter y disciplinar gobernadores, que ya sienten el peso de su gasto (y deudas que alcanzan los u$s 1.720 millones)
Ø  Un acuerdo de precios que será insostenible (los argentinos tenemos suficiente experiencia de los fracasos a los que estas medidas conducen), sino se logra estabilizar el precio del dólar, cuya inevitable consecuencia es el desabastecimiento.
Ø  El precio del dólar del que no se conoce su próxima evolución, las especulaciones son muchas y que lo anunciado – una limitación del cepo a la compra como reserva de valor – pienso que tendrá poco efecto sobre su demanda, en particular por las limitaciones que impondrá la AFIP.
Ø  Las reservas del BCRA, que en picada se han desplomado hasta perforar la barrera de los u$s 30.000 millones, con lo que se supone una marcada disminución en su potencialidad para influir en el mercado del dólar, así como para pagar con reservas las deudas pendientes.
Ø  Las dificultades que – dados nuestros antecedentes y la desconfianza que hemos generado – tendremos para acceder al mercado internacional de capitales, necesarios para lograr inversiones productivas en el país.
Ø  La inevitable puja salarial que se avecina: ¿podrán convencer a los asalariados que deben moderar sus reclamos y absorber mayor parte aún del deterioro que la inflación produjo en sus salarios?,.. ¿Se desconoce acaso que el 30% de la población vive en condiciones de pobreza y que el salario para sostener una canasta básica supera hoy los $ 6.000 por mes?
Ø  La crisis energética que nos insume importaciones por valor de u$s 14.000 millones para este año, si se quiere mantener la actividad industrial y la provisión regular de servicios.
Se trata de solo unos pocos de los problemas que debemos enfrentar y todo ello sin ingresar en las consecuencias sociales como el deterioro de la calidad educativa, de la salud y de muchas otras políticas públicas.
Probablemente el deterioro social e institucional sea el problema más grave y que nos llevará muchos años reconstruir.
En el año 2010 la Sra. Presidente dijo: ”…quienes quieran especular con otra devaluación y hacer extraordinarias ganancias con ello, deberán esperar otro gobierno,..” Y también agregó ya en 2011: “… nuestro gobierno jamás recurrirá a un ajuste para equilibrar,…”
En realidad la Sra. Presidente se anticipaba a lo que hoy estamos viviendo: la hora del ajuste.
Tal vez intuía el derrotero inevitable de sus políticas y de la impericia de sus funcionarios. Tal vez, como la mayoría de las veces – y como casi todos nuestros gobernantes – prefirió inclinarse por políticas cortoplacistas que hacen más a sus intereses políticos personales que a la promoción de un país desarrollado.
De cualquier manera que sea, hoy deben contenerse las variables que nos conducen al descalabro y en particular el gasto público, pero en cualquier caso no se tratará de “sintonía fina”,.. sino lisa y llanamente de un ajuste que unos pagarán más que otros, pero que nos afectará a todos.
El problema radica en analizar “cuáles son las variables que el gobierno prefiere” ajustar y cuales menos: ¿serán los salarios,.. o los subsidios a las empresas,.. o emitirá más aún,…o….?
Sin dudas estamos atados a sus “preferencias”, que se declaman progresistas pero si se mantienen en el mismo derrotero seguramente nos sumirán cada vez más en el estancamiento y el deterioro de nuestra sociedad.
La década “K” ha generado incertidumbre, impuesto un promocionado “modelo”, perseguido a sus detractores y críticos, colonizado el estado como botín de guerra y emitido dinero sin respaldo para financiarse.
Además aunque los funcionarios leen la situación – y la sociedad se los ha dicho en las últimas elecciones – se enredan en un diagnóstico errado: ¿Por qué habríamos de pensar que “sus preferencias” serán las acertadas para generar un país mejor?
Nosotros debemos hacerlo según nuestras propias convicciones y sabemos que del intercambio surgirán nuevas propuestas y oportunidades, por ello los invito a continuar el trabajo pendiente en este nuevo año 2014.

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

El mito del gasto público para estimular la economía

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 18/8/13 en: http://economiaparatodos.net/el-mito-del-gasto-publico-para-estimular-la-economia/

Como en economía no hay magia, lo primero que hay que preguntarse es: ¿cómo se financia todo aumento del gasto?

Suele decirse que el aumento del gasto público reactiva la economía y que una baja del gasto público la deprime. A quienes defendemos la reducción del gasto nos llaman ortodoxos, los desalmados que quieren ajustar a costa del pueblo y demás adjetivos que nos descalifican como si disfrutásemos viendo a la gente sin trabajo y sumergida en la pobreza.

Veamos qué hay de cierto en las dos posturas comenzando por el aumento del gasto como “reactivante”. Como en economía no hay magia, lo primero que hay que preguntarse es: ¿cómo se financia todo aumento del gasto?

Los mecanismos de financiamiento del aumento del gasto son los siguientes:

1)    Aumento de impuestos

2)    Endeudamiento interno y externo

3)    Emisión monetaria

4)    Consumo del stock de capital

5)    Confiscaciones

Si se aumenta el gasto financiándolo con aumento de impuestos, ese aumento lo único que hace es transferir recursos de los que pagan más tributos a quienes los reciben vía el gasto. Supongamos que se grava a los sectores de mayores ingresos para transferírselos a los de menores ingresos. En principio los sectores de menores ingresos consumen más, pero los sectores de mayores ingresos invierten menos o bien ahorran menos. Al haber menos ahorro hay menos recursos para financiar inversiones y consumo, con lo cual el efecto de corto plazo es neutro. Solo aumenta el consumo de ciertos sectores a costa de más inversiones. El nivel general de demanda es el mismo, lo que cambia es la composición de la demanda. Se incrementa la demanda de bienes de consumo y se deprime la demanda de bienes de capital. El efecto de largo plazo es que las menores inversiones se traducirán en menos productividad de la economía, salarios reales más bajos en el futuro y menos puestos de trabajo. Ahora, si el gasto sigue aumentando y la presión impositiva se extiende a amplios sectores de  la sociedad, la historia muestra que la gente termina rebelándose contra los gobiernos que los esquilman impositivamente.

Imaginemos ahora que el aumento del gasto se financia con crédito interno. En ese caso, la mayor demanda de crédito por parte del sector público eleva la tasa de interés y desplaza al sector privado del mercado crediticio, con menor consumo e inversión. Nuevamente, hay más actividad por el aumento del gasto pero menos actividad por el costo crediticio más alto para invertir.

Si en vez de recurrir al ahorro interno se recurre al ahorro externo para financiar el aumento del gasto, puede haber una reactivación de corto plazo dado que se consume más utilizando el ahorro de los japoneses, alemanes o italianos, pero el efecto de largo plazo es que aumenta el gasto por mayores intereses a pagar, lo cual exigirá nuevas fuentes de financiamiento para pagar tanto los intereses como el capital. El ejemplo más claro que puede darse son los 90 cuando se financió el aumento del gasto con endeudamiento externo lo cual disparó el gasto y la deuda hasta que fue insostenible.

Si el aumento del gasto se financia con emisión monetaria, inicialmente puede generar una ilusión monetaria que lleve a más consumo, pero a medida que sube la tasa de inflación, caen los salarios reales y se contrae el consumo. El efecto de corto plazo puede ser más actividad pero en el largo plazo se entra en procesos de recesión con inflación o estancamiento con inflación. Es lo que vemos hoy día en la economía argentina. Si bien la fiesta de consumo artificial responde a varios factores adicionales (soja, crecimiento del mundo hasta la crisis del 2008, Brasil con un dólar barato etc.) la fuerte expansión monetaria para financiar el gasto está haciendo estragos en la actividad económica. Nuevamente, ilusión de consumo de corto plazo, caída de actividad en el largo plazo.

En cuarto lugar veamos el financiamiento del gasto consumiendo stock de capital. El Estado puede destinar recursos que deberían ir al mantenimiento de la infraestructura del país hacia sectores que al recibir esos recursos aumentan el consumo. En este caso no hay aumento de la actividad, solo cambia el tipo de actividad, se compran más bienes de consumo y baja la actividad en los rubros ligados al mantenimiento de rutas, trenes, sistema energético, puertos, etc. Desde el punto de vista macro, los que venden bienes de consumo festejan, los que se dedican al mantenimiento de la infraestructura ven disminuir sus ingresos, con el agravante que este mecanismo de financiamiento puede derivar en muertes como las que hemos visto en varias tragedias ferroviarias y en las rutas.

Finalmente, se puede financiar el gasto confiscando, como ocurrió con nuestros ahorros en las AFJP. Ahí si tenemos un aumento del consumo y de la actividad a costas de un sector de la sociedad que en el futuro vivirá en la miseria cuando tenga que jubilarse.

Como puede verse, no es tan cierto que el aumento del gasto público siempre incremente el nivel de actividad en el corto plazo. En unos casos solo genera cambios en el tipo de bienes que se demandan, pero la demanda global se mantiene constantes. En otros casos puede estimular la economía en el corto plazo pero con efectos contractivos en el largo.

El punto es cuando llega el largo plazo y el nivel de gasto es insostenible,  generando recesión e inflación. Llegado a este punto, a quienes sostenemos que debe bajarse el gasto público se nos acusa de ortodoxos del ajuste, cuando en realidad lo que se busca es la forma menos traumática de evitar una crisis de envergadura que le genere mayores penurias a la población.

¿Qué hizo Duhalde en el 2002? Generó una fenomenal devaluación, llamarada inflacionaria y caída del ingreso real para licuar el gasto público, pero con un costo para la población que fue infinitamente mayor a la reducción de gasto público que  en su momento había sugerido Ricardo López Murphy y fue atacado a mansalva por las medidas que había propuesto.

Obviamente que solamente bajar el gasto no sirve de nada si no está hecho en un contexto de política económica e institucional creíble que rápidamente encauce la economía hacia el crecimiento. Eso es lo que ocurrió con la devaluación del 2002. Solo cambió los precios relativos de la economía, licuaron el gasto público con la inflación pero no hubo un plan de crecimiento económico de largo plazo. Solo pudo sostenerse esa brutal devaluación porque la suerte hizo que subiera el precio de la soja y el viento de cola nos empujara en estos diez años.

Salvando las diferencias, el rodrigazo de 1975 fue un intento por solucionar el problema fiscal y de distorsión de precios relativos que había dejado José Ber Gelbard. Una vez más, creo necesario destacar que la historia ha sido injusta con Celestino Rodrigo porque fue a él al que le tocó destapar la olla a presión que le había dejado Gelbard. El error de Celestino Rodrigo fue hacerlo en un contexto político e institucional totalmente adverso, limitándose al flanco fiscal sin avanzar en otras reformas estructurales que requería la economía para ser encauzada.

En síntesis, es una ficción que el aumento del gasto público sea la panacea de la economía que mágicamente produce una explosión de actividad. En todo caso puede ser asimilada, dependiendo de la forma en que se lo financie, a drogar la economía, con el efecto desastroso que luego tiene sobre la sociedad cuando luego llega el momento de la verdad. Primero se pide más droga, pero ese exceso de dosis de droga terminan destruyendo el sistema económico y luego la cura es dolorosa.

Justamente porque es dolorosa los políticos tratan de esquivar el costo político de poner disciplina fiscal, monetaria y calidad institucional para atraer inversiones. Las cosas se van postergando hasta que, finalmente, los costos de los desatinos económicos se terminan pagando de la peor forma posible con más sufrimientos para la población.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

Por qué el gobierno no podrá detener el deterioro económico

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/5/13 en http://economiaparatodos.net/por-que-el-gobierno-no-podra-detener-el-deterioro-economico/

Cristina Fernández podrá retener el poder recurriendo a mil tramoyas políticas, pero lo que no podrá nunca es recuperar la destrucción económica que ella y su fallecido esposo le generaron a la Argentina

Para ir directo al punto voy a formular una afirmación y luego explicarla. La afirmación es muy sencilla: mientras esté el kirchnerismo en el poder, la economía argentina irá barranca abajo. El kirchnerismo o cristinismo no tiene ninguna posibilidad de cambiar el curso declinante de la economía. Podrá, si tiene suerte, tener algún descanso temporario, pero la curva va a ir inevitablemente hacia abajo.

Las razones para formular semejante afirmación son básicamente dos: 1) el modelo siempre fue intrínsecamente inconsistente y se quedó sin financiamiento y 2) el gobierno no puede generar ningún tipo de confianza.

La inconsistencia del modelo, si es que así puede llamarse a esta acumulación de parches, es que sigue creyendo que primero se puede consumir y luego producir. La redistribución demagógica y populista duró mientras hubo recursos para financiarla. Eso se acabó y ellos lo saben.

Mucho se ha hablado en estos días que el blanqueo de capitales busca reactivar la economía ante la falta de recursos. Tal vez ese sea un objetivo secundario y un argumento para “vender” el blanqueo ahora llamado exteriorización, pero me parece que el objetivo primario es buscar cobertura ante los escándalos de corrupción que surgen día a día.

Ahora bien, ¿por qué la economía seguirá deteriorándose mientras siga el cristinismo? Por la sencilla razón que no solo no generan confianza con lo que hacen, sino que ahora generan cada vez más pánico en los agentes económicos. En la desesperación por mantenerse a flote ya hacen cualquier barbaridad económica e institucional, lo cual puede agravar la crisis en forma más acelerada como por ejemplo generar una crisis financiera por miedo a que hagan cualquier cosa con el dinero de la gente. No digo que necesariamente vaya a pasar, pero la psicosis es grande al ver tanta impunidad, que la gente vive preguntando si pueden meterse con las cajas de seguridad. Es más, si mal no recuerdo Kicillof tiró un número sobre cuánto calcula el gobierno que hay en dólares en las cajas de seguridad. El solo hecho de dar ese número y decir que ellos saben lo que la gente tiene en las cajas de seguridad es motivo suficiente para que la gente se preocupe. Después de todo, el kirchnerismo tiene un largo curriculum en materia de confiscaciones.

Justamente ese es su principal problema para poder salir del pantano económico en que están metidos. Por el problema de tipo de cambio real ya no generan tantos dólares comerciales como para bancar importaciones y sostener consumo. Lo que se consume hay que producirlo adentro, pero para eso necesitan inversiones. Necessitan que aumente la capacidad de producción, porque Marcó del Pont podrá seguir emitiendo moneda para “estimular” la economía pero si no hay bienes para comprar, veo difícil que la gente pueda consumir, salvo que se coma los papales que emite el Central. Y aquí tienen el problema de fondo, solo un kamikaze puede invertir en un país en el que no se pueden girar utilidades y dividendos. Moreno te ordena qué tenés que producir, a qué precio vender, etc. Encima te matan con impuestos. Todo lo necesario para que no haya proyecto de inversión que tolere semejante locura de autoritarismo económico. Pero como se sabe que quieren sostener el populismo, la pregunta que se formula la gente es: ¿qué caja van a manotear ahora? Es decir, la pregunta lleva implícito otro riesgo más. Meterse en alguna inversión que luego se transforme en una pesadilla porque en nombre del modelo de inclusión social, el gobierno decidió expoliar con algunos de sus mecanismos de abuso del poder. La gente vive pendiente de qué activos va a atacar el gobierno para financiarse, el peor clima que uno puede imaginar para las inversiones.

Agreguemos que el espectáculo que dieron los cinco funcionarios del área económica para explicar el blanqueo dejó en evidencia la falta de preparación para poder responder con solvencia a preguntas muy elementales. Ni ellos sabían explicar en qué consiste este blanqueo que quieren tratar en forma urgentísima.

Pero voy más allá y reconozco que una presidente con inclinaciones autoritarias y desconocimiento de lo más elemental de la economía nunca va a poder estar rodeada de gente preparada y que genere confianza. Puesto en otros términos, el lamentable espectáculo de los cinco funcionarios no es otra cosa que el reflejo de la mediocridad intelectual de Cristina Fernández de Kirchner. Y aquí llegamos al punto de fondo. El principal obstáculo para poder recuperar la economía tiene nombre y apellido: Cristina Fernández de Kirchner. Es ella la que, en su ambición de poder y desprecio por las instituciones, hace inviable cualquier recuperación económica. No hay forma que ella logre generar confianza en los inversores. Si el ministro de economía tiene miedo de hablar de inflación, quiere decir que sus funcionarios tienen pánico a la ira presidencial. Eso lo perciben los inversores y no van a ser tan inconscientes de hundir su capital en un país que depende de los caprichos autoritarios de una persona absolutamente imprevisible y caprichosa.

Como lo he dicho en reiteradas oportunidades, aquí no se trata de retocar el tipo de cambio, subir la tasa de interés o cambiar la política de subsidios. El tema es mucho más profundo y tiene que ver con la falta de confianza en la persona que tiene el monopolio de la fuerza. Seguramente ya no tiene ese famoso 54% que dicen haber sacado en las elecciones de 2011, pero tiene el monopolio de la fuerza y capacidad de hacer daño con los resortes de poder que conserva. Y ese poder de dañar condena a la Argentina a una continua caída en las inversiones, menos puestos de trabajo, baja en la productividad y menos salarios reales.

A esta altura del partido, ya no pueden salir del cepo cambiario porque si pusieran un dólar financiero con flotación sucia, el mercado les barrería las reservas, y más con todo el prontuario confiscatorio que han demostrado que pueden aplicar en cualquier momento.

No tienen forma de financiar la recuperación de la destrucción del sistema energético y la gente les tira por la cabeza los pesos que emiten.

La confianza, que es la clave de todo proceso económico está quebrada. Cristina Fernández podrá retener el poder recurriendo a mil tramoyas políticas, pero lo que no podrá nunca es recuperar la destrucción económica que ella y su fallecido esposo le generaron a la Argentina. La semilla de la decadencia económica está en la misma presidente. Mientras eso no cambie, no puede esperarse que la economía entre en una senda de crecimiento, ni aún con este engendro del blanqueo, que parece ser más una cobertura para los corruptos que un instrumento para atraer inversiones.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

YPF, genocidas y principios:

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 19/4/12 en http://guillermoluiscovernton.wordpress.com/

Desde hacen 48 hs. todos los medios de comunicación que me conectan con el mundo que está fuera de mi mente hierven con gente que me pregunta mi opinión sobre la confiscación de YPF.

Por celular, por las redes sociales, por correo electrónico, por los pasillos de la universidad, clientes, proveedores, empresarios que se vinculan conmigo, todo el mundo quiere un análisis sobre esto.

Obviamente que cada uno debe formarse una opinión propia, para lo cual hace falta dar una profunda lectura de los antecedentes jurídicos, históricos y económicos del proceso de privatización y de re-estatización. Pueden haber también algunas consideraciones económicas. Pero por sobre todo, y dada la insistencia de tantísimas personas que me lo preguntan, porque creen en mí como persona, me siento en la obligación moral de dar una respuesta ética, antes de estudiar todos los detalles que alguien pueda considerar atendibles.

Para decirlo muy brevemente, porque estoy de viaje y me estoy conectando por celular: Hitler, cuando quería obtener dinero, mandaba a la Gestapo a la casa de un judío viejo, rico y feo. Lo apaleaban, le robaban todo y luego lo mandaban a Auschwitz. ¿Porque?

Porque era más aceptado por la mayoría que ir a asesinar a una rubia veinteañera y sacarle el equivalente a 50 pesos. Pero era un crimen aberrante, de igual modo.

Esta gente confisca YPF porque les puede dar una caja eficaz y rápida. No te expropian tu casa porque sacarían poca plata y mucha gente se solidarizaría contigo. Pero es un crimen aberrante, de igual modo.

Están robándole a una persona privada, a un civil cualquiera, argentino o extranjero, detalle que no hace ninguna diferencia, un activo que ha comprado genuinamente, pagando por él con el fruto de su trabajo, con sus ahorros, o con capital tomado a crédito, y que debe devolver a los ahorristas que se lo confiaron.

Un activo que le habían vendido ellos mismos, prometiéndole unas reglas que fijaron por contrato y que ahora no cumplen: QUIEN QUIERA COMPRAR DEBE OFRECER UN PRECIO POR EL 100 %. Es un crimen aberrante. Si aceptamos esto, desde el punto de vista moral, no vamos a tener argumentos éticos de ningún tipo para esgrimir, contra cualquier iniciativa que quiera confiscarte tu casa, tus ahorros, los depósitos bancarios o la vida de tus hijos.

Del mismo modo que se quedaron sin argumentos todos aquellos que marcharon a los hornos crematorios nazis, después de haber tolerado el genocidio de los judíos.

No importa si me gusta Repsol o Bruffau. No interesa si son extranjeros. Tampoco importaba si eran gordos, feos, ricos o judíos. NO MATARÁS. NO ROBARÁS. Eso es lo único que importa. Se podrán hacer muchísimos otros análisis, pero este es ineludible. Si no estamos de acuerdo en esto, es dificil que podamos integrar una sociedad civilizada, abierta, pluralista y respetuosa de las minorías y de la diversidad, sin xenofobia, racismo, prepotencia y sin violaciones a los derechos humanos.

Perdón por lo breve pero no tengo tiempo: Tengo que producir para poder seguir viviendo de mi propio trabajo y no hacerme Kirchnerista.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases.