Ricardo III: el líder maquiavélico

Por Luis del Prado:

 

Ricardo III es uno de los peores villanos de la historia inglesa, pero a la vez es alguien que conocía a la perfección los laberintos del poder y que usaba su excelente retórica y su enorme capacidad para retener a sus seguidores con una combinación de amenazas y sentimientos de culpa, que tejían una tela de araña de la que era muy difícil escapar.

Los críticos de Shakespeare coinciden en el hecho que el autor exageró mucho la deformidad física de Ricardo a los efectos de resaltar la corrupción de su alma.

Ricardo pertenecía a la familia York, que representaba uno de los bandos principales de la contienda civil denominada “Guerra de las Rosas”, que dividió a Inglaterra. Sus principales enemigos eran los Lancaster.

Ricardo comprendía que los actos humanos pueden modificar la historia y que el derecho divino de los reyes muchas veces sucumbe ante quien ostenta el poder. Ricardo tenía plena conciencia que, para transformarse en Rey, tendría que trabajar duro y no confiar en su suerte sino hacer que las cosas sucedan.

Entre Ricardo y la corona se interponían varias personas: El Rey Enrique VI y su hijo Eduardo y en el seno de su propia familia, sus dos hermanos mayores y sus dos sobrinos. Seis hombres saludables, de diferente edad, pertenecientes a las dos familias que estaban peleando la guerra civil.

Ricardo estaba determinado por la ambición y por la emoción del deseo. Cuando esto sucede, ocurren dos cosas al mismo tiempo: es imperioso ir hacia delante, pero, al mismo tiempo, a veces no está bien claro cuál es el rumbo. Es vital actuar, pero cada acción puede ser la equivocada. No es cómodo estar atrapado en la oscuridad y aguijoneado por las espinas de la acción.

La manera de salir de esa situación es planeando al detalle una secuencia de actividades complejas.

Ricardo comenzó planeando las muertes del Rey Enrique VI y de su hijo Eduardo. De alguna manera, sus muertes estaban justificadas. Enrique y Eduardo eran enemigos de Ricardo y este era un guerrero que los iba a matar en nombre de una legítima disputa entre diferentes facciones del reino.

En realidad, Ricardo ya había planeado que estas dos muertes fueran solo las primeras de una larga serie, pero aprovechó la disputa con los Lancaster para justificarlas.

De hecho, gracias a estas muertes, Ricardo gana credibilidad entre su propia familia, que empezó a percibirlo como un guerrero que estaba creando un futuro para todos ellos, cuando en realidad lo único que estaba creando era su propio futuro.

En el parlamento inicial de la obra, Ricardo celebra la ascensión al trono de su hermano mayor Eduardo. Al finalizar el invierno de la guerra, le da la bienvenida a la calidez generada por el sol de un nuevo rey. Pero, en realidad, a Ricardo no le importaba el triunfo de su familia, sino su ambición personal.

Al poco tiempo de la coronación de su hermano, Ricardo lo predispuso en contra de su otro hermano Clarence, para que, al poco tiempo, este último conociera las mazmorras de la Torre de Londres.

En el camino al trono, Ricardo se quedó cada vez más solo. A medida que Ricardo fue acaparando poder, su visión fue compartida cada vez por menos personas.

De hecho, la manera en que Ricardo persiguió sus objetivos tendió a separarlo de los demás. Shakespeare nos muestra, a través de las acciones de Ricardo, qué peligroso puede resultar estar cerca de una persona tan ambiciosa.

Su hermano Clarence fue asesinado en prisión por orden de Ricardo. Sin embargo, Clarence creyó hasta último momento que su hermano era su amigo y su abogado defensor. Al Rey Eduardo, lo eliminó con la mala noticia de la muerte de Clarence por culpa del rey, aunque este había retirado la orden de ejecución: una palabra terrible en el momento adecuado puede matar. Al morir el Rey, Ricardo se transforma en el Lord Protector del reino.

Queda a cargo de la nación, pero no podía ser coronado rey, porque los dos hijos de Eduardo (sus sobrinos) estaban vivos.

Los colaboradores más cercanos de Ricardo estaban aterrorizados y desconfiaban de sus intenciones. En ese mundo no existía la confianza.

Hastings, uno de los nobles más prominentes del reino, fue ejecutado por orden de Ricardo (“¡Que lo maten! ¡Ya encontraremos un motivo!”). El precio de la proximidad al mundo de Ricardo era demasiado alto. De esta manera, Ricardo eliminó al partidario más ferviente de la coronación de su sobrino y envió un claro mensaje a los demás nobles.

A pesar de sus ideas brillantes y de su falta de escrúpulos, Ricardo seguía necesitando de otras personas para poder lograr su objetivo.  Un líder sano depositaría esa confianza en su círculo más cercano. En el caso de Ricardo, el ambiente de traiciones y asesinatos que creó con sus actos, deterioró incluso la relación con sus propios colaboradores.

El ambicioso Buckingham fue su mano derecha y su cómplice en el ascenso al trono. Ricardo le prometió tierras y títulos antes de ser Rey, a cambio que hiciera el trabajo sucio. Una vez coronado, llevó al límite la obediencia de Buckingham al ordenarle que asesine a sus sobrinos. Como Buckingham dudó, Ricardo lo descartó y no cumplió con su promesa.

Nicolás Maquiavelo escribió “El Príncipe” en 1532 en la ciudad de Florencia, 65 años antes que Shakespeare publicara “Ricardo III”. En uno de sus párrafos afirma algo que encaja perfectamente con el modelo mental de Ricardo:

Cualquiera puede comprender lo loable que resulta en un principio mantener la palabra dada y vivir con integridad y no con astucia; no obstante, la experiencia de nuestros tiempos demuestra que los príncipes que han hecho grandes cosas son los que han dado poca importancia a su palabra y han sabido embaucar la mente de los hombres con su astucia, y al final han superado a los que han actuado con lealtad

El último impedimento para la ambición de Ricardo eran sus dos sobrinos. Cuando los dos príncipes fueron asesinados en la Torre de Londres por órdenes de Ricardo, éste se convirtió en Rey. Su reinado duró solo dos años.

Ni bien se coronó, comenzaron a florecer las conspiraciones en su contra. Los métodos que utilizó para acceder al poder, le generaron temor acerca de que otros pudieran usar procedimientos similares contra él.

Esta es una lección poderosa: si alguien mintió y engañó para llegar al poder, no podrá reclamarle a los demás que no lo hagan. Los actos inmorales en orden de obtener poder generan su propia ansiedad, dado que está claro que otras personas pueden hacer lo mismo.

En el caso de Ricardo, esas conspiraciones se materializaron en un enorme ejército, liderado por el duque de Richmond, el futuro Enrique VII, abuelo de Elizabeth I, quien reinaba cuando Shakespeare escribió esta obra.

Shakespeare relata que la noche anterior a la batalla entre los ejércitos liderados por Richmond y por Ricardo III, este es visitado en sueños por los fantasmas de todas las personas que asesinó. Por supuesto, lo maldicen y le desean lo peor para el día siguiente. No es la mejor manera de pasar la noche previa a una batalla decisiva.

Los fantasmas lo atemorizan respecto del futuro y le demuestran que los delitos que se cometieron en el pasado, nunca permanecen del todo en él.

Ricardo se despierta de sus sueños muy angustiado[1]:

Ahora es plena medianoche.

Gotas frías de miedo se asientan

en mi carne temblorosa.

¿A quien temo? ¿A mí mismo? Si no hay nadie más…

Los siete pecados cometidos

en algún grado, al tribunal acuden

y me acusan: ¡Culpable, eres culpable!

¡Debo desesperar! No hay quien me ame

y, si muero, no hay alma que se apiade.

¿Por qué habían de apiadarse…si yo mismo

no encuentro en mí piedad para mí mismo?

Este es el resultado final de la historia de Ricardo: cuando estaba solo, luego de haber matado a todos los enemigos que se opusieron entre él y sus objetivos, se encontró con la persona más peligrosa del reino: él mismo.

Ricardo sabe que los demás han sido asesinados o han desertado. Como si ese miedo de sí mismo no fuera suficiente, reconoce que, al igual que los fantasmas de las personas que asesinó, él tampoco se apiada de su propia alma.

No tuvo piedad de su hermano ni de sus sobrinos, ¿cómo iba a apiadarse de aquel que los asesinó?. En el momento de su última batalla, Ricardo estaba completamente solo.

El día siguiente, perdió la batalla y sus últimas palabras demuestran el valor que le daba a la corona que consiguió engañando y asesinando. En ese momento estaba dispuesto a cambiar todo por un caballo. Ricardo muere de manera humillante, mostrando lo infructuoso de toda esa ambición.

Lo paradójico es que Ricardo se crió en una clase social en donde nunca faltaban caballos para montar. Al final de toda la trama de mentiras, traiciones y asesinatos, estaba dispuesto a cambiar todo lo conseguido por algo de lo que siempre dispuso.

Al concluir con la frase “¡Mi reino por un caballo!”, Shakespeare nos muestra la futilidad de la ambición de Ricardo.

El aislamiento de Ricardo, producto de su ambición, era extremo. Es esencial para cualquier líder entender el proceso que lo condujo hasta esa situación.

Se podría simplificar la conclusión afirmando que es malo ser ambicioso. Pero lo que se muestra en la obra es que el aislamiento es fruto de la combinación de la ambición y el individualismo que excluye a los demás de sus acciones y de sus esperanzas.

Ricardo demuestra que una clara ambición, combinada con una voluntad extrema para actuar bajo cualquier circunstancia, puede alcanzar los objetivos, incluso contra todos los pronósticos. Pero en el proceso se pierde la confianza de todos los que lo rodean.

Shakespeare nos enseña que tal tipo de camino hacia el poder puede “funcionar” pero, en última instancia, se va a volver en contra de la persona que lo eligió.

El poder, incluso el de un Rey, no puede ser ejercido sin la confianza de otras personas. La ambición individual llevada al extremo puede lograr el éxito, pero al mismo tiempo contiene el desastre.

Ricardo III es una clara muestra de lo que ocurre cuando un líder falla en el lento y meticuloso trabajo de construir relaciones con los demás.

 

[1] Shakespeare, William. op.cit. Acto 5 Escena 3

 

Luis del Prado es Doctor en Administración. Es profesor y rector de ESEADE. Es consultor y evaluador en temas de educación superior, en el país y en el extranjero.

La suba de la tasa al 40% genera más desconfianza

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 8/5/18 en: https://www.infobae.com/economia/2018/05/08/la-suba-de-la-tasa-al-40-genera-mas-desconfianza/

 

Este no es este el camino a seguir para zafar de la terrible herencia que se recibió del kirchnerismo

Federico Sturzenegger, presidente del BCRA
Federico Sturzenegger, presidente del BCRA

Luego de las corridas cambiarias de las últimas semanas, la gran pregunta no es “por qué ocurrió”. La pregunta es: ¿por qué no iba a ocurrir si era absolutamente previsible?

A decir verdad, era absolutamente previsible esta corrida porque el gradualismo del gobierno exigía una jugada de tasa versus dólar que, en algún momento, iba a forzar al BCRA a subir la tasa más que a bajarla.

 Lo que estamos viendo es lo mismo que vimos en la época de Martínez de Hoz cuando trataba de mantener planchado el tipo de cambio con las Letras de Tesorería

El razonamiento para prever el problema que estamos viviendo hoy en el mercado de cambios era el siguiente. El gobierno aplica una política gradualista que le exige financiarse con deuda externa. Los dólares
que recibe el ministerio de Finanzas hay que transformarlos en pesos para pagar los sueldos, las jubilaciones, a los proveedores, etc. Las opciones para conseguir los pesos son dos:

1) Finanzas vende los dólares en el mercado y eso hace bajar el tipo de cambio nominal y real afectando el sector externo, o

2) se los vende al Central, el que coloca esos dólares en sus reservas y emite los pesos que le entrega a Hacienda para que haga los pagos. Obviamente esta expansión monetaria genera inflación, hace caer el tipo de cambio real y también afecta el sector externo.

 Era  previsible esta corrida porque el gradualismo exigía una jugada de tasa versus dólar que, en algún momento, iba a forzar al BCRA a subir la tasa más que a bajarla

Ahora bien, el gobierno optó por utilizar la alternativa 2), venderle al BCRA los dólares que toma como deuda. Como la emisión monetaria que hace el BCRA es realmente importante, el BCRA coloca LEBACs para retirar pesos del mercado y así atenuar al impacto inflacionario.

El gráfico de abajo muestra la evolución del stock de LEBACs desde que asumió Cambiemos.

Stock de Lebacs

Stock de Lebacs

Si uno aumenta el stock de LEBACs por 4, es obvio que se está armando un gran arbitraje tasa versus dólar que en el momento menos pensado y por la causa menos sospechada puede saltar.

Lo que estamos viendo es lo mismo que vimos en la época de Martínez de Hoz cuando trataba de mantener planchado el tipo de cambio con las Letras de Tesorería, o en el Plan Primavera que fue establecido en septiembre de 1988 para llegar a las elecciones y murió el 6 de febrero de 1989.

Destaquemos que a pesar del fenomenal incremento del stock de LEBACs la expansión monetaria primaria siguió en el mismo ritmo que en la era k.

Circulante

Circulante

Como puede verse en el gráfico de “circulante”, a pesar de la fuga de capitales que hubo en los primeros meses de 2018, la tasa de expansión monetaria siguió estando en niveles muy altos, más allá de haberse mantenido en el orden del 35% anual durante buena parte del 2017.

Había que ser muy ciego o no haber vivido años de planes similares para no advertir que no existe el inversor que devengue indefinidamente sus utilidades. En algún momento las realiza y ahora las está realizando.

¿Cómo responde el gobierno a esta toma de ganancias? Subiendo la tasa de interés hasta el 40%, adoptando algunas medidas cambiarias y formulando unos tenues anuncios de reformas estructurales.

 Había que ser muy ciego o no haber vivido años de planes similares para no advertir que no existe el inversor que devengue indefinidamente sus utilidades

Francamente subir la tasa al 40% solo se puede tolerar si es por unos días, digamos una semana, hasta tanto se reconfigura el equipo económico, se formula un plan consistente y categórico que genere confianza y, en definitiva, se pone en marcha un plan económico de estabilización y crecimiento con fuerte apoyo político.

Piense el lector en lo siguiente, una tasa del 40% anual menos una inflación del 20% anual, implica que el BCRA paga una tasa de interés real positiva del 20%. ¿En qué actividad económica puede colocar el BCRA los fondos que capta en LEBACs para poder pagar el 20% real anual de interés?

Semejante tasa de interés, más que generar confianza, genera desconfianza porque la tasa de interés siempre tiene que ser consistente con el sector real de la economía.

 Subir la tasa al 40% solo se puede tolerar si es por unos días, digamos una semana, hasta tanto se reconfigura el equipo económico

Otro punto a tener en cuenta es que el gobierno anunció una baja mayor del déficit primario para este año, básicamente reduciendo el gasto en obras públicas. Se supone que obras que se iban a iniciar no se llevaran a cabo. El gasto de la política y de los llamados planes sociales quedan intactos.

El otro tema tiene que ver con los intereses de la deuda pública en moneda extranjera. Dado que el presupuesto se hace en pesos, no es lo mismo multiplicar el monto de intereses de la deuda externa por un tipo de cambio de $19 que por uno de $22. Si el tipo de cambio se quedara en $22, supuesto fuerte, estimo que los intereses a pagar por deuda colocada en moneda extranjera crece en $30.000 millones que es lo mismo que dijo que Dujovne que se iba a bajar el gasto en obras públicas. Si a esto le agregamos el mayor gasto cuasifiscal por llevar la tasa al 40%, no veo una reducción del déficit fiscal.

Dujovne

Dujovne

En definitiva, con toda sinceridad, no es este el camino a seguir para zafar de la terrible herencia que se recibió del kirchnerismo. Con la historia de que te incendian el país si bajás los “planes sociales”, que son clientelismo político puro, y que si reestructurás el estado estalla el país, el fin de semana pasada se pusieron todos pálidos en el gobierno cuando rugió el monstruo verde. Encima, gente que desconoce el tema económico salió con declaraciones locas como que los supermercados estafan a la gente, o que hay que hacer inteligencia financiera.

Mi sugerencia al gobierno: tomen el tema económico con la seriedad que exige la brutal herencia recibida. No hay caminos fáciles manejando la tasa de interés o forzando a los bancos a vender sus posiciones de dólares. Sólo existen las reformas estructurales.

 

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Economía: los interrogantes de la estrategia elegida

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 21/3/16 en: http://economiaparatodos.net/economia-los-interrogantes-de-la-estrategia-elegida/

 

Esa confianza inicial que tiene el gobierno es un capital político que yo lo invertiría para pagar el costo político de aplicar medidas “políticamente incorrectas”

No son pocas las veces que al ser entrevistado por algún periodista sobre el tema fiscal, afirmo que hay que bajar el gasto público. La respuesta inmediata es: ¿no hay otra forma de ordenar las cuentas públicas sin un ajuste salvaje? Utilizar la expresión ajuste salvaje ya refleja que se están usando frases hechas sin saber muy bien cuál es el problema. Pero avancemos un poco más en el diálogo con el periodismo.

Cuándo me preguntan si es necesario el ajuste salvaje, inmediatamente repregunto si quieren mantener esta carga impositiva. La respuesta automática del periodista es que no. Que la gente no puede seguir pagando estos impuestos. Obsérvese la primera contradicción. No quieren el “ajuste salvaje” pero tampoco quieren que la gente siga pagando estos impuestos disparatados. Ni se plantean cómo se financia el gasto público.

Cómo no saben cómo se financia el gasto, la nota pasa a ser un acto de docencia y entonces le pregunto al periodista: ok, si no financiamos el gasto con impuestos, ¿lo financiamos con emisión monetaria e inflación? Automáticamente saltan y dicen que bajo ningún punto de vista está proponiendo aumentar tasa de inflación.

¿Entonces nos endeudamos para financiar el gasto público? Le pregunto al periodista que se niega al ajuste salvaje del gasto y la respuesta es: nooo, no podemos endeudarnos.

En definitiva, no se entiende qué quieren de la vida. Por un lado no quieren bajar el gasto público porque tendría un costo social de gente desocupada, que en rigor ya es desocupada porque no produce nada útil para la sociedad, pero, al mismo tiempo quieren bajar los impuestos, la inflación y el endeudamiento.

Describo esta situación para mostrar que no solo entre los políticos hay populismo y discurso vacío. También encuentro bastante demagogia y verso por parte de periodistas que en vez de tratar de transmitirle la realidad de las cosas a la gente, juegan al populismo mediático.

Pero justamente siguiendo con el tema fiscal, no me queda muy en claro cómo va a resolverlo el gobierno. Por ahora parece apostar a la obra pública financiada con deuda externa para reactivar la economía al estilo keynesiano. Ahora bien, supongamos que durante un tiempo reactivan la economía, recaudan más impuestos, no bajan el gasto público pero la mayor recaudación les permite cerrar algo la brecha fiscal. El  día que se acabe el crédito externo para financiar la obra pública, se acaba la recaudación y la brecha fiscal vuelve a crecer. Es cierto que puede tirar un tiempo más tomando deuda externa para hacer obras públicas, pero también es cierto que es solo patear la pelota para adelante sin solucionar el problema de fondo. Al contrario, los intereses a pagar por la deuda aumentarán el gasto público dejando un problema mayor hacia el futuro.

Tampoco convence el argumento de Macri que con la confianza se resuelven los problemas porque se atraen las inversiones que harán crecer la economía en el largo plazo.

Es cierto que no hay posibilidad alguna de generar un flujo de inversiones hacia el país si no hay confianza, pero recordemos que la confianza es una condición necesaria pero no suficiente para atraer inversiones.

Sin duda que el ambiente de negocios ha cambiado notablemente desde que Macri ganó las elecciones. Hay otro clima de convivencia. Trato respetuoso por parte de los funcionarios públicos. Certeza de que los funcionarios del gobierno no cometerán las locuras que cometían personajes como Kicillof, Moreno o Aníbal. En definitiva, mayor racionalidad en los actos de gobierno.

Sin embargo, ese impulso inicial de mayor confianza, que incluso parece estar reflejándose en las encuestas que muestran muy alta la imagen del gobierno y creciendo, no es sustituto de las reformas estructurales. Y tampoco van a llegar las inversiones solo por la confianza inicial que está generando el gobierno.

Esa confianza inicial que tiene el gobierno es un capital político que yo lo invertiría para pagar el costo político de aplicar medidas “políticamente incorrectas” pero que son las que se necesitan para ir hacia el crecimiento.

Francamente no creo que vayan a llegar las inversiones con esta carga tributaria, con esta inflación y con esta incertidumbre cambiaria. El mejor clima de negocios y el ambiente político más amigable induce a analizar con mayor interés posibles inversiones en Argentina, pero que esos análisis se transformen en acciones concretas es otra historia.

Y aquí viene la gran pregunta: ¿es posible atraer inversiones sin profundas reformas en el sector público? Hubo casos de países que lograron crecer eliminando regulaciones y aplicando reducciones de impuestos sin tocar gran cosa el gasto público, pero en esos casos no se estaba en niveles de gasto público y presión tributaria récords como las que dejó el kirchnerismo. Mi duda es si con este nivel de gasto público y presión tributaria heredada del kirchnerismo es posible hacer crecer la economía.

Puesto en otras palabras: ¿pueden atraer inversiones de largo plazo en el sector real de la economía sin bajar la presión impositiva y la actual tasa de inflación? Y si no se pueden atraer inversiones con esta inflación y carga tributaria, ¿es posible bajarlas sin reducir el gasto público para atraer inversiones?

Creo que el camino elegido por Macri deja muchos interrogantes por delante que podrían deglutirse la confianza que actualmente genera el nuevo gobierno pero sin los beneficios de la inversión.

Nadie duda que un recorte de gasto público importante produciría conflictividad política y social. La pregunta es si el camino elegido por el gobierno no dilapida la confianza que hoy tiene pero llegando al final del camino sin confianza y sin reformas estructurales.

Tal vez me equivoque, pero tenemos dos problemas: 1) desconocemos el plan económico de corto y largo plazo y 2) observo un problema de comunicarle a la gente los problemas heredados y el camino a seguir que abriría la esperanza de un país mejor.

Obviamente, mi punto de vista es para el debate.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Qué es lo mínimo que hay que hacer

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 24/1/16 en: http://economiaparatodos.net/que-es-lo-minimo-que-hay-que-hacer/

 

Se pueden resolver los problemas económicos solo con confianza?

Todo proceso económico tiene como destino final el consumo. Aun cuando se produzcan bienes de capital o insumos para la producción, ambos factores de producción tiene como último destino el de producir bienes de consumo.

Ahora bien, el kirchnerismo dio vuelta el proceso lógico de la economía y se lanzó a estimular artificialmente el consumo en forma desaforada utilizando diferentes mecanismos. Por un lado uso stock de capital para estimular el consumo, por ejemplo nuestros ahorros en las AFJP o el dinero que tendría que haberse destinado a financiar el mantenimiento y la mejora del sistema energético; por otro lado, nos exprimieron como a un limón a los que producimos dentro del sistema formal, aplicándonos una salvaje presión impositiva para redistribuir entre quienes se consideran con derecho a ser mantenidos de por vida por el resto de los mortales. Lo cierto es que esa presión impositiva derivó en fuertes desestímulos para producir y la economía quedó estancada durante los cuatro años del segundo mandato de Cristina Fernández. El resultado es que aunque Macri quisiera hacer populismo estimulando el consumo, no podría llevar a cabo esa estrategia porque no hay con qué estimular el consumo artificial como lo hizo el kirchnerismo, dilapidando 12 años de nuestras vidas.

No le queda otra opción a Macri, más allá que esa sea su convicción, que volver al proceso lógico de la economía por la cual primero hay que producir y luego consumir.

Para enfrentar el destrozo económico que hereda Macri del kirchnerismo, tiene, a mi juicio, dos opciones para comenzar a mover la economía. La más inmediata es las exportaciones, en particular de productos agropecuarios con una mayor diversificación en granos (el kirchnerismo forzó el monocultivo de la soja con las absurdas medidas que adoptó) y en una segunda etapa tiene que encender el segundo motor para mover la economía que es la inversión. Con estos dos motores en marcha bajará la desocupación, mejorarán los salarios reales e iremos a un proceso final en el que a economía tendrá tres motores empujando: el consumo, las exportaciones y la inversión. Pero el consumo no crecerá en forma artificial, sino en forma sólida.

Obviamente que todo este proceso no es mágico ni instantáneo. Décadas de destrucción populista no se resuelven en unos pocos meses y menos cuando esa destrucción populista llegó al máximo con el kirchnerismo. Yo diría que junto con José Ber Gelbard, Kicillof fue el peor ministro de economía que tuvo la Argentina en los últimos 40 años. Cabeza a cabeza compitiendo por el premio mayor al peor ministro de economía.

Ahora bien, volviendo a las opciones que tiene Macri por delante, me parece que al regular el mercado de cambios cuando salieron del cepo, se quedaron cortos en la suba del tipo de cambio real. Dicho de otra manera, Argentina sigue siendo cara en dólares porque los precios internos subieron más que el tipo de cambio nominal y, por lo tanto, habrá que ver si las exportaciones, que eran el motor más inmediato para mover la economía, pueden darle el empuje necesario. Tengo mis dudas, en particular con un tipo de cambio que se movió, en términos nominales igual al de Brasil y, encima, con nuestro principal socio estancado o en recesión.

Le queda a Macri el tercer motor para mover la economía que es la inversión. Un paso importante dio el presidente en las reuniones que mantuvo en Davos. El flamante gobierno argentino dejó una muy buena imagen. Ya no nos ven como los loquitos irresponsables de América Latina junto con el chavismo. Sin embargo, me queda el interrogante si la nueva imagen de Argentina con un gobierno racional, con gente preparada y proponiendo políticas lógicas, alcanza para atraer la suficiente cantidad de inversiones como para empezar a mover la economía hacia mediados de 2016, porque me parece que el primer semestre va a ser bastante duro.

Dicho de otra manera, uno puede decir para dónde va, pero habiendo tenido nuestro país tantas aventuras populistas, antes de lograr inversiones en cantidades importantes habrá que mostrar que estamos dispuestos a iniciar el camino de la madurez. No basta con decir que se buscará la disciplina fiscal, probablemente las inversiones lleguen cuando se vean señales claras con medidas concretas que buscan la disciplina fiscal.

Quiero decir que no sé si el simple cambio de expectativas alcanza para encender el tercer motor que puede mover la economía, esto es el motor de las inversiones. ¿Tendremos inversiones antes de aplicar reformas estructurales o primero vendrán las inversiones y luego se podrán implementar las reformas estructurales, particularmente en gasto público e impositivas?

En lo personal yo no me arriesgaría e iría por lo seguro. Dejaría flotar en serio el tipo de cambio sin subir la tasa de interés para que el motor de las exportaciones mueva rápidamente la economía y descomprima la situación social mientras avanzo en un plan de disciplina fiscal más convincente que el anunciado para, de esa manera, atraer inversiones.

El gran interrogante que se presenta es: ¿qué es lo mínimo indispensable que hay que hacer en el campo de la economía para salir del largo período de estancamiento? Hay tiempo para hacer correcciones en caso de no ser suficiente lo hecho hasta ahora. Pero tampoco tenemos todo el tiempo del mundo, porque el mundo nos está esperando entusiasmado, pero no nos va a esperar eternamente.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El dólar no se disparará el 11 de diciembre

Por Iván Carrino. Publicado el 4/12/15 en: http://www.ivancarrino.com/el-dolar-no-se-disparara-el-11-de-diciembre/

 

Mucho tiempo pasó desde la primera vez que el entonces candidato Mauricio Macri anunció que, si él era elegido presidente, el 11 de diciembre se terminaría el cepo en Argentina. A varios meses de ese primer anuncio, una parte del mismo ya se cumplió.

El 22 de noviembre “Mauricio” ganó el balotaje y en pocos días le tocará asumir la presidencia de la nación.

De acuerdo con las declaraciones que ofreció a diversos medios periodísticos y lo que confirmaron sus funcionarios, la promesa tiene muchas posibilidades de hacerse realidad. Tal vez la liberación cambiaria no se dé el mismo 11 de diciembre, pero es razonable pensar que en el lapso de una semana luego de su asunción, el país volverá a tener un solo tipo de cambio.

Ahora en este punto surgen todo tipo de especulaciones: ¿Cuánto costará un dólar una vez que se acabe el cepo? ¿Será $ 9,7 como dice el gobierno actual? ¿Costará lo que dice el mercado paralelo? ¿Habrá un “overshooting”?

No es fácil hacer pronósticos sobre un precio concreto de la economía como lo es el del dólar. Sin embargo, el panorama que tenemos adelante no es el mismo que había en diciembre de 2001, pocos días antes del abandono de la convertibilidad. En ese momento, no había muchas referencias que uno pudiera tomar para poder anticipar cuál sería el precio del dólar luego de la devaluación. Tal vez por ello, el dólar no se ubicó ni en los $ 1,40 que quería el gobierno, ni en los $ 10 que pronosticaron algunos analistas.

El escenario actual es diferente. Hoy existen referencias que uno puede tener en cuenta a la hora de analizar un posible valor para el dólar el día después de la eliminación del cepo. El primero, sin dudas, es el dólar paralelo. En general, los mercados paralelos sirven para canalizar el exceso de demanda que no encuentra la mercadería que busca en un mercado regulado. Cuando hay políticas de precios máximos, los bienes controlados escasean, pero aparecen “mágicamente” cuando se ofrece más dinero por ellos.

Esto es lo que pasa con el dólar blue: a $9,7 hay “escasez de divisas”, pero al precio del mercado negro uno consigue todos los dólares que necesita, sin restricción. Lo mismo sucede con el tipo de cambio que surge de la operatoria de bonos en el mercado financiero: el “contado con liquidación”.

Con esto en mente, no parecen haber muchas razones para pensar que la salida del cepo implicará un salto del tipo de cambio que supere el nivel del blue o el del “contado con liqui”.

¿Si el exceso de pesos y la demanda reprimida de dólares son tales, por qué no se están manifestando ya en los precios de estos mercados paralelos?

Otro indicador que podría tomarse para estimar un valor para el dólar en un mercado desregulado es el que surge de dividir la base monetaria por las reservas del Banco Central. El 23 de noviembre este indicador se ubicaba en los 21,5 pesos por dólar. Sin embargo, si bien por mucho tiempo el índice “base/reservas” siguió de cerca al dólar blue, lo cierto es que luego del pago de BODEN15, el primero pegó un salto mientras que el segundo siguió otro curso. Esto hizo que mermara su utilidad como referencia para estimar el tipo de cambio, aunque sigue siendo útil para mostrar el deterioro patrimonial del BCRA.

Así las cosas, si bien es obvio que el fin de las restricciones cambiarias y el comienzo de la flotación mostrarán una considerable suba en valor del dólar oficial, a corto plazo no es esperable que la divisa verde trepe por encima del nivel que tiene en el mercado paralelo.

Como nota final, el cuadro a mediano y largo plazo es distinto. Poco tiempo después de la liberación cambiaria, el precio dólar pasará a depender exclusivamente de dos cosas. Primero, de la política monetaria del Banco Central. Segundo, de la confianza que genere la política económica del nuevo gobierno.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

No es de patriota destruir la credibilidad de la Argentina:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 23/8/14 en: http://www.laprensapopular.com.ar/14414/no-es-de-patriota-destruir-la-credibilidad-de-la-argentina-por-roberto-cachanosky?utm_medium=Email&utm_source=Newsmaker&utm_campaign=Newsmaker+-+lesa+-+25-08-2014+-

 

Estamos en default, a punto de caer en desacato y la OMC falló contra Argentina. Más papelones imposible

Al momento de redactar esta nota, Argentina está en default, fue sancionada por la OMC por las trabas a las importaciones. En total 43 países denunciaron ante la Organización Mundial del Comercio las genialidades de Moreno y Kicillof para frenar las importaciones y ahora habrá que ver qué ocurre, porque si a la caída de las exportaciones que ya estamos teniendo le sumamos represalias de otros países, ni con el cepo multiplicado por 5 frenan la escalada del blue. Finalmente en poco tiempo más, seguramente, caeremos en desacato y terminaremos de hacer el gran papelón a nivel internacional. Realmente como argentinos dan ganas de salir con un megáfono por todo el mundo gritando: ¡no todos los argentinos somos como los k! Porque lejos de actuar en forma patriótica, el kircherismo está mancillando el nombre de nuestro país con este comportamiento propio de maleducados, desubicados, soberbios y estafadores.

Claro, la apuesta del kirchnerismo es transformar este tema de la deuda externa en la típica jugada que siempre hacen. Nosotros los k defendemos la patria y a los argentinos y todos los que opinan diferente son traidores a la patria, trabajan para los fondos buitres y estupideces por el estilo.

Por otro lado, los argumentos que esgrime el gobierno para no acordar con los holdouts y desconocer el fallo de la justicia americana no tienen lógica, porque recordemos que no fue Griesa el que falló contra la Argentina sino toda la justicia americana dado que también en segunda instancia el kirchnerismo perdió el juicio y la Corte Suprema de Justicia le dio la razón a Griesa. Por un lado el gobierno argumenta que no puede ser que solo un 7% de los acreedores pueda tener derecho a reclamar que le paguen lo que decía el contrato original. Un disparate conceptual que ya lo ha utilizado en el campo político. Para el kirchnerismo las personas no tienen derechos por ser personas, sino que tienen derechos solo aquellos que pertenecen a una determinada mayoría, sea ésta por votos o por cualquier otra razón. Cuántas veces le hemos escuchado a CFK decir: si no les gusta hagan un partido político y ganen las elecciones. Como si ganar elecciones otorgara el derecho a hacer lo que quiere al que obtuvo una mayoría circunstancial. Y hacer lo que quiere incluye usar el monopolio de la fuerza para establecer una dictadura. Si este fuera el sistema democrático personalmente me declararía definitivamente antidemocrático, porque, en ese caso la democracia se limitaría a ser un sistema por el cual en las urnas elegimos a nuestro dictador.

Bien, el mismo criterio utiliza con los holdouts. Como no aceptaron entrar al canje y son una minoría. no tienen derechos, aún ganando un juicio en todas sus instancias. CFK sabe muy bien, habiéndose dedicado ella su marido a los negocios, que siempre están los que buscan comprar al precio más bajo y vender al precio más alto. ¿O ellos no lo hicieron?

Pero justamente, hablando de precios, dicen al unísono CFK y Kicillof: los fondos buitres compraron por centavos la deuda y quieren ganar el 1.600%. En primer lugar, si los fondos de inversión ganaron tanto es porque fueron más astutos que los kirchner. En vez de estar dilapidando la plata en populismo, Néstor Kirchner y ella podría haber recomprado la deuda a precio muy bajo en el mercado, en vez es esperar a que otro les ganara de mano, la comprara y luego ganara un juicio para cobrar el 100% de la deuda más las costas del juicio y los punitorios.

La idea de Patria o Buitres es una burda copia del Braden o Perón o el si quieren venir que vengan… por Malvinas. Es un falso planteo de patriotismo, al punto tal que no es patriota aquel que destruye la credibilidad de la nación por buscar una ventaja política, más bien su desmedida ambición de poder político los transforma en traidores a la patria. De manera que el kirchnerismo no va a corrernos con el argumento de Patria o Buitres.

Personalmente considero que el Estado no debe endeudarse para financiar el gasto público. Si el Estado gasta más de lo que recauda, tiene que optar entre emitir moneda y cobrar el impuesto inflacionario o endeudarse. Eso es lo que ha hecho un gobierno atrás de otro, incluyendo al kirchnerismo, porque también es falso que se haya desendeudado. Por el contrario aumentó la deuda. La diferencia es que cambió de acreedor y de moneda, pero eso no quiere decir que esa deuda no constituya una pesada carga para el contribuyente o que en algún momento no haya que pagarla.

Pero la mejor vara para medir si el kirchnerismo, en este raid de papelones que nos viene haciendo pasar por el mundo con su comportamiento frente a los fondos de inversión y el comercio internacional, es analizar si contribuye a mejorar o a empeorar las condiciones de vida de la población.

Y aquí la respuesta es muy sencilla, solo logrando confianza, credibilidad, respeto por el derecho de propiedad, respetando los contratos firmados y cumpliendo con la palabra dada es que se consiguen más inversiones. Son las inversiones las que incrementan la demanda de mano de obra y la productividad de la economía mejorando la calidad de vida de la población.

Sin duda, con su comportamiento el kirchnerismo está espantando inversiones, con lo cual deteriora el nivel de vida de la población. Ahora bien, supongamos por un momento que todos aplaudimos el comportamiento patotero del kirchnerismo de no pagarle a los fondos de inversión que ganaron los juicios y nos ahorramos U$S 1.500 millones y nos reímos en la cara de Griesa no acatando los fallos de la justicia. Pregunta: ¿acaso no perdemos muchos más millones de dólares en inversiones que no se hacen por esta falta de cumplimiento de las normas que los U$S 1.500 millones que el kirchnersimo no le quiere pagar a los fondos de inversión?

En definitiva, lo que busca el kirchnerismo es maximizar en el corto plazo su beneficio político recurriendo a un falso nacionalismo a cambio de un costo que se traduce en menos inversiones, puestos de trabajo y calidad de vida de la población. Dado que el costo es mucho mayor al beneficio de ahorrarse U$S 1.500 millones, el discurso político será que ese costo que tiene que pagar la población es culpa de los fondos buitres, el neoliberalismo y estupideces por el estilo que, reconozco, en algunos casos prende bastante bien en una parte de la población.

El gran interrogante es hasta qué punto la gente seguirá comprando el discurso del falso nacionalismo y aceptando pasivamente seguir perdiendo su nivel de vida.

En otras palabras, no vaya a ser cosa que, llegado un punto, la gente diga: muy lindo el discurso Patria versus Buitres, pero la plata no me alcanza y con el kirchnerismo vivo cada vez peor. Ahí se cae el relato y el beneficio político de corto plazo se diluye.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Los números del fracaso inversor extranjero en Argentina

Por Pablo Guido. Publicado el 23/7/13  en http://chh.ufm.edu/blogchh/

Todos los años la CEPAL publica los datos de las inversiones extranjeras directas (IED) que ingresan a los países latinoamericanos. Me interesan estos datos porque son uno de los elementos que nos sirven para analizar el grado de confianza que existe respecto a un país. La gente invierte en aquellos países donde existe más confianza y posibilidades de obtener beneficios. ¿Qué significa la confianza en este contexto? La respuesta podría ser algo así: la confianza, en términos económicos, supone que los grados de riesgo e incertidumbre que provocan las instituciones de un país no son demasiado altos. Por ejemplo, que es de baja probabilidad que el gobierno implemente una medida que genere efectos negativos en el sector o la empresa donde se van a volcar las inversiones. Por esto, en aquellos países donde prevalecen las normas claras, poco arbitrarias y discrecionales y con una serie de contenidos (cierto respeto a la propiedad privada y las libertades) la probabilidad que la inversión sea mayor se incrementa.

Dicho lo anterior, me puse a analizar lo que había sucedido en Argentina en los últimos años en materia de IED. Y para intentar esto comparé los ingresos de inversiones extranjeras directas del país con Chile, Colombia y Perú. La economía argentina, entre 2003-2007 recibió un promedio de $4.300 millones anuales de IED, ubicándose en el 5º puesto a nivel regional; entre 2007-2011 captó $7.800 millones. A simple vista ha habido un avance. Pero acá viene la parte negativa del asunto: la producción de bienes y servicios de Argentina es mayor a la que generan Chile o Colombia o Perú. Por ejemplo, mientras que el PIB chileno es el 56% del argentino, el de Colombia un 75% y el de Perú un 40%. Esto significa que la cantidad de bienes y servicios que se producen en Argentina supera al de cualquiera de los otros tres países.

¿Pero qué sucede cuando observamos los ingresos de inversiones a los cuatro países? Acá vienen las sorpresas, porque Chile recibe $19.400 millones, Colombia $10.750 millones y Perú $8.450 millones. Es decir, la economía chilena recibe dos veces y media más de IED que la argentina, mientras que tienen un PIB que es poco más de la mitad que el segundo país. Colombia recibe un 40% más de IED que Argentina, siendo que su PIB es el 75% del segundo país. Y Perú, que tiene un PIB menor a la mitad del argentino, recibe prácticamente la misma cantidad de inversiones del exterior que Argentina.

Conclusiones: “algo” tiene que explicar la situación por la cual, en términos relativos, la economía argentina está captando menos IED de las que tendría que conseguir. Ese “algo” se ve reflejado en algunos indicadores internacionales. Por ejemplo, la Argentina en la última década cayó en el índice de libertad económica del puesto 113 al 160; en el índice de competitividad también tuvo una retracción del puesto 78 al 94; y en el Doing Business (que mide las regulaciones que tienen las empresas para iniciar un negocio, permanecer y salirse del mismo) bajó del 101 al 124. O sea, la economía argentina estuvo perdiendo la confianza en los últimos tiempos debido a que las libertades económicas se han reducido, las regulaciones cada vez son mayores y los niveles de competitividad caen. Si ingresan a las páginas de cada uno de estos indicadores podrán ver con detalle lo anterior (click acáacá y acá). En algún próximo post analizaré el caso guatemalteco, parecido al argentino si lo comparamos con los otros países centroamericanos.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina).Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

Por qué el gobierno no podrá detener el deterioro económico

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/5/13 en http://economiaparatodos.net/por-que-el-gobierno-no-podra-detener-el-deterioro-economico/

Cristina Fernández podrá retener el poder recurriendo a mil tramoyas políticas, pero lo que no podrá nunca es recuperar la destrucción económica que ella y su fallecido esposo le generaron a la Argentina

Para ir directo al punto voy a formular una afirmación y luego explicarla. La afirmación es muy sencilla: mientras esté el kirchnerismo en el poder, la economía argentina irá barranca abajo. El kirchnerismo o cristinismo no tiene ninguna posibilidad de cambiar el curso declinante de la economía. Podrá, si tiene suerte, tener algún descanso temporario, pero la curva va a ir inevitablemente hacia abajo.

Las razones para formular semejante afirmación son básicamente dos: 1) el modelo siempre fue intrínsecamente inconsistente y se quedó sin financiamiento y 2) el gobierno no puede generar ningún tipo de confianza.

La inconsistencia del modelo, si es que así puede llamarse a esta acumulación de parches, es que sigue creyendo que primero se puede consumir y luego producir. La redistribución demagógica y populista duró mientras hubo recursos para financiarla. Eso se acabó y ellos lo saben.

Mucho se ha hablado en estos días que el blanqueo de capitales busca reactivar la economía ante la falta de recursos. Tal vez ese sea un objetivo secundario y un argumento para “vender” el blanqueo ahora llamado exteriorización, pero me parece que el objetivo primario es buscar cobertura ante los escándalos de corrupción que surgen día a día.

Ahora bien, ¿por qué la economía seguirá deteriorándose mientras siga el cristinismo? Por la sencilla razón que no solo no generan confianza con lo que hacen, sino que ahora generan cada vez más pánico en los agentes económicos. En la desesperación por mantenerse a flote ya hacen cualquier barbaridad económica e institucional, lo cual puede agravar la crisis en forma más acelerada como por ejemplo generar una crisis financiera por miedo a que hagan cualquier cosa con el dinero de la gente. No digo que necesariamente vaya a pasar, pero la psicosis es grande al ver tanta impunidad, que la gente vive preguntando si pueden meterse con las cajas de seguridad. Es más, si mal no recuerdo Kicillof tiró un número sobre cuánto calcula el gobierno que hay en dólares en las cajas de seguridad. El solo hecho de dar ese número y decir que ellos saben lo que la gente tiene en las cajas de seguridad es motivo suficiente para que la gente se preocupe. Después de todo, el kirchnerismo tiene un largo curriculum en materia de confiscaciones.

Justamente ese es su principal problema para poder salir del pantano económico en que están metidos. Por el problema de tipo de cambio real ya no generan tantos dólares comerciales como para bancar importaciones y sostener consumo. Lo que se consume hay que producirlo adentro, pero para eso necesitan inversiones. Necessitan que aumente la capacidad de producción, porque Marcó del Pont podrá seguir emitiendo moneda para “estimular” la economía pero si no hay bienes para comprar, veo difícil que la gente pueda consumir, salvo que se coma los papales que emite el Central. Y aquí tienen el problema de fondo, solo un kamikaze puede invertir en un país en el que no se pueden girar utilidades y dividendos. Moreno te ordena qué tenés que producir, a qué precio vender, etc. Encima te matan con impuestos. Todo lo necesario para que no haya proyecto de inversión que tolere semejante locura de autoritarismo económico. Pero como se sabe que quieren sostener el populismo, la pregunta que se formula la gente es: ¿qué caja van a manotear ahora? Es decir, la pregunta lleva implícito otro riesgo más. Meterse en alguna inversión que luego se transforme en una pesadilla porque en nombre del modelo de inclusión social, el gobierno decidió expoliar con algunos de sus mecanismos de abuso del poder. La gente vive pendiente de qué activos va a atacar el gobierno para financiarse, el peor clima que uno puede imaginar para las inversiones.

Agreguemos que el espectáculo que dieron los cinco funcionarios del área económica para explicar el blanqueo dejó en evidencia la falta de preparación para poder responder con solvencia a preguntas muy elementales. Ni ellos sabían explicar en qué consiste este blanqueo que quieren tratar en forma urgentísima.

Pero voy más allá y reconozco que una presidente con inclinaciones autoritarias y desconocimiento de lo más elemental de la economía nunca va a poder estar rodeada de gente preparada y que genere confianza. Puesto en otros términos, el lamentable espectáculo de los cinco funcionarios no es otra cosa que el reflejo de la mediocridad intelectual de Cristina Fernández de Kirchner. Y aquí llegamos al punto de fondo. El principal obstáculo para poder recuperar la economía tiene nombre y apellido: Cristina Fernández de Kirchner. Es ella la que, en su ambición de poder y desprecio por las instituciones, hace inviable cualquier recuperación económica. No hay forma que ella logre generar confianza en los inversores. Si el ministro de economía tiene miedo de hablar de inflación, quiere decir que sus funcionarios tienen pánico a la ira presidencial. Eso lo perciben los inversores y no van a ser tan inconscientes de hundir su capital en un país que depende de los caprichos autoritarios de una persona absolutamente imprevisible y caprichosa.

Como lo he dicho en reiteradas oportunidades, aquí no se trata de retocar el tipo de cambio, subir la tasa de interés o cambiar la política de subsidios. El tema es mucho más profundo y tiene que ver con la falta de confianza en la persona que tiene el monopolio de la fuerza. Seguramente ya no tiene ese famoso 54% que dicen haber sacado en las elecciones de 2011, pero tiene el monopolio de la fuerza y capacidad de hacer daño con los resortes de poder que conserva. Y ese poder de dañar condena a la Argentina a una continua caída en las inversiones, menos puestos de trabajo, baja en la productividad y menos salarios reales.

A esta altura del partido, ya no pueden salir del cepo cambiario porque si pusieran un dólar financiero con flotación sucia, el mercado les barrería las reservas, y más con todo el prontuario confiscatorio que han demostrado que pueden aplicar en cualquier momento.

No tienen forma de financiar la recuperación de la destrucción del sistema energético y la gente les tira por la cabeza los pesos que emiten.

La confianza, que es la clave de todo proceso económico está quebrada. Cristina Fernández podrá retener el poder recurriendo a mil tramoyas políticas, pero lo que no podrá nunca es recuperar la destrucción económica que ella y su fallecido esposo le generaron a la Argentina. La semilla de la decadencia económica está en la misma presidente. Mientras eso no cambie, no puede esperarse que la economía entre en una senda de crecimiento, ni aún con este engendro del blanqueo, que parece ser más una cobertura para los corruptos que un instrumento para atraer inversiones.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Crisis del Euro: Lecciones para Argentina

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 19/12/12 en  http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=668174

La crisis del euro adquirió dramatismo a fines de 2009, fundamentalmente por las revisiones al déficit y deuda pública comunicadas al asumir el nuevo Gobierno griego. Tras esa novedad, un importante conjunto de economistas y destacadas personalidades redoblaron vaticinios de la «imposibilidad» de subsistencia de Grecia y otras naciones «periféricas» en el euro.
Desde esta columna de Ámbito Financiero sostuvimos lo contrario, que el euro se fortalecería con las dificultades y las autoridades de los países miembros adoptarían las medidas necesarias para ello. Más tarde, las secuelas de la restricción crediticia se extendieron a Irlanda, Portugal, España e Italia. Para colmo de males, los pronósticos de abandono del euro incentivaron temores cambiarios y retiros de depósitos bancarios en las naciones consideradas menos competitivas. La consecuencia fue restricciones crediticias aún mayores y desplomes del nivel de actividad, copiando a los sufridos en nuestro país en la antesala de la crisis del 2001/2.
Los especialistas en Europa acuñaron el término PIIGS, por las siglas en inglés de los cinco países con mayores dificultades. Los agoreros resaltaban los desbalances, desigualdades de productividades, de actitudes culturales y propensiones a trabajar y ahorrar. Anunciaban la inexorable devaluación de esos países, a los que recomendaban adoptar monedas nacionales propias, flotando respecto del euro. Así, Grecia debía retornar al antiguo dracma, su unidad monetaria anterior. ¡Los fundamentalistas del «retraso cambiario» bramaban por la inmediata adopción de monedas nacionales! ¡Era imposible seguir adelante con el euro, según un gran número de respetados especialistas! Con argumentaciones paralelas a las utilizadas para abogar por una devaluación del peso en nuestro país.
Gran parte de esos especialistas están educados en las teorías del «equilibrio», visiones de agentes económicos que se mueven dentro de senderos acotados por severas curvas geométricas, comportamientos embretados por ecuaciones parciales que determinan «variables de equilibrio». En esa visión, las políticas no juegan o sólo ejercen un rol secundario. Sólo las «variables» pueden moverse y una de las principales es el tipo de cambio.
Los líderes europeos siguieron otro camino. Reconocieron que la construcción política de la Unión Europea era el vehículo principal para proteger los derechos y logros personales de los europeos. Y que las normas y acuerdos políticos pueden reformarse y adecuarse para superar los conflictos y prosperar en forma sustentable a mediano y largo plazo. Instituyeron los pactos fiscal, económico, bancario y político para hacer más efectiva y competitiva la UE, exigiendo cesiones de soberanía nacional en beneficio de la coordinación de las decisiones comunitarias y de la población del conjunto europeo. En la emergencia, el Banco Central Europeo está teniendo un papel importantísimo, siempre respetando su mandato institucional. Contrariando la «imposibilidad competitiva» o «retraso cambiario» dictaminado por expertos, las naciones «periféricas» están expandiendo sus exportaciones. Ante el Comité de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo, Mario Draghi, presidente del BCE, acaba de informar que las exportaciones de España crecieron en volumen un 27%, desde 2008. Y las de Irlanda el 14%; de Italia el 21%, Portugal el 22%. Otros países de la UE que están fuera del euro, como los bálticos, a los que el FMI había recomendado devaluar la moneda fuertemente para superar la crisis, optaron por mantener la relación fija con el euro y recuperaron significativamente sus economías. Más contundente, Estonia entró en el euro.
Estas breves consideraciones muestran que la economía, como ciencia social que es, ofrece posibilidades, aperturas, que muchas veces los técnicos no advierten. El tipo de cambio de «equilibrio» es una falacia, pues el balance cambiario y las reservas internacionales reflejan movimientos financieros de diferentes orígenes. Nunca existe un equilibrio inmutable, ni ceñido en márgenes estrechos, en las grandes sociedades complejas donde interactúan decenas de millones de personas. Está muy generalizado ignorar las condicionantes políticas, las restricciones financieras, y hasta contables, y las consecuencias. Por ejemplo, los que insisten con supuestos «retrasos cambiarios» se olvidan que las devaluaciones catapultan la inflación, deterioran la confianza y, generalmente, tumban gobiernos.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Es Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

 

Boden 2012: el capítulo del default aún no está cerrado

Por Aldo Abram.  Publicado el 2/8/12 en: http://www.cronista.com/contenidos/2012/08/02/noticia_0107.html

El Gobierno ha tomado el pago del último cupón del Boden 2012 como un hito que marca el fin de la deuda dejada por el “corralito”. Lo primero que hay que aclarar es que el origen de estos títulos fue la “pesificación” de las deudas bancarias en dólares en 2002, que tuvo como contrapartida la de los depósitos en moneda extranjera, cuyos dueños pagaron la mayor parte del costo de dicho subsidio a los deudores.  

También, marca un paso más en el proceso de “desendeudamiento” del sector público nacional; que, más allá de los medios, cabe reconocer va a ser una herencia muy positiva para el país. 

Sin embargo, es interesante tener en cuenta que desde 2001 el Gobierno no ha tenido acceso fluido al mercado voluntario de crédito; lo que implica que aunque hubiera querido no hubiera podido refinanciar sus vencimientos. 

Esto tiene diversos motivos. En primer lugar, la reestructuración de la deuda en cesación de pagos fue exitosa en términos de la quita realizada; pero fue percibida (correctamente) por los inversores mundiales como una imposición unilateral y no como una negociación con los acreedores. 

Además, la intervención del Indec  para dibujar a la baja la inflación, implicó subestimar el CER y, por ende, estafar a los tenedores de títulos públicos en pesos que actualizaban por ese índice. Por último, más allá de la infinidad de declaraciones oficiales, no parece haber mucha voluntad de negociar para normalizar los pasivos con el Club de París que permanecen en cesación de pagos; lo que recién permitiría hablar de cerrar el capítulo del “default”. 

Si el Estado se “desendeudó”, debería significar que fue austero y logró ahorrar lo necesario para poder pagar lo que debía. Sin embargo, sobre todo desde 2006, la solvencia fiscal se tendió a diluir. Este proceso de incremento excesivo del gasto se potenció con la crisis internacional y luego con la necesidad de ganar las elecciones presidenciales (2010 y 2011). Entonces, si los recursos no alcanzaban a seguirle el “tren” a las erogaciones, ¿de dónde salió la plata para el “desendeudamiento”?  

Una parte menor surgió del financiamiento a tasas “licuables”, que no eran de mercado,  proveniente  del Banco Nación, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad Previsional y otros organismos públicos. Pero fue el Banco Central el gran “proveedor” del Gobierno y, dado que los recursos no se lo dejó Papá Noel en el Arbolito de Navidad, debemos saber que lo aportamos todos los argentinos a través del altísimo impuesto inflacionario que hemos sufrido durante los últimos años. 

El Anses merece un análisis adicional, la eliminación del sistema de capitalización implicó transferirle ingentes recursos, que el Gobierno aprovechó para “cargarle” al organismo gastos que correspondía realizar con fondos de rentas generales (Asignación Universal por Hijo, moratoria previsional, etc.). Ahora, si midiéramos los pasivos netos que se están generando en el régimen de reparto por los compromisos jubilatorios asumidos con los actuales aportantes, no podríamos hablar de “desendeudamiento”; ya que le estamos dejando un gran problema a las futuras generaciones de contribuyentes que tendrán que enfrentar su segura quiebra. 

Cabe recordar que ya tuvimos un esquema similar que entró en crisis a finales de los ´80, porque sus fondos fueron despilfarrados de la misma forma que se hace actualmente; lo que permite prever que difícilmente tenga un final distinto.  

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .