MIS LEMAS PEDAGÓGICOS. 1: NO HAY QUE SABER PARA OPINAR, HAY QUE OPINAR PARA SABER.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 18/3/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/03/mis-lemas-pedagogicos-1-no-hay-que.html

 

 

¿Cómo? ¿Dice usted que cualquiera puede decir el disparate que se le ocurra, de manera presuntuosa, y de ese modo aprenderá algo?

No. Estoy presuponiendo ciertas condiciones morales e intelectuales, de curiosidad, conciencia crítica, humildad. Que no son tan infrecuentes como se piensa. Muchas personas son así, pero trabadas por el imperativo “no preguntarás” debe callar sus sanas inquietudes, dudas y cuestionamientos.

Mi método consiste en reconocerles el derecho a interpelar. El derecho a que la verdad no les sea impuesta por la fuerza lingüística o el supuesto lugar de saber absoluto de la tarima del profesor. Que entonces se sientan libres de iniciar una conversación genuina con el profesor, que en realidad es alguien que está ofreciendo su posición sobre un tema, pero no diciendo, implícitamente, “dirás esto o serás fusilado”.

Entonces la libre opinión del alumno se convierte en el inicio del diálogo. Puede equivocarse, pero la labor del profesor es encontrar en ese error una oportunidad para reconducirlo a un nuevo cuestionamiento que lo vaya acercando socráticamente a la verdad. Y también encontrar en ese error la parte de verdad, situarlo en la historia de la filosofía, y además tratar de encontrar el horizonte desde el cual el alumno está diciendo lo que para él es tan importante.

Y lo más importante es que el profesor puede llevarse una buena sorpresa al escuchar un cuestionamiento que verdaderamente ponga en conflicto a su núcleo central.

Por supuesto que esto nos pone en riesgo de ser blanco de personalidades psicopáticas que van a aprovechar esa apertura para hacer un bulying intelectual y moral al profesor. Pero es una posibilidad casi nula en chicos jóvenes que responden inmediatamente a una mirada de afecto, que es fundamentalmente lo que están buscando. Con un psiquismo relativamente normal, la calma produce la calma, y el entusiasmo genera entusiasmo. Y el respeto sacrosanto a la libertad del alumno, de ser él mismo, es la única oportunidad para que alumno mejore desde sí mismo y no desde algo que no es él.

Por supuesto, todo esto es incompatible con el sistema educativo formal positivista que nos domina. Hay que hacerlo entrar de contrabando.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

LA FALSA DICOTOMÍA ENTRE LO FÁCTICO Y LO FICTICIO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/1/13 en http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/

 El positivismo sigue dominando nuestro modo de pensar aunque no nos demos cuenta, aún en aquellos que dicen haberlo superado, porque el positivismo sobrevive en el lenguaje, y los juegos de lenguaje son redes profundas de horizontes de precomprensión.

 Uno de los hábitos más difundidos de nuestro horizonte cultural positivista –que ha invadido a la ciencia, la educación, la comunicación social, etc.- es si un relato corresponde a un “hecho” (lo “fáctico”) si es “ficticio” (no real). Dejemos de lado por un momento que la palabra hechos es engañosa, porque oculta la creencia de que un relato puede ser no proferido desde el horizonte del hablante. El asunto es más simple. Desde luego que, habitualmente, podemos distinguir entre un relato de ficción y otro que intente interpretar la realidad. Una cosa es una reseña sobre la situación económica actual de los EEUU y otra cosa es una película de Star Trek. Ok, lo podemos distinguir. Pero, ¿qué importancia tiene ello para el tema de la verdad?
 
Esto es: ¿qué “verdad” hay en una novela, en una obra de teatro, en un cuento, en una película? ¿Podríamos decir que ninguna verdad, porque lo relatado allí “realmente no sucedió”?
 
Por supuesto que no: lo importante es la verdad del símbolo, esto es, un relato que a través de personajes imaginarios nos lleva a lo más profundo de la naturaleza humana. Esa es la verdad de lo “ficticio”. ¿Qué valor tienen, si no, las fábulas de Esopo, las parábolas del Evangelio, las tragedias de Eurípides, las obras de Shakespeare, las poesías de Borges, o Star Trek o Star Wars? ¿Qué importancia tiene que Spock no haya existido? ¡Claro que no existe! Pero ese no es el caso. Lo importante es: ¿qué quiere decir el escritor a través de ese personaje imaginario? Y es allí cuando, si nuestra formación filosófica es pobre, nos quedamos sin respuesta. Lo que todo ello nos enseña es al ser humano en su complejidad más profunda, como Freud supo ver en la literatura universal.
 
Por lo demás, los llamados relatos “sobre la realidad”, están cargados de símbolos. Palabras, términos que el hablante y escritor utilizan, están cargadas de un horizonte de precomprensión donde los términos se entrecruzan en un juego de lenguaje que habla permanentemente de concepciones filosóficas, religiosas y míticas profundas aunque el hablante no sea consciente de ello. Un relato histórico y relato ficticio tienen ambos una profunda carga interpretativa y simbólica. En nada tiene que preocupar ello a nuestra búsqueda de la verdad, porque la verdad sobre lo humano puede estar o no estar, pero si está, está desde el horizonte cultural en tensión creadora con nuestra conciencia crítica.
 
La ciencia también está plenamente cargada de horizontes de teorías que son el sedimento de concepciones míticas y metafísicas que pudieron pasar por la criba de la crítica, como Popper explica. La ciencia no es la copia de los hechos. Es la proyección sobre el mundo físico de ideas profundísimas que surgen de la capacidad creadora humana para interpretar, para dar sentido, a un mundo físico de lo contrario ininteligible.
 
Dejemos de preocuparnos por lo fáctico que, como tal, es la ilusión humana de librarse de lo humano. Aceptemos que los humanos vivimos en y desde nuestras teorías sobre el mundo y nuestra experiencia vital sobre nosotros mismos. La verdad está en la sabiduría vital, en la experiencia de la bondad, en la misericordia con el otro, de donde derivan relatos profundísimos, ficticios o no, y donde participamos de la palabra creadora de Dios. 

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.