Inflación: puja distributiva o emisión monetaria

Por Martín Krause. Publicado el 22/4714 en http://bazar.ufm.edu/inflacion-puja-distributiva-o-emision-monetaria/

 

Un alumno hizo referencia a un artículo publicado en Página12 sobre la inflación aunque su interés era debatir sobre el grado de concentración y competencia en distintos mercados.

“A diferencia de los planteos de la ortodoxia, las causas de los aumentos de precios derivan de una intensa puja distributiva que se viene agudizando desde el 2007, y que a esta altura se ha asentado en expectativas inflacionarias que superan el 20 por ciento. Pero lo cierto es que esta puja, esencialmente marcada por la disputa capital-trabajo, se juega en distintas canchas o escenarios de la política, la economía y la cultura.”

“Se trata de una puja por definir tarifas, salarios, precios de las cadenas productivas y precios de consumo en general, que se manifiesta en distintos contextos, algunos más sensibles a la política económica, otros casi inalcanzables por ella.”

Inflación

El planteo de que la inflación es causada por una puja distributiva deja algunas cosas sin contestar. Por ejemplo:

  1. Colombia tuvo en 2013 una inflación anual de 1,94%. Esto es menos que la inflación en Argentina o Venezuela en un solo mes. ¿Es que allí no hay “puja distributiva”? y, si no la hay, ¿qué es lo que la ha calmado?
  2. Ecuador, con una economía dolarizada tuvo una inflación anual de 2,70%, con políticas económicas no iguales, pero con cierta similitud a las argentinas.
  3. Perú tuvo una inflación anual de 2,86% y Chile del 3%
  4. Venezuela tuvo una inflación del 56,20% (la circulación monetaria creció 69,2% en 2013)  y Argentina del 28,38%.

Luego comenta cada una de esas “canchas” donde se disputan los precios, y como resultado de lo cual los precios crecen. Entre otros, está la existencia de oligopolios. El artículo da a entender que existen sectores concentrados con la capacidad de fijar precios más altos. Al respecto comenta:

“Si se observa la incidencia de la concentración en la formación de precios, entre 2001 y 2010 los precios de las industrias oligopólicas (ramas altamente concentradas) se incrementaron un 7,6 por ciento por encima del promedio sectorial, mientras que los precios de las ramas medianamente concentradas y las ramas escasamente concentradas retrocedieron un 10 por ciento respecto de la media fabril. Por ello, el proceso de suba de precios fue conducido por las firmas integrantes de las ramas altamente concentradas.”

Pero nótese que “todos” los precios subieron, aunque más los de las industrias concentradas. ¿Por qué todos subieron? ¿Por qué también subieron los de sectores no concentrados donde no hay poder de mercado?

Hagamos un ejercicio imaginario al revés: ¿qué pasaría con esa puja distributiva si no creciera la emisión de dinero? Pues si los sectores concentrados tienen poder para subir sus precios, y siendo que una cantidad fija de moneda y no se ha emitido más, los precios de los sectores no concentrados deberían “caer”, ya que no tendrían ventas porque hemos gastado más en los productos de los sectores monopólicos.

Y respecto a los sectores concentrados, una forma sencilla de reducir o eliminar su poder sería abriendo las importaciones, con lo que la cantidad de oferentes se multiplicaría, pero eso es precisamente lo contrario que suelen hacer quienes creen que la inflación es fruto de la puja distributiva y, en definitiva, sancionan y favorecen el poder de los sectores concentrados.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

Se termina un ciclo económico… ¿y uno político?

Por Aldo Abram. Publicado el 14/6/13 en http://www.lanacion.com.ar/1600739-se-termina-un-ciclo-economico-y-uno-politico

Algunos políticos y economistas peronistas intentan reciclarse como alternativas al fin de ciclo de la gestión de Cristina Kirchner, que diferencian del rumbo iniciado por Néstor Kirchner. Como opción al peronismo en el poder ofrecen el peronismo opositor. Nada nuevo bajo el sol en una Argentina en la que han gobernado 22 de los últimos 24 años.

La matriz del peronismo es eminentemente populista, de izquierda o de derecha; se basa en la redistribución del ingreso y la concentración del poder. Los instrumentos pueden diferir según el caudillo de turno. Pero hay uno que se mantiene en el tiempo: el gasto público. Un ejemplo, Carlos Menem se autoimpuso un “corset monetario” para superar la hiperinflación. Sin embargo, como todo gobierno populista, a la recuperación económica generada por la estabilidad monetaria y cambiaria, la “aceleró” con el “combustible” de los recursos de las privatizaciones y endeudándose, en un mundo con buenos niveles de liquidez que veía positivamente el rumbo del país. Lamentablemente, en algún momento, “estos auges artificiales” se pagan. La cuenta se la dejó a su sucesor, Fernando de la Rúa, quien terminó enfrentando una crisis económica que derivó en una política y en un default.

Cualquiera que hubiera analizado el gobierno de Néstor Kirchner en Santa Cruz, hubiera podido prever el rumbo populista que tomó su gestión. La concentración de poder, el control de los medios de comunicación, la búsqueda del dominio total de la Justicia y un Estado omnipresente y gastador. La única duda era de dónde saldrían los recursos necesarios, en un país sin crédito. Inicialmente, los aportaron la fuerte reactivación, que se inició a fines de 2002, y un escenario internacional con liquidez y precios relativos nunca antes vistos para nuestras exportaciones. Esto último, además, le permitió aumentar fuertemente la presión tributaria sobre los sectores beneficiados por el contexto externo. El problema es que “los árboles no crecen hasta el cielo”, pero el gasto público populista sí lo hace.

Desde 2006, se empezó a usar crecientemente el impuesto inflacionario como financiamiento y, en 2008, la resolución 125 significó una nueva embestida sobre los “exprimidos” recursos del campo. Una rebelión fiscal y el “voto no positivo” frenaron este intento. La mira se puso en otra alcancía, la de los ahorros para la vejez que acumulaba el sistema privado de jubilaciones. Inicialmente, se les ofreció a los aportantes pasarse al régimen estatal de reparto, pero, como la opción generalizada fue quedarse, se los obligó a hacerlo.

Una alcancía más

Estos recursos tampoco alcanzaron y, en 2010, fueron por el otro “chanchito”, las reservas del Banco Central, al que exprimieron hasta quitarle la solvencia necesaria para regular un mercado único y libre de cambio. Aquí estamos ahora, con un cepo que asfixia crecientemente a los productores de bienes y que, aun así, no evita que el stock de divisas del Central siga “gastándose”. La factura del exceso de emisión y de saqueo de las reservas va a llegar y no será fácil pagarla.

Ahora también llegan otras “cuentas pendientes” de esta década populista ¿Cuáles? La caída de la inversión, producción y reservas de hidrocarburos, sector que fue sometido a absurdas y arbitrarias políticas, como fueron las excesivas retenciones y las tarifas controladas que alimentaron un insostenible subsidio a los consumidores. La otra cuenta a saldar es la de los servicios públicos, cuyas tarifas se manejaron arbitrariamente y se usaron para generar demagógicas transferencias generalizadas que terminaron con una mayor demanda de recursos y desincentivaron las inversiones, incluso, en mantenimiento. El capital físico se desgasta y, si se agrega una mayor demanda, no es raro que tengamos accidentes de transporte, una decreciente calidad de las prestaciones y una infraestructura decadente.

El ingreso de la cosecha de soja será como una “transfusión de sangre” a un paciente terminal: lo reanimará, pero no alcanzará para curarlo. Estamos pasando por un “veranito” demasiado fresco, que con un dibujo generoso del Indec, comparado con un período recesivo en 2012, será mostrado como una vuelta a las “tasas chinas”. Será sólo un nuevo “relato chino” al que, luego, se le impondrá la realidad.

Es cierto, en términos económicos, estamos ante un final de ciclo de otra gestión populista, que se inició con Néstor Kirchner y que continuó, con estilo propio, la Presidenta. Las facturas de este tipo de políticas llegarán y habrá que abonarlas. Algunos reclamarán que las paguen quienes disfrutaron de la fiesta y se la llevaron en bolsos. Pero, en todos lados y siempre, las paga la gente. Lo relevante es si, en esta ocasión, aprenderemos y si en las futuras elecciones, votaremos distinto. Sólo así podremos hablar de un fin de ciclo político, el del populismo, que nos tienta con un crucero al paraíso, con distinto barco, capitán y algunos otros tripulantes. Pero siempre con el mismo final: el del Titanic..

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .