MALA NOTICIA PARA ALGUNOS: LA AMISTAD NO PASA POR DECIRTE QUE SI

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 29/1/17 en:

 

Sin planificarlo, me ha gustado escuchar a los otros toda mi vida. Cuando alguien me conoce, o cuando un amigo me cuenta algo, o cuando un alumno me consulta, o cuando alguien me dice su parecer sobre un tema, yo escucho, trato de comprender su pensamiento, y mientras me habla yo voy como asintiendo, voy diciendo “sí……..”, “qué interesante”, “no me digas….”, “impresionante!”, “¡Mm…. Eso…. Es un problemita, no!”, “¿y entonces…?, y así sucesivamente. Reitero, nunca lo he planeado. Me sale así. Soy asi.

A lo largo del tiempo, he descubierto, para mi sorpresa, que la mayor parte de las veces las personas interpretan todo ello como una aprobación. Como si yo les hubiera dicho que sí. Pero no, yo no estoy diciendo ni que sí ni que no. Sólo estoy intentando comprender.
Ello ha implicado que a muchos les guste hablar conmigo. Pero cuando descubren que mi modo de pensar no es el de ellos, se sienten como defraudados. Incluso ha sucedido con personas que yo creía que eran mis amigos, durante años. Pero repentinamente o lentamente descubren mis marcianidades y……………. Gran decepción.
¿No soy sincero? ¿Miento? ¿Oculto cosas? Me parece que no. Creo que no despliego mi intimidad inmediátamente y tampoco pregunto por la del otro. A veces me preguntan mi opinión y yo respondo, pero habitualmente las personas quieren ser escuchadas. Y yo escucho. Como el loco de Hombre mirando al sudeste, si me preguntan respondo, si me piden, escucho, si me miran, miro.
Pero la verdad es dificil darse cuenta que muchos piensan que dialogar, escuchar, es decirles que si.
¿Cómo, vos no estabas abierto al diálogo? Sí. ¿Y entonces por qué no pensás como yo? Es que comprenderte no es pensar como vos. Ah!!!!, pero entonces te voy a convencer. Te voy a recomendar lecturas. Luego te voy a preguntar si las leíste. Y si me contestas que no, que aún no por lo que fuere, te preguntaré lo mismo, una y otra vez, hasta que me leas y estés de acuerdo conmigo. Y si no, eres un cerrado, eras un hipócrita, decías que dialogabas y no dialogabas nada.
La verdad no sé que decirles. He tenido amigos durante décadas con los cuales nunca he hablado de Mises, de Popper, de Santo Tomás o de Marte. Sé que no les interesa y punto. No creo que así lo haga porque me interesen un rábano. Lo hago así porque los acepto como son. Si, posiblemente fulano debería haber leído a Heráclides. Pero es su límite y punto. Si, posiblemente yo deberia haber leído la obra completa de Juan Famoso. Pero es mi límite y punto. Pero no, parece que soy un tipo cerrado porque no leo a Juan Famoso, o parece que soy un imbécil en vez de a Juan Famoso leo a Francisco Leocata y a Mariano Artigas. Y si soy un imbécil, ¿qué? ¿Tanto daño hago?
¿Por dónde pasa la amistad? ¿Por convencer al otro de mi punto? ¿Por debatir con el otro ad infinitum los mismos temas? ¿Por eso pasa la amistad?
No, yo creo que pasa por una mirada de misericordia. Por escuchar hasta que duela. Por caminar juntos, ni adelante ni atrás. Por no admirarse, sino mirarse al fondo del alma. Por aceptar al otro como es.
La verdad ya no sé cómo decirlo. ¿Es necesario aclarar más? A esta altura de mi vida debo confesar que estoy medio agotado. Tal vez hay que callar. Ahorrar las palabras que surjan de la desesperación. No defenderse. Callar. Silencio. Como el silencio que me enseñó este abrazo de un amigo entrañable:

 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación

SOBRE MI OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS DÉBILES

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 12/5/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/06/sobre-mi-opcion-preferencial-por-los.html

 

Ha llamado la atención en facebook mi fuerte defensa, en reiteradas ocasiones, de los que no pueden salir adelante, en medio de advocaciones a los fuertes que han perdido cabeza, brazos, manos, piernas y pies y aún así han corrido 200 metros en 1 segundo y han salido ganadores, proclamando luego “si yo puedo, tú puedes”, diciéndonos con ello de todo a los que aún no hemos perdido el dedo meñique.

En primer lugar los más asombrados han sido amigos liberales para los cuales yo tendría que ser un defendor del éxito individual frente a la adversidad. Allí hay una confusión. No sólo soy un defensor de la economía de mercado sino también de un sentido de “empresa” más allá del sistema económico, donde “la empresa de ser persona” consiste en descubrirse a sí mismo para luego a partir de allí desplegar “las alas de yo”, como ya he dicho en mi ensayo “Existencia humana y misterio de Dios”. Por lo demás, he defendido la empresa en el sentido misiano de “empresario promotor” no sólo desde un punto de vista económico sino dándole fundamentos cristianos, como lo hago en mi libro “Antropología cristiana y economía de mercado”, especialmente en el cap. IV.

Por lo tanto mi defensa de los débiles no tiene nada que ver con una especie de socialismo introducido cual caballo de Troya en mi pensamiento. El estado, la coacción, no tiene nada que ver con el tema. La preocupación viene por este lado: dando por obvio que hay personas que, por un lado, no tienen vocación empresarial en el sentido económico del término (como es mi caso), el problema se concentra en una gran mayoría que, por diversos motivos, no pueden emprender ni siquiera su propia existencia. Y allí está el problema de algunos “fuertes”: su no poder entender ese “no pueden”. Lo mío es un llamado a entender ese “no puedo” que surge en muchos como una profunda angustia fruto de motivos psicológicos y espirituales. El motivo psicológico principal es el inconsciente, el gran descubrimiento de Freud, y el motivo espiritual principal es el pecado original. Ahora bien, por supuesto que mi actitud ante ellos (y ante mí mismo) no consiste en negarles la posibilidad de recuperación. Claro que yo animo siempre a todos a que “puedan” pero antes escucho y trato de concentrarme en los motivos inconscientes y espirituales que conducen a esa situación. O sea, de nada vale el viejo y espantoso truco de “tirar de golpe a la parte onda de la pileta” al que dice que no puede nadar, SIN antes intentar mostrarle la necesidad de una terapia, tanto psicológica como espiritual, que ayude a la recepción de gracias actuales y habituales que vienen de Dios y que conducen al descubrimiento del sentido de la existencia. Claro que Dios puede hacer otro tipo de milagros más espectaculares, pero suponer que necesariamente los va a hacer es una temeridad peligrosa. Mejor suponer que su gracia va a descender mientras nosotros humildemente ayudamos a lo que conocemos de la naturaleza humana.

Por lo tanto, mi mirada, ante mí mismo y ante los demás, es esencialmente terapéutica, lo cual de ningún modo conduce a confirmar a los demás en sus debilidades, sino al contrario, a descubrir la salida.

Los entrenamientos no son para mí. Son procesos de selección del más fuerte, pero no de educación. Los comprendo, pero yo no soy entrenador. Comprendo que para un ejército haya que seleccionar a los más fuertes, y así con muchas cosas, pero mi vida no está para colocar reglas y expulsar al débil que no pueda seguirlas. Mi vida está para curar al débil, o sea, a mí mismo y a los demás, y las únicas reglas que verdaderamente  me importan son los 10 mandamientos ante cuyo NO cumplimiento Dios NO dio un curso de “tú puedes cumplirlos” sino que se sacrificó a sí mismo en la Cruz, porque de él viene la resurrección, y no de las propias fuerzas humanas como suponen todos los neopelagianos.

Por eso mi docencia es para todos. Y, precisamente, cuando educo al débil es para que pueda, no para confirmarlo en su “no poder”. Pero que pueda proviene de la misericordia, del diálogo, de la comprensión, y no de las órdenes de un capitán en un regimiento. Una vez un alumno, al advertir mi supuesta “no exigencia” (según el perverso sistema la determina) me dijo con toda sinceridad que le parecía que yo lo estaba subestimando. No supe en el momento qué contestar. Pero creo que, al contrario, no sub-estimo: estimo que sí, que puede, pero mediante una mirada de comprensión, y no mediante la mera facticidad del poder autoritario determinado por la estructura de la “clase”. O sea: suponer que el alumno “podrá” porque le tiramos todos los castigos necesarios, así lo “hacemos fuerte” es sub-estimarlo al máximo, porque suponemos que es como un animal que sólo responde a las campanas de Pavlov, que no puede actuar por sí y desde sí. Yo, al esperar el tiempo de cada uno, confío precisamente en que el otro llegará a su madurez sólo mediante el diálogo y que de allí surgirá precisamente el fuerte ante la adversidad. Y cuando ello no sucede, cuando nada parece dar resultado, aceptemos el misterio de la existencia humana y tengamos esperanzas en la misericordia de Dios.

Por lo demás, no juguemos a Dios, quien es el que verdaderamente sabe qué pruebas poner a los demás. Mejor ser uterino, mejor comprender, acunar, abrazar, pues ya Dios se encarga de poner pruebas en la existencia. Que tal vez por eso permite que nos crucemos con personalidades psicopáticas ante las cuales tengamos que entrenar la fortaleza. Pero los que tenemos un dedo de empatía, please, vayamos a jugar a Dios a otra parte.

Por lo demás, ¿qué es “poder aprender”? ¿Creen algunos que alguien “aprende” porque haya tenido que leer 1000 libros en 3 meses y repetir lastimosamente con una memoria exitosa miles de contenidos de un programa de 40 páginas? No: el profesor sólo abre las puertas del ropero, muestra el camino, de las tierras de Narnia que cada uno tendrá que recorrer.

Lo que la sociedad actual llama “fuerte” o “éxito” no es más que el hiper-adaptado a un sistema que “se” le impuso. Atrás de los supuestamente fracasados hay las más de las veces seres auténticamente pensantes que no compraron cualquier cosa, o humanos dolientes que hubieran merecido mejor atención. Ellos no recibirán ad-miración pero sí requieren que nosotros los miremos con una mirada de comprensión. Y si ad-miramos a alguien, cuidado: detrás de todo triunfo auténticamente humano está esa mano de Dios que habitualmente no queremos ver. Y si el éxito consiste en descubrirse a sí mismo y ser uno mismo, ah, muy bien, pero la existencia in-auténtica no llama a eso “éxito”. El ser humano no necesita “exit” (salir). Necesita ir ad intra, con-traerse, conocerse a sí mismo, estar en su casa interior.

 

Así que insisto: dejemos de admirar al fuerte. Dejemos de colgar en facebook cartelitos voluntaristas. La voluntad se fortalece en la Gracia, y la Gracia viene de Dios.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

EL TRABAJO INTELECTUAL

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

La característica central de ser humano consiste en su libre albedrío, su capacidad de decidir entre distintos cursos de acción. De todas las especies conocidas, el hombre es el único que goza de libertad, el único que piensa, elabora, argumenta y concluye.

 

Para todo ello la faena intelectual resulta crucial. Nada de lo apuntado puede lograrse sin esfuerzo intelectual, es decir, aprender, razonar, comprender, es la facultad de la inteligencia, el inter legum, el entrar dentro de conceptos, interrelacionarlos y leer sus significados. Alude al entendimiento, a la abstracción y, consiguientemente, a la capacidad de pensar.

 

Es en este ámbito donde se gesta la teoría es donde se crea todo lo que luego los llamados prácticos usan para muy diversos propósitos. Por su parte, los prácticos también requieren de trabajo intelectual solo que en otro plano: no en la producción de la idea sino en su aplicación.  En el ámbito de lo analítico se diferencian estos roles pero, aunque no sea lo habitual, puede ocurrir que ambos atributos tengan lugar en la misma persona.

 

Antes hemos consignado lo que sigue y es, en primer término, que hay dos planos de acción que es perentorio clarificar y precisar. Esta diferenciación de naturalezas resulta decisiva al efecto de abrir cauce al progreso. Constituye un lugar de los más común -casi groseramente vulgar- sostener que lo importante es el hombre práctico y que la teoría es algo etéreo, mas o menos inútil, reservado para idealistas que sueñan con irrealidades.

 

Esta concepción es de una irresponsabilidad a toda prueba y revela una estrechez mental digna de mejor causa. Todo, absolutamente todo lo que hoy disponemos y usamos es fruto de una teoría previa, es decir, de un sueño, de un ideal, de un proyecto aún no ejecutado. Nuestros zapatos, el uso del avión, la televisión, la radio, internet, el automóvil, el tipo de comida que ingerimos, las medicinas a que recurrimos, los tipos de edificaciones, la iluminación, las herramientas, los fertilizantes, plaguicidas, la biogenética, la siembra directa, los sistemas políticos, los regímenes económicos etc. etc. Todo eso y mucho más, una vez aplicado parece una obviedad, pero era inexistente antes de concebirse como una idea en la mente de alguien.

 

John Stuart Mill escribió con razón que “toda idea nueva pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Seguramente, en épocas de las cavernas, quienes estaban acostumbrados al uso del garrote les pareció una idea descabellada el concebir el arco y la flecha y así sucesivamente con todos los grandes inventos e ideas progresistas de la humanidad. En tiempos en que se consideraba que la monarquía tenía origen divino, a la mayoría de las personas les resultó inaudito que algunos cuestionaran la idea y propusiera un régimen democrático.

 

Los llamados prácticos no son más que aquellos que se suben a la cresta de la ola ya formada por quienes previa y trabajosamente la concibieron. Desde luego que los prácticos también son necesarios puesto que el objeto de la elaboración intelectual es ejecutar la idea, pero los que se burlan de los teóricos no parecen percatarse que en todo lo que hacen resulta de una deuda contraída con aquellos, pero al no ser capaces de crear nada nuevo se regodean en sus practicidades. Todo progreso implica correr el eje del debate, es decir, de imaginar y diseñar lo nuevo al efecto de ascender un paso en la dirección del mejoramiento. Al práctico le corren el piso los teóricos sin que aquel sea para nada responsable de ese corrimiento.

 

El premio Nobel Friedrich Hayek ha escrito en Los intelectuales y el socialismo que “Aquellos que se preocupan exclusivamente con lo que aparece como práctico dada la existente opinión pública del momento, constantemente han visto que incluso esa situación se ha convertido en políticamente imposible como resultado de un cambio en la opinión pública que ellos no han hecho nada por guiar.” La practica será posible en una u otra dirección según sean las características de los teóricos que mueven el debate. En esta instancia del proceso de evolución cultural, los políticos recurren a cierto tipo de discurso según estiman que la gente lo digerirá y aceptará. Pero la comprensión de tal o cual idea depende de lo que previamente se concibió en el mundo intelectual y su capacidad de influir en la opinión pública a través de sucesivos círculos concéntricos y efectos multiplicadores desde los cenáculos intelectuales hasta los medios masivos de comunicación.

 

En segundo lugar, en todos los órdenes de la vida, los prácticos son los free-riders (los aprovechadores o, para emplear un argentinismo, los “garroneros”) de los teóricos. Esta afirmación debe tomarse peyorativamente puesto que del mismo modo que todos usufructuamos de la creación de los teóricos también sacamos ventajas de los que llevan la idea a la práctica. La inmensa mayoría de las cosas que usamos las debemos al ingenio de otros, prácticamente nada de lo que usufructuamos lo entendemos ni lo podemos explicar. Por esto es que el empresario no es el indicado para defender el sistema de libre empresa porque, como tal, no se ha adentrado en la filosofía liberal ya que su habilidad estriba en  realizar buenos arbitrajes (y, en general, si se lo deja, se alía con el poder para aplastar el sistema), el banquero no conoce el significado del dinero, el comerciante no puede fundamentar las bases del comercio, quienes compran y venden diariamente no saben acerca del rol de los precios,  el telefonista no puede construir un teléfono, el especialista en marketing suele ignorar los fundamentos de los procesos de mercado, el piloto de avión no es capaz de fabricar una aeronave, los que pagan impuestos (y mucho menos los que recaudan) no registran las implicancias de la política fiscal, el ama de casa no conoce el mecanismo interno del microondas ni del refrigerador y así sucesivamente. Tampoco es necesario que esos operadores conozcan aquello, en eso consiste precisamente la división del trabajo y la consiguiente cooperación social. Es necesario sí que cada uno sepa que los derechos de propiedad deben respetarse para cuya comprensión deben aportar tiempo, recursos o ambas cosas si desean seguir en paz con su practicidad y para que el teórico pueda continuar en un clima de libertad con sus tareas creativas y así ensanchar el campo de actividad del práctico.

 

En tercer término, debe subrayarse que, sin duda,  hay teorías efectivas y teorías equivocadas o sin un fundamento suficientemente sólido, pero en modo alguno se justifica mofarse de quienes realizan esfuerzos para concebir una teoría eficaz. Las teorías malas no dan resultado, las buenas logran el objetivo. En última instancia, como se ha dicho “nada hay más practico que una buena teoría”. Consciente o inconscientemente detrás de toda acción  hay una teoría, si esta es acertada la práctica producirá  buenos resultados, si es equivocada las consecuencias del acto estarán rumbeadas en una dirección inconveniente respecto de las metas propuestas.

 

Leonard E. Read en su libro titulado Castles in the Air nos dice que “Contrariamente a las creencias populares, los castillos en el aire constituyen los lugares de nacimiento de toda la evolución humana; todo progreso (y todo retroceso) sea material, moral o espiritual implica una ruptura con las ideas que prevalecen”. Las telarañas y los candados mentales y la inercia de lo conocido son los obstáculos más serios para introducir cambios. Como hemos señalado, no solo no hay nada que objetar a la practicidad sino que todos somos prácticos en el sentido que aplicamos los medios que consideramos corresponden para el logro de nuestras metas, pero tiene una connotación completamente distinta “el práctico” que se considera superior por el mero hecho de aplicar lo que otros concibieron y, todavía, reniegan de ellos…los que, como queda dicho, hicieron posible la practicidad del práctico.

 

Afirmar que “una cosa es la teoría y otra es la práctica” es una de las perogrulladas mas burdas que puedan declamarse, pero de ese hecho innegable no se desprende que la práctica sea de una mayor jerarquía que la teoría, porque  parecería que así se pretende invertir la secuencia temporal y desconocer la dependencia de aquello respecto de esto último, lo cual no desconoce que la teoría es para ser aplicada, es decir, para llevarse a la práctica. Por eso resulta tan chocante y tragicómica la afirmación que pretende la descalificación al machacar aquello de que “fulano es muy teórico” o el equivalente de “mengano es muy idealista” (bienvenidos los idealistas si sus ideales son nobles y bien fundamentados, en este sentido, la presente nota también podría haberse titulado “La importancia de los idealistas”).

 

Si se desea alentar el progreso debe enfatizarse la importancia del trabajo teórico y el idealismo, y no circunscribirse al ejercicio de practicar lo que ya es del dominio público. Por ello, independientemente de las ideas del autor, resulta tan estimulante el comentario de George Bernard Shaw cuando escribe que “Algunas personas piensan las cosas como son y se preguntan ¿por qué? Yo sueño cosas que no son y me pregunto ¿por qué no?”.

 

El trabajo intelectual no solo está en consonancia con la característica esencial del ser humano, sino que proporciona un deleite excepcional, lo cual requiere disciplina, perseverancia y capacidad de estar en soledad. Antes que nada, la lectura y el estudio para adentrarse en los infinitos vericuetos del conocimiento, y después la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo que sirven primordialmente a la intención de clarificar en algo las ideas de quien las expone y ensanchar el aprendizaje a raíz de comentarios de alumnos y lectores.

 

Todo ello en el contexto de  tener siempre conciencia de que el conocimiento está inmerso en la condición de la provisionalidad, abierto a posibles refutaciones. Es un proceso evolutivo en el que los mortales nunca llegamos a metas finales, pero en la búsqueda, en la pregunta, la repregunta y en las respuestas provisorias se encuentra el placer superlativo…en la esperanza de reducir nuestra ignorancia y así alimentar en algo el alma.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

LAS NOTAS QUE NO SE NOTAN

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/12/13 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2013/12/las-notas-que-no-se-notan.html

Como he dicho varias veces, las notas son a la educación lo que la ausencia de precios al cálculo económico. O sea, así como el cálculo económico es imposible bajo el socialismo, por la ausencia de precios, la evaluación de la educación es imposible en el sistema formal, por la presencia de notas.
Llevo muchos años de no llevarle el apunte a las notas, dentro de un sistema que me las exige (bueno, en mis cursos de filosofía en casa no hay notas). No solamente yo mismo me vuelvo loco todo el tiempo, sino que colegas, autoridades, alumnos y padres creen firmemente que estoy loco y, como ven, tienen razón.
Pero yo coloco MIS notas. Nadie se da cuenta, pero yo evalúo. Yo sé por dónde va cada uno, a qué velocidad corre, en qué etapa de su vida está, qué debo perdonar y qué no. Sé quién ha hecho el esfuerzo de comprender, sé quién comprende, quiénes no entienden pero repiten, etc. Pero claro, todo ello es invisible ante el sistema, ciego que lo único que puede ver es “10”, “2”, “7”, etc.
Este año, creo que era Agosto, una alumna se encontró, cuando salía del aula, con una de las chicas que hacen la limpieza. No sólo la saludó, sino que la abrazó como si fuera la hermana.
 Y ya está. Fueron menos de 10 segundos de santidad. Menos de 10 segundos por los cuales se filtraron las luces de Dios. Ella no se dio cuenta, pero yo la vi. Son las notas que no se notan. Son las notas que no se buscan. Son las notas que no se ven. Pero yo, que estoy loco, sí lo vi: era el aula de Dios. En la mesa estaba El, sonriendo, delante de un pizarrón lleno de lo que los ojos no ven, los oídos no escuchan y la mente no concibe.
 Se sacó 10.
Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.