La confrontación Trump-China

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 18/1/17 en http://www.cronista.com/opinion/La-confrontacion-Trump-China-20170118-0026.html

 

La confrontación Trump-China

Después de más de trescientos años desde Adam Smith se siguen suscribiendo los anacrónicos postulados del mercantilismo de los siglos XVI y XVII. No se trata de un caso especial sino de una visión generalizada solo que hoy en lugar de mercantilismo se denomina nacionalismo, populismo o proteccionismo.
Todavía no hemos comprendido que comprar barato y de mejor calidad es preferible a comprar caro y de peor factura. Todo arancel implica mayor erogación por unidad de producto, lo cual, a su turno se traduce en una menor posibilidad de adquirir productos, es decir, en la reducción en el nivel de vida de los consumidores locales puesto que la lista de los bienes disponibles se contrae.
Pero lo increíble del asunto es que se sigue machacando con frases como que si se compra todo del exterior se destruirá la producción dentro de las fronteras sin percatarse que, igual que cada uno de nosotros, si no vendemos no podemos comprar. La importación depende de la exportación y viceversa, para lo cual es indispensable contar con un tipo de cambio libre.
Igual que sucede con nosotros, el objetivo es comprar puesto que las ventas constituyen los costos de las compras. Nosotros no trabajamos por el amor al esfuerzo, es el medio para adquirir lo que necesitamos. Igual ocurre con un país. La ubicación de los distintos capitales dependerá de las condiciones relativas y cambiantes. Si Trump ubica una de sus torres en Punta del Este es porque conjetura que su renta global se maximiza de esa manera. Lo mismo va para el resto de las inversiones estadounidenses.
Tampoco debe uno concentrarse en China, el próximo presidente de Estados Unidos exhibe rabietas varias cuando sus conciudadanos producen automóviles en México y así sucesivamente.
En esta nota lo que queremos puntualizar es que el caso de la trifulca Trump– China no es un caso especial. Las falacias tras el razonamiento del magnate nacionalista resultan más estruendosas que otros nacionalismos que ahora surgen con fuerza electoral en Europa o los nacionalismos latinoamericanos, porque se trata de un presidente electo de Estados Unidos pero, como decimos, las premisas están en los políticos, en profesionales de muy variada especie e incluso en muchas facultades de economía, lo cual puede confirmarse con solo encender la televisión.
Como ha dicho Milton Friedman, si los extranjeros les regalaran bienes y servicios a los estadounidenses no hay que enojarse sino festejar el hecho que libera factores de producción para asignarlos en nuevas áreas ya que no vivimos en Jauja sino que las necesidades son siempre mayores que los bienes y servicios disponibles. El progreso significa mejorar la productividad que se traduce precisamente en liberar recursos humanos y materiales para atender nuevos requerimientos de la gente.
Y nada de competencia desleal, industria incipiente, dumping y otras pantallas que ya se han refutado en trabajos muy elementales. El economista decimonónico Bastiat se burlaba en su época del verso de los pseudoempresarios explotadores que siempre pretenden endosar sus costos sobre las espaldas de los consumidores a través de aranceles, al sostener que debían tapiarse obligatoriamente todas las ventanas para evitar la competencia desleal del sol para con los productores de velas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Estado y lealtad

Por Carlos Rodríguez Braun: Publicado el 18/6/12 en http://www.larazon.es/noticia/8060-estado-y-lealtad-por-carlos-rodriguez-braun

En Twitter (@rodriguezbraun), un seguidor (@Luismita) me apuntó: si la Sanidad privada desvía enfermos graves a la pública, ¿no es competencia desleal, porque se quita de encima pacientes poco rentables? Mi explicación es que no se puede hablar de competencia (ni, por cierto, tampoco de «colaboración») entre el Estado y el mercado, que son antitéticos, aunque estén entrelazados. ¿Por qué se conduce así la sanidad privada? La respuesta es: porque puede y es legal. Y puede porque existe la pública, porque la pública obliga a todo el mundo a pagar, y se escuda en que también se compromete a curarnos. Quienes hacen negocios en esas condiciones peculiares, y pueden bajar sus costes derivando enfermos, lo harán. Pero la competencia desleal no es la del sector privado, porque éste tiene un competidor que monopoliza la coacción legítima, y puede forzar a la gente a pagar. Ninguna empresa puede hacer eso. Y eso no es competencia muy leal, desde luego. También se habla en ocasiones de la deslealtad de quienes somos liberales pero acudimos al socorro del Estado, y se supone que eso quebranta nuestros principios. Otra vez, ello ignora la existencia misma del Estado, que no es una institución más. Dijo @Luismita: ¿renunciaría usted al Estado si tiene un accidente y viene el Estado a ayudarlo? Si no renuncia, concluyó, es que el sector público es bueno. Le respondí: renuncio, siempre que el Estado renuncie a cobrarme impuestos.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.