Plan Presupuestario con alfileres electorales

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 16/10/19 en: https://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/plan-presupuestario-con-alfileres-electorales/

 

El Plan Presupuestario 2020, que el Gobierno remitió ayer a la Comisión Europea, está cogido con alfileres, porque los políticos son así, y sobre todo en periodo electoral y cuando la economía se frena. En momentos como este refulge la irresponsabilidad de las  autoridades, que se esfuerzan en cuadrar círculos imposibles, sacar pecho y acudir desesperadamente al mejor amigo del hombre: el chivo expiatorio.

En esas condiciones, la credibilidad oficial se derrumba. La previsión de crecimiento de 2,1 % este año y de 1,8 % el año próximo no es compartida por ninguna institución ni grupo de analistas. La ministra Calviño aseguró que todo va bien, y que estamos sorteando las dificultades mejor que los demás países de la eurozona —como si esto significara algo, como si no hubiésemos superado a la eurozona en 2007, justo antes de pegarnos un tortazo monumental.

Pero esto no lo admiten en Moncloa. El discurso oficial es que España tiene “un crecimiento más equilibrado y sano”, que el catastrofismo está fuera de lugar, y que si la economía cae es por culpa de Europa o de la revisión de la Contabilidad Nacional acometida hace poco por el INE.

La señora Calviño hizo unas declaraciones deliciosas donde dijo que todo iba bien, y después dijo que igual no van bien la industria, la agricultura, el turismo, etc. Y saludó al respetable asegurando que bajan el déficit y la deuda pública, lo que depende crucialmente de la estimación hinchada del PIB. Esta misma estimación está detrás del camelo fundamental que el Gobierno intenta colarnos por tierra, mar, y aire. A saber, que va a aumentar el gasto público, porque, como dijo Calviño, tiene “sensibilidad social”, pero en ningún caso va a subirnos los impuestos.

La forma en que esto se expresa en el documento enviado a Bruselas es bien bonita: “El Plan contempla un escenario inercial, que no incluye medidas de ingresos adicionales”. Esto puede ser falso o ser mentira. Es falso si la actividad cae más de lo previsto por el Gobierno. Y es mentira si finalmente se cumple lo anunciado el viernes por la ministra de Hacienda, otra brillante joya del gabinete, en el sentido de la aprobación de la tasa Google, que, por supuesto, no va a pagar Google sino usted, señora.

Porque si los planes pueden estar cogidos con alfileres, los círculos, como usted sabe, solo se cuadran a martillazos.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Portugal: el mito de ajustar aumentando el gasto público

Por Aldo Abram: Publicado el 24/7/19 en: https://www.ambito.com/portugal-el-mito-ajustar-aumentando-el-gasto-publico-n5038756

 

Aníbal Cavaco Silva.

Aníbal Cavaco Silva.
Muchos economistas y políticos de la oposición dan a Portugal como ejemplo de lo que Argentina debe hacer para salir de la crisis actual. En 2011, luego de haberse desbordado con el gasto público y acumulando una enorme deuda estatal, Portugal entró en crisis. El mito es que se hizo sin “ajuste” y sin el FMI; lo cual no es cierto. El Fondo fue parte de la, así llamada, “Troika” (incluidos el Banco Central Europeo y la Comisión Europea) con la que llegaron a un acuerdo para obtener financiamiento por €78.000 millones (alrededor de u$s88.000 millones).

Cabe aclarar que la necesidad de ajuste en un país se produce por haber hecho previamente las cosas mal (en este caso, un excesivo gasto y deuda pública) y perdido la credibilidad. Eso genera una fuerte fuga de capitales contrayendo el financiamiento de la demanda interna. Para resolver este problema de confianza hay que “ajustar” el exceso de gasto; ya que un país, como una persona o negocio, no puede gastar más de lo que tiene. Entonces, sólo queda decidir quién será el que reduzca sus erogaciones.

Por ejemplo, desde 2018, en Argentina tenemos una fuga de ahorro de locales y extranjeros que no quieren seguir financiando un disparatado gasto público; lo cual ha provocado una contracción de la demanda interna y del nivel de actividad. A fines de ese año, con la sanción del Presupuesto 2019, la dirigencia política decidió que el ajuste lo haga mayormente el sector privado productivo, que es el que genera la riqueza para pagar los gastos propios y los del Estado, y no el sector público que fue el que se excedió en sus erogaciones. Un absurdo de que es la razón de la enorme pérdida de bienestar y empleo.

En Portugal, el Gobierno de Cavaco Silva bajó los sueldos de los empleados públicos en hasta 23%, congelándolos después, y en hasta 15% los del sector privado. La nómina de trabajadores estatales se redujo cerca de un 20%. Aumentaron las horas de trabajo, en 5 horas a 40, y, también, la edad de jubilación. Además, subieron impuestos como el IVA, pasó de 21% a 23%, aunque luego redujeron drásticamente “Ganancias” para los que invirtieran en el país. Aumentaron las tarifas de servicios públicos y comenzaron un proceso de privatizaciones. Así, redujeron el gasto público respecto del PBI desde 51,8% en 2010 a 44,8% en 2016. El déficit fiscal bajó de 11,2% del PBI en 2010 a 2% en 2016, por debajo de la meta acordada; y, en 2018, a 0,5%. En tanto, la deuda pública pasó desde un 96% del PBI en 2010 a un máximo en 2014 de 130% para bajar a 121% en 2018.

Además, en 2013 se hizo una gran reforma laboral para facilitar la contratación de empleados por parte del sector privado, lo que logró bajar la elevada tasa de desocupación. Pasó de 17,4% en enero de 2013 a 10,1% a fines de 2016 y a 6,6% a fin de 2018. Se redujeron las indemnizaciones por despido de 30 a 20 días por cada año de trabajo, facilitando éstos en casos de “falta de adaptación” del empleado o “extinción del puesto de trabajo”, se eliminó el mínimo de 3 meses por despido, se redujo la cantidad remunerada por las horas extras y se implementaron 150 horas extras a disposición del empleador sin remunerar para que las pueda utilizar en cualquier época del año, se escindió el subsidio por desempleo y se suprimieron los tres días de vacaciones que les daban a los empleados de recompensa por no haber faltado nunca. El resultado fue que tras tres años de caída del PBI de cerca de un 7%, la economía empezó a reactivarse en 2013 y terminó incrementándose casi un 10% hasta 2018.

De esta experiencia la Argentina tiene para aprender. Desde 2011, por no resolver el problema del exceso del gasto público, su nivel de actividad no solamente no crece, sino que está pasando por un profundo ajuste. Hay que hacer una drástica reforma del Estado para que deje de servirle a la política y les sea útil a los argentinos, además de hacerlo pagable. Se puede hacer sin dejar sin ingreso a nadie, usando la Ley de Empleo Público, se deja en disponibilidad (es decir, mandando a su casa con sueldo) a quienes se queden sin un cargo, capacitándolos y transfiriéndolos al sector privado con subsidios a quienes lo tomen. Esto permitirá un ahorro creciente para el Estado.

A diferencia de Portugal, que lo pagó con un altísimo desempleo, hay que hacer urgentemente una reforma laboral para incentivar al sector privado a generar empleo; pero yendo al modelo chileno y no con el modelo portugués. En las últimas décadas, el actual arcaico régimen ha desprotegido a más del 50% de los trabajadores argentinos dejándolos sin empleo o con uno informal o con puesto en el sector público y planes asistenciales que son seguros de desocupación disfrazados. Una injusticia que no se puede seguir defendiendo ni manteniendo si queremos generar oportunidades de trabajo y de progreso para todos los argentinos.

Decidamos si seguir escuchando cantos de sirena que nos llevan de crisis en crisis o comenzamos a encarar cuanto antes las reformas estructurales pendientes. No hay más opciones.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Google no puede ser Dios

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 4/4/18 en: http://elpais.bo/google-no-puede-ser-dios/

 

No recuerdo quién dijo que “pedirle al Estado que resuelva un problema es pedirle al zorro que cuide a las gallinas”, pero es verdad, absolutamente verdad, aunque no lo crea. Desde muy pequeños –por la televisión y en los colegios- los gobernantes nos han saturado con propaganda y “explicaciones” sobre las buenas cosas que harán y lo bien que nos gobernarán… pero, en realidad, hacen lo contrario.

Parece que la Comisión Europea ha renunciado a sugerir leyes para “proteger de injerencias los procesos electorales”, confiando en la autorregulación en las redes sociales en lo que a “Fake news” -noticias falsas- se refiere. Pero hete aquí que fueron precisamente los políticos quienes iniciaron estas falsedades. Así que resultaría irónico que pretendieran cuidarnos de ellas.

La Comisión se sintió forzada a tratar el tema debido a la diseminación de noticias falsas en el referéndum del Brexit; las elecciones en Francia y Alemania, y las campañas de desinformación rusas hacia las repúblicas bálticas. Quizás el mejor chiste lo dijo un eurodiputado centro derechista español: “Las noticias falsas son un instrumento que usan los enemigos de la democracia”, afirmó cuando estas noticias fueron iniciadas por sus colegas políticos elegidos, precisamente, en un proceso democrático.

Ahora, quizás lo más preocupante es que esta campaña contra las “fake” ha sido amplificada por muchos medios de prensa cuando las medidas que podrían tomar los gobiernos implican cercenar la libertad de expresión. Se diría que algunos medios no quieren la competencia de las redes sociales. Tanto la han amplificado que de una encuesta resultó que el 83% de los encuestados dice que las noticias falsas son un peligro para la democracia.

Por suerte, buena parte de la opinión pública se mantiene clara y ha presionado contra estas medidas al punto que en la Comisión han dicho que “No queremos que se nos acuse de querer ser un ministerio de la verdad… que diga: vamos a decir que es cierto y que falso”. Pero dada tanta presión, sumada a la de algunos tribunales, Google se ha sentido forzada a tomar algunas medidas.

El “reconocimiento jurídico” del derecho al olvido en Europa tiene su origen en 2011, cuando Google defendió ante la Audiencia Nacional española su negativa a cancelar datos de personas que consideraban que las referencias que el buscador arrojaba lesionaban su dignidad. La multinacional sostenía que eliminar o alterar los contenidos supondría la pérdida de “objetividad” y “censura”.

Desde 2014, Google ha recibido en los países de la Unión Europea más de 650 mil solicitudes para retirar más de 2,4 millones de direcciones de Internet, de las que ha cancelado alrededor de un millón, es decir, que atendió alrededor del 40% de los casos. Pero esto es pedirle Google que juegue a Dios decidiendo que es verdad y qué no.

Los rumores falsos, y los malentendidos, son parte de la vida humana. Todos los hemos sufrido, aunque solo sea a nivel social dentro de nuestra comunidad y, sin embargo, seguimos viviendo. Los que tienen la conciencia tranquila sabiendo que actúan con honestidad, sinceridad e intentando el bien común, duermen despreocupados. Cada uno es responsable de sus actos, y sabe con qué personas se junta y qué datos entrega. Pedirle al zorro que cuide el gallinero, es muy peligroso, es pedirles a los políticos que solo podamos conocer aquellas noticias -y del modo- que ellos quieren.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El poder de la propaganda malsana.

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 28/9/14 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2014/09/el-poder-de-la-propaganda-malsana.html

 

Según los organizadores, más de 300.000 personas -incluidos el secretario general de la ONU, el exvicepresidente Al Gore y Leonardo DiCaprio- se manifestaron en la víspera de la Cumbre sobre el Clima, que comenzó el 23 de septiembre en la ONU de Nueva York, para exigir una “acción” urgente contra el cambio climático. “Estoy marchando por mis hijos… para que puedan vivir… sin preocuparse de que la próxima gran tormenta destruya sus comunidades”, afirmó uno de los participantes.

¿A qué tormenta se refiere? Evidentemente creyó la masiva propaganda oficialista -que suele estar dedicada a asustar intencionalmente a las personas- que asegura que semejante tormenta podrá venir “si no se hace algo” para reducir la emisión de CO2 que amenazaría al medio ambiente. Como no se trata de un especialista, evidentemente su afirmación solo proviene de la fe oficial que difundió que las autoridades norteamericanas reportaron que agosto fue el más caluroso en los registros, con 75 décimas de grado por encima del promedio global del siglo XX.

Mi  impresión personal es que las temperaturas hoy son las mismas que cuando era niño pero, en fin, debo reconocer que este no es un criterio científico. Y como tampoco soy especialista en el tema, debo escuchar las diversas opiniones y no creerle sin más a la propaganda oficialista. Hay científicos que niegan el calentamiento y, entre otras pruebas, aseguran que el hielo del Ártico, observable en fotos de la NASA, desde 2002 hasta 2014 no ha variado en promedio y hoy está por encima de 2012 cuando ocurrió un excepcional deshielo por causas naturales. En el verano de 2014 quedaron 5 millones de kilómetros cuadrados de hielo marino, mientras que en 2012 fue de 3 millones.

Hay también de los que dicen que sí hay un cambio climático, pero que se debe a causas absolutamente naturales en las que la mano del hombre o el denominado efecto invernadero producido por el CO2 no tienen ninguna responsabilidad. Los detractores de la fe oficial, tienen razón al decir que el “cambio climático” parece ser un gran negocio. Existen importantes intereses, tasas, impuestos, sanciones, noticias sensacionalistas de los grandes medios de comunicación, etc., que esconden enormes sumas de dinero que se reparten instituciones como la ONU.

Pero del otro lado también habrá intereses económicos, de modo que tampoco este es un criterio serio para decidir quién es “el bueno de la historia”. Así las cosas, no sé quién tiene razón pero, por principios y por sentido común, desconfío de quienes se aferran a la violencia para “imponer” sus verdades, por aquello de que el que el que se impone brutalmente es porque no puede hacerlo razonablemente. Y los oficialistas cuando dicen “hacer algo” respecto del cambio climático se refieren a que los gobiernos utilicen el monopolio de la violencia estatal -la violencia – para imponer su verdad.

Y desconfío de quienes asustan a los niños, como la Comisión Europea que promueve un “cuento infantil” llamado “Un Calor Achicharrante” que dice barbaridades como que “Tomás disfrutaba del campo… ¡cuánta paz! De repente… ¡Oh, no!… Una espesa columna de fuego… Pensó en su amiga Lila… Suplicó… que las llamas no la hubieran atrapado… Los bomberos… luchaban contra un monstruo rojo”. Monstruosidad es que esta propaganda barata llegue a los niños con el evidente fin de asustarlos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.