10 reformas para evitar una nueva Gran Depresión

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 23/4/20 en: 

 

Argentina se encuentra entre las economías menos libres del mundo (REUTERS/Martin Nieto)

Argentina se encuentra entre las economías menos libres del mundo (REUTERS/Martin Nieto)

La Gran Depresión de la década del 30 fue la peor crisis económica del siglo XX, con una tasa de desempleo llegando al 25%. Los impactos sociales y económicos de la Gran Depresión persisten hoy día. Una preocupación, entendible, es si la pandemia puede derivar en una Gran Depresión.

Sin embargo, la historia nos enseña que ese no tiene por qué ser el caso. Se estima que la pandemia de gripe española de 1918 produjo una caída en actividad económica del 25% entre julio de 1918 y marzo de 1919. Caída similar a los primeros cuatro años de la Gran Depresión. Es decir, la gripe española produjo una caída en actividad cuatro veces más rápida que la crisis del 30. Sin embargo, la economía española se recuperó rápidamente, creciendo alrededor de un 25% entre marzo de 1919 y enero de 1920.

Tenemos, entonces, dos crisis profundas: una de ellas de larga duración (la Gran Depresión) y otra de rápida recuperación (la gripe española). Para entender la diferencia entre ambas crisis es importante separar la magnitud de la caída en una crisis y la duración de la misma. Una economía puede caer profundamente y recuperarse inmediatamente. O también puede caer y quedarse en el fondo por un largo período de tiempo. Esto es lo que sucedió en la Gran Depresión.

El motivo por el cual la Gran Depresión fue una crisis tan larga tiene un nombre bien conocido, el famoso New Deal. El New Deal consistió una amplia política económica de control de precios, salarios mimos, prohibición de despidos, grandes obras públicas. Todas estas restricciones, que de hecho comenzaron a aplicarse antes que Roosevelt llegara a la presidencia, implican ponerle una camisa de fuerza a la economía. El mercado no tiene la flexibilidad para levantarse una vez pasado el shock que produjo la crisis. La diferencia con el caso de Estados Unidos es que España no tuvo su New Deal terminada la pandemia de gripe española. El New Deal ve su fin no gracias a la Segunda Guerra Mundial, sino a la declaración unánime de la Corte Suprema de inconstitucionalidad del New Deal. Roosevelt se arrogó la suma del poder público al (a) escribir las regulaciones económicas, (b) interpretar las mismas, y (c) decidir multas en caso de incumplimiento. ¿Suena parecido a lo que hace el gobierno actual?

La relación entre recuperación de una crisis y libertad económica se repite en 212 crisis entre 1993 y el 2010. Un estudio estadístico en el European Journal of Political Economy encuentra que aquellos países que disfrutan de mayor libertad económica tienen (a) crisis menos profundas y (b) una mayor recuperación. Los países con economías de libre mercado no tienen menos probabilidades de ser afectados por shocks que produzcan una crisis, por ejemplo una pandemia. Pero sí están condiciones de sufrir menos las crisis y recuperarse más velozmente que los países con políticas más intervencionistas y cerrados al comercio internacional.

Argentina se encuentra entre las economías menos libres del mundo y vemos a un gobierno que aumenta las intervenciones en lugar de disminuirlas. A continuación, a modo de ejemplo, 10 reformas pro-mercado que deberían ser parte de la agenda política para que Argentina esté preparada para el día después:

-Simplificación impositiva y baja de impuestos: el gobierno debe dejar de ser un salvavidas de plomo envuelto en un laberinto impositivo.

-Flexibilización laboral: para volver a crear empleo de manera rápida, es importante reducir los costos laborales.

-Reducir el tamaño del Estado: el sector privado debe usar los pocos recursos que tenga a disposición para salir de la crisis, no para mantener al insostenible estado argentino.

-Revisar las regulaciones del mercado de salud: ¿se pueden eliminar regulaciones, tasas, etcétera, que permitan a esta industria actuar de mejor manera en caso de un rebrote de la pandemia?

-Abrirse al comercio internacional: hace tiempo Argentina debería haber dejado de lado el “vivir con lo nuestro” y la sustitución de importaciones. Cerrarse al mundo es lo opuesto a maximizar las ventajas comparativas del país.

-Super-seguridad jurídica de activos financieros: dado el historial de confiscaciones y inseguridad jurídica, Argentina va a tener que ofrecer super-seguridad jurídica para ser un destino atractivo para inversores externos. El Poder Judicial tiene que ser parte de la solución, y no parte del problema al no inspirar seguridad sobre los patrimonios privados.

-Ser amigable con quien te da de comer: los empresarios, de cualquier tamaño, tienen que dejar de ser tratados como “miserables”. Es el sector privado quien invierte, genera trabajo, y paga impuestos. Es el sector privado quien paga los sueldos que el sector público no se quiere bajar mientras la economía agoniza.

-Reducir el riesgo país: quizás sea hora de cambiar la estrategia de confrontación con los acreedores, aceptar los errores propios, y reconstruir confianza en el país para bajar el riesgo país. No solo por el costo de la deuda pública, un alto riesgo país también tiene un efecto negativo sobre la actividad privada.

-Agilizar la creación de empresas: va a ser necesario crear nuevo emprendimiento. Esto tiene que ser un proceso rápido, barato, y sencillo.

-Crear un fondo anticíclico: ir a superávit financiero que permita (a) reducir el peso de la deuda y (b) crear un fondo anticíclico para hacer frente a shocks externos.

Hay dos escenarios posibles post-pandemia. Salir de la crisis con reformas pro-mercado volviendo a un escenario de estanflación. O salir de la crisis con reformas pro-mercado y entrar a un camino de crecimiento sostenible.

La pandemia no tiene por qué derivar a una Gran Depresión. La dirigencia política argentina no es responsable del COVID-19. Pero sí es responsabilidad de la política salir evitar una Gran Depresión creando las condiciones para una rápida salida de la actual crisis económica.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

 

Cerramos la economía al comercio internacional, y nos perdemos ser parte de las cadenas globales de valor. Estúpido

Por Martín Krause. Publicado el 3/3/20 en:  https://bazar.ufm.edu/cerramos-la-economia-al-comercio-internacional-nos-perdemos-parte-las-cadenas-globales-valor-estupido/

 

En Argentina nos negamos a ver la importancia de abrir la economía y participar en el comercio internacional, la mentalidad mercantilista prevalece. El mundo moderno, sin embargo, está formado por Cadenas Globales de Valor, y los países que crecen son los que participan en ellas, no los que se encierran.

Aquí, este profesor de Harvard, publica un artículo y comenta sobre el tema:

CONCEPTUAL ASPECTS OF GLOBAL VALUE CHAINS, Pol Antràs, Working Paper 26539

http://www.nber.org/papers/w26539

“En las últimas décadas, una serie de desarrollos tecnológicos, institucionales y políticos han impulsado una importante globalización de los procesos de producción en todos los países. Más y más ahora la producción se organiza a escala global y elija ofrecer piezas, componentes o servicios en productores en países extranjeros y a menudo distantes. Las etiquetas típicas «Made in» sobre la fabricación de los bienes se han convertido en símbolos arcaicos de una época antigua. En la actualidad, la mayoría de los productos se fabrican en el mundo.

Algunos aspectos de esta nueva ola de globalización no son particularmente novedosos. Significativos incrementos sostenidos en la relación comercio / PIB se habían experimentado en el pasado. El período 1870-1914, por ejemplo, fue testigo de un gran aumento en los flujos del comercio internacional, en gran parte impulsado por la invención del buque de vapor, y ese período a menudo se conoce como la «Primera Globalización». Del mismo modo, el comercio internacional de materias primas e insumos intermedios ha sido una característica destacada del comercio mundial desde tiempos inmemoriales. Por ejemplo, los comerciantes asirios que establecieron Kanesh (en la actualidad Turquía) en el siglo XIX a. C. importaban telas de lujo y estaño de Aššur, y también comerciaron cobre y lana dentro de Anatolia (Barjamovic et al., 2019).

A pesar de estos precedentes, existe una opinión común de que la transformación de la economía del mundo desde la década de 1980 tiene algunas características distintivas, y que interpretar el llamado aumento de las cadenas de valor mundiales (CGV) simplemente como una intensificación de la integración comercial entre países deja de lado varias dimensiones clave de este fenómeno.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

¿Después del Brexit, el Argxit?

Por Martín Krause. Publicado el 21/2/20 en: https://www.clarin.com/opinion/-despues-brexit-argxit-_0_YVRgyhkn.html

 

El presidente Alberto Fernández realizó una serie de visitas en Europa en las que el principal tema económico considerado fue el apoyo de esos países en el proceso de renegociación de la deuda con el FMI. No hubo mención al tema del tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, pero antes del viaje se había dicho que estaría en la agenda, en particular en la reunión entre Fernández y Macron, ya que ambos estarían descontentos con el acuerdo alcanzado el año pasado y favorecerían una renegociación.

La palabra “renegociación” suena a postergación indefinida, ya que, si tomamos en cuenta los 20 años requeridos para llegar al acuerdo y los que tomaría su aprobación por todos los parlamentos de los países firmantes, si además le agregamos una nueva negociación más vale que nos olvidemos del asunto.

Si no avanza una renegociación, Argentina puede quedar aislada, ya que el año pasado se aprobó que los países del Mercosur podrían aprobar el acuerdo bilateralmente, y Brasil Paraguay y Uruguay han manifestado su voluntad de hacerlo. Si eso ocurriera sería como si Argentina se fuera del Mercosur, una especie de Argxit, pero, a diferencia de la salida de Reino Unido de la UE, no por voluntad del que se va, sino porque los que se van son los otros.

Una situación como esa, en la que el Mercosur pasara a ser un adorno para Argentina, no sería para lamentar si el país avanzara en el camino que parece seguir el Reino Unido con Boris Johnson. En una reciente conferencia en Greenwich, Johnson celebró las ideas de Adam Smith, señalando que el país debía ahora abrirse a todo el mundo. Si quedarse sola llevara a la Argentina a una posición similar sería un gran avance, ya que somos uno de los países más cerrados del planeta.

En estos días se ha dado a conocer la primera edición del Índice Internacional sobre Barreras al Comercio, producido por la Property Rights Alliance, que también elabora un índice internacional sobre la protección de los derechos de propiedad.

Este índice evalúa las restricciones al comercio en 86 países, que representan el 83% de la población mundial, el 91% de todos los bienes y servicios intercambiados y el 94% del PBI global. Toma en cuenta las barreras arancelarias, no arancelarias y a los servicios. Tiene un cuarto componente, la “facilitación” del comercio, que incluye aspectos tales como la protección de la propiedad. Argentina se encuentra en el puesto 71° de 86 países. Singapur y Hong Kong ocupan los dos primeros, y Suecia está 5°. Pese a que todos somos parte del Mercosur, Paraguay está 53°, Uruguay 56° y Brasil, peor que nosotros, 77°. Claro que si estos países firman el acuerdo con la UE avanzarán varias posiciones y probablemente nos dejen al final de la lista.

El tratado con la UE no iba a garantizar el libre comercio para los argentinos. Lo importante del tratado eran las limitaciones institucionales que podía introducir. En un país donde los límites al poder son débiles o inexistentes, un acuerdo como éste podía introducir límites a la discriminación económica desde el poder, que no somos capaces de darnos nosotros. Los lobbies dictan la política comercial y muchas de las políticas sectoriales, pero con el tratado esto podría haberse reducido. No va a ser una apertura el comercio internacional, pero sería una excelente forma de empoderar a los argentinos y dejarlos usar su bien ganado dinero en aquello que estimen más conveniente y de poner límites al uso del poder en favor de los privilegiados.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

La Argentina debe regresar a las bases de Juan Bautista Alberdi

Por Adrián Ravier.  Publicado el 27/3/14 en: http://www.elojodigital.com/contenido/13153-la-argentina-debe-regresar-las-bases-de-juan-bautista-alberdi

 

Juan Bautista Alberdi fue un actor fundamental en la conformación del estado argentino. No sólo fue fundamental en influenciar nuestra Constitución Nacional, sino que también dejó las Bases para que Argentina emprendiera un camino de desarrollo sostenido por varias décadas. Me propongo, en este artículo, resumir su posición sobre distintos temas al sólo efecto de reintroducir sus ‘bases‘ en el debate moderno.

 

El gobierno debe limitarse a funciones esenciales

Bajo la estatolatría que nos rodea, el estado moderno ha asumido funciones que han distraído a los gobiernos de sus funciones esenciales. Se podrá decir que este es un fenómeno novedoso, que comienza en el siglo XX y se expande hacia comienzos del siglo XXI, pero Alberdi anticipó esta amenaza, como queda claro en las siguientes citas.

Juan Bautista Alberdi“Si los derechos civiles del hombre pudiesen mantenerse por sí mismos al abrigo de todo ataque, es decir, si nadie atentara contra nuestra vida, persona, propiedad, libre acción, etc., el Gobierno del Estado sería inútil, su institución no tendría razón de existir. Luego el Estado y las leyes políticas que lo constituyen, no tienen más objeto final y definitivo que la observancia y ejecución de las leyes civiles, que son el código de la sociedad y de la civilización misma (…) La democracia es la libertad constituida en gobierno, pues el verdadero gobierno no es más ni menos que la libertad organizada” (Juan Bautista Alberdi, Obras Completas, Tomo VII, p. 90/91).

En otras palabras,

“El Estado se hace fabricante, constructor, empresario, banquero, comerciante, editor, y se distrae así de su mandato esencial y único, que es proteger a los individuos de que se compone contra toda agresión interna y externa. En todas las funciones que no son de la esencia del gobierno obra como ignorante y como un concurrente dañino de los particulares, empeorando el servicio del país, lejos de servirlo mejor” (Juan Bautista Alberdi, “La omnipotencia del Estado de la negación de la libertad individual”).

Influenciado por Adam Smith, y anticipando la literatura moderna desarrollada por Friedrich Hayek o James M. Buchanan, Alberdi creía en un gobierno limitado, pues conocía las limitaciones cognitivas de los funcionarios, así como los perversos incentivos bajo los cuales actúan.
 

La riqueza no debe re-distribuirse

En el viejo debate entre la economía de mercado y el socialismo, entre la propiedad privada o pública de los medios de producción, tanto teórica como empíricamente ha surgido victoriosa la primera posición. El nuevo socialismo ya no pide privatizar los medios de producción ante su evidente fracaso global, sino re-distribuir la riqueza producida por el sector privado.

Al respecto, Alberdi también ofreció sus reflexiones:

“Para proteger mejor el fin social de la riqueza, ha preferido la distribución libre a la distribución reglamentaria y artificial. La distribución de las riquezas se opera por sí sola, tanto más equivalentemente cuanto menos se ingiere el Estado en imponerle reglas” (Juan Bautista Alberdi T. IV P. 253).

Y es que la intervención del estado no es gratuita. Como ejemplificó Joseph Stiglitz en su libro sobre la economía del sector público, si una persona tiene 10 manzanas, y otras cuatro ninguna, el estado puede dividir las 10 manzanas en partes iguales, pero no llegarán a manos de los cinco destinatarios las dos manzanas, sino que el estado se consumirá en el proceso burocrático la mitad de ellas, quedando al final una manzana para cada uno de los cinco miembros de la sociedad.

No sólo ello. Qué incentivos tendrá el contribuyente para seguir produciendo manzanas, si luego de sufrir los riesgos y costos asociados a la tarea, termina compartiendo forzosamente su esfuerzo con la sociedad. La consecuencia lógica de este proceso de re-distribución de riqueza, es reducir la propia riqueza e incrementar la pobreza.

El estado no produce riqueza, la extrae de los particulares

Se exige al estado que asuma cada vez más funciones, que reparta cada vez más riqueza, pero se olvida muchas veces que el estado no crea su propia riqueza sino que debe costear cada proyecto con recursos privados que extrae a otros particulares.

“¿Qué es la renta pública? Una parte de la renta privada de los habitantes del país, y mejor para la doctrina que vamos a exponer, si es una parte del capital o haber cualquiera de los particulares. Es la unión de las porciones de rentas que los particulares satisfacen al cuerpo social en que viven, para asegurar el orden, que les protege el resto de su renta, el capital, la vida, la persona y su bienestar. Luego hay renta pública donde quiera que hay rentas y capitales particulares” (Juan Bautista Alberdi, T. IV. P. 339).

Esto no implica que el estado no pueda en la Argentina, por mandato constitucional, cobrar impuestos para cumplir sus funciones esenciales, pero debería haber un límite que Alberdi se preocupó por establecer en la Constitución Nacional:

“Es verdad que la tendencia natural de la renta pública es a ser grande y copiosa; pero en la doctrina económica de la Constitución argentina, la abundancia de la renta pública depende del respeto asegurado a los derechos naturales del hombre, en el empleo de sus facultades destinadas a producir los medios de satisfacer las necesidades de su ser. Esos derechos, en que reposa el sistema rentístico, el plan de hacienda o de finanzas, que es parte accesoria del sistema económico del país, son la propiedad, la libertad, la igualdad, la seguridad en sus relaciones prácticas con la producción, distribución y consumo de las riquezas.

La Constitución quiere que la ley fiscal o rentística respete y proteja esos derechos, lejos de atacarlos” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 382).

Y entonces qué podemos decir respecto de los fines de la recaudación:

“Según el art. 4 de la Constitución argentina, la contribución es para formar el Tesoro nacional; el Tesoro, como medio de ejecución, es para gobernar; el gobierno es para hacer cumplir la Constitución; la Constitución, como dice el preámbulo, es para afirmar la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz, servir a la defensa común, promover el bienestar y asegurar los beneficios de la libertad. La contribución es, según esto, el precio con que se obtiene el goce de estas cosas; luego su erogación forma el gasto más precioso del hombre en sociedad. Pero la experiencia prueba que esos fines pueden ser atacados por la misma contribución establecida para servirlos” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 411).

Y luego, agrega:
“Todo dinero público gastado en otros objetos que no sean los que la Constitución señala como objetos de la asociación política argentina, es dinero malgastado, y malversado” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 460/461).

El Estado no debería administrar el dinero, ni la política monetaria

Al contrario de sus países vecinos, la Argentina hoy sufre niveles de inflación elevados. Se cree, sin embargo, que el propio estado puede corregir la situación. Se han sincerado en los últimos días las estadísticas oficiales, pero el problema de la inflación está lejos de corregirse. Alberdi tenía muy en claro el problema de la banca pública.

“La reforma de un Banco del Estado es imposible. No hay más que un remedio de reformarlo: es suprimirlo” (Juan Bautista Alberdi, Estudios Económicos, Buenos Aires, Talleres Gráficos L. J. Rosso, 1934, p. 236).

Ahora, como todos sabemos, estos bancos públicos operan a través de los redescuentos obtenidos del Banco Central (BCRA). Dichos redescuentos no son otra cosa que emisión monetaria. Nuevamente Alberdi nos enseña:

“Respecto a la manera de emplear el crédito público por la emisión de papel moneda al estilo de Buenos Aires, la Confederación tiene la ventaja inapreciable de no poder ejercer, aunque quiera, ese terrible medio de arruinar la libertad política, la moralidad de la industria y la hacienda del Estado. Es una ventaja positiva para las rentas de la Confederación la impotencia en que se halla de hacer admitir como valor efectivo un papel, sin más valor ni garantía que el producto de contribuciones tan inciertas como la estabilidad del orden, y que jamás alcanzaría para amortizar una deuda que se agranda por su misma facilidad de dilatación para la que no bastarán después todas las rentas del mundo” (Juan Bautista Alberdi, T. IV. P. 377).

Y, para ser más claro:

“Mientras el gobierno tenga el poder de fabricar moneda con simples tiras de papel que nada prometen, ni obligan a reembolso alguno, el poder omnímodo vivirá inalterable como gusano roedor en el corazón de la Constitución misma…” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 197).

 

El gobierno debe responder a sus obligaciones con los acreedores

Acceder al endeudamiento externo es algo que sólo debiera ocurrir en situaciones de emergencia. Así lo mantienen los tratados clásicos de finanzas públicas, y el propio espíritu de nuestra constitución. Pero si se accediera a tomar crédito, entonces es imperioso que se cumpla con las obligaciones asociadas. El bienestar de la población está asociado a la imagen que el mundo tiene del país. El riesgo aleja al capital, y sin él, no hay inversión, ni desarrollo.

“Siendo el crédito del Estado el recurso más positivo de que pueda disponer en esta época anormal y extraordinaria por ser de creación y formación, será preciso que los gobiernos argentinos sean muy ciegos para que desconozcan que faltar a sus deberes en el pago de los intereses de la deuda, es lo mismo que envenenar el único pan de su alimento, y suicidarse; es algo más desastroso que faltar al honor, es condenarse a la bancarrota y al hambre. El gobierno argentino acaba de dar una prueba de que comprende esta verdad en toda su latitud, cambiando la organización que había ensayado por error para su crédito público, por otra que la restablece a sus bases más normales y más firmes” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 374).

El gobierno no debe regular el mercado laboral, ni intentar alcanzar el pleno empleo

Uno de los objetivos que el estado moderno se ha propuesto en la actualidad es alcanzar el pleno empleo por medio de la política económica. Para ello regular el mercado laboral, fija salarios mínimos, desarrolla una compleja y restrictiva legislación laboral, y crea puestos de trabajo. Sin embargo, la situación laboral continúa siendo precaria, cíclica y desafortunada para los trabajadores. Alberdi comprendía muy bien las consecuencias lógica de estas políticas.

“La ley no podrá tener a ese respecto más poder que le que le ha trazado la Constitución. Su intervención en la organización del trabajo no puede ir más allá del deber de garantizar los beneficios de la libertad, de la igualdad, de la propiedad y seguridad, a favor de los provechos del trabajo. He aquí la organización legítima y posible de parte del Estado; cualquiera otra es quimérica o tiránica” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 261″).

Para ser más preciso:

“Garantizar trabajo a cada obrero sería tan impracticable como asegurar a todo vendedor un comprador, a todo abogado un cliente, a todo médico un enfermo, a todo cómico, aunque fuese detestable, un auditorio. La ley no podría tener ese poder, sino a expensas de la libertad y de la propiedad porque sería preciso que para dar a los unos lo quitase a los otros; y semejante ley no podría existir bajo el sistema de una Constitución que consagra a favor de todos los habitantes los principios de libertad y de propiedad, como bases esenciales de la legislación” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 255).

Respecto del salario:

“El salario es libre por la Constitución como precio del trabajo, su tasa depende de las leyes normales del mercado, y se regla por la voluntad libre de los contratantes. No hay salario legal u obligatorio a los ojos de la Constitución, fuera de aquel que tiene por ley la estipulación expresa de las partes, o la decisión del juez fundada en el precio del corriente del trabajo, cuando ocurre controversia” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 255).

El gobierno no debiera restringir el libre comercio internacional

Las prácticas mercantilistas y proteccionistas fueron aniquiladas por la obra de Adam Smith, La riqueza de las naciones. Sin embargo, es recurrente en el estado moderno imponer fines colectivos arbitrarios por encima de la libertad individual de los consumidores de adquirir productos del exterior.

“¿De dónde saca el pueblo argentino los objetos de su consumo? Una parte la produce él dentro de su suelo; otra adquiere del extranjero en cambio de sus productos nacionales: productos que por necesidad tiene que crear, porque son el precio único con que puede pagar los artefactos extranjeros de que necesita para hacer vida civilizada. Si no siembra trigos ni cría ganados, ni trabaja las minas, no viste seda, ni paños, ni usa muebles de la Europa. Este cambio de productos del país por productos extranjeros, comprensivo de una escala de cambios intermedios y accesorios, deja… utilidades y rentas privadas…” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 349).

Respecto del control a los capitales, Argentina no siempre fue un país cerrado al mundo. Al contrario, se trata de un país que se formó con capitales externos y flujos inmigratorios. La única obligación que esos capitales debían seguir era cumplir con las mismas leyes que las empresas locales. La igualdad ante la ley predominaba:

“No debiendo las leyes orgánicas emplear otros medios de proteger la venida de los capitales que los medios indicados por la Constitución misma, importa tener presente cuáles son esos medios designados por la Constitución, como base fundamental de toda ley que tenga relación con los capitales considerados en su principio de conservación y de aumento, y en sus medios de acción y de aplicación a la producción de sus beneficios.

Esos medios de protección, esos principios de estímulo, no son otros que la libertad, la seguridad, la igualdad, asegurados a todos los que, habitantes o ausentes del país, introduzcan y establezcan en él sus capitales” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 266).

Respecto de la libertad para entrar y salir del territorio, recordemos que Alberdi fue uno de los responsables más directos de la fuerte inmigración recibida por nuestro país:

“¿Podéis concebir una ley que proteja la inmigración por restricciones y prohibiciones? Semejante ley atacaría los medios que señala la Constitución misma para proteger ese fin. En efecto, la Constitución dice por su artículo 25: -El gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar la industria, e introducir y enseñar las ciencias y las artes. Este artículo pone en manos del Estado cuanto medio se quiera fomentar la inmigración, excepto el de las restricciones y limitaciones” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.180).

¿Qué diría Alberdi entonces de la protección que hoy recibe la industria local?

“En efecto, ¿podría convenir una ley protectora de la industria por medio de restricciones y prohibiciones, cuando el art. 14 de la Constitución concede a todos los habitantes de la Confederación la libertad de trabajar y de ejercer toda industria? Tales restricciones y prohibiciones serían un medio de atacar ese principio de la Constitución por las leyes proteccionistas que las contuviesen; y esto es precisamente lo que ha querido evitar la Constitución cuando ha dicho en su artículo 28: “Los principios, derechos y garantías reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio. Esta disposición cierra la puerta a la sanción de toda ley proteccionista, en el sentido que ordinariamente se da a esta palabra de prohibitiva o restrictiva” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.180).

Y respecto de los privilegios que significa proteger sectores determinados:

“…(L)os medios ordinarios de estímulo que emplea el sistema llamado protector o proteccionista, y que consisten en la prohibición de importar ciertos productos, en los monopolios indefinidos concedidos a determinadas fabricaciones y en la imposición de fuertes derechos de aduanas, como atentatorios de la libertad de los consumos privados, y, sobre todo, como ruinosas de las mismas fabricaciones nacionales que se trata de hacer nacer y progresar. Semejantes medios son la protección dada a la estupidez y a la pereza, el más torpe de los privilegios” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.182).

El gobierno debe proteger el Estado de Derecho

Por último, debemos analizar un área de enorme importancia para los puntos que hemos venido desarrollando. Nada puede lograrse en una sociedad libre si no se protege elEstado de Derecho. Como señalamos, es ésta la función esencial del Estado.

Si el Estado logra respetar el Estado de Derecho, proteger las libertades individuales, clarificar las reglas de juego, priorizar la ley o en otras palabras, hacer cumplir las disposiciones enumeradas en la Constitución Nacional, entonces ya nada más se le exigirá:

“¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra” (Juan Bautista Alberdi, Obras Completas, Tomo IV, P. 150).

Y respecto de la propiedad:

“La libertad de usar y disponer de su propiedad es un complemento de la libertad del trabajo y del derecho de propiedad; garantía adicional de grande utilidad contra la tendencia de la economía socialista de esta época, que, con pretexto de organizar esos derechos pretende restringir el uso y disponibilidad de la propiedad (cuando no niega el derecho que ésta tiene de existir), y nivelar el trabajo del imbécil con el trabajo del genio” (Juan Bautista Alberdi, Tomo IV, P. 159).

Y no olvida la seguridad:

“La seguridad es el complemento de la libertad, o más bien es la libertad misma considerada en sus efectos prácticos y en sus resultados positivos. Donde quiera que la seguridad de la persona y de la propiedad existe como un hecho inviolable, la población se desarrolla por sí misma sin más aliciente que ése” (Juan Bautista Alberdi, Tomo IV, P. 306).

Reflexión final

Las reformas constitucionales fueron cambiando el espíritu de la constitución —y con ello se fue olvidando el pensamiento de Alberdi—, pero intento mediante estas citas recordar al lector cuáles fueron las Bases sobre las cuales Argentina se convirtió en un país próspero y rico, que atraía inmigrantes europeos y hace sólo un siglo encabezaba los indicadores de desarrollo.

Si las Bases deben ser olvidadas necesariamente en el siglo XXI para amoldarse a las necesidades de la población argentina o no, es algo que cada lector debe repensar.

Mi impresión es que la Argentina necesita volver a las Bases, y con ello, a la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado.

 

 

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

El libre comercio no es pecado

Por Iván Carrino. Publicado el 5/10/17 en: http://www.ivancarrino.com/librecomercionoespecado/

 

Buenos días a todos.

Gracias Tobías por la invitación, al colegio por permitirnos el espacio y, por supuesto, también a todos ustedes por prestarme estos minutos de su atención.

A continuación vamos a hablar un poco acerca del comercio internacional, así que espero que encuentren este tema interesante y que pueda ayudarles a despejar algunos prejuicios que, a menudo, aparecen en la escena local y regional.

Ante todo quiero decirles que el título de mi presentación no es del todo original, sino que está inspirado en un libro de dos autores que valoro y admiro profundamente, que son Carlos Rodríguez Braun y Juan Ramón Rallo (este último profesor mío en la maestría que cursé en Madrid).

Allá por el año 2011, presentaron – en medio de la crisis en Europa, cuando el capitalismo era visto como el mismísimo demonio producto de las políticas de “austeridad”- un libro llamado “El Liberalismo no es Pecado”.

Así que bien, en un 2017 en donde –para muchos analistas, empresarios y políticos – no hay nada peor que la “apertura indiscriminada a las importaciones”, qué mejor que titular esta charla rindiéndoles un homenaje a Carlos y Juan Ramón.

Vivir con lo nuestro

Me gustaría que compartiéramos un video para meternos en tema. Lo que vamos a ver ahora es lo que hizo un supermercado en Hamburgo, en agosto de este año, cuando decidió que iba a vender, por un día, solamente los productos “Made in Germany”.

Veamos qué tan bien resultó la idea de “Vivir con lo Nuestro”.

Es interesarte notar la increíble escasez del supermercado. No extraña, una economía tan integrada al mundo como la alemana no podría siquiera pensar en aislarse. Hacerlo implica, como se ve en el video, quedarse sin prácticamente nada.

Es como decretar que vamos a ser mucho más pobres de la noche a la mañana.

¿A quién se le podría ocurrir semejante idea?

El mercantilismo

La idea de que hay que “vivir con lo nuestro” no es original de nuestro compatriota Aldo Ferrer, sino que tiene siglos de antigüedad. De hecho, data de más o menos los siglos XVI y XII.

(A mí me da cierta gracia cuando acusan a los liberales de querer traer ideas del siglo XVIII, cuando la mayoría defiende el mercantilismo, que es dos siglos más viejo. En fin.)

Las ideas mercantilistas partían del erróneo preconcepto de que la riqueza de una nación dependía de las cantidades de oro y plata que se pudieran acumular. Como en dicha época el oro y la plata eran el medio de intercambio del mundo, lo que los mercantilistas planteaban era que un país era más rico si acumulaba más dinero.

Esta medida de la riqueza –traída a la realidad cotidiana de cada uno- es como creer que Juan es más rico que Pedro porque tiene más plata en su billetera.

Seguramente estarán pensando: “Y sí, obvio. Si tiene más plata, es más rico”.

Ok, no niego que haya cierta intuición acá. ¿Pero qué pasa si Pedro tiene la mitad de la plata que Pablo en la billetera, pero tiene 5 autos más, 28 departamentos, acciones de Apple y Google y, además, ingresos mucho mayores?

¿Quién es más rico ahora?

Con esta idea equivocada los mercantilistas avanzaban en su agenda de políticas económicas. Con el objetivo de incrementar las cantidades de oro y plata en las naciones, entonces, buscaban restringir las importaciones y fomentar las exportaciones.

– Venderle al mundo es bueno: me genera oro.

– Comprarle al mundo es malo: el oro se va.

Restringir las importaciones no solo era bueno para acumular oro, sino para generar trabajo en el suelo nacional. Esta idea la creyó incluso un economista brillante y adelantado a su tiempo como Richard Cantillon.

A pesar de sus notables contribuciones en otras áreas, Cantillon sostenía que:

A fin de que el consumo de manufacturas de un Estado llegue a adquirir importancia en el extranjero, es preciso hacerlas buenas y estimables mediante un gran consumo en el interior del propio Estado; hace falta también desacreditar en el propio país las mercaderías extranjeras, y dar mucho trabajo a los conciudadanos.

Las ideas mercantilistas proliferaron en Europa durante doscientos años hasta que apareció un pensador escocés que revolucionaría la ciencia económica hasta el momento: Adam Smith.

La revolución del comercio

En 1776 se publicó Una Investigación Sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones, la obra magna de Adam Smith.

Smith destruyó los argumentos mercantilistas uno a uno, sosteniendo, en primer lugar, que la verdadera riqueza no radicaba en el oro y en la plata, sino en los bienes y servicios que los seres humanos pueden adquirir.

En definitiva, lo que beneficia a las personas es la satisfacción de sus necesidades, y éstas se satisfacen consumiendo bienes y servicios, no oro y plata.

De hecho, uno puede tener mucho dinero en su hogar, pero si no va al supermercado para evitar “gastar en importaciones”, entonces va a terminar muriéndose de hambre. Como se verá, los riesgos de llevar la doctrina mercantilista al extremo son verdaderamente elevados.

Otra de las críticas de Smith contra los mercantilistas fue por la idea de producir todo “puertas adentro” en lugar de aprovechar las ventajas del comercio. Es que si uno no decide fabricar todos los bienes y servicios que consume en su vida dentro de su propia casa: ¿por qué pensamos que esa es una buena idea para el país como un todo?

En esa línea iban las palabras de Smith:

Lo prudente en la conducta de una familia no puede ser insensato en un reino. Si un país extranjero puede proveernos con un producto de forma más económica de lo que podemos hacerlo nosotros, entonces mejor que lo compremos con algo de la producción de nuestra industria empleada en una forma ventajosa.

Otro punto flojo de los mercantilistas y el proteccionismo en general es que piensa que –porque las industrias protegidas efectivamente crecen al calor de la protección- entonces han tomado una buena decisión restringiendo las importaciones.

Esto no es así. Es que debemos entender que los recursos son escasos, por tanto lo único que va a hacer una barrera proteccionista es desviarlos hacia usos distintos de donde el mercado los habría llevado.

Por ejemplo: si en un pueblo existen 5 personas, tres dedicadas a fabricar sillas y 2 dedicadas a fabricar mesas, y el gobierno decide imponer un arancel proteccionista a las mesas del extranjero, entonces el precio interno de las mesas subirá. Ese aumento del precio hará que sea más rentable producir mesas. Por tanto, uno de los “silleros” se convertirá en “mesero”.

La producción de mesas aumentará.

“¡Boom económico!” dirán los mercatilistas, que no están mirando que la producción de sillas cayó.

Por este motivo sostenía Smith que el tamaño de la industria en general no puede aumentarse con restricciones al comercio, sino solo “desviar una parte (del capital) hacia una dirección distinta a la que habría tomado; y no está para nada claro que esta dirección artificial sea más ventajosa para la sociedad que aquélla que habría tomado por sí mismo”.

Finalmente, fue Smith el que descubrió y estableció con claridad los beneficios derivados de la división del trabajo. En su análisis, si cada persona se especializa en una tarea, entonces aumenta su productividad (produce más en menor tiempo), y la riqueza del conjunto aumenta sideralmente.

Ahora bien, esa especialización depende del tamaño del mercado. Hay más médicos especialistas en Buenos Aires que en un pequeño pueblo del interior del país. Cerrarse al mundo, por tanto, es achicar el tamaño del mercado, reducir la especialización, la productividad y, por tanto, volvernos más pobres.

¿Quién desearía eso?

Una mirada a los datos

A juzgar por los datos, la historia le dio la razón al pensador escocés. Una vez que sus ideas empezaron a cobrar relevancia, el mundo empezó a crecer a ritmos increíblemente más elevados de lo que venía siendo la tendencia de largo plazo.

Por alrededor de 500 años, el PBI per cápita en Inglaterra se había mantenido constante. Sin embargo, a partir de 1800 la riqueza comenzó a crecer de manera acelerada y su crecimiento se hizo exponencial. Este gráfico es el que se conoce como “el Palo de Hockey del Progreso Humano”. Un progreso humano solo posibilitado por el avance del capitalismo, del comercio y de la globalización.

Gráfico 1. PBI per cápita en Inglaterra.

pbi pc

Fuente: Iván Carrino en base a Angus Maddison

¿Ahora cómo contribuye el comercio libre a este proceso?

Uno de los mecanismos ya lo vimos. En la medida que el tamaño del mercado se expande, se incrementa la posibilidad de especialización y, por tanto, la productividad y la riqueza.

Ahora hay una manera mucho más directa de ver cómo las importaciones impulsan nuestra propia producción.

Los datos para Argentina son elocuentes. Aproximadamente el 80% de lo que importamos, desde la década del ’80 hasta la actualidad, son insumos para la producción.

Cuadro 1. Importaciones por Usos Económicos.

Bienes de capital

Bienes inter1/2

Combustibles y lubricantes

Piezas y accesorios para  Bs. K.

Insumos para Producir

Bienes de consumo

Vehículos de pasajeros

Resto

1980′s

18,8%

42,7%

10,0%

16,7%

88,1%

10,5%

1,0%

0,5%

1990′s

24,7%

33,3%

3,2%

17,0%

78,3%

16,8%

4,8%

0,1%

2000′s

22,5%

35,8%

5,8%

17,5%

81,5%

12,8%

5,4%

0,3%

2010-16

18,6%

28,9%

13,0%

20,7%

81,2%

11,0%

7,5%

0,4%

Fuente: Iván Carrino en base a OJF e INDEC

Bienes de capital, bienes intermedios, combustibles y piezas para bienes de capital llegan del extranjero para que los fabricantes nacionales puedan producir y abastecer al mercado interno (y también exportar).

Imagínense cerrar las importaciones de un día para el otro. El caos productivo sería indescriptible.

Ahora no hace falta usar la imaginación para comprender esto. Entre 2011 y 2016 la importación en el país estuvo más restringida que en los últimos 20 años previos. Las importaciones se desplomaron, cayendo un 25,2% en dólares.

¿Cómo le fue a la producción en dicho período? Mal.

El PBI apenas si avanzó 0,3% en todo el lapso y la producción per cápita cayó 3%. Más importación es más producción. Menos importamos, menos producimos.

Precios más bajos

En Argentina somos expertos en quejarnos. Que la humedad, que la frivolidad, que los corruptos, que Marcelo Tinelli, que los precios…

Estamos totalmente en contra de la inflación y acusamos por los precios altos a los “monopolios” que, aparentemente, serían una plaga propia de nuestro país.

Ahora al mismo tiempo que detestamos a los monopolios, a nadie se le ocurre ni por un segundo que habría que “combatirlos” generando más competencia… ¡importada!

El siguiente cuadro tiene una historia un poco curiosa. En momentos en que se debatía el “Puerta a Puerta”, la CAME, un grupo lobista local que busca limitar las compras externas, presentó una comparación de precios entre Argentina y China.

Se buscaba argumentar que “con estos precios” no podemos competir. Ahora lo que dejaron en evidencia es el altísimo costo que los argentinos pagamos por el proteccionismo.

Cuadro 2. Precios de productos seleccionados en Argentina vs. China.

2016.07.28_Proteccionismo

Fuente: Iván Carrino en base a CAME (Comunicado de Prensa – Julio 2016)

Como se observa, incluso pagando aranceles del 50% sobre los precios de los productos importados, la indumentaria resulta hasta 67,3% más barata si su origen es China. Así, restringir el ingreso de esos productos al mercado local, está haciendo que los argentinos paguemos hasta 3 veces más por un “vestido casual” para favorecer a los empresarios textiles.

Aún con aranceles, lo mismo ocurre en la industria juguetera, en los productos de decoración para el hogar y en la electrónica. Allí, los precios son de dos a tres veces más altos que los de origen extranjero.

Ahora bien, si se redujeran los aranceles a cero, los productos importados serían todavía más baratos. Para el caso de la indumentaria, los consumidores argentinos podrían pagar hasta 78,2% menos de lo que se paga por un producto “Made in Argentina”. Es decir, pagamos hasta 5 veces más. El proteccionismo genera pobreza.

Pero el libre comercio genera todo lo contrario. Si miramos el cuadro de los países más abiertos al comercio mundial según la Fundación Heritage, encontramos que su ingreso per cápita promedio es un asombroso nivel de USD 43.000.

Cuadro 3. Países que mejor puntaje obtienen en “apertura comercial” vs. PBI per cápita.

País

Apertura Económica (Puntos en Índice Heritage)

PBI Per Cápita (2016 – USD PPP)

Hong Kong

90

58.321,6

Singapur

90

87.855,4

Suiza

90

59.560,7

Georgia

88,6

10.043,8

Canadá

88,4

46.437,2

Islandia

88,0

49.135,6

Israel

88,0

35.178,7

Albania

87,7

12.567,9

Noruega

87,7

47.771,2

Croacia

87,4

24.052,9

Promedio

43.092,5

Fuente: Iván Carrino en base a Heritage y Banco Mundial

Es decir, aproximadamente 4 veces lo que tiene Argentina, y entre 5 y 6 veces más de lo que ostentan los países que están más cerrados comercialmente.

No es casualidad, entonces, que los países hayan ido abriéndose al comercio durante los últimos 50 años. Algo que Argentina copió tardíamente y que luego (especialmente a partir de 2005-07) parecería haberse arrepentido. Queda la pregunta de qué hará el gobierno actual en este sentido.

Por ahora, solo algunas medidas puntuales pueden mencionarse como  positivas.

El libre comercio no genera desempleo

A principios de 2015, el periodista Roberto Navarro, delineó el supuesto plan macabro que el gobierno de Mauricio Macri quería llevar a cabo abriendo las importaciones.

Para Navarro, Macri buscaba deliberadamente generar desempleo y pobreza en Argentina puesto que, en su visión eso es lo que hace “la derecha” cuando gobierna.

El maquiavélico plan del gobierno consistiría en buscar subir el nivel de desempleo en el país, de manera que las hordas de desocupados presionen a la baja los salarios y, de esta forma, los capitalistas explotadores puedan llenarse sus bolsillos.

Ahora bien, la cuestión pasa por cómo hará el gobierno para generar ese desempleo, y es ahí cuando, entre otras cosas, se menciona a la “apertura indiscriminada de importaciones” como una de las estrategias.

Lo curioso del asunto es que en el propio gobierno, que en la superficie parecería estar en las antípodas de lo que se dice en el programa de Navarro, también comparten esta visión.

Consultado acerca de la liberalización de las importaciones en noviembre del año pasado, Macri respondió:

No podemos abrir las importaciones. Nosotros tenemos que crear trabajo, no destruir el poco que tenemos.

Paradójicamente, y como puede verse, el gobierno y Navarro coinciden en que la industria nacional debe “protegerse” y que abrir importaciones dejaría a la gente sin trabajo.

La realidad, empero, es que ambos están equivocados. Aquí abajo hay un gráfico que muestra a todos los países que ocupan los primeros diez puestos en términos de apertura al comercio internacional según el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage[1]. Como se ve, existe una amplia variedad, aunque el promedio se ubica en el 9,4%.

Gráfico 2. Tasa de Desempleo en los países más libres del mundo.

comerciopecado1

Fuente: Iván Carrino en base a Heritage y Banco Mundial.

Si el promedio se compara contra países que ostentan altos niveles de desempleo, estamos hablando de una tasa baja. Piénsese que el desempleo en la Zona Euro en 2015 fue del 10,9%, pero en España y Grecia la cifra seguía superando el 20%.

Durante la crisis de 2001-2002, en nuestro país el desempleo llegó a afectar a 24,5% de la población, por lo que una tasa de 9,4%, si bien no es baja, tampoco puede considerarse excesivamente elevada.

Ahora lo que llama la atención es que dentro de este grupo que obtuvo el mismo elevado puntaje en términos de su apertura comercial, haya países con niveles de desocupación tan bajosHong Kong posee un 3,2%, Singapur un 3,0%, Suiza un 4,5%, Austria un 5,0% y Estados Unidos un 6,2% de acuerdo a datos de 2014.

En este sentido, el motivo del desempleo en los países no puede ser la apertura comercial, ya que abundan los ejemplos de países extremadamente abiertos que gozan de un nivel de ocupación sustancialmente elevado.

El error fatal de los proteccionistas

Ahora bien, una vez que uno mira estos datos, se pregunta cómo es posible que insistamos con las ideas proteccionistas y critiquemos el comercio libre.

Es que el error fatal de los proteccionistas consiste en concentrarse solo en “lo que se ve”, en lugar de mirar “lo que no se ve”.

Si abrimos la importación y una empresa quiebra producto de la mejor competencia, eso es “lo que se ve”. Sin embargo, “lo que no se ve” son todos los beneficios derivados de la llegada de la importación.

El primero, por supuesto, es una mejor satisfacción para los consumidores locales. Pero ahí no se acaba el ciclo.

Es que cuando el argentino paga menos por un producto importado, entonces con ese dinero puede hacer tres cosas:

–          O compra otros bienes, aumentando la demanda de otros productos que antes no podía demandar.

–          O ahorra, incrementando los saldos prestables y por tanto, bajando la tasa de interés.

–          O invierte en un negocio propio, produciendo bienes y servicios y demandando mano de obra.

Es decir, lo que se destruye en un lado se crea por el otro, pero con la diferencia de que la productividad es mayor porque los recursos están asignados por la gente y no por los burócratas.

Para terminar, déjenme decirles lo siguiente: el libre comercio no es pecado. De hecho, es la globalización la que genera nuevas ideas y formas de satisfacer nuestras necesidades, mejorando el nivel de vida de todos.

Pero el libre comercio es bueno no solo porque nos enriquezca en términos materiales, sino porque nos transforma en una sociedad abierta y tolerante. A mí no me interesa si la contraparte de una operación comercial es blanca, negra, hombre, mujer, china, árabe, musulmana, católica, judía, homosexual, heterosexual y un largo etcétera.

Lo que le interesa al comprador es obtener un bien de buena calidad a bajo precio. Y eso no distingue entre minorías.

El comercio une a la sociedad de manera pacífica y la enriquece en el proceso. Más que un pecado, es una virtud que no deberíamos rechazar a causa de meros prejuicios.

Muchas gracias,

*Versión completa de mi charla en el Colegio Cardenal Newman, el 5 de Octubre de 2017.

 

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Manuel “Muso” Ayau ayuda a médicos y nutricionistas a recorrer los primeros metros de la ciencia económica

Por Martín Krause. Publicada el 27/4/17 en: http://bazar.ufm.edu/manuel-muso-ayau-ayuda-medicos-nutricionistas-recorrer-los-primeros-metros-la-ciencia-economica/

 

Los alumnos de “Proceso Económico” son médicos o nutricionistas. Han de caminar por algunas de las más básicas cuestiones económicas. Nadie como “Muso” Ayau para ayudarlos en eso. Aquí explica el notable fenómeno de la cooperación social:

“El alcance de la cooperación social

En un día cualquiera, en la ciudad de Guatemala – capital de un país pequeño y pobre – quien tenga con qué pagar puede comprar un par de zapatos italianos, un repuesto “original” para un automóvil japonés, una botella de vino francés y otra de vino alemán, un florero hindú, una variedad de condimentos chinos, un trozo de salmón chileno, peras y melocotones de California, y mantequilla de Nueva Zelandia. En cierta época, hasta se consiguen tulipanes traídos de Holanda en el avión de KLM.

Si nos detuviéramos a pensar que la producción y el transporte de cada uno de esos productos requirió del esfuerzo coordinado de miles de personas, no podríamos menos que asombrarnos. Esos miles de personas no se conocen entre ellas ni nos conocen a nosotros. No tienen forma de saber qué productos vamos a comprar, cuándo los vamos a comprar y en qué cantidades. Es probable que muchos de ellos ni siquiera sepan en dónde queda Guatemala.

En cada etapa del largo proceso, alguien percibió la oportunidad de obtener una ganancia, y esa percepción bastó para poner en marcha una coordinación compleja.

Puede ser que, en un catálogo de vinos, un importador guatemalteco haya visto el anuncio de un mayorista. La oportunidad de obtener una ganancia lo indujo a invertir en un pedido, y así llegó a Guatemala una pequeña parte del producto de los viñedos de algún valle de Francia. En este caso el importador guatemalteco sería, tan solo, un eslabón en la larga cadena de productores e intermediarios que tomaron parte en el proceso.

En el comercio internacional, fruto de la división internacional del trabajo, encontramos los ejemplos más admirables de cooperación voluntaria y pacífica, entre individuos que no se conocen ni comparten un interés recíproco por la felicidad del otro.

Kirzner, ilustra las funciones de los participantes en el mercado:

Millones de productos fluyen diariamente entre los países y los continentes. Millones de productores e intermediarios comparan diariamente los costos y los ingresos de sus empresas, para expandir las actividades que arrojan ganancias y desfasar las que arrojan pérdidas.

El comercio internacional enlaza a los pueblos en una actividad ordenada, benéfica, eficiente y demasiado compleja como para que alguien pudiera planearla, coordinarla o supervisarla.

Y todo ello se desarrolla a pesar de los obstáculos que todos los gobiernos del planeta imponen a quienes tratan de intercambiar los frutos de su trabajo con alguien que vive más allá de la frontera.”

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Optimismo y noticias que no se comentan: el capitalismo derrotó el pesimismo Malthusiano y las hambrunas

Por Martín Krause. Publicada el 23/2/17 en: http://bazar.ufm.edu/optimismo-noticias-no-se-comentan-capitalismo-derroto-pesimismo-malthusiano-las-hambrunas/

 

Hay, creo, dos razones por las cuales predomina el pesimismo en la avalancha de noticias que recibimos a diario: la primera de ellas es que las buenas noticias no generan tantos lectores como las malas, la normalidad se asume como tal, mientras que el accidente o el crimen serían la excepción; la segunda es que todo el que quiera promover algún cambio ‘revolucionario’ (no evolutivo) en la sociedad, debe antes mostrar que todo anda mal, ya que por eso se necesita el cambio.

Al respecto, una serie de autores (Matt Ridley, Steven Pinker y ahora Johan Norberg) han escrito sendos libros presentando una visión contraria, esto es, optimista, del progreso de la sociedad y el ser humano, sobre todo a partir de la llegada de la sociedad liberal y el capitalismo. Las referencias y los números son contundentes. Aquí algunos del libro  Johan Norberg, Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future:

“Cosechas fracasadas no eran poco comunes en Suecia. Una sola hambruna, entre 1695 y 1697, causó la muerte de una en quince personas, y hay referencias a canibalismo en los relatos orales. Sin maquinarias, almacenaje frío, irrigación o fertilizante artificial, los fracasos de cosechas eran siempre una amenaza, y en ausencia de comunicaciones modernas y transporte, una cosecha fallida a menuda significaba hambruna”.

“Las hambrunas eran universales, un fenómeno regular, que sucedía tan regularmente en Europa que se había incorporado en el régimen biológico del ser humano y formaba parte de su vida diaria, según el historiador francés Fernand Braudel. Francia, uno de los países más ricos del mundo, sufrió 26 hambrunas nacionales en el siglo XI, dos en el XII, cuatro en el XIV, siete en el XV, trece en el XVI, once en el XVII y dieciséis en el XVIII. En cada siglo hubo también cientos de hambrunas locales”

Por eso Malthus decía:

“El poder de la población es tan superior al poder de la tierra para producir la subsistencia del hombre, que la muerte prematura debe de alguna forma visitar a la naturaleza humana. Los vicios de la humanidad [infanticidio, aborto, contracepción] son activos y eficientes instrumentos de la despoblación. Son los grandes precursores en el gran ejército de la destrucción, y a menudo completan el trabajo ellos mismos. Pero si fracasaran en esta guerra de exterminio, pestes, epidemias, pestilencias, y plagas, avanzas en terrífica amplitud, y barre de a miles o decenas de miles. Y si el éxito fuera aún incompleto la inevitable hambruna gigante aparece por detrás, y con un gran y poderoso golpe, nivela a la población con los alimentos del mundo”.

Malthus describía acertadamente la situación de la humanidad. Pero subestimó su capacidad para innovar, para resolver problemas y cambiar sus usos cuando las ideas del Iluminismo y las mayores libertades le dieron una oportunidad a la gente de hacerlo. A medida que los campesinos obtuvieron derechos de propiedad, tuvieron un incentivo para producir más. A medida que se abrieron las fronteras al comercio internacional, las regiones comenzaron a especializarse en el tipo de producción apropiado para aprovechar esas oportunidades. Aun cuando la población crecía rápidamente, la oferta de alimentos crecía más rápido. El consumo per cápita en Francia e Inglaterra aumentó de alrededor de 1700-2200 calorías a mediados del siglo XVIII a 2500-2800 en 1850. Las hambrunas comenzaron a desaparecer. Suecia fue declarada libre del hambre crónica a comienzos del siglo XX.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).