El Brexit Y La Unión Europea En El Mundo

Por Armando Ribas. Publicado el 4/7/16 en: http://institutoacton.org/2016/07/04/el-brexit-y-la-union-europea-en-el-mundo-armando-ribas/

 

El Brexit ha causado una conmoción en el mundo occidental y en razón de ello se ha producido una caída en todas las bolsas y consiguientemente la libra se devaluó respecto al dólar y el euro. Todo ello se considera la consecuencia de que Inglaterra se haya separado de la Unión Europea. Esa percepción implica que el Brexit sería la causa de una crisis económica en Inglaterra y en la Unión Europea. Ya The Economist se había adelantado a esta visión con antelación al hecho en un artículo titulado “Divided We Fall” (Divididos Caemos) donde escribió: “Un voto de abandonar la Unión Europea el 23 de Junio, el cual las encuestas consideran una creciente posibilidad, harían un grave y permanente daño a la política y la economía británica. La pérdida de uno de los mayores miembros de la UE produciría una profunda herida en el resto de Europa”.

Antes de seguir adelante me permitiría recordar otro artículo de The Economist que considero realista donde dijo: “El problema de la Unión Europea es el sistema, y el que lo quiere cambiar pierde las elecciones”. En estas palabras The Economist reconoce la situación de crisis de la Unión Europea determinada políticamente por la prevalencia política de la izquierda para mantener el Estado de Bienestar. Mi criterio es que la validez indubitable de esta observación, constituye una decisiva contradicción con el análisis recientemente hecho sobre los efectos deletéreos del Brexit.

No me cabe la menor duda de que los datos referentes a la situación económica de la Unión Europea con Inglaterra incluida constituyen una muestra elocuente de la situación de crisis que padece. Como ya he dicho en anteriores oportunidades y así ha sido reconocido por importantes economistas, no es posible tener una moneda común entre países que tienen políticas fiscales y monetarias independientes. Inglaterra nunca aceptó el Euro, y la Libra hasta el presente estaba decididamente sobrevaluada respecto al Dólar y al Euro. Por tanto la presente devaluación no implica un deterioro de la economía británica.

La pregunta pendiente sería ¿Qué economía se perjudicaría más a causa del Brexit, la inglesa o los países de la Unión Europea? Los problemas económicos de ambos son muy similares y dependen como bien dijo The Economist del sistema del Estado de Bienestar, que es una prueba más del fracaso del socialismo. Por ello el desequilibrio resulta del nivel del gasto público que en Inglaterra alcanza al 48% del PBI y la consecuente impagable deuda pública. Y esa deuda en manos de los bancos europeos no ha sido causada ni es alterada por el Brexit, sino que solo ha hecho tomar conciencia al mundo de la realidad que enfrenta  la Unión Europea.

Un aspecto favorable del artículo de The Economist es cuando señala que muchos de los Nrexikeers (Partidarios del Brexit) reclaman el manto del liberalismo. En otras palabras tendrían un proyecto de salir del sistema socialista y reducir el gasto público. Si esa fuera la política a seguir no me cabe la menor duda de que el Brexit lejos de perjudicar a la economía británica la mejoraría al salir del socialismo y aplicar el Rule of Law. Y ese hecho sería asimismo favorable a la Unión Europea. Así saldría de esa concepción filosófico política que afecta a los países principales de Europa como bien la describe Stefan Thiel en su “Filosofía Europea del Fracaso” donde dice que en los colegios de Francia y Alemania se enseña que: “El capitalismo es descripto como brutal, salvaje, neoliberal y americano”. Y siguiendo con esa tendencia dice: “Los alumnos aprenden que las empresas privadas destruyen las fuentes de trabajo mientras que la política del gobierno las crea…Los empleadores explotan  y el gobierno protege”.

Independientemente del impacto inmediato de la salida de Inglaterra de la Unión Europea, no me cabe la menor duda de que si el proyecto es liberal mejoraría la situación inglesa, lo que tendría un efecto favorable en la Europa continental. Diferente sería el resultado si el motivo de la separación fuese la influencia del nacionalismo, como es el caso de la Sra. Marina Le Pen en Francia  o de más socialismo como es el caso reciente de España con Podemos.

Dicho lo que antecede tampoco estoy de acuerdo con la idea de que el comercio de Inglaterra con Europa se reduciría como consecuencia del Brexit. Ello dependería de la política de la Unión Europea al respecto.  Al respecto The Ecomomist añade “La Unión Europea tiene docenas de pactos de comercio que Inglaterra tendría que sustituir”. Así como no veo la razón de que el comercio con Europa se reduzca pues el comercio no es la guerra y se hace por mutuo interés, tampoco veo la razón de que Inglaterra pierda el contacto comercial con los otros países de los pactos comerciales. Y menos ahora cuando la libra se ha devaluado y se considera un perjuicio para Inglaterra, cuando en la realidad ello mejora la competitividad de los productos británicos, y por tanto facilitaría la capacidad de exportación. Tanto así que en el 2015 Inglaterra tuvo un déficit de cuenta corriente por valor de u$s126.1millones. Alemania es la que tiene mayores ventajas competitivas con el Euro y por ello en 2015 obtuvo un superávit de cuenta corriente por valor de u$s275millones, que representa el 81% del superávit total de la Unión Europea-excluida Inglaterra.

El mundo no tiene que ser un solo país, la globalización en el orden externo no es más que la consecuencia de que los países olviden a Colbert y liberen los mercados. Al respecto vale recordar a Adam Smith: “La riqueza de las naciones vecinas si bien peligrosa en la guerra y la política, es ciertamente ventajosa en el comercio”. Y este mensaje todo parece indicar que los europeos lo aprendieron después de la Segunda Guerra Mundial. En el orden interno tengamos en cuenta a Locke, Hume y los Founding Fathers, y sepamos que fue a partir  del Rule of Law, osea el respeto por los derechos individuales, iniciado hace tan solo doscientos años, comenzó la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia.

Entonces me atrevo a decir que el Brexit más que una decisión es una noticia que pone al descubierto los problemas que enfrenta la Unión Europea, y ello ha puesto al mundo en conocimiento de la crisis que enfrenta. Crisis que la izquierda, siempre presente, considera la crisis del capitalismo. Voy a insistir en que esa crisis la genera el aumento del nivel del gasto público que ha tenido lugar en la Unión Europea y ya en Francia alcanza al 57% del PBI. Tales niveles de gasto público, fácticamente implican la violación de los derechos de propiedad, y consecuentemente la caída en la inversión y en la producción. Entre el 2007 y el 2014 la economía inglesa no creció y la italiana cayó un 8%.

Para terminar voy a volver a citar a Ortega y Gasset en su obra La Rebelión de las Masas donde dice: “La estatización de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado… La burocratización de la vida produce su mengua absoluta… La riqueza disminuye” Y no olvidemos la problemática europea de la inmigración. Pero bien seamos optimista y pensemos que esta mala noticia pueda producir que el liberalismo gane las elecciones y cambie el sistema.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

Nuestra economía mercantilista

Por Gabriel Boragina. Publicado el 21/2/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/02/nuestra-economia-mercantilista.html

 

Que el sistema económico actual a nivel mundial es el capitalismo de libre mercado, es algo que resulta habitual escuchar y leer en casi todas partes, y -en verdad- existen muy pero muy pocas personas que dudan de ello. Y esto, no sólo considerando la gente común y corriente, sino importantes profesionales, de prácticamente todos los campos de las ciencias, incluyendo a varios premios nobel también de todas las ramas del saber, involucrando, por supuesto, la economía.

Correlativamente con esta idea, también existe la convicción (entre el mismo grupo de personas) que el libre comercio es la regla actual en el mundo económico internacional, atribuyéndose a aquel capitalismo y a este libre comercio exterior la causa de la pobreza.

“Esta visión peculiar del comercio exterior procede en gran medida de la versión mercantilista, especialmente aquel razonamiento que se conoce con el nombre de “el Dogma Montaigne” el cual sostiene que la pobreza de los pobres es consecuencia de la riqueza de los ricos. Montaigne analizaba el lado monetario de las transacciones. De este modo se imaginaba que si alguien vende una silla y obtiene cien pesos, el vendedor ha aumentado su patrimonio por esa suma mientras que el comprador lo ha reducido por el mismo monto. Desde luego que con este razonamiento se pierde el lado no monetario de la transacción y también se pierde de vista que en toda transacción libre y voluntaria ambas partes ganan. Si el comprador de la silla realizó la transacción es porque para él los cien pesos tienen un valor menor que la silla que obtuvo a cambio y lo mismo ocurre en la dirección opuesta con el vendedor. Pero del Dogma Montaigne surge el deseo morboso de acumular divisas como si la situación de caja y bancos y la correspondiente liquidez reflejara solidez patrimonial. Cualquiera que haya estudiado introducción a la contabilidad sabe que las riquezas y pobrezas relativas se miden en base a los patrimonios netos y no a la disponibilidad de efectivo.”[1]

En la enorme popularidad del dogma en cuestión (que en su hora no fue cuestionado, y que por tal motivo se lo bautizó como dogma precisamente) encontramos el origen remoto de la justificación teórica que diera -mucho mas tarde- pie al socialismo y al intervencionismo económico más generalizado a horizonte planetario. No existe mejor prueba del éxito del dogma en cuestión que observar lo extendido que está en las naciones la tendencia de los gobiernos a interferir en los asuntos económicos y a restringir las transacciones, ya no solamente internacionales sino también en el ámbito interno.

“Vale la pena detenerse en una cita de Robert Lekachman en la que describe el significado del mercantilismo:

Colbert, el más grande de los mercantilistas franceses del siglo XVII, dio forma a numerosos controles, profusamente detallados sobre los productos manufacturados. Colbert buscaba la uniformidad nacional de los artículos elaborados […] sus reglamentaciones eran meticulosas y minuciosas. Los decretos para el período 1666-1730 ocuparon cuatro volúmenes, totalizando 2.100 páginas. Le dieron aun mayor vigor tres suplementos aparecidos posteriormente, casi tan substanciales como los anteriores. La observancia de estas leyes era una constante preocupación. El intendente, el representante del Rey en cada distrito, era el responsable de la obediencia de los fabricantes y comerciantes. Por lo tanto, sus funcionarios realizaban periódicas es imprevistas inspecciones. Cuando encontraban que un género, en cualquiera de sus etapas de elaboración, no estaba encuadrado dentro de las especificaciones, estaban facultados a aplicar el castigo correspondiente que, por lo general, era una cantidad establecida de azotes […][2]

El paralelismo -a la luz de la cita anterior- con nuestra época es asombroso. Parece al respecto que nada hubiera cambiado. Incluso a los argentinos evoca la memoria del ex secretario de comercio interior, el peronista Guillermo Moreno, funcionario del FpV de los Kirchner, cuyas pretensiones y acciones –salvando las diferencias de épocas- eran usualmente análogas a las de Colbert. Pero es de justicia decir que no sólo Colbert y Moreno procedieron de manera similar, sino que habitualmente la mayoría de los funcionarios que se hacen cargo de las carteras de economía en el plano nacional siguen políticas similares, lo que permite ver la vigencia del dogma Montaigne en el tiempo desde aquel lejano siglo XVI hasta nuestros días, constituyendo una nueva prueba de cómo extendidos errores perduran a lo largo de los siglos y resisten al tiempo. Claro que, ya no se estila aplicar azotes a quienes tratan de vivir honestamente del fruto de su trabajo, aun cuando funcionarios como el mentado Moreno hubieran compartido de muy buen agrado esa pena u otras peores. Hoy en día, los que “osan” querer comerciar sin trabas burocráticas son sancionados con impuestos, multas, confiscaciones y, en no pocos casos, condenas de prisión.

“En el siglo XVII, la primera reacción sistemática contra el prevalente mercantilismo fue la fisiocracia. Como es sabido, el mercantilismo consiste en la insidiosa intromisión gubernamental en los negocios privados. Constituye el aspecto medular de esta corriente de pensamiento el establecimiento de precios máximos, monopolios estatales, permisos para comerciar, la imposición de carnets para agremiarse y la manía de controlar el comercio exterior suponiendo que es bueno exportar y malo importar. Los comerciantes pedían que se deje hacer (laissez-faire) a las actividades lícitas. Era un grito de libertad y un pedido angustioso a las autoridades para que no se entrometan en el comercio libre. Cada vez que los gobernantes arremeten contra la capacidad creativa y la producción de bienes y servicios se repite el pedido de laissez-faire, aunque no se recurra textualmente a esa expresión francesa.”[3]

No cabe duda -a la luz de esta cita- que el sistema económico actual -no sólo en Argentina sino a nivel global- es de este tipo, es decir, mercantilista. Como tampoco existe ningún margen de error cuando afirmamos que el mercantilismo no tiene puntos de contacto con el liberalismo ni con el capitalismo.

[1] Alberto Benegas Lynch (h) “Comercio exterior e integración regional”. Pág. 5

[2] Alberto Benegas Lynch (h) “Comercio… “. Idem pag. 5

[3] Alberto Benegas Lynch (h). El juicio crítico como progreso. Editorial Sudamericana. Pág. 306.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.