Nicolasa Teufelsdröckh y el federalismo social

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 15/10/19 en: https://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/actualidad-economica/nicolasa-teufelsdrockh-y-el-federalismo-social/

 

Pauper Oikos oyó una voz profunda y filosofal:

—Hay quien se opone a culminar el Estado autonómico en un modelo federal y no se da cuenta de que estamos cayendo en una especie de “bilateralismo confederal” que genera desigualdades y desbarajustes.

Era Nicolasa Teufelsdröckh, la célebre pensadora alemana de la Universidad de Kiel, que los envidiosos británicos llamaban even keel por su tendencia al equilibrio y la armonización. Pauper Oikos respondió:

—El nacionalismo centrífugo parece haber tomado más impulso en democracia.

—Nuestra Constitución fue un avance histórico de descentralización del poder político, que la doctrina ha llegado a calificar de “cuasi federal”. Pero en la política, como en la vida, no se puede ser siempre “cuasi algo” sin pagar un precio. Se les ha dicho a los ciudadanos que no hay diferencia entre la autonomía y la federación y esto no es verdad.

—Pero si los nacionalistas independentistas rechazan el Estado autonómico, ¿cómo quieres que acepten el Estado federal? —preguntó el reportero de Actualidad Económica.

—Pagando, tío, pagando —dijo la ilustre profesora, con una carcajada—. No, en serio, debes reconocer que la crisis económica y la desigualdad han fomentado los nacionalismos y antieuropeísmos, que se extienden por toda Europa. ¿Podemos quedarnos estáticos? La Constitución de 1978 es lo mejor que hemos hecho en nuestra historia y sigue siendo válida en lo fundamental, pero conviene ponerla al día. La fortaleza del Estado depende, en esencia, de la cohesión social y de la territorial que son, en mi opinión, inseparables. Ambas son las que hacen fuertes a las instituciones al lograr una sólida adhesión de la ciudadanía a las mismas. Reconozcamos que, hoy por hoy, no pasan por su mejor momento.

—Tiene gracia que lo reconozcas, como si no fuera obvio —se burló Pauper Oikos—. Lo que me asombra es que no reconozcas la dimensión económica de todo esto: por un lado, las fuerzas separatistas no se calman con dinero, y, por otro lado, a los ciudadanos no independentistas difícilmente los vas a atraer crujiéndolos con más impuestos en aras de la famosa cohesión social.

Nicolasa Teufelsdröckh incurrió entonces en un hábito típicamente hegeliano, y se puso estupenda:

—Debemos culminar nuestras autonomías en un federalismo social que debería reconocer a ciertos bienes sociales como la sanidad, las pensiones, o la vivienda, como derechos fundamentales. Un federalismo insertado en una UE abocada a federarse si quiere afrontar con éxito las actuales amenazas disolventes. La reforma que se propone no obedece a un fenómeno secesionista sino a una necesidad nacional. Sin embargo, es más que probable que una parte de los que hoy pregonan la independencia apoyarían un proyecto en común más social y más federal.

Pauper Oikos corrió a comprar un telescopio, que le podía servir para encontrar el planeta de donde había venido la sabia Teufelsdröckh, o si para buscar un planeta adonde refugiarse si su federalismo social finalmente llegara a concretarse.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Mercado indigno

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 21/6/15 en: http://www.libremercado.com/2015-06-21/carlos-rodriguez-braun-mercado-indigno-75986/

 

Francisco Caamaño, exministro de Justicia, nada menos, y catedrático de Derecho Constitucional, nada menos, escribió en El Periódico:

Desde la caída del Muro de Berlín, los teóricos del mercado vencen a los teóricos de la dignidad.

Hay más, pero empecemos por esta extraordinaria idea: el mercado vence a la dignidad. El mercado se define como la contratación voluntaria de los ciudadanos: si a usted le obligan a comprar o a vender, eso no es el mercado. Y don Francisco cree que el mercado, es decir, la libertad, es indigna. Más aún, sugiere que antes de la caída del Muro prevalecía la dignidad. Le parece digno un mundo que no había registrado aún la crisis del sistema más criminal que nunca haya sido perpetrado contra los trabajadores.

Constatada esta primera barbaridad, sigamos. “Europa está pensada para que Alemania siga haciendo coches”, dice, como si España, sin ir más lejos, no figurara entre los grandes fabricantes y exportadores de automóviles. El comercio libre estimula el crecimiento, admite el catedrático, “pero se desentiende de la cohesión social”, como si las personas libres que transaccionan en el mercado no tuvieran ninguna preocupación por la situación de los demás, lo que es un disparate, o como si la cohesión social se lograra quebrantando la libertad de los ciudadanos, lo que es otro disparate.

Sigue el exministro: “Europa fue capaz de crear un modelo social propio, el llamado Estado del Bienestar”. Asombrosa idea eurocéntrica, que ignora que el moderno Estado oneroso y redistribuidor existe en todo el mundo llamado desarrollado y en buena parte del resto, y ha sido promovido por toda suerte de gobiernos, incluyendo la dictadura franquista.

A continuación se alarma ante el tratado de libre comercio entre la UE y EEUU porque, anuncia, será el “adiós definitivo al Estado del Bienestar”. Lo que le preocupa mucho es que se abra la posibilidad de arbitrajes privados entre empresas y Estados si éstos violan derechos. Según él, eso sería catastrófico para Europa, cuyo éxito no dependió del comercio “sino del conjunto de valores y principios empleados para evitar que el libre comercio hiciese de la capacidad de consumo la medida de la dignidad humana”.

Siempre he pensado que algunos desatinos son propios de mi gremio de los catedráticos, como el pensar que los arbitrajes son contrarios a la justicia, o que la prosperidad europea no se debió al comercio, o que alguien alguna vez sostuvo que la dignidad del ser humano depende de lo que consume.

Por fin, en todo este delirio antiliberal sobresale la idea de que el Estado se reduce o se va a reducir apreciablemente: “El libre comercio gana y el Estado providencia se privatiza y acentúa las desigualdades”. Nada de esto tiene el más remoto parecido con la realidad: el Estado no se ha reducido apreciablemente en ninguna parte del mundo, y menos aún en España. Y nada indica que lo vaya a hacer en el futuro. Y si hay una desigualdad que efectivamente se ha acentuado es una que al señor Caamaño no le preocupa en absoluto: la desigualdad entre el Estado y sus súbditos.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.