Argelia, un país paralizado políticamente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 14/3/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/argelia-pais-paralizado-politicamente-nid2228477

 

El próximo 18 de abril Argelia debió haber tenido elecciones presidenciales. Por quinta vez sucesiva y consecutiva, Abdelaziz Bouteflika había anunciado que sería nuevamente candidato a la presidencia que hoy ejerce. A los 82 años de edad y con su salud visiblemente debilitada, Bouteflika se desplaza en silla de ruedas como consecuencia de un accidente vascular cerebral serio, que ocurriera en el 2013 y lo dejara visiblemente disminuido.

Casi ni aparece en público, a lo que suma no hacer prácticamente ninguna declaración a los medios. No presentó, por años, propuestas políticas nuevas. Representa esencialmente al corto pasado independiente de una nación rica en hidrocarburos, que todavía es ciertamente joven.

En rigor, Bouteflika ha pretendido encarnar al poder argelino en su conjunto, dentro de un sistema político opaco. Quienes lo rodean y utilizan son aquellos que -desde el sector público y la actividad privada- controlan efectivamente la renta petrolera del país y viven de ella y en su derredor.

La imagen que Bouteflika transmite a sus 40 millones de compatriotas es demasiado endeble y se sostiene con una “legitimidad” histórica que aún se nutre esencialmente en lo actuado en la guerra por la independencia contra Francia, la ex metrópoli, lo que luce como una epopeya lejana.

El esquema de poder político actual no sólo procura evitar la violencia, sino hacer imposible que Argelia de pronto caiga en manos de los fundamentalistas islámicos. Estos últimos ya no constituyen una amenaza inminente y grave para Argelia. Se trata de grupos hoy bastante menores, a los que se tiene por “residuales”. Su presencia política tiene poco que ver con la violencia islámica de la década de los 90.

Por todo esto, los observadores políticos del país del norte de África coinciden en que la presencia de Bouteflika ha sido poco más que una suerte de “seguro contra el caos”. Un factor de estabilidad, en última instancia. Pero no mucho más.

Quienes políticamente se agrupan en torno a Bouteflika no tienen -tampoco ellos- propuestas nuevas importantes que los aglutinen. Por todo esto, el escenario político está bastante abierto y pocas figuras en la oposición tienen credibilidad a nivel nacional. También por ello el islamismo es -pese a todo- un peligro, aunque en estado latente.

Argelia es un país joven, pese a lo cual la dirigencia política está curiosamente en manos de líderes relativamente mayores. El manto de inmovilismo prevaleciente en materia política restringe el camino a la juventud y reduce la capacidad de los más jóvenes de poder influir en la determinación del rumbo de la sociedad.

En síntesis, Argelia es un país que parece haber flotado políticamente desde hace por lo menos dos décadas. Sin animarse demasiado a cambiar. Ni sentir la urgencia de hacerlo. Sin debates saludables que sacudan, al menos, la opacidad de la política. Como si estuviera condenada a vegetar en un mismo ambiente. Sin demasiado dinamismo, ni ambición cierta de cambios profundos.

Pero el viento -ante las manifestaciones de protesta masivas- parece haber cambiado. Además de las protestas masivas, nada menos que mil abogados del país norafricano -con sus tradicionales capas negras sobre sus hombros- acaban de manifestar su preocupación al unísono ante la sede del propio Consejo Constitucional de su país.

Mientras tanto, 21 candidaturas presidenciales han sido presentadas, incluyendo la de Bouteflika. Pero es la de este último en particular la que genera la fuerte reacción en su contra. Mientras todo esto sucede, el envejecido Bouteflika estaba en Ginebra, sometido a controles médicos a los que eufemísticamente se denominan “exámenes periódicos”.

La aparente estabilidad de Argelia ahora se ha conmovido. La gente está exigiendo ser escuchada y poder participar efectivamente en las decisiones que tienen que ver con el futuro inmediato de un país que, a lo largo de las dos últimas décadas, parece haber estado en manos de una elite política, acompañada en su aventura por los grupos económicos más fuertes del país que se benefician de los subsidios, beneficios tributarios y créditos blandos que las autoridades ponen a su disposición. En un ámbito en el que el fenómeno del “clientelismo” necesariamente crece y la corrupción anida en algunos rincones. La economía está signada por el estatismo, pero hay empresas privadas de alguna dimensión interesante que trabajan en distintos sectores de la economía argelina.

La posición de Bouteflika no ayuda, puesto que pretendió explicar su insistencia en volver a ser candidato presidencial en la necesidad de “organizar unas segundas elecciones presidenciales”, de modo que quienes detentaron el poder en Argelia en las últimas dos décadas mantengan por un rato -directa o indirectamente- el control de un país que hoy parece estar despertando políticamente y en el umbral de cambios trascendentes.

Las manifestaciones callejeras generalizadas que explotaron durante dos semanas continuas, culminaron con el anuncio del propio Bouteflika, el lunes pasado, en el sentido de que no procurará un quinto mandato. No habrá entonces elecciones el próximo 18 de abril, las que han quedado postergadas, sin fecha. No obstante, Bouteflika ha dado a entender que pretende continuar en la presidencia luego de la expiración de su actual mandato, el 28 de abril, lo que abre un frente desafiante, que también es peligroso.

Los estudiantes, que motorizaron las protestas, celebran haber podido de algún modo tumbar pacíficamente a quien califican de “marioneta”. Portando banderas argelinas, insisten en la necesidad de cambio, pese a que lo cierto es que la hoja de ruta necesaria aún no ha sido elaborada.

Es muy probable que de la pulseada descripta surja un nuevo esquema político. La explosión del poder actual ha sido vertiginosa e incluye al propio hermano del presidente: Said, que tenía aspiraciones potenciales de sucederlo.

Las manifestaciones en Argelia han estado prohibidas desde el 2001. Pese a ello, una vez que comenzaron y se intensificaron lograron sacudir en paz al esquema de poder.

De la prudencia y espíritu inclusivo real del propio presidente Bouteflika y de los dirigentes de la oposición dependerá que la etapa de transición que se ha abierto sea ordenada y pacífica. Ciertamente ello no es imposible, pero se transita ya un camino nuevo, plagado de peligros latentes, donde no parece haber demasiado espacio para intentar maniobras sólo dilatorias. Entre un escenario con fuertes parecidos, el de Egipto en el 2011, Hosni Mubarak no pudo salir airoso.

El país más grande de África transita un momento complejo. Detrás de los políticos argelinos aparece el general Ahmed Gaid Salah, que -preocupado- no le pierde pisada a lo que sucede.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Ganó el No afirmativo

Por Sergio Sinay: Publicado el 26/10/15 en: http://sergiosinay.blogspot.com.ar/2015/10/gano-el-no-afirmativo-por-sergio-sinay.html

 

La sociedad tiene por delante una tarea moral: convertir la energía con la que dijo No a una década perversa en una energía que, en el día a día, empiece a construir el con el que sueña

En las elecciones del domingo 25 de octubre ganó el No. No a la intolerancia. No a la mentira como única verdad. No al narcisismo desbocado instalado en la cima del poder. No al insulto gratuito y resentido como única forma de comunicación. No a la negación sistemática de la realidad y a su adulteración permanente. No a delirantes sueños monárquicos sin sustento. No a la ordinariez como dogma y estilo. No a la ausencia absoluta de empatía por el dolor ajeno. No a la ofensa automática al diferente y a su pensamiento. No a la pobreza estructural. No a una intelectualidad de pacotilla, oportunista y miserable atrincherada en un absurdo “pensamiento nacional”. No al narcotráfico y a la delincuencia instalados en cargos y funciones gubernamentales.No al usufructo rapaz del Estado, que es propiedad de todos los ciudadanos, en beneficio propio y de una banda de obsecuentes. No a la naturalización del crimen en las calles y en las casas ante la total e imperdonable indiferencia del poder. No a la manipulación de la justicia y a su desprecio cuando no puede ser usada para granjearse impunidad. No a la corrupción más obscena y desembozada de la que haya memoria en tiempos democráticos. No al desprecio por las instituciones republicanas. No a la ostentación de incultura e ignorancia en cada párrafo de cada discurso oficial. No a la soberbia y a la prepotencia como argumentos políticos. No a la educación clientelista y empobrecedora. No a la prebenda y el clientelismo en lugar del esfuerzo y el trabajo.No a la utilización perversa e inmoral de los derechos humanos y de la memoria colectiva, avalada por muchos de los que debieran protegerlos y ponerlos a salvo de cualquier manipulación gubernamental. No a la penalización del salario mediante impuestos usurarios. No al agravio permanente a los jubilados mediante el arrojo de migajas mientras se malversan los fondos que les corresponden. No al uso de empresas estatales (como la ineficiente e impresentable Aerolíneas Argentinas) como guaridas de patotas militantes. No a la falsificación permanente de la historia, tanto de la reciente como de la lejana. No a la complicidad con dictaduras inmorales e indisimuladas como la rusa o la venezolana, y a la complicidad con regímenes que desprecian los modelos y procedimientos políticos e institucionales que el mundo civilizado transita desde el Iluminismo en adelante. No al encubrimiento de funcionarios terroristas extranjeros que planearon y ejecutaron en la Argentina un atentado que asesinó a más de 80 hombres y mujeres hijos de este país. No a todo aquello que oscureció la mente de tantos a lo largo de doce años siniestros, la dimensión de cuya oscuridad se percibirá con más perspectiva y certeza a medida que el tiempo (ese gran escultor, como lo llamaba la incomparable Marguerite Yourcenar, autora de Memorias de Adriano) ajuste las lentes y emerjan a la superficie aspectos hoy inimaginables del desquiciado elenco que encabezó este proceso.

La lista de los No que ganaron el domingo es aún más larga que la de los candidatos amontonados en las prehistóricas boletas conque se votó. Todos esos No indican que, a pesar de todas las enfermedades que la aquejan (varias de ellas autoinfligidas) el sistema inmunológico de la sociedad argentina funciona. Hubo anticuerpos el domingo 25 de octubre y deberá haberlos (para que exista un futuro) el domingo 22 de noviembre. Mientras llega esa fecha y en el serpentario del poder se atacan unos a otros, a la sociedad (esos dos tercios de ella que se negaron a prolongar la agonía en que vivimos) se le presenta una tarea que será larga, esforzada y que necesitará de mucha voluntad, honestidad, sinceramiento, generosidad, reflexión y responsabilidad individual.

La tarea es convertir a toda esa energía que hizo posible el No en una energía que de nacimiento a un . Cada uno debería pensar en qué sociedad aspira a vivir. Basada en que valores, en qué tipos de relaciones personales, en qué actitud frente a la ley, ante las normas, ante el trabajo. En qué comportamiento ciudadano. En qué propósitos colectivos. El paso siguiente (en el que confluyen voluntad y responsabilidad) es comenzar a vivir en el día a día, en cada espacio cotidiano (aún el que se vea menos trascendente), de acuerdo con esa aspiración. Esta es la parte que no se le puede pedir al futuro gobierno (ni a ninguno). Y en esa parte, aunque no lo parezca, se inicia un pacto moral que cambia la política. Es el antídoto contra otra década perdida y sombría.

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE. 

Angus Deaton, el economista que busca las claves del desarrollo

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 13/10/15 en http://esblog.panampost.com/guillermo-covernton/2015/10/13/angus-deaton-el-economista-que-busca-las-claves-del-desarrollo/

 

El ganador del premio en memoria de Alfred Nobel en economía dedicó su trabajo a medir la pobreza y encontrar explicaciones al desarrollo.

 

El escocés Angus Deaton fue galardonado esta semana con el premio Nobel de Economía por sus investigaciones. (OKdiario.com)

El economista estadounidense Angus S. Deaton fue galardonado este lunes con el premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas, en memoria de Alfred Nobel, que entrega anualmente la institución, desde 1968.

Escocés, nacido en Edimburgo en 1945, trabaja desde 1983 en investigaciones en la Universidad de Princeton en Estados Unidos, donde ocupa la cátedra Dwight D. Eisenhower de Economía y Asuntos Internacionales de la Escuela Woodrow Wilson de Políticas Públicas y Relaciones internacionales, en el departamento de Economía.

Deaton se formó en la Universidad de Cambridge, en la que obtuvo su título de grado, su maestría y su doctorado. El último fue con una tesis sobre: “Modelos de demanda de los consumidores y su aplicación en el Reino Unido”. Ha dictado cátedras en Inglaterra, tanto en su alma mater, como en la Universidad de Bristol.

Su tema de estudio ha sido específicamente el intento de comprender las razones que perpetúan la pobreza, las causas del desarrollo, de las desigualdades y de las dificultades para eliminarlas, además de la forma de medir todas estas variables y su relación con la calidad de vida de las personas.

El estudio de las conductas de consumo, y su aporte a la comprensión de los problemas de pobreza y del bienestar, quizás sean el más acertado resumen del proyecto de investigación que ha desarrollado a lo largo de su vida. Lo que él define como el estudio de la “salud, el bienestar y el desarrollo económico”.

Se manifestó en temas de enorme actualidad, incluida la discriminación de género en las posibilidades de desarrollo individual, en los países menos evolucionados.

Muy reconocido por el rigor de sus trabajos econométricos, fue distinguido en 1978 con la medalla Frisch de la Sociedad Econométrica Internacional, en su primera edición. En sus investigaciones persigue lograr una determinación algo más objetiva y cuantificable de algo que es estrictamente subjetivo, es decir: qué se entiende por riqueza y bienestar. Para ello, Deaton ha desarrollado una metodología aplicable a muchos casos diferentes.

Se podrá percibir claramente la dificultad del tema, al considerar que estas son cuestiones que cada individuo busca lograr o incrementar, de acuerdo con sus preferencias individuales, mediante la obtención de bienes, servicios, educación formal, salud, conocimientos teóricos o prácticos, reconocimiento personal o tantas otros medios infinitamente diversos.

Es claro que estas cuestiones están determinadas, para cada persona, según valoraciones estrictamente personales, definitivamente subjetivas. La expectativa de vida, los niveles formales de educación alcanzados, el consumo de calorías, son para Deaton indicios mucho más ciertos de mayores niveles de bienestar y desarrollo que las cifras de ingresos monetarios, aún corregidos a paridad de poder adquisitivo, por índices monetarios que serán, necesariamente, siempre caprichosos.

El autor galardonado ha intentado ver mucho más allá, ubicando las causas del desarrollo económico, la prosperidad, y la mejora de los sectores menos favorecidos en sus fundamentos institucionales, políticos, y en su contexto histórico.

Probablemente su mayor mérito sea haber avanzado muchísimo en la revalorización del enfoque metodológico que pone el eje en las valoraciones del individuo, más que en la agregación de datos que siempre hacen perder el detalle, y que no permiten ver que ha sido lo que moviliza a las personas, que actúan en el universo de decisiones económicas.

El comité de premiación además consideró que el trabajo del economista escocés fue de gran importancia práctica, al haber guiado el diseño de políticas públicas adecuadas en países en desarrollo y desarrollados.

Un factor que distingue aún más la labor de Deaton, es que haya sido distinguido en forma individual, algo que el comité del premio no realiza con tanta frecuencia.

El Gran Escape

Una muy buena aproximación al pensamiento del economista premiado y a las conclusiones de sus investigaciones, puede encontrarse, en términos más sencillos, en una de sus más recientes obras, cuyas reseñas pueden encontrarse aquí y aquí.

En la misma hace una analogía, basada en una muy conocida película, sobre escapar desde una sociedad sin libertad ni posibilidades de progreso, donde la muerte temprana y la indigencia son la regla, hacia una sociedad desarrollada.

En un muy motivante capítulo inicial, el autor hace una breve reseña de su familia y de cómo su padre, nacido en una pequeña localidad de mineros, al sur de Yorkshire, y mediante un arduo y sacrificado esfuerzo, logró llegar a la universidad y darle a su familia posibilidades impensables para cualquier minero que hubiera vivido en sus circunstancias. Ese Gran Escapede la pobreza y la falta de medios ha sido su móvil para estudiar estas cuestiones tan importantes para el desarrollo de las personas menos favorecidas.

https://youtu.be/jSuP0BGQ580

Algunas de sus posiciones no están libres de controversias. Entre ellas, sus ideas sobre la ayuda internacional hacia los países menos desarrollados, los efectos reales, no deseados de las remesas monetarias y de los programas de ayuda a esos países.

Desarrollo, pobreza y Gobierno

Deaton ha afirmado que la ayuda externa  provoca más daño que beneficios, y está impidiéndole a esos países entrar en la senda de crecimiento que necesitan. Que hay una correlación negativa entre el crecimiento y los montos que los países reciben, en proporción de su PBI: aquellos que más reciben, crecen menos. Y denuncia que los mecanismos de distribución de esas ayudas suelen estar más en función de lo políticos que producen las crisis humanitarias y los genocidios, que en interés de quienes deben ser sus receptores.

También describe cómo los mecanismos de clientelismo político, sirven para que los políticos consigan más ayuda externa que los siga apuntalando en sus posiciones de poder, y actúa como un incentivo a la generación de más pobreza y más clientelismo.

Describe con precisión que en los países menos desarrollados, los Gobiernos no se interesan por la suerte de los gobernados, y que la relación entre los intereses de estos y de quienes fijan las reglas es muy débil.

La debilidad institucional abre la puerta a regímenes que se caracterizan por ser extractivos, es decir solo buscan depredar los recursos naturales y apoderarse de parte de esas rentas. Asimismo, insiste en que los países desarrollados y las sociedades más afortunadas tienen una obligación moral de impulsar a estas otras sociedades fallidas o menos exitosas, transfiriéndoles conocimientos y estructuras institucionales, algo en lo que el colonialismo ha demostrado que falló notoriamente.

Afirma que garantizar los derechos individuales, y la democracia, constituyen una condición necesaria, pero no suficiente para lograr el desarrollo y la prosperidad generalizada.

Además de este premio, Deaton ha sido reconocido con doctorados honoris causa por las universidades de Chipre, Edimburgo, Saint Andrews, el University College de Londres, y Tor Vergata de Roma.

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases. Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

Propiedad, precios y privilegios

Por Gabriel Boragina. Publicado el 16/5/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/05/propiedad-precios-y-privilegios.html

La prédica antiliberal y anticapitalista que campea por doquier siempre ha contribuido a generar una profunda confusión entre tres conceptos que son clave para poder entender correctamente cómo funciona la economía. El rol y la complementariedad existente entre el mercado, la competencia y la propiedad han sido tergiversados de continuo por los sistemas intervencionistas y dirigistas del mundo, por lo que será de interés remarcar su importancia.

“El mercado es como un plebiscito diario en el que la gente decide comprar o abstenerse de hacerlo, con lo que va estableciendo precios. Estos precios hacen de indicadores, precisamente para asignar los siempre escasos recursos a fines prioritarios. Quienes aciertan en el gusto de la gente incrementan sus patrimonios, quienes no lo hacen incurren en quebrantos y, por tanto, vía el cuadro de resultados, transfieren la propiedad a otras manos que puedan más eficientemente atender los requerimientos del público consumidor. Los precios van indicando, entonces, qué áreas o qué campos resultan más atractivos y cuáles no cuentan con el respaldo suficiente por parte de la gente.”[1]

La condición para que el mercado produzca los resultados señalados en la cita, es que el mismo sea libre. Hoy en día, la mayoría de los mercados están intervenidos por los gobiernos, por lo que el sistema de precios sufre constantes y permanentes distorsiones que hacen que los efectos citados precedentemente no se vean cumplidos de la manera que allí se indica. El control del mercado por parte de los gobiernos afecta negativamente -y en forma directa- la competencia, que tampoco –de esta manera- es “libre”. La interferencia estatal por vía de controles de precios o de cualquier otro modo, lo que produce es una alteración en los indicadores que (antes de la intrusión) orientaban correctamente a los productores adónde invertir y adónde no. Tales guías son precisamente los precios.

“Hay,…. ámbitos donde, evidentemente, las disposiciones legales no pueden crear la principal condición en que descansa la utilidad del sistema de la competencia y de la propiedad privada: que consiste en que el propietario se beneficie de todos los servicios útiles rendidos por su propiedad y sufra todos los perjuicios que de su uso resulten a otros. Allí donde, por ejemplo, es imposible hacer que el disfrute de ciertos servicios dependa del pago de un precio, la competencia no producirá estos servicios; y el sistema de los precios resulta igualmente ineficaz cuando el daño causado a otros por ciertos usos de la propiedad no puede efectivamente cargarse al poseedor de ésta.”[2]

En otras palabras: si no existe competencia ni propiedad privada, lo que se produce de hecho es la desaparición de la responsabilidad personal e individual del que -de otro modo- debería ser propietario. Viene a la mente “la teoría de los bienes públicos” que precisamente tiene este mismo efecto, en el que nadie es ni responsable ni beneficiario individual de nada, con lo cual resulta un incentivo para el uso y despilfarro de los recursos sujetos a tal régimen de propiedad colectiva. Fuera de este caso, no visualizamos otro campo donde sea “imposible hacer que el disfrute de ciertos servicios dependa del pago de un precio” excepto el de los bienes libres, es decir –en términos de C. Menger- bienes no económicos. La otra situación es allí donde el gobierno prohíba directamente la competencia de tal suerte que –naturalmente- ante tal imposibilidad no aparecerán precios ni, por consiguiente, servicios algunos de los cuales beneficiarse.

“El conflicto entre la justicia formal y la igualdad formal ante la ley, por una parte, y los intentos de realizar diversos ideales de justicia sustantiva y de igualdad, por otra, explica también la extendida confusión acerca del concepto de «privilegio» y el consiguiente abuso de este concepto. Mencionaremos sólo el más importante ejemplo de tal abuso: la aplicación del término privilegio a la propiedad como tal. Sería en verdad privilegio si, por ejemplo, como fue a veces el caso en el pasado, la propiedad de la tierra se reservase para los miembros de la nobleza. Y es privilegio si, como ocurre ahora, el derecho a producir o vender alguna determinada cosa le está reservado a alguien en particular designado por la autoridad. Pero llamar privilegio a la propiedad privada como tal, que todos pueden adquirir bajo las mismas leyes, porque sólo algunos puedan lograr adquirirla, es privar de su significado a la palabra privilegio”[3]

Resulta claro, entonces, que un privilegio solo puede ser otorgado por una autoridad estatal y deviene en la concesión de un beneficio exclusivo, ya sea para una persona o un grupo de ellas, de donde por necesidad se excluye al resto de la sociedad tomada como conjunto. Esto tiene una rigurosa actualidad, ya que, lejos de vivir en una sociedad liberal o capitalista, estamos en su antítesis, o sea una sociedad de castas privilegiadas. Las leyes modernas tienden cada vez más a restringir el uso y disposición de la propiedad, especialmente por vías tributarias o fiscales, pero también de otras formas en que los gobiernos atacan los mercados y los reducen, para convertirlos en cotos de caza de determinados pseudo-empresarios que cumplen el mismo rol –actualmente- que desempeñaban los cortesanos en la época de las monarquías absolutas. Doctrinas erróneas y perniciosas, como la ya analizada tantas veces de la “justicia social”, son las que sustentan esta falsa noción de privilegio, y que contribuyen con su difusión a la destrucción de la propiedad privada, con lo cual se perjudican los más necesitados.

Es por eso que, como hemos dicho tantas veces, los oligopolios y monopolios resultan ser un producto exclusivamente de creación estatal, en un sistema estatista como en el que nos encontramos a nivel mundial. La mejor garantía contra los privilegios es liberar al mercado de las actuales ataduras burocráticas que los gobiernos le imponen, a la vez que dar rienda suelta a que la competencia forme los precios que serán consecuencia de la plena vigencia de la más absoluta propiedad privada, tanto de los medios de producción como de los de consumo.

[1] Alberto Benegas Lynch (h) “EL LIBERALISMO COMO RESPETO AL PRÓJIMO”. Especial para “Contribuciones”, Fundación Adenauer. pág. 4

[2] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 69

[3] F. A. von Hayek, Camino…Ob.cit.  pág. 114

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

La maldición de los recursos naturales y una salida convirtiendo a todos en accionistas

Por Martín Krause. Publicado el 12/7/14 en: http://bazar.ufm.edu/la-maldicion-de-los-recursos-naturales-y-una-salida-convirtiendo-a-todos-en-accionistas/

 

Un alumno leyó el Cap. 5 del libro, “Incentivos e información de políticos y funcionarios (Parte II)”, donde se presenta el caso argentino y se busca explicar que los políticos actuaron en base a una cierta visión del mundo, una teoría económica (la enfermedad holandesa), y un conveniente negocio político. Aquí van sus comentarios y abajo contesto las preguntas:

• Resumen:

“La maldición de los recursos naturales” se da en países que descubren un importante recurso natural, y que en lugar de terminar siendo una gran oportunidad y una bendición, termina sumiendo al país en la pobreza e incluso llegando a una guerra civil; pudiera llamarse un fracaso de un gobierno. Una gran oportunidad y bendición sería el caso de un país que aprovecha estos recursos para crecer (Estados Unidos, Australia, Canadá, Chile o Botsuana). Pero algo causa que países ricos en recursos, contrariamente crezcan menos, o incluso decrezcan, que países pobres en recursos naturales. Explicación: La “enfermedad holandesa”: pérdida de competitividad de una economía a causa de la revaluación de la moneda, originada a su vez por el importante volumen de exportaciones de un determinado recurso natural, que lleva al tipo de cambio a un nivel muy bajo para que el resto de las actividades de producción de bienes transables pueda competir con las importaciones. Dos efectos: 1. Movimiento de recursos: el auge en el sector que produce el recurso natural eleva la productividad marginal de los recursos utilizados allí, ocasionando otros ajustes en los precios relativos de la economía, incluyendo el tipo de cambio. 2. Gastos: se debe a que el mayor ingreso real como resultado del auge lleva a un mayor gasto en servicios, que eleva sus precios, causando una apreciación real de la moneda.

• Dos temas nuevos o más interesantes de la lectura:

Temas interesantes: explicaciones desde el punto de vista institucional, o “fallas del gobierno”. El rent-seeking se vuelve mucho más rentable. El gobernante actúa de forma oportunista, gracias al boom generado por el recurso, y trata de maximizar la posibilidad de su reelección aumentando la burocracia. Se traslada fuerza de trabajo del sector más productivo al menos productivo, hay más corrupción, compra de votos y clientelismo. En este marco institucional, el ciudadano de a pie tiene poco con qué negociar y exigir un mejor gobierno. Un marco institucional que promueva el progreso y mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos, normalmente resulta de una serie de intercambios de recursos: impuestos por instituciones. El gobierno acepta ser limitado en su poder monopólico, porque los recursos provienen de contribuyentes que exigen rendición de cuentas sobre su dinero, o al menos sienten la presión impositiva en contraposición con los servicios que del gobierno reciben. Si el recurso se financia ahora con fondos que obtiene del recurso, no tiene por qué rendir cuentas a nadie. Como el cobro de impuestos ha generado siempre algún tipo de resistencia o incluso revueltas en la medida que se exagera sobre la forma de utilizarlos, y el endeudamiento depende de la capacidad de demostrar un flujo de ingresos, los gobiernos tuvieron que limitar sus poderes para poder recaudar impuestos: el principio de que no habrá impuestos sin representación. Cuando se financian los fondos de la renta de un cierto recurso esas presiones no se producen.

• Tres preguntas para el autor:

  1. ¿Cómo puede educarse a la sociedad para que logre entenderse lo conveniente que sería que el gobierno devolviera la propiedad del subsuelo (y la renta) a sus legítimos dueños los ciudadanos?

Esto lo trato en el capítulo sobre “Cambio Institucional”: dependerá de las ideas y valores que predominen en la sociedad en un determinado momento. Las crisis juegan un papel ya que se incentiva la demanda de ideas. Si se hace evidente el fracaso del estatismo en el manejo de un recurso natural, tal vez exista una oportunidad como para realizar tal cambio.

  1. ¿Cómo cambiar lo que ya es una maldición de un recurso, a una bendición?

Como muestran algunos países, se trata de tener instituciones de calidad que eviten la rapiña por las rentas del recurso.

  1. ¿Cómo cambiar el statu quo de depender de la renta de un recurso natural, que es distribuido por el gobierno, capturando a los ciudadanos?

Una idea podría ser convertir a los ciudadanos en accionistas. Es decir, si el recurso es “propiedad de todos” en manos del estado, hagamos que sea propiedad de todos distribuyendo acciones entre todos los habitantes. Así, serán propietarios, y actuarán como tales.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Populismo fiscal

Por Constanza Mazzina. Publicado el 31/5/14 en http://opinion.infobae.com/constanza-mazzina/2014/05/31/populismo-fiscal/

 

Una de las herramientas que tienen los gobiernos a su alcance para continuar en el poder es sin duda el control sobre el gasto público. En teoría, el Estado no debería gastar más de lo que recauda. El fenómeno que registra la falta de relación entre el gasto de una jurisdicción respecto de su propia recaudación puede ser catalogado como populismo fiscal. Este concepto da cuenta no sólo de la ausencia de correspondencia fiscal, como señala gran parte de la literatura, sino que resalta y rescata que los ciudadanos no tienen en claro cuál es el destino de sus impuestos y, por lo tanto, no pueden controlar su uso. Para el año 2012, las provincias argentinas recaudaban el 19,1%  del total pero gastaron el 37%.

Una política pública típica del populismo fiscal es el empleo público creciente. Así encontramos que en Tierra del Fuego la planta de empleados estatales se amplió un 106% desde el año 2003 hasta el 2013. En esta década, las plantas de agentes se incrementaron un 80% en Catamarca, 66% en Santa Cruz, 59% en Salta y 51%  en Jujuy, el promedio para todas las jurisdicciones es del 43%.  Un indicador de este crecimiento para comparar entre jurisdicciones es la cantidad de empleados públicos cada mil habitantes. Así encontramos que en Tierra del Fuego y Santa Cruz hay mayor presencia de empleados públicos con 119 y 117 agentes cada mil habitantes respectivamente. Sigue Catamarca con 101, Neuquén con 89, y La Rioja con 85/1000.

En la misma línea, a comienzos de este mes, el ministro Tomada anunció que la administración pública nacional incorporará antes del 31 de diciembre próximo 7500 nuevos empleados públicos a la planta permanente, provenientes de la planta transitoria y de contratos temporarios. Los 7500 nuevos empleados se suman a la planta permanente de 376.145 empleados públicos nacionales, ello representa una masa salarial de $ 85.000 millones.

La creación desmedida de empleo con fines clientelares no es una novedad en nuestro país, pero ¿cómo se hace para frenarlo? Crear empleo es para todos los gobiernos una prioridad, pero existen alternativas al empleo estatal. ¿Qué pasaría si invirtiéramos más en las pymes, que son a nivel mundial el sector que mayor empleo genera? Una forma de romper con el círculo vicioso que genera el clientelismo es invertir en el sector privado adoptando un enfoque de “retorno social de la inversión”: en muchos países lo que se incentiva es la contratación de personal en situaciones de vulnerabilidad por parte de privados. Eso supone que el gobierno se hace cargo de una parte del sueldo o de las cargas sociales, pero genera empleo real. Ese incentivo va a quien contrata al trabajador (por ejemplo, por lapsos no inferiores a un año) y o directamente a la persona que se encontraba en situación precaria para insertarse laboralmente. De este modo el Estado no expande sus redes clientelares sino que genera oportunidades e incentivos para crear empleos reales.

El empleo estatal lo pagamos todos. Argentina es un país con fuerte ausencia de conciencia fiscal, esto es que, quien paga impuestos es el que paga el sueldo del empleado. El empleo público en nuestro país no es accountable, es decir, no rinde cuentas por su desempeño, sea bueno o malo, por lo tanto tampoco tiene incentivos para hacer las cosas mejor.

Todo lo dicho resulta en un anacronismo flagrante: la pérdida o mal uso de recursos pagados por el contribuyente. Los ciudadanos son electores, votantes, pero también, contribuyentes. A 30 años del retorno de la democracia, es una tarea pendiente la construcción de ciudadanía fiscal.

 

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Es docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal.

 

 

 

 

¿Cuando una función corresponde al estado o al mercado?

Por Martin Krause. Publicado el 13/3/14 en: http://bazar.ufm.edu/cuando-una-funcion-corresponde-al-estado-o-al-mercado/

Recibo opiniones y comentarios de los alumnos, no para criticarlos sino para plantear preguntas que nos ayuden a pensar, a considerar los problemas desde distintas perspectivas.

En cuanto al título “Sobre la pobreza nuevamente”:
”En quinto lugar, y solamente ahora, consideran los autores austriacos la necesidad de implementar un programa estatal, que sería limitado, implementado a nivel gobierno locales, transitorio y tipo voucher, para así evitar, en la medida de lo posible el clientelismo, la politización, la dependencia y otras consecuencias evidentes”

Esta es una cita con referencia a un post anterior, ahora el comentario:
“Si tenemos una mirada negativa de la política como herramienta de cambio, las brechas van a seguir siendo las mismas, porque sólo con politica pública a modo de distribucion de riqueza es posible. El mercado no puede cumplir la funcion del Estado.
En definitiva lo que creo que esta en juego es mayor o menor intervencion del Estado y como direccionar la misma.”

Seleccioné este comentario porque se dirige a la esencia de lo que se trata en el libro y veremos en el curso.

El problema de la pobreza solo puede ser resuelto por el Estado a través de redistribución. ¿Por qué? La respuesta es “el mercado no puede cumplir con esa función”. Nuevamente, ¿por qué?

Esto es, ¿por qué el mercado no puede? No aparece en el comentario pero está bien, no pretendo que aparezca, recién empezamos a tratar el tema. Pero está claro que éste es un argumento presentado también por economistas para justificar una política pública: que el Mercado no puede. En otros terminos, que el Mercado fracasa…., en alcanzar una solución del problema.

Más adelante veremos que existe una teoría con alto grado de desarrollo que argumenta en esos términos, se la llama “teoría del fracaso del Mercado” y pretende responder a esa pregunta y algo más, apunta a presentar un criterio científico para determinar qué productos y servicios serían provistos voluntariamente (Mercado) y cuáles no por lo que serían provistos y financiados compulsivamente por el Estado (o solo financiados).

Habrá muchas preguntas que surgen de este planteo, que también están en el citado arriba:

1. Asumamos por un momento que el Mercado no puede. ¿Por qué podría la política (el Estado)? Tengamos bien en cuenta algo que presenté en la primera clase, el análisis económico pretende comprender “lo que es”, no “lo que debería ser”. Es decir, que no nos planteamos la pregunta si la política debería resolver el problema, sino la de si efectivamente lo hace.

2. En el Mercado las personas perseguimos nuestro interés personal: los compradores buscamos comprar barato, los vendedores buscamos vender lo más caro posible. ¿Qué objetivo persiguen aquellos de nosotros que se dedican a la política? De Nuevo, no qué objetivo “deberían” perseguir sino el que persiguen realmente.

3. ¿Estamos en presencia de un problema para el cual existe una sola solución o existen soluciones alternativas dentro de un amplio rango que cubre todo el espectro desde la coacción hasta la voluntariedad?

4. ¿Qué nos muestra la experiencia histórica? ¿Qué sucedía antes de que se buscara una solución por vía de la política? ¿No había solución o había de otro tipo? ¿Si no eran perfectas, lo fueron aquellas políticas que las reemplazaron?

5. Existe también una dimensión moral del problema: ¿hay derechos que son violados? ¿hay injusticias que deben remediarse? Y en tal caso, ¿quiénes son los culpables de tales injusticias? ¿Hay también deberes a cumplir? ¿Morales o legales?

En fin, tan solo algunas preguntas que, relacionadas con el tema, creo que deberían ser planteadas y respondidas para completer el análisis. Yo podré dar mis respuestas, pero sera bueno que todos pensemos las propias.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Pobreza y la Escuela Austriaca

Por Martín Krause. Publicado el 2/3/14 en: http://bazar.ufm.edu

 

Me pregunta Fernando Escobar desde España: “cómo abordaban el tema de pobreza los pensadores de la escuela austriaca o que teorías manejaban respecto a este tema”.

En verdad, ninguno de esos grandes autores (Menger, Bohm-Bawerk, Mises, Hayek) escribió un libro específico sobre el tema, aunque lo tratan en sus obras principales (La Acción Humana de Mises o Los Fundamentos de la Libertad de Hayek), porque analizan las condiciones para aliviar o reducir la pobreza. Asumen, que ésta es la condición natural del ser humano, una condición en la que vivió la mayor parte de su existencia, y que es necesario, por lo tanto, estudiar cómo fue que algunos lo han podido superar.

Esta misma visión es la que plantea Henry Hazlitt, y este autor, si bien no fuera ni economista, ni austriaco pues fue un periodista y analista literario en los Estados Unidos, que escribiera para The Wall Street Journal, The New York Times y Newsweek, comparte los principios y el análisis de esta escuela y lo refleja en un libro llamado: “The Conquest of Poverty”, que recomiendo leer y está en pdf de acceso gratuito aquí: http://mises.org/books/conquest.pdf

Hazlitt, recorre la historia de la humanidad y señala que la casi totalidad de la población fue pobre siempre. Sin embargo, hace unos 250 años algo sucedió. Esto se refleja en el gráfico de abajo. Allí aparecen estimaciones de Brad deLong desde el año -10.000 y de Angus Maddison desde el año 0. La forma de la curva debería resolver todo tipo de dudas: es incredible lo logrado en 250 años de capitalismo y revolución industrial:

250 años

Nada ha hecho más para sacar a cientos de miles de la pobreza que el crecimiento económico durante todos estos años. No solamente el ingreso per cápita ha pasado de unos 150 dólares anuales a más de 6.000, sino que la cantidad de gente en el planeta en ese periodo ha pasado de unos 750 millones a 6.000 millones actualmente. Es decir que la riqueza total creada (que es multiplicar ingreso per cápita por el total de personas) es increíble.

Claro, algunos sostendrán que se ha creado mucha riqueza pero que está mal distribuida. Al respecto, y para no alargar esto mucho, invito al que le interese a ver este video de una conferencia sobre el tema que dictara en la Universidad Francisco Marroquín: http://www.youtube.com/watch?v=HMd2rS-KWOA

Dice Hazlitt:

“La pobreza individual o familiar resulta de que quien debe llevar el pan a la mesa no puede de hecho de hacerlo; cuando el no puede producir o simplemente no produce suficiente para sustentar a su familia o incluso al el mismo. Siempre habrán algunos seres humanos quienes temporal o permanentemente carecerán de las habilidades de proveerse incluso de su propio sustento. Tal es la condición de los niños pequeños, de muchos de nosotros cuando enfermamos, y de la mayoría de nosotros en la vejez avanzada. Y tal es la condición permanente de algunos que han sido golpeados por el infortunio –los ciegos, los lisiados, los retrasados mentales. Donde existen tantas causas no puede haber una cura que las abarque a todas.”

“Cuando la mayoría de las familias no puede producir su propio sustento – cuando la sociedad como un todo no logra abastecerse de su propio sustento- ningún “sistema de alivio adecuado” es incluso temporalmente posible. Por ende la “sociedad” no puede resolver su problema de pobreza hasta que la mayoría de las familias haya resuelto (y en realidad un tanto más que tan solo resuelto) el problema de su propia pobreza.”

“Todo esto es meramente mostrar de otra forma la Paradoja de la Ayuda referida en el capítulo 18: Cuanto más rica la comunidad, menor es la necesidad de ayuda, pero mayor es la ayuda que esta puede proveer; cuanto más pobre la comunidad, mayor es la necesidad de ayuda, pero menor es su capacidad para proveerla. Esto es solamente otra manera de señalar que la ayuda, o la redistribución de ingresos, voluntaria o coercitiva, nunca es la verdadera solución a la pobreza, es, en el mejor de los casos, un alivio provisorio que puede enmascarar la enfermedad y mitigar el dolor, pero que no constituye una cura.”

“Más aun, las ayudas gubernamentales tienden a prolongar e intensificar la propia enfermedad que planean curar. Tales ayudas tienden constantemente a salirse de control. Incluso si se mantienen dentro de límites razonables tienden a reducir los incentivos para trabajar y ahorrar en ambos, aquellos que las reciben y aquellos que son forzados a pagarlas. Se puede decir de hecho, que prácticamente toda medida que el gobierno realiza con el ostensible objetivo de “ayudar a los pobres” tienen el efecto en el largo plazo de hacer todo lo contrario. Los economistas han sido una y otra vez forzados a señalar que casi todos los remedios populares para la pobreza solamente agravan el problema.”

En la conferencia antes citada menciono que redistribuir ingresos reduce el crecimiento económico (y el efecto de la curva que se muestra arriba) y tampoco genera un acto moralmente justificable ya que se trata de ayudar a alguien con el dinero de otros, no el propio. La “Paradoja de la Ayuda” que menciona Hazlitt muestra la salida que ofrece el capitalismo: por un lado permite que la gente produzca, prospere y salga de la pobreza, y, además, genera riqueza que luego éstos pueden ofrecer para ayudar a sus congeneres que necesitan.

Más producción, más riqueza y más ayuda voluntaria es muy diferente de redistribución por el estado, menos riqueza, clientelismo y politización.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Política, economía y pobreza

Por Eduardo Filgueira Lima.  Publicado en http://cepoliticosysociales-efl.blogspot.com.ar/2013/08/politica-economia-y-pobreza.html

I ¿Qué es Pobreza?:
¿Cuáles son las consideraciones que necesariamente debemos tener en cuenta respecto de la pobreza? En general se parte del concepto que pobre es aquel “que no tiene, o tiene escasamente, lo necesario para vivir”.[1]
Este parece cuando menos un criterio reduccionista que sólo acota el concepto de pobreza a “carencia de ingresos” y por lo mismo para su comprensión, establece arbitrariamente una “línea de pobreza”, por debajo de la cual se encuentran aquellos que no están en condiciones de acceso a una canasta básica de bienes.
Pero existen múltiples estudios que permiten una comprensión de la pobreza como un fenómeno multidimensional. Esto es decir que la pobreza supone no solo carencia de ingresos sino una multiplicidad de privaciones que se interrelacionan y condicionan su interdependencia.[2]
Sin omitir que la percepción de ser pobre supone consideraciones de estricta subjetividad, también se deben analizar cuales son las dimensiones que se deben evaluar, el peso relativo de cada una y las carencias que involucra y cuando las privaciones alcanzan una magnitud que revisten al sujeto de la condición de pobre y sin perspectivas esperables de cambio de su situación.
Establecer un monto (como único proceso de medida) para definir “la línea de pobreza” resulta inadecuado metodológicamente por unidimensional y arbitrario ya que supone una correlación entre salarios o ingresos por una parte y precios relativos de los bienes a adquirir por otra.
Lo anterior deja en penumbras otras variables de importancia ya que excluye expectativas y preferencias personales, la consideración de otros “bienes intangibles”, consideraciones sobre las posibles trayectorias de vida, es además manipulable y arbitrariamente (solo “cuenta pobres”), en el mismo sentido que facilitador de los intereses de gobierno.
Resulta, finalmente, una forma de contar personas “por arriba” o “por debajo” de la línea de ingresos estipulada sin considerar la existencia de otros bienes que hacen tanto o más a “la condición de ser pobre”.
Visto de esta forma hablar de la “disminución” de la pobreza puede declamarse, sin que se hayan modificado las condiciones de vida de los más vulnerables,…
Sin desestimar lo anterior, en líneas generales el indicador “ingresos” es considerado básico para definir la condición de pobreza, pues condiciona en gran medida otros aspectos que se asocian en el análisis multidimensional.
En un conjunto social resulta preciso definir quienes (y cuantos) son pobres, porque ello define la estructura y conformación de la sociedad tanto como en qué medida resulta inclusiva o excluyente, pero además asumir la brecha existente entre diferentes “grados” (o niveles) de pobreza.
A su vez muchos de los considerados “no pobres” pueden convertirse en tales desde una perspectiva de vulnerabilidad o por circunstancias imprevisibles que los desplazan a una condición a la que no esperaban acceder. Esto explica la dinámica de las circunstancias y condición de “ser pobre”, que en muchos casos se encuentra más ligada a la evolución de los ciclos económicos, al mercado de trabajo y a otras variables, que a la perspectiva individual de previsión y resguardo. (Un ejemplo de ello es lo acaecido en nuestro país en la crisis del 2001).
Es por ello que el análisis unidimensional puede simplificar la comprensión del fenómeno y servir en líneas generales como una referencia, pero cuyas limitaciones deben ser comprendidas, ya que omite el análisis de aspectos culturales[3], condicionantes políticos, económicos, sociales, educativos, etc. que por su naturaleza dificultan mucho más una clara distinción entre el “ser pobre”, el que no lo es pero se considera “en riesgo” y el que puede dejar de serlo.
La comprensión de la pobreza debe ser abordada desde una perspectiva multidimensional que analice una multiplicidad de privaciones, entre las cuales con seguridad el ingreso juega un rol básico.
El análisis multidimensional nos conduce a una serie de desarrollos teóricos en los que deberíamos plantearnos cuando menos diferentes aspectos referidos a:
Ø  Los condicionantes culturales de la pobreza(Íbid.3) y entre ellos aquellos que permiten la aceptación por parte de muchos, de sus situaciones de vida como si fueran inevitables, producto de circunstancias establecidas y de las que son sólo pasivos merecedores de ellas, o (aún en un máximo de resignación) que resultan suficientes para subsistir (o perdurar), sin necesidad de posibilitar caminos para su superación.
Ø  Lo anterior conduce a preguntarnos acerca de la sensación de bienestar, porque es cierto que “uno puede sentirse sin estarlo” y en ese caso parecería más adecuado asimilar la “sensación” a la “aceptación” y además necesariamente en este aspecto plantearse un punto de referencia y comparación, el que muy probablemente sea finalmente arbitrario y esté condicionado por nuestras propias preferencias y expectativas, que no son las de otros, ni son innatas, sino culturalmente aceptadas.
Ø  La existencia de “necesidades absolutas”, que son las que hacen a una vida digna, aceptando desde ya el amplio rango que puede tener la interpretación de este término y las “necesidades relativas” que, si bien complementarias, enriquecen el arsenal de recursos. Y en este punto ¿quién puede establecer cuál es el límite entre unas y otras?.
Ø  Por otra parte, existen necesidades “generadas” (y en este aspecto los cambios culturales y su sustentabilidad y difusión a través de los medios de comunicación resulta otro amplio campo para la investigación) que no se enmarcan en “necesarias” y aún pudiendo en muchos casos permitir una vida mejor (incluso más confortable) ya que no resultan imprescindibles a la hora del balance de una vida digna. Sin embargo es de entender que los más pobres y vulnerables también acceden a los medios de comunicación que se ocupan de difundir las “costumbres deseables” o los caminos y opciones que supone el consumo masivo (a veces indiscriminado respecto de reales necesidades), en un camino de identificación o búsqueda acrítica, sin que ello mejore sustancialmente las necesidades que suponen una vida mejor. Y este ha sido el punto de la crítica fácil y despiadada : …“no tienen para comer, pero televisor y celular no les falta”… De esta forma se termina discriminando y culpabilizando a la víctima.
Ø  Por esta línea de pensamiento entramos en un terreno más complejo : “medir ingresos y correlacionarlos con la calidad de vida”. Y en este aspecto ¿Cuántos de aceptables ingresos resultan “pobres” desde nuestra óptica?. La pobreza no puede objetivarse solo comparando los ingresos con una arbitraria línea. La pobreza no puede limitarse a una comparación cuantitativa, ya que omite la complejidad del problema, nos presenta una visión reduccionista y desestima las consecuencias de “ser pobre” en sus múltiples dimensiones.
Así es que no debemos perder de vista el circuito vicioso que se establece para el sostenimiento en el tiempo de la pobreza, su reproducción intergeneracional, a los que no se les permite visualizar ningún camino de salida, lo que conduce a la aceptación de la misma, su inevitabilidad y su perpetuación a través de erróneas políticas públicas que suponen la contención pero niegan “la salida”, porque se “focalizan” en los que “definen” (y solo en algunos) y los mantienen un mínimo grado de subsistencia,.. sin mayores perspectivas de futuro.
Además con la reproducción intergeneracional de la pobreza, los aspectos culturales se extienden más allá del núcleo originario, existe imposibilidad de ofrecer a los hijos oportunidades de educación –por otra parte a esta altura ya devaluada por sí– y con ellos se reproduce la carencia de horizontes y el supuesto mal de no visualizar ninguna salida, ni perspectivas de cambio.
Desde ya que en una sociedad las diferencias existentes entre los individuos en lo referente a expectativas, preferencias, capacidad, dedicación, esfuerzo personal, oportunidades generadas o espontáneas, las decisiones, etc. son tan grandes que resulta imposible suponer homogeneidad en las condiciones de vida, en los derroteros y en los resultados.
“….en un mundo ideal las diferencias en los resultados solo deberían reflejar las diferencias en los esfuerzos, el talento, las decisiones que toman las personas, además de la suerte”….[4]
Pero si es cierto que el análisis de las condiciones de diferentes sociedades nos permite concluir que aquellas con mayor desarrollo terminan por ofrecer a todos mayores oportunidades y aun existiendo pobres, su número es siempre proporcionalmente menor.
Del análisis no pueden omitirse, por un lado los procesos que son causa de la  pobreza y por otro aquellos que son consecuencia de la misma.
La misma sociedad que –cuando no genera riqueza– reduce las oportunidades de muchos y por lo mismo “produce” proporcionalmente más pobres, que luego discrimina y margina, sin contemplar que tarde o temprano deberá protegerse o sufrir las consecuencias.
De ello se desprende considerar que la primera política pública social es la política económica.
Es cierto que muchos parten del supuesto que la generación de pobres en una sociedad obedece a lo que llaman “la injusta distribución de la riqueza”. Y se esmeran en detallar las diferencias existentes entre aquellos que han obtenido más y los que no han logrado el mismo (o similar) bienestar.
Esta concepción expresa interpretaciones igualitaristas, que finalmente para lograrlo “igualan hacia abajo”, reduciendo las posibilidades de todos. La aceptación de diferencias parece a estas posiciones moralmente inaceptable,.
Pero la realidad de la naturaleza humana nos hace inevitablemente diferentes y forzar torcer esta condición desde una opción política colectivista resulta tan dañino para el conjunto social, como inevitablemente estéril y perniciosa para los que se supone beneficiar.
En función de ello dos aspectos son de su especial preocupación:
Ø  cuantificar las diferencias entre quintiles o deciles de los extremos y para ello utilizan diversos indicadores entre los que se destaca el Índice de Gini[5], a partir de lo que infieren que la pobreza (de grupos de población) es resultado de la desigual distribución de ingresos (que es lo que supone que los unos “ricos” se apropian de lo que es de otros que resultan “pobres”), y a partir ello
Ø  consideran que el único mecanismo válido para superar una situación de inequidad (que en realidad consideran de desigualdad, que no es lo mismo), es la “redistribución de ingresos”, por cualquier mecanismo por arbitrario que sea, tarea que deben llevar adelante los gobiernos, ante el supuesto de que el mercado está imposibilitado de alcanzar un óptimo paretiano: distribuye inequitativamente y enriquece más a los ricos, mientras empobrece más a los pobres.
En realidad los pobres como mencioné resultan consecuencia de innumerables condiciones –muchas propias (transferidas por ejemplo culturalmente) e imposibles desde su situación de superar– y otras derivadas de una sociedad que por su estructura, dinámica, mercado de trabajo, políticas económicas, políticas públicas e intereses políticos no les ofrece mejores oportunidades ni condiciones de salida, por lo que los mantiene en su precaria situación.
II Las Políticas Económicas y la Pobreza:
Todo análisis que se base en una simplificación de conceptos y sólo considere la visión redistributiva resulta limitado y reduccionista, que no contribuye –sino que por el contrario agrava– a la solución del problema.
Por otra parte la persistencia de la pobreza finalmente resulta una pesada carga para el conjunto social –imposible de superar una vez iniciado su diagnóstico erróneo y planteadas soluciones equívocas– porque a medida que más se excluyen del proceso productivo (el que de por sí se reduce), más recursos son necesarios para su asistencia.
El análisis –que considero interesado– no solo es sesgado sino inverso: la pobreza existe tanto más cuanto un país es más pobre y menos desarrollado, ofrece menos oportunidades a todos sus habitantes-ciudadanos y condiciona circunstancias de vida que debieran ser superables, sin recurrir a mecanismos distorsivos[6]como una arbitraria redistribución que solo beneficia a los intermediarios de transferir los recursos.
Lo anterior significa que –por el contrario de lo declamado– el Índice de Gini es mayor en países que han logrado un “desarrollo incompleto” (me refiero a desarrollo político, económico y social), y resulta expresión de estas condiciones.
Es  bajo en los países sin ningún desarrollo porque allí todos son igualmente pobres y en los países desarrollados porque la mayor parte de sus habitantes han podido acceder a mayores y mejores oportunidades,.. “igualando hacia arriba”.
Esto es decir que: no es la distribución desigual (mayor Índice de Gini) la que genera pobreza, sino por el contrario la ausencia de suficiente desarrollo lo que genera mayor desigualdad. Po lo que este no debiera ser suficiente argumento para promover transferencias compensatorias,.. sino que por el contrario debería facilitar el diagnóstico para lograr una sociedad abierta, competitiva, generadora de riqueza, genuinos puestos de trabajo, con mayores oportunidades y como con secuencia: con menos pobreza.
¿Cómo explicar sino que por ejemplo países con similar Índice de Gini puedan tener indicadores de pobreza totalmente disímiles?
Para dar ejemplos concretos: la disparidad del índice de Gini en Chile (tanto entre deciles –0,52– como en quintiles de los extremos) es similar a la existente en la Argentina (entre deciles 0,49). Y como se ve en Chile aún es un poco mayor.
Sin embargo el indicador pobreza es en la Argentina tres veces más alto que en Chile. Es decir que tomando como referencia una sola dimensión (la del ingreso), en Chile solo los integrantes del último decil (el 10%) no alcanzan a satisfacer la canasta básica de bienes y servicios (en números absolutos 1, 4 millones de personas)
Mientras que por otra parte en la Argentina casi los tres últimos deciles (25% de la población) o lo que es lo mismo una de cada cuatro personas (en números absolutos 10,25 millones de personas) se encuentran en situación de pobreza (según ingresos).[7]
Otro informe señala que un niño pobre nacido en Chile tiene diez veces más posibilidades de salir de su condición, que otro nacido en la Argentina. Y en ambos países el Índice de Gini es similar (incluso algo mayor en Chile).[8]
Lo que no debe perderse de vista y explica en gran medida las diferencias es que Chile ha adoptado una economía abierta, con mínima intervención estatal, con estímulo permanente a la actividad privada y al libre intercambio, que le han permitido insertarse en el mundo. Es  decir políticas económicas que han generado más riqueza lo que ha favorecido que los ingresos de solo el 10% de la población no alcancen el costo de los bienes básicos.
Sin embargo estos “pobres” tienen muchas más oportunidades para superar su condición que en nuestro país.
En la Argentina por el contrario (como comparación de las políticas económicas) –y desde hace ya 10 años– se han basado en una creciente intervención del Estado (re-estatizaciones de empresas); se ha dado prioridad (con y por interés político) al consumo bajo premisas keynesianas sin que ello haya alterado, modificado o mejorado los modos de producción (Ley de Say); se ha multiplicado ad infinitum la asistencia social (ello es prueba del creciente deterioro social), lo que generó una indescriptible irresponsabilidad fiscal (con altísima presión tributaria: 45% según varios analistas, que no alcanza a financiar el gasto público y debe recurrir a la emisión y al auxilio de otras cajas); una política monetaria expansiva (con emisión de la base monetaria que alcanza al 35% en 2012) y que a pesar de las disquisiciones de algunos economistas adeptos a las políticas gubernamentales, ya casi nadie pone en duda hoy que la emisión termina por erosionar el poder adquisitivo del dinero y ser la principal causa de inflación (en la Argentina de hoy entre el 25 y el 30% anual); restricciones al libre intercambio con una balanza de pagos que no es superavitaria porque exportamos más, sino porque importamos menos (con las consecuencias sabidas a la producción) y finalmente producto de la incertidumbre y la ausencia de reglas claras, una importante fuga de capitales.
Lo que se debe tener en cuenta es que “…desde que se abandonó el patrón oro, todo el sistema monetario mundial funciona en base a la confianza que la gente tenga respecto a determinada moneda. Dicho en otras palabras, actualmente las monedas no están respaldadas por oro, sino por la calidad de las instituciones de un país, su disciplina monetaria y fiscal…[9]
Es por todo ello que se pierden inversiones y fuentes de trabajo. La mantención del aparato asistencial-clientelar requiere otros bienes para sostener el intercambio y es por ello que el empleo público (también fuente de prebendas) se incrementa más que el empleo privado.
Muchas voces se han manifestado en defensa de ello bajo el concepto que se posibilita de esta forma la lucha contra el desempleo. Lo que no se dice que es una forma de reemplazo del empleo privado –que sería empleo genuinamente productivo– y del que se carece de manera suficiente. Cuando aumenta el empleo público se reduce la productividad media y se afecta la competitividad.
El empleo público en la Argentina alcanza niveles del 20,5% del empleo total (solo superado por unos pocos países, todos con mucha mayor solvencia fiscal). Pero esta cifra es solo un promedio ya que en muchas provincias que seguramente tienen economías menos desarrolladas esa cifra se ve duplicada.
Las malas políticas económicas, generan una masa de dependientes sin opción. El populismo y el clientelismo político hacen el resto.   
Estas son las políticas que generan y perpetuán la pobreza, a pesar de la multiplicidad de planes, programas que durante años pudieran llevarse a cabo.
El círculo vicioso se establece entre las políticas económicas y la generación de pobreza, que se ve perpetuada por el asistencialismo redistribucionista.
“…Si queremos entrar en la modernidad no debemos bajarnos del tren del Libre Comercio y la apertura comercial de nuestros países porque ello es imprescindible para lograr una integración económica que permita desarrollar sectores productivos competitivos….”[10]
Una correlación que permite un análisis más preciso de lo que expresado se puede observar en el siguiente gráfico que muestra una fuerte relación entre el Índice de Desarrollo Humano (IDH) con el Ingreso bruto per cápita (expresado por su logaritmo), en una muestra de 150 países.
El IDH es un indicador que surge de tres variables (las dos primeras “bienes intangibles”): 1) Índice compuesto de educación, 2) Índice compuesto de salud y 3) el ingreso en PBI/cápita
Los términos, ideas y expresiones se han desvirtuado e –intencionalmente– la clara correlación anterior se ha desestimado y desde otra perspectiva ideológica se alimentan intereses de ideologías colectivistas: mayor intervención del Estado (no solo en la regulación sino incluso en la propiedad o apropiación de medios de producción: las empresas del estado), manejo discrecional de los fondos públicos (redistribución) con sus consecuencias de clientelismo político, discrecionalidad asignativa, corrupción, perpetuación de la pobreza porque ello (es consecuencia) y hace a sus fines: ejercicio del poder disfrazado de benevolencia y cuidado de los más desprotegidos.
¿Cómo puede suponerse que se protege a quienes se mantiene a perpetuidad en sus condiciones de marginalidad y pobreza, porque no se les ofrece la perspectiva de elegir entre mejores oportunidades generadas por un mayor desarrollo? Lo único que puede concluirse es que la pobreza conviene a muchos que la explotan en nombre de un supuesto “bien común”.
III Pobreza y clientelismo político:
Nuestros países (me refiero en especial a Latino-América) tienen una larga tradición en este tipo de políticas que en nombre de la Justicia distributiva (Justicia Colectiva)[11] –que debiera significar un activo rol del estado en permitir a cada quien su propio desarrollo acorde a sus capacidades, esfuerzo personal, expectativas, intereses, deseos y trayectoria (además de la suerte), alcance lo que considere la satisfacción de sus necesidades y objetivos propios de vida–  las convierten vía mecanismos redistributivos en políticas asistencialistas, prebendarías y clientelares. Que una vez instaladas se perpetúan y profundizan como tales, con las múltiples consecuencias (entre muchas otras que sería extenso analizar):
Ø  Las políticas redistributivas implícitamente resultan “asistencialistas”, generan una mutua dependencia –entre el “dador” que ejerce el poder de dar y el “receptor” que tiene necesidades– perversa relación de la política con sus supuestamente asistidos que finalmente son clientes cuya contraprestación es la lealtad y sumisión.
Ø  Se basan solo en principios de “beneficencia”, vulnerando aspectos de autonomía y libertad individual como derecho básico, porque presuponen responder a “necesidades” (que las imponen concesionadas): ¿Quién determina que,… cuanto,… y quien necesita,… que cosas? De la misma forma y como consecuencia facilitan eludir  los aspectos que corresponden al “esfuerzo” que cada quien debería poner de si para ser merecedor: ¿Quién determina cuanto del esfuerzo requerible ha puesto proporcionalmente cada uno?
Ø  Es decir los criterios se concentran en un decisor que ejerce el poder,… pero a través del mismo lo perpetúa y genera una legión de dependientes que se someten a la voluntad del caudillo de la comarca,. Mientras este a su vez se debe –lealtad partidaria mediante y necesidad de recursos (coparticipación, ATN y otras transferencias) ante el poder altamente centralizado– cuando menos aparentar confluir con el poder nacional. La pirámide de lealtadespolíticamente generada así perpetúa las pobres condiciones de “un mundo feliz”!
Ø  Mucho peor aún cuando el financiamiento de estas políticas proviene de los recursos del Estado con base regresiva y se transforman en solo un circuito que asigna escasos recursos, para proveer malos servicios a los mismos de quienes mayoritariamente se financia. De cualquier manera este esquema no garantiza que mayores recursos se expresen en mejores servicios.
Ø  La administración de los recursos es frecuentemente direccionada para cubrir a los adeptos –entre otras asignaciones perversas– lo que conlleva y promueve un alto grado de corrupción. Esto se refiere a que no solo se financia a los que se supone proteger pero se mantiene en la misma condición, sino que además una gran parte de los recursos son destinados a financiar obras realizadas por los amigos del poder: no existe mayor grado de corrupción que la que surge de la asociación política con grupos de interés empresarial (obras no ejecutadas, carencia de inversiones, subsidios cruzados, sobreprecios etc.) y que a su vez tiene tanto o mayor costo para el país que lo que se destina a “planes focalizados”.
Ø  La generación de mutua interdependencia permite unavinculación circular de subsistencia política, con la apariencia de aporte “caritativo” que solo sostiene el statu quo y vulnera las necesidades reales de los más necesitados, sus perspectivas futuras y con ello su dignidad.
Ø  El clientelismo político no promueve el crecimiento y desarrollo individual en el sentido ya analizado, “el esfuerzo aplicado al desarrollo del capital humano”. Es más: en las condiciones descriptas este puede resultar finalmente incomodo para el ejercicio del poder y el sostenimiento de la relación clientelar y por lo mismo de su subsistencia.
Ø  Todo ello se sostiene además –y reafirma– en una enorme cantidad de ciudadanos cuyas condiciones de vida en realidad no cambian, luchan por recibir lo que se les ofrece como si fuera lo que en realidad merecen y no por la real satisfacción a sus necesidades, para que una vez satisfechas puedan optar ante nuevas oportunidades, a mejores condiciones que les permitan su elección personal de lo que en libertad consideren un mejor derrotero de vida.
Ø  Todo ello es posible además con mucha mayor facilidad en países en los existe tanto una baja participación de la ciudadanía y aceptación de sus condiciones, como una baja calidad institucional.[12]
Ø  No es cierto que esta sea una nueva forma de racionalidad de la acción colectiva que permite la participación política “populista” en la sociedad[13], sino que establece una relación de dependencia (y poder) en función de la explotación de las necesidades no satisfechas de amplios grupos de población marginada, que no tienen opción de elegir y por lo mismo se trafica con su libertad.
Ø  Los costos de transacción derivados del clientelismo político son elevados y los soporta toda la sociedad,.. pero recurso “sobre utilizado” representa además un alto costo de oportunidad, mucho de ese costo se hubiera podido utilizar en políticas de mayor y mejor impacto.
En realidad, la búsqueda de la maximización del bienestar general, (nótese que evito hablar del “bien común”)[14], requiere del mayor y mejor desarrollo de la sociedad. Esto es decir la generación de riqueza, que ofrecerá a todos mejores oportunidades para posibilitar el desarrollo de las capacidades individuales, la acumulación de capital humano y el esfuerzo personal, lo que se entiende permitirá a cada uno “transformar ingresos en resultados acordes a sus expectativas de vida”.(Ibíd. 1)
Un aspecto importante que debe ser diferenciado es la evidencia empírica existente la que demuestra que los mejores resultados se obtienen con políticas públicas universalistas (distributivas) que mejoren el ingreso y las condiciones de vida de la población en su conjunto pues dan opciones y oportunidades a todos. En vez de intentar mejorar las condiciones de vida “focalizando” (redistributivas) en los más necesitados –“quitando a los que más para darle a los que menos”,… sin que además ello garantice que se haga bien– lo que no ayuda a la disminución de la pobreza y genera la relación clientelar, de indigna dependencia ante quien ejerce el poder.
Otro costo adicional que tiene este tratamiento es que estas políticas significan una carga importante y creciente para toda la sociedad que contribuye significativamente a limitar el desarrollo del país, por un lado por la pérdida de productividad de aquellos que no producen y por otro por la necesidad de crecientes recursos para asistir la espiral inflacionaria de su carga económica.
IV Bienes Intangibles y Pobreza:
Si bien este no es un análisis profundo del proceso educativo y del capital humano, me he referido al mismo en tanto se trata de una perspectiva necesaria e imprescindible para comprender que existen bienes intangibles, que son necesarios para posibilitar el desarrollo personal.
Aún en la tarea de “educar” y más aún en nuestros países, las oportunidades se desmerecen, porque las políticas públicas se desvirtúan cuando los servicios adolecen de graves deficiencias, originan acceso a ofertas y posibilidades educativas limitadas y carentes, resultando que el mismo Estado por su propia baja calidad institucional promueve “escuelas pobres para los pobres”.[15]
Estudios realizados, nos muestran en América Latina los deficientes resultados en educación lo que constituye una barrera para superar la condición de pobreza, patrón que se agrava cuando el análisis se desagrega por niveles.
El deterioro de la calidad educativa ha afectado a nuestro país en mayor grado que a otros países latinoamericanos rezagados hace apenas veinte años respecto al nuestro y habiéndonos superado hoy en día en la tasa de escolaridad, número de días con actividad docente y en la tasa de deserción escolar. En nuestro país casi el 20% de los ingresantes no terminan el nivel secundario y otro 20% lo hacen fuera de término.[16]
Lo que en realidad sucede es que ha dejado de verse la educación en todos sus niveles, como un paso necesario e integrador a la actividad social y productiva.
 “….un problema a resolver en educación es la desigual distribución del bien educativo que hace el propio Estado….”[17]
Lo anterior mantiene las actuales circunstancias de dificultad en el acceso a oportunidades y adquisición de capital humano.
No puede omitirse que las políticas públicas de contenido clientelar, han respondido más a la demanda que a cubrir reales necesidades.
En salud las necesidades y las demandas confluyen con más facilidad, ya que “el estar enfermo” y requerir asistencia, es mejor percibido.
Pero en educación no se genera la demanda desde la necesidad, en especial porque las carencias imposibilitan percibir lo imprescindible que aquella resulta para la superación de estas.
Además, se ha dejado de ver a la educación como un instrumento fundamental para generar otras perspectivas de vida a futuro.
Por otra parte, se ha instalado la idea[18], referida a que existe un núcleo de población que por ser pobre “ya no es posible educar”, dados los contextos actuales y aun sin considerar las dimensiones económicas, culturales, educativas y sociales.
Finalmente, la misma escuela se encarga de discriminar y segregar a los pobres condicionando un agregado a su pobreza y generando su actual y futura exclusión.
“…el financiamiento de la educación estatal a través de impuestos sesga, necesariamente, el acceso a la educación de aquellos que son alcanzados por el tributo, porque reduce sus oportunidades de educarse o -en forma directa- las suprime cuando la sumatoria de ingresos es igual o inferior al total de impuestos que se pagan. Esto implica que resulta falso el insistente cacareo demagógico por el cual se quiere convencer a la gente de que la educación estatal es “para todos”…[19]
Por otra parte, el deterioro de la escuela –y en especial del recurso humano en el área– la cuestiona como “dador” y generador de educación para quienes más la necesitan. Muchas familias de bajos recursos hacen ingentes esfuerzos para enviar a sus hijos a instituciones educativas privadas.
Hoy la escuela solo promueve la selección de los mejores (o los que tienen mejores posibilidades), facilitando la exclusión de “los otros”, en virtud de “malas intervenciones educativas”. (Sergio España)(Ibíd 4)
Por otra parte la brecha cultural e informática entre nuestros países y los desarrollados es creciente, cuando precisamente se habla de la “sociedad de la información y el conocimiento”.
En América Latina y el Caribe existen más de 30 millones de analfabetos. Más allá de ese número que es de por si impactante, casi el 40% de la población no terminó la escuela primaria y el 35% de los jóvenes entre 17 y 25 años no estudia ni trabaja (en nuestro país alcanza a un millón de jóvenes –el 24%–    llamados “ni-ni”) y mientras el promedio de años de escolaridad de los que pertenecen a las familias de mayores ingresos alcanza los once años, los de menores ingresos solo reciben en promedio tres años.
Nuestro país según el último informe PISA[20], se encuentra al pié de la nómina de los países latinoamericanos, cuando hace apenas 20 años la encabezaba.
En cuanto al nivel alcanzado por la PEA (Población Económicamente Activa), en nuestros países casi el 60% no ha completado sus estudios secundarios, mientras que en países desarrollados ese porcentaje no supera el 18%.
Por otra parte el fenómeno de la desocupación se concentra en el 25% más pobre de la población (pero alcanza a 2, 5 millones de personas,.. aún basándonos en cifras oficiales INDEC: 7,9% de la PEA. Sin contabilizar los que son asistidos por planes sociales y que los pierden en caso de conseguir trabajo. De otra forma la cifra de desocupados alcanzaría largamente los dos dígitos) y es consecuencia de una baja calificación en materia de educación de las familias y en la deficiencia que ofrece la enseñanza, especialmente en escuelas públicas. Esto deriva a desocupación y trabajo informal, con bajos salarios.
Con enormes difencias regionales:
(Íbid. 21)
La pobreza resulta así la consecuencia de una confabulación de factores desfavorables que determinan un nivel de carencias.(Ibíd 4)
La persistencia de un núcleo duro de pobreza que ronda el 25% de la población argentina –es decir: 1 de cada 4 habitantes– se comprueba al medir las condiciones de hábitat, educación, situación laboral y alimentación, entre otras variables.[22]
El incentivo está presente en la naturaleza del ser humano: la insatisfacción es el motor para la búsqueda de mejores opciones. El problema se presenta como consecuencia de la carencia de políticas económicas que generen riqueza, un aparato político que mantiene en la dependencia y que no facilita los instrumentos adecuados para que el pobre pueda superar su condición.
“….el defecto más grande del capitalismo es la distribución desigual de la riqueza,.. la virtud más grande del socialismo es la distribución equitativa de la pobreza,..” (Winston Churchill)
Hoy la política ha distorsionado para sus propios intereses las variables económicas, ha alterado el buen funcionamiento de los mercados y generado a su servicio una legión de pobres y carenciados de muchos bienes intangibles pero esenciales para una subsistencia digna o una alternativa a su condición.
La economía debería ser un instrumento de la política. Pero sus presupuestos –no verificables en un laboratorio como en otras ciencias sociales– (solo contamos con la evidencia empírica),..han sido aprovechados en la medida de las necesidades políticas. Los resultados invariablemente negativos han sido cargado en la cuenta de los economistas o de imponderables nunca definidos pero no asumidos por una clase política parasitaria que nos ha gobernado los últimos 100 años.
Existen jerarquías que no pueden ser obviadas: a la política deberían dirigirla los valores éticos y en función de los mismos la política debería servirse de instrumentos económicos, para dar satisfacción a las necesidades de la población, sin perder de vista los objetivos de futuro como nación.
La economía debería ser asignatura de aprendizaje obligatorio en nuestra clase política que –actuando como amateurs de sus principios– no olvidan aquellos procederes que los benefician.
Por ello la principal política pública  es la política económica si su eje está dirigido a generar crecimiento y desarrollo en un país lo que de por sí resultan ya “inclusivos”. La necesidad de que el estado se ocupe de aquellos que no han podido o sabido hacerlo por si mismos se reduce considerablemente.
Las políticas públicas además deben ser direccionadas hacia aquellas que posibilitan el incremento del “capital humano” (en especial salud y educación) cuidando la calidad de los servicios provistos, cuyo monopolio no debe estar en manos del Estado y en los que la competencia y libertad de elección resultan fundamentales para la mejora de todos.
Y ello se funda en que estas adquisiciones “suman” (cuando son universalistas) y –utilitarismo mediante– resultan en mejores resultados en la productividad, el capital social y la cohesión de la sociedad.
A partir de allí las diferencias entre los extremos que tanto preocupan a los igualitaristas (Índice de Gini) serán menores, aunque no necesariamente,.. ya que más que igualar, lo que necesitamos es reducir la pobreza.
Los individuos necesitan “sentirse incluidos” en la carretera de la producción, como medio de ingreso al conjunto social y como medio de acceso a la participación política y los bienes que hacen a su calidad de vida, como salud y educación.
Cuando se queda fuera de los circuitos y dinámica de la economía por carecer de las herramientas necesarias (capital humano), por pérdida de la fuente laboral, o trabajo precario, se ingresa en la exclusión: enorme paradoja “ingresar” en el “estar afuera”.
En los pobres y los más vulnerables se ha roto la visión positiva de “trayectoria de progreso”, que forma parte de cada individuo y en la que se asienta su pertenencia a la comunidad,… (Ibíd 1)
En los países de nuestra región (y más aún en el nuestro porque otros han iniciado ya otro camino) tenemos todavía que superar diversos problemas:
Ø  La existencia de administraciones pobres y de baja calidad
Ø  Las formas perversas de acción política (que por desconocimiento o interés sostienen la dádiva y con ello las condiciones de dependencia)
Ø  Los sucesivos ajustes económicos,.. producto de reiteradas crisis dependientes de la perpetuación de un modelo de alto gasto asistencial y baja productividad relativa
Ø  La persistente exclusión social y por todo lo anterior la persistencia en el tiempo de la pobreza,  no solo económica, sino de otros bienes y por lo mismo de mejores oportunidades
Ø  La compleja situación de los recursos humanos[23]
Existen múltiples clasificaciones de análisis de las necesidades humanas, pero básicamente debemos considerar en términos generales y a los fines de hacer una breve referencia al tema, una taxonomía que identifica dos de ellas:
Ø  Las necesidades existenciales : el “ser”, el “tener”, el “hacer, el “estar”, etc
Ø  Las necesidades axiológicas que se encuentran referidas a aspectos y condiciones vitales y personales psicológicas vinculadas a la emotividad, identificación, reconocimiento e integración social, como son: la subsistencia, la protección, el afecto, la posibilidad de creación y realización personal, la identidad y el ejercicio de la libertad individual. Su carencia transforma la vida en ausencia.
En cada individuo se expresan diferentes requerimientos de aceptabilidad o “mínimos deseables”, los que manifiestan la subjetividad con un amplio rango.(Ibíd 1)
Cuando se analiza lo acontecido desde el 2001 parecería que nos detenemos sólo en la reducción porcentual de la pobreza –y así se nos hace creer, más allá de la adulteración de los datos del INDEC– y esto es solo cierto a medias ya que en esos años veníamos de una brutal crisis que desgranó la República.
Por ello comparar el 52% de pobres en ese año con la cifra actual –que la redujo a la mitad (25%)– parece ubicarnos en el mejor de los mundos. Pero vale la reflexión referida a que más de una década de crecimiento no ha podido perforar ese piso de pobreza,.. más aún en los últimos años que ese valor ha mantenido un ritmo constante de crecimiento.
¿Qué es lo que mantiene los altos índices de pobreza ante un crecimiento que se declamó “a tasas chinas”? La respuesta: las políticas económicas erróneas,.. la apuesta por una economía cerrada que no puede sostener la premisa de Singer-Prebisch (“vivir con lo nuestro”) por suponer –gran error– que los intercambios son de suma “0”,.. los intercambios son de suma positiva y a través de ellos un país crece,.. invierte,.. produce,… y genera riqueza.
Finalmente la tasa de capitalización (ahorro e inversión) son los elementos básicos que permiten la diversificación e incremento de la producción.
Y para expresarlo de alguna forma más comprensible: ¿se creció a “tasas chinas?,.. Se invirtió en planes asistencialistas,.. pero la pobreza no logra perforar su piso del 25%!!! y todo ello muy a pesar que los presupuestos para asistencia social se incrementaron.
Por ejemplo: el presupuesto 2012 eleva al 60% el gasto social (303.028 millones de pesos) y destina las mayores subas a las jubilaciones y planes sociales (39% más que en 2011).[25]
En el año 2001 había 300.00 planes de empleo. Hoy suman entre los asignados por la Nación Provincias y municipios más de 3,5 millones.
La asistencia redistributiva no alcanza a todos, no resuelve el problema, distribuye discrecionalmente y es un “agujero negro” de perpetuación de las condiciones, resultando a su vez ineficiente.
Ningún planificador puede suponer que desde el marco de diseño de las políticas públicas puede dar respuesta a las necesidades –que son siempre subjetivas– de satisfacción mediante prebendas a los requerimientos de cada individuo, aunque suponga que existen carencias que son comunes, no sabe de ninguna forma cual es el objetivo que cada quien pueda trazarse.
Lo que inevitablemente nos conduce a que lo que debe generarse son las condiciones y dotar de instrumentos válidos en una sociedad que “ofrezca alternativas y oportunidades” para que cada uno pueda construir su derrotero de vida.
La pobreza y la exclusión pasaron progresivamente de ser un fenómeno casi exclusivamente rural a convertirse en un fenómeno urbano.
La consecuencia del aislamiento –entre  otras causales– ya no es suficiente para explicarlo y ahora quienes buscaron refugio en las ciudades necesitados del beneficio de la urbanización y el trabajo consecuente a la industrialización, terminaron expuestos al empobrecimiento de salarios insuficientes, trabajos con altas tasas de informalidad, rehenes de planes de asistencia, aglutinados en tugurios habitacionales, sin servicios de saneamiento básico, con las consecuencias previsibles de trabajo infantil, mayor prevalencia de violencia doméstica, prostitución, adicciones, etc., con limitaciones en el acceso a los procesos de educación y con provisión de servicios rudimentarios de salud.
En estas circunstancias son además previsibles los resultados y consecuencias en la distribución y carga de enfermedad que los afecta con prevalencia mayor dadas sus condiciones de “riesgo agregado” –enfermedades transmisibles y muchas otras que deberíamos ya considerar erradicadas, así como las derivadas de la violencia y adicciones– ahora muchas de ellas generalizadas.
Se crea así un terreno fértil para que se instalen proyectos políticos que prometen “cambios”, juegan con las expectativas y deseos fundados en necesidades, pero resultan finalmente populistas, solo asistencialistas, imposibilitan el crecimiento, acceder a mejores oportunidades e impiden el desarrollo de las potencialidades personales, generan dependencia del poder político y finalmente erosionan las instituciones económicas, sociales y políticas de la democracia”.[26]
La violencia, la criminalidad y la inseguridad consecuente, son sólo la punta del iceberg de un problema mucho más profundo que en este capítulo omito analizar, que intentamos explicar con mitos, que por no resueltos perpetúan la situación y que sucede a edades cada vez más tempranas, siendo los jóvenes a su vez víctimas y victimarios.
Condición de “circunstancias de vida” que determinan alta vulnerabilidad, en las que debieron nacer, o a la que fueron conducidos y en la que –dadas las características políticas y sociales actuales en nuestros países– son mantenidos y por ausencia de políticas públicas acordes les resulta invisible la salida.
Parece fácil comprender como uno se resiste a ser avasallado por un Estado ineficiente, que por un lado expropia impositivamente para el supuesto de un “gasto público necesario” (y cuya voracidad es inacabable), pero por otra parte se visualiza que esos recursos no son asignados en búsqueda de resultados y efectividad en el desarrollo del conjunto social, sino para el interés político personal o para políticas asistencialistas, que generan dependencia y no desarrollo.
El populismo “embarra la cancha”: siempre la culpa es de los ricos,.. los fijadores de precios,.. los que viajan a Miami,.. los inescrupulosos explotadores,.. los que atesoran en dólares,.. los desestabilizadores que hablan de la inflación,…los que no comprenden y están lejos de lo Nacional y Popular!
Nunca asume sus propias responsabilidades, cuando en realidad en gran medida la culpa de la situación que describo es por las políticas populistas. La condición inherente al populismo es siempre gastar más de lo que se produce.[27]
A quienes así pensamos se nos acusa de estar lejos del pueblo,.. de no ocuparnos de los reales problemas de la gente,.. que a los liberales –palabra bastardeada si las hay– no nos importan los pobres y nada más lejos de ello! Deben pensar que nos agrada verlos desprotegidos circulando desvalidos entre nosotros. Lo que sucede es que se nos endilga la culpa de lo que hicieron siempre ellos,.. para los populistas “sus ideas y acciones son resguardo del bien común” y por lo mismo la culpa de todos los males las tienen “los otros”.
En realidad lo que decimos es que las “recetas populistas” aplicadas hasta hoy se han llenado la boca diciendo ocuparse de los pobres,.. cuando en realidad he intentado demostrar que son sus recetas los que los perpetúan, los condicionan y viven de ellos.
Esta misma circunstancia es la que permite el statu quo: prometer “el cambio” para que todo siga igual. (No nos debe llamar la atención que en casi todas las campañas políticas se promocione un candidato: “por el cambio”).
Parecería que en la perversa relación de “depender” se incluye de alguna forma el “pertenecer” a un grupo, movimiento político, líder, concediendo la perspectiva de un pensamiento crítico y libre.
El populismo y su “parecer” progresista, con su definida intervención del Estado para rescatar el ideario nacionalista y popular, resulta finalmente causante del estancamiento. Finalmente se trata de perverso “regresismo”.
Antes dije que la ética debiera guiar las acciones políticas, pero nada más difícil para lograrlo, ya que es finalmente solo una expresión de creencias y valores, expresada en “voluntades”. Solo así puede comprenderse “la distancia entre lo que se dice y lo que se hace”.
Lo que se dice es lo que se intenta mostrar y forma parte del discurso político que es la rápida lectura que la clase política hace de lo que el votante quiere escuchar. Lo que se hace otra cosa: es casi siempre lo que no se dijo, ni se prometió,.. es lo que siempre está teñido por el conocimiento o la ignorancia y la ideología,.. pero finalmente es lo que muestra y descubre las intenciones.
Referencias:

[1] Amadeo, E. “Notas sobre el concepto de pobreza”. Observatorio Social Cuaderno N° 4. Bs. As. 2006
[2] Alkire, S. & Foster, J. “Understandings and misunderstandings of multidimensional poverty measurement”. OPHI, Working paper (Oxford, 2011)
[3] conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver sus necesidades de todo tipo (concepción antropológica)
[4] BM : Paes de Barros, R. & col. “Midiendo la Desigualdad de Oportunidades en América Latina y el Caribe”. Banco Mundial, www.worldbank.org Washington, DC. 2008
[5] coeficiente de Gini: es una medida de la desigualdad ideada por el estadístico italiano Corrado Gini. Normalmente se utiliza para medir la desigualdad en los ingresos, dentro de un país, pero puede utilizarse para medir cualquier forma de distribución desigual.
[6] Distorsivo: que modifica o altera el comportamiento de los actores.
[7] UCA Barómetro Social (2012)
[8] PNUD (2011)
[10] Arias, O. “Las propuestas para el crecimiento de América Latina” (2013)
[11] Rawls, J. “A theory of Justice” (1971)
[12] La calidad institucional está dada por el conjunto de normas, procedimientos e instituciones que regulan las relaciones políticas y económicas en un país y entre países.
[13] Laclau, E. “La razón populista” (FCE, 2004)
[15] IDESA informe Nº 508 (2013)
[16] Ministerio de Educación de la Nación (PNIE), 2013
[17] Veca, S. “Cuestiones de Justicia”. Turín (Italia), 1991
[18] López, N. AAPS (Asociación Argentina de Políticas Sociales). “¿Es la pobreza una restricción para la educación?”. Ciclo de conferencias sobre pobreza crónica. Gvirtz, S; López, N. y España, S. AAPS en Universidad Isalud. Buenos Aires, 29 de Abril de 2008.
[19] Boragina, G. “La mejor educación” http://www.accionhumana.com/2013/08/la-mejor-educacion.html (2013)
[20] El programa Internacional para la evaluación de Estudiantes –PISA-  que impulsa la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), evalúa el rendimiento de estudiantes, mediante exámenes que se realizan cada tres años, para valorar las habilidades desarrolladas por el sistema educativo en sus 34 países miembros, más observadores y asociados. Corea del Sur, Singapur y Finlandia encabezan la nómina.
[21] Encuesta de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), que descubrió una desocupación juvenil de 21,9%, en tanto que entre quienes tienen 25 años o más la tasa es de 7,3% de la población activa. Publicado en: http://www.lanacion.com.ar/1589112-la-desocupacion-entre-los-jovenes-llega-al-20  Monseñor Ojea, Presidente de Caritas. (2013)
[22] Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica y SEL Consultores., en: http://www.lanacion.com.ar/1442666-crecio-la-ayuda-social-pero-persiste-un-25-de-pobreza (2012)
[23] Sotelo, J. M. Conferencia:”Los retos para cumplir los ODM”. Universidad ISALUD. Buenos Aires, Mayo 8 de 2008
[24] Elaboración personal para la actividad docente
[25] Veneranda, M. Datos de la Fundación Siena. (2012)
[26] Márquez, G. & col. “¿Los de afuera?: patrones cambiantes de exclusión en América Latina y el Caribe”. Banco Interamericano de Desarrollo: Progreso económico y social en América Latina, Informe 2008. Washington, DC. Copublicado con David Rockefeller Center for Latin American Studies, Harvard University. Cambridge, Ma. Marzo de 2008
[27] Márquez, N. “Argentina: 500 veces contra la misma piedra” (La Prensa Popular, 2013)

 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.

 

Kirchnerismo: balance de una década

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 22/5/13 en http://www.elimparcial.es/america/kirchnerismo-balance-de-una-decada-123298.html

  El 25 de mayo se cumplirán diez años desde que Néstor Kirchner asumiera el gobierno habiendo obtenido apenas el 22 % de los votos. De entonces acá, nadie podría negar su capacidad para construir un poder inmenso, cuya acumulación fue paralela a un incremento patrimonial no menos notable que motivó en su momento una causa judicial dejada sin efecto, como era de esperar, por un juez acólito.

Dinero y poder: una alianza históricamente sospechada que, en el caso que nos ocupa, se cimienta sobre una estructura de corrupción que el crecimiento “a tasas chinas” de los primeros años, el precio de los commodities y la indiferencia de muchos mantuvieron semioculta sin que las denuncias del periodismo independiente la hubieran mínimamente debilitado.

A Néstor le sucedió su esposa, Cristina, que hoy, al promediar su segundo mandato, navega por aguas turbulentas. ¿Cómo ensayar un breve balance de esta década con la objetividad que sería deseable? Acontecimientos que son de dominio público y que tienen que ver, precisamente, con escándalos de corrupción dignos de película que comprometen los dos momentos nominales de esta era, el “kirchnerista” propiamente dicho y el “cristinista”, hacen difícil para más de un observador la tarea de rescatar logros, que los hubo (por ejemplo en materia de política social), alcanzados a tan alto costo y recurriendo incluso a métodos en un todo reñidos con la teoría y la práctica constitucionales.

Quizá, cuando los historiadores juzguen el día de mañana lo sucedido durante estos años, podrán identificar otros tantos elementos positivos que sirvan para emitir un juicio ecuánime y aun más benevolente que el que ahora prevalece dentro y fuera del país. Es que, con excepción de lo que pueda decirse en países amigos, como Venezuela o Irán, parece evidente que el grueso de la comunidad internacional participa de una desfavorable opinión hacia Cristina en particular pero también, en general, hacia el régimen político que ella misma y su difunto marido encarnaron. Un régimen que hizo caso omiso de compromisos internacionales, que se arroga el derecho de impartir al mundo lecciones de economía al tiempo que falsifica los índices de inflación y que a estas horas nos desayuna con un blanqueo de capitales mal habidos mientras la emprende vorazmente contra la propiedad de ciudadanos honestos y trabajadores.

Al poskirchnerismo le espera desarmar un enorme aparato clientelista y el montaje de una hegemonía política y cultural construida sin escrúpulos. Además, deberá ordenar la economía, restablecer la confianza de los ciudadanos y erigir de nuevo instituciones reducidas a escombros en nombre de un solo relato y una sucesión de caprichos. Menuda tarea, que es proporcional al daño infligido durante diez años.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.