En la brecha

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 8/3/19 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/en-la-brecha/

 

Tras la caída del Muro y la demostración de que la izquierda ha sido la mayor enemiga de la clase trabajadora, el progresismo buscó nuevas banderas, siempre bajo el mismo patrón, a saber, conflictos sociales gravísimos e irresolubles desde la libertad de la sociedad civil, la propiedad privada y los contratos del mercado.

Así fue como vimos a los comunistas, los mayores violadores de los derechos humanos, transformados en valientes defensores de los derechos humanos. Ellos, atroces contaminadores, convertidos en los más verdes ecologistas. Ellos, que reprimieron brutalmente a los homosexuales, se volvieron entusiastas defensores del orgullo LGTBI. Y ellos, los mayores machistas del abanico político, quieren ser ahora los más feministas del barrio.

Dado el predominio de la izquierda en la cultura, la enseñanza y los medios de comunicación, estas piruetas no son ampliamente denunciadas, y las falsedades que las fundamentan rara vez son cuestionadas. Es el caso de la llamada “brecha salarial”: se insiste en que las mujeres ganan menos que los hombres por hacer el mismo trabajo, y a continuación se nos convoca a que respaldemos la coacción política y legislativa que pretende acabar con tan inicua discriminación.

La noción de brecha salarial es sospechosa teóricamente, porque si de verdad existiera, el paro femenino sería igual a cero, porque los empresarios no serían tan irracionales como para desaprovechar la oportunidad de obtener el mismo rendimiento a un coste menor.

Pasando de la teoría a la práctica, los datos sugieren que la brecha es, efectivamente, una filfa. Como dice el economista Santiago Calvo en un informe que acaba de publicar el Instituto Juan de Mariana, las diferencias salariales se explican fundamentalmente por las características de los trabajadores: “por el mismo trabajo, en las mismas condiciones, y con la misma productividad, hombres y mujeres cobran prácticamente lo mismo” — Mitos y realidades: el feminismo, Madrid, IJM, marzo 2019. El informe analiza las estadísticas que avalan esa conclusión, desde la incidencia del empleo a tiempo parcial, la duración de la jornada, la edad o los cuidados familiares, y también los sectores de actividad: las mujeres trabajan mucho menos que los hombres en el sector de la construcción, pero más en la enseñanza.

La labor del pensamiento crítico será tan ímproba en este caso como en todos los demás que ha esgrimido falazmente el socialismo de todos los partidos antes de rendirse a la evidencia. Ignoramos cuánto tiempo habrá de pasar hasta que se vea masivamente la desnudez del emperador progresista, pero de momento la población será intoxicada con la infausta y ficticia brecha salarial entre hombres y mujeres, que suele cifrarse en un 25 %. Según informó Carmen Morodo en LA RAZÓN, hasta Pablo Casado “promoverá un gran pacto por la igualdad y para eliminar la brecha salarial”.  En fin. Aún peor fue una candidata de Podemos que propuso obligar a las estudiantes a cursar una asignatura de feminismo en el colegio.

Los recelosos de la hegemonía antiliberal, caiga quien caiga, seguiremos en la brecha.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

EL “PERONISMO RACIONAL” Y TRES CARTAS DE PERÓN

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

Ahora que se acercan las elecciones argentinas, es pertinente tener en cuenta lo que aquí dejamos consignado y no solo para este país sino en general como una gimnasia también para otros lares acerca del populismo.

 

En el libro de Silvano Santander Técnica de una traición. Juan D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo en la Argentina se reproduce una fotocopia en alemán de una carta del ministro consejero de la Embajada alemana en Buenos Aires, Otto Meynen, al Capitán de Navío Dietrich Niebuhr O.K.M [Ober Kommando der Marine] en Berlín, fechada el 12 de junio de 1943 traducida al castellano donde consigna que “La señorita Duarte me mostró una carta de su amante [Juan Perón] en la que se fijan los siguientes lineamientos generales para una obra futura del gobierno revolucionario: ´Los trabajadores argentinos nacieron animales de rebaño y como tales morirán. Para gobernarlos basta darles comida, trabajo y leyes para rebaño que los mantengan en brete´ […] Si no me equivoco, ya Mussolini empleó la expresión animales de rebaño para referirse a los analfabetos italianos. Perón sigue la buena escuela.” Firmado O. Meynen al que antepone el consabido “Heil Hitler”.

En un artículo publicado por Claudia Peiró en Infobae el 8 de julio de 2017, se reproduce una misiva mecanografiada de Perón a Mao:

“Madrid, 15 de julio de 1965                                         

Al Sr. Presidente MAO TSE TUNG

Mi querido Presidente y amigo:

Desde este difícil exilio, aprovecho la magnífica oportunidad que brinda el viaje de los jóvenes dirigentes peronistas del MRP, gentilmente invitados por Uds, para hacerle llegar junto con mi saludo más fraternal y amistoso, las expresiones de nuestra admiración hacia Ud., su Gobierno y su Partido; que han sabido llevar a la Nación China el logro de tantas e importantes victorias, que ya el mundo capitalista ha comenzado por reconocer y aceptar.

Su pensamiento y su palabra de Maestro Revolucionario, han calado hondo en el alma de los pueblos que luchan por liberarse -nosotros entre ellos- que nos debatimos, en estos últimos diez años, en marchas y contramarchas propias del proceso de un pueblo, que va preparando las condiciones más favorables para la lucha final contra el Imperialismo Norteamericano y sus aliados permanentes -entre ellos ahora, los actuales dirigentes soviéticos- se equivocan cuando piensan que con el engaño de una falsa coexistencia pacífica podrán detener la marcha de estos pueblos sedientos de justicia en pos de su liberación.-

El ejemplo de CHINA POPULAR, hoy base inconmovible de la Revolución Mundial, permite a los hombres de las nuevas generaciones prepararse para la larga lucha con más claridad y firme determinación.

La acción nefasta del Imperialismo, con la complicidad de las clases traidoras, han impedido en 1955 que nosotros cumpliéramos la etapa de la Revolución Democrática a fin de preparar a la clase trabajadora para la plena y posterior realización de la Revolución Socialista. Pero, de la derrota de esa fecha, hemos recogido grandes ejemplos que nos permiten prepararnos con mucha más firmeza, para que nuestro pueblo pueda tomar el poder y así instaurar la era de gobierno de los oprimidos -la clase trabajadora- única capaz de realizar una política de paz y felicidad para nuestro pueblo. Nuestros objetivos son comunes -por eso me felicito de este contacto de nuestros luchadores con esa gran realidad que son ustedes.

En lo fundamental somos coincidentes, y así lo he expresado muchas veces ante nuestros compañeros, la clase trabajadora y peronista de Argentina. Quedan los aspectos naturales y propios de nuestros países, que hacen a sus condiciones socio-económicas, y que modifican en cierta forma la táctica de lucha.

Los compañeros portadores sabrán explicar de viva voz nuestros puntos de vista, y el gran deseo de que la más profunda y sincera de las amistades se consolide entre nosotros.

Reciba, querido Presidente, las seguridades de nuestros mejores sentimientos. Somos confiantes en el triunfo de la justicia y la verdad. Nada ni nadie podrá detener la hora de los pueblos.

Por el triunfo de nuestras comunes luchas, por el triunfo y la felicidad el Pueblo Chino; por la liberación de los pueblos oprimidos, con toda amistad,

Un gran abrazo,

Juan Perón.”

Por último al efecto de seleccionar tres cartas de la nutrida correspondencia de Perón, escribió a su lugarteniente John William Cooke en los siguientes términos: “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños se quedarán con ella. Los que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de los gorilas y enemigos del Pueblo. Los Suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro. Esto mismo regirá para los simples soldados que realicen una acción militar” (Correspondencia Perón-Cooke, Buenos Aires, Editorial Cultural Argentina, 1956/1972, Vol. I, p. 190).

 

No todos los dirigentes populistas son tan crudos y francos, pero en todos anida la manía de arrogarse facultades de iluminados que les molesta que se los acose pero acosan a los demás de modo sistemático. Son los que consideran a su prójimo como infradotado que siempre hacen las cosas mal en sus vidas, haciendas y con sus hijos por lo que necesitan ser amaestrados por los soberbios del populismo.

 

También Perón proclamó “Al enemigo, ni justicia” (carta de Perón de su puño y letra dirigida al Secretario de Asuntos Políticos Román Alfredo Subiza, cit. por J. J. Sebreli, Los deseos imaginarios del peronismo, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1983, p. 84). En otra ocasión anunció que “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (discurso de Perón por cadena oficial de radiodifusión el 18 de septiembre de 1947, Buenos Aires). Por último, para ilustrar las características del peronismo, Perón consignó que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970).

 

Algunos aplaudidores y distraídos han afirmado que “el tercer Perón” era distinto sin considerar la alarmante corrupción de su gobierno realizada principalmente a través de su ministro de economía José Ber Gelbard quien además provocó un grave proceso inflacionario (que denominaba “la inflación cero”) y volvió a los precios máximos de los primeros dos gobiernos peronistas (donde al final no había ni pan blanco en el mercado), el ascenso de cabo a comisario general a su otro ministro (cartera curiosamente denominada de “bienestar social”) para, desde allí, establecer la organización criminal de la Triple A. En ese contexto, Perón después de alentar a los terroristas en sus matanzas y felicitarlos por sus asesinatos, se percató que esos movimientos apuntaban a copar su espacio de poder debido a lo cual optó por combatirlos y, también  a la vuelta de su exilio, se decidió por abrazarse con Ricardo Balbín (un antiguo opositor que a esa altura se había peronizado).

 

Como hemos apuntado antes, se ha probado una y mil veces la corrupción astronómica del régimen (Américo Ghioldi, Ezequiel Martínez Estrada), su fascismo (Joseph Page, Eduardo Augusto García), su apoyo a los nazis (Uki Goñi y el antes citado Silvano Santander), su censura a la prensa (Robert Potash, Silvia Mercado), sus mentiras (Juan José Sebreli, Fernando Iglesias), la cooptación de la Justicia y la reforma inconstitucional de la Constitución (Juan A. González Calderón, Nicolás Márquez), su destrucción de la economía (Carlos García Martínez, Roberto Aizcorbe), sus ataques a los estudiantes (Rómulo Zemborain, Roberto Almaraz), las torturas y muertes (Hugo Gambini, Gerardo Ancarola), la imposición del unicato sindical y adicto (Félix Luna, Damonte Taborda). ¿Qué más puede pedirse para descalificar a un régimen?

 

Sin embargo, en nuestro medio se recurre a la tragicómica expresión “peronismo racional” una flagrante contradicción en los términos. En realidad una chanza tragicómica. Desde luego que lo dicho no se circunscribe al peronismo, hay sobradas muestras en el mundo de autoritarismos semejantes que operan bajo el rótulo de populismo para significar su concordancia con “los deseos del pueblo”, cuando en todos los casos naturalmente han destruido las posibilidades de progreso moral y material de los gobernados, muy especialmente de los más necesitados, generalmente apoyados por estructuras sindicales basadas en figuras fascistas como la personería gremial y “los agentes de retención” que obligatoriamente echan mano al fruto del trabajo ajeno para que los titulares no dispongan de lo suyo en pos de engrosados bolsillos de matones que la juegan de “protectores de los pobres”.

 

Economías alambradas, inflaciones galopantes, regulaciones asfixiantes, endeudamientos públicos colosales, gastos astronómicos de los aparatos estatales, impuestos insoportables y demás parafernalia son las indefectibles recetas de los populismos siempre estatistas y corruptos.

 

Como también hemos señalado en otras oportunidades, el nivel de vida no se mejora con voluntarismos enfundados en decretos sino en incrementos en las tasas de captitalización (a contracorriente de aquello de “combatiendo al capital”), lo cual, a su vez, solo puede lograrse en el contexto de marcos institucionales civilizados donde se respete el derecho de todos. Las mal llamadas “conquistas sociales” provocan desempleo, especialmente de la gente que más necesita trabajar, al imponer salarios y equivalentes que no se condicen con el nivel de ahorro interno y externo captados en inversiones productivas. Por eso es que en todos los populismos el nivel de vida se contrae lo cual se agrava con el establecimiento de sistemas de pensiones compulsivas y quebradas por un nefasto procedimiento de reparto.

 

Las redistribuciones de ingresos operadas desde los aparatos estatales necesariamente van a contracorriente de las asignaciones realizadas por los consumidores según sean sus prioridades y requerimientos. El machacar con el igualitarismo de resultados siempre conspira contra mejores ingresos para la población puesto que arrancan el fruto del trabajo de los más eficientes que son precisamente los que permiten el ascenso en la pirámide patrimonial a los que vienen desde la base, situación que es bloqueada y saboteada por impuestos que no permiten la movilidad social según la capacidad de cada cual de servir a sus semejantes.

 

En este cuadro de situación se termina por favorecer a pseudoempresarios que se alían con el poder político para usufructuar de privilegios que permiten explotar miserablemente a sus semejantes. No es necesario mostrar que peronismo deriva de Perón por lo que ese estigma está presente en todos sus partidarios de cualquier vertiente que no pueden alegar ignorancia del significado de las palabras a que recurren. No resulta posible a esta altura desconocer segmentos decisivos de la historia, en este caso, argentina. No podemos mirar para otro lado ni jugar a los distraídos.

 

En el caso que nos ocupa principalmente en esta nota, sería bueno para los argentinos que, como primer paso, nos diéramos cuenta de la importancia de respetar principios republicanos elementales y en esa línea argumental supiéramos leer adecuadamente nuestra propia historia para no repetir los tumbos que hasta ahora han sido causados por peronismos e imitadores de peronismos.

 

De esos flancos -como están flojos de papeles- solo se les ocurre contestar con tragicómicas calificaciones como la de “gorila” a quienes se oponen al autoritarismo, pero ni siquiera son originales en esto. Fue Aldo Cammarota quien en plena efervescencia conspirativa, en marzo de 1955, parodió en su programa radial “La revista dislocada” la producción cinematográfica Mogambo filmada en África con Clark Gable y Eva Gardner en la que un fulano asustado frente a cada ruido en la selva exclamaba “deben ser los gorilas, deben ser”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

¿FLEXIBILIZAR O LIBERAR EL TRABAJO?

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Aparecieron algunas declaraciones en Francia y en Brasil sobre una eventual “flexibilización” del mercado laboral y en Argentina, frente a varias requisitorias periodísticas los gobernantes niegan la denominada flexibilización pero se declaran a favor de aliviar costos laborales a través de negociaciones sectoriales. En verdad no resulta claro el significado de esas políticas aunque tiende a sacarse de encima ciertas rigideces legales que no permiten arreglos contractuales libres y voluntarios pero, sin embargo, mantienen estructuras autoritarias.

 

Si se desea contar con  un mercado laboral en el que las partes respeten lo acordado libremente sin intromisiones directas o indirectas de los aparatos estatales y consecuentemente sin interferencias sindicales que en definitiva perjudican a los trabajadores, si se apunta a esto debe liberarse el mercado y no simplemente flexibilizarse.

 

Al efecto de clarificar el tema debemos comenzar por señalar en primer término que cuando se alude al trabajo se trata de todos los que trabajan, lo cual contradice una supuesta distinción entre “el capital y el trabajo”, por un lado, porque los bienes de capital no pueden contratar, son inanimados, y, por otro, es como si los administradores de esos bienes no trabajaran para su sustento y el de su familia.

 

Menos aun tiene sentido hacer referencia a una supuesta “clase trabajadora” para circunscribirla a los que están en relación de dependencia lo cual es consecuente con la visión marxista de clase de persona en el contexto de su teoría del polilogismo donde el proletariado tendría una estructura lógica diferente de la del burgués sin nunca aclarar en que se diferencian de los silogismos aristotélicos.

 

Una vez despejado lo dicho debemos precisar que en un mercado libre no hay tal cosa como sobrante de aquél factor esencial para brindar servicios y para producir bienes cuyas necesidades son ilimitadas en relación con los recursos disponibles. Es decir, por el principio de no contradicción, una cosa no  puede ser escasa y al mismo tiempo sobrante. Entonces, el desempleo involuntario es un imposible en un mercado abierto para personas normales.

 

Cuando observamos que en cierto lugar hay desocupación es necesariamente debido a interferencias legislativas que, por ejemplo, establecen salarios superiores a los de mercado. Precisemos también que la única causa de los salarios e ingresos en términos reales son las tasas de capitalización, es decir, el monto de inversiones que hacen de apoyo logístico al trabajo para incrementar su productividad.

 

Si los salarios están en cierto nivel y se dispone su aumento por decreto, los primeros perjudicados son los trabajadores marginales que son los que más necesitan del empleo debido a que en ese caso las tasas de capitalización reflejan salarios menores a los decididos por el decreto en cuestión. Sin duda que resultaría muy atractivo si se pudiera elevar el nivel de vida de la gente por decreto, en cuyo caso no habría que andarse con mezquindades y convertir a todos en millonarios. Pero desafortunadamente las cosas no son así. Los salarios más altos en Estados Unidos respecto de Uganda no lo son  debido a una legislación más jugosa ni debido a que los empresarios son más generosos que en otras partes. Se debe a mayores tasas de capitalización. Del mismo  modo, los bajos salarios en Uganda no lo son porque la los gobernantes les falte imaginación para elevarlos por decreto, se debe a la escasez de inversiones.

 

Lo dicho en modo alguno va solo para obreros, éstos son los principales perjudicados porque el embate de la legislación laboral destruye su trabajo pero si esa legislación pretendiera abarcar a los gerentes imponiendo remuneraciones superiores a los de mercado, ellos, los gerentes, quedan sin encontrar empleo.

 

Tampoco hay tal cosa como “desempleo friccional” (que se produciría en la transición entre un trabajo y otro) puesto que bajando lo suficiente la remuneración pretendida se logra la ocupación ya que las necesidades son ilimitadas frente al siempre escaso factor laboral. Si se produce desempleo en la transición es desempleo voluntario no involuntario ya que se apunta a una retribución al momento superior a lo que ofrece el mercado, por lo que se prefiere esperar a una mejor oportunidad y no aceptar lo que se ofrece en esas circunstancias.

 

Respecto a los sindicatos es menester reiterar que en una sociedad libre se trata de asociaciones cuyos fines lo deben establecer los sindicados, siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros. Pero son absolutamente incompatibles con la libertad sindical figuras como la llamada “personería gremial” muy distinta de la simple personería jurídica con la que debe contar toda asociación lícita. La antedicha personería gremial es una figura fascista calcada de la Carta di Lavoro de Mussolini que convierte a los sindicatos en piezas autoritarias. Toda manifestación de monopolio sindical, de usufructo compulsivo de obras sociales, de afiliaciones obligatorias de modo directo o indirecto, de aportes y descuentos forzosos constituyen prepotencias que afectan gravemente a los trabajadores.

 

Por su parte, las huelgas pueden entenderse como el derecho a no  trabajar que tiene todo trabajador en cualquier momento si da cumplimiento a acuerdos anteriores, pero lo que no es aceptable es la huelga entendida como un procedimiento intimidatorio y violento en el que no se permite que los que están en desacuerdo trabajen y otras arbitrariedades semejantes.

 

Hay determinadas legislaciones que son en verdad insultos a la inteligencia, como por ejemplo el denominado “aguinaldo”, a saber, un sueldo anual que se presenta como adicional, estirando el calendario. En realidad no se puede alargar el año por una disposición gubernamental: son doce meses no trece, si se paga un sueldo adicional quiere decir que se habrá disminuido el pago mensual durante los  otros doce meses ya que, como queda dicho, los salarios dependen de las tasas de capitalización y no de un voluntarismo trasnochado.

 

Lo mismo va para las vacaciones, las normas de seguridad en el trabajo, los  descansos dominicales, los  paréntesis por  maternidad, horarios  laborales y demás beneficios. Más aun, cuanto mayor las inversiones, mayores serán los  beneficios: cuando un funcionario reclama determinada música funcional, determinada pintura para su oficina, cierto confort en la planta industrial o el dormir siesta en el lugar de trabajo, se logra debido a las tasas de capitalización vigentes. En esa situación si el empleador  no acepta lo dicho, se quedará sin personal.

 

En  otros términos, lo que se conoce como “conquistas sociales” impuestas por la autoridad pueden solo  producir uno de dos resultados: si están por debajo o son equivalentes a lo que marcan las tasas de capitalización, el resultado  es neutro, pero si son superiores a esas tasas, como se ha visto, el resultado  es el desempleo (y si se pretende disimular con emisión monetaria para convalidar esas “conquistas”, el resultado es la inflación, o sea el recorte en el poder adquisitivo de los trabajadores).

 

Los marcos institucionales deben circunscribirse al respeto irrestricto a lo estipulado, en otros términos a la aplicación de todo el rigor de la ley cuando hay fraude o engaño cualquiera sea la circunstancia. En este sentido, es indignante observar que van  presos los  ladrones de gallinas pero no van presos empresarios que han estafado a sus clientes o engañado a sus empleados (generalmente son los  prebendarios que explotan  a la gente a través de su alianza con el poder político para contar con mercados cautivos).

 

También las legislaciones contemporáneas suelen imponer “participación en las ganancias”, “cogestión” o ambas disposiciones. En el primer caso se establece por ley que tales y cuales trabajadores deben  participar en las ganancias  lo cual desvía los siempre escasos recursos a otras áreas distintas a las establecidas por medio de arreglos contractuales libres, lo cual consume capital, situación que no solo perjudica el servicio en cuestión sino  que reduce salarios.

 

Por su lado,  la “cogestión” impone administradores distintos de los que los consumidores han elegido a través de sus compras y abstenciones de comprar en el mercado, lo cual también no solo desmejora la calidad del servicio sino que contre salarios debido al desperdicio de factores de producción.

 

Dadas las concepciones atrabiliarias que muchas veces rodean a las relaciones laborales, debe enfatizarse que en toda ocasión el respeto debe ser recíproco. Ilustro la idea con el siguiente ejemplo: supongamos que el autor de estas líneas trabaja para el lector de esta nota en casa de este último, esto no significa que al suscripto le asistan derechos sobre la casa y el patrimonio del lector. Se trata de un arreglo contractual que dura mientras dure la relación laboral. Cuando el lector ya no me necesita no puedo exigirle que me siga contratando. Del mismo modo, si decido dejar el trabajo tengo todo el derecho de hacerlo. Estos comportamientos no significan que no pueda incluirse en el contrato las condiciones de una desvinculación. Decimos esto porque no es infrecuente que los contratados pretendan manejar las vidas y los emprendimientos de los contratantes como si fueran propias, y en no pocas ocasiones con el apoyo logístico de los gobernantes de turno. El empleador debe ser muy cuidadoso de lo convenido con el empleado, de lo contrario debe ser severamente penado y el empleado debe también ser respetuoso del contrato laboral libre y voluntario.

 

Se suele argüir que no es válido un contrato entre quienes cuentan con muy distintos patrimonios sin percatarse que esto es absolutamente irrelevante. Si el millonario de una comunidad ofrece una remuneración menor a la que establece el mercado, sencillamente no contará con la colaboración requerida sin importar el volumen de su cuenta corriente (o, para el caso, sin importar si está quebrado: el salario de mercado es el salario de mercado que no depende de las ganas de las partes sino de las inversiones).

 

También es de interés señalar que hay cada vez más relaciones laborales que no exigen horarios ni lugares específicos de trabajo sino el cumplimiento de objetivos y, asimismo, trabajos que oscilan en cuanto a los contratantes para muy diversos propósitos.

 

En otras palabras, el caza-bobos de las “conquistas sociales” (más bien “derrotas antisociales”) son una barrera formidable para el progreso de los trabajadores, constituyen una máscara peligrosa que esconde un arma muy potente para relegar a un segundo plano a los que más necesitan con cantos de sirena utilizados en procesos electorales. Por tanto, no se trata de flexibilizar sino de liberar el trabajo al efecto de dar rienda suelta a la creatividad en el contexto del respeto al fruto del trabajo ajeno. Flexibilizar es algo ambiguo, confuso y muy timorato.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

LA LLAMADA “CLASE SOCIAL” Y LA IDEA DE “RAZA”

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

El uso de las palabras para trasmitir conceptos no es un asunto menor. Tengo dos motivos para no recurrir a la expresión “clase social”. En primer lugar, la idea clasista de manera sistematizada procede de Marx (con anterioridad se utilizaba de un modo un tanto ambiguo y en direcciones distintas a las marxistas) quien sostenía que “la clase proletaria” tiene una estructura lógica diferente de “la clase burguesa” lo cual se conoce como la teoría del polilogismo, aunque ningún marxista ha explicado nunca en que consisten concretamente las ilaciones y los silogismos lógicos que diferencian uno de otro (solo hay los silogismos aristotélicos o, para ponerlo más contemporáneamente, los que enseña Irving Coppi en su célebre texto con muchas ediciones en todos los idiomas).

 

Hitler y sus sicarios, después de sus descabelladas, embrolladas y reiteradas clasificaciones con la intención de distinguir “la raza” aria de la judía (sin perjuicio de su confusión con lo que es una religión), adoptó la visión marxista y concluyó que se trata de “una cuestión mental”, mientras tatuaba y rapaba a sus víctimas para diferenciarlas de sus victimarios. A lo dicho cabe enfatizar que en todos los seres humanos hay solo cuatro posibilidades de grupos sanguíneos y que las características físicas son el resultado de la ubicación geográfica.

 

Esta es la primera razón para rechazar los términos “clase social” y la segunda es que considero repugnante aludir a la “clase baja”, estúpida y frívola la referencia a la “clase alta” y anodino el uso de “clase media” (para no decir nada de los galimatías de la “media alta”, la “media baja” etc.)

 

Soy consciente que encuestadores, sociólogos y algunos integrantes de otras profesiones utilizan las referidas expresiones, pero cuando uno indaga que quieren trasmitir nos percatamos que en última instancia aluden a categorías de ingresos, por lo cual es mejor decir eso sin rodeos y malos entendidos: ingresos bajos, ingresos medios e ingresos altos.

 

A esta terminología peculiar se agrega la de “clase trabajadora” que de por si sola significa la adhesión a la teoría de la explotación marxista puesto que necesariamente se desprende que unos trabajan y otros “chupan la sangre de los trabajadores”, lo cual es subrayado cuando se alude a “las relaciones entre el trabajo y el capital” como si fuera posible que equipos, herramientas e instalaciones pudieran pactar y negociar. En verdad se trata de distintos tipos de trabajo que se unen con propósitos de mejora.

 

Ya se ha dicho antes hasta el hartazgo que los salarios y las condiciones laborales en general no dependen de la voluntad ni del capricho de nadie sino de las tasas de capitalización que marcan los ingresos en términos reales. La información es rápida, si se contrata una asistente por salarios menores a los que establece la inversión disponible, seguramente la experiencia no pasará de la hora del almuerzo puesto que la interesada se enterará de inmediato.

 

Como también se ha consignado, en un mercado libre tampoco tiene nada que ver el patrimonio neto de las partes contratantes. El millonario de la comunidad si desea pintar su casa, por definición lo debe hacer al salario de mercado puesto que si ofrece menos su casa queda sin pintar.

 

En algunas oportunidades se pretende ahondar en el asunto de las “clases sociales” para concluir que no solo se trata de una cuestión de ingresos sino de educación, de “formas de ser y decir” y de conductas en general. Pero este es un razonamiento circular. Por supuesto que si uno va a un colegio inglés aprenderá inglés y si uno va a uno japonés aprenderá japonés y así sucesivamente, pero esto no marca “una clase de persona” puesto que todos comparten la misma naturaleza. El relativamente pobre que se gana una jugosa lotería pasa a ser rico y el rico que quiebra pasa a ser pobre aunque eventualmente le queden los rastros de ciertos refinamientos que no han sido adquiridos por ser de “una clase” sino sencillamente por haber accedido a determinada educación que cualquiera puede hacer si tiene los medios u obtiene las becas correspondientes.

 

Si uno se toma el trabajo de leer aunque más no sea algo de lo escrito sobre “clases sociales” se verá incluso que hay quienes sienten que pierden su identidad si no pertenecen a “una clase” establecida por la literatura convencional, sin duda anémicos de autoestima y sentido de dignidad.

 

Tal como apuntamos, debido al estrecho parentesco entre el análisis clasista y el racismo y que esto último a su vez se lo ha vinculado al antisemitismo (aunque como dijimos se trata de una religión), reitero lo escrito antes sobre la materia lo cual para nada suscribe el inaceptable salto lógico de sostener que los que usan la expresión “clase social” tengan ribetes judeofóbicos, se trata de evitar, a veces, algunas trampas subterráneas que conducen a lugares oscuros o cuando menos pastosos a los que no se quiere ir.

 

Después de todas las atrocidades criminales que han ocurrido en el mundo perpetradas contra los judíos, todavía existe ese perjuicio bárbaro que se conoce como “antisemitismo” aunque, como bien señala Gustavo Perednik, es más preciso denominarlo judeofobia puesto que esa otra denominación inventada por Wilhelm Marr alude al así denominado “semita” en un panfleto de 1879 que no ilustra la naturaleza de la tropelía.

 

Spencer Wells, el biólogo molecular de Stanford y Oxford, ha escrito que “el término raza no tiene ningún significado”. En verdad constituye un estereotipo. Tal como explica Wells en su obra mas reciente (The Journey of Man. A Genetic Odyssey), todos provenimos de África y los rasgos físicos, como queda dicho, se fueron formando a través de las generaciones según las características geográficas y climatológicas en las que las personas han residido. Por eso, como también he escrito en otra ocasión, no tiene sentido aludir a los negros norteamericanos como “afroamericanos”, puesto que eso no los distingue del resto de los mortales estadounidenses, para el caso el que éstas líneas escribe es afroargentino.

 

La torpeza de referirse a la “comunidad de sangre”, como también hemos apuntado más arriba, pasa por alto el hecho que los mismos cuatro grupos sanguíneos que existen en todos los seres humanos están distribuidos en las personas con los rasgos físicos más variados. Todos somos mestizos en el sentido que provenimos de las combinaciones más variadas y todos provenimos de las situaciones más primitivas y miserables. Darwin y Dobzhansky -el padre de la genética moderna- sostienen que aparecen tantas clasificaciones de ese concepto ambiguo y contradictorio de “raza” como clasificadores hay.

 

El sacerdote católico Edward Flannery exhibe en su obra publicada en dos tomos titulada Veintitrés siglos de antisemitismo los tremendos suplicios que altos representantes de la Iglesia Católica le han inferido a los judíos, entre otras muchas crueldades, les prohibían trabajar en cualquier actividad que no fuera el préstamo de dinero y, mientras los catalogaban de “usureros”, utilizaban su dinero para construir catedrales. Debemos celebrar entusiastamente el espíritu ecuménico y los pedidos de perdón de Juan Pablo ii en nombre de la Iglesia, entre los que figura, en primer término, el dirigido a los judíos por el maltrato físico y moral recibido durante largo tiempo.

 

Paul Johnson en su Historia de los judíos señala que “Ciertamente, en Europa los judíos representaron un papel importante en la era del oscurantismo […] En muchos aspectos, los judíos fueron el único nexo real entre las ciudades de la antigüedad romana y las nacientes comunas urbanas de principios de la Edad Media; […] La antigua religión israelita siempre había dado un fuerte impulso al trabajo esforzado […] Exigía que los aptos y los capaces se mostrasen industriosos y fecundos, entre otras cosas, porque así podían afrontar sus obligaciones filantrópicas. El enfoque intelectual se orientaba en la misma dirección”. Todos los logros de los judíos en las más diversas esferas han producido y siguen produciendo envidia y rencor entre sujetos acomplejados y taimados.

 

Por otro lado, los fanáticos no pueden digerir aquello del “pueblo elegido” y arrojan dardos absurdos como cuando sostienen que “el pueblo judío crucificó a Cristo” sin percatarse, por otro lado, que fueron tribunales romanos los que lo condenaron y soldados romanos los que ejecutaron la sentencia. De todas maneras, una de las primeras manifestaciones de una democracia tramposa en la que por mayoría se decidió la aniquilación del derecho, se puso de manifiesto en la respuesta perversa a la célebre pregunta si se suelta a Barrabás o Cristo y, por otro lado, en modo alguno puede permitirse la imbecilidad de atribuir culpas colectivas y hereditarias y no permite eludir la responsabilidad a quien pretendió “lavarse las manos” por semejante crimen.

 

Personalmente, como ser humano y como católico, me ofenden hasta las chanzas sobre judíos y me resulta deleznable toda manifestación directa o encubierta contra “nuestros hermanos mayores” y la canallada llega a su pico cuando quien tira las piedras pretende esconder la mano con  subterfugios de una felonía digna de mejor causa. Buena parte de mis mejores profesores han sido de origen judío o judíos practicantes a quienes aprovecho esta ocasión para rendirles un sentido homenaje de agradecimiento.

 

Entonces, en no pocos casos, aunque como hemos apuntado no se siga lo uno de lo otro, debido al antedicho parentesco entre la noción de “clase social” del marxismo y “raza” del nacional-socialismo, en ocasiones se produce un deslizamiento implícito a veces involuntario e inocente que debe evitarse a toda costa, además de lo impropio e inconducente de la primera expresión y lo peligroso e inexacto de la segunda.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.