El ala liberal de Donald Trump

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 23/9/16 en: https://es.panampost.com/alejandro-chafuen/2016/09/23/liberales-que-apoyan-a-trump/

 

liberales que apoyan a Trump
Si bien tengo mis reservas sobre el candidato Republicano, tengo más discrepancias con Hillary, como muchos liberales que apoyan a Trump. (Wikimedia)

Cuando Donald Trump se tiró al ruedo de las elecciones primarias en Estados Unidos, muchos pensaron que lo hizo para tantear el territorio e incrementar su prestigio y el de su marca. Quizás esa era la intención.

Pero los votantes Republicanos, e incluso los independientes y afiliados al Partido Demócrata que votaron en algunas de las primarias abiertas, dijeron otra cosa: votaron en forma abrumadora por Trump. En segundo lugar votaron por Ted Cruz, un candidato también considerado anti statu quo y rebelde.

Es entendible que los defensores de intereses de los políticos, comerciales, y medios de difusión constantemente atacados por Trump traten de mostrar solamente su lado y sus posiciones más negativas. Lo mismo sucede con la difusión de los pormenores de los equipos de asesores que ha estado armando.

Yo no comparto muchas posiciones, y menos el estilo, del candidato republicano, pero dado el sesgo de las noticias y especialmente las que se diseminan en el exterior, me parece importante que los que siguen esta elección tan importante conozcan otro mundo de Trump: el mundo de sus asesores comprometidos con la promoción y defensa de la sociedad libre.

En el equipo económico, la figura más conectada con el mundo de las ideas de libertad es Steve Moore. Moore tuvo una carrera muy exitosa en el Instituto Cato, de tendencia libertaria. Allí se convirtió en el economista con más conocimiento de la performance económica y fiscal de los estados provinciales de Estados Unidos. También se convirtió en un gran defensor de los inmigrantes. Su postura era muy cercana a lo que se llama “open borders” o política de puertas abiertas a los inmigrantes.

Moore luego fundó el “Club del Crecimiento”, un fondo de financiamiento de políticos conservadores liberales, de la tradición de Ronald Reagan, que competían dentro del Partido Republicano.

Algunos donantes poderosos criticaron a Moore por su supuesto sesgo en favor de candidatos provida y profamilia. De allí, Moore pasó al Wall Street Journal, ocupando un rol importante en sus páginas editoriales.

Cuando el think tank conservador más poderoso, especialmente por su presupuesto y cientos de miles de donantes, la Fundación Heritage, necesitaba reforzar su imagen en el mundo liberal y analítico, decidió contratar a Steve Moore como Economista en Jefe. Hoy muy enfocado en la campaña de Trump, su rol cambió al de investigador asociado.

El expresidente y cuasifundador de Heritage, Edwin J. Feulner, de impecable tradición conservadora, y expresidente de las asociaciones académicas de más prestigio liberal y conservador como la Sociedad Filadelfia y la Sociedad Mont Pelerin, también se sumó con un cargo importante en el equipo de transición de Trump.

Este equipo es liderado por el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, una especie de Trump de la política. Christie tiene una reputación de moderación y bipartidismo en políticas públicas, pero al igual que el candidato presidencial republicano tiende a ser inmoderado en sus discursos y muy duro con los que se le cruzan.

Parece paradójico que uno de los economistas más proinmigración como Moore tengan un rol tan alto en el equipo de asesores de Trump. También paradójico, que uno de los economistas que más ayudó a impulsar el libre comercio en las Américas, David Malpass, sea parte del equipo. Malpass comenzó a trabajar en favor de la liberación del comercio cuando fungía como subsecretario de estado durante la administración de George H. W. Bush.

Entre las economistas femeninas del equipo, vale la pena mencionar a Judy Shelton. En el pasado, cuando era investigadora de la Institución Hoover, en la Universidad de Stanford, Shelton fue la única académica que predijo la crisis monetaria rusa de 1997.

Shelton fue vicepresidenta del consejo de dirección del Fondo Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy) durante el período 2010-2014 y hoy es codirectora del Proyecto de Moneda Sana de la Atlas Network.

Otra colaboradora, Brooke Rollins, es la presidenta del Texas Public Policy Foundation (TPPF), el think tank liberal tejano que más ha crecido.

Hablando de think tanks liberales, el compañero de fórmula de Trump, Michael Pence, actual gobernador de Indiana, también fue presidente de un think tank. A comienzos de los años 90, dirigía el Indiana Policy Review Foundation, y ha sido un participante activo en programas de organizaciones que promueven la libertad económica.

Los índices que miden el respeto por el estado de derecho muestran una caída preocupante de Estados Unidos. Existe gran preocupación en el mundo conservador por este deterioro. Son las bases de grandes votantes conservadores que han puesto gran presión en el Senado de Estados Unidos para que el candidato nominado por el presidente Obama para ocupar el cargo dejado vacante por la muerte del juez Antonin Scalia (1936-2016) ni siquiera sea considerado.

A fines del año pasado, durante una reunión de la organización conservadora con más poder de convocatoria en Estados Unidos, me tocó ser testigo cuando Donald Trump aceptó contestar preguntas de los miembros en forma confidencial (sin acceso a la prensa).

Una de la preguntas fue: ¿Qué personas como las representadas aquí usted pondría en su equipo de gobierno? La respuesta de Trump me sorprendió: “Creo que necesitamos más jueces como Clarence Thomas en la Suprema Corte.” Thomas representa el ala más conservadora de la corte, defensor de las libertades de mercado basadas en los derechos naturales e inalienables de la persona humana.

A las pocas semanas de esa declaración en una reunión privada, durante una entrevista pública, Trump causó turbulencia en el electorado Republicano cuando dijo que su hermana sería buena jueza de la Corte Suprema. La hermana de Trump está identificada más con la izquierda y con posiciones casi opuestas a las de Clarence Thomas.

Las aguas no solo se aquietaron sino que empezaron a moverse a su favor cuando Trump pidió recomendaciones a las asociaciones de abogados y think tanks más involucrados en temas de estado de derecho. Su lista final de candidatos a la Suprema Corte durante su mandato es considerada tan estupenda por los sectores académicos de centro derecha que Trump, en este campo, consiguió un apoyo casi unánime desde el sector no-estatista de los expertos.

Además de la economía y del estado de derecho, otro tema que preocupa al electorado es el de seguridad nacional e internacional. Aquí Trump, al igual que Hillary Clinton, tiene el apoyo de expertos de distintas afiliaciones políticas.

Este empresario convertido en político lidera con amplitud los sondeos dentro de los votantes que han pasado por las fuerzas de defensa. Dentro de los afiliados al Partido Demócrata, los más famosos asesores de Trump son el Teniente General (ret) Michael T. Flynn, exdirector de la Agencia de Inteligencia de Defensa, y James Woolsey, exdirector de la CIA en tiempos de nada menos que Bill Clinton.

También, el colaborador más cercano en temas de seguridad interna es el exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani. Antes de la llegada de este último a la intendencia de Nueva York, la ciudad estaba en larga caída. Luego de su paso, la ciudad comenzó a recobrar su esplendor. Entre aquellos que han sido sumados en distintos roles en el área de seguridad que más conozco están el exembajador Curtin Winsor Jr., cuya tesis doctoral fue sobre Argentina; el exsecretario de prensa del Pentágono , J.D. Gordon (ambos hispanoparlantes); y también Walid Phares, experto en Medio Oriente.

Me siento obligado nuevamente a señalar que no comparto varias de las posturas del candidato Republicano. Tengo más discrepancias, empero, con la otra candidata con posibilidades a la presidencia.

Como cada vez que hablo con amigos de la libertad en el extranjero, tanto en Europa como en Latinoamérica, encuentro que casi nadie sabe de que gente capaz, comprometida por la libertad, pese a tener sus dudas, han decidido colaborar con Trump, me parece apropiado mencionarlos.

Estados Unidos enfrenta una elección muy peligrosa, donde en ciertos temas parece que hay una carrera en ver quién es más populista: Trump propone US$10 de salario mínimo nacional y Clinton US$15.

Difíciles tiempos para los amigos de la libertad en Estados Unidos, pero no es todo blanco y negro, y es de esperar que las instituciones republicanas sean suficientemente fuertes para soportar el sacudón que se viene.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

Donald Perón Versus Evita Clinton

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 6/6/16 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2016/06/06/donald-peron-versus-evita-clinton/#3a480a2951eb

 

Five years ago, the two candidates headed for the final round of the presidential election in Peru raised fears among friends of the free society. Nobel Laureate Mario Vargas Llosa stated that choosing between them was like choosing whether to die from HIV or cancer. Ollanta Humala, winner of the contested presidential election, is about to finish his mandate, and widespread fears did not materialize. Peru did not die. In fact, several of Vargas Llosa’s allies ended up joining President Humala’s administration.

Similar fears permeate in the United States today, especially among those who understand and cherish the essential aspects of the American dream. Pundits have sought to compare this country’s political situation with recent Argentine history. For instance, a recent article by Bill Kristol, entitled “The United States of Argentina?” warns that any of the frontrunners (including Bernie Sanders) would turn the United States in an “Argentina.” This comment has not been exclusive to pundits; in a CNBC interview, Donald Trump himself cautioned voters that if he does not win, the United States would turn into an “Argentina or a Venezuela.”

When people mention “Argentina” in negative terms, they are not referencing the country that, from 1853 to the 1940s, experienced record development. This period of growth began with the adoption of a constitution that respected life, liberty and the pursuit of happiness and established strong protections to private property. Thanks to this constitution, Argentina attracted scores of immigrants from Europe. Despite harboring many contradictions and weaknesses, that era is often remembered as the “Argentine miracle.”

The beginning of Argentina’s decay is rightly associated with the rise of Juan Domingo Perón (1895-1974). Perón became a leading political figure and president from 1946 until 1955, after a 30 year career in the military. In a previous Forbes article I described how he implemented many of the policies of Fascist Italy in Argentina. At his side, Perón had his charismatic wife, Evita Perón (1919-1952). Both Juan Domingo Perón and Evita are still widely revered in Argentina. If friends of liberty are concerned about the Argentinization of the United States, they should look closely at the doctrines and actions of Juan Domingo and Evita Perón. What, if anything, do Donald Trump and Hillary Clinton have in common with the Perón’s personalities and policies?

Republican presidential candidate Donald Trump (JOSH EDELSON/AFP/Getty Images)

The Times of London once described Juan Domingo Perón as “well-loved and well-hated dynamic, dashing, picturesque, colorful, and often reckless. … Argentina’s most vivid person” (Feb 23, 1946); these descriptors could also be applied to Donald Trump. Like Perón, Trump’s background includes the military; he attended the New York Military Academy for high school and then the University of Pennsylvania. Peron’s 30 years in active military service left a much deeper mark in his character and methods, as did his studies of German and Italian armed forces and political strategy.

Evita, in turn, was described by historian David Rock as “this dynamic, captivating, magnetic, but also mercurial and vindictive woman [who] wielded power that was never defined nor formalized, and which was therefore often unchecked and unlimited.” The description fits more Hillary as first lady than in her later, more defined and formal career in government.

Perón’s first political party was the Labor “Workers” Party, which counted on support from labor unions. It soon became part of the Justicialista Party, the “social justice” party founded by Perón. Donald Trump’s call for turning the Republican Party into a worker’s party gave ammunition to those who compare him with Perón. But strong labor union support was the backbone of Peronism. In terms of support (financial and otherwise) from labor unions, Hillary is the most Peronist candidate. Peronist focus on a statist and redistributionist conception of social justice also resembles the tone of the ideals championed by Hillary Clinton. Juan and Evita Perón pushed for the growth of the welfare state; their goals were similar to those proposed in 1942 by Lord Beveridge (1879-1963) in the U.K. Hillary Clinton’s policies are much more aligned with a welfare state ideology than Trump’s; Trump shuns most ideologies. Take healthcare: In 1946, soon after winning the presidency, Perón pushed for the semi-socialization of the healthcare system.

That’s not to say that Hillary is similar to Evita on all fronts. Evita Perón championed voting rights for women, but chided traditional feminists. She frequently attacked socialists and communists, and on many occasions invoked Christianity and its sacred symbols into her speeches. Evita played an adulatory role for her husband; she once stated that Perón resembled those geniuses “who created new philosophies and new religions. I will not commit the heresy of comparing him with Christ . . . but I am sure that, imitating Christ, Perón feels a profound love for humanity, and that it is this, more than any other thing, which makes him great, magnificently great.” Evita encouraged all to call her husband “Our Leader.” Although Trump’s wife Melania, has stressed his leadership qualities, I doubt that she, or anyone else will refer to Trump as “our leader.”

Democratic presidential candidate Hillary Clinton (GABRIELLE LURIE/AFP/Getty Images)

In “charitable” activities, Hillary seems much more “Peronist.” Evita, like Clinton, also had her name on a foundation. Evita’s foundation was created by a government decree and supported by government schemes and private gifts. The numerous handouts and free services offered helped enhance her image and securing for herself the unofficial title of “Spiritual Chief of the Nation.” At its peak (in 1951),Fundación Eva Perón had a budget equivalent to 0.6% of Argentina’s GDP. It was understood that if you wanted to do business in Argentina, you had to donate to her foundation. Trump has yet to occupy political office, so he has more experience in how to “buy” than sell access to politicians.

Perón championed rent control, which caused tremendous damage to the Argentinean housing market. There is nothing in Donald Trump’s DNA that would make him push for rent control. Hillary’s plan for affordable housing is based on increased subsidies rather than rent control, but as it plans to subsidize both demand and supply, it will likely increase dependence on government, a typical Peronist outcome and strategy.

In the arena of foreign policy, it’s hard to compare Perón’s Argentina with the United States. Perón championed a “third-way” between communism and capitalism; he gave coverage to the Nazis, but did not engage the country in any war. Hillary has voted for wars; Trump has yet to have a chance.

Few expect that during a Trump or Clinton presidency, the U.S. dollar would lose as much value as the Argentine peso did during Perón’s government. When Perón assumed power in 1946, Argentines needed just over 4 pesos to buy one US dollar. By the time Perón was ousted in 1955, they needed 27. The destruction of sound money of Argentina started soon after the creation of the Central Bank in 1935; Perón turned the bank into a tool for cronyism, and it remained so for most of its history. Trump has criticized currency manipulation, while Hillary has been a willing accomplice of the Fed and its cronies. In a recent piece “Trump’s Problem with the Fed,” sound money champion Judy Shelton quoted Trump as saying, “Bringing back the gold standard would be very hard to do — but boy, would it be wonderful. We’d have a standard on which to base our money.”

In fiscal terms, Perón more than doubled the deficits which went from less than 1% in the previous decade, to 2.5% during his tenure. Government spending in relation to GDP during Perón’s government averaged 11%. It is already double that in the U.S. and both parties are guilty. Hillary has said that if she wins, Bill Clinton will be having an important role in economic policy. Will he repeat his “the era of Big Government is Over?” Does Trump’s supply-side approach indicate that he is a champion of smaller government? It’s hard to say, and this uncertainty continues to have negative effect on the prospects of the U.S. economy.

Argentina’s decline was not solely in the field of economics.Transparency International ranks the country 107 among 168 in corruption. One of Perón’s first acts upon assuming the presidency was to impeach five Supreme Court Justices. Towards the end of his dictatorship, he stated: “No justice to the enemy.” He recommended that the courts should rule using the arguments found in the books on the “Peronist side of the library.” I was recently at a meeting where Trump stated to a crowd of conservative leaders that we needed more people like Clarence Thomas in the courts. His praise for the late Antonin Scalia, and his list of potential nominees makes it a reasonable bet that Hillary’s appointments to the court will be more “Peronist” than Trump’s.

It would be a sad turn of events if the United States succumbs more to “Peronism” at a time when a new Argentinean government is struggling to abandon Peronism’s worst features. The lethal Peronist cocktail that destroyed Argentina requires a strong combination of statist and nationalist policies. Trump wins on nationalism; Hillary wins hands down on statism. Luckily, neither is extreme in combining both.

I see little chance that voters in the United States would put either Trump or Hillary on a pedestal like Argentines did with Juan Domingo Perón and the equally charismatic Evita. As I think my analysis above has shown, there’s a chance that despite not falling completely for a cult of leadership, voters might continue to fall into the trap of supporting the cult of top-down government policies that led to Argentina’s staggering decline.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.