El orden internacional después de Helsinski

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2158533-el-orden-internacional-despues-de-helsinski

 

Desde la segunda post-guerra el orden internacional prohijado por Occidente estuvo basado en dos pilares centrales: (i) la promoción de la democracia; y (ii) alentar la apertura del comercio internacional, en el mundo entero. Después de la reciente reunión “cumbre” de Helsinski entre los presidentes de los EEUU y de la Federación Rusa, las cosas son hoy aparentemente algo distintas.

Esos dos pilares antes mencionados han sido ahora sustituidos por Donald Trump por otros cuatro. Distintos, por cierto.

Ellos han sido recientemente identificados nítidamente por Gideon Rachman, como sigue. Primero: lo económico tiene una prioridad absoluta. Lo que deriva en que las relaciones de los EEUU con aquellos países o regiones con los que los EEUU tienen un déficit comercial son ahora tensas y apuntan, esencialmente, a tratar de corregir los desequilibrios comerciales. Segundo: el mundo debe edificarse sobre los Estados y no sobre entes o instituciones multilaterales. Por esto, la abierta antipatía y hasta el rechazo del presidente norteamericano al G-7; a las Naciones Unidas; a la Organización Mundial del Comercio; y a la Unión Europea. También su rechazo a las negociaciones multilaterales y su predilección por el bilateralismo, donde supone que maximiza su peso relativo en el mundo. Y, más aún, sus discrepancias con sus diferentes esquemas reglamentarios, esto es con las reglas que las organizaciones multilaterales, dentro de sus respectivas competencias, dictan. Para Trump, presumiblemente las reglas las debiera dictar siempre el más fuerte. Tercero: El mundo debe edificarse sobre las identidades y sobre sus respectivas culturas y valores. Poco importan, entonces, los principios o valores comunes, como los que tienen que ver con la defensa universal de los derechos humanos o con la promoción de la democracia. Occidente, para él, no es tanto un conjunto de valores, como la suma de las identidades y culturas a defender contra todos quienes procuran desteñirlas. Por todo esto, su notoria aversión a la inmigración.

Las influencias de las naciones más poderosas, los EEUU, China y Rusia, debieran, para Trump, primar en sus respectivas “esferas de influencia”. Por esto, precisamente, su sospechoso rechazo a condenar explícitamente la ilegal anexión rusa de la península de Crimea.

Lo que, en los hechos, quiera o no, significa promover no sólo la supremacía relativa de los EEUU, sino también las respectivas supremacías regionales de China y Rusia, esto es nada menos que reconocer la “multipolaridad” del mundo actual, donde ya los EEUU no aparecen solos en el centro del escenario.

Que el secretario de Estado Mike Pompeo haya recientemente asegurado ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano que los EE.UU. “no reconocen la anexión de Crimea” a Rusia y que, por ende las sanciones económicas impuestas por ello no se levantarán hasta que Rusia “devuelva” Crimea a Ucrania aclara un tanto las cosas. Pero el presidente Trump sigue sin condenar con toda la necesaria claridad la invasión rusa de 2014, lo que es por lo menos sugestivo, particularmente si a ello se suma a su coqueteo personal con Vladimir Putin.

 

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Los preocupantes efectos “no queridos” de las sanciones a Venezuela

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2/3/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2113371-los-preocupantes-efectos-no-queridos-de-las-sanciones-a-venezuela

 

La economía venezolana está ya, realmente, en muy mal estado. Arrastra tres años seguidos de recesión. Ha reducido fuertemente sus importaciones. Su gente vive en medio de la escasez de todo. Incluyendo alimentos y medicamentos. Y su sector industrial funciona apenas al 30% de su capacidad, por la escasez de insumos de todo tipo. La inflación venezolana de este año podría estar en torno al 750%.

En gran medida esto es consecuencia de la pasmosa incapacidad de gestión de la administración de Nicolás Maduro . También de la caída de los precios internacionales del petróleo crudo y de los productos refinados, que todavía generan más del 90% de los ingresos en divisas del gobierno venezolano.

La referida incapacidad de gestión es inocultable. En el 2001, Venezuela producía unos tres millones de barriles diarios de petróleo crudo. Hoy, esa producción es apenas del orden de unos 1,9 millones de barriles diarios y el número de equipos de explotación del crudo que en este momento trabajan en Venezuela es el más bajo desde junio de 2012. No obstante, las exportaciones de crudo venezolano a los EE.UU. son aún del orden de 740.000 barrilas diarios de crudo. Importantes, en consecuencia

En momentos en los que Venezuela -con visibles problemas de liquidez y con reservas internacionales de apenas unos 10 mil millones de dólares- está tratando de renegociar parte de su deuda externa, hay quienes, equivocadamente, creen que la región está frente a una oportunidad histórica de poder sancionar efectivamente a Venezuela por haber abandonado el “orden democrático”, prohibiendo en todo el hemisferio las importaciones de crudo venezolano.

Suponen que ello obligaría necesariamente a Nicolás Maduro a modificar sus conductas autoritarias. Especialmente la relativa a las elecciones presidenciales que Maduro acaba de convocar tempranamente, de modo de impedir a la oposición unificada organizarse a tiempo e intentar derrotarlo con probabilidades de éxito.

Se equivocan, cabe advertir. Presumiblemente, hoy China y Rusia no dejarían caer fácilmente a Venezuela sin reaccionar. Rusia, por razones geopolíticas, fundamentalmente. Cabe recordar que, a manera de señal, quizás, Rusia ha endosado específicamente el torcido -e intempestivo- llamado a una Asamblea Constituyente por parte de Nicolás Maduro. Un tema claramente “interno” de Venezuela, sin duda. China, en cambio, porque necesita importar petróleo.

Ambos países están ya, en rigor, financiando a Venezuela y manteniéndola a flote mediante compras adelantadas y pre-financiadas de petróleo crudo. Hablamos ya de más de 60.000 millones de dólares de asistencia financiera estructurada de ese modo. Con pagos en especie como reembolso de operaciones previas de crédito. También de garantías reales que ya han sido proporcionadas -mediante compras, aún minoritarias, y garantías con acciones-realizadas desde las filiales norteamericanas de PDVSA, esto es desde Citgo- a la empresa privada rusa Rosfnet.

Por esto un grupo de senadores norteamericanos que representan a los estados del país del norte en los que existen refinerías que procesan el crudo venezolano ha advertido a su gobierno que una prohibición a las compras de crudo venezolano afectaría muy seriamente a sus intereses, obligándolas a tener que buscar proveedores sustitutos. El 38% de las exportaciones de crudo venezolano todavía va a los EE.UU. Con el agregado, no menor, de que ello incrementaría las operaciones de Rusia y China en Venezuela. Todo lo cual podría, además, aumentar el costo de los combustibles en los EE.UU., acelerando la tasa de inflación.

Por ello, precisamente, hasta ahora las sanciones norteamericanas contra Venezuela han sido “individuales” o “personalizadas”; esto es dirigidas sólo contra los principales jerarcas del corrupto gobierno venezolano. Sin afectar -como efecto “no querido”- directamente a todos los venezolanos. Por esto se denomina a este tipo de sanciones como “inteligentes”.

Por el momento al menos, la sanción unánime del Mercosur a Venezuela se ha limitado a “aislarla políticamente” del resto de las naciones de la región. Evidenciando que ya no es una democracia. Mientras tanto, sus otras naciones crecen y Venezuela, de contramano, se contrae. Un fuerte 7% de su PBI, el año pasado.

Sin un cambio drástico de rumbo, que hoy luce improbable, Venezuela sólo agravará su desesperante situación económico-social. Y, desgraciadamente, continuará expulsando a parte de su pueblo; a aquellos que, desde hace rato, escapan penosamente del país donde nacieron, en busca de una vida mejor.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Los desafíos de Angela Merkel en su cuarto mandato

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 5/10/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2069387-los-desafios-de-angela-merkel-en-su-cuarto-mandato

 

Angela Merkel, como anticipamos, se impuso claramente, por cuarta vez, en las elecciones nacionales de su país. Aunque con menos margen, desde que ha perdido un millón de votos con los que hasta no hace mucho contara, que han partido hacia otras alternativas. Algunos hacia el centro, otros hacia el populismo, lo que es inquietante. ¿Cuáles son los principales desafíos inmediatos? Especialmente, aquellos con algún impacto más allá de la propia Alemania.

Primero, la reforma de la Unión Europea y la de la llamada “eurozona”. Allí tiene ya empujando al nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, ansioso por avanzar velozmente con sus imaginativas propuestas que apuntan a la profundización de la integración continental, a la que hoy muchos europeos se resisten. Ellas son altamente complejas: suponen un presupuesto europeo unificado, un parlamento común, una suerte de Mini Fondo Monetario europeo y un ministro de Finanzas único para Europa. Nada fáciles de digerir. Más aún en Alemania. Pero eso es lo que Macron está ya poniendo sobre la mesa.

Merkel ha tratado de reducir cuantitativamente esas propuestas y atarlas a un presupuesto común menor en su envergadura. Pero las propuestas, igual no lucen demasiado factibles. La presencia de los populistas en el Parlamento alemán hará más difícil avanzar en dirección a perfeccionar la integración en la Unión Europea. A lo que cabe agregar que los socios de centro en una posible nueva coalición de gobierno, que alguna vez fueran claramente partidarios de ese objetivo, tienen hoy, en cambio, un alto grado de “euroescepticismo”, lo que es un cambio que no ayudará al tándem Merkel-Macron a lograr el objetivo antes mencionado.

Segundo, la necesidad de adoptar un rol más protagónico en el escenario mundial, por la defección de Donald Trump en la tarea de defender los valores centrales de Occidente y ante el fuerte aumento de la influencia y presencia de China y Rusia en todos los rincones del mapa. Esto requerirá previsiblemente que Alemania cumpla, de una vez, sus promesas y aumente su músculo militar con la asignación al mismo del 2% de su PBI que fuera comprometida en la OTAN. Hasta ahora, Alemania vivía en esto, pícaramente, “de prestado”, dedicando a este tema apenas un 1,2% de su PBI.

Tercero, la urgencia en “re-balancear” su poderosa economía, bajando sin más demoras su enorme superávit comercial y dedicando los recursos del caso, con la intensidad requerida, para renovar una infraestructura pública germana con muchos rincones hoy claramente obsoletos. Alemania necesita recuperar sus niveles de inversión. Y además, crecer en el complejo mundo de la tecnología, en el que se está quedando atrás.

Cuarto, encarrilar la crisis de los refugiados, el tema que realmente polarizó a su país y que requiere un esfuerzo monumental de integración entre la cultura alemana y las de los recién llegados, atendiendo -con la prudencia del caso- el problema de no “islamizar” de pronto a Alemania, que a muchos parece preocupar. Particularmente a quienes han virado precisamente por ello hacia los inquietantes extremismos de la derecha alemana que hoy representa nada menos que el 12,6% de su electorado. Más de un alemán sobre cada diez, entonces. No es poco.

Angela Merkel obtuvo entonces -como pretendía- un nuevo mandato. Pero salió debilitada, con el nivel de apoyo popular a la Democracia Cristiana más bajo desde 1949. Deberá, además, gobernar en coalición con la derecha (que ha crecido un 5,2%) y con los “Verdes”, agrupaciones de muy distintos pelajes y objetivos. Porque esta vez el socialismo, también muy debilitado en la reciente elección, quiere ser oposición y recuperar así su identidad ideológica. El universo político alemán ha quedado muy fragmentado. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, tendrá en su Parlamento a legisladores nacionalistas, lo que augura un diálogo doméstico bien distinto al mantenido hasta ahora, que incluirá los temas étnicos y raciales.

Ha quedado en evidencia, además, que el Este de Alemania, que se reunificara a comienzos de la década de los 90, pero que sigue siendo el rincón del país con mayor nivel de pobreza, es más proclive que el Oeste a las tentaciones nacionalistas y populistas.

La nueva gestión doméstica de Angela Merkel que ya se inicia luce compleja. Presuntamente será la última de una líder exitosa que hoy parecería ser el pilar central de la estabilidad del mundo. Quizás por eso mismo el riesgo de su éxito o fracaso se extiende claramente más allá de Alemania.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.