Optimismo vs pesimismo: no podemos tener certidumbre de los resultados, pero son mayormente positivos

Por Martín Krause. Publicada el 6/2/17 en: http://bazar.ufm.edu/optimismo-vs-pesimismo-no-podemos-certidumbre-los-resultados-mayormente-positivos/

 

Suelo leer regularmente, aunque no todo, el suplemente Ideas del diario La Nación, y suelo encontrar regularmente una visión monótona en sus artículos sobre temas sociales (no veo tanto aquellos sobre arte). Es una visión, digamos ‘políticamente correcta’ que, en buena medida, se contrapone con la línea editorial del diario, más bien liberal/conservadora. Pero claro, siempre se comenta que así es el mundo intelectual y artístico, y así se deja una mitad de la biblioteca de lado.
Por esa razón me llamó mucho la atención encontrar un artículo de Pablo Stefanoni, titulado “Optimismo vs. Pesimismo. La encrucijada global”: http://www.lanacion.com.ar/1979262-optimismo-vs-pesimismo-la-encrucijada-global
Más me llamó la atención cuando comenzó citando algunos autores que, además de, o tal vez por ser optimistas, son muy políticamente incorrectos. Por ejemplo, el profesor de Harvard, Steven Pinker. Dice Stefanoni:
“La mayoría de las personas posiblemente sonrían ante la tesis central del libro Los ángeles que llevamos dentro (2012) -del psicólogo experimental Steven Pinker- acerca de que nuestra época es menos violenta, menos cruel y más pacífica que cualquier período anterior de la existencia humana. Y posiblemente ampliaría su sonrisa al leer las respuestas de este científico en un artículo del diario El País titulado “Las paradojas del progreso: datos para el optimismo”. “La gente a lo largo y ancho del mundo es más rica, goza de mayor salud, es más libre, tiene mayor educación, es más pacífica y goza de mayor igualdad que nunca antes”, dice Pinker. Es cierto que, desde una perspectiva histórica, los datos están de su parte. Y más aún cuando menciona la “revolución de los derechos”, la repugnancia por la violencia infligida a las minorías, las mujeres, los niños, los homosexuales y los animales a lo largo del último medio siglo. Así, respecto de la esperanza de vida, mortalidad infantil, riqueza de las personas, pobreza extrema, analfabetismo, igualdad de género, el capitalismo parecería mejor que cualquier otro sistema previo. Y esto se profundiza si consideramos en el análisis a dos gigantes demográficos: China e India. En el mismo sentido, un artículo del economista francés Nicolas Bouzou en el diario francés Le Figaro convoca a enfrentar el “chaleco de plomo depresivo, antiliberal y nacionalista”. Allí envía a quienes piensan que el mundo está peor a “documentarse o tratarse la depresión”. La imagen elegida por el editor para ilustrar la nota es sintomática: un robot con una sonrisa en su “rostro”.”
También lo cita a Johan Norberg, aunque no su reciente último libro Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future, ya comentado en este blog. Excelente, pensé. Finalmente una visión alternativa en esta sección del diario. Pero, en definitiva, no. Empezando por la ilustración ‘pesimista’ del artículo:

¿Y ante tales noticias positivas? ¿Cuál sería la razón del pesimismo? El mismo Norberg está lejos de ser un ciego y alerta sobre los peligros del futuro. Señala que lo peor que podría ocurrir sería olvidar el enorme progreso alcanzado en estos últimos siglos a partir de las ideas del Iluminismo, la libertad individual y el progreso económico. Dice Stefanoni:
“El “maridaje” entre liberalismo y democracia no es intrínseco. Y la democracia requiere de un cierto entorno igualitario (no sólo económico) y el hecho de que los ricos no puedan decidir por encima del resto. Pero, además, el “proceso de civilización” lleva consigo la posibilidad de regresiones, incluso violentas, procesos de “descivilización”, y eso es lo que hoy está sobre la mesa. Esta des-civilización puede operar, no sólo como puro colapso, sino también como descivilizaciones cotidianas. Es cierto que los populistas de derecha mienten -ya se habla de la post-verdad en relación con el fenómeno de Trump- o que gran parte de la izquierda a menudo siente nostalgia por lo que “nunca, jamás, sucedió”. Y hoy, frente a la idea de que todo pasado fue mejor, aparece una defensa del capitalismo actual en el sentido de que el mundo “jamás fue tan bueno”. Pero si uno de los objetivos del “proceso de la civilización” es lograr certidumbres respecto del futuro, ahí el sistema actual hizo agua.”
Comparto con el autor que han caído las utopías, pero es utópico pretender también que existe una organización social que garantice la certidumbre. Si hay algo que no conocemos es el futuro. Tal vez, donde solamente se la pueda encontrar es en el cementerio. El capitalismo es así: no garantiza certidumbre, pero muestra resultados incomparables. Había más certidumbre en el feudalismo: si nacías campesino, morirías campesino (y bastante rápido). También en el comunismo: te garantizaba una vida mediocre y pobre pero sin sobresaltos, a cambio de todas tus libertades.
No podemos tener certidumbre de los resultados (aunque en su gran mayoría son positivos) y existen amenazas, pero puede ser una de ellas pretender cambiar certidumbre por libertad.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Sobre la pobreza nuevamente

Por Martin Krause. Publicado el 9/3/14 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/03/09/sobre-la-pobreza-nuevamente/

 

A partir de un reciente post sobre la Escuela Austriaca y la pobreza se desató una intensa discusión, plagada de adjetivos y deducciones falaces, al estilo debate de café o más cerca de los muchachos del tablón. Las acusaciones han llegado a asignarnos el deseo hacer desaparecer a los opositores en un Gulag, de forzar el hambre y la muerte a partir de nuestros propuestas políticas de reforma agraria y persecución de los kulaks, de alcanzar la “solución final” en las cámaras de gas eliminando a seis millones de judíos, de hacer desaparecer a la libertad de prensa y las oposiciones políticas, de generar el culto a la personalidad del dictador, del asesinato de millones de personas por el emprendedor capitalista Pol Pot y de fomentar la dictadura del capitalismo personificada en la actualidad por los hermanos Castro o la familia Kim. Porque, ¿todo esto será fruto del mercado, verdad? Los estados, nada que ver. ¿Cómo podemos pensar otra cosa si están al servicio del bienestar del pueblo?
En estos términos, muchachos, la discusión degenera en un campeonato de chicanas. Mi intención arriba fue mostrar que en este campo tenemos también nuestras municiones, y no son livianas. Mejor las dejamos para un día después de un asado. Ahora quiero responder a ciertas críticas con otro tipo de argumentos.
Los economistas de la Escuela Austriaca hemos sido acusados de:
1. Insensibilidad hacia los pobres
2. Promover un sistema económico que o genera pobreza o no puede resolverla
3. No tener soluciones para el problema
Veamos cada uno de ellos:
1. Insensibilidad hacia los pobres
En verdad, lo que aquí decimos, es que es muy fácil ser sensible con el dinero de los demás.
Entiéndase bien, esto no es una chicana, es un argumento que en verdad proviene del Public Choice. Algunos autores de esta escuela (Tullock, por ejemplo) sostienen que es racional promover todo tipo de planes sociales y soluciones estatales a problemas como el de la pobreza, porque la persona recibe el beneficio de presentarse como un adalid de los pobres a un muy bajo costo, ya que será solventado por todos los demás.
Distintos es, como sostenemos, poner la mano en la propia billetera o dedicar su propio tiempo: el costo se recibe completo.
No es de extrañar, entonces, que encontremos a muchos personajes (sobre todo de la farándula) fomentando este tipo de ayuda para luego subirse a sus Mercedes o Porsches.
Digamos, entonces, que proponer al estado como solución para la pobreza es “barato”. Por eso hay tantos que lo hacen.
2. En cuanto a que el sistema económico genera o no resuelve la pobreza, parece que el gráfico del primer post no fue suficiente para sepultar la discusión para siempre. Veámoslo de otra forma:
a. En 1800, el 80% de la población del planeta (de unos 1000 millones de personas), era pobre. Es decir, había unos 800 millones de pobres.
b. En 2000, luego de dos siglos de capitalismo (más o menos, por supuesto), el 20% de la población del planeta es pobre (de unos 7000 millones de personas). Es decir, hay unos 1400 millones de pobres.
En cantidad, hay más pobres que antes (pasamos de 800 a 1400 millones). Porcentualmente ha caído drásticamente, de 80 a 20%. Este argumento no solo deja de considerar que los “no pobres” pasaron en ese lapso de 200 a 5600 millones de personas (un logro que ningún otro sistema económico ha podido ni siquiera plantearse), sino tampoco toma en cuenta que si no fuera por el progreso económico capitalista esas personas ni siquiera existirían, seríamos todavía unos 1000 o 1200 millones.
c. En los últimos 30 años la cantidad de pobres se ha reducido en términos absolutos y porcentuales, en particular porque dos países muy poblados, China e India, abandonaron ya sea el socialismo o el estatismo ampliando las oportunidades de los puntos a y b que se comentan a continuación. Más libertad económica ha sacado a cientos de millones de la pobreza. ¿Ocurrió esto por algún tipo de plan social? Ningún programa social ha sacado a tantos pobres de la pobreza como el crecimiento económico promovido por la mayor libertad en los mercados.
3. En cuanto a las soluciones que la EA propone para la pobreza son varias:
a. La primera es la empresarialidad, la posibilidad de desarrollar alguna actividad productiva que le permite a la persona salir de la pobreza proveyendo bienes y servicios a otros. Las economías más libres dan más oportunidades en este sentido.
b. La segunda es la enorme cantidad de empleos que se generan a partir del proceso de inversión de capital (esperemos que nuestros críticos no tengan todavía temor a las máquinas o a las tecnologías, porque han pasado 250 años de destrucción de empleos por parte de ellas y cada vez hay más trabajos posibles).
c. La tercera es la ayuda mutua, es cuando los pobres se ayudan entre sí: antes a través de sociedades mutuales o de socorro mutuo, ahora a través de las “remesas” de quienes se vuelven más productivos en países económicamente más libres y envían su ahorro a los familiares pobres que quedaron atrás.
d. La cuarta es la beneficencia, con una larga tradición de ayuda voluntaria en todos nuestros países. Se argumenta que ésta no es suficiente, pero el tema es que dado el éxito de los tres elementos anteriores, esta actividad ha de cubrir solamente un pequeño sector. Cuanto más riqueza se genera hay más gente con capacidad de dar y menos con necesidad de recibir.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).