De pronto, Rusia juega fuerte en Siria

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/9/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1830101-de-pronto-rusia-juega-fuerte-en-siria

 

La Federación Rusa, sorpresivamente, está desplegando su poderío militar en Siria. Lo hace en defensa del régimen de Bashar al-Assad. Esto sucede en torno al puerto de Latakia. A menos de cien kilómetros de la única base naval rusa emplazada en el Mediterráneo, la de Tartus.

Hablamos de trabajos -sustantivos e importantes- de expansión de las instalaciones portuarias rusas y de dos pistas paralelas de aterrizaje que están siendo rápidamente ampliadas y modernizadas. También, de la llegada de viviendas portátiles que pueden alojar a por lo menos un millar de soldados rusos. Ya han arribado también cuatro modernos cazas SU-27; cuatro helicópteros de transporte HIP y otros cuatro similares, pero artillados. Así como tanques T-90 y centenares de infantes de marina. Con una flotilla de aviones Cóndor de transporte, Rusia está enviando -sin pausa- pertrechos militares a Siria. Lo hace a través del espacio aéreo iraquí, desde que Bulgaria, presionada por Estados Unidos y la Unión Europea, no le concedió derecho de paso.

Estados Unidos no esperaba, para nada, ese despliegue, que los tomó por sorpresa. Apoyo militar que supone un endoso mayúsculo para al-Assad, que ya ha dado frutos desde que los norteamericanos que se negaban a convocar a al-Assad (por sus actos criminales vinculados con el uso reiterado de armas químicas contra su propio pueblo) a cualquier negociación de paz, ahora dicen que podría ser parte de ella. Pero no de la solución. Rusia, quizás tenga otras ideas.

Hasta ahora Rusia había sido esencialmente una proveedora de armas para al-Assad. Hoy lo apoya con sus propias fuerzas militares en el terreno. A la manera de Irán o de Hezbollah, los dos grandes responsables de la frágil supervivencia del régimen de la familia Assad. El general iraní Qasem Suleimani acaba de estar, una vez más, en Moscú, seguramente coordinando las acciones de ambos países.

Ante lo sucedido, uno podría suponer que Rusia se apresta a luchar directamente contra el Estado Islámico, algunos de cuyos jefes pertenecen a los movimientos insurgentes de Chechenia. Pero el tipo particular de armamentos recientemente desplegados parecería sugerir otra cosa. Distinta. Porque se trata, entre otros, de modernos sistemas de defensa anti-aérea. Y los islamistas simplemente no tienen aviones.

Se supone entonces que el objetivo central ruso podría -como hemos dicho- ser proteger a al-Assad. Incluso contra una posible incursión aérea desde el exterior. De la aviación turca o de la norteamericana, cuyos cazas operan desde la base aérea turca en Incirlik. O de la aviación militar francesa, que se apresta a intervenir más activamente contra el Estado Islámico en apoyo de las fuerzas que lo combaten en el suelo. O de otros miembros de la coalición que, desde el aire, también operan contra los islamistas, como es el caso de Australia o el de Gran Bretaña.

La trascendente decisión rusa puede tener efectos cruciales de naturaleza geopolítica. Porque, por ejemplo, podría prolongar la guerra civil siria, al fortalecer a las fuerzas de al-Assad, que estaban muy debilitadas. Pese a que está claro que sin perjuicio del acuerdo de 2011 que presuntamente lo privara de armas químicas, al-Assad ha seguido utilizando criminalmente gas mostaza.

O, alternativamente, podría también apuntar a procurar una solución de partición, aceptando que hoy no es fácil reconstituir completamente la dañada integridad territorial de Siria. Una división que podría incluir la escisión de una franja costera en el occidente sirio que quedaría en manos de los «alawitas» (shiitas) de al-Assad que -por lo demás- la habitan. Y otros pedazos, uno de los cuales podría ser gobernado por los kurdos, para preocupación de Turquía que, con su importante población kurda doméstica, teme que ello genere nuevamente impulsos secesionistas kurdos en su propia casa.

Para los norteamericanos, que han evitado a toda costa empantanarse en el conflicto sirio, el despliegue ruso los ha obligado a coordinar sus acciones con Rusia, para por lo menos evitar accidentes. Pero la alternativa de procurar maximizar la eficiencia de las acciones militares de ambas naciones parecería ser un eventual próximo paso.

Para el segregado Vladimir Putin aparece ahora una nueva oportunidad de tratar de salir del aislamiento en que él y su país quedaran luego de la ilegal anexión, por la fuerza, de Crimea y Sebastopol y de sus permanentes acciones militares encubiertas, pero ciertamente desestabilizadoras, en Ucrania. Así como de sus constantes provocaciones militares aéreas ocurridas en todo el ámbito del Báltico. Que podría derivar en poder, finalmente, reunirse con su par norteamericano, Barack Obama, con quien lo cierto es que no ha tenido nunca una relación fluida, sino fría.

Una reunión entre ambos jefes de Estado podría ocurrir pronto, desde que ellos caminarán en los próximos días los corredores de las Naciones Unidas en oportunidad del nuevo período de su Asamblea General, como lo harán también casi todos los gobernantes y Jefes de Estado del mundo. Una reunión en ese ámbito particular es factible y relativamente fácil de generar.

Putin, por lo demás, aparentemente planea usar el podio de la organización internacional para, desde allí, instar fuertemente al mundo a actuar -sin más demoras y decisivamente- contra el Estado Islámico, deteniendo la marcha de su preocupante expansión y derrotándolo.

Lo que tiene enorme importancia, en momentos en los que existe la sensación de que el Estado islámico no sólo no ha sido vencido, sino que está ganando algunas batallas importantes y creciendo significativamente como peligro -real e inminente- para la paz y seguridad internacionales. Alimentado por los importantes ingresos derivados de su actual control de todos los yacimientos de hidrocarburos que existen en suelo sirio. Por esto la enorme ola de desesperados migrantes que en las últimas semanas se ha precipitado conmovedoramente sobre la Vieja Europa.

Putin seguramente supone que éste puede ser una suerte de «merecido dividendo» que debería poder cobrar después de su decisiva cooperación respecto del acuerdo de la comunidad internacional con Irán sobre el peligroso programa nuclear de los persas.

La decisión rusa ha tonificado a Bashar al-Assad y a sus fuerzas, evitando lo que ciertamente lucía como un inminente derrumbe. Y demuestra que, pese a su debilidad económica, Rusia es capaz de actuar por su cuenta en el escenario del mundo, como muy pocos países. Hasta en conflictos peligrosos, cuando sus intereses están en juego. Más allá de su mala experiencia en Afganistán, que en su momento precipitara la desaparición de la entonces Unión Soviética.

La repentina aparición rusa en Siria ha modificado la relación de fuerzas hasta ahora existente en el conflicto que azota a ese país. Es un audaz movimiento geopolítico de peso, que la región y el mundo observan. Y que ya ha obligado precipitadamente a los Estados Unidos a tratar de coordinar sus propias acciones militares en suelo sirio con las de Rusia. Una maniobra inesperada por Occidente que hasta podría abrir la puerta para que las acciones militares, que estén en marcha contra el Estado Islámico de pronto fueran más robustas, eficaces y convincentes. Como posible cambio de rumbo, es sustantivo. Su impacto podría entonces ser fundamental no sólo para encontrar una solución que evite que la guerra civil siria se prolongue indefinidamente, sino para que el Estado Islámico deje de ser un descontrolado foco de violencia inhumana.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Posible nuevo amanecer en Gaza

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 6/8/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1715980-posible-nuevo-amanecer-en-gaza

 

La sensación es de algún alivio. Las armas han callado en la Franja de Gaza. Por 72 horas, al menos. Ya no vuelan los misiles hacia Israel. Ni se oye el fragor de sus cañones. Hay una tregua. Frágil, pero allí está.

En las últimas horas habían aparecido las primeras señales de que los combates y acciones militares podrían quizás haber entrado en una lenta fase final. Ocurre que, desde el domingo pasado, Israel había comenzado ya a retirar buena parte de sus efectivos de las zonas pobladas de Gaza y a estacionarlos cerca de la frontera, aunque todavía dentro del territorio de Gaza. Con excepción de aquellas tropas que aún operaron activamente en las inmediaciones del paso fronterizo de Rafah, que fuera escenario de las últimas acciones militares. Hoy esos efectivos están ya en territorio israelí.

Las armas han callado en la Franja de Gaza. Por 72 horas, al menos

También Hamas -presumiblemente como consecuencia de los bombardeos israelíes- parecía haber disminuido un tanto la intensidad de sus disparos de misiles contra Israel. En los cinco primeros días del reciente estallido de violencia -esto es, desde el 8 al 13 de julio pasado- los disparos indiscriminados de misiles palestinos contra Israel alcanzaron un ritmo realmente aterrador: 300 misiles diarios. La magnitud de esos ataques había ido disminuyendo paulatinamente, hasta llegar a los 55 misiles que se dispararan durante el domingo pasado. Y a los 53 del lunes, el día previo a la tregua acordada.

Las cifras de bajas acumuladas en la reciente espiral de violencia son de horror: 1834 muertos palestinos (de los que bastante más de 1000 han sido civiles inocentes) y 9370 heridos. A los que hay que sumar las 64 muertes de soldados israelíes y los tres muertos israelíes, civiles inocentes.

Israel había, entonces, comenzado a cerrar unilateralmente su tercer enfrentamiento militar abierto en la Franja de Gaza contra los milicianos de Hamas. El final, si esto se consolida, podría ser parecido al que ocurriera a comienzos de 2009, en oportunidad del primer ciclo de combates entre ambas partes. De hecho. Sin que exista un cese el fuego explícito, convenido entre las partes. No obstante, ahora ha aparecido la oportunidad de consolidar la reciente interrupción de las hostilidades. Y de intentar construir una paz duradera.

Ahora ha aparecido la oportunidad de consolidar la reciente interrupción de las hostilidades. Y de intentar construir una paz duradera

Para Israel, el objetivo de inutilizar, destruir o, por lo menos, neutralizar la enorme red de 32 túneles construida por Hamas que penetraban en el territorio de Israel, parece haber sido sustancialmente alcanzado. No obstante, Hamas tiene aún un inventario importante de misiles no utilizados, estimado en unos 3000. Esa es una obvia amenaza para la paz. Lo que se evidencia con sólo recordar que, desde el 8 de julio pasado, desde el interior de Gaza se dispararon nada menos que unos 3300 misiles contra Israel. Indiscriminadamente. Lo que está expresamente prohibido por el derecho humanitario internacional.

Para Hamas, alcanzar el objetivo del levantamiento del bloqueo que, por ocho años, es cierto, ha lastimado profundamente a la población de la Franja de Gaza sigue siendo prioritario. Lo cierto es que lograrlo no pasa por las acciones militares, sino por los andariveles de la diplomacia. Y es de esperar que esto se comprenda y que, cuando una oportunidad parece haber aparecido, no se desaproveche.

El gobierno de Egipto ha sido decisivo en el logro del cese el fuego provisorio. Apoyado por las Naciones Unidas y los Estados Unidos. Su gestión debe continuar. Porque el camino de la paz no admite el cansancio. Egipto merece ahora el reconocimiento y el apoyo que corresponde.

En Israel, el premier Benjamin Netanyahu cuenta con el abrumador respaldo de la población de su país. Que ha tomado plena conciencia del peligro que corre. Hablamos de nada menos que un 85% de esa población. Los pacifistas se han hecho oír, pero los sondeos confirman que su peso en la opinión pública israelí es débil.

Las defensas antimisilísticas israelíes han demostrado una vez más su tremenda eficacia, destruyendo en el aire a los misiles que podían caer en los centros poblados o sobre blancos estratégicos. Pero el tema de la «proporcionalidad» de la reacción militar israelí es -y será siempre- una cuestión harto difícil, donde las opiniones estarán divididas.

En otro andarivel, pero en el mismo vecindario, cabe destacar que una buena parte de los líderes árabes esta vez pareció no apoyar a Hamas. Sucede que su propio mundo está inmerso en la fragilidad de una peligrosísima confrontación facciosa -increíblemente violenta- que se ha extendido por el mundo árabe, dividiéndolo profundamente. La que tiene como protagonistas a los fundamentalismos, tanto «shiitas» como «sunnis». Con acciones que, con frecuencia, evidencian un nivel de barbarie desesperante, absolutamente de espaldas a las normas del derecho humanitario internacional; esto es, a las leyes de la guerra.

Son pocos, felizmente, los que procuran que Gaza se convierta, de pronto, en una nueva Mosul. Sería una pesadilla. Multiplicando exponencialmente su fragilidad y acercándose así al abismo impredecible de la guerra religiosa. Adquiriendo, además, otro nivel de peligrosidad e irracionalidad. Con un marco de decapitaciones y circuncisión masiva de las mujeres. Con expulsión -o muerte- de quienes no comulgan con la versión del Islam que abrazan los «jihadistas».

Por todo esto quizás, Egipto, Jordania, Arabia Saudita y los Emiratos han estado casi en silencio. Sin apoyar abiertamente a Hamas. A diferencia de Turquía y Qatar, que endosaron a ese movimiento.

El presidente de Egipto, el ex general Abdel Fattah al Sisi, mantuvo su cooperación con Israel respecto del bloqueo de Gaza, así como en la tarea de inutilización de la red de túneles de Hamas. Mientras luchaba, en paralelo, contra el «jihadismo islámico» en su propia tierra. Especialmente en el norte de Sinaí, al norte mismo de la Franja de Gaza. A lo que cabe agregar que su principal enemigo doméstico -al que ha calificado formalmente de organización terrorista- es la Hermandad Musulmana, organización islámica que tiene intimidad con Hamas.

No obstante, Egipto, como correspondía en esta emergencia al país «decano» de la diplomacia africana, ha ayudado a Hamas en el capítulo de la ayuda humanitaria. Y ha tenido éxito en poder concertar el reciente cese del fuego. Lo que debe ser apoyado.

Irán, alejado de Hamas desde que el movimiento se negara a cooperar -como lo hiciera Hezbollah- en la represión de la insurgencia siria, está sobreextendido en su apoyo -en Siria- al clan Assad y al gobierno de Irak, ambos invadidos por las bien entrenadas fuerzas «jihadistas sunnis» que, luego de tres años de guerra en Siria, han conformado ahora el califato al que se ha llamado: ISIS. Y siguen expandiéndolo. En los últimos días han avanzado mucho tanto sobre la zona kurda de Irak, como sobre el Líbano. Como si sus contingentes fueran imparables. Hablamos de un fenómeno de enorme peligrosidad, que acaba de infectar a Libia, donde las fuerzas fundamentalistas que se han apoderado de la ciudad de Benghazi, han proclamado -también allí- un califato.

La aislada Rusia, con su ilegal manotazo sobre Crimea y Sebastopol, ha dañado severamente al derecho internacional, infectando al escenario internacional de anomia. Lo que naturalmente no ayuda en temas como el de Gaza. Como, además, Rusia mantiene su propio conflicto armado interno contra los fundamentalistas islámicos, en Chechenia y Dagestán, no ha mostrado simpatía por la causa de Hamas. Y no ha asumido en Gaza rol protagónico alguno. A diferencia de lo sucedido en Siria.

Algo bastante parecido sucede con China, donde el conflicto similar que el país oriental mantiene con los «uighures» en el noroeste de su territorio, ha crecido fuertemente en intensidad a lo largo de las últimas semanas.

Jordania está también en tensión, con las fuerzas de ISIS en su frontera controlando la ciudad de Ar Rudba. Y con cientos de miles de ansiosos palestinos refugiados, desde hace décadas, en su interior. Por su parte, tanto Siria como el Líbano e Irak son ya presas de la guerra facciosa que divide -cada vez más- al islamismo.

Frente a todo esto, releyendo el discurso de Elie Wiesel cuando recibiera el Premio Nobel a la Paz, en 1986, uno encuentra palabras proféticas y certeras que, 28 años después, mantienen su actualidad. «El sufrimiento humano en cualquier parte aflige a los hombres y mujeres en todas partes. Esto se aplica también a los palestinos, respecto de cuya situación soy sensible, pero cuyos métodos deploro. Los deploro cuando conducen a la violencia. La violencia no es la respuesta. El terrorismo es la más peligrosa de las respuestas. Ellos están frustrados. Lo que es comprensible. Algo debe estar mal. Los refugiados y su miseria. Los chicos y sus miedos. Los desarraigados y su desesperanza. Algo debe hacerse respecto de esta situación. Tanto el pueblo judío como el pueblo palestino han perdido demasiados hijos e hijas y han derramado demasiada sangre. Esto debe terminar y todos los intentos porque termine deben ser alentados.»

El clamor, entonces, debe hoy ser uno solo: el de mantener el cese total de la violencia. Y comenzar a edificar, sin pausas, una paz duradera. Sabiendo que la tarea es bien compleja y que debe ser abordada sin demoras. Y con absoluto realismo. Aunque, seguramente, edificarla lleve su tiempo.

Los misiles palestinos no deben seguir volando en procura de sembrar la muerte. Las reacciones militares israelíes, por inevitables que sean, llenan al mundo de congoja. Por esto, la Franja de Gaza (que hoy contiene a unos 260.000 desplazados) debería ser desmilitarizada, con un adecuado control internacional. Mientras, en paralelo, se comienza a trabajar sobre cómo levantar la manta de miseria que se ha extendido sobre su población, que lleva años de indescriptibles sufrimientos y frustraciones.

En el escenario actual, la acción de las Naciones Unidas (como aconteciera en los casos de Timor Oriental y Kosovo) podría ser central y el aporte y apoyo de todos para que ella se concrete resulta indispensable. Es hora de pasar de la retórica y los oportunismos a empujar las soluciones duraderas, incluyendo la acción humanitaria. Lo que supone apoyar, sin titubeos, a los actores capaces de impedir que la violencia vuelva, de pronto, a apoderarse de la Franja de Gaza..

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.