Análisis de la guerrilla (2)

Por Gabriel Boragina Publicado  el 19/2/17 en: http://www.accionhumana.com/#!/2017/02/analisis-de-la-guerrilla-2.HTML

 

Como hubiéramos dicho antes[1] la historia de la guerrilla demostró como la misma degeneró, de ser una fuerza defensiva irregular hasta transformarse en una fuerza ofensiva (manteniendo -no obstante- su carácter de irregular).

“Los guerrilleros abundaron en las acciones de independencia americana: así Martín Güemes en Argentina, José A. Páez en Venezuela, Manuel Rodríguez en Chile. Los hubo luego en Francia ocupada (“partisans”), en los países árabes, en Rusia, en China, en Vietnam. T. E. Lawrence, Mao y el “Che” Guevara las practicaron y también adoctrinaron sobre las mismas, siguiendo las huellas de Karl von Clausewitzí (On War, 3 ed., 1940), el primer teórico militar que dedicó atención a la estrategia guerrillera.”[2]

Este párrafo hace una mezcolanza que es importante aclarar. Las guerrillas de Mao y el “Che” Guevara no tuvieron que ver con la independencia americana, ya que lo que Mao y Guevara pretendían eran dar golpes de estado mediante acciones guerrilleras, que fue lo que también hizo Fidel Castro en Cuba con lamentable éxito. Mao dio el golpe en China, pero Guevara fracasó en sus intentos de golpes en países extranjeros. En este punto, es trascendental explicar que cualquier guerrilla se deslegitima cuando inicia el uso de la fuerza, lo que claramente no ha tenido que ver con países ocupados o invadidos. La historia de la guerrilla (hasta aquí reseñada) revela que hubo una degeneración de la misma, pasando de ser una fuerza defensiva (excusable) a ser otra ofensiva (inexcusable). Así, por ejemplo, la guerrilla argentina en el siglo XX tuvo dicho sesgo ideológico marxista-maoísta-guevarista y condición claramente ofensiva, no defensiva. Ha sido el caso, particularmente del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) FAL (Fuerzas Armadas de Liberación), Montoneros (peronistas) y otras organizaciones similares a estas.

“En la actualidad, las guerrillas tienen un fuerte sustento ideológico, y tratan de arraigar en el pueblo, al que ofrecen alimentos, dinero, atención médica y distintos servicios que tienden a popularizarlas. Su organización es severamente militar, sobre la base de células pequeñas que actúan como compartimientos estancos, sin conexión inmediata entre sí, para evitar delaciones o infidencias.”[3]

Es de destacar que el autor escribe su artículo en pleno auge de la guerrilla argentina, lo que puede ser un factor de importancia a la hora de observar la notable ambigüedad de su artículo. Aunque no aclara a cuáles guerrillas -en concreto- se está refiriendo en la cita, por lo que también resulta forzoso aclarar que -siempre en el caso argentino- no se dio el intento de la guerrilla de “arraigar en el pueblo” ofreciendo “alimentos, dinero, atención médica y distintos servicios”. Por el contrario, la guerrilla argentina arremetió contra civiles y militares sin discriminación. En cambio, su organización fue –en efecto- severamente militar.

“Las armas de la guerrilla son, en principio, obtenidas de sus propios adversarios, a quienes procuran despojar. Asimismo, una guerrilla organizada siempre cuenta con posibilidades de fabricación “casera” de armamentos, explosivos y ropas, que a veces se montan en gran escala en campamentos o “santuarios”. Tales “santuarios”, que sirven para descanso, aprovisionamiento y organización, han sido, como en el caso de las fuerzas de Tito en Yugoeslavia, verdaderas catacumbas. La guerrilla, originariamente rural, se ha trasladado actualmente a las ciudades; y con frecuencia utiliza métodos sorpresivos, muy difíciles de prever, así como el sabotaje y el terror indiscriminado; y asaltos o secuestros para obtener dinero, que siempre necesita en cantidad.”[4]

En el caso de la guerrilla argentina de los años 70, se dieron todas estas combinaciones. Pero, además, es menester señalar que las organizaciones guerrilleras contaron con profusa provisión de armamento altamente sofisticado y de última generación proveniente de países extranjeros que promovían sistemáticamente la guerrilla a nivel internacional. Las fuentes de provisión de material bélico pesado procedían de la entonces existente URSS (en esa época poderosa potencia militar), Libia, al mando de Muammar El Kadafi, y -en nuestro propio continente- de Cuba con Fidel Castro a la cabeza, entre otros países de ideología afín, que adiestraban y alentaban el fenómeno guerrillero en el exterior. Montoneros, ERP, FAL, y otras facciones menores por el estilo, practicaron profusamente y con entusiasmo la metodología de secuestro, tortura y pedidos de sumas millonarias en concepto de rescate de sus víctimas.

“Existe además una permanente tendencia de los equipos guerrilleros a “regularizarse”, y algunos jefes árabes han recibido cierto “status” aún por parte de las Naciones Unidas. Las fuerzas antiguerrilleras, en cambio, pretenden siempre tratarlos como simples bandidos, que no deben recibir, pues no practican tampoco, ninguno de los beneficios de las leyes de guerra. Esa lucha es muy difícil, en parte porque cierto conservadorismo de la oficialidad regular, apegada a procedimientos tradicionales, dificulta la adopción de tácticas eficientes e imaginativas. Asimismo, porque la lucha antiguerrillera suele causar molestias a la población inocente, irritándola contra los elencos regulares (Peter Paret • John Shy, Guerrilla y contraguerrilla, Ed. J. Alvarez, B». As., 1964, que incluye La guerra de guerrillas de Ernesto Guevara).”[5]

Recordemos que el autor en examen escribe su artículo en épocas de auge guerrillero. Resulta de interés remarcar que aquel atribuye la dificultad de combatir la guerrilla al hecho de que la oficialidad regular se resiste a adoptar la misma sistemática que practicaban los guerrilleros. Se deja en claro, una vez más, que el combate contra la guerrilla se da en un estado de guerra.

“Las guerrillas han logrado éxitos importantes; sin embargo, adolecen de ciertas limitaciones. En primer lugar la constante necesidad de mantener la ofensiva, arriesgando a veces una derrota que las suprima o desprestigie; además, su carácter “secundario”, ya que normalmente sirven como elemento de apoyo, pero por sí solas son poco aptas para tomar el poder.”[6]

La guerrilla argentina estuvo a un punto de tomar el poder, pero no depusieron las armas voluntariamente. De alguna forma, la cita señala la inutilidad final de la guerrilla. Los guerrilleros expertos estaban bien conscientes de aquellas limitaciones, no obstante lo cual arremetieron cada vez con más saña. El rechazo de la población civil víctima de sus ataques y el apoyo explícito (o implícito) civil a las fuerzas armadas que contrarrestaron a los guerrilleros, fueron factores determinantes que evitaron la toma del poder por parte de estos últimos.

[1] Análisis de la guerrilla

[2] Dr. Horacio J. Sanguinetti. Voz “Guerrilla” en Enciclopedia Jurídica Omeba. Apéndice 2 Letra G

[3] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

[4] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

[5] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

[6] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

San Ché, San Ziegler, San Bomba

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/12/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/san-che-san-ziegler-san-bomba/

 

Lamentan algunas personas de izquierdas que el diario El País se haya vuelto liberal. Es una pena no haberme enterado. De momento, he leído un artículo de Rodrigo Carrizo Couto que colma de alabanzas a Jean Ziegler, el famoso anticapitalista suizo, que lleva décadas saludando a la dictadura cubana, y lo vuelve a hacer en un reciente documental sobre su vida: “Jean Ziegler, el optimismo de la voluntad”.

Optimista y voluntarioso hay que ser, desde luego, para idolatrar al Ché Guevara, de quien Ziegler fue chófer en Ginebra en 1964, y a quien quiso seguir en su viaje criminal, pero el argentino le señaló Ginebra y le dijo: “¿Ves esta ciudad? Aquí está el cerebro del monstruo, y es aquí donde está tu lucha”.

Para esa época los comunistas ya habían asesinado a decenas de millones de trabajadores. Pero Ziegler realmente creyó que lo monstruoso estaba en Suiza, precisamente donde muchas víctimas del socialismo se refugiaron, y por eso salvaron su vida.

Una persona que cree que lo monstruoso está en Suiza ya puede creer cualquier cosa, como el señor Carrizo Couto que escribe: “Ziegler siguió el consejo al pie de la letra y fue desde la rica Suiza desde donde combatió contra el hambre en el mundo, el capitalismo salvaje y las grandes corporaciones”. Ni una referencia al socialismo salvaje, ni a cómo los pueblos prosperan allí donde hay grandes corporaciones, ni al hambre real, que un producto sistemático del anticapitalismo.

Pero ninguna realidad amedrenta al fanático, como es sabido. Y Carrizo Couto dice: “uno de los momentos más emotivos del documental ocurre cuando Ziegler rinde homenaje al Ché ante su tumba en La Habana”. El artículo está ilustrado con un fotograma del documental, que lo muestra en su despacho antes dos cuadros con imágenes del Ché Guevara, un asesino confeso, que para colmo publicitó sus crímenes en la deplorable organización política donde Ziegler estuvo muchos años, en las Naciones Unidas, donde ese mismo año 1964 pronunció su terrible discurso sobre los fusilamientos en Cuba: para quien aún no lo crea, aquí está: https://www.youtube.com/watch?v=VC8fW1xu0Ks.

No es el Ché Guevara, desde luego, el único mito santificado a fuerza de bombas, porque la historia del socialismo revolucionario en todo el mundo prueba que nace “chapoteando sangre y lodo, de la cabeza a los pies”, como dijo Karl Marx en El Capital que nacía el capitalismo. Sólo un fanático preso de la ideología puede sostener que el anticapitalismo representa ese paraíso que los socialistas siempre han reivindicado.

Y hablando de no creer, el artículo habla de “un momento hilarante” cuando le preguntan a este héroe anticapitalista sobre la falta de libertad de prensa en Cuba, a lo cual responde: “¿Pero acaso necesitas leer La Tribune de Geneve para poder vivir?”. Asegura el periodista que los presentes manifiestan “incredulidad”. No veo por qué: esa repugnante declaración es perfectamente creíble en un idólatra del Ché Guevara.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El miedo a la vuelta k paraliza el cambio

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 17/7/16 en: http://economiaparatodos.net/el-miedo-a-la-vuelta-k-paraliza-el-cambio/

 

El miedo a la vuelta del kirchnerismo paraliza el cambio. La mejor forma de contribuir es debatir cómo hacer el cambio

Vengo notando que, aun entre amigos liberales, hay un temor reverencial a criticar públicamente la política económica del gobierno. Fueron tan nefastos los años del kirchnerismo que tienen pánico a que vuelvan los k. Con tal que eso no ocurra solo se animan a formular comentarios en privado. Muchos quedan como paralizados por miedo al kircherismo.

Por supuesto que más de uno que no es liberal pero también detesta los años de atropello del kirchnerismo también tiene pánico a que vuelva el kirchnerismo. Se produce una especie de autocensura y censura. Nadie puede objetar lo que hace el PRO en nombre de preservar el país de la vuelta del kirchnerismo, con lo cual, irónicamente, muchos antik terminan teniendo un comportamiento k en términos de libertad de expresión. Las agresiones más despiadadas que uno puede ver en las redes sociales pueden venir de gente que rechazaba las agresiones de los cibyerk por pensar diferente y ahora aplican el mismo criterio.

Tan profundo ha calado el peronismo en general y el kirchnerismo en particular que uno ve la política económica del PRO y no verifica cambios drásticos respecto a los que se venía haciendo. Digamos que por miedo a que vuelva el kirchnerismo o el peronismo en otra de sus formas terminan haciendo cosas parecidas a las que hacían el peronismo y el kirchnerismo, eso sí, reconociendo que tienen un comportamiento civilizado y permitieron recuperar ciertos valores.

Con solo comparar los festejos del bicentenario del 2010 que fueron simples actos partidarios kirchneristas marginando al resto de los argentinos con los festejos del bicentenario de la independencia en que el PRO, no solo gastó muchísima menos plata que el kirchnersimo sino que, además, fueron actos patrios, como los que se hacían cuando éramos chicos, cuando se incluía a todos los habitantes sin distinciones partidarias. Cuando flameaba la bandera argentina y no la de La Campora. Cuando se ponía la imagen de San Martín en vez de la del Che Guevara. No puedo dejar de reconocer que hay años luz con lo que se vivió hasta hace pocos meses atrás. Se respira civilización en vez de barbarie. Se respira respeto en vez de atropello.

Ahora, reconociendo el impresionante cambio de clima donde la agresión nunca proviene del gobierno, como era costumbre bajo el kirchnersimo cuando Cristina Elizabet Fernández usaba indiscriminadamente la cadena nacional y escrachaba por cadena nacional al primero que opinaba diferente, también es cierto que en el gobierno en materia económica no se animan a cambiar el rumbo de decadencia.

Posiblemente el kirchnerismo quede sepultado como uno de los tantos movimientos que tuvo el peronismo, como consecuencia del tsunami de escándalos de corrupción que destruyó todo a su paso. Además de Perón, luego vino la renovación con Cafiero, el menemismo, el duhaldismo, el kirchnerismo y ahora está por verse. El peronismo muta en sus formas para mantener su base populista y retener el poder.

Ahora, lo curioso es que el resto de los partidos políticos no se animan a formular propuestas económicas tan diferentes a las del peronismo. Me refiero tanto al radicalismo como al PRO. Todo se limita a mantener un gasto público gigante e ineficiente, una presión tributaria asfixiante, regulaciones, redistribución del ingreso y estatismo. Nadie quiere tocar el populismo peronista por miedo a que vuelva el peronismo y, por lo tanto, todo el esfuerzo para frenar al peronismo termina en seguir haciendo lo mismo que haría el peronismo si estuviera en el poder, pero siempre con formas más educadas. Digamos que el virus populista ha calado tan hondo en la dirigencia política argentina que, como decía Perón, todos terminan siendo peronistas.

Pero tal vez no sería un problema que todos fuesen peronistas si no fuera porque el peronismo es un cáncer que va destruyendo los valores más elementales que son los que pueden hacer de Argentina un país próspero.

No debe sorprender el costo político que pagó el gobierno con el aumento de las tarifas de gas ya que se limitó a actualizar una nefasta tabla tarifaria inventada por un personaje como De Vido. Si el PRO hubiese tirado al diablo esa nefasta tabla tarifaria heredada del kirchernismo y hubiera establecido una tarifa única, el promedio general de aumento del gas no pasaba de multiplicarlo por 4 o 5 en el peor de los casos. Por supuesto que el que pagaba $ 20 pesos por bimestre iba a pasar a pagar $ 400, es decir $ 200 por mes. Nadie si hubiese encontrado con miles de pesos de factura de gas que no puede pagar por querer “acomodar” la tablita de De Vido.

Es más, lo que dispuso transitoriamente el gobierno es que nadie puede pagar más de 5 veces el monto de la factura del mismo mes del año anterior. Es decir, si en mayo del año pasado alguien pagó una factura de gas por $ 200, ahora pagará $ 1.000. Pero lo curioso es que establece el límite de aumento al monto de la factura sin importar la cantidad de metros cúbicos que la gente consuma. Si en mayo del año pasado alguien pagó $ 200 por consumir 10 m3 de gas y en mayo de este año consume 10.000 m3 igual paga como máximo $ 1.000. Un disparate porque por un lado el gobierno dice que no hay gas y por el otro lado establece un sistema de ajuste que incentiva el derroche de gas.

Los parches sobre un sistema ineficiente no van a hacer que el sistema sea eficiente. Tampoco un sistema ineficiente se transforma en eficiente porque las personas que gobiernan se consideran mejores que los anteriores administrando un gasto público desorbitado, un sistema tributario que destruye la producción, una economía cerrada que desestimula la inversión, etc. Desafortunadamente la gente del PRO no cree que nuestro problema de fondo es un problema de sistema económico sino que cree que es un problema de gestión. Que un sistema con incentivos perversos puede ser gestionado eficientemente.

Por eso, la mejor forma de ayudar al gobierno a resolver la herencia recibida y de evitar que vuelva el kirchnerismo es debatiendo sin miedo caminos alternativos que nos saquen de este sistema ineficiente y vayamos hacia un sistema eficiente.

Cambiemo solía decir en la campaña electoral: sí se puede. Sin embargo cuando uno propone cambios estructurales todo es: no se puede.

Mi impresión es que sí se puede cambiar en serio, pero el cambio no debe limitarse a las personas sino al sistema. Pasar de un sistema con incentivos perversos a un sistema con incentivos positivos que conduzcan al crecimiento. El camino es debatir cómo salir del sistema nefasto que destruyó la Argentina, no como administrar mejor un sistema con incentivos perversos. Esa es la verdadera contribución que podemos brindarle al gobierno quienes no estamos en la función pública ni pertenecemos al PRO. Debatir cómo cambiar el sistema perverso por otro exitoso.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

DEFAULT DE LA OPOSICIÓN ARGENTINA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Me refiero a los políticos de mi país. Ofrecen un espectáculo bastante patético por cierto. Y no es que quiera cargarles todas las tintas puesto que me doy cuenta que la articulación de sus discursos está limitado por lo que la opinión pública pueda digerir lo cual, a su vez, depende del clima educativo en cuanto a la trasmisión de valores y principios compatibles con la sociedad abierta. Si no se llevan a cabo las suficientes faenas educativas no resulta posible cambiar el discurso político.

 

En verdad la así llamada oposición no se opone al “modelo” que se viene aplicando desde hace décadas y décadas en Argentina, a saber el manotazo al fruto del trabajo ajeno. Nos hemos apartado grandemente de la visión alberdiana que por otra parte colocó a esta nación a la vanguardia de las naciones civilizadas, en cuya situación llegaban oleadas de inmigrantes para “hacerse la América” en vista de las condiciones atractivas de vida que se ofrecían en estas costas solo comparables con las que tenían lugar en los Estados Unidos. Era la época en que se prestaba mucha atención al dictum de Alberdi en cuanto a preguntarse y responderse “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra” y que “El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado, en nombre de la utilidad pública”. Luego todo esto esfumó y se trocó por un estatismo rampante vía politicastros instalados en los gobiernos que pretenden manejar a su antojo vidas y haciendas ajenas.

 

En este contexto, el rol de la oposición es hoy en nuestro país realmente pobre. Cada candidato sostiene que manejará “eficientemente” el fruto del trabajo ajeno. No hablan de recortar funciones gubernamentales y, por ende, no mencionan la necesidad de recortar el gasto público al efecto de engrosar los bolsillos de la gente y aliviar la crisis fiscal. Más aun, hay temas en los que no se trata de entender de economía sino de pura esquizofrenia al declamar que hay que reducir impuestos sin reducir el gasto estatal y ocultar que las tarifas no pueden manejarse como si los costos pudieran resolverse por decreto. No hay otra posibilidad: o se trata de una ignorancia superlativa o de un engaño mayúsculo, en cualquier caso la disyuntiva no despierta confianza.

 

A los autodenominados opositores les disgusta el lenguaje, la arrogancia supina y los pésimos modales de los gobernantes que hoy están instalados en el poder,  pero suscriben y pretenden adoptar el eje central de lo que se viene ejecutando. No quiero dar nombres porque el tema es de ideas, pero demos solo unos poquísimos ejemplos para ilustrar lo dicho.

 

El sistema de previsión social. Al momento todos concuerdan en que se hizo bien en expropiar los recursos de quienes preferían estar en un sistema de capitalización y no en uno de reparto donde, como es sabido, actuarialmente es un sistema quebrado que se base en el esquema Ponzi. Y no estoy diciendo que el sistema anterior era bueno ya que se basaba en la obligación de aportar ya sea en un plan o en otro (además solo en las empresas autorizadas por el gobierno de turno,  lo cual desde luego excluía también a empresas radicadas en el extranjero). Desde que se creó el sistema jubilatorio se basó en esa obligación en lugar de permitir que cada uno haga lo que estime pertinente con su dinero. Más aún, en el caso argentino los antes referidos inmigrantes ahorraban en la compra de terrenos y departamentos lo cual fue liquidado por las leyes de alquileres y desalojos. Tras esta argumentación falaz por la que se obliga a la gente a aportar para su vejez está la premisa de que, de lo contrario, la gente no dispondrá de fondos para subsistir. Pero aquí hay dos temas básicos: en primer lugar si esto fuera correcto, cuando el jubilado cobra su pensión habría que destinar policías al mejor estilo del Gran Hermano orwelliano para que no la gaste en alcohol o en diversiones malsanas y, en segundo lugar, en los ya de por si pésimos sistemas de reparto el aparato estatal echa mano a los recursos por lo que nadie cobra jubilaciones razonables ni se puede vivir con lo que se cobra (salvo las jubilaciones de privilegio generalmente de burócratas). No se necesita ser un experto en matemática financiera para percatarse de la estafa. En resumen, ningún candidato hace honor al derecho de propiedad.

 

Segundo ejemplo, el caso de Aerolíneas Argentinas, que se conoce con la absurda e irrisoria denominación de “línea de bandera” y que arroja pérdidas por valor de dos millones de dólares cada veinticuatro horas. Todavía seguimos con la sandez de las “empresas estatales” sin percibir que no  se puede jugar al empresario ya que no se trata de un simulacro o un pasatiempo. En rigor, la empresa requiere poner en riesgo recursos propios. Los incentivos en uno y otro caso son de naturaleza completamente distinta. Como se ha puntualizado, la forma en que se toma café y se prenden las luces son distintas en uno y otro caso. Los cuadros de resultados guían permanentemente la asignación de los siempre escasos recursos, proceso incompatible con los ámbitos de la politización.

 

La constitución misma de una empresa estatal significa derroche de capital puesto que de no mediar la coacción, el usuario hubiera destinado de otro modo el fruto de su trabajo (y si lo hubiera destinado en la misma dirección resulta superflua la intromisión estatal). Incluso si la “empresa estatal” arrojara ganancias -que no es el caso- habría que preguntarse si las tarifas no están demasiado altas. El único modo de conocer como debe operarse es en el mercado abierto y competitivo. Desde luego que esto no significa que se otorguen privilegios ni concesiones, como queda dicho se trata de asignar derechos de propiedad. Si el área en cuestión es estratégica o de seguridad mayor es la razón para que funcione bien y, por tanto, más razón que el emprendimiento no se encuentre en manos de la burocracia. En última instancia,  el término “eficiencia” en la asignación de recursos solo tiene sentido cuando la respectiva colocación se lleva a cabo libre y voluntariamente. Carece de sentido desde la perspectiva de quien le roban la billetera que el ladrón alegue que asignará los fondos “eficientemente” en tareas comunitarias. Por eso resulta tragicómico cuando los candidatos machacan que no hay que reducir el gasto público sino “hacerlo más eficiente”.

 

Un último ejemplo es el de los subsidios, en general los candidatos se resisten a considerarlos como si los integrantes del gobierno fueran los que los financian de su propio peculio, cuando en verdad cada vez que se anuncia que el aparato estatal entregará tal o cual suma de dinero o dispondrá de plazos más largos y tasas de interés menores a las de mercado,  son los vecinos los que se están haciendo cargo. No hay magias posibles. Se torna insoportable considerar a la sociedad como un inmenso círculo en el que cada uno tiene las manos metidas en los bolsillos del prójimo. Resulta llamativo que muchos de los candidatos suscriben las medidas “redistributivas” del actual elenco gobernante solo que dicen que “hay que llevarlas a cabo sin corrupción”, es decir, el antedicho modelo del manotazo al fruto del trabajo ajeno pero “sin corrupción”. Sin duda que este comentario no es para subestimar la inmoralidad de la corrupción pero un sistema autoritario sin corrupción no hace a la gente más libre ni próspera. Además, “redistribuir” significa que el gobierno vuelve a hacer por la fuerza lo que ya distribuyó en paz la gente en el supermercado y afines.

 

Incluso el presidenciable del partido que se siente visto como apartado del populismo (aunque en su gestión haya incrementado en términos reales el gasto, la deuda y los impuestos), ahora unido con otras dos fuerzas partidarias también comandadas por dos personas decentes, declaró que  “reivindico el cien por cien de las banderas peronistas” y su principal asesor de imagen sostiene que ese partido “es el único partido de izquierda que hay en la Argentina”, que él sabe de eso porque “siempre fui un tipo de izquierda” y que el peronismo le parece “genial”. Las antedichas declaraciones tal vez expliquen que la juventud de ese partido haya fabricado remeras con el rostro del referido presidenciable con el gorro del Che Guevara. Estos comentarios van en parte para que en el exterior se comprenda y calibre en algo nuestros problemas políticos en relación al partido a veces estimado por personas consideradas sensatas como “el menos malo” de las ofertas existentes.

 

Los opositores mantienen que si acceden al poder habrá justicia pero si ésta significa “dar a cada uno lo suyo” según la definición clásica, no resultará posible lograr el cometido por las razones antes expuestas en cuanto a la subestimación y ataque a la propiedad privada. Lo único que tal vez resulte posible en un nuevo gobierno es evitar que se esté asesinando en la calle como ocurre permanentemente en la actualidad. También, conjeturo que al mostrar el nuevo gobierno mejores modales con el resto del mundo, es posible que entren capitales que contribuyan a mejorar la situación, aunque si no se toman medidas de fondo, a poco andar, luego del exitismo inicial con el cambio de gobierno (que ya hemos vivido en otras oportunidades), luego de este entusiasmo inicial decimos se caerá nuevamente en los consabidos pozos de desilusiones que nos han acompañado luego de los  primeros tramos de una nueva gestión.

 

Como hemos puntualizado al comienzo, el asunto fundamental consiste en la educación. Mientras este aspecto no sea considerado debidamente, no existirán discursos razonables de políticos que se dirijan a una audiencia que comprende y acepte valores como los alberdianos. Y no se diga que esta es una faena de largo plazo porque es lo que se ha venido repitiendo desde hace más de siete décadas. Cuanto antes se empiece más rápidos serán los resultados. Desde la vereda de enfrente a lo que venimos diciendo, cito por enésima vez a Antonio Gramsci quien ha escrito: “tomen la cultura y la educación y el resto se dará por añadidura”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

Por qué criticar a la oposición?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 1/12/14 en: http://economiaparatodos.net/por-que-criticar-a-la-oposicion/

 

¿Por qué el crítico del Kirchnerismo también lo es de la oposición?

Ya entrando en el tramo final del gobierno Kirchnerista, los distintos opositores presidenciales van incrementando su presencia en la opinión pública. Scioli, Macri, Massa, etc. Con su mayor presencia, también han aumentado las críticas a estos participantes políticos de aquellos que claramente son críticos del Kirchnersmo (me incuyo…). ¿Por qué es esto? ¿Por qué el crítico del Kirchnerismo también lo es de la oposición? Después de todo, el Kirchnerismo ha llevado el autoritarismo y desprecio por las instituciones a niveles pocas veces visto en la democracia Argentina. Si bien no hablo por terceros, sí es importante entender por qué la oposición no debe estar libre de críticas.

Lo primero a tener en cuenta es que no es lo mismo criticar al Kirchnerismo per se que criticar el autoritarismo y malas políticas económicas, sean o no del Kirchnerismo. Las transgreciones institucionales y el destrozo económico que este movimiento ha hecho es igual de criticable cuando es llevado adelante por la oposición. Si Macri, Massa, o Scioli hubiesen sido gobierno estos 10 años y hubiesen hecho exactamente lo mismo, serían igual de cuestionables. Estando a cargo del Poder Ejecutivo y con una notable presencia en ambas cámaras del Congreso es lógico que la mayor cantidad de críticas recaiga sobre el Kirchnerismo y que esto comience a cambiar a medida que distintos grupos opositores comienzan a ganar espacio. Para dar un ejemplo concreto. Que Scioli o Macri, por ejemplo, utilizen bienes del estado (es decir, de la gente) para promocionar sus respectivos partidos es tan reprochable como cuando lo hace el Kirchnerismo.

En segundo lugar, puede que sea tarea del político confundir a la gente, pero ciertamente no es la tarea del economista como economista (a diferencia del economista que se dedica a la política.) El deterioro fiscal es un problema que no se puede ignorar. Con una presión tributaria record y el acceso a los mercados internacionales cerrados, es inevitable que una reducción del deficit debe venir por el lado de un recorte de gasto público (también en niveles record.) Escuchar a los candidatos opositores hablar del futuro del país obviando este fundamental problema es preocupante. Es una ilusión errada o una falta de honestidad hacia el electorado hacerle creer que este problema no es serio o magicamente se arregla luego del cambio de gobierno. ¿Dónde estan los planes de reforma fiscal que vayan a poner fin al deficit estructural del país? ¿Qué hacen los economistas de la oposición que aún no se conocen planes concretos? Macri, por ejemplo, puede prometer la mayor obra de infraestructura del país si es elegido presidente, pero esta es una promesa no creíble sin un plan de equilibrio fiscal. ¿Dónde está ese plan? La misma pregunta recae sobre los otros presidenciables. ¿Dónde está el plan, concreto, para reducir el deficit fiscal y poner fin a la inflación?

En tercer lugar, se desdibujan cuáles son los límites que cada partido o candidato opositor está dispuesto a cruzar para obtener el poder. ¿Cuánto vale la promesa de respeto por las instituciones de un Scioli, un Massa, o un Cobos, que han sido parte central del Kirchnerismo? No es que el Kirchnerismo se volvió autoritario de golpe justo luego que ellos hicieron un paso al costado, el Kirchnerismo siempre lo fue. Quién no podía ver los sesgos autoritrios y anti-republicanos del Kirchnerismo en sus inicios bien haría en retirarse de la política en lugar de a millones de Argentinos a merced de sus decisiones políticas. ¿Dónde esta el límite, por ejemplo, del Pro si este partido se saca fotos con la imagen de un terrorista y asesino como el Che Guevara con el rostro de Macri, etc?

Con estos comentarios no quiero decir que no entienda la lógica de búsqueda de votos (median voter theorem 101), pero eso no quiere decir que no se deba medir con la misma vara a todos los opositores. ¿Acaso para el opositor el fin justifica los medios y él no debe ser criticado cuando hace cosas similares al Kirchnerismo? Se podrá argumentar que las circunstancias son excepcionales dado el nivel de autoritarismo del Kirchnerismo. Pero ese no es el punto. En primer lugar, si el político opositor realmente cree estar a la altura de las circunstancias, entonces no debe comportarse como un seguidor de encuestas y ser un verdadero líder de opinión pública. Si la oposición va a ser seguidora de encuestas, entonces es indistinto a quien se vota. Mal que le pese a la oposición, el Kirchnerismo ha sido mejor lider político (que su liderazgo no lleve a buen puerto es otro tema). En segundo lugar, recuerdo que cuando el Kirchnerismo estaba en sus inicio varios cuestionaban su sesgo autoritario. Las respuestas generales era que esas “pequeñas” transgreciones no eran para tanto y que los críticos exageraban, después de todo veníamos de una seria crisis económica. El tiempo le dio la razón a los que “exageraban.” ¿Vamos a cometer el mismo error?

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

AUSENCIA Y VIGENCIA DE ALBERDI.

Pot Armando P. Ribas. Publicado en http://www.periodismodeverdad.com.ar/2011/07/06/ausencia-y-vigencia-de-alberdi-por-armando-ribas/

Mi amigo García Hamilton escribió una biografía de Alberdi que tituló:”Historia de un Ausente”. Voy a tomar ventaja de ese título ilustrativo de una realidad de vida, para adoptarlo a una realidad de ideas. La ausencia de Alberdi durante su vida y su aparente soledad durante su auto exilio europeo que pudo y seguramente fue triste. Desde el punto de vista humano. Pero como yo no intento una biografía vital sino política he llegado a la siguiente conclusión: La ausencia física de Alberdi no impidió que su pensamiento trascendiera las distancias.

 Fue así que influenciaron a los hombres de la generación del 37 que lograron el milagro de sacar a la Argentina de la Edad Media y proyectarla por las cimas de la historia liberándola asimismo del supuesto Iluminismo europeo que como creo fue la fuente filosófica del totalitarismo racionalista europeo.

El progreso y adelanto relativo de un país respecto a los demás se prueba con lo que se ha denominado el voto con los pies. Eran entonces los europeos los que emigraban a la Argentina en busca de  libertad de la que carecían en La Francia del Segundo Imperio y las Comunas de París así como en la Alemania Bismarckiana , a la que el propio Hitler consideró el Segundo Reich. Y por supuesto no olvidemos a la Madre patria que logró llevar la Edad Media hasta el siglo XX.

El drama en la actualidad es la ausencia del ausente en Argentina por más de setenta años. Esa ausencia se ha traducido en una Argentina decadente, empobrecida y oprimida por la mano de la vigencia de un nacionalismo fascistoide y de un socialismo terrorista, cuyas figuras descollantes siguen siendo por una parte Perón y Evita y por la otra la presencia post morten del Che Guevara propulsor del amor al odio. Pero antes de seguir hablando de Alberdi permítanme dejarlo hablar a él. Así voy a comenzar con una cita que deja a las claras la lucidez de su visión sobre la libertad. Y más aún de su percepción histórica de las facetas del totalitarismo que surgido de Europa pondría al mundo en el siglo XX al borde del Apocalipsis.

Las palabras que siguen fueron parte de una observación hecha a Sarmiento respecto al concepto mismo de la barbarie. Esa palabras no descalifican en modo alguno la figura ni la labor eximia de Sarmiento respecto a la educación sino que reflejan la aguda percepción de Alberdi sobre el perjuicio histórico que habría de sobrevenir como consecuencia del racionalismo surgido de la llamada Ilustración. Así dice: “Tenga cuidado señor Sarmiento, en vista de los ejemplos célebres que acaban de probar ante el mundo aterrorizado que se puede ser bárbaro sin dejar de ser instruido, y que hay una barbarie letrada mil veces más desastrosa para la civilización verdadera que la de todos los salvajes de la América desierta”.

En ese pensamiento Alberdi, observando los desastres de las Comunas de París, cuando los primeros marxistas quemaban la Ciudad Luz, preveía el futuro de los totalitarismos europeos que hicieran eclosión en el siglo XX. Era evidente para él que las comunas representaban los prolegómenos de ese proceso filosófico que derivara en lo que he denominado el oscurantismo de la razón y que produjera por tanto el terror racional, que es otra forma de fanatismo occidental.

Alberdi asimismo había percibido el peligro que engendraba la democracia de masas, y así lo manifiesta como lo había hecho igualmente James Madison, que lo comparaba con el estado de naturaleza donde el individuo más débil se encontraba a merced del mas fuerte (SIC). Escribió así en “El Sistema Económico y Rentístico”: “ No participo del fanatismo inexperimentado, cuando no hipócrita que pide libertades políticas a manos llenas  para pueblos que sólo saben emplearlas en crear sus propios tiranos”. Así predecía el advenimiento de Hitler, Mussolini y porqué no decirlo Perón y más recientemente Chávez. Eso no significa estar en contra de la democracia sino a favor de la república en la cual existe la limitación del poder político a través de la separación de los poderes del Estado y la defensa irrestricta de los derechos individuales. Particularmente el derecho de propiedad y que adelantándose a los tiempos incluyó la propiedad intelectual.

Pasando entonces a la prédica demagógica de la libertad Alberdi reconoce y explica la diferencia sustancial entre la libertad interna y la libertad externa. O sea entre el respeto y defensa de los derechos individuales y la independencia, y en ese sentido escribe: “La Patria es libre cuando no depende del extranjero, pero el individuo carece de libertad cuando depende del Estado de una manera omnímoda y absoluta”. En esta observación ya Alberdi debatía con Hegel según quien el individuo no tenía más  razón de ser que su pertenencia al Estado. (La divina idea tal como se manifiesta sobre la tierra). Y asimismo discrepaba con el concepto de soberanía tal como había sido definido por Rousseau en el Contrato Social.

Vemos así que había tomado en cuenta el principio fundamental de Locke del que surge la razón de ser de la limitación del poder político y que lo expresa cuando dice: “Los monarcas también son hombres”.  La importancia de este principio la reconoce Alberdi y así sigue diciendo: “La omnipotencia del Estado o el poder omnímodo de la Patria respecto a los individuos que son sus miembros, tiene por consecuencia necesaria la omnipotencia del gobierno en que el Estado se personifica, es decir el despotismo puro y simple”.

Alberdi había tomado conciencia de que la diferencia entre la libertad interna y externa no era conocida en Europa y por tanto tampoco entre nosotros y al respecto dice:” América del Sur se liberará el día que se libere de sus liberadores.” Y ahondando en el tema  se refiere al carácter de lo que denomina la libertad latina y dice: “¿Cuál es la índole de la libertad latina? Es la libertad de todos refundida y consolidada en  una sola libertad colectiva y solidaria, de cuyo ejercicio exclusivo está encargado un libre emperador o un Czar liberador. Es la libertad del país personificada en su gobierno,  y su gobierno todo entero personificado en un hombre”. Y cita sin nombrarlo a Luis XIV: El Estado soy yo.

Igualmente Alberdi había comprendido la falacia que entraña la entelequia del Estado, y consecuentemente aceptado el nominalismo de los universales (pueblo, nación, estado, humanidad). Por tanto descreía de la supuesta eticidad  de aquellos que pretendían actuar por el bien público descalificando moralmente los intereses particulares como la expresión del egoísmo frente a la virtud de la solidaridad. Y al respecto dice: “El egoísmo bien entendido de los ciudadanos sólo es un vicio para el egoísmo de los gobiernos que personifican a los Estados”.

Por ello Alberdi cree en la empresa privada basada en el derecho de propiedad, y denigra la mera idea del socialismo al que califica de hipócrita y así dice en El Sistema Económico y Rentístico: “Pero no bastaba reconocer la propiedad como derecho inviolable. Ella puede ser respetada en principio y desconocida y atacada en lo que tiene de más precioso- en el uso y disponibilidad de sus ventajas… El socialismo hipócrita y tímido ha empleado el mismo sofisma, atacando el uso y disponibilidad de la propiedad en nombre de la organización del trabajo”. Por ello concluye: “El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca…Ella puede ser atacada por el Estado en nombre de la utilidad pública”.En estas palabras percibimos hoy más que nunca la problemática planteada en La Argentina por el gobierno de turno.

Sigamos el análisis de la filosofía alberdiana, cuya ignorancia a nuestro juicio ha sido determinante de la decadencia argentina. Nos referiremos entonces al problema de la seguridad y de la justicia. Y comienza diciendo Alberdi: “He vivido veinte años en el corazón del mundo civilizado, y no he visto que la civilización signifique otra cosa que la seguridad de la vida, de la persona , del honor y de los bienes”. Ya pues conocía la esencia de los derechos individuales y por ello continúa: “Pero así como toda la civilización política de un país está representada por la seguridad de que disfrutan sus habitantes, así también toda su barbarie consiste en la inseguridad, o lo que es igual en la ausencia de la libertad de ser desagradable al que gobierna sin riesgo de perder por eso su vida, su honor o sus bienes como culpable de traición al país”. Esta es la barbarie de la tiranía y del totalitarismo surgido del racionalismo moral.

Consecuentemente Alberdi se refiere a la importancia decisiva de la justicia, que por supuesto no la confunde con la justicia social y dice: “La propiedad, la vida, el honor son bienes nominales donde la justicia es mala. No hay aliciente para trabajar en la adquisición de bienes que han de estar a merced de los pícaros… La ley, la Constitución, el gobierno son palabra vacías sino se reducen a hechos por la mano del juez, que en último resultado es quien lo hace ser realidad o mentira”.

Es evidente que esta situación prevista por Alberdi se vive hoy en Argentina donde la justicia depende del Ejecutivo que es lo mismo que decir que no existe. Ya se han levantado algunas voces exponiendo esta realidad oprobiosa que de hecho significa la dictadura y la falta de libertad. Es a causa de estas circunstancias que el campo se ha rebelado, poniendo de manifiesto el estado de indefensión judicial que vive la ciudadanía en general por más que pocos se hayan atrevido a cuestionarla. Las retenciones son la forma hipócrita de violar los derechos de propiedad tal como lo había dicho Alberdi y así se expresó: “Hasta aquí el mayor enemigo de la riqueza del país es la riqueza del fisco”

En otro ámbito del quehacer político conforme al proyecto de Alberdi de que gobernar es poblar, se refirió al extranjerismo o sea al odio al extranjero. Al respecto dice en Las Bases: “La prensa, la historia preparada para el pueblo, deben trabajar para destruir las preocupaciones contra el extranjerismo por ser obstáculo que lucha de frente con el progreso de este continente. La aversión al extranjero es barbarie en otras naciones; en las naciones de América del Sur es algo más, es causa de ruina y de disolución de la sociedad de tipo español.” Alberdi pues nos había advertido de lo que habría de pasar como consecuencia de la enseñanza nacionalista iniciada a principios del siglo XX, que se apoderara del pensamiento ilustrado argentino a través del nacionalismo católico-acólito indiscutible del fascismo mussoliniano y que definitivamente alcanzara el poder con el advenimiento de Perón.

Los resultados están a la vista y ya Alberdi había previsto la incongruencia del nacionalismo y sus implicaciones económicas y escribió. “Toda ley que atribuye al Estado de un modo exclusivo, privativo o prohibitivo, que todo es igual, en el ejercicio  de operaciones o contratos que pertenecen esencialmente a la industria comercial, es ley derogatoria de la Constitución en la parte que ésta garantiza la libertad de comercio a todos y cada uno de los habitantes de la Confederación”. Es evidente que a partir de la llegada de Perón y continuando con sus sucesores la Argentina ha violado la Constitución de 1853. Y al respecto Alberdi advertía: “La idea de una industria pública es absurda y falsa en su base económica”. Así ya en 1853 Alberdi se oponía al comunismo que habría de llegar en 1917 y preveía lo que finalmente hasta el propio Lenin llegó a comprender cuando escribió su ensayo “La Nueva Política Económica”. Desafortunadamente en la actualidad se han olvidado estas advertencias y se ha vuelto al pensamiento de Lenin contenido en “Imperialismo Etapa Superior del Capitalismo”, donde se oponía a la inversión extranjera por considerarla una forma de explotación de los países ricos a los pobres.

Alberdi igualmente predicó la libertad religiosa y así Argentina a partir de 1853 se convirtió en el segundo país en el mundo donde hubiera libertad de cultos. Todo parece indicar que en este aspecto Alberdi estaba influenciado por el pensamiento de Locke contenido en su Carta Sobre la Tolerancia, y así al respecto escribió: “Querer el fomento de la moral en los usos de la vida y perseguir iglesias que enseñan la doctrina de Cristo ¿Es cosa que tenga sentido?” De la misma forma también defendió la separación del Estado de la Iglesia aún cuando en la Constitución de 1853 se llegó a una transacción por la cual el Estado debía sostener el culto católico y el presidente debía ser católico.

Creemos igualmente que el pensamiento de Alberdi estaba influenciado por David Hume así como denigraba a Rousseau. Por esa razón se pronunció contra el principio de que la ley era la voluntad general, y citando a Rivadavia dice: “Fatal es la ilusión en que cae un legislador –decía Rivadavia- cuando pretende que su talento puede modificar la naturaleza de las cosas o suplir a ella sancionando y decretando creaciones”.Es por ello que asimismo defiende la función esencial de la oposición en el gobierno como garantía de la libertad.

Por último Alberdi al igual que James Madison estaba en contra de la guerra y consideraba la paz como un requisito indispensable del progreso y libertad de los pueblos. Así escribió en Las Bases: “Reducir en dos horas a una gran masa de hombres a su octava parte por la acción del cañón; he ahí el heroísmo antiguo y pasado. Por el contrario, multiplicar en pocos días una población pequeña, es el heroísmo del estadista moderno; es grandeza de creación en lugar de grandeza de exterminio”.

Pero Alberdi adelantándose a su tiempo y en forma mucho más esclarecida que  Kant en su “Paz Perpetua” prevé las causas determinantes de que las guerras fueran más raras. Así en “El Crimen de la Guerra” -prohibido por Perón- Alberdi escribe: “Pero indudablemente las guerras serán más raras a medida que la responsabilidad de sus efectos se hagan sentir en todos los que las promueven y suscitan”. Indudablemente que la existencia de las armas nucleares produjo el efecto previsto por Alberdi y por ello la Guerra Fría no derivo en la tercera guerra mundial. Este hecho fue más tarde reconocido por el Papa Juan Pablo I antes de su muerte.

Por todo lo dicho anteriormente me atrevería a decir que la Argentina hoy más que nunca necesita el reencuentro con el pensamiento del gran ausente cuyas idea produjeron el milagro agentino de la Constitución de 1853.

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.