Panorama devastador en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 23/7/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1712149-panorama-devastador-en-medio-oriente

 

Israel ocupó la llamada Franja de Gaza durante la Guerra de los Seis Días. En 1967. No obstante, se retiró de ella en 2005. Pero desde entonces ha debido mantener siempre a sus tropas en estado de alerta en su derredor.

Ahora, en rigor, el alerta comprende a todo su territorio. Porque los nuevos misiles que disparan las milicias de Hamas desde el interior de Gaza tienen hoy capacidad de golpear en cualquiera de sus rincones. Israel controla, además, las fronteras y el espacio aéreo y marítimo de Gaza. Esta es la situación, nueve años después de que Israel decidiera unilateralmente abandonar el territorio de Gaza.

En cada oportunidad, las acciones fueron relativamente breves. Pero siempre han sido devastadoras

Ocurre que en Gaza gobierna Hamas, el movimiento extremista y terrorista palestino que -con el apoyo de Irán y de la Hermandad Musulmana egipcia- no acepta la presencia del Estado de Israel en Medio Oriente. Y que, intransigente, no concibe que -a través de negociaciones de paz- se pueda edificar una solución, como la de los dos Estados, que permita una coexistencia pacífica entre judíos y palestinos.

Mientras tanto, en la pequeña franja de tierra viven -hacinados y en condiciones lamentables- nada menos que un millón ochocientos mil palestinos. Por el momento, sin futuro. Y casi en la miseria. Además, sumergidos en el resentimiento. Y no sin razones. Gaza es casi una gran prisión, con una población que vive mal, al aire libre.

Desde 2005, Israel y Hamas se han enfrentado abiertamente en Gaza, en tres oportunidades. En la guerra de 2008-2009, en 2012 y ahora.

En cada oportunidad, las acciones fueron relativamente breves. Pero siempre han sido devastadoras, dejando un saldo de destrucción y muchos muertos y heridos palestinos, a los que se suele llamar eufemísticamente: «bajas colaterales». Israel también ha tenido -y sigue teniendo- sus bajas. Pero muchas menos, atento a su enorme superioridad militar.

Las acciones bélicas en Gaza han sido siempre reacción -y consecuencia directa- de la ola de misiles que, de pronto, comienza a volar indiscriminadamente desde Gaza hacia Israel. Lo que es claramente inaceptable para cualquier gobierno israelí. Porque existe el derecho inmanente a la propia defensa. No obstante, esa reacción está sometida a la obligación de que ella sea proporcional al peligro al que responde, criterio nunca fácil de precisar.

Hasta ahora, cada uno de los enfrentamientos abiertos librados entre Israel y Hamas terminó en un cese el fuego alcanzado como consecuencia de la presión internacional, aunque sin que el riesgo de los misiles se eliminara. Nunca. El cese el fuego, propuesto nuevamente por Egipto acaba de ser rechazado expresamente por Hamas.

A la luz de lo sucedido en los últimos días, parece evidente que la paz y seguridad de la región están en peligro. Exponencialmente. Por el mayor alcance de los misiles de que ahora dispone Hamas y por la existencia comprobada de un enorme inventario -realmente de pesadilla- que ha permitido que, en tan sólo cinco días de conflicto, las milicias de Hamas hayan disparado nada menos que 1500 misiles contra Israel. Gracias a la eficacia defensiva del milagroso Domo de Hierro, muchos de los misiles disparados desde Gaza pudieron ser interceptados en el aire, antes de dar en sus blancos.

Esta vez la reacción militar de Israel tiene algunas características diferentes. Veámoslas.

Primero, Israel tiene una agenda militar con objetivos concretos. Precisos y públicos. Desplegada contra una serie de blancos emplazados en un territorio bien delimitado. Se trata de destruir lo sustancial de la extensa red de túneles que cruza la frontera de Gaza con Egipto por la que circulan los misiles y todo el aparato de guerra de Hamas. Los principales y más activos proveedores del arsenal en poder de Hamas son, claro está, Irán y su aliada, Siria.

En el primer día de las operaciones militares israelíes en Gaza, se descubrieron e inutilizaron diez túneles y se alcanzaron 240 blancos, en su mayoría rampas de lanzamiento de misiles. Desde entonces, el número de túneles descubiertos -y desarticulados- se ha más que duplicado.

Segundo, a diferencia de 2012, esta vez Egipto no está gobernado por la Hermandad Musulmana, como en tiempos de Mohamed Morsi, hoy en prisión. Sino por los militares. Ya no hay entonces «manga ancha» de ningún tipo para el tráfico de armamentos hacia Gaza, al menos en principio.

Tercero, los objetivos tácticos que Israel persiguió de inicio no estaban en zonas urbanas, sino en territorio eminentemente rural. Menos poblado, entonces. Con la posibilidad de disminuir sustancialmente el número de víctimas de las acciones militares y evitar combates callejeros.

Pero el domingo pasado esto cambió ante la decisión israelí de atacar asimismo objetivos ubicados en el barrio de Shejaiya, en las afueras de Gaza City. Y el número de víctimas fatales creció velozmente. Más de 500 palestinos y decenas de israelíes. El 75% de ellos son civiles inocentes.

Pese a esto último, alcanzado que sea el objetivo específico perseguido, Israel podría retirarse de Gaza, sin mayores dificultades. Aunque sin que esto signifique que no haya ocurrido -una vez más- un desastre humanitario. Prueba de ello es que ya hay más de 50.000 desplazados internos, en la propia Franja Gaza. Esto es gente que, huyendo precariamente de la muerte, dejó atrás sus hogares y pertenencias. Y, con frecuencia, también a parte de su familia. Lo que es siempre trágico.

Ya hay más de 50.000 desplazados internos, en la propia Franja Gaza. Esto es gente que, huyendo precariamente de la muerte, dejó atrás sus hogares y pertenencias

Cuarto, el premier Netanyahu, a diferencia de Hamas que la rechazó, aceptó la propuesta egipcia de cese el fuego y concedió, además, las pausas humanitarias (de seis horas y dos horas) que le pidieran las Naciones Unidas. Mostró así una disposición distinta a la intransigencia propia de Hamas.

Quinto, Irán está hoy sobreextendido, con tropas propias y milicias de Hezbollah combatiendo en Siria e Irak contra el fundamentalismo violento sunni.

Pese a las diferencias apuntadas, este es un nuevo módulo de violencia dentro de un ciclo que, cuando se enciende, se transforma en una lamentable espiral de horror. Esa espiral contiene siempre la expresión de irracionalidad que parece mover a Hamas, exteriorizada por su rechazo al ofrecimiento egipcio de mediar para un cese el fuego inmediato.

Nuestra Cancillería acaba de hacer conocer su posición particular sobre este difícil tema. Lo hizo el domingo, mediante un mensaje duro respecto de Tel Aviv.

Ella puede sintetizarse como sigue: (i) el uso de la fuerza por parte de Israel ha sido desproporcionado y excesivo; (ii) la ofensiva terrestre de Israel ha «escalado» la crisis y sólo generará más inestabilidad en la región, más víctimas y más sufrimiento. Esto supone sostener que sólo debió actuarse desde el aire, como única reacción posible en ejercicio del derecho inmanente de defensa. Lo que es controvertible, por lo menos. Porque no asegura la destrucción de las rampas de lanzamiento de los misiles. Ni permite la destrucción de los túneles por los que ingresan ilegalmente a Gaza; (iii) el continuo e indiscriminado lanzamiento de misiles desde Gaza hacia Israel es también condenable; (iv) nuestro país apoya todas las gestiones que procuran un cese del fuego inmediato y duradero; (v) es necesario reanudar el proceso de paz en Medio Oriente, sobre la base de la solución de los dos Estados; (vi) es vital permitir el flujo de la ayuda humanitaria; (vii) debe garantizarse un flujo -sostenido y regular- de bienes y personas a través de los pasos fronterizos de Gaza. Nada se dice, sin embargo, sobre el uso -y abuso- de la frontera para ingresar ilegalmente a Gaza la montaña de misiles que conforma el inventario de los milicianos de «Hamas». Ni respecto de quienes siguen siendo los proveedores de misiles para «Hamas»; y (viii) los responsables de tanta muerte, destrucción y futuro truncado, no pueden quedar impunes. Sin justicia, sostiene nuestra Cancillería, no habrá paz duradera. Se sobreentiende que esto último se refiere a todos.

La angustia crece y, más allá de las declaraciones, no se advierte la existencia de una vía diplomática expeditiva que pueda poner fin a las hostilidades

Ante lo que sucede, la angustia crece y, más allá de las declaraciones, no se advierte la existencia de una vía diplomática expeditiva que pueda poner fin a las hostilidades, asegurando que sus causas no se repitan. Encontrarla rápido es el gran desafío.

Hasta ahora, los actores centrales en la búsqueda del cese el fuego son: las Naciones Unidas, los Estados Unidos y Egipto.

El otro movimiento palestino, Fatah, que ha condenado la violencia de Hamas, ha quedado a un costado, evidenciando irrelevancia.

Las demás «potencias» no están activas en el esfuerzo por lograr un cese el fuego. En algunos casos (como el de Rusia) sumergidas en sus propios conflictos, en otros (como el de China) por falta de protagonismo real.

Los esfuerzos en pro del cese el fuego deben ser apoyados, por todos. No es tiempo de mostrar indiferencia, sino de ayudar -cada uno de acuerdo a sus posibilidades- a interrumpir las hostilidades. Lo que es bien distinto.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Egipto: otra vez en la fragilidad

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 4/12/12 en http://www.lanacion.com.ar/1533096-egipto-otra-vez-en-la-fragilidad

Cuando aún no había transcurrido siquiera el primer semestre de su mandato, el presidente de Egipto, Mohammed Morsi, logró un éxito diplomático resonante al obtener rápidamente el cese del fuego en la Franja de Gaza. Lo hizo, es cierto, de la mano de los Estados Unidos, evitando una nueva invasión militar israelí a ese territorio -controlado por el movimiento palestino Hamas- que hubiera seguramente profundizado el grave enfrentamiento que estaba en curso.

Un paso inesperado

Entusiasmado quizás por esa feliz circunstancia, o advirtiendo la necesidad imperiosa de apurar la marcha en el proceso de normalización institucional egipcio, Morsi tomó una resolución sorpresiva, aunque equivocada: la de asumir la suma del poder público, en un país que acababa de repudiar masivamente al autoritarismo.

Mediante un decreto, el 22 de noviembre pasado, sumó a las facultades ejecutivas y legislativas que detentaba, una pretendida inmunidad para sus decisiones respecto de eventuales sentencias emanadas del Poder Judicial, facultad que -en su criterio- es imprescindible para «proteger la revolución».

En paralelo, Morsi apuró la labor de la Asamblea Constituyente, de la que se habían ya retirado -con visible enojo- los 25 miembros seculares y cristianos coptos que la integraban, cansados de la inflexibilidad de los islámicos que conforman la mayoría del organismo.

Ante la presión y en apenas dieciséis horas de labor, esa Asamblea disciplinadamente acordó el texto final de la nueva Constitución y lo hizo público. Morsi -de inmediato- anunció la convocatoria a un referendo aprobatorio de la Constitución, que está previsto para el próximo 15 de diciembre.

Procura así, aparentemente, neutralizar cualquier intento de la Corte Constitucional (que, recordemos, depuso al primer Parlamento egipcio que había sido electo en las urnas en más seis décadas, en el que los islámicos tenían mayoría) de disolver la Asamblea Constitucional. Lo que tendría un efecto demoledor respecto del aún lento proceso de institucionalización en marcha. Anticipando esa posibilidad, grupos de enardecidos manifestantes islámicos impidieron físicamente, el domingo pasado, el ingreso de los magistrados a sus oficinas.

La oposición se amalgama

Lo sucedido parecería haber unificado a buena parte de la oposición, que salió masivamente a las calles para repudiar la medida. Cientos de miles de manifestantes se concentraron en la histórica Plaza Tahrir, acusando a Morsi de ser un nuevo «faraón». Simultáneamente, los máximos magistrados de la justicia egipcia hicieron saber que -pese a lo sucedido- no renunciaban al control de legalidad que ejercen. Un grave conflicto de poderes quedó entonces evidente.

Simultáneamente se conformó el multicolor «Salvación Nacional», liderado por el socialista Hamdeen Sabahi y el Pemio Nóbel de la Paz Mohammad El-Baradei. A ellos parece acompañar Ahmed Shafik, que fuera el último primer ministro de Mubarak y se transformara en el rival de Morsi en la segunda vuelta de la elección presidencial de junio pasado, a la manera de estandarte del secularismo.

 Simultáneamente, los máximos magistrados de la justicia egipcia hicieron saber que -pese a lo sucedido- no renunciaban al control de legalidad que ejercen. Un grave conflicto de poderes quedó entonces evidente

 Los movimientos islámicos, cual ordenada galaxia -esto es el brazo político de la Hermandad Musulmana («Justicia y Libertad») sumado el más duro «salafismo», agrupado en torno al movimiento «Al-Nour»- salieron también a las calles. Llenaron -vociferantes- la plaza de la Universidad Gizeh, emplazada a escasos 10 minutos de la Plaza Tahrir, en apoyo a Morsi.

Los islámicos, es cierto, saben bien lo que quieren: un país islámico. Lo que no es necesariamente lo mismo que una «teocracia», a la manera de Irán o Sudán, en la que el poder máximo queda siempre en manos de los clérigos. Los seculares y cristianos egipcios están ahora unidos. Pero en este segundo caso por lo que ambos no quieren que suceda: esto es un país estructurado a la manera islámica. En cambio, pretenden que se garantice el pluralismo y la vigencia de las libertades civiles y políticas esenciales.

Un proyecto más bien moderado

El ambiente político egipcio parece haber cambiado. Está más tenso. Conmocionado. Morsi acusa a la oposición de «conspirar» en su contra. Asegurando que sus líderes han sido «infiltrados» por personeros de Mubarak.

Dos años de mucha cautela y pragmatismo por parte de la Hermandad Musulmana han quedado, de pronto, de lado. Las intimidaciones y acusaciones recíprocas resuenan en el aire. La oposición no se sorprende y recuerda que la Hermandad Musulmana está repleta de promesas públicas incumplidas, como las que aseguraran en su momento que no tendría candidato presidencial, o las que la comprometieran a no tener más de un tercio del Parlamento, ni monopolizar el poder.

Lo cierto es que el proyecto de Constitución que se someterá próximamente a referendo no luce demasiado radical. Mantiene, por ejemplo, una norma de la Constitución de 1980, en función de la cual el derecho egipcio deberá nutrirse en los «principios del derecho islámico», o sea en la llamada «sharia». Agregando a ello sin embargo una novedad en el sentido de que si esos principios requirieran de pronto una definición o aclaración, ella será la que surja de la opinión de las principales escuelas religiosas del islamismo «Sunni».

La Constitución proyectada también mantiene algunas de las cuestionadas facultades pasadas de los militares, que en más seguirán participando decisivamente en la designación del ministro de defensa y manejando su sector, incluyendo su propio presupuesto, lo que supone seguir gozando de privilegios importantes. Al menos por un rato. A lo que se agrega que, en algunos casos, los tribunales militares podrán seguir juzgando a los civiles.

Respecto de la libertad religiosa, ésta se garantiza expresamente a las tres grandes religiones monoteístas. Esto es al cristianismo, al judaísmo y al islamismo. Sólo a ellas.

Si bien se prohíbe en general la discriminación, no hay en el proyecto de Constitución garantía explícita alguna de igualdad entre el hombre y la mujer. Es más, en el proceso preparatorio se dejó de lado una norma que la exteriorizaba, para así satisfacer a los ultra-conservadores, que pugnaron -sin éxito- por incluir una peligrosa cláusula que disponía que la situación de la mujer debía reglarse por los principios de las leyes religiosas. 

Otro tema también espinoso del proyecto es el tiene que ver con la disposición que asigna a «la sociedad» un rol activo en la defensa de los valores de la familia y de los principios morales. Se trata de un precepto que eventualmente podría abrir la puerta para que, de pronto, se organicen grupos celosos y radicales de «vigilantes» o «guardianes» de la moral islámica, a la manera de lo que sucede en algunos países del Golfo.

Paso redoblado

Con sus decisiones recientes, Morsi ha apurado claramente la marcha. Redoblando su apuesta por hacer sancionar una nueva Constitución, que obrará a la manera de cimientos para la nueva administración.

Ello ha despertado a la oposición de un aparente letargo y generando presiones que la están unificando, situación que, sin embargo, no será fácil de mantener en el tiempo, según enseña la propia experiencia egipcia reciente.

Queda visto que, de pronto, una cuota de fragilidad ha vuelto a aparecer en el país de los faraones y de ochenta millones de habitantes. No obstante, las encuestas sugieren que el presidente Morsi lleva las de ganar en un país que cuenta con claras mayorías islámicas. Para ello debe cuidarse de no incurrir en nuevos errores y ser capaz de manejar los tiempos sin recurrir al abuso del poder que ahora detenta, de hecho. Las semanas que se aproximan serán seguramente de una intensidad política verdaderamente apasionante.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.