La socialdemocracia cambiemita es parte del problema

Por Iván Carrino. Publicado el 20/7/17 en: http://www.ivancarrino.com/la-socialdemocracia-cambiemita-es-parte-del-problema/

 

De cara a las PASO, algunas medidas que analiza el gobierno generan más preocupación que entusiasmo.

El viernes pasado arrancó oficialmente la campaña electoral para las PASO. Muchos coinciden en que en este simulacro de elecciones legislativas se juega el futuro del país.

Es que, de ganar el oficialismo, se consolidaría un camino de reformas que generarían mayor confianza de los inversores, estabilidad y mayor crecimiento. De lo contrario, reinaría el miedo, la huida de las inversiones, el salto del tipo de cambio y una mayor pobreza.

¿Existe realmente semejante “grieta” en la política económica propuesta por ambos lados?

En realidad, no tanto. El panorama electoral argentino es desolador: son todos partidos de izquierda, salvo Cambiemos, que es socialdemócrata.

¿Y qué quiere decir esto? Que el cambio que necesita el país está lejos de llegar, independientemente de quién gane las elecciones.

Medallas para Macri

El gobierno actual heredó una situación económica al borde del colapso. Cuando se emite dinero de manera descontrolada, se gasta más de lo que se ingresa crónicamente y, como frutilla del postre, se controlan casi todos los precios de la economía, la bomba tarde o temprano estalla.

Con esa herencia, Cambiemos hizo lo que pudo y tomó medidas en la buena dirección. Eliminó el cepo, quitó las restricciones para exportar, ajustó algo las tarifas de servicios públicos y redujo impuestos.

Destapar (a medias) la olla a presión de la economía K no fue fácil. 2016 terminó con 41% de inflación y una caída de 2,3% del PBI.

No obstante, en 2017 el país tendrá un escenario radicalmente distinto. La inflación será del 20-22% anual y el crecimiento cercano a 3%. Con esos números, Cambiemos podrá colgarse las medallas de la menor inflación en siete años y el mayor crecimiento en cinco.

Pero el gasto no se toca

Las medidas tomadas en 2015 y 2016 tendientes a liberalizar algunos sectores de la economía deben ser aplaudidas, pero hay temas de fondo que no se modifican.

El gasto público es el principal responsable del déficit fiscal y del pobre crecimiento de la economía nacional. Además, refleja el alto grado de estatización de la sociedad argentina.

Para que Argentina crezca lo suficiente como para alcanzar a los países del Primer Mundo, el tamaño del gasto debería recortarse de manera considerable. No hablamos de 1 o 2 puntos porcentuales, sino de 15 o 20.

Cambiemos, sin embargo, no va en esta dirección. Entre 2015 y 2016 el gasto creció en términos de PBI. Es que, a pesar del recorte en subsidios energéticos, aumentó la asistencia social producto de la “Reparación Histórica” de los jubilados.

Ahora si aceptamos que era necesario y éticamente correcto pagar esos juicios, ¿por qué no redujeron más aún otras partidas?

El gasto no se toca. Al menos no a la baja. Nuevas medidas como los créditos a los beneficiarios de AUH que ofrecerá la ANSES, o los del “Plan Potenciar” que ofrecerá el Banco BICE  son, a la larga, un aumento del gasto público.

Si los receptores del dinero no pagan su deuda, el agujero impactará en las arcas del estado.

Reforma tributaria: más impuestos

Una de las medidas que más  entusiasmo genera entre los agentes económicos es la reforma tributaria. Si Cambiemos gana las elecciones, se sostiene, entonces tendrá la fuerza legislativa necesaria para impulsar un plan integral para bajar impuestos y mejorar la competitividad.

Si ese fuera el  caso, ¡bienvenida la reforma!

Sin embargo, hace poco trascendió que los funcionarios no evalúan bajar impuestos, ¡sino subirlos! De acuerdo con el diario La Nación, el gobierno estudia lanzar un nuevo impuesto a los “alimentos no saludables”.

Esta medida desnuda el carácter socialdemócrata de Cambiemos. Por un lado, más peso del estado por la vía de nuevos impuestos. Por el otro, más paternalismo estatal e intromisión del gobierno en la vida privada de la gente.

Muchos argumentan que estos impuestos son razonables, porque si algunos tienen malos hábitos de alimentación, eso genera un gasto mayor en asistencia médica pública.

Ahora si Cambiemos quiere Cambiar en serio, hay que discutir es el tipo de país que queremos.

¿Queremos un país donde papá estado se haga cargo de todo, diciéndonos lo que tenemos que hacer porque, a fin de cuentas, él es el que paga los platos rotos? ¿O uno donde cada argentino sea digno y se haga cargo de sus decisiones?

La socialdemocracia cambiemita se inclina por lo primero.

Por si esto fuera poco, Mario Quintana afirmó que “el sistema tributario castiga a la producción y no grava la renta financiera”.

Aquí hay un problema de concepto. La renta financiera, que deriva del ahorro y el préstamo, es clave para la inversión. Si el ahorro no genera beneficios, entonces no habrá ahorro. Y sin ahorro no hay inversión. Y sin inversión no hay producción. Por tanto, gravar la renta financiera también gravará la producción.

La reforma tributaria debería eliminar impuestos y reducir tasas impositivas. No crear impuestos nuevos y aumentar el alcance de los existentes.

Socialdemocracia, parte del problema

El partido de Mauricio Macri tiene el mérito de haber abortado el camino hacia el chavismo que transitaba Cristina Fernández. Sin embargo, su modelo socialdemócrata de estado omnipresente no es lo que necesita el país.

Argentina, por su historia de desastres fiscales y crisis económicas asociadas, necesita ir de lleno a convertirse en uno de los países con mayor libertad económica del planeta. Sólo así atraerá la inversión necesaria para impulsar el crecimiento.

A la hora de votar, es cierto que Cambiemos luce como la opción menos mala. Pero esta realidad no habla bien de Cambiemos sino mal de nuestro país.

Como reza una historieta que circula en las redes: todos están a favor del “cambio”, pero nadie quiere cambiar nada.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Ni Macri ni Cristina: libre comercio

Por Iván Carrino. Publicado el 27/6/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/06/27/ni-macri-ni-cristina-libre-comercio/

 

 

A pesar de las críticas, el comercio es deseable tanto desde el punto de vista económico como desde la óptica moral.

La apertura comercial no goza de buena prensa. Al menos no en Argentina. Por los últimos años, la economía se fue cerrando. Al principio con la estrategia del “dólar competitivo”. Luego con restricciones burocráticas. Finalmente, con el cepo y la arbitrariedad de las DJAI, terminamos construyendo un muro contra el comercio.

Con el cambio de gobierno, muchos se apresuraron a denunciar la salvaje apertura importadora que llegaría de la mano de Macri.

Sin embargo, esto no sucedió. Lo único que hizo el nuevo gobierno fue liberar el tipo de cambio (reduciendo los incentivos a importar, ya que con dólar a $ 15 es más caro que con dólar a $9) y sustituir las DJAI por un sistema aprobado por la Organización Mundial de Comercio. Pero lejos estamos de abrirnos.

En primer lugar, porque el 20% de la industria sigue protegido por el nuevo sistema “SIMI”, que implica licencias no automáticas para “sectores sensibles”. En segundo, porque el país está comercialmente integrado solo con el MERCOSUR, grupo dentro del cual todos son partidarios del proteccionismo. Por último, porque de acuerdo con el Banco Mundial, nuestro arancel para productos manufacturados (8,6%) es el doble que el de Colombia, cinco veces el de Perú, y 13 veces más alto que el de Chile.

La Argentina no es un país abierto al comercio. Ni con Cristina, ni con Macri.

Esta es una mala noticia. ¿Por qué? Porque tener más libertad no solo es bueno desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista moral.

Más libertad, más progreso

El argumento favorito de los enemigos del comercio es que la apertura comercial genera desempleo. Si así fuera, los países que menos trabas imponen a su comercio, más desempleo tendrían. Sin embargo, éste no es el caso.

Si tomamos tres de los países más comercialmente libres del planeta según la Fundación Heritage, comprobaremos que el desempleo allí es considerablemente bajo. Hong Kong, por ejemplo, mostró en 2016 un 3,4% de desocupación; Suiza, 4,6%; y Singapur, 1,8%. Envidiable.

Otro dato interesante es que, si ampliamos el análisis, la diferencia de riqueza entre los más abiertos y los más “protegidos” es sustancial. Los que abren sus fronteras tienen un PBI per cápita 5,3 veces más alto que los que las cierran.

La apertura comercial genera riqueza porque permite que la gente compre bienes más baratos y utilice lo que se ahorra para invertir en la economía local. Así, no solo mejora los salarios reales, sino que aumenta la capacidad de ahorro e inversión. A las empresas también les conviene, ya que tienen más facilidades para abastecerse de insumos y, al mismo tiempo, un mercado más grande para vender.

Como decía Adam Smith, la división del trabajo depende del tamaño del mercado, y a mayor división del trabajo, más especialización, eficiencia y riqueza. ¿Para qué cerrarse e impedir este proceso?

La dimensión moral

Los beneficios de la libertad no son solo económicos sino también morales. Imaginemos una pareja en una plaza siendo cariñosos el uno con el otro. Acto seguido, una persona le hace un tacle de rugby a uno de los integrantes de la pareja.

Claramente, a cualquier observador esto le parecería una verdadera atrocidad. O, como mínimo, una violenta falta de respeto.

Con el comercio sucede lo mismo: impedir los acuerdos comerciales no es otra cosa que impedir una transacción voluntaria en la cual ambas partes se están beneficiando. Eso implica violentar las decisiones de la gente: ¿con qué derecho?

Por si esto fuera poco, el proteccionismo implica discriminar a los extranjeros. Es como si la pareja de nuestro ejemplo fuera disuelta porque uno de los dos es inmigrante y el otro, en realidad, debería “comprar nacional”. Si no aceptamos este argumento para estos casos, ¿por qué lo aplaudimos en el marco de la economía?

Hay que abrir la economía y hacerlo con firmeza. Redundará en una mayor libertad para todos y en una mejora económica sustancial.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

“La pregunta es si el tipo de cambio oficial, en torno a $13, no se queda corto”

Entrevista a Nicolás Cachanosky. Publicado el 28/12/15 en: https://www.portfoliopersonal.com/Noticias/nota.asp?n=88923

 

Afirma Nicolás Cachanosky consultado sobre el precio del dólar, tras la salida del cepo, mientras recomienda observar en los próximos meses si la divisa comienza a evolucionar más rápido o lento que la inflación. No obstante, sostiene que a esta altura, dado que el mercado de cambios actual no incluye aún a todos los participantes, habrá que esperar que se normalice el comercio internacional para ver cómo siguen las cosas.
Dos son las cosas que se pueden hacer a esta altura del año: repasar lo sucedido o bien, anticiparse a lo que vendrá. Un poco de las dos hicimos con Nicolas Cachanosky, en esta entrevista en la cual hablamos -entre otros temas- del nuevo gobierno, el dólar, los holdouts y el rol del Estado.

¿Cómo ve las medidas tomadas por el gobierno hasta ahora? ¿Cuál cree que será el próximo paso, en orden de prioridades, en materia económica?

En materia económica, hasta el momento, las medidas parecen ir en el camino adecuado. Salir del cepo era imperioso. La fuerte reducción de tarifas al sector agrícola (si no son compensadas con otros impuestos) va a traer una mayor rentabilidad a un sector muy importante de la economía argentina.

Digo que me “parece” que van en el camino adecuado porque estas medidas son insuficientes. El origen de los desequilibrios económicos se encuentra en un muy pesado déficit fiscal que muy posiblemente supere al 7% del PBI en el 2015.

Con una presión fiscal consolidada superior al 40%, el gobierno no tiene otro camino que reducir el déficit por el lado del gasto. Ya no hay margen para seguir subiendo impuestos. La economía argentina no sólo no crece, tiene unas de las inflaciones más altas del mundo.

Es entendible, por supuesto, que dado el deterioro heredado y lo políticamente sensible que es tocar el gasto público estas reformas no se pueden realizar en tan pocos días. Pero dicha estrategia es necesaria.

Durante la campaña electoral Cambiemos ha dado a entender que de ganar las elecciones el shock de confianza iba a ser tal que no iban a tener que ajustar las cuentas públicas debido a la cantidad de inversiones que iban a entrar al país. Debido a estas expresiones, personalmente no estoy del todo seguro que exista un plan para equilibrar las cuentas públicas.

Habrá, posiblemente, ajustes menores o marginales, pero corregir un 7% de déficit requiere un serio plan fiscal del que aún no hemos escuchado detalles. Lamentablemente, dudo que este problema se resuelva eliminando algunos subsidios de manera gradual. En este sentido, soy menos optimista que Cambiemos. No podemos confundir hacer reformas con las expectativas de que se vayan a realizar las reformas. Si dichas expectativas no se cumplen, el problema no va a desaparecer.

¿Es optimista en torno a las renegociaciones con los holdouts? ¿Cómo crees que podría resolverse el tema?

Soy optimista y espero que este conflicto llegue de una buena vez a su fin. Con un fallo de la justicia en firme, hay al menos dos maneras de resolver el tema. Una es pagando cash a los holdouts. La otra es ofreciendo un bono cuyo valor presente sea equivalente al monto adeudado, es decir, a lo que costaría un pago cash.

Las partes podrán discutir distintos métodos, pero el pago será spot (cash) o devengado (bono) indistintamente de los instrumentos que se utilicen.

Los holdouts han dejado trascender que no se oponen a discutir el pago de lo adeudado con un bono, por lo que se puede llegar a buen puerto si hay mayor voluntad en Cambiemos que la que tuvo el Kirchnerismo para resolver este conflicto. Este es otro problema fundamental a resolver por esta administración. No me sorprendería si una vez resuelto este conflicto comienzan reformas fiscales más significativas.

¿Cómo cree que seguirá el dólar, tras la liberación del cepo?

No me extrañaría que en el mediano plazo el tipo de cambio suba. Pero va a depender de la política del BCRA, que ha informado que pretende seguir un esquema de tipo de cambio administrado (flotación sucia) con bandas.

Distinto sería el caso de una flotación libre, donde el tipo de cambio depende del mercado sin intervención del BCRA. No es lo mismo predecir la evolución de agentes económicos en el mercado de cambios, que predecir las preferencias políticas respecto al tipo de cambio del banco central.

La pregunta que se han hecho varios economistas en los últimos días es si el tipo de cambio oficial, en torno a 13ARS/USD, no se queda corto. Hay argumentos plausibles en este sentido.

Por ejemplo, que por las vacaciones y fiestas la demanda de ARS es estacionalmente menor a la de otros meses. Que las exportaciones (oferta de USD) crece más rápido al quitar el cepo que las importaciones (demanda de USD). O qué si el tipo de cambio fuese el correcto, entonces por qué elevar las tasas de interés que, por más que le objetivo sea reducir la inflación afecta también al mercado de cambios.

Otro dato sugestivo es que, partiendo de diciembre del 2006 (cuando comienza la alta inflación) a noviembre del 2015, la inflación acumulada fue del 648%, mientras que el tipo de cambio se devalúo “solo” un 216%.

Tomando diciembre del 2016 como referencia, si el tipo de cambio hubiese evolucionado al mismo ritmo que la inflación argentina neta de la inflación americana, el tipo de cambio estaría en torno a 20ARS/USD. Siguiendo este cálculo, admito sencillo, el tipo de cambio estimado se encuentra en valores similares al oficial si el atraso cambiario comienza a principios del 2010 y no a fin del 2006.

Lo que habrá que observar en los próximos meses es si el tipo de cambio comienza a evolucionar más rápido o lento que la inflación. Si bien tengo la impresión de que el tipo de cambio oficial actual se queda corto, no puedo decir que tenga una sólida certeza de que esa sea necesariamente la situación, dado que el mercado de cambios actual no incluye aún a todos los participantes. Hay que esperar a que se normalice el comercio internacional para ver qué sucederá con el tipo de cambio.

¿Cuál le parece que es la percepción general local y externa del nuevo presidente; y en especial, del nuevo equipo económico?

Creo que hay dos lecturas que coinciden doméstica e internacionalmente. En primer lugar, una expectativa de que Mauricio Macri traerá un cierto orden institucional al país. Bajo el kirchnerismo no se han respetado ni las formas ni los principios republicanos.

La importancia de las instituciones no siempre parece entenderse del todo. Si la política económica afecta los ciclos económicos en el corto plazo, las instituciones definen el nivel de riqueza a largo plazo.

No se puede ser Alemania o Suiza con instituciones como las Bolivarianas de Venezuela, indistintamente de que tan eficiente sea la política económica. Es tentador saltearse restricciones institucionales por beneficios de corto plazo. El punto, sin embargo, es respetar las instituciones cuando en el corto plazo sus resultados no parecen ser beneficiosos.

A modo de ejemplo, ¿fue correcta la movida de Macri de nombrar dos Jueces de la Corte Suprema por decreto mientras el Senado está en receso? ¿No es riesgoso dar inicio a esta práctica? No olvidemos que los Jueces de la Corte Suprema son la cabeza de un poder del estado y como tal se encuentran a la par, no por debajo, del Presidente. ¿Acaso el espíritu de dicha prerrogativa no es para el caso cuando no es factible reunir a los Senadores en un corto plazo? ¿Cuánto puede llevar reunir a los Senadores hoy día, respecto a cuánto tiempo podía llevarse cuando se escribió esa prerrogativa originalmente? ¿Realmente no había tiempo de reunir a los Senadores?

Una lectura literal de las normas puede llevarnos a concluir que los nombramientos son legales, pero una lectura más contextualizada nos puede llevar a la conclusión de que Macri violó el espíritu (intención) de la norma la cual tiene una clara interpretación republicana de limitar a los poderes del estado.

En segundo lugar, el equipo económico actual es claramente percibido con un mayor nivel de preparación, que al equipo económico saliente. Esto genera la confianza en quienes miran los futuros pasos del país que, indistintamente de la orientación política o ideológica del nuevo equipo, no se van a hacer desastres en materia de política económica.

Salir del cepo y eliminar retenciones eran dos necesidades casi imperiosas. De haber ganado Scioli, por lo menos hubiese salido también del cepo. Por lo que hay, también, que esperar a que se tomen más medidas concretas para ir teniendo una imagen más acabada de los planes del nuevo equipo económico.

¿Cuáles cree que son los principales desafíos del nuevo gobierno?

Al ver a Argentina veo dos grandes desafíos. En primer lugar, un problema cultural o educativo. La sociedad argentina es muy permeable a gobiernos de corte populista. Está muy asentada la noción de que uno tiene derecho a vivir del trabajo ajeno.

Percibo muy impregnado en la opinión pública la idea, errónea, de que la economía es un juego de suma cero (lo que uno gana otro lo pierde) en un lenguaje que invita a pensar en luchas de clases. ¿De dónde surge esta concepción tan arraigada que quizás hasta nos parece natural? Quizás el gobierno deba plantearse como comunicar sus decisiones y revisar si la educación pública no juega un rol en generar y alimentar esta concepción.

Actualmente Argentina rankea entre las 10 economías menos libre del mundo en el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation. ¿Cómo se llegó a tanto en un país que estaba entre los más ricos del mundo a principios del siglo XX? ¿Cuál es el destino del país de persistir en estos niveles de represión económica en los próximos 20 o 50 años?

El segundo gran desafío es el ya mencionado déficit fiscal. Desde 1961 a la fecha, argentina ha tenido superávit financiero en sólo 5 años luego de la crisis del 2001. En 2004, el superávit fiscal fue del 3.3% del PBI. Desde el 2005, el mismo comienza a caer año tras año.

No se percibe, en los números, una genuina preocupación de Néstor Kirchner por mantener un Tesoro superavitario. Este déficit fiscal es indistinto de la orientación política de turno, o de si es un gobierno democrático o militar. Esto sugiere que el problema no es de administración del estado, sino de concepción de cuál debe ser el rol del estado; lo cual vuelve a mi punto anterior.

El desafío de Cambiemos no es meramente corregir el déficit fiscal, dicha reforme implica replantearse qué debe y qué no debe hacer el estado argentino. No estoy seguro que este sea el diagnóstico que Cambiemos hace de la situación.

La ideología, si cabe la palabra, del Pro es la eficiencia en la gestión pública. Esta concepción, sin embargo, no pone límites concretos a qué debe o no hacer el estado. ¿Es eficiencia, para el Pro, administrar “eficientemente” una Aerolíneas Argentinas estatal sin competencia o es eficiencia ir a una política de cielos abiertos y vender (o cerrar) Aerolíneas Argentinas si hace falta?

 

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

El dólar no se disparará el 11 de diciembre

Por Iván Carrino. Publicado el 4/12/15 en: http://www.ivancarrino.com/el-dolar-no-se-disparara-el-11-de-diciembre/

 

Mucho tiempo pasó desde la primera vez que el entonces candidato Mauricio Macri anunció que, si él era elegido presidente, el 11 de diciembre se terminaría el cepo en Argentina. A varios meses de ese primer anuncio, una parte del mismo ya se cumplió.

El 22 de noviembre “Mauricio” ganó el balotaje y en pocos días le tocará asumir la presidencia de la nación.

De acuerdo con las declaraciones que ofreció a diversos medios periodísticos y lo que confirmaron sus funcionarios, la promesa tiene muchas posibilidades de hacerse realidad. Tal vez la liberación cambiaria no se dé el mismo 11 de diciembre, pero es razonable pensar que en el lapso de una semana luego de su asunción, el país volverá a tener un solo tipo de cambio.

Ahora en este punto surgen todo tipo de especulaciones: ¿Cuánto costará un dólar una vez que se acabe el cepo? ¿Será $ 9,7 como dice el gobierno actual? ¿Costará lo que dice el mercado paralelo? ¿Habrá un “overshooting”?

No es fácil hacer pronósticos sobre un precio concreto de la economía como lo es el del dólar. Sin embargo, el panorama que tenemos adelante no es el mismo que había en diciembre de 2001, pocos días antes del abandono de la convertibilidad. En ese momento, no había muchas referencias que uno pudiera tomar para poder anticipar cuál sería el precio del dólar luego de la devaluación. Tal vez por ello, el dólar no se ubicó ni en los $ 1,40 que quería el gobierno, ni en los $ 10 que pronosticaron algunos analistas.

El escenario actual es diferente. Hoy existen referencias que uno puede tener en cuenta a la hora de analizar un posible valor para el dólar el día después de la eliminación del cepo. El primero, sin dudas, es el dólar paralelo. En general, los mercados paralelos sirven para canalizar el exceso de demanda que no encuentra la mercadería que busca en un mercado regulado. Cuando hay políticas de precios máximos, los bienes controlados escasean, pero aparecen “mágicamente” cuando se ofrece más dinero por ellos.

Esto es lo que pasa con el dólar blue: a $9,7 hay “escasez de divisas”, pero al precio del mercado negro uno consigue todos los dólares que necesita, sin restricción. Lo mismo sucede con el tipo de cambio que surge de la operatoria de bonos en el mercado financiero: el “contado con liquidación”.

Con esto en mente, no parecen haber muchas razones para pensar que la salida del cepo implicará un salto del tipo de cambio que supere el nivel del blue o el del “contado con liqui”.

¿Si el exceso de pesos y la demanda reprimida de dólares son tales, por qué no se están manifestando ya en los precios de estos mercados paralelos?

Otro indicador que podría tomarse para estimar un valor para el dólar en un mercado desregulado es el que surge de dividir la base monetaria por las reservas del Banco Central. El 23 de noviembre este indicador se ubicaba en los 21,5 pesos por dólar. Sin embargo, si bien por mucho tiempo el índice “base/reservas” siguió de cerca al dólar blue, lo cierto es que luego del pago de BODEN15, el primero pegó un salto mientras que el segundo siguió otro curso. Esto hizo que mermara su utilidad como referencia para estimar el tipo de cambio, aunque sigue siendo útil para mostrar el deterioro patrimonial del BCRA.

Así las cosas, si bien es obvio que el fin de las restricciones cambiarias y el comienzo de la flotación mostrarán una considerable suba en valor del dólar oficial, a corto plazo no es esperable que la divisa verde trepe por encima del nivel que tiene en el mercado paralelo.

Como nota final, el cuadro a mediano y largo plazo es distinto. Poco tiempo después de la liberación cambiaria, el precio dólar pasará a depender exclusivamente de dos cosas. Primero, de la política monetaria del Banco Central. Segundo, de la confianza que genere la política económica del nuevo gobierno.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El dólar futuro que no era futuro, sino pasado.

Por José Benegas. Pubicado el 11/12/15 en: http://josebenegas.com/2015/12/11/el-dolar-futuro-que-no-era-futuro-sino-pasado/

 

Entiendo que los contratos de dólar futuro que firmó el señor Vanoli, son nulos y su único objeto es asegurar una transferencia de fondos públicos hacia individuos y empresas privilegiados. Una característica esencial del seguro es el “alea” del negocio. Existe un evento futuro que puede producirse o no y no depende de la voluntad de las partes. Por eso el seguro de vida de alguien que se suicida no es válido, ni sobre algo que se sabe que va a ocurrir o ya ha ocurrido. Este principio es aplicable a un convenio que asegura un precio del dólar a futuro, cuando ese precio en lugar de ser el del mercado, depende de la voluntad de quién lo establece políticamente.

El sólo volumen de los contratos demuestra que los “asegurados” saben que el evento ocurrirá y que el precio no es un precio, sino una decisión política, algo que les resulta difícil de entender a quienes creen en cosas como el control de los precios. Se vende el “riesgo” de lo que se conoce como un “hecho del príncipe”, que en general está fuera de los contratos de seguro y que en este caso, está convenido con el propio príncipe. No hay alea, es pura voluntad.

El argumento que se ha utilizado es que el gobierno podría mantener el falso precio actual hasta marzo y por lo tanto no habría pérdida para el Banco Central. Este argumento podría considerarse a los efectos de estudiar la responsabilidad penal del directorio del Banco Central y de quienes suscribieron esos contratos con ellos, pero en cuanto a la validez de los contratos no cambia nada ¿Cuál es el negocio que se ha firmado? Ese contrato interpretado de buena fe no tendría objeto. Sólo hay negocio si hay mala fe. Es un hecho económico que el dólar no vale 9, ni 10. De otro modo no habría cepo. Eso ya era cierto cuando se hicieron esos contratos.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

 

El mercado: mejor que el estado para cuidar al dólar

Por Iván Carrino. Publicado el 5/11/15 en: http://www.ivancarrino.com/el-mercado-mejor-que-el-estado-para-cuidar-al-dolar/

 

Noviembre marca el cumpleaños número 4 del cepo cambiario en Argentina. Si bien muchos consideran que la medida es necesaria para evitar una devaluación, lo cierto es que, a pesar del cepo, el peso es la moneda más devaluada de la región después del bolívar venezolano.

En momentos en que la denominada “campaña sucia” está en plena escalada, uno de los temas que más se debaten es el rol del cepo y el precio del dólar frente a la eventual liberación del mercado cambiario.

Poco tiempo atrás, el jefe de gabinete de la Provincia de Buenos Aires, Alberto Pérez, dijo que si se eliminaba el cepo, el dólar iba a costar $ 50. La Ministra de Economía de la Provincia, Silvina Batakis, también criticó la idea de tener un tipo de cambio librado a la oferta y la demanda del mercado. En una entrevista, sugirió que “todos los países administran sus reservas y el tipo de cambio”.

En la misma línea, el propio Daniel Scioli prometió que, si es presidente, “el tipo de cambio lo va a fijar el Banco Central en la flotación administrada” y que “nosotros no vamos a dejarlo librado al mercado”.

Queda claro que en el oficialismo existe temor a la liberación del precio del dólar. Es que, en su razonamiento, se asume que un dólar libre generaría una fuerte devaluación.

En un panfleto que circula por las redes sociales, se afirma muy claramente que “cuando al dólar se lo deja libre, lo regula el mercado y si lo regula el mercado lo regulan los ricos, y entonces suben los precios”.

A pesar de la queja oficialista y la campaña a favor del intervencionismo cambiario, lo cierto es que ninguna de estas afirmaciones tiene asidero.

De hecho, a pesar de haber pasado de un sistema de flotación administrada a uno de control de cambios, la moneda argentina es la que más se devaluó frente al dólar desde que Cristina Fernández de Kirchner asumió la presidencia en el año 2007.

Si se compara la evolución del tipo de cambio oficial desde diciembre de ese año hasta octubre de este, se observa que en nuestro país el dólar trepó un 200,7%, triplicando su valor inicial. Si bien en el mismo período, el valor de la moneda norteamericana también subió en otros países, lo cierto es que el aumento fue largamente menor. Solamente en Brasil el incremento para el mismo período superó el 100%.

Sin embargo, en Colombia el dólar escaló un 45,9%, en Chile un 37,2%, en Canadá un 30,4%, en la Eurozona un 29,8% y en Perú un magro 8,9%.

grafico

La curiosidad de estos datos radica en que ninguno de los países analizados tiene una política de administración del tipo de cambio como afirma Batakis.

Tanto el Banco Central de Colombia, como el de Chile, Brasil, Perú, Canadá o la Eurozona, llevan a cabo una política de “metas de inflación”, mediante la cual lo que se administra es la cantidad de dinero en circulación, con el objetivo de mantener una inflación estable en el largo plazo. En todos estos casos, el tipo de cambio está liberado y el responsable de ponerle precio al dólar es el mercado.

Paradójicamente para el pensamiento del gobierno, sus monedas se devalúan mucho menos que la nuestra.

En otro orden de cosas, se afirma también que un dólar libre generaría más inflación. No obstante, esta idea también es falsa. En Argentina, a pesar de la política de deliberado control del precio de billete verde, los precios aumentaron desde diciembre de 2007 a septiembre de este año un 468,1%. Por el contrario, en Europa treparon un 11,2%, en Perú 28,9%, en Chile 29,2%, en Colombia 33,3% y en Brasil 60,0% en el mismo período.

A la luz de esta realidad, dos cosas quedan claras. En primer lugar, que el argumento del candidato oficialista tiene pies de barro y solo busca infundir temor en la sociedad. En segundo, que si el gobierno no se empecina en destruir el valor de la moneda local con una política de emisión monetaria descontrolada, el mercado es el mejor mecanismo para controlar el dólar y evitar fuertes devaluaciones.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Recuperar la igualdad ante la ley y el mercado

Por Adrián Ravier: Publicado el 14/9/15 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2015/09/14/recuperar-la-igualdad-ante-la-ley-y-el-mercado/

 

“Si se aplica un plan liberal, ninguna pyme va a sobrevivir”, dijo el ministro de Economía Axel Kicillof mientras anunciaba la creación de un consejo de defensa a las pequeñas y medianas empresas. Luego sentenció: “En el mercado, si no está el Estado, rige la ley de la selva”.

La frase del ministro deja mucha tela para cortar, como cada una de sus reflexiones. ¿Qué parte es cierta y qué parte no lo es?

Lo cierto es que liberales y socialistas llegan a pocos consensos en la política económica, pero en la medida en que haya buenas intenciones, coincidirán en terminar con la corrupción y también con el favor político que el Estado ofrece a algunos empresarios. En este sentido, el pensamiento del ministro de Economía no encaja en ninguna escuela económica de pensamiento. Su política económica consiste en reemplazar al mercado y ofrecer privilegios o sanciones arbitrarias a quienes él cree que lo merecen. La igualdad ante la ley lógicamente brilla por su ausencia.

Siempre insisto en dejar de llamar Unión “Industrial” Argentina a ese grupo de seudoempresarios y seudoindustriales que se reúnen tras la Presidente para las fotos de sus discursos. ¿Qué empresario puede estar a favor de este modelo? Solo aquellos que reciben la “protección” del Estado. Pero ha sido tan gigantesco el entramado de regulaciones, favores, autorizaciones para compra de divisas, permisos de importación o exportación, subsidios, aranceles y protecciones que se extendieron en los últimos doce años, que engloba a una importante proporción de la estructura productiva.

En este sentido, el mensaje que ofrece el ministro de Economía tiene algo de cierto. Una política liberal que integre a la Argentina al mundo, que reduzca el gasto público, que elimine cepos, que termine o al menos reduzca los subsidios, que encuentre una solución a la inflación, sin duda hará caer a muchos seudoempresarios que jamás compitieron bajo reglas de mercado y más bien aprovecharon mercados cautivos, sin la competencia internacional -y en muchos casos ni siquiera la competencia local-, lo que se ha desarrollado en estos doce años a través del entramado de políticas kirchneristas que el liberal suele criticar.

¿Puede entonces haber “continuidad” en el modelo económico para preservar “la industria que supimos conseguir”? Es lo que el ministro de Economía ha intentado en toda su gestión, multiplicando controles, subsidios e intervenciones, pero sin éxito. Basta recordar la lenta pero continua caída de la industria mes tras mes a lo largo de toda su gestión para demostrar que el plan es un fracaso.

El dilema al que nos expone el ministro de Economía es claro. La “industria” no puede sostenerse, porque el modelo requiere día a día más controles y regulaciones, los que inevitablemente tienen costos que sufre la misma estructura productiva sobre la cual descansa el peso del Estado. El modelo es entonces inconsistente e inviable. Lo curioso, sin embargo, es que el ministro de Economía desea hacerle creer a la opinión pública que la culpa de esa necesaria reestructuración es del mercado y no de su propio modelo.

Una política liberal conduciría necesariamente a un ajuste inmediato de la estructura productiva, obligando a algunas empresas a una reestructuración acorde a lo que requiere la economía para reinsertarse en el mundo. Y hay dos formas de tomar este camino. De manera planificada, con políticas concretas que busquen recuperar cierta normalidad en los equilibrios fiscal, monetario y cambiario, o caer en una nueva crisis cuando la olla hirviendo, que es hoy la economía argentina, estalle por los aires y conduzca a una -ya no gradual, ni necesariamente lenta- reestructuración económica, donde numerosas pymes irán quebrando y el desempleo se irá extendiendo a toda la estructura productiva.

No podemos seguir juzgando la política económica por sus buenas intenciones. Lo cierto es que el modelo está agotado y la alta inflación y la ya extensa recesión -precisamente de la industria- son muestras del caso. La “industria que supimos conseguir” es muy débil y mantenerla en pie tiene sus costos.

En lugar de seguir creando organismos como este Consejo de Defensa a las Pequeñas y Medianas Empresas, parece mucho más rentable recuperar la igualdad ante la ley y la economía de mercado. Ningún contexto es más justo para los verdaderos empresarios que la sana competencia. El debate que nos debemos plantear es qué empresario queremos en el centro de nuestra estructura productiva.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.