Cómo invertir en 2020

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 27/12/19 en: https://www.ambito.com/economia/bonos/como-invertir-2020-n5073397?fbclid=IwAR0m6_cNNKf9-8ZDnnavr5Zj5ZqZvvl-09gB8nonNukHEnGEggOFckeYdK8

 

El mercado no se maneja con expectativas sino que -el dinero- es frío y calculador. Así, podemos inferir que la tendencia podría continuar -quizás tras una toma de ganancias visto que ayer subieron fuerte- dado que los papeles siguen desvalorizados y que hay pocas alternativas por el cepo y las tasas que bajan frente a una inflación todavía alta.
El 4 de noviembre twitié “Asia cerró mixta, Europa sube, Wall St. pinta bien, oro y treasuries bajan. Los rumores sobre el próximo Gobierno, no ideales, pero mejor de lo esperado. ¿Oportunidad de compra argentina?” Desde entonces el S&P Merval sube 19% ganando contra el dólar oficial -estable- y contra el blue que trepó 18% pero porque se disparó 16% tras conocerse el impuesto “solidario”, en tanto que los ADR subieron un 50%.

Al contrario de lo que dicen, el mercado no se maneja con expectativas sino que -el dinero- es frío y calculador. Así, podemos inferir que la tendencia podría continuar -quizás tras una toma de ganancias visto que ayer subieron fuerte- dado que los papeles siguen desvalorizados y que hay pocas alternativas por el cepo y las tasas que bajan frente a una inflación todavía alta.

Además, la “ley de emergencia”, al final, significa una continuación -estabilización- del macrismo: suben los impuestos, pero se compensaría con una baja en la inflación y en el costo financiero -veremos si lo logran- y se privilegia el pago de la deuda, ergo, los bonos suben.

El Gobierno pretende levantar el consumo con el doble bono para jubilados, la tarjeta social, aumentos salariales por decreto, Precios Cuidados y el congelamiento por 180 días de tarifas de luz y gas. A las petroleras les bajó las retenciones del 12 al 8% y las eximió de pagar regalías sobre la facturación total a cambio de frenar la suba de entre el 6 y el 10% de los combustibles.

Este “plan consumo”, volcaría unos $80.000 M, 100.000 M según Alberto. Para bajar la inflación, en lugar de emitir, el mayor gasto estatal se compensaría recortando jubilaciones y otros ítems. Ahora, según analistas, la inversión caería 7% -18% cayó en 2019- por falta de crédito a largo plazo y el cepo, aun cuando la construcción -50% de la inversión total- se beneficiará por la caída de 50% en los costos en dólares, en doce meses, y las menores tasas de interés y planes como ProCreAr.

Y caería la inversión externa por el cepo y la incertidumbre sobre la repatriación de dividendos. El cepo, supuestamente, cuidaría que no salgan reservas pero desalienta la entrada. Y lo más irónico es que el método para cuidar reservas es liberar al dólar para que suba, equilibrando demanda y oferta, lo que, supuestamente, dispararía inflación. En todo caso, dispararía el IPC que ahora quizás termine más alto porque -aunque no se grave el dólar importador- el 47% de los formadores de precios considerarán el blue que escala 97% en 2019 cuando el oficial “solo” 63%. Por cierto, la evolución del dólar dependerá de la inflación -la devaluación del peso por sobreoferta en tiempo real- a la que representa mejor porque reacciona con más rapidez y claridad que los demás precios.

Caerían 1% las exportaciones -las agrícolas, 6%- dada la mayor presión tributaria, a un promedio de 13%, y el dólar oficial abaratado. Las importaciones seguirían bajando -4% en 2020- dejando un saldo favorable de u$s17.000 M, 2.000 más que en 2019.

En 2020 vence deuda estatal por u$s63.000 M, impagable salvo que se reperfile con éxito -voluntario para el mercado- y, si bajan el gasto, podría desacelerarse la emisión monetaria, la inflación.

Las tasas caen y el BCRA dice seguirán cayendo desde el actual 58% hasta 35% para fines de 2020. Y, al contrario de lo que dicen, esto es antinflacionario porque absorbe menos demanda de dinero.

A nivel global, mejoraría el crecimiento por el acuerdo “fase 1” entre EE.UU. y China, el brexit asegurado -y una bajada de impuestos- pero, sobre todo, por el reconocimiento de los bancos centrales de que las políticas ultra expansivas han causado daño. La Fed, se frena tras rebajar en 75 puntos básicos las tasas. Durante los 16 ciclos de reducción de tasas desde la II Guerra Mundial, el S&P 500 subió una media de 18,6% en los 18 meses posteriores.

Las ventas de fin de año de bonos globales redujeron el volumen de deuda con rentabilidad negativa en u$s6 B, de un pico de u$s17 B a unos 11 B, fondos que se vuelcan a las bolsas porque el rendimiento de dividendos en el S&P 500 está sobre la rentabilidad del bono a 10 años de EE.UU. en 1,89%, mientras los rendimientos en Japón y eurozona también experimentaron fuerte suba.

A pesar del impeachment -que exoneraría a Trump- y del inicio de la campaña electoral el 3 de febrero, Wall St. se mantiene en máximos. El 2019 será uno de los mejores de las últimas décadas, y el S&P 500 se acerca a ganancias anuales del 30%.

Wall St. “se encuentra en suba libre absoluta, la situación técnica más alcista que existe”, aseguran en Ecotrader. Las acciones no estarían sobre compradas y “seguirán subiendo”, según Quattro Securities. Al S&P 500 en los próximos 12 meses le espera una rentabilidad de al menos 6,5%, dice FactSet. En los seis años de reelección republicana el mercado tuvo una rentabilidad media de 6,6%.

Los favoritos según el 90% de los expertos, son Amazon -sube 20% en 2019 y le quedaría otro 20%-, Salesforce.com, Microsoft, la alemana Evotec, la francesa Axa, la petrolera Rubis y las españolas Logista, Almirall y Sacyr.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

¿Viene nueva Argentina o solo el verano?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/12/19 en: https://www.ambito.com/economia/economia-argentina/viene-nueva-argentina-o-solo-el-verano-n5070293

 

Uno de los mayores riesgos para el nuevo gobierno es la suba impositiva a la clase media, además del campo y las retenciones. Y el cepo, que podría sumar tensiones, sobre todo si no afloja la inflación y se dispara la brecha con el blue creando todo tipo de problemas en la vida diaria y la cadena productiva.

Por cierto, no olvidemos que el modo que tiene el Estado de quitarle recursos a los ciudadanos, al mercado, no es solo la carga impositiva sino también la inflación -el exceso de emisión en tiempo real para cubrir gastos- y el endeudamiento que conlleva tasas exageradas.

Si no hay cambios, y aunque la inflación rebajó el salario real, parte de los trabajadores que en 2019 no pagaron Ganancias, el año próximo sí lo harán y los que estuvieron alcanzados pagarán más, según MR Consultores que toma como base un nivel de aumento salarial para 2020 similar al de 2019. Por este impuesto, el oficialismo perdió las elecciones legislativas de 2013 mientras el líder camionero se embanderaba bajo la consigna “el salario no es ganancia”.

Un supuesto acuerdo sobre precios y salarios que permita reactivar el consumo no parará a la inflación, en todo caso al IPC, y la suba de planes sociales, salarios y jubilaciones mínimas podrían traer una efímera distensión, que probablemente no alcance ni para pasar el verano. Y, por cierto, no queda claro quién va a pagar la cuenta.

Los impuestos, por el contrario, deberían bajarse. Y la generación de divisas como pretende Economía, se da de bruces con el cepo -el dólar abaratado- y la suba de las retenciones.

El ministro intentaría llegar al superávit fiscal primario y, de ese modo estabilizar la deuda. Según Eco Go, partirá de un rojo del 0,9 % del PBI que es de 3,9% si se suma el pago de intereses. El año que viene el Gobierno afrontaría vencimientos por unos u$s30.000 M con el sector privado. En 2021, u$s12.000 M y en 2022 y 2023, u$s32.000 M cada año ya que habría que empezar a devolverle al multiestatal FMI.

De aquí que es clave “reperfilar”, convencer a los acreedores de aceptar que no se les pague ni capital ni intereses en 2020-2021. No es descabellado pensar que el autodenominado comité de acreedores formado por un grupo de fondos -Greylock Capital, BlackRock, T. Rowe Price, etc.- que trabaja junto a bancos como BNP Paribas y el Citi, acepten que no se les pague durante dos o tres años y no estaría mal en tanto sea voluntario para los privados, el mercado.

Del total de la deuda externa de u$s270.000 M, unos u$s60.000 M corresponden a organismos multi estatales y u$s45.000 M al FMI que, irresponsablemente, no solo financió un plan económico a todas luces inviable, sino que, contra su carta orgánica, remitió a la Argentina alrededor del 50% de sus montos prestables, de modo que bien podría esperar y, por qué no, incluso aceptar una quita importante.

Por cierto, esto se da en momentos en que todo indica que las tasas a nivel global se estabilizarán para luego empezar a subir. Más de diez años de “lucha contra la crisis”, han llevado las tasas de interés a mínimos históricos e incluso negativas, después de más de 750 recortes desde 2008, lo que está deformando los mercados.

Al mismo tiempo, los principales bancos centrales están comprando bonos nuevamente, lo que se conoce como “flexibilización cuantitativa”, y sabiendo que después de la compra de más de $12 B de activos financieros no se alteró la inflación.

Se pronostica que la Fed mantendrá estable la tasa en su reunión del 11 de diciembre y, un día después, el BC Europeo podría decidir permanecer en espera, mientras que el Banco de Japón haría lo mismo el 19 de diciembre.

Hacia el futuro, los operadores apuestan por subas de menos de 1 punto porcentual en los rendimientos a 10 años, mientras que JPMorgan ve la tasa de interés global promedio en 2% a fines de 2020.

Y ahora a los bancos centrales les ha surgido una nueva “amenaza” con las nuevas “monedas” privadas. “La efectividad del banco central ahora se ve desafiada por el aumento de la moneda cibernética privada”, según el jefe de asesores de la Comisión Reguladora de Banca y Seguros de China. “Esto cambiará el juego”.

En fin, en cualquier caso, el “reperfilamiento” no es la solución de fondo, sino que el país deje de ser un gastador y deudor serial.

Por cierto, no se ve más la reja que encerraba a la Casa Rosada, y ojalá no se quede solo en un símbolo, sino que realmente sea el comienzo de una era de más libertades personales.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Abram: “El FMI es la última alcancía, después viene el abismo”

Por Aldo Abram: Publicado el 28/1/19 en: https://www.ambito.com/abram-el-fmi-es-la-ultima-alcancia-despues-viene-el-abismo-n5012863

 

1| ¿Por qué estamos como estamos?

El Gobierno recibió un Estado al borde de la quiebra debido al enorme incremento del gasto público durante la gestión “K”. Sin embargo, si uno toma el total de erogaciones estatales respecto de la producción argentina de 2017 es mayor al de 2015. El Gobierno nacional argumenta que ellos sí bajaron el gasto primario (sin contar intereses), pero si uno compara las erogaciones netas de transferencias para subsidiar tarifas de servicios respecto del PBI, también se incrementó en 2017 respecto de 2015. Es decir, que ni siquiera ahorraron todo el ajuste que nos hicieron hacer a nosotros con los aumentos de tarifas. Además, Cambiemos recibió un Banco Central (BCRA) al borde del abismo. Lograron salir pronta y exitosamente del cepo que aseguraba una pronta debacle. Contra la mayoría de los pronósticos, el dólar libre bajó respecto de sus niveles previos, demostrando las ganas de confiar que tenía la gente. Sin embargo, esa credibilidad inicial se perdió cuando, en vez de priorizar defender el valor del peso, el BCRA se dedicó a emitir para: a) financiar el exceso de Estado; b) aumentar el crédito y bajar la tasa porque el Estado se absorbía la mayor parte para cubrir su déficit; y c) al inicio para comprar los dólares de deuda que traían la Nación y algunas provincias porque con el financiamiento interno no les alcanzaba. Como la suba de precios se aceleraba, el BCRA decidió comprar esas divisas, endeudándose carísimo con las tristemente célebres Lebac. Conclusión: 2018 nos encontró habiendo usado el abundante crédito externo para mantener el exceso de Estado y no para resolverlo. Además, con un BCRA que había perdido solvencia y la credibilidad en términos de defender el valor del peso, lo que explica por qué no hubo otros países de la región que tuvieran una crisis cambiaria a la primera leve turbulencia internacional. De hecho, en marzo del año pasado Brasil estaba política y fiscalmente peor que la Argentina pero tenía un banco central que defendía el valor de la moneda, 2018 terminó con menos de 4% de inflación ANUAL. Por eso, no se desbarrancó como lo hizo nuestro país.

2| El gobierno dice que tuvo mala suerte

Mala suerte es que te haga trastabillar algo que era inesperado. A finales de 2017 la gran mayoría de los analistas pronosticaban un 2018 complicado y quizás hasta más de lo que en realidad fue. Y respecto de que no podían hacer más. Cada año desde “Libertad y Progreso” presentamos a funcionarios del Gobierno los proyectos de reformas estructurales que elaboramos y que demostraban que sí eran viables avanzar en ellos. De hecho, continúan disponibles en nuestro sitio para todos los que les interese. Por ejemplo, se pudo aprovechar la legislación vigente para encarar una reforma del Estado para que le sirva a la gente, y no a la política como hoy, llevándolo a un tamaño pagable por los argentinos. Es cierto que habrá gente se quedará sin un cargo, ya que muchos no son útiles a la sociedad o le inventaron un sello que nos complica la vida para justificar su escritorio. Sin embargo no es verdad que tengan que quedarse sin un ingreso. Para eso, están previstos mecanismos conocidos como la jubilación anticipada o los retiros voluntarios. Además, la ley de empleo público permite poner en disponibilidad, seguirle pagando sin que trabaje, durante un año a quien se quede sin un cargo y nosotros proponemos extenderlo a dos. Durante ese tiempo hay que capacitarlo y subsidiar al sector privado para que lo tome. Esto implicaba tiempo y dinero, pero ¿qué hubiera pasado si se hubiera implementado desde el inicio de 2016 usando el enorme endeudamiento que estuvieron tomando? A principios de 2018 hubiéramos tenido gran parte de la deuda actual, pero el problema resuelto. En cambio llegamos con la deuda y el problema, lo que explica por qué la crisis cambiaria llevó a un cierre del financiamiento para el Gobierno y a evitar un default con un acuerdo con el FMI. Ahora, ¿qué haremos con esa plata? ¿resolver o mantener el problema? ¡Ojo que ésta es la última alcancía que nos queda! Después, el abismo.

3| ¿Hay voluntad política para resolver los problemas?

No es lo que se vio en la discusión del Presupuesto 2019, nadie quiso hacerse cargo del ajuste del Estado, así que se lo transfirieron en un 80% a la gente. ¿Y nos extraña que el sector privado productivo sienta el apretón? Perdieron de vista que le piden que ajuste al que genera la riqueza para pagar los sueldos de sus empleados y el de los del Estado. ¿Y pretenden que crezca para licuar el gasto y la deuda pública? Imposible, es un mito que más ajuste del Estado llevaba a más recesión. Es al revés. ¿Quién va a querer invertir en un país que está en el lugar 21, entre 190, entre los que más exprimen con impuestos a sus empresas? En 2017 nuestros políticos prometieron bajarnos la presión tributaria y sancionaron dos leyes en ese sentido. Para cerrar el Presupuesto 2019 la volvieron a aumentar. ¡Una locura! Pensemos, ¿qué hubiera pasado si la mayor parte del ajuste lo hubiera hecho el Estado sin suba de gravámenes? Quizás hoy alguien tendría alguna esperanza de que algo cambie en la Argentina. Es vital que se asuma que el problema no es el déficit fiscal, es sólo una de las consecuencias de la verdadera enfermedad que nos está matando, el exceso de Estado. Por eso, si no la curamos, aunque logremos eliminar el desequilibrio fiscal, lo mejor que nos espera es crecer muy lento. Así que en la Argentina los salarios y el empleo aumentarán poco y la pobreza se reducirá lentamente. En el peor de los casos, sin una producción creciendo rápido, la deuda pública en términos del PBI será demasiado pesada y podemos volver a tener un default. En definitiva, las crisis son la forma en la que históricamente resolvimos estos problemas los argentinos. No sería mala idea que “cambiemos”, ¿no?

PUBLICIDAD

4|¿Usted también pronostica un default?

Bueno, lamentablemente no es baja la probabilidad que vayamos a una crisis debido a un default. Sin embargo, en el corto plazo, me preocupa más que no entremos en cesación de pagos culpa de una crisis (risas). Como le dije, la pata más floja de 2018 fue el BCRA y en la actualidad sigue siéndolo. Es cierto que, al ponerse un techo de emisión y cumplirlo, la actual administración logró una cierta estabilidad monetaria. Nos garantiza que no serán ellos los que nos llevarán a una debacle, como sí lo hicieron los anteriores. El problema es que es probable que haya una elección presidencial complicada, lo que podría llevar a una fuga de capitales, un derrumbe de la demanda y valor del peso, con el tipo de cambio buscando rápidamente el techo de la banda. Para que no se vuelva una nueva crisis cambiaria, el BCRA deberá lograr defender el techo con éxito. Si no, será la debacle monetaria la que lleve a una económica y a un default. Por eso, me parece auspicioso el anuncio de que van a revisar la forma de intervención en el techo de la banda y recomendaría que, por lo menos, puedan usar de una sola vez todas las reservas que compraron defendiendo el piso y las que le compraron “excepcionalmente” al Tesoro a fines de 2018. Así podrían intentar quitar todo el excedente de pesos del mercado y evitar que siga depreciándose e incentivando la corrida y fuga de capitales. Además, al Gobierno le sugeriría que trate de seguir ahorrando los casi u$s10.000 millones que hoy tiene de saldo inicial de caja. Es cierto que eso no es gratis, pero es posible que lo necesite como el agua en el desierto en el segundo semestre. No solamente para venderlos y ayudar al BCRA a contener la corrida. Si no, porque cuanto mayor sea la fuga de capitales y la corrida, será más difícil renovar los vencimientos de deuda. Por eso, también deberían pagar más tasa de interés para reducir al mínimo la cantidad de vencimientos durante el período electoral estirándolos para que caigan en 2020.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

La socialdemocracia cambiemita es parte del problema

Por Iván Carrino. Publicado el 20/7/17 en: http://www.ivancarrino.com/la-socialdemocracia-cambiemita-es-parte-del-problema/

 

De cara a las PASO, algunas medidas que analiza el gobierno generan más preocupación que entusiasmo.

El viernes pasado arrancó oficialmente la campaña electoral para las PASO. Muchos coinciden en que en este simulacro de elecciones legislativas se juega el futuro del país.

Es que, de ganar el oficialismo, se consolidaría un camino de reformas que generarían mayor confianza de los inversores, estabilidad y mayor crecimiento. De lo contrario, reinaría el miedo, la huida de las inversiones, el salto del tipo de cambio y una mayor pobreza.

¿Existe realmente semejante “grieta” en la política económica propuesta por ambos lados?

En realidad, no tanto. El panorama electoral argentino es desolador: son todos partidos de izquierda, salvo Cambiemos, que es socialdemócrata.

¿Y qué quiere decir esto? Que el cambio que necesita el país está lejos de llegar, independientemente de quién gane las elecciones.

Medallas para Macri

El gobierno actual heredó una situación económica al borde del colapso. Cuando se emite dinero de manera descontrolada, se gasta más de lo que se ingresa crónicamente y, como frutilla del postre, se controlan casi todos los precios de la economía, la bomba tarde o temprano estalla.

Con esa herencia, Cambiemos hizo lo que pudo y tomó medidas en la buena dirección. Eliminó el cepo, quitó las restricciones para exportar, ajustó algo las tarifas de servicios públicos y redujo impuestos.

Destapar (a medias) la olla a presión de la economía K no fue fácil. 2016 terminó con 41% de inflación y una caída de 2,3% del PBI.

No obstante, en 2017 el país tendrá un escenario radicalmente distinto. La inflación será del 20-22% anual y el crecimiento cercano a 3%. Con esos números, Cambiemos podrá colgarse las medallas de la menor inflación en siete años y el mayor crecimiento en cinco.

Pero el gasto no se toca

Las medidas tomadas en 2015 y 2016 tendientes a liberalizar algunos sectores de la economía deben ser aplaudidas, pero hay temas de fondo que no se modifican.

El gasto público es el principal responsable del déficit fiscal y del pobre crecimiento de la economía nacional. Además, refleja el alto grado de estatización de la sociedad argentina.

Para que Argentina crezca lo suficiente como para alcanzar a los países del Primer Mundo, el tamaño del gasto debería recortarse de manera considerable. No hablamos de 1 o 2 puntos porcentuales, sino de 15 o 20.

Cambiemos, sin embargo, no va en esta dirección. Entre 2015 y 2016 el gasto creció en términos de PBI. Es que, a pesar del recorte en subsidios energéticos, aumentó la asistencia social producto de la “Reparación Histórica” de los jubilados.

Ahora si aceptamos que era necesario y éticamente correcto pagar esos juicios, ¿por qué no redujeron más aún otras partidas?

El gasto no se toca. Al menos no a la baja. Nuevas medidas como los créditos a los beneficiarios de AUH que ofrecerá la ANSES, o los del “Plan Potenciar” que ofrecerá el Banco BICE  son, a la larga, un aumento del gasto público.

Si los receptores del dinero no pagan su deuda, el agujero impactará en las arcas del estado.

Reforma tributaria: más impuestos

Una de las medidas que más  entusiasmo genera entre los agentes económicos es la reforma tributaria. Si Cambiemos gana las elecciones, se sostiene, entonces tendrá la fuerza legislativa necesaria para impulsar un plan integral para bajar impuestos y mejorar la competitividad.

Si ese fuera el  caso, ¡bienvenida la reforma!

Sin embargo, hace poco trascendió que los funcionarios no evalúan bajar impuestos, ¡sino subirlos! De acuerdo con el diario La Nación, el gobierno estudia lanzar un nuevo impuesto a los “alimentos no saludables”.

Esta medida desnuda el carácter socialdemócrata de Cambiemos. Por un lado, más peso del estado por la vía de nuevos impuestos. Por el otro, más paternalismo estatal e intromisión del gobierno en la vida privada de la gente.

Muchos argumentan que estos impuestos son razonables, porque si algunos tienen malos hábitos de alimentación, eso genera un gasto mayor en asistencia médica pública.

Ahora si Cambiemos quiere Cambiar en serio, hay que discutir es el tipo de país que queremos.

¿Queremos un país donde papá estado se haga cargo de todo, diciéndonos lo que tenemos que hacer porque, a fin de cuentas, él es el que paga los platos rotos? ¿O uno donde cada argentino sea digno y se haga cargo de sus decisiones?

La socialdemocracia cambiemita se inclina por lo primero.

Por si esto fuera poco, Mario Quintana afirmó que “el sistema tributario castiga a la producción y no grava la renta financiera”.

Aquí hay un problema de concepto. La renta financiera, que deriva del ahorro y el préstamo, es clave para la inversión. Si el ahorro no genera beneficios, entonces no habrá ahorro. Y sin ahorro no hay inversión. Y sin inversión no hay producción. Por tanto, gravar la renta financiera también gravará la producción.

La reforma tributaria debería eliminar impuestos y reducir tasas impositivas. No crear impuestos nuevos y aumentar el alcance de los existentes.

Socialdemocracia, parte del problema

El partido de Mauricio Macri tiene el mérito de haber abortado el camino hacia el chavismo que transitaba Cristina Fernández. Sin embargo, su modelo socialdemócrata de estado omnipresente no es lo que necesita el país.

Argentina, por su historia de desastres fiscales y crisis económicas asociadas, necesita ir de lleno a convertirse en uno de los países con mayor libertad económica del planeta. Sólo así atraerá la inversión necesaria para impulsar el crecimiento.

A la hora de votar, es cierto que Cambiemos luce como la opción menos mala. Pero esta realidad no habla bien de Cambiemos sino mal de nuestro país.

Como reza una historieta que circula en las redes: todos están a favor del “cambio”, pero nadie quiere cambiar nada.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Ni Macri ni Cristina: libre comercio

Por Iván Carrino. Publicado el 27/6/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/06/27/ni-macri-ni-cristina-libre-comercio/

 

 

A pesar de las críticas, el comercio es deseable tanto desde el punto de vista económico como desde la óptica moral.

La apertura comercial no goza de buena prensa. Al menos no en Argentina. Por los últimos años, la economía se fue cerrando. Al principio con la estrategia del “dólar competitivo”. Luego con restricciones burocráticas. Finalmente, con el cepo y la arbitrariedad de las DJAI, terminamos construyendo un muro contra el comercio.

Con el cambio de gobierno, muchos se apresuraron a denunciar la salvaje apertura importadora que llegaría de la mano de Macri.

Sin embargo, esto no sucedió. Lo único que hizo el nuevo gobierno fue liberar el tipo de cambio (reduciendo los incentivos a importar, ya que con dólar a $ 15 es más caro que con dólar a $9) y sustituir las DJAI por un sistema aprobado por la Organización Mundial de Comercio. Pero lejos estamos de abrirnos.

En primer lugar, porque el 20% de la industria sigue protegido por el nuevo sistema “SIMI”, que implica licencias no automáticas para “sectores sensibles”. En segundo, porque el país está comercialmente integrado solo con el MERCOSUR, grupo dentro del cual todos son partidarios del proteccionismo. Por último, porque de acuerdo con el Banco Mundial, nuestro arancel para productos manufacturados (8,6%) es el doble que el de Colombia, cinco veces el de Perú, y 13 veces más alto que el de Chile.

La Argentina no es un país abierto al comercio. Ni con Cristina, ni con Macri.

Esta es una mala noticia. ¿Por qué? Porque tener más libertad no solo es bueno desde el punto de vista económico, sino también desde el punto de vista moral.

Más libertad, más progreso

El argumento favorito de los enemigos del comercio es que la apertura comercial genera desempleo. Si así fuera, los países que menos trabas imponen a su comercio, más desempleo tendrían. Sin embargo, éste no es el caso.

Si tomamos tres de los países más comercialmente libres del planeta según la Fundación Heritage, comprobaremos que el desempleo allí es considerablemente bajo. Hong Kong, por ejemplo, mostró en 2016 un 3,4% de desocupación; Suiza, 4,6%; y Singapur, 1,8%. Envidiable.

Otro dato interesante es que, si ampliamos el análisis, la diferencia de riqueza entre los más abiertos y los más “protegidos” es sustancial. Los que abren sus fronteras tienen un PBI per cápita 5,3 veces más alto que los que las cierran.

La apertura comercial genera riqueza porque permite que la gente compre bienes más baratos y utilice lo que se ahorra para invertir en la economía local. Así, no solo mejora los salarios reales, sino que aumenta la capacidad de ahorro e inversión. A las empresas también les conviene, ya que tienen más facilidades para abastecerse de insumos y, al mismo tiempo, un mercado más grande para vender.

Como decía Adam Smith, la división del trabajo depende del tamaño del mercado, y a mayor división del trabajo, más especialización, eficiencia y riqueza. ¿Para qué cerrarse e impedir este proceso?

La dimensión moral

Los beneficios de la libertad no son solo económicos sino también morales. Imaginemos una pareja en una plaza siendo cariñosos el uno con el otro. Acto seguido, una persona le hace un tacle de rugby a uno de los integrantes de la pareja.

Claramente, a cualquier observador esto le parecería una verdadera atrocidad. O, como mínimo, una violenta falta de respeto.

Con el comercio sucede lo mismo: impedir los acuerdos comerciales no es otra cosa que impedir una transacción voluntaria en la cual ambas partes se están beneficiando. Eso implica violentar las decisiones de la gente: ¿con qué derecho?

Por si esto fuera poco, el proteccionismo implica discriminar a los extranjeros. Es como si la pareja de nuestro ejemplo fuera disuelta porque uno de los dos es inmigrante y el otro, en realidad, debería “comprar nacional”. Si no aceptamos este argumento para estos casos, ¿por qué lo aplaudimos en el marco de la economía?

Hay que abrir la economía y hacerlo con firmeza. Redundará en una mayor libertad para todos y en una mejora económica sustancial.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

“La pregunta es si el tipo de cambio oficial, en torno a $13, no se queda corto”

Entrevista a Nicolás Cachanosky. Publicado el 28/12/15 en: https://www.portfoliopersonal.com/Noticias/nota.asp?n=88923

 

Afirma Nicolás Cachanosky consultado sobre el precio del dólar, tras la salida del cepo, mientras recomienda observar en los próximos meses si la divisa comienza a evolucionar más rápido o lento que la inflación. No obstante, sostiene que a esta altura, dado que el mercado de cambios actual no incluye aún a todos los participantes, habrá que esperar que se normalice el comercio internacional para ver cómo siguen las cosas.
Dos son las cosas que se pueden hacer a esta altura del año: repasar lo sucedido o bien, anticiparse a lo que vendrá. Un poco de las dos hicimos con Nicolas Cachanosky, en esta entrevista en la cual hablamos -entre otros temas- del nuevo gobierno, el dólar, los holdouts y el rol del Estado.

¿Cómo ve las medidas tomadas por el gobierno hasta ahora? ¿Cuál cree que será el próximo paso, en orden de prioridades, en materia económica?

En materia económica, hasta el momento, las medidas parecen ir en el camino adecuado. Salir del cepo era imperioso. La fuerte reducción de tarifas al sector agrícola (si no son compensadas con otros impuestos) va a traer una mayor rentabilidad a un sector muy importante de la economía argentina.

Digo que me “parece” que van en el camino adecuado porque estas medidas son insuficientes. El origen de los desequilibrios económicos se encuentra en un muy pesado déficit fiscal que muy posiblemente supere al 7% del PBI en el 2015.

Con una presión fiscal consolidada superior al 40%, el gobierno no tiene otro camino que reducir el déficit por el lado del gasto. Ya no hay margen para seguir subiendo impuestos. La economía argentina no sólo no crece, tiene unas de las inflaciones más altas del mundo.

Es entendible, por supuesto, que dado el deterioro heredado y lo políticamente sensible que es tocar el gasto público estas reformas no se pueden realizar en tan pocos días. Pero dicha estrategia es necesaria.

Durante la campaña electoral Cambiemos ha dado a entender que de ganar las elecciones el shock de confianza iba a ser tal que no iban a tener que ajustar las cuentas públicas debido a la cantidad de inversiones que iban a entrar al país. Debido a estas expresiones, personalmente no estoy del todo seguro que exista un plan para equilibrar las cuentas públicas.

Habrá, posiblemente, ajustes menores o marginales, pero corregir un 7% de déficit requiere un serio plan fiscal del que aún no hemos escuchado detalles. Lamentablemente, dudo que este problema se resuelva eliminando algunos subsidios de manera gradual. En este sentido, soy menos optimista que Cambiemos. No podemos confundir hacer reformas con las expectativas de que se vayan a realizar las reformas. Si dichas expectativas no se cumplen, el problema no va a desaparecer.

¿Es optimista en torno a las renegociaciones con los holdouts? ¿Cómo crees que podría resolverse el tema?

Soy optimista y espero que este conflicto llegue de una buena vez a su fin. Con un fallo de la justicia en firme, hay al menos dos maneras de resolver el tema. Una es pagando cash a los holdouts. La otra es ofreciendo un bono cuyo valor presente sea equivalente al monto adeudado, es decir, a lo que costaría un pago cash.

Las partes podrán discutir distintos métodos, pero el pago será spot (cash) o devengado (bono) indistintamente de los instrumentos que se utilicen.

Los holdouts han dejado trascender que no se oponen a discutir el pago de lo adeudado con un bono, por lo que se puede llegar a buen puerto si hay mayor voluntad en Cambiemos que la que tuvo el Kirchnerismo para resolver este conflicto. Este es otro problema fundamental a resolver por esta administración. No me sorprendería si una vez resuelto este conflicto comienzan reformas fiscales más significativas.

¿Cómo cree que seguirá el dólar, tras la liberación del cepo?

No me extrañaría que en el mediano plazo el tipo de cambio suba. Pero va a depender de la política del BCRA, que ha informado que pretende seguir un esquema de tipo de cambio administrado (flotación sucia) con bandas.

Distinto sería el caso de una flotación libre, donde el tipo de cambio depende del mercado sin intervención del BCRA. No es lo mismo predecir la evolución de agentes económicos en el mercado de cambios, que predecir las preferencias políticas respecto al tipo de cambio del banco central.

La pregunta que se han hecho varios economistas en los últimos días es si el tipo de cambio oficial, en torno a 13ARS/USD, no se queda corto. Hay argumentos plausibles en este sentido.

Por ejemplo, que por las vacaciones y fiestas la demanda de ARS es estacionalmente menor a la de otros meses. Que las exportaciones (oferta de USD) crece más rápido al quitar el cepo que las importaciones (demanda de USD). O qué si el tipo de cambio fuese el correcto, entonces por qué elevar las tasas de interés que, por más que le objetivo sea reducir la inflación afecta también al mercado de cambios.

Otro dato sugestivo es que, partiendo de diciembre del 2006 (cuando comienza la alta inflación) a noviembre del 2015, la inflación acumulada fue del 648%, mientras que el tipo de cambio se devalúo “solo” un 216%.

Tomando diciembre del 2016 como referencia, si el tipo de cambio hubiese evolucionado al mismo ritmo que la inflación argentina neta de la inflación americana, el tipo de cambio estaría en torno a 20ARS/USD. Siguiendo este cálculo, admito sencillo, el tipo de cambio estimado se encuentra en valores similares al oficial si el atraso cambiario comienza a principios del 2010 y no a fin del 2006.

Lo que habrá que observar en los próximos meses es si el tipo de cambio comienza a evolucionar más rápido o lento que la inflación. Si bien tengo la impresión de que el tipo de cambio oficial actual se queda corto, no puedo decir que tenga una sólida certeza de que esa sea necesariamente la situación, dado que el mercado de cambios actual no incluye aún a todos los participantes. Hay que esperar a que se normalice el comercio internacional para ver qué sucederá con el tipo de cambio.

¿Cuál le parece que es la percepción general local y externa del nuevo presidente; y en especial, del nuevo equipo económico?

Creo que hay dos lecturas que coinciden doméstica e internacionalmente. En primer lugar, una expectativa de que Mauricio Macri traerá un cierto orden institucional al país. Bajo el kirchnerismo no se han respetado ni las formas ni los principios republicanos.

La importancia de las instituciones no siempre parece entenderse del todo. Si la política económica afecta los ciclos económicos en el corto plazo, las instituciones definen el nivel de riqueza a largo plazo.

No se puede ser Alemania o Suiza con instituciones como las Bolivarianas de Venezuela, indistintamente de que tan eficiente sea la política económica. Es tentador saltearse restricciones institucionales por beneficios de corto plazo. El punto, sin embargo, es respetar las instituciones cuando en el corto plazo sus resultados no parecen ser beneficiosos.

A modo de ejemplo, ¿fue correcta la movida de Macri de nombrar dos Jueces de la Corte Suprema por decreto mientras el Senado está en receso? ¿No es riesgoso dar inicio a esta práctica? No olvidemos que los Jueces de la Corte Suprema son la cabeza de un poder del estado y como tal se encuentran a la par, no por debajo, del Presidente. ¿Acaso el espíritu de dicha prerrogativa no es para el caso cuando no es factible reunir a los Senadores en un corto plazo? ¿Cuánto puede llevar reunir a los Senadores hoy día, respecto a cuánto tiempo podía llevarse cuando se escribió esa prerrogativa originalmente? ¿Realmente no había tiempo de reunir a los Senadores?

Una lectura literal de las normas puede llevarnos a concluir que los nombramientos son legales, pero una lectura más contextualizada nos puede llevar a la conclusión de que Macri violó el espíritu (intención) de la norma la cual tiene una clara interpretación republicana de limitar a los poderes del estado.

En segundo lugar, el equipo económico actual es claramente percibido con un mayor nivel de preparación, que al equipo económico saliente. Esto genera la confianza en quienes miran los futuros pasos del país que, indistintamente de la orientación política o ideológica del nuevo equipo, no se van a hacer desastres en materia de política económica.

Salir del cepo y eliminar retenciones eran dos necesidades casi imperiosas. De haber ganado Scioli, por lo menos hubiese salido también del cepo. Por lo que hay, también, que esperar a que se tomen más medidas concretas para ir teniendo una imagen más acabada de los planes del nuevo equipo económico.

¿Cuáles cree que son los principales desafíos del nuevo gobierno?

Al ver a Argentina veo dos grandes desafíos. En primer lugar, un problema cultural o educativo. La sociedad argentina es muy permeable a gobiernos de corte populista. Está muy asentada la noción de que uno tiene derecho a vivir del trabajo ajeno.

Percibo muy impregnado en la opinión pública la idea, errónea, de que la economía es un juego de suma cero (lo que uno gana otro lo pierde) en un lenguaje que invita a pensar en luchas de clases. ¿De dónde surge esta concepción tan arraigada que quizás hasta nos parece natural? Quizás el gobierno deba plantearse como comunicar sus decisiones y revisar si la educación pública no juega un rol en generar y alimentar esta concepción.

Actualmente Argentina rankea entre las 10 economías menos libre del mundo en el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation. ¿Cómo se llegó a tanto en un país que estaba entre los más ricos del mundo a principios del siglo XX? ¿Cuál es el destino del país de persistir en estos niveles de represión económica en los próximos 20 o 50 años?

El segundo gran desafío es el ya mencionado déficit fiscal. Desde 1961 a la fecha, argentina ha tenido superávit financiero en sólo 5 años luego de la crisis del 2001. En 2004, el superávit fiscal fue del 3.3% del PBI. Desde el 2005, el mismo comienza a caer año tras año.

No se percibe, en los números, una genuina preocupación de Néstor Kirchner por mantener un Tesoro superavitario. Este déficit fiscal es indistinto de la orientación política de turno, o de si es un gobierno democrático o militar. Esto sugiere que el problema no es de administración del estado, sino de concepción de cuál debe ser el rol del estado; lo cual vuelve a mi punto anterior.

El desafío de Cambiemos no es meramente corregir el déficit fiscal, dicha reforme implica replantearse qué debe y qué no debe hacer el estado argentino. No estoy seguro que este sea el diagnóstico que Cambiemos hace de la situación.

La ideología, si cabe la palabra, del Pro es la eficiencia en la gestión pública. Esta concepción, sin embargo, no pone límites concretos a qué debe o no hacer el estado. ¿Es eficiencia, para el Pro, administrar “eficientemente” una Aerolíneas Argentinas estatal sin competencia o es eficiencia ir a una política de cielos abiertos y vender (o cerrar) Aerolíneas Argentinas si hace falta?

 

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

El dólar no se disparará el 11 de diciembre

Por Iván Carrino. Publicado el 4/12/15 en: http://www.ivancarrino.com/el-dolar-no-se-disparara-el-11-de-diciembre/

 

Mucho tiempo pasó desde la primera vez que el entonces candidato Mauricio Macri anunció que, si él era elegido presidente, el 11 de diciembre se terminaría el cepo en Argentina. A varios meses de ese primer anuncio, una parte del mismo ya se cumplió.

El 22 de noviembre “Mauricio” ganó el balotaje y en pocos días le tocará asumir la presidencia de la nación.

De acuerdo con las declaraciones que ofreció a diversos medios periodísticos y lo que confirmaron sus funcionarios, la promesa tiene muchas posibilidades de hacerse realidad. Tal vez la liberación cambiaria no se dé el mismo 11 de diciembre, pero es razonable pensar que en el lapso de una semana luego de su asunción, el país volverá a tener un solo tipo de cambio.

Ahora en este punto surgen todo tipo de especulaciones: ¿Cuánto costará un dólar una vez que se acabe el cepo? ¿Será $ 9,7 como dice el gobierno actual? ¿Costará lo que dice el mercado paralelo? ¿Habrá un “overshooting”?

No es fácil hacer pronósticos sobre un precio concreto de la economía como lo es el del dólar. Sin embargo, el panorama que tenemos adelante no es el mismo que había en diciembre de 2001, pocos días antes del abandono de la convertibilidad. En ese momento, no había muchas referencias que uno pudiera tomar para poder anticipar cuál sería el precio del dólar luego de la devaluación. Tal vez por ello, el dólar no se ubicó ni en los $ 1,40 que quería el gobierno, ni en los $ 10 que pronosticaron algunos analistas.

El escenario actual es diferente. Hoy existen referencias que uno puede tener en cuenta a la hora de analizar un posible valor para el dólar el día después de la eliminación del cepo. El primero, sin dudas, es el dólar paralelo. En general, los mercados paralelos sirven para canalizar el exceso de demanda que no encuentra la mercadería que busca en un mercado regulado. Cuando hay políticas de precios máximos, los bienes controlados escasean, pero aparecen “mágicamente” cuando se ofrece más dinero por ellos.

Esto es lo que pasa con el dólar blue: a $9,7 hay “escasez de divisas”, pero al precio del mercado negro uno consigue todos los dólares que necesita, sin restricción. Lo mismo sucede con el tipo de cambio que surge de la operatoria de bonos en el mercado financiero: el “contado con liquidación”.

Con esto en mente, no parecen haber muchas razones para pensar que la salida del cepo implicará un salto del tipo de cambio que supere el nivel del blue o el del “contado con liqui”.

¿Si el exceso de pesos y la demanda reprimida de dólares son tales, por qué no se están manifestando ya en los precios de estos mercados paralelos?

Otro indicador que podría tomarse para estimar un valor para el dólar en un mercado desregulado es el que surge de dividir la base monetaria por las reservas del Banco Central. El 23 de noviembre este indicador se ubicaba en los 21,5 pesos por dólar. Sin embargo, si bien por mucho tiempo el índice “base/reservas” siguió de cerca al dólar blue, lo cierto es que luego del pago de BODEN15, el primero pegó un salto mientras que el segundo siguió otro curso. Esto hizo que mermara su utilidad como referencia para estimar el tipo de cambio, aunque sigue siendo útil para mostrar el deterioro patrimonial del BCRA.

Así las cosas, si bien es obvio que el fin de las restricciones cambiarias y el comienzo de la flotación mostrarán una considerable suba en valor del dólar oficial, a corto plazo no es esperable que la divisa verde trepe por encima del nivel que tiene en el mercado paralelo.

Como nota final, el cuadro a mediano y largo plazo es distinto. Poco tiempo después de la liberación cambiaria, el precio dólar pasará a depender exclusivamente de dos cosas. Primero, de la política monetaria del Banco Central. Segundo, de la confianza que genere la política económica del nuevo gobierno.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.