Benyamin Netanyahu podría dejar de ser primer ministro de Israel

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 10/10/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/benyamin-netanyahu-podria-dejar-ser-primer-ministro-nid2295861

 

La democracia israelí funciona. Y ejemplarmente. Pero eso naturalmente no asegura que los resultados de las urnas arrojen necesariamente soluciones simples de ejecutar. Porque el país está muy dividido políticamente. Tanto, que Benyamin Netanyahu acaba de ser derrotado en las urnas por el general retirado Benny Gantz, por muy escaso margen, en una elección que finalmente resultó sumamente reñida. Gantz es el líder del partido Azul y Blanco (Kahol Lavan, en hebrero) y pareciera contar con la simpatía mayoritaria de las fuerzas de centro-izquierda.

En mi opinión, las acusaciones de corrupción que últimamente se acumularon contra Netanyahu influyeron decisivamente en la contienda electoral. Los cargos específicos y formales contra Netanyahu aparentemente se conocerán recién el próximo 3 de octubre. A lo largo de toda la campaña, los sondeos de opinión señalaron la existencia de una carrera “codo a codo”. No se equivocaron.

Al tiempo de escribir estas líneas, tanto Netanyahu, como Gantz, negociaban activamente en procura de conformar un gobierno de unidad nacional, tarea que no resulta nada simple, pero que fue emprendida con la serena madurez del caso. Ante la falta de resultados de los esfuerzos de concertación, el presidente israelí encargó a Netanyahu la formación del gobierno.

Gantz, que seguramente avizoraba un resultado parejo, durante la campaña mantuvo insistentemente una posición claramente contraria a la idea de una coalición de unidad conformada con el partido Likud, de Netanyahu. No obstante, en su entorno se afirma que, si el Likud de pronto se aviene a desplazar a Benyamin Netanyahu de su comando, la coalición podría, de pronto, ser factible. Los partidos ortodoxos apoyan a Netanyahu y, en cambio, Gantz se define a sí mismo como un líder laico.

Para gobernar en Israel, cabe recordar, se necesita poder contar con al menos 61 bancas en un Parlamento (Knesset) compuesto por 120 escaños, que desde hace rato es políticamente multicolor: posee nada menos que once diferentes grupos parlamentarios.

Gantz obtuvo en las recientes elecciones parlamentarias 32 bancas y su principal rival, Netanyahu, 31. La necesidad de conformar de alguna manera una coalición de gobierno en un país que luce polarizado políticamente es, entonces, más que obvia, indispensable. En los temas sociales, Gantz tiene posiciones más bien liberales. Pero en materia de seguridad ha sido siempre calificado de “halcón” por la clara firmeza de sus convicciones y posiciones.

Gantz tiene 60 años. Es esencialmente una figura “de centro”. Nació en el sur de Israel, y es hijo de un hombre que felizmente pudo escapar al Shoah. Es padre de cuatro hijos y estudió en los EE.UU., en la “National Defence University”. A los 18 años ingresó en el ejército israelí. Es paracaidista. Y un conocido fanático del fútbol.

Llegó a ser general a los 42 años, lo que evidentemente acredita condiciones profesionales de excepción. Por su aspecto elegante -y hasta señorial- muchos lo llaman “el príncipe”. Sus ojos denuncian una personalidad serena y comprometida a la vez con todo lo que emprende. Respecto de la corrupción se pronuncia como dispuesto a enfrentarla de plano en todos los frentes, “con tolerancia cero”.

Como muchos, parte del supuesto de que Israel está, desde hace rato ya, amenazada por múltiples peligros y que, por ello, debe siempre poder defenderse sola, de ser necesario. En esto coincide ciertamente con la visión prevaleciente en el propio Likud. Lo acompañan en su campaña dos ex Jefes de Estado Mayor del ejército israelí: Moshe Yaalon y Gabi Ashkenazi.

En su opinión, Gantz siempre habla de una solución “con dos partes”, pero, pese a ello, no la define como la de los “dos Estados”, en procura de mantener flexibilidad en los eventuales diseños que procuren implementarla. La dirigencia palestina no rechaza a priori a Gantz. El propio Mahmoud Abbas ha dicho, con meridiana claridad: “nuestra posición es contra Netanyahu”. Punto.

Para Netanyahu -a su vez- lo que está en juego no es menor, desde que se trata de nada menos que su propia supervivencia en el complejo mundo de la política en el que su estrella ha perdido luz. Donald Trump en los últimos tiempos dio, en su favor, algunos pasos trascendentes. Como el de reconocer expresamente a la ciudad santa de Jerusalem como capital del Estado de Israel y aceptar asimismo la soberanía de Israel sobre las crucialmente estratégicas Alturas del Golán.

Por esto último, Netanyahu insistió constantemente -todo a lo largo de su campaña- en que nadie, absolutamente nadie, en su país tiene la gran intimidad con el gobierno de los EE.UU. que sólo él tiene.

Trump, por su parte, se cuidó mucho de no aparecer como “interviniendo” de cualquier manera en la campaña política israelí, procurando no “ser usado” en ella.

El árbitro de las actuales negociaciones podría, de pronto, ser Avigdor Liberman, el líder del partido de derecha “Yisrael Beiteiniu”, secular y nacionalista. Liberman fue, en su momento, ministro de Defensa de Benyamin Netanyahu. Renunció a ese cargo en noviembre de 2018, luego de que se suscribiera un acuerdo de cese el fuego en la Franja de Gaza, al que calificó de verdadera “capitulación ante el terrorismo”. Es un hombre que, con sus propuestas, parece encarnar a la derecha laica. Por esto, no sorprende demasiado que una de sus discutidas propuestas sea la de obligar a todos los judíos ortodoxos a tener que hacer la conscripción y servir entonces, como ocurre con los demás israelíes, en las fuerzas armadas de Israel.

El partido de izquierda que se denomina “Lista Árabe Unida”, comandado hoy por Ayman Odeh, ha anunciado que está dispuesto a integrar una posible coalición de gobierno con las fuerzas políticas que hoy apoyan a Gantz, lo que es inusual, desde que los árabes que son ciudadanos de Israel generalmente se rehúsan a actuar en coalición con las fuerzas políticas israelíes. Todo un cambio, ponderable por cierto. Quizás motorizado por la sorpresiva propuesta, de corte obviamente electoral, de Beyamin Netanyahu de anexar a la actual soberanía territorial de Israel una parte, bien significativa, del territorio de la llamada “Margen Occidental”.

Con casi dos metros de altura y unos ojos celestes profundos, Benny Gantz es hoy una figura muy popular en el mundo de la política de Israel.

Es, en rigor, el candidato para ser Primer Ministro de la centro-izquierda. Se trata de un general, paracaidista, de una enorme experiencia militar profesional desde que, como Jefe de Estado Mayor del Ejército de su país, participó en un sinnúmero de operaciones de envergadura en Gaza, Líbano, y Cisjordania.

Fue, recuerdan algunos, el último uniformado que dejó al Líbano en la retirada israelí del año 2000.

Es hijo de una sobreviviente de uno de los odiosos campos de concentración nazis, el de Bergen-Belsen. Su madre, en su momento, vivió recluida en el gueto de Budapest. En su andar público Gantz siempre siguió el ejemplo y los pasos de uno de los hombres más destacados y admirados de la historia de la política israelí, Isaac Rabin. Hoy tiene un gran peso propio y se ha instalado en el centro del escenario político israelí. Puede que esta vez no sea su turno, pero sus posibilidades han quedado demostradas por el veredicto de las urnas.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Suecia incorpora al populismo a su espectro político

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 27/9/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2175879-suecia-incorpora-al-populismo-su-espectro-politico

 

Suecia es uno de los países más modernos del mundo. Además, es uno de los más
serios. A punto tal, que sus principales partidos políticos están comprometidos a
mantener un superávit fiscal y, al propio tiempo, un bajo nivel de endeudamiento,
principios que tienen en Suecia adhesión mayoritaria. Políticamente, Suecia ha sido –
por décadas- un bastión de la centro-izquierda. Acaba de tener, una vez más, sus
elecciones nacionales y los resultados -reñidos- merecen algunos comentarios.
Nuevamente la centro-izquierda, o la social-democracia, se impuso en los comicios.
Sumada a los votos “verdes”, obtuvo un 40,6% de los votos totales. La coalición de
centro-derecha le siguió de cerca, con el 40,3% de los votos. Entre esas dos fuerzas
tradicionales suman, entonces, el 80,9% de los votos suecos. Ambas conforman todavía,
está claro, la columna vertebral del electorado sueco.
La novedad está en el crecimiento de la extrema derecha. De lo que hoy, bien o mal, en
el Viejo Continente se llama “populismo”. Esto es, de la fuerza que se opone
enérgicamente a abrir las puertas sin filtros ni selectividad de ningún tipo a la ola de
inmigración proveniente de Medio Oriente, Afganistán y África.
Suecia recibió, en los últimos 15 años, a unos 650 mil inmigrantes. Con una población
del orden de los diez millones de habitantes, no es poca cosa.
Y hay quienes creen que este fenómeno ha comenzado a afectar la esencia misma de la
identidad sueca. Son los Demócratas Suecos, que lograron un preocupante 17,6% de los
votos. Ellos no solamente se oponen a dejar la puerta totalmente abierta a la
inmigración, sino que además postulan alejarse de la Unión Europea, a través de lo que
llaman el “Swexit”, para lo que sugieren convocar a un referendo especial.

El primer ministro social-demócrata, Stefan Lofven, pese a quedar como minoritario, no
creyó que debía renunciar. No obstante, su partido aún tiene la mayor cantidad de votos
como espacio político individual. Pero perdió un rápido voto de confianza y sigue por el
momento en su cargo, sólo para atender las cuestiones en curso.
Su rival de centro-derecha, Ulf Kirstersson, supone, y no sin buenas razones, que la
centro-derecha no puede asociarse al populismo para destronar al gobierno actual. Sería
irresponsable.
Por ahora, las bancas del Parlamento sueco se distribuyen como sigue: a) el bloque de
centro-izquierda, conformado por los social-demócratas, los verdes y la izquierda dura:
144 bancas; b) el bloque de centro-derecha, compuesto por los moderados, los
centristas, los liberales y los demócrata-cristianos: 143 bancas y c) los populistas: con 62
bancas.
Esa no es necesariamente una estructura que garantice la estabilidad, por cierto. Pero es
un reflejo de la realidad de Suecia hoy: un país ante un verdadero impasse.
Concluido el reciente proceso electoral, Suecia quedó en un delicado equilibrio político.
Llegada la hora de formar gobierno, la centro-izquierda no negoció con los populistas,
ni con el comunismo tradicional. Podría terminar eventualmente conformando un
gobierno unipartidario y minoritario. O ser desplazada.
Para los Demócratas Suecos es tiempo de demostrar que pueden ser una oposición
responsable y actuar como tal. Su futuro político en buena medida depende de ello.
Mirando en detalle los recientes resultados electorales suecos, lo cierto es que se
advierten ganadores y perdedores. Entre los ganadores aparecen los Demócratas
Suecos, esto es el populismo, que ha aumentado 13 bancas en el Parlamento. También el
partido de Centro, que aumentó 9 bancas, y la Izquierda y los Demócratas Cristianos,
quienes aumentaron 7 bancas cada uno. En cambio, entre los perdedores aparecen los
Social Demócratas, esto es la centro-izquierda, que perdiera 12 bancas. También los
Verdes, que disminuyeron su presencia parlamentaria en 10 bancas y los moderados,
que perdieron 14 escaños. Los liberales, en cambio, mantuvieron su presencia
parlamentaria sin cambio alguno y tendrán -como antes- 19 escaños.
El actual primer ministro, Stefan Lofven, quedó -como se ha dicho- muy lastimado. Su
partido obtuvo el peor resultado electoral en prácticamente un siglo. Suecia está
acostumbrada a los gobiernos minoritarios, pero esta vez el tablero político parece haber

achicado las distancias y generado un incómodo equilibrio de fuerzas, que ya ha llevado
a los conservadores a la presidencia del Parlamento.
El crecimiento del populismo posiblemente tendrá consecuencias respecto del delicado
tema de la inmigración. En primer lugar, será más complejo obtener el carácter de
asilado en Suecia. En segundo lugar, la tradicional actitud sueca -abierta y generosa respecto
de los inmigrantes, puede en adelante ser más restringida, desde que está visto
que hay un número importante de votantes suecos para quienes la puerta debe
entornarse sin demoras y la generosidad encontrar sus límites. Quiérase o no, la
cuestión de la inmigración continuará en el centro del debate político sueco.
Como en Italia y en la propia Alemania, también en Suecia se ha consolidado un grupo
político que lleva como bandera principal su postura “anti-inmigratoria”. Tardó más que
en el resto de Europa, pero finalmente el fenómeno también apareció en Suecia.
Lo cierto es que el populismo sigue siendo “persona non grata” para los principales
partidos políticos suecos. Por el momento al menos, incorporarlo a un gobierno de
coalición luce, tanto para la centro-izquierda como para la centro-derecha, como una
alternativa imposible. No sería demasiado sorpresivo que, como en Alemania desde el
2013, la centro-izquierda y la centro-derecha de pronto compongan una coalición para,
en parte, poder evitar el acceso del populismo. Pero hasta hoy ello no ha sucedido.
¿Qué es lo que ha cambiado en Suecia? Nada menos que la realidad. En el año 2000 en
la población sueca había un 11,3% de personas nacidas en el exterior. Diez años después,
ese porcentaje era del 14,7%. Hoy, en cambio, es del 18,5% de la población.
La ola inmigratoria ha hecho ya de Suecia un país con un ADN que luce algo distinto.
Quizás por ello los suecos no se han quedado cruzados de brazos frente al fenómeno
descripto. Desde noviembre de 2015 las normas en materia de inmigración se han
endurecido. Fue entonces, precisamente, cuando el actual todavía primer ministro
definió gráficamente a Suecia como “un país saturado” que debía controlar la
inmigración. Muy particularmente porque entre el resto de la Unión Europea hay
quienes no están asumiendo las responsabilidades que en esto les corresponden.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.